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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Lecturas veraniegas (y del resto del año). Sobre nuestro tiempo![]() "¿Qué lugar hay pues en nuestro espíritu para aquel equilibrio superior en que la naturaleza balanceaba la historia, la belleza el bien y en el que intervendría la música de los números hasta en la tragedia de la sangre? Ahora volvemos nuestras espaldas a la naturaleza; nos avergonzamos de la belleza. Nuestras miserables tragedias exhalan olor a oficina y la sangre que chorrean tiene color de tinta grasosa".ALBERT CAMUS.Miércoles, 29 de Julio de 2009 17:50. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. 'Articuento' de Juan José Millás![]() Aquí dejo un 'articuento' de los que dije que me estaba leyendo. Éste me ha hecho mucho gracia por lo irónico y subversivo que es, como lo es el propio autor. Si leo más que me gusten (aunque en realidad me gustan todos) os lo pondré. ¿Por qué está tan mal visto el silencio? Juan José Millás lo reivindica, sobre todo en la pareja, y hace gala de su imaginación para contar ficciones: Viva el silencio Siempre creí que vivir solo consistía en hacer lo que a uno le diera la gana, pero consiste justamente en lo contrario. El otro día, por ejemplo, puse en el periódico, contra mi voluntad, un anuncio por palabras que decía así: "Asturiano vicioso, piececitos pequeños, supermiembro garantizado. Llámame". No soy asturiano, ni vicioso y calzo un 42. Lo copié todo de la sección de contactos. Además, odio esta clase de reclamos, no sé por qué lo hice. O quizá sí: por vivir solo. Cuando estaba con mi mujer, en lugar de hacer disparates veía la televisión, que es lo que de verdad me gusta. Pero entonces no lo sabía: entonces soñaba con una vida de aventuras nocturnas, me imaginaba recorriendo la Gran Vía a las doce de la noche, tomando copas aquí y allá, contratando prostitutas que, lejos de cobrarme, me entregarían la recaudación implorándome que volviera a visitarlas. Luego, nunca fui a la Gran Vía por la noche, me da miedo salir a esas horas, así que me quedaba en casa, igual que cuando estaba casado, viendo los programas que antes veía con mi mujer, sólo que sin poderle echar la culpa a nadie. A mí me gusta lo más tirado de la tele, pero con coartada, y la coartada entonces era ella. De manera que qué iba a hacer; un día arrojé el aparato a la basura porque me pareció que un soltero con tele es dos solteros, y puse el anuncio del asturiano vicioso. En seguida empezaron a llamarme seres completamente repugnantes preguntando por el precio. Yo los mandaba a todos a la mierda, no se daban cuenta de que no era una cuestión de dinero, sino que lo que de verdad necesitaba yo era amor o, mejor que eso, costumbre. Muchos matrimonios han fracasado por lo mal vista que está la costumbre cuando es la salsa de la vida. Mi mujer y yo estábamos habituados el uno al otro y ya no necesitábamos ni hablar. De hecho, cuando decidí separarme llevábamos un mes sin decirnos nada. La gente cree que los matrimonios tienen que hablar para mantenerse en forma, pero eso es mentira: se habla cuando no se tiene nada que decir. Yo en la oficina, por ejemplo, no paro de contar historias porque mis compañeros ni me van ni me vienen. Sin embargo, en la iglesia permanezco callado, porque las cosas que tengo que confesar a Dios son tan esenciales que sólo en el silencio se articulan. De todo esto me doy cuenta ahora, claro. Cuando estábamos juntos, la odiaba porque creía que ella era la culpable de no hacer lo que me diera la gana, aunque no sabía qué es lo que me daba la gana, excepto lo de ir a la Gran Vía a contratar prostitutas, o a dejarme contratar por ellas, lo que en el fondo no es más que una fantasía un poco tonta. Es importante, pues, que las parejas silenciosas no se dejen engañar por toda esa propaganda, que hasta la Reina, cuya obligación es ser neutral, ha dicho en el libro de Pilar Urbano que los matrimonios tienen que hablar, o sea, que la Monarquía se ha puesto también del lado de la conversación. De manera que si uno no habla acaba sintiéndose un bicho raro y tarde o temprano se divorcia. Yo ahora hablo mucho, no paro, porque entre quienes me llaman hay también asturianos que llevan años en Madrid y echan de menos las brumas matinales o los chubascos vespertinos. A éstos les doy un poco de cuerda porque se refieren a Asturias igual que yo a mi mujer: como si se tratara de un miembro amputado. Pero uno no mantiene conversaciones con los miembros: yo al menos nunca les digo nada a mis dedos ni a mis antebrazos. De manera que, aunque nunca he hablado tanto como ahora, jamás me he sentido tan vacío, tan torpe. Echo de menos las horas que pasaba en el sofá viendo la tele junto a ella; a veces, me acercaba la mano distraídamente y yo, tomándola entre las mías, le contaba mecánicamente los dedos, primero del pulgar al meñique, luego del meñique al pulgar, siempre con idéntico resultado. Daría cualquier cosa por dejar de ser un asturiano vicioso con supermiembro garantizado y volver al silencio del matrimonio. Hay gente que sale por la noche porque no tiene con quien quedarse, del mismo modo que hay quien habla porque no tiene qué callar. Total, que a ver si promocionamos un poco el silencio. Por mi parte, no tengo nada que añadir. Muchas gracias. Jueves, 14 de Agosto de 2008 11:56. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Dar pistas al enemigo![]() Tenéis que leer este artículo de Javier Cercas aparecido el pasado 23 de marzo en EPS (El País Semanal). Es muy bueno. A mí por lo menos me ha encantado. ¡Y habla de lo que yo pienso muchas veces respecto al blog! "EN PUNTO"
Lunes, 31 de Marzo de 2008 22:57. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) Hay 5 comentarios. Otra de Vicent![]() Replicantes MANUEL VICENT (09-12-2007) El País
Jueves, 03 de Enero de 2008 23:34. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Un 'descanso' en mi trabajo![]() Estoy haciendo un trabajo sobre el columnismo de Manuel Vicent y la verdad es que, cuanto más me documento, más me gusta este hombre. Me estoy leyendo hasta una tesis de 600 páginas que he encontrado en internet, aunque no me dará tiempo a leerla entera, voy por la página 175 y ayer casi me quedo ciega, así que leeré lo imprescindible. En fin, en medio de mis investigaciones sobre este autor, he decidido compartir con vosotros un artículo suyo muy bueno y muy famoso que no en vano le hizo ganador del Premio González Ruano en sexta convocatoria. Se llama "No pongas tus sucias manos sobre Mozart". Lo escribió en la revista Triunfo en marzo de 1980, pero sigue siendo muy actual. Espero que os guste. “Ésta es la pequeña historia de una rebelión, el famoso caso de un tipo de izquierdas que el viernes, día 14 de marzo de 1980 se deshizo del propio terror psicológico de que sus amigos le llamaran reaccionario y le arreó seco bofetón a su querida hija de quince años, la echó de casa y se liberó de una vez del trauma de la paternidad responsable. El episodio fue el final de un complicado proceso neurótico y se desencadenó por un disco de Mozart, por una bobada, como siempre sucede. La chica estaba en la leonera de su alcoba con unos amigos melenudos y una música de Led Zeppelín hacía vibrar las paredes maestras del piso. El padre estaba en la sala sentado en un sillón bajo la lámpara de enagüillas leyendo un informe del partido acerca de los índices del paro. Aquella panda de jovenzuelos llena de harapos, pulgas y metales del rollo había entrado en su casa sin permiso, había pasado varias veces por delante de sus narices sin dignarse esbozar el más leve saludo, le había manoseado sus libros, le había vaciado la nevera, se había limpiado las botas camperas en la alfombra de la Alpujarra, había dejado un hedor cabrío a su paso. Ahora estaban en la habitación de su hija espatarrados como tocinos bajo los posters de “Ché” Guevara oyendo a Led Zeppelín, a The Police o a The Snack, fumando porros y apurando la última cerveza. Aquella alcoba era una reserva en la que él, desde hacía un año, no se había atrevido a entrar. En aquel momento tenía la cabeza metida en el informe económico lleno de coordenadas catastróficas cuando su querida hija salió a la sala, se acercó a la estantería y pretendió llevarse a la madriguera la “Sinfonía número 40” de Mozart. El padre, de izquierdas, saltó del sillón impulsado por un muelle y lanzó un grito estentóreo: ¡Mozart, no!. ¡No pongas tus sucias manos sobre Mozart!. Y entonces se inició la escena final, en la que el padre se liberó de todos los traumas hasta alcanzar la propia libertad sobre el chantaje de sus hijos. Detrás había quedado un largo proceso de neurosis paterno-filial que acabó con una sonora bofetada. El hombre tiene cuarenta y dos años y pertenece a la izquierda fina, quiero decir que es progresista con dinero, un economista colocado, con una biblioteca selecta de dos mil volúmenes, pintura abstracta en las paredes, carnet del partido anterior a la legalización con la cotización al día, piso de doscientos metros por los altos de Chamartín, un año de cárcel y ciertas mataduras de la represión franquista, educado en el colegio del Pilar, un marxista de vía chilena, buenos modales, deportista de ducha fría diaria y perfectamente alimentado ya desde el útero de su madre. Cuida mucho el envase, pero ama la libertad antes que nada. Tal vez su punto fuerte es la elegancia interior. Este tipo nunca ha comprendido muy bien por qué la izquierda ha caído en la trampa de dejarse arrebatar ciertos valores; por qué un progresista debía vestirse de guarro, aunque sólo fuera para epatar; por qué la disciplina, la eficiencia, el método, el deporte y la limpieza eran aspiraciones asimiladas a la derecha; por qué el respeto social y la educación férrea no eran reivindicadas constantemente por los de su ideología. Cosas así. En los momentos de duda él pensaba que esto eran residuos de su herencia burguesa, de modo que se dejó llevar por la onda, consciente de que hay que hilar muy fino para que tus camaradas no te llamen reaccionario. Ese siempre sería el peor insulto. Cumplió todos los ritos. Se casó en una ermita de pueblo con traje de pana. Fue de viaje de novios a Rumanía. Tuvo tres hijos y los llevó a un colegio progre, los educó para que crecieran sin traumas, los metía con él en la bañera, los paseaba por la ruta del románico, se dejaba insultar por ellos y así las tres criaturas fueron creciendo a la sombra de unos padres comprensivos que no osaron jamás dar por zanjada una discusión sin antes mostrarles todas las salidas, opciones, contradicciones del problema par que fueran ellos quienes tomaran la decisión según su responsabilidad. Ponerles la mano encima hubiera sido un escándalo para su propia alma, contestar con una negativa sin más apelación le producía un desgarro en su sensibilidad progresista. Y el chantaje iba engordando como un tumor. Este buen padre de izquierdas ya había pasado porque sus hijos no se lavaran los dientes o ni siquiera se ducharan una vez a la semana, soportaba que le llamaran viejo con cierta naturalidad displicente, pasaba por alto aquella indumentario zarrapastrosa del vaquero con remiendos, la pelambrera de profeta nihilista, el hecho de que se fumaran un porro en la pocilga de la alcoba y que no lograron aprobar el curso. Ante todo había que contar con la presión social, ya se sabe que la juventud no encuentra salida, la sociedad está muy deteriorada, cada generación tiene sus ritos, sus mitos, sus formas de comportamiento y eso había que respetarlo. Imponer la voluntad a rajatabla no es más que una agresión. Después de todo, no es malo que toquen la guitarra o que oigan a Led Zeppelín. Un buen día, el hijo mayor no volvió a casa por la noche. Había tenido un percance en el colegio y decidió huir a Ibiza. La Policía lo encontró en Valencia, cosa que sucede a menudo, cuando no se logra pasar el filtro del barco. Otra hija se fue a vivir con un rockero. Después de un tiempo, el buen padre de izquierdas logró reintegrarlos a las suaves ordenanzas del hogar, lleno de traumas, explicaciones, consideraciones, pláticas razonables, amabilidades y sesiones antipsiquiátricas con un diálogo siempre abierto. Que hagan lo que quieran, lo importante es que están en casa, que los angelitos no sufran, que desarrollen la personalidad, aunque sea tumbados en el catre todo el día. Cada tarde, la alcoba de su hija se llenaba con una panda de amigos que traían una calaña bastante atroz. No era lo peor que pasaran por delante de sus narices y que no se dignaran saludarle, sino el olor a cabra que dejaban en la sala. Que se limpiaran las botas en la alfombra, que se abatieran sobre las estanterías y manosearan sus libros con las uñas sucias, que se le bebieran el whisky y que mearan si tirar de la cadena. El viernes 14 de marzo de 1980 fue un día histórico para este amigo mío, un tipo de izquierdas, padre de familia que se liberó de sus hijos. Y al mismo tiempo se sacudió el terror de que alguien le pudiera llamar reaccionario. Él estaba estudiando un informe del partido acerca de los índices del paro. El sonido de Led Zeppelín hacía vibrar las paredes maestras del piso. Fue cuando su hija salió de la leonera con el pelo grasiento y los dedos amarillos de nicotina, cruzó la sala, se dirigió a la biblioteca con la pretensión de llevar a sus compinches la “Sinfonía número 40” de Mozart. Mi amigo no sabe explicar bien qué dispositivo le hizo saltar. Otras veces también su hija le había llamado carroza. Pero en esta ocasión aquel hombre tan fino y progresista le arreó una bofetada, se lió a golpes contra todo dios y se deshizo el misterio. Echó de casa a patadas a aquella panda de golfos. Y hasta hoy. Mi amigo es un hombre de izquierdas ya liberado.” Sábado, 29 de Diciembre de 2007 15:08. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Sobre lo nuestro![]() La Opinión, por JUAN JOSÉ MILLÁS Articuentos Hay gente que desespera porque no tiene opiniones y ha de leer muchos editoriales para alcanzar un entendimiento, por precario que sea, de la realidad. La opinión es útil al modo en que lo es una dentadura postiza, o sea, que tiene algo de prótesis, y produce llagas en la encía o dondequiera que se implante. Sin embargo hay personas a las que las opiniones se les caen con la naturalidad con la que se quedan calvas. Escupen prótesis como un molde tornillos. Los seres del universo segregan una variedad infinita de líquidos. Muchos profesionales afirman que la cantidad de opinión-hora que cada uno sea capaz de segregar depende de la cantidad de información que tenga sobre el mundo. Pero eso no es cierto. Los genes tienen mucha información acerca de las células y jamás han dicho una palabra sobre ellas. La opinión es una excrecencia que le sale a la realidad, un bulto que provoca multitud de malentendidos y catástrofes. No es que uno esté en contra de la opinión, sino que piensa que se trata de un mecanismo tan difícil de desentrañar como el del virus de la gripe. Y es que tiene también una capacidad de mutación sorprendente. Cuando logras alcanzar una idea para comprender algún hecho básico, viene una infección masiva de opinión en sentido contrario que te deja perplejo y con décimas. Yo, si tuviera que elegir entre tener mucha opinión o mucha realidad, no sabría qué hacer. La realidad me gusta, pero su carne es dura y sin la salsa de la opinión no entra. Lo malo es que la salsa engorda mucho. No sabe uno a qué dieta acudir ni con qué aderezos cocinar las noticias; ni si es mejor la faja de péndulo o la liposucción, las lentes de visión progresiva o de lunetas. Uno no tiene nada contra la opinión, excepto que donde florece demasiado no deja lugar al pensamiento. Muchas gente cree que escribir consiste en colocar una palabra detrás de otra. Desde esa concepción, las palabras permanecerían en la caja de herramientas hasta ser seleccionadas por el escritor con el gesto de cálculo con que el aficionado al bricolaje separa un tornillo de otro. En parte es eso, sí, con la diferencia de que las palabras son activas, de manera que tienden a colocarse por su cuenta. Si uno va, por ejemplo, al cajón de los sustantivos y coge la palabra noche, inmediatamente aparecerá a su lado el adjetivo oscura. Hay, pues, que tener las tijeras a mano para podar los sustantivos, a los que les salen más ramas de las necesarias. Así que escribir no sólo consiste en decir lo que uno quiere, sino en evitar que el lenguaje diga lo que le da la gana. Desde luego, como esa lucha, llevada a sus últimas consecuencias, resultaría agotadora, finalmente hay que pactar. Por eso, un texto literario es el resultado de un acuerdo entre lo que quería decir el lenguaje y lo que pretendía expresar el escritor. Ahora bien, como el lenguaje nos construye, nos hace, y, llegado el caso, nos deshace, es posible que esa forma de relación se erija en el modelo de trato con el resto de las cosas. Visto de ese modo, la realidad sería el resultado de un pacto continuo entre nuestros deseos y los del a existencia. Se puede elegir no pactar, imponer nuestro criterio al ciento por ciento, pero eso quizá conduzca en la literatura al onanismo y en la vida al manicomio. Hay otra forma de no negociar que consiste en que las palabras digan lo que quieran y en que el destino nos lleve a donde a él le plazca, pero eso es una forma de capitulación algo humillante. Finalmente, situados en la posición de negociar, se puede cargar el acento en lo que uno quiere decir o en lo que le apetece contar a las palabras. Esta última es la posición que algunos identifican con la sabiduría y quizá tengan razón. Desde luego es mucho más relajante levantarse de la cama pensando: “vamos a ver qué quieren decir hoy las palabras (o la realidad)”, que meterse en la ducha con la idea de que uno tiene la responsabilidad de lo que sucede dentro de la cuartilla o en la calle. Martes, 18 de Diciembre de 2007 20:10. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) Hay 2 comentarios. Niebla, Miguel de Unamuno![]() "Mientras iba así hablando consigo mismo cruzó con Eugenia sin advertir siquiera el resplandor de sus ojos. La niebla espiritual era demasiado densa. Pero Eugenia, por su parte, sí se fijó en él, diciéndose: "¿Quién será este joven?, ¡no tiene mal porte y parece bien acomodado!" Y es que, sin darse clara cuenta de ello, adivinó a uno que por la mañana la había seguido. Las mujeres saben siempre cuándo se las mira, aun sin verlas, y cuándo se las ve sin mirarlas. Me encanta este fragmento. Me encanta este libro. ¡Cuantas verdades dice! Sábado, 02 de Junio de 2007 20:29. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Discurso de Faulkner![]() No he leído nada de Faulkner. Quizá porque en 1º una chica muy inteligente y erudita que veneraba a Nietzsche y con la que me juntaba yo de vez en cuando, cogió de la biblioteca “Mientras Agonizo” y me dijo que no entendía nada y que era un rollo. Pero después encontré por ahí este fragmento y me gustó. Quizá debería darle una oportunidad. ¿O no? "Nuestra tragedia de hoy es un miedo físico y universal tan largamente padecido, que a duras penas lo podemos soportar. Ya no quedan problemas del espíritu, tan sólo una pregunta: ¿cuándo seré aniquilado? Por eso, el hombre o la mujer joven que escribe actualmente ha olvidado los problemas del corazón humano en conflicto consigo mismo, y que solos bastarían para producir buena escritura, porque son lo único sobre lo cual vale la pena escribir, lo único que justifica la agonía y el sudor. Debe aprenderlos de nuevo. Debe enseñarse a sí mismo que lo más despreciable de todo es tener miedo; y una vez aprendido, olvidarlo para siempre sin dejar espacio en su taller para nada distinto de las verdades y certezas del corazón, de las verdades universales sin las cuales cualquier relato es efímero y fatal: el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión, el sacrificio. Mientras no lo haga, su trabajo será una maldición". Sábado, 26 de Mayo de 2007 22:00. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) Hay 1 comentario. "Madre Noche", Kurt Vonnegut (1922-2007)![]() “Me arrestaron junto con todos los demás. Una vez más me encontré en libertad gracias – supongo- a mi Hada Madrina Azul. El lugar donde me detuvieron brevemente fue en una oficina sin nombre, situada en el Empire State. Una agente me acompañó en el ascensor hasta la acera, devolviéndome a la corriente de la vida. Quizá llegué a dar cincuenta pasos por la acera, cuando me detuve. Me quedé helado. No fue el sentido de la culpabilidad lo que me heló. Me había enseñado a mí mismo a no sentirme culpable jamás. Tampoco fue un horrible sentido de pérdida lo que me heló. Me había enseñado a mí mismo a no desear nada. Tampoco me heló el miedo a la muerte. Me había enseñado a mí mismo a pensar en ella como un amigo. Tampoco la rabia desconsoladora frente a la injusticia. Me había enseñado a mí mismo que un ser humano encontrará con más facilidad diademas de diamantes en las cloacas que recompensas y castigos justos. Tampoco el pensamiento de que nadie me amaba. Me había enseñado a mí mismo a arreglármelas sin amor. Tampoco el pensar que Dios era cruel. Me había enseñado a mí mismo a no esperar nunca nada de Él. Lo que me dejó helado fue el hecho de que no tenía ningún motivo para moverme en una u otra dirección. Lo que me había impulsado a movilizarme durante tantos años muertos y vacíos había sido la curiosidad. Y ahora hasta eso se había extinguido. No sé decir cuánto tiempo estuve allí, helado. Si iba a moverme otra vez, alguien tendría que ofrecerme una buena razón para hacerlo. Y alguien lo hizo. Un policía me observó durante un rato. Luego se me acercó y me dijo: - ¿Está bien? - Sí. - Ha estado ahí parado mucho tiempo. - Lo sé. - ¿Espera a alguien? - No. - Entonces es mejor que siga su camino, ¿no le parece? – dijo-. - Sí, señor, - asentí-. Y seguí mi camino.” La conclusión que extrae Kurt Vonnegut del relato (Madre Noche)que escribió en primera persona sobre Howard Campbell, y que figura en el Prólogo, es la siguiente: “Somos lo que aparentamos ser, así que debemos tener cuidado con lo que aparentamos ser”. Se está refiriendo sin duda a la condición de espía de su protagonista, Campbell, un escritor norteamericano de obras teatrales fracasado que se encuentra, sin ser muy consciente de ello, haciendo propaganda nazi antisemita a través de la radio alemana en plena Guerra Mundial. Cuando acaba la guerra es perseguido y se refugia en los Estados Unidos, cuyo gobierno no reconoce que se le reclutó como espía ya que sus agentes no lo hicieron. Pero tampoco es alemán, ni nazi, - aunque esto no lo sepa ni lo crea nadie-. Es, por tanto, el hombre sin patria, el hombre sin destino, sin hogar y sin nada por lo que luchar. Su Hada Madrina – el agente que le reclutó- le rescata, pero finalmente eso no le vale de nada, porque ya había echado su vida a perder desde el mismo momento en que se convirtió en espía. Viernes, 04 de Mayo de 2007 14:14. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) Hay 1 comentario. ¿Por qué escribir?![]() En el suplemento de El País del domingo 11 de marzo de 2007, venía este artículo de Javier Cercas, que está bastante bien. Espero que le guste al que lo lea, y si no, que se aguante (aquí originariamente había puesto "que se joda", pero me pareció poco propio de mi "dulce" y ñoña apariencia. Y somos lo que aparentamos ser, no lo olvidéis): “Escribo porque me encanta que me pregunten por qué escribo. Escribo porque me aburro y porque si no escribiera me aburriría muchísimo más. Escribo porque escribir no sirve absolutamente para nada y sin embargo mientras escribo tengo la absoluta seguridad de que sirve absolutamente para todo. Escribo porque absolutamente nada tiene ningún sentido y sin embargo mientras escribo absolutamente todo parece tener un sentido absoluto. Escribo para leer mejor y también para dejar de vez en cuando de leer, porque el mucho leer embota (esto último lo dijo Nietzsche, que escribía pensamientos paseados). Escribo para escribir algún día un libro paseado. Escribo porque a los ocho años leí Pimpinela escarlata y desde entonces no he hecho otra cosa que intentar plagiar esa novela. Escribo porque a los 15 años yo era un salido y un día otro salido que además era un cabrón me dijo que escribiendo se ligaba, y cuando descubrí que me había engañado ya era demasiado tarde para quitarme el vicio. Escribo porque a los 15 años yo tenía una profesora radiante: un día la interrumpí en clase al grito de que estaba buenísima y ella, que estaba explicando a Borges, me expulsó de clase y yo me impuse como penitencia la lectura de las obras completas de Borges, cosa que todavía no he terminado de hacer y que no creo que termine de hacer nunca, porque en realidad es imposible. De más está decir que escribo porque a partir de los 15 años no me ha pasado absolutamente nada que tenga algún interés. Escribo porque me pagan por escribir tonterías. Escribo porque todavía no he encontrado una forma más decente de ganarme la vida. Escribo (me explico) porque no sé hacer nada útil, ni siquiera atarme los cordones de los zapatos: si supiera curar a los enfermos, no escribiría; si supiera rematar en plancha un libre indirecto, créanme, no escribiría. Escribo porque sí y porque me da la gana, y a quien le parezca mal que me lo diga en la calle. Escribo para poder pensar (esto, creo, lo dijo Cabrera Infante). Escribo porque cuando escribo tengo la impresión acusadísima de que soy una persona inteligente y también de que todos los que me rodean son todavía más inteligentes que yo, sólo que ellos no se dan cuenta. Miércoles, 02 de Mayo de 2007 01:09. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) Hay 2 comentarios. Opiniones de un Payaso, Heinrich Böll![]() “Entré en el cuarto de baño, vertí en la bañera parte de las sales de baño que Mónika Silvs me había dejado y abrí el grifo del agua caliente. Bañarse es casi tan bueno como dormir, y dormir es casi tan bueno como hacer "la cosa". Marie la llamó así, y pienso en la cosa siempre en sus términos. No podía concebir que ella hiciese "la cosa" con Züpfner, mi fantasía no tiene compartimentos para tales ideas, del mismo modo que nunca estuve seriamente tentado de revolver en la ropa interior de Marie. Sólo llegaba a imaginarme que ella jugaría a la oca con Züpfner,y me enfurecía. Nada de lo que yo había hecho con ella lo podía ella hacer con él sin parecerme traidora o prostituta. Ni siquiera le podía extender mantequilla sobre el pan. Si imagino que ella toma del cenicero el cigarro de él y lo termina de fumar, casi me vuelvo loco, y no supone ningún alivio saber que él no fuma y que es probable que juegue al ajedrez. Algo debía ella hacer con él, y debía hablarle del tiempo y de dinero. En realidad lo único que ella podía hacer para él sin pensar continuamente en mí era cocinar, pues esto me lo hizo tan raras veces, que no sería necesariamente infidelidad y fornicación. Me hubiese gustado mucho llamar enseguida a Sommerwild, pero era aún demasiado pronto, ya que me había propuesto despertarle de su sueño allá por las dos y media de la madrugada, y conversar con él largo y tendido sobre arte. Las ocho de la noche era una hora demasiado decente para telefonearle y preguntarle cuántos principios de orden le había hecho tragar a Marie, y qué comisión había recibido él de Züpfner: ¿una cruz abacial del siglo trece, o una madona centrorrenana del catorce? También reflexioné cómo le asesinaría. A los estetas lo mejor es romperles en la cabeza un valioso objeto de arte, con lo cual sufren, aún al morir, por el crimen artístico. Una madona no sería lo bastante valiosa y es demasiado sólida, y moriría con el consuelo de que la madona se había salvado; y una pintura no es lo bastante pesada, si se exceptúa el marco, y le quedaría también el consuelo de que el cuadro se conservaba. Podría yo raspar la pintura de un cuadro valioso y estrangularle o asfixiarle a él con la tela: ningún crimen perfecto, pero un perfecto crimen estético. " Me ha gustado bastante este libro de Heinrich Böll (1917-1985). Como su propio título indica, el libro va de las opiniones y ocurrencias que tiene un payaso rencoroso y decadente, - pero a la vez bastante tierno- que ha sido abandonado por su mujer y que se encuentra absolutamente sólo y arruinado tras su fracaso como payaso. La verdad es que el hombre se pasa el libro lamentándose de que su mujer se haya ido con otro, con un cretino católico – él es protestante- y llegas a odiar con él a ese tipo, a Züpfner. También visualizas la memorable escena del primer encuentro que tuvo en su adolescencia con la que sería su mujer. Y te emocionas cuando una y otra vez el tipo recuerda cómo ella, el primer día que hicieron el amor, lavó después las sábanas para que no les descubriera su padre. Y cómo después se duchaba, vestía, y abría la tapa del dentífrico para lavarse los dientes. Ahora Schnier siente celos de que ese cretino católico pueda verla desenroscar, con esas bonitas manos que tiene ella, la tapa del dentífrico cada noche. El tiempo real en el que transcurre la historia no se sabe si está comprendido en unas horas o en un solo día, puesto que lo que narra el protagonista, Schnier, son sus pensamientos y recuerdos cuando está en la bañera de su casa a su regreso a Bonn, cuando va a la cocina y le da a la botella, o cuando está lamentándose en su cuarto del golpe que se dio en la rodilla mientras representaba uno de sus números de payaso. Además, va llamando una por una a sus amistades o conocidos para pedirles ayuda, - dinero y compañía básicamente- , y cada vez que se le ocurre llamar a alguien, te cuenta la historia de ese alguien. De esta forma hace que el lector recuerde con él su emocionante pasado lleno de anécdotas familiares, sentimentales, cotidianas, todo ello desde una mirada irónica, mordaz, y divertida a la par que pesimista con la que muchas veces se sentirá identificado el lector, la mirada de un desesperado que lo ha perdido todo menos su sentido del humor, su agudeza y sus, nunca mejor dicho, payasadas. Un libro recomendable, en definitiva, para apreciar el talento de Böll a la hora de escribir y para disfrutar con su lectura. Por otra parte, no hay que pasar por alto la crítica que hace este Premio Nobel en “Opiniones de un Payaso” de la religiosidad y de las ideas sobre economía que tenían los germanos de la posguerra. Además de éste, recomiendo “El Honor Perdido de Katharina Blum”, que encantará a los críticos del periodismo sensacionalista, y, sin haberlo leído, “Billar a las Nueve y Media”. Sábado, 21 de Abril de 2007 23:07. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) Hay 1 comentario. Senel Paz![]() “Se quedó callado, pensativo. Había deseado mucho este encuentro, confesaría luego, desde que me vio por primera vez en el teatro interpretando a Torvaldo. Incluso lo había soñado y varias veces estuvo a punto de abordarme en la calle Galiano, porque desde el principio tuvo la intuición de nuestra amistad. Pero ahora yo, tieso y mudo en el centro de la guarida, le resultaba tan soso que empezó a creer que, como en tantas otras ocasiones, había sido víctima de un espejismo, de su propensión a adjudicarle sensibilidad y talento a los que teníamos carita de yo-no-fui. Realmente le sorprendía y le dolía equivocarse conmigo. Yo era su última carta, el último que le quedaba por probar antes de decidir que todo era una mierda y que Dios se había equivocado y Carlos Marx mucho más, que eso del hombre nuevo, en quien él depositaba tantas esperanzas no era más que poesía, una burla, propaganda socialista, porque si había algún hombre en La Habana no podía ser uno de esos forzudos y bellísimos de los Comandos Especiales, sino alguien como yo, capaz de hacer el ridículo, y él se lo tenía que topar un día y llevarlo a la guarida, brindarle té y conversar; carajo, conversar, no estaba siempre pensando en lo mismo, como me explicaría en otra de sus peroratas”. Éste es un fragmento del relato de Senel Paz “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”, a partir del cual posteriormente se hizo la película “Fresa y Chocolate”. Ilustra muy bien la trama del libro y el sentimiento que de él se desprende. David es un joven “homófobo” según las críticas que he leído, pero para mí es simplemente un heterosexual con prejuicios acerca de los homosexuales y de la expresión libre de los sentimientos de los que éstos hacen gala sin ningún tipo de problemas. Conoce a Diego en una heladería, quien confesaría después, tomando un helado de fresa (de ahí el título “Fresa y Chocolate”) que "ya le tenía fichado". David, revolucionario en La Habana post revolucionaria, queda fascinado e intrigado por los intereses de Diego, que paradójicamente es un gay católico que tiene en su poder literatura extranjera de homosexuales (Lorca entre ellos) prohibida por Castro. Y así, mientras David cumple con su misión de investigar a un posible disidente, descubre que el rollo que lleva Diego no le disgusta en absoluto, y se convierten en buenos y casi íntimos amigos. Cuando descubre que efectivamente su amigo es todo un contrarrevolucionario que incluso tiene contactos diplomáticos con el exterior, David olvida el papel de espía que está representando y pide a Diego – que ha decidido escapar- que se quede en el país, lo que finalmente no es capaz de conseguir, y queda, apesadumbrado, tomando un helado de fresa en la heladería Coppelia a la salud de su siempre querido amigo Diego. Senel Paz está estos días en Madrid presentando su nueva novela “En el cielo con diamantes”, que va de dos jóvenes que viven su sexualidad de distinta forma. Arnaldo es el promiscuo, y David (creo que es el David de este relato) está esperando encontrar a la mujer de sus sueños. No sé mucho más, está ambientada otra vez en Cuba en los años 60 y por lo visto las canciones de Los Beatles inundan muchas de sus páginas. ¿El título estará inspirado en Lucy In The Sky With Diamonds? Se lo preguntaré mañana a Senel, porque le voy a entrevistar junto a dos compañeros del taller. Si me sale algo bueno de la entrevista, lo publicaré aquí. Miércoles, 21 de Febrero de 2007 16:23. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Una flor amarilla, Julio Cortázar![]() Una flor amarilla es un cuento de Cortázar que leí anoche porque alguien me lo recomendó. Va de un hombre que, al descubrir el aparente sinsentido de la vida, la nada, la muerte, descubre un pequeño detalle, algo que ilumina su alma y le hace sentirse inmortal. Ve en un autobús parisino a un joven que le inspira algo indeterminado, indescriptible, y lo persigue hasta su casa. Consigue convertirse en su amigo y va descubriendo no solamente que tiene más de una cosa en común con él, sino que algo le dice que están unidos desde el principio de los tiempos. Es como si el autor de sus vidas hubiera decidido – premeditada o casualmente- escribir la misma historia para ambos. Ese joven del autobús un día enferma y muere. El hombre que cuenta la historia, entonces, se ve solo, como lo ha estado siempre y como lo están todos los hombres, ante el vacío del universo. Va caminando y repara en una sencilla flor amarilla, que le revela todos los misterios de la belleza, de lo que ésta le puede aportar para alcanzar – aunque sólo sea de una manera metafísica- la inmortalidad. Supo, desde entonces, sin ninguna duda, que “la nada era eso, que no hubiera nunca más una flor”. Tras contemplar la belleza de la flor aparece en él un impulso absurdo que ilustra no obstante lo que siente y que simboliza esa eterna búsqueda de la inmortalidad. Se pasa la tarde subiendo y bajando de un autobús a otro, buscando algo, buscando un rostro revelador como el de aquél joven “alguien que pudiera ser yo otra vez”, que le aportara “esa plenitud (…) tanta felicidad mientras duró”… Quizá deberíais leerlo para contrastar mi particular y subjetiva interpretación. Éste es el enlace: (http://www.juliocortazar.com.ar/cuentos/unaflor.htm). Domingo, 18 de Febrero de 2007 13:02. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) Hay 2 comentarios. Factotum, Charles Bukowski![]() - Algún día- le dije a Jan-, cuando se demuestre que el mundo tiene cuatro dimensiones en vez de sólo tres, un hombre podrá salir a dar un paseo y desaparecer porque sí. Sin funerales, sin lágrimas, sin ilusiones, sin cielo ni infierno. La gente estará por ahí sentada y se preguntará: “¿Qué le ha pasado a George?”. Y alguien dirá “bueno, no sé. Dijo que iba a por un paquete de cigarrillos”. Este diálogo lo podemos encontrar en Factotum, novela autobiográfica de Charles Bukowski basada en la vida de su alter ego, Henry Chinaski. Éste personaje va saltando de empleo en empleo, sin un duro nunca en el bolsillo, emborrachándose a muerte, buscando mujeres mientras tanto, y esperando a que se le dé una oportunidad en el mundo literario y/o periodístico. En esta obra no sólo se aprecia la vida desordenada y decadente que llevó el autor en sus años de juventud, sino una negación implícita de la dinámica del trabajo – de cómo doblega a las personas- y del sueño americano en todas sus facetas. Bukowski hace gala aquí - como en otras de sus obras- de una prosa escueta, directa, sin ningún tipo de adorno retórico. No lo necesita. Pero en sus páginas no podemos dejar de apreciar una cierta profundidad en lo que se refiere al sinsentido de la vida, a la desolación que supuso el fin de la Segunda Guerra Mundial en EE.UU. y en la vida de todos sus ciudadanos. Se ha comparado a Bukowski con Henry Miller, Céline y Hemingway. Según Neil Baldwin, “tomar una porción de Hemingway, añadir una dosis de humor (del que Hemingway extrañamente carece, mientras que Bukowski es un virtuoso), mezclar con un puñado de hojas de afeitar y varios litros de vino barato, luego una o dos gotas de ironía, agitar bien y leerlo al final de la noche: así tendrá el auténtico sabor Bukowski”. Hay una película relativamente reciente de esta novela y de nombre homónimo, con Mat Dillon en el papel de Chinaski. No la he visto, pero la recomiendo igualmente, así como el libro, por supuesto, aunque habrá quien lo considere... (poned aquí el adjetivo más feo que queráis). Jueves, 11 de Enero de 2007 21:16. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Los últimos días de "La Prensa", Jaime Bayly![]() - ¿Qué edad tiene, Balbicito?- gritó Zamorano, acercándose bastante a Diego. - Quince, señor. - Ya está crecido para trabajar, pues. Yo comencé a trabajar a los once. Diego sonrió. - ¿De qué se ríe? - No sé. De nada. - Entonces no se ría. Diego se puso serio. Zamorano tenía la cara sudorosa. Movía la mandíbula. Parecía un tipo muy nervioso. - Quiero que me llegue a trabajar a las diez en punto de la mañana- gritó- Ni un minuto más tarde, que lo despido. Yo llego a trabajar a las doce y quiero encontrar todos los cables cortaditos y ordenaditos por país de donde viene la noticia, ¿entendido? - Sí, señor. - Y en horas de trabajo no quiero que me hable con nadie de la redacción. Prohibido salir a conversar a los balcones. Prohibido ir a la cafetería a rascarse las pelotas. Prohibido hablar por teléfono con la enamorada. Esta redacción está llena de vagos, borrachos, comunistas y buenos para nada. No se me junte con esa gente, Balbicito. Aquí en internacional somos otra cosa. Acá somos bien puntuales y bien trabajadores, y no hablamos con los borrachos de la redacción, ¿entendido? - Sí, señor. - Y el primer borracho de la redacción que le falte el respeto, usted me avisa nomás y yo le tuerzo el cuello y lo mato como a pollo. Yo he peleado en la Segunda Guerra Mundial, oiga usted. Míreme las manos. Míreme. Con estas manos he matado gente. Al primer comunista de la redacción que se meta con usted le partimos el cuello, ¿entendido? - Sí, señor. - ¿Usted es comunista? - No, señor. - ¿Anticomunista? - No sé, señor. - ¿Cómo que no sabe? Déjese de cojudeces y entre en vereda de una vez, Balbicito. En esta página tenemos tres objetivos. Se los voy a decir una sola vez, y pobre de usted que no me entienda bien, que lo despido ahorita mismo y se acabó todita la cojudez. Los tres objetivos son: joder a los comunistas, joder a los comunistas y joder a los comunistas. ¿Entendido? - Entendido, señor. Ésta es el primer libro que leo de Jaime Bayly. Lo vi hace tiempo y lo compré porque estaba en la lista de novelas sobre periodismo que nos dio un profesor en primero de carrera. En Los últimos días de “La Prensa”, Bayly nos descubre la vida interior de un periódico cutre de Lima (Perú), supuestamente conservador y religioso, pero en cuya redacción sólo encontramos borrachos, incompetentes, locos y dementes, una secretaria (la cuñada del director) ladrona y ligera de cascos, sexo y desorden. Es un libro entretenido, de lectura fácil debido al estilo directo al que recurre el autor. Destaca por sus ágiles y fáciles diálogos. En su lectura encontramos situaciones cómicas: como muestra, el jefe de Internacional obsesionado con el comunismo y con la Tercera Guerra Mundial tira desde un sexto piso a un redactor que le provoca y que presumiblemente, es un borracho comunista. Gustavo Faverón Patriau hace una crítica bastante dura de Los últimos días de La Prensa: “no exige de su auditorio ni una cooperación de la inteligencia ni una empatía del ánimo. Sus personajes lucen cuidadosamente ajenos a cualquier profundidad, enmarcados en un ambiente caricaturesco, enredados en episodios gratuitos y redundantes, afanados en conversaciones inverosímiles, no distinguidos entre sí ni por sus personalidades ni por su lenguaje. Bayly olvida, o desconoce, la naturaleza creativa del arte literario, y prefiere entregarse al juego trivial de las identificaciones: todo el atractivo de su libro se reduce al descubrimiento de quién es quién, al material de sobremesa que, de seguro, otorgan a quienes persistan en leerlo de cabo a rabo”. En efecto, puede que no encontremos reflexiones, ni una visión más profunda del asunto o de los personajes, pero precisamente por recurrir a esa superficialidad, la historia adopta un tono divertido y grotesco que imprime a la historia un cierto interés. Jueves, 11 de Enero de 2007 20:16. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Ahí queda eso de Thomas Mann![]() "Nada hay más extraño ni más delicado que la relación entre personas que sólo se conocen de vista, que se encuentran y se observan cada día, a todas horas, y, no obstante, se ven obligadas, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y a no intercambiar saludo ni palabra alguna. Entre ellas va surgiendo una curiosidad sobreexcitada e inquieta, la histeria resultante de una necesidad de conocimiento y comunicación insatisfecha y anormalmente reprimida, y, sobre todo, una especie de tenso respeto. Pues el hombre ama y respeta al hombre mientras no se halle en condiciones de juzgarlo, y el deseo vehemente es el resultado de un conocimiento imperfecto." "La Muerte en Venecia", Thomas Mann. Martes, 26 de Diciembre de 2006 16:01. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Qué bonito![]() "¿Cómo me gustaría que fuera mi diario? Informal, pero no descuidado; flexible, e incluiría cualquier cosa solemne, trivial o bonita que se me pasara por la mente. Me gustaría que se pareciera a un escritorio viejo, o a una maleta grande, donde arrojas cosas sin ningún orden. Me gustaría volver dentro de un año o dos, y descubrir que la colección se ha ordenado sola, se ha depurado, se ha moldeado, como misteriosamente ocurre con las colecciones, con una transparencia que refleja la luz de nuestras vidas, pero con una composición serena y consistente como una obra de arte." Virginia Woolf. "Nada realmente pasa hasta que se describe, hasta que se describe con palabras. Así que escribe muchas cartas a tu familia y amigos. Escribe un diario. Escribe todos los días pase o no pase algo interesante. Todos los días pasa algo interesante". Virginia Woolf a su nieto. Viernes, 22 de Diciembre de 2006 15:40. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. La Tabla de Flandes, PÉREZ-REVERTE![]() “Cruzaron la avenida desierta. Al llegar a la otra acera Julia observó de nuevo a su acompañante, con disimulo. No parecía un hombre de extraordinaria inteligencia. Por lo demás, dudaba que las cosas le hubiesen ido demasiado bien en la vida. Viéndolo caminar con las manos en los bolsillos, el ajado cuello de la camisa y las grandes orejas sobresaliendo de la gabardina vieja, daba la impresión de no ser sino lo que era: un oscuro oficinista, cuya única fuga de la mediocridad era el mundo de combinaciones, problemas y soluciones que el ajedrez podía ofrecerle. Lo más curioso en él era la mirada que se apagaba al apartarse del tablero; aquella forma de inclinar la cabeza igual que si algo le pesara demasiado en las vértebras del cuello, ladeándola; como si de esa forma intentase que el mundo exterior se deslizase por su lado sin rozarlo más que lo necesario. Recordaba un poco a los soldados prisioneros que caminaban con la cabeza baja en los videos documentales de la guerra. Era el suyo el aire inequívoco del derrotado antes de la batalla; de quien cada día abre los ojos y se siente vencido. Y, sin embargo, había algo más. Al explicar una jugada, siguiendo el hilo retorcido de la trama, en Muñoz despuntaba el destello fugaz de algo sólido, incluso brillante. Como si, a pesar de su apariencia, en el interior latiese un extraordinario talento lógico, matemático, o del género que fuera, que daba aplomo, autoridad indiscutible a sus palabras y a sus gestos. Le habría gustado conocerlo mejor. Comprendió que lo ignoraba todo de él, salvo que jugaba al ajedrez y era contable. Pero ya resultaba demasiado tarde. El trabajo había terminado, y era difícil encontrarse de nuevo.” Creo que este pasaje del libro es más que suficiente para poder constatar el talento innegable de Pérez- Reverte. Hace dos veranos leí Territorio Comanche, y recuerdo que me sorprendió también muy gratamente. Este es el segundo libro que leo de este autor y la verdad es que te engancha desde el primer momento. La Tabla de Flandes, con descripciones como la que he transcrito, con inteligentes alusiones al mundo del arte y de la literatura, y con una estructura acertada, resuelve de manera magistral el conflicto que plantea desde las primeras páginas, y mantiene al lector en un estado de alerta constante. (Joder, ¡parezco una contraportada! Lo he escrito yo, ¿eh? en serio) Ahora sí, algunas opiniones que aparecieron en la prensa de todo el mundo en su día y que comparto, son: del New York Times: “Un trabajo elegante, refinado, enloquecedoramente inteligente”. De Le Monde: “Construcción rigurosa, dominio magistral del juego entre el presente y el pasado. Es casi perfecta”. O de Le Magazine Litteraire: “La historia policíaca, el suspense, no son más que pretextos. Lo que hay es una explicación del mundo en la que participan la pintura, la música, la literatura, el humor o la muerte”. Esta es la crítica que me parece más completa y acertada. Me quedo con esta crítica y la hago mía. Y también, me quedo con el personaje del jugador de ajedrez, Muñoz, porque creo que es el más complejo, y también el personaje que más se ha currado Pérez-Reverte, aunque no sea el protagonista y a veces parezca que su papel en la trama no acaba de ser relevante. En fin, seguro que a todos os gustará este libro de Pérez-Reverte: es un libro que podéis leer en cualquier momento y que sin duda os hará pensar un poquito, y además, si no sabéis jugar al ajedrez, (como es mi caso), seguro que os picará la curiosidad. Viernes, 15 de Septiembre de 2006 21:04. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. DOSTOIEVSKI: Apuntes del subsuelo![]() (I) Soy un hombre enfermo…Un hombre malo. No soy agradable. Creo que padezco del hígado. De todos modos, nada entiendo de mi enfermedad y no sé con certeza lo que me duele. No me cuido y jamás me he cuidado, aunque siento respeto por la medicina y los médicos. Además soy extremadamente supersticioso, cuando menos lo bastante para respetar la medicina. (Tengo bastante cultura para no ser supersticioso, pero lo soy.) Sí, no quiero cuidarme por rabia. Esto seguramente ustedes no lo puedan entender. Pero yo sí lo entiendo. No sabría explicar, naturalmente, a quién fastidio en este caso con mi rabia. Sé muy bien que ni a los doctores podría “perjudicar” por no tratarme. Sé mejor que nadie que el único perjudicado sería yo, y nadie más. Sin embargo, si no me cuido es por rabia. Que me duele el hígado: ¡pues que duela, que duela todavía más! Hace ya muchos años que vivo así: unos veinte años, poco más o menos. Ahora tengo cuarenta. Antes trabajaba; ahora no. Era un funcionario malhumorado. Trataba groseramente a los demás, y sentía placer al hacerlo. Como no me dejaba sobornar, debía recompensarme de este modo. (El chiste es malo, pero no pienso borrarlo. Lo escribí creyendo que sería muy ingenioso, pero ahora me doy cuenta de que mi único propósito era presumir ignominiosamente. No lo borro adrede.) Hace un momento, al decir que era un funcionario malhumorado, mentía. He mentido por rabia. En realidad hacía el tonto tanto con los solicitantes como con el oficial: de hecho, jamás pude ser malo. A cada instante sentía en mí la presencia de numerosos elementos diametralmente opuestos. Sentía cómo bullían en mí esos contradictorios elementos. Sabía que siempre, toda la vida, habían bullido en mí, ansiando que les diese salida; pero yo no los dejaba, no los dejaba, no los dejaba salir adrede. Me avergonzaban dolorosamente, me producían convulsiones y acababan por cansarme. ¡Cómo me cansaron! ¿No creerán, señores, que me estoy arrepintiendo de algo ante ustedes, que les pido perdón por algo?... Estoy seguro de que así lo creen… Pero les aseguro que a mí me da lo mismo que lo piensen…No sólo no he podido hacerme malo, sino que tampoco ninguna otra cosa: ni malo, ni bueno, ni canalla, ni honrado, ni héroe, ni insecto. (II) Llegaba hasta el punto de experimentar un placer oculto, anormal, ruin, cuando de regreso a mi rincón, en alguna detestable noche petersburguesa, tenía clara conciencia de haber vuelto a cometer una villanía y de que lo hecho ya no tenía remedio. Me mortificaba interiormente: por dentro, me roía, me roía a dentelladas, me torturaba, y me retorcía hasta el punto de que la amargura tornábase, al fin, en vergonzoso y maldito dulzor, y, en último término, en franco y hondo placer. ¡Sí, en placer, en placer! Insisto en ello. Hablo de ello porque quisiera saber si a los demás les ocurre lo mismo, si tienen esa clase de placer. Se lo explicaré: el placer me lo producía, precisamente, la clara conciencia de mi propia bajeza; el sentir que había llegado ya a lo último; que eso era abominable, pero que no podía ser de otro modo; que no había ninguna otra solución para mí; que jamás podría convertirme en otra persona; que incluso si tuviese tiempo y fe para hacerme de otra manera, lo más seguro es que ni yo mismo quisiera transformarme y, de quererlo, tampoco habría conseguido nada, ya que, de hecho, no habría, tal vez, un modelo a seguir. Pero lo principal, al fin y al cabo, era que todo esto ocurría de acuerdo con las leyes fundamentales y normales de una naturaleza exacerbada y por la inercia que se deriva directamente de esas leyes: no podía, pues, transformarme en otro hombre; nada podía hacer, debido a la conciencia exacerbada. Reconozco, por ejemplo, que soy un miserable; pero el miserable se siente consolado al reconocer por sí mismo que se es, efectivamente, un miserable. Bueno, basta… ¡Cuántas cosas he dicho! Pero ¿he explicado algo?... ¿Cómo puede explicarse el placer en este caso? ¡Me explicaré, sin embargo! ¡Llegaré al fin! Para esto he tomado la pluma… Mi amor propio, por ejemplo, es terrible. Soy suspicaz y quisquilloso como un jorobado o un enano. Sin embargo, en mi vida ha habido momentos en que si me hubieran dado una bofetada, quizá hasta me habría alegrado. Hablo en serio: seguramente habría sabido encontrar también en ello una especie de placer: el placer de la desesperación, claro está; pero en la desesperación suelen existir los placeres más intensos, sobre todo cuando se reconoce que la situación no tiene salida posible. Y en el caso de la bofetada… ¡Uno se siente tan abrumado al pensar en qué escupitajo le han convertido! Pero lo principal es que, por mucho que cavile, resulta que siempre tengo yo la culpa, y lo más penoso es que soy un culpable inocente: lo soy por las leyes de la naturaleza. Soy culpable, en primer lugar, por poseer más inteligencia que todos cuantos me rodean. (Me he considerado siempre con más inteligencia que todos cuantos me rodean, y a veces, pueden creerme, me he sentido avergonzado de ello. Por lo menos me he pasado toda la vida sin poder mirar de frente a los demás: siempre he mirado a un lado.) Finalmente, soy culpable porque aún habiendo en mí generosidad habría sufrido todavía más al darme cuenta de su inutilidad. Lo más probable es que nada hubiera podido hacer con mi generosidad: ni perdonar, porque mi ofensor me habría golpeado, tal vez, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, y las leyes de la naturaleza no se pueden perdonar; ni habría podido olvidar, porque aun tratándose de leyes de la naturaleza ofenden. Finalmente, aunque hubiese querido no ser generoso en absoluto, sino vengarme de mi ofensor, tampoco habría podido vengarme de ningún modo, ya que no me habría decidido a hacer nada, ni en el caso de haber podido. No, no es que me aburra tanto como para ponerme a transcribir libros, (bueno, un poco sí), sino que he encontrado en unos apuntes esta joya de Dostoievski y me apetecía compartirla con vosotros, simplemente. Este hombre está diciendo, ni más ni menos, algo que muchos otros han intentado decir a lo largo de la historia de la humanidad. Lo que pasa es que no todos nos atrevemos a reconocer que en algún momento, o siempre, nos sentimos así. Me encanta la idea de sentir placer al sentirse un miserable, pero no por el simple hecho de sentirse un miserable, sino por reconocer que, efectivamente, se es un miserable. Camus también decía (no sé si con estas palabras exactamente) que la desesperación por la vida es precisamente lo que te hace amar la vida… Me estoy acordando de una conversación que tuve un día de estos con mis compañeras del hospital. En concreto, estábamos hablando de las locuras que hacíamos en la edad del pavo; y a mí se me ocurrió decir en ese mismo momento algo que resume todo lo que pienso ahora sobre la vida: “Yo, con 15 años, era una gilipollas. Ahora también lo soy, con la diferencia de que ahora soy consciente de ello, y antes no lo era en absoluto”. Ante esta frase, que a mi me pareció de lo más inteligente que he dicho en mi vida, mi compañera Patricia sólo atinó a contestar: “Tía, ¿por qué dices que eres gilipollas?; tienes que creerte la mejor, yo siempre me he creído la mejor, con 15 años y ahora”... Lo que ella no sabía era que en mis palabras se escondía un profundo y doloroso amor propio, del que a veces no soy muy consciente, pero que está ahí. Sí, ahí está, y ahí seguirá, imperturbable. Jueves, 14 de Septiembre de 2006 21:46. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Sostiene Pereira (Tabuchi)![]() Pereira: Este es un Estado autoritario, hay censuras, la gente no cuenta para nada. Silva: Escúchame con atención, Pereira: ¿tú crees aún en la opinión pública? Pues bien, la opinión pública es un truco que han inventado los anglosajones, los ingleses y los americanos, son ellos los que nos están llenando de mierda con esa idea de la opinión pública, nosotros no hemos tenido nunca su sistema político, ni sus tradiciones, no sabemos qué son los “trade unions”, nosotros somos gente del sur, Pereira, y obedecemos a quien grita más, a quien manda. Pereira: Nosotros no somos gente del sur, tenemos sangre celta. Silva: Pero vivimos en el Sur, el clima no favorece nuestras ideas políticas, laissez faire, laissez passer, es así como estamos hechos, y además, escucha, yo enseño literatura, y de literatura entiendo bastante, estoy haciendo una edición crítica de los trovadores, las canciones de amigo, no sé si te acuerdas de cuando la universidad. Los jóvenes partían para la guerra y las mujeres se quedaban en casa llorando, y los trovadores recogían sus lamentos, mandaba el rey, ¿comprendes? mandaba el jefe, y nosotros siempre hemos tenido necesidad de un jefe, todavía hoy necesitamos un jefe. Pereira: Pero yo soy periodista. Silva: ¿Y qué? Pereira: Que tengo que ser libre e informar a la gente de manera correcta. Este diálogo, a pesar de estar lleno de palabrería por parte del tipo que habla con Pereira, me parece bastante elocuente para ilustrar lo que se viene entendiendo como libertad de prensa, en el sentido conceptual y abstracto, claro. En la práctica es otra historia. En la práctica, la libertad de prensa se traduce en libertad de comercio con la información, en la libertad de crear monopolios y de absorber a las posibles alternativas periodísticas independientes, sin trabas a la libre rapiña y manipulación, por supuesto. Bueno, me parece que lo mejor será que os hable del libro en cuestión, Sostiene Pereira, que seguro que se me da mucho mejor que continuar con la retahíla hippie-progre que me ha salido. Pues bien, este libro de Tabuchi cuenta la vida de un periodista portugués al que le toca vivir y desempeñar su trabajo, -por suerte o por desgracia, según se mire-, en plena dictadura de Salazar. Como habéis visto en el diálogo, Pereira es un gran ingenuo, además de un inestable emocional. Tiene problemas de salud por su elevado sobrepeso y es viudo; no puede olvidar a su mujer, y en ocasiones se comporta como si aún estuviera viva: habla con su retrato, lo lleva siempre consigo a todas partes, y le pide opinión acerca de todo lo que le ocurre en su vida. Una de estas cosas que le perturban y que le hacen hablar más a menudo con el retrato de su esposa, se refiere a la nueva amistad que ha surgido en su vida: se trata del nuevo periodista joven y entusiasta al que contrata su periódico. Pereira, como redactor jefe de la sección cultural, encarga a este chico la redacción de las necrológicas y además, le hace algunas recomendaciones, siempre de acuerdo con la dirección del diario, claro, que se podrían resumir en no cuestionar el orden establecido y, sobre todo, nada de elogiar a escritores fallecidos que estuvieran comprometidos con la causa socialista y/o comunista. Como os imaginaréis, el joven periodista principiante hace caso omiso de las advertencias de Pereira, y, por tanto, de las directrices impuestas por el régimen al periódico, (a todos los periódicos). Pereira no entiende tal actitud; para él, no hay ninguna idea política por la que merezca la pena jugarse el puesto de trabajo e incluso en ocasiones, la propia vida. Finalmente, Pereira se da cuenta de que algo le está pasando porque se está dejando influir por la rebeldía y el carisma revolucionario de su joven compañero, y decide acudir a un balneario, en el que le espera su médico para tratarle, pero también para charlar animosamente. Esta es la parte más filosófica del libro, porque en ella encontramos el magnífico diálogo que mantienen Pereira y su médico, y en el que éste expone al resignado y escéptico periodista su teoría de la confederación de almas. Dicha teoría, según el doctor, consiste en….**mejor leeros el libro, porque no me acuerdo muy bien y es mejor que no empiece a divagar sin sentido. Además, como siga contándolo hasta el final os lo voy a pisar, y tampoco es plan, ¿no? ¡Ah! También hay una peli, con Marcello Mastroianni como Pereira, (en la foto lo tenéis). Aunque está mejor el libro.** Jueves, 31 de Agosto de 2006 14:38. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Por decir algo![]() "Es indefectible: apenas llega el verano, a los políticos y demás famosos se les deja de preguntar por las labores propias de su sexo y se les pregunta cuáles van a ser sus lecturas del verano, a lo que suelen contestar con una batería de nombres y de títulos ilustres que, francamente, da que pensar. Pero, al margen de que todos ellos inviertan sus vacaciones en la lectura de Homero, Dante y Shakespeare, y ninguno confiese haberle hechado un vistazo siquiera a las de Mortadelo y Filemón, ¿qué pasa, que durante el resto del año no leen? ¿O más bien que nadie les pregunta por lo que leen? Dirán ustedes que, como tanta otra gente, los políticos y demás famosos no tienen tiempo de leer durante el año y por eso aprovechan las vacaciones para hacerlo. Pues no es verdad: incluso en los períodos de mayor agobio profesional, todo el mundo, incluidos los políticos, tiene tiempo de ver un partido de fútbol por la tele o de practicar el sexo. Lo que pasa es que echar un polvo o ver un partido por la tele sí son placeres, mientras que leer no lo es". Este es el primer párrafo de un artículo de Javier Cercas en EPS (El País Semanal) titulado Lecturas Veraniegas. Es de hace algunos años, pero se me ha venido la cabeza al pensar qué título poner a esta sección, en la que, como os vais imaginando, hablaré de literatura (o al menos eso intentaré). No sé exáctamente lo que escribiré aquí. Igual me da por comentar los libros que voy leyendo... o también podría colgar - en "Escritos del resto del año"- algún relato o algunos de los textos que he ido escribiendo desde que tengo uso de razón y que se podrían publicar aquí; es decir, que son inteligibles (contienen frases con sujeto, verbo, predicado...). Lo demás es silencio. Domingo, 27 de Agosto de 2006 13:26. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. |
Sonikelandia"Un artista debería crear cosas bellas, pero no poner en ellas nada de su propia vida. Vivimos en una época en que se trata el arte como si de una forma de autobiografía se tratase. Hemos perdido el sentido abstracto de la belleza. Algún día le mostraré al mundo cuál es; y por esa razón el mundo jamás verá mi retrato de Dorian Gray".
El Retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde. Temas
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