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Voy a actualizar porque ya es hora. Porque ha habido días en los que he tenido ganas de hacerlo y por pereza o por yo qué sé, no lo he hecho. Porque he estado en Barcelona hace unas semanas y no he escrito absolutamente nada. Porque tendría, ahora, muchas cosas que decir y no sé por qué no lo hago. El calor agota mis neuronas. Quizá ya tenga bastante con escribir lo que hago en el trabajo y mis ojos no se merezcan otra sesión más de ordenador. Pero ésa no es excusa. Porque aunque no haya escrito, me he seguido metiendo a Internet para ver otros blogs y otras cosas. Respecto a las novedades culturales en mi vida (qué pedante suena eso) he de decir que en el terreno musical he seguido con Jefferson Airplane, se podría decir que ha sido mi banda sonora del cursillo de inglés y demás. El disco Crown Of Creation, absolutamente recomendable. Sobre libros, me leí El Mundo, de Juan José Millás y también lo podría recomendar. No sé por qué pero yo me siento muy identificada con este hombre, en lo que dice y en la manera en que lo dice. Ahora acabo de empezar el libro de sus Articuentos, tras terminar La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. No está mal, aunque todo demasiado crudo. Me esperaba otra cosa, no sé exactamente el qué. Bueno ahora no tengo mucho más que escribir. Tengo sueño y estoy cansada. Anoche fui a las fiestas de mi pueblo y he dormido poco, aunque no mal… Me da vergüenza decirlo, pero me lo pasé muy bien durante la discoteca móvil, escuchando unas canciones que ya creía olvidadas, aunque, por lo visto, no suficientemente odiadas. Soy lo peor, pero me gusta una canción de bakalao que no sé cómo se llama ni nada, porque no tiene letra. La primera vez que la oí fue hace casi un año, en la fiesta de Tele... a la que acudí. Me pareció asquerosa, pero con cierto atractivo. Es ese amor-odio que experimento con algunas cosas. Me consuelo pensando que John Lennon dijo una vez que él valoraba algunas músicas electrónicas y demás.Bueno, la segunda vez que la escuché fue en la fiesta del periódico, por Navidades; la reconocí, y me acordé del magnífico día de Tele..., pero cuando llegué a casa ya no sabía reproducirla en mi cabeza. Otros días, sin ningún porqué, pensaba en ella, hasta que la logré reproducir de nuevo. Anoche la oí y no podría haber sido de otra forma: la disfruté como una insensata, bebiendo un ron raro de un cuenco extraño. Bailé borracha con un sombrero de vaquera en la cabeza que ¿brillantemente? nos compró mi amiga M. Pero lo mejor vino después. Ahora espero descansar y recuperarme, para seguir soñando mañana, cuando me despierte... Domingo, 10 de Agosto de 2008 00:22. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Malas compañías![]() Por fin he escrito la crónica de un bar que le prometí a mi jefa hace un mes. Creo que me ha quedado bastante bien. Y como la inspiración parece que me está durando más de un día, voy a desplegarla aquí un poco. No sé qué tal quedará. Hace mucho que no escribo. Aviso que puede salir cualquier cosa. Los exámenes me dejaron exhausta y aún siento la resaca. Pero justo hoy, que he vuelto a las aulas, ha renacido mi espíritu crítico y observador. Quizá demasiado. He de reconocerlo. Soy mala. Y lo siento, pero así es. Hoy he empezado el curso de inglés intensivo. De tres niveles, estoy en el más bajo. Bueno, teniendo en cuenta que hacía cinco años que no daba inglés, es normal que sólo supiera decirle a mi entrevistadora cómo me llamaba y qué pensaba hacer en verano. Creo que me trabé y me puse muy nerviosa. Parece mentira que la admiradora de la lengua de los Beatles sepa tan mal hablarla. Pero aquí estoy para darlo todo como cuando iba a clase, o sea, como hace un mes. De 9.30 a 14.00 estaré, durante las próximas tres semanas, con Cristóbal y compañía, y luego, media hora para comer y vuelta a las malas compañías: ‘Jota Jota’ (como dice mi hermano) y cía. Esta mañana me había levantado de una manera extraña. El despertador, a las 7.30 había empezado a sonar, pero hasta menos 20 no he sido consciente de que ese ruido tan extrañamente bajito realmente era el despertador. Cuando llegué a C.Universitaria, como iba sobrada de tiempo (qué extraño en mí) me pasé por mi facultad a ver si había salido la única nota que me falta por saber. Vaya, la tipeja aún no se ha dignado a ponerla. Iré a la salida de inglés, pienso. Y me fui al aula en la que mi pituitaria iba a encontrarse con su peor pesadilla. Cuando entro en la clase, veo que todas las primeras filas están ocupadas, así que me dirijo a la última y me siento en una mesa que había libre. Al lado hay una mochila, pero da igual. Cuando empieza la clase, llega él. Yo estoy con los cascos puestos escuchando Foxy Lady (la versión de The Cure tributo a Jimi Hendrix) y por tanto no le saludo. Casi ni le miro. Pero cuando llega el profesor, me quito los cascos y el chico me mira y me dice muy cortado: Hola. Y Hola es lo que le contesto yo, parca y seca como no podría ser de otra forma. El profe dice que le entreguemos la ficha en la que hay que rellenar unos datos y pegar nuestra foto y yo (otra vez, sorprendentemente) la entrego. Muchos no tenían la foto pegada, así que el tío decía que no pasaba nada, que se la entregaran on Monday, pero yo, aunque no pasara nada por entregarla on Monday, LA HABÍA ENTREGADO. Esos momentos, para una persona como yo, son decidida, jodida y deliciosamente indescriptibles. Otra cosa ya era el libro de texto. ¡Ay amigo! Eso no lo había podido comprar ayer, así que tuve que ir ‘in break’ a comprarlo, aunque muchos también tuvieron que hacer lo mismo. Entretanto, el londinense empieza a hablar y me fastidia pero tengo que aceptarlo, sí, está diciendo que nos pongamos en grupos de tres a discutir las propuestas de la clase y a conocernos mejor. Bueno, quizá no sea tan mala idea. De esa forma mi pituitaria no sería la única que tuviera el privilegio de disfrutar de la delicia del amigo. En estas, el profe nos hace unas preguntas que tenemos que contestar entre nosotros, y sugiere que añadamos otras 3. Le gusta el número 3. El amigo no tiene ni pajolera de la lengua de los Beatles, pero chapurrea una pregunta para servidora y para la otra compi: Have you got a boyfriend? No, si no sabrá lo que es una esponja ni hacer la O (ou) con un canuto, pero espabilado, lo que se dice espabilado, el amigo lo es un rato. Tras la pregunta del millón, para más inri, el amigo añade in spanish un ‘hala, ya lo he dicho’, como le diría a sus colegas del barrio en una noche de botellón tras declararse a la juani de turno. La compañera y yo corremos un estúpido velo y cambiamos de pregunta, o mejor aún, le preguntamos al profe que si para preguntar eso se dice como lo ha dicho el amigo, o con otra construcción; y el tío nos dice que ambas son correctas, aparte de darnos aún más ideas para preguntar eso. Creo que tomó nota, el amigo. A las 11.30 hicimos un ‘break’ y nos fuimos a comprar el libro. Cuando volvimos a la clase a las 12 el olor era aún más pestilente, mezclado además con tabaco. ¿Por qué siempre se me juntan los/las que no se lavan? ¿Es que acaso tengo un cartel que diga: olorosos del mundo, pestilentes sin remedio, matavampiros de la Tierra, venid a mí? Bueno, el lunes intentaré una estrategia, aunque no sé si me saldrá, al fin y al cabo lo único desagradable es su olor y puede que, con un poco de suerte, los lunes sea el día asignado para el agua y el jabón. De todas formas, creo que cuando le dije, (in english) que a mí no me gustaba (como a él) la música house y ‘electric’ y que me estaba leyendo un libro del desconocido Juan José Millás, dejó de importarle si tenía o no boyfriend. Viernes, 04 de Julio de 2008 23:54. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Acreditada, palabra mágica![]() Ayer escribí todo esto y no me dejaba entrar el blog en lo de administrar. Vaya mierda. Para un día que escribo, que estaba emocionada y todo… En fin, ahora vengo de que mi hermana me haya pinchado la vacuna de la alergia. Sí, hay novedades en mi vida, de tipo sanitario casi todas. Lo más destacado es que cambié de médico-alergólogo y ahora me estoy vacunando contra esta mierda. A ver si da resultado. Hoy ha sido un buen día, en el trabajo y en clase. Bueno, sólo me falta comentar que finalmente sí suspendí el examen de cine y que me impactó un poquillo ver las dos ‘eses’ juntas al lado de mi nombre, por primera vez en la carrera. Pero ya me he hecho con el gran manual y voy a empezar a empollar desde ya. En definitiva, esto es lo que escribí ayer que se quedó sin publicar. Espero que os disguste lo suficiente como para no volver a pasaros por aquí. He dicho. ‘Acreditada’, palabra mágica (29-04-08) Bueno, bueno, bueno. Ya estoy otra vez aquí. Me parecía que llevaba una eternidad sin escribir, aunque tampoco llevo tanto, ¿no? El caso es que he querido, mil y una veces, escribir todo lo que se me pasaba por la cabeza estos días cuando iba en el metro, o todo lo que me pasó, por ejemplo, el pasado día 23 de abril, bendito día del libro… Resulta que ese día salí a trabajar a la calle. (Vaya, qué mal suena esto, a trabajar de periodista, quería decir, aunque no sé quién dijo que al oficio al que más se parece el periodismo es a ése en concreto, a ése en el que estáis pensando). Bueno, pues sí. Mi sueño de salir a cubrir algo cultural se había hecho realidad. Antes de nada, tengo que decir que me encuentro ahora mismo, desde el día 1, de becaria en la versión digital de un suplemento de mi periódico en el que siempre hay un poco de todo, (menos de literatura, que no se habla nada). La versión digital se centra en las cosas de carácter cultural que ocurren en Madrid, aunque también tenemos que editar las cosas de cine y teatro, etcétera, que aparecen en la versión en papel de dicho – no dicho en realidad- suplemento. Después de esta aclaración necesaria, y aunque me habría gustado mucho más escribir esto el día en que ocurrió todo o, a lo sumo, un par de días después, voy a proceder a hacer ahora mi crónica no oficial de lo que aconteció ese 23 de abril. Todo empezó mal y de forma extraña. En la cuesta de Moyano había quedado con la mujer cámara que iba a ir conmigo. Pero no aparecía y yo me estaba muriendo de calor. Hacía un sol de vértigo y donde los libreros estaba todo lleno de gente que se arremolinaba en torno a libros que no conocía y también estaba todo lleno de moscas que se posaban, iban y venían, y que también se estaban muriendo de calor. En esto, veo que emerge de una de las casetas un profesor que tuve el cuatrimestre pasado, y que me saluda efusivamente, sin acordarse de mi nombre efusivamente. Y sabiendo –ambos- que me había puesto sólo un aprobado porque yo no le había hecho la pelota como el resto. Me saluda y me dice que si estoy ahí trabajando (¡cuál sería mi cara para deducir semejante evidencia!) Y nos quedamos un rato hablando allí de nada en concreto. Eso sí, tuve que comprarle un libro de César González Ruano. Me dijo que conocía a la mujer que llevaba la prensa del Ayuntamiento y me llevó con ella a lo de las acreditaciones. Pedí la mía y la de mi compañera, - que llevaba casi media hora de retraso-. Como no nos conocíamos, la mandé un mensaje al móvil con una descripción minuciosa de mi aspecto aquel día: “llevo un bolso azul, pantalones negros, gafas rojas y una coleta. Y un cuaderno en la mano.” Dios, sólo mientras lo escribía, es decir, al verlo así escrito, me di cuenta de las pintas que debía de llevar y de la conjunción de colores tan extraña que vestía. Pero a la vista quedaba bien; quiero decir, que aunque llevara esos colores juntos, cuando salí de casa me vi normal y nadie me dijo nada. Bueno, pues a pesar de la detallada descripción, la mujer no me veía y me tuvo que telefonear. Hasta que por fin nos encontramos. Me pareció una mujer tranquila, amable, de unos 40 años, pelo corto y aspecto sobrio, tan sobrio que nunca la veía cuando salíamos de los actos y sólo cuando la tenía delante de mis narices me daba cuenta de que era ella: “¡ah, estás aquí, color beige indescifrable!”. Empezamos grabando cosas de los libreros y yo, como una boba, no hacía más que seguirla. En vez de buscar mi propia crónica, me iba a todos lados con ella y no preguntaba nada a nadie. De pronto, un montón de periodistas de un montón de medios rodeó y acorraló a un señor que debía de ser alguien importante, aunque lo único claro que dijo fue: “hay que leer mucho”. Y se compró un par de libros mientras le seguían todos mirando embelesados. Mi cámara y yo no nos enteramos de casi nada pero ella consiguió entrevistarle de nuevo. Yo, me limitaba a observar. Cuando acabó esto, nos montamos en EL AUTOBÚS. Sí, un autobús como el de la obra de Tom Wolfe, en el que sólo estabas si eras importante. Yo, aunque no os lo creáis, lo era. Y por eso estaba dentro. Una vez en el bus, había que entablar conversación con mi compi, que cuando escuchó ‘la bronca’ que me echó mi jefa por teléfono, se convirtió ya en una especie de madre para mí, para siempre. Tengo que decir que yo fui de enviada especial pero que, en realidad, la crónica no la iba a escribir yo. Mi ‘pluma’ había quedado reducida así a una mera conversación telefónica con mis superiores. Cada vez que salía de un acto, tenía que llamar para contar pinceladas sueltas y sin gracia procedentes de mi gracioso cuaderno de notas. Cuando transmití lo del hombre importante con el que, después de todo, íbamos a ‘viajar’ en el autobús, me regañaron por no enterarme de qué libros en concreto había comprado ese tío. Vaya, y también por no contar nada interesante. Bueno, pues me aturdí y estresé tanto por la bronca, que cuando llegamos al siguiente destino y fui al baño, pude ver, al mirarme al espejo, que me había salido una calentura en el labiode arriba. Rara vez me pasa, pero dicen que suele ser por tener las defensas bajas o por estar sometido a situaciones de mucho estrés. Bien, pues en mi caso quizá fueron en realidad las dos cosas. Cuando me regañaron, bajaron tanto mis defensas, que me hundí y me sonrojé ya para el resto del ‘viaje’. Pero mi compi me tranquilizaba: “vaya por dios, si es que a veces no os dejan demostrar lo que valéis…” Sin embargo, he aquí la heroína en que me convertí cuando fui capaz, en medio de un montón de compañeros con cámaras y grabadoras de radio, de hacer preguntas a Soledad Puértolas, a una escritora con la que teníamos que encontrarnos –según el recorrido del autobús- en una librería. Además de esto, pude coger por banda al señor importante, que se acababa de comprar otro libro y preguntarle, no sólo cuál era, sino cuáles eran todos los que había ido adquiriendo en Moyano. Me sentía tan acelerada que no era consciente de lo que yo misma decía, ni de las caras que ponía cuando hablaba, (notaba mucho calor en los mofletes y la cosa en el labio seguía estando ahí seguro). Tampoco quería ser consciente del calor ni del agobio que sentía. Además, iba cargada con una bolsa que nos dieron en la que había un dossier y un chaleco salvavidas, por si llovía, o por si te hundías, supongo yo. Por otra parte, llevaba mi propio bolso azul y el cuadernito en la mano. Recuerdo que entrevisté también a un tipo de unos 30 años que estaba tomándose algo en ese bar-librería y que se encontraba sentado leyendo. Después de unas cuantas preguntas, en las que me vino a decir que la iniciativa del día este de los libros le parecía una chorrada, me cogió la acreditación para ver de dónde era y me confesó que él también era periodista, que conocía a un montón de gente de mi medio de los que yo no tenía noción. Y acabó entrevistándome él a mí: que si dónde estudiaba y que qué suerte tenía de estar haciendo prácticas antes de terminar la carrera, que antes no era tan fácil. Pero nos interrumpió el claxon del autobús, que partía ya hacia un nuevo e inquietante lugar. ¿Qué sorpresas me depararía? Bueno, es mentira, no sonó claxon ni nada, sólo el bufido de la coordinadora, que avisaba a la tropa, como cuando ibas de excursión con el colegio. En fin, esto lo superé y me fui más tranquila, (después de telefonear de nuevo y obtener un “muy bien”), al siguiente acto que me esperaba. No obstante, los nervios no se aplacaron así como así, y aunque lo del labio remitía, me preocupaba su existencia y en lo que pudiera llegar a convertirse. Lo siguiente era Juan Gelmán, en el Círculo de Bellas Artes. Cuando entré, mostré la acreditación colgada del cuello (se me ha olvidado decir que cuando me la dieron no sabía cómo hacer para que se quedara en la tira que se colgaba en el cuello, aunque lo conseguí finalmente, pero era una chorrada que también me llegó a estresar y que me daba vergüenza preguntar. Seguramente un mono habría conseguido hacerlo antes que yo…). En fin, lo de J.G no estuvo mal. Estuve incluso entrevistando a gente que había ido a verlo, aunque luego no valiera para nada, pero me aseguré de tener material suficiente y de tener todos los flancos cubiertos para no llevarme otra bronquilla. Para terminar de estresarme, la conferencia de Houellebecq. Mi cámara y yo llegábamos tarde y casi no nos dejan entrar. Pero, al fin y al cabo, éramos de un medio importante. Y como éramos importantes, teníamos que estar ahí. Así que lo estuvimos. Para entender al tipo había que coger unos cascos, que te los daban a cambio de tu DNI. Todo lo que dijo el tío me hizo gracia. No fue la típica conferencia rollo. Como supongo suele ser típico en él – no he leído nada suyo, aunque tenía constancia- no paró de hablar de sí mismo, de lo que leía de pequeño y de cómo le había marcado. He de decir que la sala estaba llena hasta los topes y que incluso había gente de pie y que por la aglomeración, incluso olía un poco mal. Aquí no paré de copiar como una loca en mi cuadernito. Mi actividad frenética de la tarde no iba a terminar así como así. No veía cerca aún el encuentro con ese estado de paz que sólo conseguiría cuando llegara a casa y me diera una ducha. Lo del labio mejoraba pero seguía teniendo mucho calor. Cuando acabó la conferencia, me costó salir, hacerme hueco entre toda la gente que también quería abandonar el edificio, y estuve a punto de utilizar la acreditación para colarme pero me pareció excesivo e injustificado y aguanté un poco de cola -aunque acabé pasando por delante de la gente de manera un poco disimulada-. Pero lo del DNI ya fue el colmo. El numerito que llevaban los cascos no se correspondía con la casilla donde estaba el carné, y todo el mundo buscaba el suyo como loco para poder salir. Tardé en encontrar el mío, con la inestimable ayuda de la chica que llevaba el asunto, y finalmente lo tuve en mi poder. Salí al encuentro de mi señora cámara, que se había ido a tomar algo a los 5 minutos de conferencia, porque consideraba que ya había grabado bastante a Houellebecq. Lo último, el concierto de Patti Smith. Estuvimos poco rato pero fue intenso. Sobre todo teniendo en cuenta que habíamos andado bastante hasta que llegamos hasta allí, (más de lo que deberíamos) y que estábamos muy,muy cansadas. Además, la jefa no paraba de llamarme para que la contara algo de Houellebecq. Resultado: acabé en el suelo, en medio del concierto, agachada o de rodillas directamente, -no me acuerdo-, con el cuaderno abierto y pasando hojas hasta dar con algo coherente de Houellebecq. Gritando, con el fondo de la música aullando tras de mí. Y lo peor de todo era intentar ver, leer algo, detectar lo importante de toda esa marea de letras bajo la oscuridad reinante del concierto. Pero de pronto, sin creérmelo aún, todo pasó, y los poemas y canciones de Patti me tranquilizaron, me dieron la clave para volver a la normalidad y me dije: “ya he cumplido. Ya me puedo ir a casa”.
** FOTOGRAFÍA: Michel Houellebecq. Miércoles, 30 de Abril de 2008 22:29. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Mi examen de cine documental colonial español hasta 1939![]() Acabo de llegar de hacer un examen. Llueve y hace frío. He dormido poco y es sábado. Nadie entiende que hayamos tenido que hacer hoy un examen. Ya es mala leche. Un examen de cine informativo español, que es una asignatura optativa que tengo este cuatrimestre y que me gusta mucho. Sólo he faltado dos días a clase. Uno de ellos, estaba mala. El otro, también. Fueron en concreto los días 26 de febrero y 4 de marzo. Así lo recuerdo. Y recuerdo que el 26 falté por el maldito debate Mariano-ZP que tuvo lugar el día anterior, por lo que me hicieron quedarme hasta las tantas en el trabajo. Y cuando me levanté, me levanté mala. Y ahora que lo pienso, el día 4 también falté por el segundo maldito debate. La política y el periodismo, definitivamente, son los culpables de que tenga que faltar a clase de vez en cuando. El periodismo sobre todo, porque estoy harta de trabajar y estudiar a la vez, y he tenido que faltar jueves y viernes a mis clases favoritas de literatura y agencias para estudiar esto, o sea, para estudiar cine. Ayer, además, pedí la tarde libre a mi nueva jefa para poder estudiar, y me la dio. Ya había estado estudiando un par de días en Semana Santa las fotocopias que me hice de un libro en el que estaba más o menos la mitad de lo que son los apuntes. Na, 15 hojas en total, aunque había que ampliar un poco. Las cosas se tenían que torcer mucho para que no sacara el examen con sobresaliente. Aun así, voy a suspender el examen que acabo de hacer. Y no es porque no pidiera los apuntes que me faltaban (que los pedí, aunque no sé de quién son, si lo supiera, le habría dicho a esa persona (o no), que no se escribe surrealismo con ‘b’, ni eslabón con ‘v’). Tampoco será porque no he puesto interés en la asignatura. Pero ayer, en medio de la paranoia esquizoide de la víspera, me decía, una y otra vez, “como ponga el cine colonial la denuncio, ¡la denuncio! ¡No puede hacer eso!”, y me intentaba convencer de lo contrario, de algo que yo pensaba era evidente, más que sobradamente probado: “no, es imposible que ponga el cine colonial, no puede ponerlo, pudiendo poner tantas y tantas otras cosas: el sistema Lumiere en España, la propaganda de Primo de Rivera, lo de Velo y Mantilla y “Las Hurdes” de Buñuel, el cine republicano en la guerra civil, el cine franquista….”. En los apuntes, el cine colonial pasaba casi desapercibido, de hecho cuando yo lo vi en el programa me sonó a chino. Y si lo dio, lo debió de dar o el día 26 de febrero o el 4 de marzo. Los días de los malditos debates. Maldita suerte la mía. Lo que me dejaron de apuntes era un esquema incomprensible. Con 4 títulos de películas y dos o tres ideas. Nada importante. No se me quedó la esencia. Pero claro, pudiendo preguntar “Las Hurdes”, documental que me encantó y al que le dedicamos 2 clases, ¡2 clases! O cualquier otro tema del que hemos visto documentales... O cosas de la Guerra Civil. Me recuerdo ahora con tristeza e ingenuidad en el día de anoche, memorizando una hoja llena de películas, autores y fechas de la producción anarquista en la guerra. Otra, de la producción comunista con todos los organismos que producían. Otra, de la producción gubernamental (incluidos Generalitat y Gobierno Vasco) y otra de los franquistas y falangistas. Todo estaba controlado. Incluidos los primeros tiempos del cinematógrafo y lo de la República. Del cine colonial me leí la hoja que tenía una sola vez, pero no quise profundizar ni memorizar porque iba a perder tiempo para estudiarme bien lo otro, todo lo que, seguramente, iba a poner por narices. En el manual tampoco venía eso. O venía en el manual que yo no cogí, claro. Porque había 2. En fin, que se han dado todas las circunstancias para que cuando la profesora esta mañana, a las 10 en punto, le ha dicho a un chaval que sacara de un cucurucho de papel un papelito con un número y haya dicho que ese número era el 7, ‘el cine colonial’, yo gritara “¡cambio, cambio!”, y un murmullo de indignación general se apoderara de la sala. Una chica, más civilizada que yo, levantó la mano y preguntó si nos daba otra opción o algo, pero la tía dijo que no, que había sido un sorteo y había tocado así. Eran lentejas. Si te sabes el cine colonial, bien si no, te jodes. Así de sencillo. Un ataque al corazón estuvo a punto de darme. No sin antes pasar por las necesarias fases de negación, incredulidad, impotencia, dolor y desolación. Y continué diciendo cosas en alto. No en vano me había sentado atrás del todo y constituía ese ‘fondo sur agitador y perturbador’ al que en pocas y contadas ocasiones he pertenecido. "¡Esto es indignante!", decía, sin pensar en las consecuencias. O, cuando ella salió por la puerta y nos dejó con un vigilante barbudo y con el pelo largo para peinarse de lado y tapar entradas, y dijera "que tengáis suerte", yo contestara, "¡sí, la vamos a necesitar!". Mis amigas se preguntaban: “¿Qué la pasa?”. “Pues que se ha estudiado todo menos el cine colonial”, contestó otra. “Ah…vaya”. Pero la de al lado, una chica a la que he conocido hoy, intentaba animarme: “Sí mujer, el cine colonial, lo de la Paz en Marruecos y eso”. Y yo: “sí, si ése es el único título que me sé, pero ¿de quién es?”. Y ella: “Ah, eso ya no sé decirte”. Pues nada. Total, que he hecho el examen más cutre que yo recuerde. Va a ser, con toda seguridad, mi primer suspenso de la carrera. He estado a punto en otras ocasiones, en otros cursos, aunque siempre me quedaba algo de esperanza. Y al final, aprobaba, y con nota. Pero hoy es diferente. Un examen sin ninguna seguridad, en el que las frases y las ideas construidas eran del tipo: “otros documentales producidos en esta época fueron los de Guinea Ecuatorial, que parecían turísticos pero eran sobre todo propagandísticos”. “También, documentales sobre Tetuán, etcétera”. Así, habiendo dicho ya una y otra vez que se hacían para la propaganda de Primo de Rivera... Y nada más, ideas vagas, ni idea de los títulos, de las fechas, ni de los autores. Un desastre total. Y encima el epígrafe era “hasta 1939”. Me parto. No, pero el único consuelo que tengo (no, no es el “mal de muchos”, aunque muchos se hayan ido como yo a los 40 minutos de que empezara el examen. Yo, por vergüenza, no me fui a los 15). No, el único consuelo que me queda es que este examen era un parcial, que puedo recuperar el 3 de junio con el resto del temario que demos de aquí a dicha fecha. El problema es que ese mismo día tengo el examen de literatura. Y qué narices, que he perdido tiempo estudiando estos días, que he faltado a clase, (¿habrán dado en literatura ayer la literatura colonial española también?), que anoche me estresé y he dormido poco, y que me he mojado los pies yendo a la facultad un día frío y lluvioso nada más que a hacer el ridículo. Pero cuando iba en el metro, así de entristecida, se me ocurrió hacer un post sobre ello. Y decidí sacarle algún provecho al fracaso. Al desastre. Bueno, un desastre que no creo sea tan gordo como el de Annual, que he escrito para finalizar los cuatro párrafos absurdos que he dejado caer por no dejar la hoja en blanco. Que se divierta la doctora. Sábado, 19 de Abril de 2008 12:49. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. En busca del tiempo perdido![]() Sabía que iba a hacerlo al final. Hace unos días me dieron ganas de volver a escribir, pero no he tenido tiempo y, un día por otro, lo he ido dejando. La costumbre ya, quizás. En el fondo lo que quería era ver cuánto aguantaba sin escribir en el blog, pero finalmente, viendo que han sido tres semanas y un poco, y también gracias a algunos comentarios y algunos ánimos que he recibido de alguien en persona, he decidido retomar esto. Además, ahora que lo pienso, al decir que lo dejaba me he mostrado un poco soberbia, (por decirlo de alguna manera), en plan: aviso de que lo voy a dejar, o no… no lo sé aún, no sé si para siempre, pero amenazo con dejarlo para ver qué pasa. No lo hice por eso, sino para creerme yo un poco más lo de que lo dejaba, al ver ahí mi sentencia cuando entraba de vez en cuando al blog. Hombre, tengo que confesar que sí esperaba recibir algún comentario, al menos dos o tres. Y también me ha sorprendido ver el comentario de alguien que no me conoce y ha decidido dejarse caer por aquí más de un día. Por otra parte, esperaba también algún comentario en plan: “¡pues sí, ya era hora de que te fueras a tomar por culo, cansina tocapelotas!”, que finalmente no he tenido. Por cierto, además, el otro día, cuando le comenté a mi hermano que me van a cambiar de trabajo (bueno, sigo en el mismo sitio, aunque a partir del 1 de abril ¡¡ya no voy a corregir!! ahora, en teoría, ¡¡voy a escribir cosas!! en un suplemento de ocio y cultura en general que se vende con el periódico cierto día de la semana). Bueno, pues cuando se lo dije a mi hermano, va el tío y me suelta: “pues ahora podrías hacerte un blog”. A lo que contesto, con una sonrisa de incredulidad: “sí…podría”. Pero él continúa, incisivamente: “Ah, si ya te hiciste uno una vez, ¿no?”. (Se lo dije cuando lo creé y se metió un día). Y yo, “sí… me hice uno”.Y aquí se acabó. Fin de la conversación.
La verdad es que estos días, aunque no haya escrito aquí, no he dejado de escribir mentalmente. Sí, ya sé que no es lo mismo, pero en el fondo he pensado y he analizado muchas de las cosas que veo cuando voy por la calle, muchas de las cosas que dicen nuestros profesores y muchas de las cosas que se me ocurren porque sí, sin más. Por ejemplo, esta mañana una de mis profesoras (la más competente, no la otra) nos ha dado una clase magistral de Nietzsche. Cuando ayer preguntó si le habíamos leído, sólo levantó la mano la empollona de la primera fila para decir que se había leído Así habló Zaratustra. (Sí, lo sé, es ponerme a escribir y empezar a meterme con la gente, no lo puedo evitar. En fin, seré una cobarde; o que simplemente decir lo que son las personas no es más que un epíteto. Es como decir “la blanca nieve cubría los tejados del pueblo en que nací”. En realidad, blanca aquí no es ningún adjetivo. Es lo que es, y ya está. La pura realidad). Pues bien, nadie más, aparte de la empollona, dijo nada, y yo estaba pensando: “si es que, ¿cómo voy a decir que me he leído el de Zaratustra y el de El Nacimiento de la Tragedia si no me acuerdo de casi nada? ¿Si ni siquiera recuerdo haberme enterado de algo mientras lo leía? Sí, quizá sí me enteré, pero ahora mismo no sabría explicar nada sin volverlo a leer, a pesar de que Nietzsche me gusta y en selectividad saqué la nota más alta en Filosofía gracias a él. (Sí, soy muy lista yo, ya me estoy flipando). Bueno, aparte de todo esto, la profe que nos hablaba de Nietzsche decía que Nietzche decía que podemos hablar alguna vez ingenuamente, pero que nunca, nunca, nunca, escribiremos de manera inocente. En ese momento me dieron más ganas aún de recuperar el blog. Porque quiero seguir proyectando toda mi intencionalidad a través de la escritura. Y quiero ser, (como nos contó el otro día la profe de literatura española del siglo XX hablando de Unamuno), una escritora vivípara y no ovípara. O sea, que más que empollar algo y tomar notas antes de escribir, voy a seguir haciendo lo que, por otra parte, he venido haciendo siempre: sentarme a escribir… y lo que salga. Así, un poco al tuntún. Me gusta bastante improvisar. En realidad no podría hacerlo de otra manera. Y aunque muchas veces me he recriminado esto, al leer cómo el genial Unamuno justifica su nueva intención de convertirse en vivíparo (confesó haber escrito Paz en la guerra ovíparamente), me he sentido legitimada a seguir haciendo esto tal y como lo estoy haciendo.
En fin, serían muchos más los ejemplos de cosas que me apetecieron escribir en su día y no lo hice. Y aunque quizá alguien pueda pensar que el tiempo perdido no se puede recobrar, el no haber escrito me ha podido proporcionar ciertas cosas que ahora quizá no se puedan apreciar a simple vista. El tiempo nunca es perdido.
** Por cierto, no dejéis de escuchar a Cat Power, en concreto su nuevo álbum Jukebox. ![]() Es domingo por la tarde. Son las 20.14 horas y en este momento me estoy preguntando muchas cosas trascendentales que, (como todas las cosas trascendentales) quizá no tengan explicación. ¿Por qué nadie escribe ya en mi blog? Desde que lo hice tuve la sensación de que triunfaría si hubiera comentarios, como en otros blogs. Sin embargo, pronto fui consciente de que el número de comentarios no tenía nada que ver con la finalidad de un blog ni con mi necesidad de seguir adelante con él. Pero ahora, al ver las estadísticas, la pregunta de por qué nadie colabora ni aporta nada se hace aún más oportuna. Últimamente me ronda la sospecha de que personas que me rodean, sin ningún tipo de cariño (aunque sí con dedicación), leen mi blog a menudo y lo buscan en google. ¿Quiénes son y por qué no tienen suficiente con leerme un día, y siguen entrando? Me ha extrañado también que mucha gente llegue a mi blog buscando cosas de música, de cine, o incluso de literatura. Y es normal que si sólo van a ver una página, no comenten nada ni hagan un seguimiento (como he hecho yo en otros blogs, en 1 o 2, concretamente). Pero escribir y lanzar una cosa a la blogosfera, aun sabiendo que me pueden estar leyendo millones de personas (o precisamente por eso), me produce últimamente una inexplicable y enorme sensación de soledad. Es como confesar cosas íntimas a un interlocutor enemigo, o al que no le importas en absoluto. Es como venderte. Vender tu alma. No sé, quizá no sepa explicarlo. Pero es así. Y lo de no saber ni quién me lee ni qué piensa de todo esto quien me lea, también me produce una sensación de estar desarmada ante ciertos peligros. Quizá sea hora de dejar esta aventura. Algún día tenía que llegar el momento. Al fin y al cabo, cada vez escribo menos, y mucho de lo que publico lo hago a los 3 días de haberlo escrito, porque siento que no merece la pena o porque, sencillamente, me da reparo, aunque no suponga, en un principio, ningún agravio para nadie. Quizá mis palabras, sean las que sean, en sí mismas, ya son un agravio, o ésa es al menos la sensación que tengo yo. O sea, que es la realidad. Sí, quizá haya llegado el momento de dejarlo. Al menos por un tiempo. Escribir forzada es lo que ya no pienso hacer. Y menos cuando tengo poco tiempo para ello. Ellos me hacen feliz![]() Venía en el metro mirándome en el cristal de enfrente y sorprendiéndome a mí misma, pensando: ¿Qué cara tendré cuando escribo delante de la pantalla del ordenador? Si lo hiciera más a menudo, como antes, quizá podría recordar o intuir –recordar la intuición de- ciertos gestos, o algo así. Pero no, ahora que intento analizarme -no tengo, evidentemente, ningún espejo enfrente, sólo la pantalla de mi ordenador nuevo y la pared con recortes de los Beatles y un mapamundi-, creo que estoy con los ojos muy abiertos y con el ceño fruncido, no exactamente como cuando te enfadas porque se te olvide el móvil cuando ya has salido de casa y vas por la calle o como cuando tu compañero de trabajo te habla de cerca y notas/constatas que no se ha lavado los dientes después de comer. No, no es un ceño de cabreo, sino más bien de concentración. Quizá, cuando se me ocurre alguna idea ingeniosa mientras escribo –no todo lo tengo previamente en la cabeza, o si lo tengo le acabo dando una forma diferente- el ceño cambia y se convierte en un gesto que expresa una mezcla de felicidad y satisfacción, que no se traduce en sonrisas, sino más bien en una mueca de aprobación – de aprobación a mí misma-. Hace tanto que no escribo con regularidad, que me cuesta saber dar el punto exacto al sentido de lo que digo o la correcta concordancia a las frases que estoy escribiendo. Me han dicho que debería escribir más, pero últimamente me he encontrado con limitaciones que podrían entenderse mejor como excusas –falta de tiempo, exámenes, estrés, cansancio- y que realmente se refieren a una inabarcable falta de inspiración. (¿Puede ser inabarcable una falta de algo?) He leído poco, además, estos días. Por fin me terminé en Navidad Ponche de Ácido Lisérgico de Tom Wolfe, que os lo recomiendo si tenéis narices y aguantáis esa forma de escritura, amén de las 450 páginas en las que –casi- nunca pasa nada. Y ahora estoy con La Señora Dalloway de la cansina de Virginia Wolf. La verdad es que esta tía escribía lo que se le pasaba por la cabeza y se quedaba tan ancha. Más o menos como lo que hago yo aquí (la diferencia es que ella lo hacía mejor, claro). He dicho que es una cansina pero en realidad me gusta cómo y lo que escribe porque muchas veces no lo entiendo. Sí, parecerá una paradoja, pero está todo lleno de metáforas y muchas veces el sentido que les da ella sólo lo entiende ella, no yo. Pero me lo imagino y le doy otro sentido, lo aplico a lo que a mí me da la gana, a lo que me ha pasado alguna vez o al sentimiento que he tenido algún día y que ahora no recuerdo y que nunca supe expresar con palabras ni con imágenes. Wolf se mete en las cabezas de los personajes y sabemos exactamente lo que piensan y lo que sienten. Bueno, creo que voy a dejar esta retahíla de temas inconexos y diré por fin que mañana vuelvo a las clases –nuevas- y espero que –de alguna manera- me gusten. Debería irme pronto a dormir porque me espera una semana de aguante y no quiero estar mohína. Entre ayer y hoy he aprendido a hallar la felicidad en las pequeñas cosas que hacen la vida –mi vida-. Y me he encontrado entusiasmándome ante la idea de –antes de meterme en la cama y arroparme con una cálida mantita- despertarme por la mañana y tomarme un café con galletas o ante la idea de ir a trabajar un domingo después de haber comido con mi familia un cocido. Y darme una ducha relajante antes de ponerme el pijama y escribir aquí, habiendo llegado a casa sana y salva, sin jaqueca y con un SMS en el móvil. P.D: La foto responde a la felicidad que me proporciona contemplar un buen ejemplar de hipopótamo. Sí, nunca lo había dicho aquí, pero los hipopótamos también me hacen feliz. Lunes, 18 de Febrero de 2008 00:37. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Volvió a casa... pero no para quedarse![]() Vengo ahora mismo de recoger de comisaría el bolso que me robaron. Después de más de un mes, recibo ayer la llamada de un policía en la que me dice que lo tienen. Por fin cogí el teléfono después de un par de días en los que me llamaba ese número y siempre estaba dormida, o haciendo algo, y yo pensaba que era mi compañera de clase con la que tenía que entregar un trabajo. En total me llamó tres veces a lo largo de día y medio, ese número. Una voz de hombre mayor, campechana y entrañable al otro lado del teléfono, cuando contesto “¿Si?”, me dice que “por fin, ¡ha habido suerte!” (…) “Tenemos aquí tu bolso, negro, grande; tienes el DNI en la cartera junto con más papeles y una botella de agua, que me la he bebido ya entera desde que te estamos llamando y no lo coges”. (Hala, qué exagerado el hombrito, pienso yo). “Bueno”, (continúa), “también tienes aquí un aparato…” Y yo, con un emocionado tono de voz, casi gritando: “hala, ¿el mp3?”. Y él: “no, no, un aparato de esos, así… de esos como para respirar”. (Ah coño…. El jodido ventolín, que lo suelo llevar en el bolso por si algún día me entra mucha alergia y lo tengo que usar. Vaya mierda). Bueno, aun así, esta mañana he ido con mi madre a por el maldito bolso. Estaba el hombrito, que muy amablemente nos lo ha dado. “¿Eres Sonia, verdad? “Sí”, le contesto. “Lo digo por la pinta.”, me dice. Y me imagino que dirá eso porque ha visto mi foto del DNI, no por la pinta de “robada”. O más bien, porque una mujer de 50 y pico años, o sea, mi madre, no iba a ser Sonia, así que tenía que ser yo. Nos llevamos el bolso a casa con cierto asco y cuando llegamos procedemos al análisis: con guantes de plástico en las manos, miramos todo lo que había en los mil y un bolsillos que tiene (o mejor dicho, tenía) el maldito bolso. Lo curioso es que el DNI estaba (con dirección de mi pueblo), la tarjeta de Universidad estaba, la Sanitaria estaba, la del trabajo estaba, pero no las llaves de casa, que, por cierto, los ladrones lo habrán flipado si han apuntado la dirección y han ido a mi antigua e inhóspita casa de la sierra. Otra curiosidad es que el libro que llevaba dentro y del que me examinaba cinco días después de que me robaran, tampoco estaba. ¿Para qué coño querían los ladrones un libro de liderazgo? Bueno, la teoría de mi madre y del poli es que la persona que entrega el bolso en comisaría “le pega” otro “repaso”. Así que igual el/la que ha efectuado la entrega es una persona interesada en temas de empresa y liderazgo profesional. Y no pudo resistir la tentación de quedarse con ese genial e interesantísimo ejemplar de John Adair, el experto en liderazgo centrado en la acción. Nunca se sabe. Otra curiosidad es que el abono transporte sí estaba; aunque nos dimos cuenta después, al proceder al análisis mi madre y yo, de que el billetito de enero sí que se lo habían agenciado los ladrones. Después estaban mis pintalabios preferidos (a la basura han ido todos) y el stick anti dolor de cabeza, (a la basura también). He encontrado también, en la cartera, el ticket de 20 euros del taxi de aquel día, que lo tenía que entregar en el trabajo y en su lugar les facilité una copia de la denuncia; el programa de la exposición de Roma SPQR que había ido a ver el día de antes, también estaba. Y un paquete de chicles, y un lápiz con el que iba subrayando el libro del examen. En fin, muy curioso todo. ¿Dónde habrá estado durante estos 30 y tantos días mi bolso? ¿Por qué manos habrá pasado? ¿Por cuántas? ¿Y qué habrán pensado los ladrones al ver y, a su vez, analizar mis cosas? ¿Habrán disfrutado las 143 canciones que había en mi mp3? Ahora tengo que ir con uno viejo en el que entran sólo 26, y que encima va a pilas, no con cargador como el otro. Así que ya sabéis qué regalarme para mi cumple. He dicho. ** Ah, ya terminé los exámenes, el jueves pasado. Y después de unos días de inexplicable bajón, estoy mejor y ya me creo que por fin haya podido dejar de lado las pilas de apuntes y de libros sin leer. Me han dado una nota, del que -creo- es el que peor me salió, y estoy aprobada. ¡Yoho! Ahora sólo falta irme de viaje ¡a París! Miércoles, 13 de Febrero de 2008 14:21. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Loca![]() Creo que me voy a volver loca. Nunca me había pasado lo que me está pasando este año con los exámenes. Llevo un tiempo sin escribir aquí con el fin de no perder tiempo, pero he llegado a la conclusión de que dormir, descansar, desconectar y desahogarse son maneras de que también se te “quede” la lección. Parecía que lo peor había pasado con los exámenes del viernes y el sábado, pero cuán es mi sorpresa cuando descubro que he caído en la trampa del señor C. al pensar que su examen sería uno de esos en que te lo lees, llevas los apuntes al examen y empiezas a divagar de la manera en que a él seguro que le gusta. Quizá sea verdad lo que estoy diciendo, mañana lo comprobaré. Pero la ansiedad que me sobrevino ayer,-una crisis peor aún que la del viernes noche ante la inminencia de aprenderme H. de la P.- me hizo reflexionar sobre algunas cosas. Si tanto me importaban los exámenes, ¿por qué no he empezado a estudiar antes? Sí, ya sé que he estado trabajando, haciendo trabajos de clase para las asignaturas en que no hacían examen y descansando. Pero sabiendo que tenía los exámenes tan mal colocados… quizá debería haberme imaginado antes todo esto. Por otra parte, no recuerdo haberme agobiado tanto como este año con el tema de los exámenes. Y recuerdo aquellos felices días en que estudiaba lo que podía – o lo que quería- y el día de antes me conectaba al Messenger como si nada o me ponía música para estudiar y me dormía a las 12 como una señora, y no madrugaba jamás para estudiar. Y luego llegaba y sacaba un notable. También hay que decir que la mayoría de las veces he tenido suerte. Y cuando me atacan las crisis de ansiedad –después de la gastroenteritis, anoche me salieron manchas y granos rojos por la cara que ya se me han quitado y empecé a respirar mal- para tranquilizarme pienso en aquellos también felices días en que me dejaba para el último día las 50 hojas de integración europea y me las aprendía y luego sacaba –eso sí, y gracias a dios- un 5. O cuando nos hicieron en Historia un examen con apuntes y habiéndomelo estudiado dos días y sin haberme leído entero el libro que mandó el profesor alto y feo, estuve entre los 6 que aprobamos. Si he sido capaz de hacer eso, me digo, ahora también podré con esto. Siempre he pensado que el asunto de los exámenes no es de suerte o no suerte, sino que tiene que ver más bien con el concepto de justicia. Si has ido a clase, has aprendido y has dedicado un mínimo de tiempo de tu vida a prepararlo, aprobarás. Sin embargo, ahora estoy poniendo en duda esa idea, aunque los dos últimos y primeros exámenes que he hecho han contribuido ligeramente a que me quite de la cabeza esa idea de catástrofe. Veremos el jueves cuál de las dos ideas ha ganado este año… Lunes, 04 de Febrero de 2008 11:53. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Cultureta y gafa-plastaEstaba haciendo que hacía un trabajo, bueno, mejor dicho un artículo, sobre las desigualdades mundiales en el aspecto digital y todo ese rollo, algo que no hemos dado nunca a lo largo de estos cinco años de carrera… Y me he dicho “qué narices”, voy a escribir sobre otros temas, que es lo que realmente me apetece hacer ahora mismo, en medio de una maraña depresiva resacosa y amenazantemente pre navideña. Mi hermano se ríe de mí porque digo que no me gusta la Navidad, dice que es una actitud que tomo porque es lo que se lleva en los círculos “culturetas” y “gafa-plastas” (que no gafa-pasta) en los que, según él, yo me suelo mover, o, al menos, a los cuales deseo “pertenecer”… Pero lo de que no me gusta la Navidad me viene ocurriendo desde hace unos cuatro o cinco años y es algo que no puedo evitar. Me alegan que no tengo razones para odiarla, pero a mí eso me da igual, es la sensación inexplicable que tengo, una sensación de agobio, de tristeza, de impotencia y de desazón, de amor-odio hacia todo lo que me rodea… Y el caso es que el otro día, meditando sentada en la cama después de comer sobre por qué no me gustan estas fechas, me di cuenta de todas las cosas malas que me han pasado – y aún me pasan- en Navidad y que claramente me han hecho odiarla. ¿Cómo me va a gustar la Navidad si el único año que he salido en Nochevieja acabé absolutamente embriagada y rodeada de patatas, y llorando desconsoladamente ante la pasividad de la que entonces era mi mejor amiga, y manchándome mi abrigo preferido de chocolate con churros, y quedándome, al día siguiente, el día 1, en casa con mis padres viendo Dirty Dancing y leyendo después El Criticón de Gracián metida en mi habitación, sometida a la gran resaca depresiva de las copas del día anterior? ¿Cómo me va a gustar la Navidad si soy una pobre becaria –y al revés- a la que le duele más que a nadie “rascarse” el bolsillo? ¿Y a la que cada vez se le exigen más regalos y más detalles? ¿Cómo me va a gustar la Navidad si todo el mundo se vuelve tonto organizando comidas y cenas de empresa o de grupos a las que hay que asistir si no quieres ser tachado de insociable? ¿Cómo me va a gustar si el 5-1-2006 casi me secuestra para siempre la de la guadaña? ¿Cómo me va a gustar con el frío que hace, ¡con el frío que hace en Navidad!, que no es de este mundo ni por asomo? Pero esta Navidad va a ser mejor. Sí, lo va a ser porque lo malo ya está pasando. Anoche me fui de cena con mis compañeros, y me lo pasé mejor en la cena que en la macrofiesta que había convocada después para potenciar la “unidad”. El que estuviera lleno de periodistas de deportes y de cultura y que hubiera barra libre no impidieron que, pasada una hora, empezara a aburrirme como una ostra. El dj intercalaba “tengo la camisa negra” con “Sweet dreams are made of this” pasando por Hombres G, por “marcha, marcha, queremos marcha, pim pum fuera que se te sale la camisa fuera” y terminando con el ‘chunda chunda’ más atroz… Cuando nos fuimos, no pasaba ni un puto taxi en verde, y esperamos una media hora, ante los bocinazos de los conductores de los vehículos que pasaban y algunas chorradas que salían de su boca a destiempo y a través de las ventanillas. Pues bien, cuando llegué a Cibeles, esperando coger el búho que me llevara a casa de una jodida vez, me encuentro con que casi no pasan buses y que tengo que coger otro taxi. Mientras me hallo inmersa en estas reflexiones, se acerca a la parada del autobús un chico que mi compañero me había presentado en la fiesta. Él también venía a coger mi búho, y observa en el cartel que el próximo no pasa hasta media hora después, (cosa que yo no había leído correctamente, como por otra parte me suele pasar) así que después de preguntarme dónde vivo, el tío me propone irnos juntos en un taxi porque yo me quedo a medio camino de su destino. Me dice que estuvimos juntos en 1º de carrera, y yo, que lo sabía de sobra, intentaba hacerme la tonta: “ah, sí, ahora que lo dices”… Y es que después de algunas experiencias similares he llegado a la determinación de que no hay que decir nunca a nadie que le conoces de la facultad ni nada por el estilo. (Y es que un día, en una discoteca con A, y algunos más, aposté por que un chico que andaba por allí era de la facultad. A. decía que no, que no le sonaba de nada, y yo: “¡que sí coño! Vamos a preguntárselo”. Pero A. no quería. Así que yo, con alguna copa de más, seguro, fui a preguntárselo al chaval, un osito muy simpático que llevaba una coleta y unas entradas para invitarte a donde fuera, al teatro si hacía falta. Bueno, se quedó tan alucinado e imaginó tanto acerca de mis supuestas intenciones al acercarme a él, que me arrepentí absolutamente de lo que había hecho.) El caso es que cuando llegamos a mi casa el taxi marcaba cuatro euros, (no sé por qué coño me bajé del que nos llevo a Cibeles, pensando que nada más llegar iba a estar mi búho esperándome; y es que el búho que me cojo es la leche, me para en la misma puerta de casa, es mejor que el metro). Así que iba a pagar al taxista con un billete de 20 porque no tenía más suelto, y dice el conductor: “¿pero qué haces? ¿Me vas a pagar tú esto? Es mejor pagarlo todo junto y sale mejor”. Claro, entonces le digo al chico: “pues te lo pago a ti”, pero él no tenía para cambiarme y me dijo que me invitaba, que ya se lo pagaría yo a él otro día (no sé cuándo), así que me sentí mal y le dije que muchas gracias, y que se pasara por mi sección algún día para dárselo, pero se empezó a reír y entonces me bajé del taxi deseando llegar a casa y acabar con esa agonía de frío en el cuerpo y situaciones surrealistas, con un par de copas encima de garrafón que curiosamente no me habían subido nada. Por supuesto, me acosté tan tarde anoche que no he podido ser capaz de ir a clase esta mañana. Y lo peor de todo es que, sin ninguna razón aparente, llevo toda la semana sin pisar Ciudad Universitaria. El lunes, básicamente porque me quería dar un homenaje; el martes, porque faltaba un profesor a segunda hora… Y total, ¿para qué iba a ir a primera? ¿para el debate? El miércoles, porque el despertador sonó a las 7.30 pero… ¡abrí los ojos a las 11! Y el resto ya lo sabéis. Mañana ya sí que no hay clase de manera oficial, y como hoy no he ido, no sé si alguna clase habrá, pero para una, para una ya no voy. Además, tengo que probarme las lentillas nuevas, que llevo un mes con gafas a todas horas, aunque me dicen que estoy más guapa con ellas y todo, pero me molestan y tengo la maldita manía de subírmelas todo el rato del puente de la nariz y no me gustan para salir por ahí, me meto a cualquier sitio y se me empañan como unas locas y luego hay quien me las mancha y llena de cosas. En fin, voy a seguir con mi trabajo de clase; a ver si hago algo útil de una vez. Mañana tengo otro compromiso navideño, aunque espero pasármelo mejor que anoche. No obstante, pensándolo bien, ayer tampoco me lo pasé tan rematadamente mal, ¿no? Jueves, 20 de Diciembre de 2007 21:21. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Un día para no levantarse de la cama![]() Bueno esto es una chorrada en forma de relato que escribí hace tiempo pero que no me apetecía publicar. Ocurrió a raiz de seguir el consejo de una amiga y no contar a mis padres una dolencia que tuve relacionada con cosas que -aunque no es así- pueden hacer pensar mal a una madre, aunque bien es cierto que a estas alturas a mi madre la tengo acostumbrada y ya no le extraña nada: que me automedique, que cada día me duela una cosa sin motivo, que me raye, e incluso - ella no lo sabe- que haya llegado a sospechar que tengo o que voy a tener enfermedades graves... (Es normal, con la racha que llevo, desde... octubre, más o menos, hasta yo me asusto de mí misma y de lo que soy capaz de pensar... Lo mejor de todo es que nunca tengo nada y por eso cada vez me da más reparo preocupar a mi familia sin aparentes motivos). El caso es que ayer leí una noticia sobre el ex agente ruso al que supuestamente envenenaron con polonio y me he acordado de lo que me pasó a mí -nada tan grave, pero el miedo fue equiparable a como si me fuera a envenenar como una jodida desgraciada.- I) Milagros y la sala de espera He llorado. Sí, hoy una de esas cosas que me pasan injustamente me ha hecho llorar. Todavía tengo los ojos acuosos y un ligero sonrosado en la nariz, de la mitad para abajo. Lo sé porque me he mirado al espejo, buscando camuflarlo, poniéndome los dedos fríos de venir de la calle en los ojos para que desparecieran el calor y el sofoco. Y para que no me vieran mis padres. Tengo que hacer muchas cosas, un trabajo para dentro de dos días, pero en lugar de eso he ido a la consulta médica de mi barrio, donde he tenido que soportar situaciones de miedo y asco. Ésas que tanto me gustan hasta que se unen al desenlace y contribuyen a hacer el marco aún más grotesco. Una cola de gente que salía de la habitación para pedir cita y/o entregar la tarjeta. Yo voy sin cita. Espero en el pasillo, con un viejo enorme y la señora que venía detrás de mí, una pobre anciana aquejada de qué sé yo. Temblando, delirando y luchando contra unas arcadas extrañas. Así estaba. La obligamos a sentarse en el interior, aunque se negaba, por si luego la gente pensaba que se había colado, la mujer. A mí no dejaba de hablarme, quejándose de que había demasiada gente, pero sólo obtenía respuestas parcas y cansinas. La anciana se llamaba Milagros. Al parecer, todas las recepcionistas y los médicos la conocían. La recepcionista, cuando me atiende, me dice que en el orden de atención a los pacientes, voy detrás de un señor canoso, y que después de mí, va Milagros. Me señala bien la recepcionista para que Milagros vea que voy detrás de ella. Así que, ante la –casi- rebosante sala de espera, encuentro un sitio y decido sentarme. Las revistas son inmundas y tampoco me apetece sacar el libro que llevo: basta que me enfrasque un poco en la lectura para que el tipo canoso entre y salga y me pase Milagros y todo (aunque según estaba debería entrar antes que yo, pero ésa es otra historia). Así, espero mirando a la gente e intentando intuir qué le pasa a cada uno. En esto, a Milagros aún no la han atendido en recepción porque no encontraba su tarjeta, y cuando por fin la van a decir detrás de quién va (de mí), la recepcionista no me encuentra y cuando oigo: “Milagros, vas detrás de esa chiquita joven, pero no sé dónde está” me levanto y las digo que estoy ahí, que cuando salga, yo aviso a Milagros. A todo esto, el canoso entra, así que me aproximo a la puerta del doctor sentándome en el sitio que aquél ocupaba. Otro doctor diferente sale a llamar por el nombre: Pilar Pérez. Pero no se levanta sólo la aludida, sino Milagros también. La recepcionista se da cuenta y la dice, apesadumbrada y como si tuviera que decirlo a diario: “no, Milagros, tú no”. Así que la mujercilla se sienta otra vez. Cuando sale el canoso, entro yo, sin darme cuenta de que venía Milagros detrás. Cuando el médico abre la puerta, ve a Milagros, pero la recepcionista dice que iba yo. Entonces les digo, al médico y a la recepcionista, que me da igual, que pase Milagros, pero el doctor parece que ya se las sabe todas (todas las de la entrañable Mila), y dice: “no, primero va esta chica, Milagros, luego entras tú, quédate aquí sentada, anda”. Así que yo hago caso al médico y entro. Nunca me había tratado. Es gordo, tiene gafas grandes, la piel oscura, y no para de toser. Le cuento mis nuevas e ‘injustas’ dolencias, en el momento en que, justamente, me suena el puto móvil (siempre lo pongo en silencio cuando voy al médico y nunca me han llamado; menos hoy, claro). Se empeña en que atienda la llamada sin ningún problema, pero yo le digo que no, pero insiste, así que cuelgo porque no me da la gana cogerlo, no me parece de recibo, y ya está. Y me estreso. Me explica un poco el rollo, sin hacer muchas más preguntas, y me manda lo que me tiene que mandar. Como soy tan lista, me he olvidado de las recetas… Al fin, entre algunas dudas y toses roncas, salgo de la consulta. No me he olvidado de Milagros, y el doctor tampoco, así que empezamos a buscarla, sin habernos puesto de acuerdo, con la mirada, pero no la vemos por ningún sitio, hasta que el doctor pregunta, ya un poco ansioso, en recepción, donde le indican que Milagros está en el baño. II) El termómetro Llego a casa y voy al baño, y mis padres aún no se han ido. Me preguntan que si he comprado el libro., y les digo que no, que se me ha hecho tarde, con un gesto de llanto e impotencia incontrolables que ellos sólo pueden atisbar de perfil, y me imagino la perplejidad en sus cabezas. “Esta Sonia, ya está con cosas raras…”. En el fondo siempre es lo mismo. Decido empezar a hacer el trabajo de clase, pero no me concentro muy bien. Mis padres se van; y mientras se cierra la puerta el llanto se apodera de mí y súbitamente empiezo a berrear, con un pañuelo en la mano que se empapa cada segundo y con sofocos y ahogos en el pecho. Me obligo a relajarme porque a ese paso me iba a dar un infarto o algo peor de lo que en un principio tenía. No recuerdo haber llorado tanto y de esa forma, quizá desde que era pequeña y me castigaban sin salir, o algo así: ¿impotencia? ¿egoísmo? ¿locura? ¿desesperación? Ayer estaba radiante de felicidad, me desperté como nunca desde hacía tiempo, con una energía inusitada, y me lo pasé genial trabajando en domingo... Pero me relajo, “no es para tanto, Sonia, saldrás de esta tú sola y ya está. Nadie se enterará y cuando te quieras dar cuenta todo habrá pasado”. Entonces pongo A Ghost Is Born, y empiezo a hacer el trabajo sobre mi periódico. Me noto dolor de cabeza (provocado por el lloriqueo, sin duda) así que como soy tan hipocondríaca, me pongo el termómetro: “aunque se me estén pasando los síntomas… voy a ver si tengo fiebre”. Me lo había buscado. Cuando lo miro: nada, 36.7. Así que lo voy a dejar sobre la mesa y ¡Oh!, ¡se me cae al suelo! ¿Se habrá roto? ¡Joder, esta mierda se rompe con nada! Lo primero que me preocupa es ¿qué decirle a mi madre? ¿Cómo coño he roto un termómetro si para ella no estoy enferma? Sería absurdo. Y tampoco es cosa de dejar a la familia sin termómetro, en plan “Ah, no sé, no sé, se habrá perdido…”. Así que nada, decido comprar un termómetro igual, pero ya otro día, claro. Lo busco en internet a ver si viene y tal, y para ver cuánto cuesta un jodido termómetro. Pero en ese momento me percato de algo que mi inconsciente sabe, ¡pero yo no…! Hostias, se ha roto un termómetro, que lleva dentro mercurio. Veo en ese instante dos bolitas ‘metalizadas’ encima del escritorio, las cojo con los dedos y las meto en la caja del termómetro. Me asusto, sin saber aún por qué, pero me asusto. Busco en google las siguientes palabras: “qué pasa si se rompe un termómetro”. Y llego a una página en la que pone que hay que recoger con mucho cuidado las bolitas, con guantes incluidos, abrir la ventana rápidamente, y coger cartones o cartulinas para cogerlos. Nada de aspiradoras ni escobas. Me agacho al suelo y veo todas las jodidas bolitas, (¿unas diez?) que con klennex mojados – como ponía en esa página- son imposible de coger. Como no tengo cartulinas ni hostias, me pongo a doblar folios como una posesa para poder cogerlo así. Busco una linterna y no la encuentro, así que bajo al suelo el flexo que tengo en el escritorio y las veo todas. Intento que no se desperdiguen, porque son asquerosamente escurridizas. Poco a poco, entre dos folios, las voy consiguiendo encerrar, y lo meto todo en una bolsa. En la web pone que hay que llamar a un teléfono para que venga no sé quién a ver qué nivel de mercurio hay en el ambiente y a llevarse los restos, en plan brigada de Expediente X, pero me parece excesivo… Y mis padres están al llegar. Cuando aún sigo doblando folios y con el flexo por los suelos, entran por la puerta. Me dicen, como si nada, incluso felices: Hola, ¿qué tal? Pero yo estoy angustiadísima, ¡no puedo decírselo! Sin embargo, en ese momento, recapacito, ante el acojone: mi madre sabrá mejor qué hacer, y es bueno que lo sepa, por lo que pueda pasar en el futuro. ¿Y si nos intoxicamos todos sin saber lo que estaba pasando? Entonces me armo de valor, entro al salón, y como si fuera una niña ñoña o un alma en pena a punto de empezar a hacer pucheros, les suelto: “mamá, ¡que se me ha roto el termómetro!”. A esto mi madre me pregunta, lógicamente, que qué me pasaba, que por qué me he puesto el termómetro. Y a ello le contesto: “no, por nada, me he notado fiebre, un poco de congestión”. En fin, mi madre no da crédito a lo que oye, hacía unas horas durante la comida, me había visto como una rosa… La llevo a mi cuarto y le digo lo de los folios y tal, y me toma por loca. Mi padre, por su parte, sugiere que cojamos las bolitas con la aspiradora. “! Nooo, con la aspiradora noooo!”. Así que mi madre coge el cepillo y el recogedor, y yo: “que noooo, tampoco, que lo pone en internet”. Pero para mi madre en internet puede poner misa, que ella lo barre todo y san se acabó. No está en absoluto asustada, aunque le da rabia que una cosa peligrosa como el mercurio esté en el ambiente… Se zanja aquí el ‘capítulo termómetro’, y –esperemos que también – la jornada de situaciones absurdas y angustiosas que se encadenan, sin antes ducharme con opresión y ahogo en el pecho, y con abones por las manos y brazos que suelen indicar alergia a algo, o estrés, o disgustos, y que no son en absoluto desconocidos para mí. ¿Será por haber tocado el mercurio? Me dedico después a contarlo a todo aquel que puedo, y me tranquilizan, aunque en pleno diciembre sigo con la ventana abierta para no contaminarme con la mierda esta. Conclusión: me he prometido no volver a mentir nunca de esta forma y en estos temas. Unas mentiras llevan a otras, y cada vez es más difícil y menos verídica la verdadera verdad. Cuando sea mayor, podría cambiarme el nombre: quizá me sentaría bien Milagros... Sábado, 15 de Diciembre de 2007 13:22. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. La 'curranta' perfecta![]() Voy a actualizar sólo por el hecho de actualizar, no por tener nada que decir. Bueno, no es que no tenga cosas que decir, sino que ahora mismo no las tengo en la cabeza. Sí diré que hoy no he ido a clase porque me he dormido, y eso que a primera hora puede que haya habido práctica. Desde que hicieron la primera práctica, a la cual yo falté, he ido todos los jodidos días y no ha habido; bueno, pues hoy seguro que ya ha tocado… Anoche estuve de guardia y salí a la 1.30. No tuve la suerte de las otras veces, en las que a las 00.30 pasadas o 1 menos algo me decían que me fuera. Pero el caso es que tampoco estuve leyendo mucho. Es todo muy raro… Llegué a casa a las 2 después de aguantar la charla filosófica del taxista, que clamaba al cielo por los asesinatos de violencia de género, y decía que las mujeres, a partir de ahora al separarnos (“porque casi siempre sois las mujeres las que termináis la relación”) vamos a tener que pedir un informe psiquiátrico del tipo en cuestión para ver si tenemos que largarnos de la ciudad e incluso del país. Además, el hombre decía que debería haber castigos ejemplares, porque la pena de muerte en realidad no sería un castigo para la gente que hace eso. De todas formas, él se mostraba a favor de la pena de muerte en EE.UU. Lo que no le parecía bien es que los condenados estuvieran tanto tiempo en el corredor de la muerte. Entre que no me dejaba hablar y que estaba diciendo todo el rato lo puto mismo y con las mismas palabras, me estaba poniendo de los nervios. Cuando llegamos le pedí la factura y la imprimió pero no me la daba, así que cuando se dio cuenta de que estaba esperándola, me vaciló en plan “pues si no me dices nada podemos estar así toda la noche: tú esperando la factura y yo a que te bajes del taxi”. Está claro que el tipo tenía ganas de guerra, lo que para él a las 2.00 de la mañana era una energía inusitada y ansias de tertulia, para mí era la ‘espesez’ y el cabreo más manifiestos. El cabreo viene de que en el curro me como yo todos los marrones, o sea, todas las noticias, porque como no fumo ni parloteo en las peores horas de trabajo, en pleno cierre, no me queda otra que trabajar. Luego me dan mareos y cosas así, y tengo que ir al médico, y todos me dicen que no tengo nada, que será por el estrés. Estoy hasta las narices del estrés; aunque más que estrés, yo creo que es mala hostia. Desde que me monto en el metro por la mañana, mil cosas me ponen de mala hostia, y claro, acabo el día con ganas de darle una paliza a alguien, a poder ser a alguien del curro… Lo único que me salva un poco de este estrés son los fines de semana, y eso cuando no tengo que hacérselos a la lista de turno que se quiere ir de viaje… No, si “encima de cornudos, apaleaos”. Por otra parte, y hablando de novedades sobre mi estado de salud, tengo que decir (aunque no lo haya comentado aquí) que ya he descubierto el origen de mis jodidos dolores de cabeza todos los jodidos días: subida de miopía. Además, el médico también me dijo que casi todos los dolores de cabeza son tensionales. Pues estamos bien. Mi hermana me trajo el otro día un stick anti-migrañas, para dármelo como un roll-on en puntos concretos de la frente y en las sienes. Cuando me lo doy luego voy oliendo raro, a "vicks vaporups", (o como se diga eso) o a menta. Pero está muy bien porque te refresca y despeja un poco la cabeza. Respecto a mi entrega profesional, lo único que me consuela es pensar que aunque lo parezca, no soy tonta, que no es malo tomarte el trabajo en serio, sea lo que sea, aunque seas un simple becario, porque… ¿qué será cuando te den un puesto en serio? Seguramente muestres la misma actitud que cuando eras becario. Y eso me da ventaja porque yo haciendo prácticas lo estoy dando todo y en todos sitios. Y en este trabajo, que realmente es una buena oportunidad y en el que, económicamente hablando, no nos tratan nada mal, me parece una insensatez quejarse constantemente. Será que soy una rara, pero me gusta trabajar y –aunque tenga mis recesos- creo en lo que hago. Incluso cuando hacía cotilleos me lo tomaba en serio -aunque a veces no creyese mucho en lo que hacía-. En realidad, por qué no decirlo, soy la curranta perfecta. Quizá algún día hasta me case con un príncipe… Y me saquen en El Jueves, y ese hombre tan guapo de la foto hable de mí a diario…Y me pillen en bragas y me saquen en la tele… Al tiempo. Miércoles, 21 de Noviembre de 2007 12:48. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Me jode![]() Me jode. Me jode que la doctora me haya vuelto a decir hoy, con todo tipo de resultados en la mano, que las cosas que me pasan son por el estrés, que se deben a razones "funcionales" y no "patológicas". Siempre que me pasa algo raro y me hacen pruebas, casi siempre sale que no tengo nada. Tiene narices, pero a veces parece que en el fondo me gustaría tener ‘algo’. Sí, algo que esté en los libros, que tenga un nombre y que se cure de alguna forma. En cualquier caso, fueron síntomas pasajeros y veremos si este mes los vuelvo a tener o no… Al fin y al cabo le pasa a muchas chicas. Y es soportable. La semana que viene sigo de médicos porque voy a ver a mi alergóloga autista. Me pedirá la cartilla de síntomas que debería haber hecho a lo largo de estas semanas, y que no he podido instalar en el ordenador. Si es que ahora todo es tan moderno… Y me jode instalarla y que no funcione. Me jode que se joda el metro por las mañanas dos días seguidos y que, el trayecto que suelo hacer en cuarto de hora, lo acabe haciendo en 45 minutos. Y me jode llegar tarde a clase, que el profesor nos haya puesto una película y que justo cuando entre yo, tarde, tengan lugar las escenas más oscuras de toda la proyección, haciendo que me quede en la puerta como una gilipollas por miedo a echar a andar y comerme alguna silla, a alguien, y teniendo, por último, que sacar torpemente el móvil para iluminar y ver algo hasta que la imagen se aclare un poco y me pueda sentar. Me jode. Pero me siento, por fin, cuando veo un sitio libre. Y me jode más sentarme por detrás y ver que la película es subtitulada y perderme la mitad de las frases porque está todo lleno de cabezas y no veo un puto pijo. Me jode escribir sobre cosas que me joden. No debería hacerlo. Pero a veces es tan divertido… Y ahora mismo creo que no me jodía nada en concreto. De hecho estaba de buen humor y todo, leyendo mensajes de móvil de hace siglos (mi móvil no tiene límite de sms, y estaba haciendo limpieza, aunque no mucha, que me da pena). Como hoy me ha sustituido una compi del curro para poder ir al médico, el sábado me toca pringar. En fin. El periódico es la cosa más estresante que he visto. Aunque me guste, estos días que he estado ‘pachuchilla’ y un poco enferma mental (todo hay que decirlo) me jodía mucho tener que ir. Pero ahora vuelvo a disfrutarlo. El otro día el jefe de Nacional casi me da una colleja, porque pensaba que yo había hecho un juicio de valor en su noticia, y ese tipo de cosas las hacen nuestros jefes, que, antes de pasarnos la noticia para que la corrijamos, se leen el titular y los destacados y se dedican, básicamente, a hacer juicios de valor sobre ello. Luego nosotros, los pobres becarios, firmamos cada noticia que corregimos y los de la sección correspondiente, a quienes les corresponde cambiar las cosas que están mal (si les da la gana) se piensan que todo lo que está en rojo lo hemos escrito nosotros. En fin… más juicios de valor debería de hacer y no hago… Pero a lo que iba, que el periódico, sobre todo entre diario, es estresante de cojones. Hasta suena una especie de sirena estridente en torno a las 10 de la noche para que los redactores dejen de comer pipas (sí, comen pipas) y se pongan las pilas para cerrar a tiempo. Los días que te quedas de guardia, en el fondo, son los mejores. Llegas a las 7 y te sientas al fondo, así que te llegan menos noticias para leer. Luego te quedas sola, y haces un poco lo que quieres, a no ser que sea domingo y tengas que leer deportes a toda leche, u ocurra alguna desgracia que genere noticias para la segunda edición y te las tengas que leer también. Luego, te vas a la 1 o antes (yo siempre tengo suerte y los días que me quedo no pasa nada), el de seguridad te pide un taxi y te vas a casa tan feliz y con el trabajo hecho y un cheque para usar en el VIPS o similar en la cartera. Creo que voy a dejar de escribir ya, que mañana tengo que ir a primera hora porque puede que el tipejo haga práctica. Y me jode. El otro día falté y hubo práctica. Y me jodió. Así que, hablando de las cosas que me joden, he llegado hasta aquí. Está bien, a veces, empezar un post como te dé la gana. Acabas hablando de cosas diferentes, pero relacionadas. Me jode tener que dejaros. Pero me jode tener que irme a dormir, y sin sueño. Llevo tres días durmiendo poco y no me entra sueño. Luego me pasan cosas que yo creo raras y son normales… en fin. Pero me jode. Miércoles, 07 de Noviembre de 2007 00:18. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Llamadas precipitadas que acaban en nada![]() No sé por qué narices no he salido hoy. Pero en su lugar lo que he hecho ha sido recordar aquellos días en los que, por suerte o por desgracia, lo daba todo por salir a emborracharme y a buscar la felicidad en la embriaguez. He intentado que hoy fuera uno de esos días, pero ni ella ni yo hemos dado nada por hacerlo realidad. Hace un año los días sí eran exactamente así. Llamadas precipitadas a las 22.30 de la noche, cuando ya estás en pijama, cenando algo que calientas en el microondas, pero de pronto te asalta la locura, la euforia, la fiebre de la noche, y te vistes rápido, con música a todo volumen, y te preparas y tus padres te dicen, entre provocativos e irónicos: “¿¡Cómo te vas a estas horas, si éstas son las horas de volver!?” Y te vas, con una sonrisa de satisfacción por lo que va a venir, te anticipas al clímax. Y vas a donde sea, y con quien sea, y te bebes lo que sea, y te liberas, y te olvidas, y eres feliz durante al menos un par de horas. Aunque vuelvas a casa siendo la misma pero con menos dinero en el bolsillo y menos horas de sueño. Y al fin de semana siguiente sales buscando lo mismo, y necesitas más alcohol y más pasión, y más rock and roll. Y sigues siendo la misma. Pero ahora ya no soy la misma. Me apetecía salir, aunque algo me dice que no se me ha perdido nada en ningún sitio. Me apetece estar con A, y recordar los viejos tiempos, que no lo son tanto, aunque lo parecen. Pero quizá en mi mente esos tiempos sigan vivos, y sea mejor no intentar recrear algo que ya nunca más será, al menos no de la misma forma. Y me da rabia; pero supongo que unas veces te apetece salir y darlo todo y otras estar en casa en pijama. Pero el recuerdo basta para hacer realidad esos, tan especiales y, por qué no, felices y locos días… Sábado, 03 de Noviembre de 2007 00:46. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Actualizo y recomiendo![]() Good Bye, Lenin! es la última película que he visto en este puente tan divertido. Tenía ganas de verla desde hace tiempo, sólo por el título, y es que me gustan ese tipo de cosas. Este filme alemán de Wolfgang Becker se ambienta en 1989, durante los meses clave del declive del régimen comunista en la Alemania Oriental y la caída del Muro de Berlín. Un chico despierto y atento es el protagonista de la historia, cuyo cometido es hacer que su madre, una mujer de firmes convicciones socialistas que cae en coma y despierta ocho meses después, no se entere de que las cosas han cambiado y la Coca-Cola y el american way of life han invadido lo que antes era Comité del Partido y tostadas y pepinillos soviéticos. Cualquier sobresalto puede afectar a la débil salud que presenta su madre al despertar del coma, por lo que no resulta precisamente adecuado que lea periódicos, salga a la calle, o mismamente, que se asome por la ventana de su habitación. Así, el chico, que se llama Alex, inventa todo tipo de estratagemas para que su madre no se entere de nada y crea un mundo diferente para ella, el mundo de lo que suponían el comunismo y la Alemania Oriental; desde hacer un telediario con su amigo aficionado al cine, hasta hurgar en la basura para ver si hay botes de pepinillos soviéticos para meter en su lugar los holandeses. Este aspecto del filme recuerda un poco a El Show de Truman, y plantea los límites de 'la verdad' y lo real-irreal. La música corre a cargo de Yann Tiersen, conocido entre otras cosas por haber trabajado también en Amelie, y que en este caso logra una ambientación muy cuidada. Recomendable, en definitiva, esta peli. Otra recomendación -ahora musical- de un grupo español que se llama La Habitación Roja es quizá un tanto aventurada, pues acabo de escucharlos por primera vez hace un cuarto de hora, pero me está gustando bastante. He escuchado algunos discos nuevos hoy: dos de The Cure, éste, y uno de Sufjan Stevens. Veremos si merecen estar en el ranking y acaban en el mp3. Pero vosotros no lo sabréis nunca...
'Panem et circenses'![]() Queridos lectores: he vuelto. Y lo hago con una cerveza en la mano y un bol de patatas fritas grasientas encima del escritorio. Prefería esto que estar en la cama, pensando en cosas malas y a la vez intentando dormirme sin éxito. Se acabó la vaguería. Se acabó el no escribir. El no leer. El no hacer nada útil. El pasar el rato preocupada pensando en chorradas surrealistas y leyendo paranoias en internet. Me han hecho pruebas y me han dicho que no tengo nada, que “lo que me pasa” se debe al estrés, y que, de momento, no me preocupe. Claro, la doctora me interrogó sobre mi vida y la conclusión que sacó fue ésa. Estoy, de todas formas, esperando los resultados de otras pruebas. Pero espero que no sea nada importante. La paranoia me ha llevado a pensar cosas gordas y a que mi cuerpo tenga síntomas de padecer esa “cosa gorda”. (Y nunca mejor dicho). En cualquier caso, si he llegado a una conclusión a lo largo de estos interminables y angustiosos días, es a la siguiente: hay que ver qué duro es ser mujer. En otro orden de cosas, el profesor del que os hablé ( y que, para situarnos, diré que ya tiene sus años, aunque 'viejo viejo' tampoco es) ha vuelto a soltar perlas muy pero que muy interesantes y, sobre todo, reseñables. ¿Cómo no voy a compartir con vosotros el que haya dicho, ayer y hoy, que los aficionados al fútbol son retrasados mentales? ¿O que los jugadores de baloncesto son personas con problemas hormonales (por ser tan altos) que se dedican a jugar como niños/retrasados? En palabras suyas, ha comparado el baloncesto al hecho de que a él se le ocurriera “soltar en un circo a un montón de enanos”. Y respecto a la Fórmula 1, ha dicho que él no sólo no quería que ganara “el cara caballo” (Alonso), sino que además deseaba que se estrellase con el coche. Al parecer, al decir esto en un bar, tuvo movida con otros tipos, aunque, orgulloso, declaró que algunos se pusieron de su parte. El día de la última competición, según él, estaban ante el televisor 9 millones de retrasados mentales, que, mientras veían a Alonso y a Hamilton competir, no estaban leyendo periódicos, ni libros, ni planteándose cosas trascendentales sobre su vida. Tengo que decir que yo aquí no tengo nada que objetarle, porque a mí no me gusta ni la F1, ni el fútbol, ni el baloncesto, y mira que lo he intentado. Pero nada. Aún así, entiendo que haya gente que se ofenda con este tipo de comentarios. Otro frente de ataque de nuestro querido Dr. en Periodismo y en Historia es la Iglesia católica. Los curas, concretamente. Nos contó ayer que en Roma se hizo pasar por arzobispo para entrar en una tienda y probarse una sotana o algo así que costaba 5.000 euros. Y que se veía muy muy guapo. Además, se sigue metiendo con la gente del PP y ayer le preguntó a un chico que estaba sentado en primera fila que si era simpatizante por llevar una sudadera naranja. Hoy, cuando he llegado a clase, he visto que el chico en cuestión se había sentado al fondo del todo, y con razón. Yo me suelo sentar también por atrás, no vaya a ser… aunque yo ya le tengo calado y sabría qué contestarle a según qué cosas. Acojonados nos tiene. Aunque yo me río mucho con las cosas que dice, he de reconocerlo. Hoy ha criticado la campaña antitabaco porque le encanta fumar muchos puros; y nos ha preguntado si nosotros también lo hacemos, que a las chicas nos quedaría muy bien, como al "vejestorio" ese de Fumando Espero. Además, ha dicho que se quiere morir como a él le dé la gana, fumando y emborrachándose en su casa. Para mí no es nada nuevo, ya le vi en su salsa este verano… por cierto, en el mismo sitio en que voy a ver a Wilco en directo. Creo que aún no me ha reconocido, el profe, y no creo que ya lo haga. Aunque, por otra parte, es especialmente observador con las chicas. Hoy, (no sé cómo ha llegado hasta ese tema) ha empezado a hablar de las minifaldas, contándonos cómo se volvía loco al ver algo más que los tobillos de las chicas, aunque claro, “a todo se acaba acostumbrando uno”. A raíz de esto ha preguntado qué chicas de la clase llevaban falda, y a la que la llevaba, la ha invitado a levantarse. Y la chica no ha querido, claro. Lo dicho. Una caja de sorpresas, nuestro querido profesor. Creo que voy a dejar de hablar porque me estoy pasando 20 pueblos, pero quizá no tantos como los que se pasa él en cada clase, así que… al menos me he desahogado y he hecho algo entretenido, escribir todo esto. Hala, hasta otra. ¡Espero que os hayáis divertido! Y a ver si no tardar tanto en actualizar la próxima vez! *CANCIÓN PARA ALEGRARME EL DÍA: "Plastic Fantastic Lover ", Jefferson Airplane. 19 de octubre de 2007![]() Me tengo que ir en breve a trabajar pero no podía resistirme al dulce deleite del sonido del teclado de mi ordenador al ser pulsadas las teclas para manifestar, en el mejor de los casos, majaderías sin importancia (como ha dicho un profesor mío, que majaderías es lo que solemos encontrar en los blogs). Este profesor me está dando mucho en qué pensar. No sé si os acordáis de la crónica que hice sobre una fiesta en la que me colé gracias a una amiga que hizo un cursillo de verano. Pues el profesor que nos suministraba entradas ‘ilegales’, una tras otra, para poder consumir 'de gorra', era ÉL. Y como me quedé prendada de la sabiduría y experiencia de tan peculiar persona, me cogí su asignatura como optativa. No voy a decir cuál es porque si no sería ya demasiado evidente. Sólo diré que, aunque lo pase mal en las clases, me gusta ir. El tipo se pasea y te pregunta: a ver, tú, ¿qué estaba pasando en Europa en 1622?, o ¿quién era el padre de Cómodo?; o ¿quién era el asesor de Bush que dimitió? Su siguiente manifestación al respecto es, la mayoría de las veces, de esta forma: “Ustedes no saben nada, no leen los periódicos, (…). Si no saben Historia de Roma no nos vamos a entender”. Gastaos un euro, joder, o 50 céntimos si os atrevéis (por Público). Hoy, a una chica que estaba sentada delante de mí le ha preguntado si es de izquierdas o de derechas. “De izquierdas”, ha contestado ella. ÉL: "¿Y sus padres?" Mis padres también, dijo la chica. A esto el profesor, manifiestamente satisfecho por lo que acababa de oír, declaró que él también es de izquierdas. Quería explicarnos por qué es irracional nuestra ideología, y que respondemos la mayoría de las veces a lo que nos han enseñado desde pequeños u otro tipo de influencias. Pero ya no le satisfizo tanto la respuesta cuando la chica dijo que vota a Zapatero y no a Llamazares. “Entonces es usted más de derechas”, concluyó, y se quedó tan ancho. No, si en el fondo tendrá razón. Pero con lo sabio que parece, no entiendo cómo puede hacer alarde tan efusivamente de sus tendencias políticas. Es de esa escuela de profesores que no se dedica a hacer guiños a una forma de pensar de manera argumentada y razonable, sino que recurre al chiste fácil y a los tópicos sin gracia alguna. Es como otro profesor que me da otra optativa, y que también me gusta mucho porque es peculiar, retórico y abstracto, pero que no deja de hacer chistes absurdos sobre Aznar. Y lo peor de todo es que nadie se ríe, porque es que realmente no tienen ninguna gracia. ¡Es que ni siquiera son chistes! En fin, creo que mis reflexiones en clase de…. darían para muchos posts. Y yo tenía en la cabeza hablar sobre otras cosas, meterme con los alumnos más que con el profesor, pero al contar un poco cómo es el tipo, me he ido por las ramas. Si tuviera más tiempo, seguramente toda mi disertación se encuadraría en estos y otros párrafos, pero ya no me da tiempo a continuar. Respecto a mi enfermedad, preferiría no hablar de ello, porque ya tengo bastante con mis “rayadas mentales”: vaya semanita que llevo. Había pensado hacer un post llamado ‘Diario de un hipocondríaco’ (en este caso hipocondríaca), porque creo que es más sugestión que otra cosa. Leer cosas en internet es peor, se dice cada barbaridad… Es como en las pelis, cuando se empiezan a enumerar los síntomas de alguna enfermedad grave, y a todos dices que sí en el momento en que los escuchas: Por ejemplo: ¿le duele a usted el oído? (hostia, me acaba de empezar a doler) ¿le duele cuando tose? ¿Le duele la cabeza si se agacha y se levanta rápido? ¿Siente mareos? ¿Le suben los colores? (Y te miras al espejo y estás como un cangrejo) ¿le duele allí? ¿ha perdido el apetito? ¿orina más de lo normal? (y entonces ya te pasas el día haciendo pis). Y entonces tienes lo peor. Y si sospechas de algo que no pensabas que tenías, esa misma noche empiezas a sentir los síntomas pertinentes. Y dices: ya está. En cualquier caso, espero que se resuelva todo pronto y que la semana que viene tenga algún tipo de diagnóstico, espero que relacionado con la normalidad de lo que suele pasar en días como estos. Viernes, 19 de Octubre de 2007 17:34. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Un delirante paréntesis en el delirio![]()
En el tercer día de una enfermedad que evoluciona favorablemente y que en estos días es considerada “normal” (constipado); así como también en el tercer día (en el mejor de los casos) de otra posible ‘enfermedad’ que al no conocer aún estoy convirtiendo en delirante y extremadamente grave, he decidido hacer un paréntesis viendo una película, hasta que mañana vuelva a clase y el martes que viene al médico. La afortunada ha sido Miedo y Asco en Las Vegas, de Terry Gilliam, que aún no había visto y tenía curiosidad tras leer el libro de homónimo nombre. No voy a decir eso que se suele decir, “me ha sorprendido gratamente”, ni tampoco que está mejor el libro, ni nada de eso ; porque es diferente al libro y a la vez transmite (aunque sólo para algunos) la idea subyacente que emerge tras el visionado de las andanzas de dos tipos a los que, mientras van a cubrir un reportaje de carreras de motos o a un paradójico congreso sobre drogas, lo único que les preocupa es meterse entre pecho y espalda su buena dosis de la droga que sea. La fotografía, psicodélica y psicotrópicamente psicológica, un ambiente enrojecido y surrealista. Los actores, tan buenos que ni se les ‘reconoce’. La música, inquietante, aunque no suena la tan sugerente en el libro Sympathy for the Devil . Pero me gusta la de Janis Joplin que suena al principio y la de White Rabbit de Jefferson Airplane, que vuelve loco al gordo y extraño abogado samoano en la bañera.
Bueno, después de esta mini reseña de mi ‘visionado’ – cómo me gusta utilizar palabras raras últimamente- me gustaría hacer una crónica de lo acontecido en los últimos días (que ya estoy perdiendo práctica). Me gusta mucho ir al periódico. Ahora estoy, justamente, en el tercer día de descanso. Mañana será el cuarto y último, por lo que el viernes volveré y espero hacerlo totalmente recuperada ya de mi constipado. Me gusta mucho corregir los artículos. Noticias, crónicas, reportajes, comentarios, columnas de opinión… Todo pasa ¿felizmente? por mis manos, y recibe el estigma de mi rotulador rojo, culpable también de que llegue a casa, (y la mayoría de las veces, a los sitios o bares) con las manos pintadas. Y corrijo artículos sobre todos los ámbitos: internacional, nacional, deportes, economía, cultura, televisión, y hasta toros. En realidad, los artículos que más me gustan son aquellos que más plagados están de erratas: que si un acento por aquí, que si un plural, que si un ‘que’, que si una mayúscula, que si esto va en cursiva, que si una coma falta aquí y sobra allá, que si una primera persona no puede ir en la misma frase en que va una tercera y en estilo indirecto… Muy divertido todo, y más después de haberme leído el Libro de Estilo y, ya hace algunos años, (2 ó 3) el libro de A. G. El Estilo del Periodista (sabía yo que para algo me iba a servir). Lo más divertido y curioso es ver, después, quién te ha hecho caso y quién no. Los primeros días descubrí con agradable sorpresa que me habían hecho caso en todas mis sugerencias. Creo que la sección de Internacional es la que más caso me hace. Las crónicas económicas, (que a nadie le gusta nunca hacer), a mí me encantan, porque tienen muchos errores. Y las de nacional e internacional también me gustan. Las de deportes también, aunque son las peores cuando te quedas de guardia, y es que en mi primera guardia se me amontonaban en la mesa y estaban llenas de erratas, por las prisas de escribir a las 11 de la noche y eso, digo yo. Bueno, voy a dejar de escribir ya que esto no son más que pinceladas sin orden que voy dando de algo que podría encuadrarse en un buen post y que ahora mismo no soy capaz de hacer. Otro día, quizás. Además tengo hambre, y me voy a cenar. Una salchicha de post-re (parezco los del QMD)![]() Son más de las 12, estoy cansada y me duele la garganta. Por todo ello no sé qué narices hago que no estoy ya en la cama. Mañana tengo clase a las 9 y me tengo que levantar a las 7.30. Acabo de llegar hace un rato de trabajar y he cenado sopa, salchichas, patatas fritas, una naranja y un trozo de tarta de manzana que he encontrado en la nevera. Siguen siendo más de las 12 pero mucho menos de la 1. Hasta mañana. Lunes, 15 de Octubre de 2007 00:21. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Esas primeras veces...![]() La primera vez, o, más bien, las primeras veces que haces algo, suelen ser las mejores de todas (aunque por supuesto he de decir que, como en todo, hay abrumadoras excepciones). La primera vez que ves Pulp Fiction y la impresión que te deja, tanta, que durante unos días e incluso meses estás pensando en escenas, diálogos, y pasajes de la película; deseando asimismo volver a verla una y otra vez. Pero no es lo mismo. Cuando haces algo por primera vez, con el paso del tiempo recuerdas incluso lo que llevabas pue | |