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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Diario. Mi mundoIntento recordar cómo era el mundo antes de que yo dejara de escribir en mi blog. Cómo era mi mundo. Porque empecé a escribir una novela y por eso dejé el blog. Pero ahora tengo una novela inacabada y un blog completamente desastrado. Leo mis últimos post y no me reconozco. Ya no soy la misma. Hace dos años, o tres, escribía mejor, y quizá también fuera mejor. Más desdichada, pero mejor. Quiero leer mi novela, quiero corregirla y terminarla de una vez. Pero quizá todo esto se explique porque en realidad no quiero poner punto y final a esa clase de novela, un Madame Bovary de cachondeo, tan del siglo XXI… Pero ¡cuánto me acuerdo de la novela! ¡Estaba tan bien! ¡A la gente le gustaba tanto! Me pregunto si algún día podré dar a leerla sin que sea en documento de Word… Metafísico y astrológico![]()
No he ganado el concurso ese de relatos. Bueno, en cualquier caso lo raro sería que ganara. Tampoco he quedado finalista. Pero no me importa. Es el primer concurso al que me presento y es normal. También sería lo normal que no me saliera el trabajo por el que llevo sufriendo casi ya tres meses. Mi gozo en un pozo. Estoy casi segura de que no lo conseguiré, aunque la noticia se sabrá a finales de mes, o sea, la semana que viene. La primera fase me fue bien (aprobé), por lo que me ha parecido muy cruel que en la segunda se hayan notado tanto los "favoritismos" y enchufismos varios; además de mi falta de experiencia, todo hay que decirlo. Creo que tendré que “conformarme” (estoy muy agradecida) con el nuevo proyecto con el que estoy trabajando. No lo diré porque nunca he dicho nada concreto aquí de mis trabajos; sólo informaré de que se parece a lo que he venido haciendo hasta ahora, desde que hace un año me licenciara. Aunque ahora es distinto: tengo compañeros de trabajo (para bien y para mal es mejor que trabajar sola: ¡yuhu!), y es un poco más variado. Y tengo un horario, madrugo, no como antes que me organizaba el día desastrosamente.
Últimamente me siento rara. No estoy contenta conmigo misma. Cuando me meto en la cama por las noches no paro de reprocharme cosas que hago mal o que no hago y debería, o que hago y no debería, (esto sobre todo). Resumiendo, creo que el problema es mi actitud. Es como si no quisiera luchar por nada y fuera aceptando las cosas como vienen. Mientras que antes quizá quería aprovechar el día y hacer muchas cosas útiles e intelectuales, ahora parece que hago todo lo posible para que el día pase rápido y yo no haya puesto en cuestión nada respecto a mi existencia o al mundo en el que vivo. Sólo me entretengo con necedades que la gran maquinaria que es la sociedad dirige a lo que yo antes consideraba el vulgo, y lo consideraba como un ente al que yo por supuesto NO pertenecía. Esto sonará un poco metafísico, pero noto que he cambiado y es a peor. O quizá sea una nueva etapa por la que tengo que pasar para regresar luego con más fuerzas, cuando venga la tormenta. No sería la primera vez que esto me pasa.
Nada más que decir. Quiero hacer muchas cosas y hago la mitad. Quería ese trabajo, un trabajo para toda la vida que me permitiría hacer esas cosas, pero si no tiene que ser, pues que no sea. Nunca se sabe lo que te deparará el destino o lo que tiene guardado para ti. Esto también puede que suene no ya metafísico, sino astrológico, y no me gusta nada. Pero es lo que pienso (o quiero pensar) a veces. ¿Qué mejor manera de animarse a uno mismo?
P.D: La foto es del perro que quiero tener: un portuguese waterdog (aunque creo que ese es spanish). ¡Son hipoalergénicos! El camino y las dos vías![]()
Señoras y señores, he vuelto. Hacía demasiado tiempo que no escribía. Se da la paradoja de que antes, cuando escribía a diario o casi a diario, me reprochaba a mí misma el hacerlo porque lo consideraba un vicio. Ahora sé que era un buen vicio, en todo caso, que poco a poco he sustituido por otros nada encomiables. Han ocurrido muchas cosas nuevas en mi vida; y ya no siento la necesidad de escribirlas, como antes. Terminé la colaboración y ahora estoy a la espera de conocer si las dos vías que se han abierto en mi camino me conducen a algún sitio (sobre todo una de ellas, que es la que más me interesa). Si lo consigo, diré de qué se trata, e invitaré a todos los que leéis este blog a una caña, o mejor, a una copa, qué narices… Mañana es un día importante y espero que haya otros dos más, no quiero decir nada; así que me despido, (no os quejéis, al menos he escrito algo por fin, después de ¡tres meses!, para quitar de la portada a ese mosquito desagradable). ¡Espero volver a escribir aquí chorradas más a menudo! * Foto: Dublín (abril 2009). Consciencia de la estupidez![]() Hola a todos/as. Quien quiera que seáis. Hoy no he ido a currar. Me duraba la resaca de Nochevieja y tenía que descansar. Es lo que tiene ser freelance. He estado toda la mañana de compras con mi madre y mi hermana y ya he aviado a toda mi familia con los malditos regalos de Reyes. Me puse un poco talibán porque mi hermana pensaba que el libro que había pedido a los Reyes era el de Fernando Savater, cuando en realidad era el último de Juan José Millás. Reparé en que nadie me había escuchado realmente cuando dije que quería ese libro, así que al final me lo han comprado y me lo darán el día 6. Después comí unas croquetas de jamón, junto a una ensalada y una sartén de huevos rotos. Al poco volví a casa. Me metí al Facebook y me dio por escuchar el disco de Velvet Underground and Nico. Puse unos versos de la canción Venus In Furs en el mensaje de estado. No sé qué pensáis del Facebook, pero a mí cada vez me parece más ridículo. Sí, sé que estoy dentro, pero incluso desde esta perspectiva soy consciente de mi estupidez. Me pregunto si cuando la gente se hace fan del jamón serrano, de las niñas del anuncio de Bancaja o de la melodía de Movie Records, son conscientes de lo simple y absurdo que eso resulta. Yo me hago fan de escritores, músicos y películas que me gustan. Sí, me imagino que también tendrá su grado de estupidez. ¿Y cotillear? Es imposible no cotillear en el maldito Facebook. Y más yo, que lo quiero saber todo y siempre busco el lado más escabroso de la gente. En fin, creo que me voy a poner a leer en la cama. Hoy no he salido y en cierto modo me arrepiento. Podría estar tomándome un whisky en el bar bohemio de siempre para reírme un poco. Mi novela no va mal, ya llevo casi la mitad, aunque desde hace unos días, que escribí del tirón dos capítulos, no me han vuelto a dar ganas de escribir. Quizá mañana. O esta misma noche. Al fin y al cabo, no me falta material, pero quizá haya que dejarlo un poco en barbecho y cogerlo un día que realmente tenga ganas. Sin más. Releyendo![]() Me estoy releyendo Madame Bovary. Yo, que tan paranoica fui con los libros y me los quería leer todos. Como es físicamente imposible leerlos todos en una sola vida (aunque no hicieras otra cosa en el día que leer), cuando tenía algunos años menos nunca se me habría pasado por la cabeza releer. Ahora no soy tan purista. Me leí este libro de Flaubert cuando tenía 15 años y me impactó. Cada año me decía que tenía que volver a leer aquello, que algo tan bueno tenía que ser repensado, revivido, mejor. Pero quizá releer no sea la mejor idea. La buena sensación que te dejó un libro se puede desvanecer con otra lectura pasados unos cuantos años. Me ocurrió con El Retrato de Dorian Gray; que me fascinó con 18 y me decepcionó con 22 (o quizá esperaba ya demasiado). Pero espero que no me ocurra con ninguno más. Llevo más de la mitad de Bovary, y no sé cómo narices lo hace Flaubert para justificarlo todo y hacer que hasta la chorrada más impensable del libro tenga su importancia. La historia de mi novela es parecida a ésta, (aunque el tono, totalmente distinto); pero no sé si me va a servir la lectura. No sé por qué escribo todo esto. Hacía mucho que no lo hacía con regularidad y la verdad es que debería volver a escribir aquí. Antes estaba mucho más agobiada y no tenía dolores de cabeza y malurias como ahora. Quizá fuese porque me desahogaba en el blog. Aunque sea con pequeñas incursiones diarias que narran pequeñeces, voy a intentar volver, aunque no lo haga como Flaubert. Una mierda encuadernada![]()
Eran buenos tiempos. Cuando escribía a diario en el blog. Sí, esos eran buenos tiempos. Ahora también lo son, pero de otra manera. Antes no estaba tan estresada ni tan confusa. Unamuno decía en Niebla, “quien no confunde, se confunde”. Yo antes no tenía nada demasiado claro, y era mucho más sabia y fuerte que ahora. Siempre estoy buscando un motivo para no ser feliz, y es que en el fondo es más divertido quebrarse la cabeza. Pero no demasiado, claro, que luego duele. La cabeza. Es mejor escribir. Sí, ya lo creo. Pero no he dejado de hacerlo, que nadie se crea. Estoy escribiendo…. ¡sorpresa! Una novela. Sí, la novela con mayúsculas. Lo vais a flipar cuando consiga editarla y se comercialice. Más de uno se va a quedar con la boca abierta. Puede que hasta me denuncien por ofensa a la moral pública y mi familia me deje de hablar. Pero es mi novela y punto. Mi maldita novela. Publicaría aquí los tres capítulos que tengo escritos, pero escuché que no era recomendable dejárselo leer a nadie y me da un poco de yuyu eso de los derechos de autor. A saber si alguien lo copia y luego yo no puedo defender que eso fuera mío. Aunque sea una mierda encuadernada, es mi jodida mierda encuadernada. Dios, creo que estar leyendo Trainspotting está ensuciando mi lenguaje de una manera bestial, y mis intenciones. Ahora cuando voy en el metro y me encuentro a un maldito cretino con la música de mierda que quiera llevar puesta en alto, me dan ganas de decirle que se meta ese jodido trasto por donde no le da el sol y me deje descansar después de un duro día de trabajo como colaboradora. Bueno, he de decir que yo antes tampoco es que escribiese como la autora de Mujercitas, pero ahora esa tendencia chabacana se está incrementado. ¡Ay! Si yo hiciese una novela como la de Irvine Welsh, mi familia sí que me dejaba de hablar. Es el consuelo que tengo. Mi novela en realidad no es para tanto, aunque puede herir sensibilidades, sobre todo algunas. Bueno, esto del libro que estoy contando que estoy escribiendo viene a cuento de que en octubre empecé un taller de novela y la profesora nos dijo que cada semana escribiésemos un capítulo de nuestra propia obra. Me quedé flipada cuando nos soltó eso. Yo pensaba que nos iba a hacer leer otros libros y nos iba a dar teoría y tal. Pero eso de la novela… Qué fuerte. A mí siempre me ha costado muchísimo escribir ficción. Ya lo veis en el blog. Mis relatos siempre han sido chapuzas. Y donde más cómoda me he sentido ha sido en el género autobiográfico o periodístico. Pero ahora he descubierto mi faceta novelesca. No se me está dando tan mal. Sobre todo gracias a los consejos de la profe. El otro día leí en clase mi primer capítulo y a ella le gustó bastante. De hecho la única pega que me sacó fue que debía detenerme más en algunas escenas a las que les podría sacar más partido y tal. Me dijo que le encantaba mi tono irónico, que la historia pintaba bien y le parecía divertida. Bueno, quizá sea una mierda, pero eso es lo que me dijo. Lo cierto es que yo puedo detectar cómo mejorar algunas partes de mis capítulos y eso, pero no sé verlo con ojos objetivos. Quiero decir, que no puedo abordarlo como si en vez de haberlo escrito yo lo hubiera escrito Pepe Pérez. Eso no. Es imposible. En fin, voy a apagar ya este maldito cacharro y voy a leer. Me está gustando Trainspotting, por cierto. Supongo que es ese atractivo o belleza que se puede encontrar en las cosas feas y asquerosas. Creo que Baudelaire dijo algo de eso. Pero no me hagáis mucho caso. Por cierto, escuchad el álbum After Bathing At Baxter’s, de Jefferson Airplane. Ya lo he dicho, pero me encanta ese grupo. Hacedme caso. Hasta mañana. Por los ojos![]() Es un dolor que te entra por los ojos. Mientras a mi madre le dolía la cabeza, a mí ayer me dolían locamente los ojos. En ningún lugar de este mundo se puede uno encontrar tantos sentimientos mezclados como en un velatorio. Mientras unos lloran desconsoladamente y no saben pensar en otra cosa, a otros les suena el móvil repetidas veces con una música escandalosa y ensordecedora; los del sillón de más allá debaten sobre qué película ver esa misma noche en el cine, y otros –a los que hace mucho que no veías- te preguntan que qué tal, que qué estabas estudiando; y osan apenarse cuando les dices que has hecho prácticas pero que ahora estás a la espera, y te desean mucha suerte. Pero todo resulta irónico. Te sientes culpable, sin más, por hacer que alguien en ese momento se esté interesando en tus insignificantes penurias. Pero más irónico resulta aún que en ese momento te llamen por teléfono para comunicarte que, si quieres, no tienes que seguir esperando una oferta de trabajo. ¿Qué haces después? ¿Puedes elegir entre los dos sentimientos, o te quedas en blanco y lo dejas a la espera hasta que la tormenta haya pasado? Da reparo reír, aunque sólo sea en una tímida ocasión, y aunque se trate únicamente de un esbozo de sonrisa inevitable. Pero la lágrima también es inevitable. Según me hago mayor, lloro más en los entierros. Cuando tenía 15 años, la muerte de algún familiar - hablando llanamente- me provocaba apenas un par de lágrimas y no modificaba demasiado mi estructura mental del día a día. Ahora, por determinadas circunstancias, la situación es más trágica y también me apeno por el fallecido, pero no sólo eso: instintivamente me pongo en el lugar de todos, de los más cercanos: hermanos, pareja, hijos; y no me hace falta nada más que verles para sentirlo. Después, cuando todo el mundo se va a sus casas, pienso que la vida sigue igual para todos menos para ellos, y que todo aquello –velatorio, misa, entierro, lloros- no ha sido más que una pantomima. Pero ¿qué más quiero? No lo sé, quizá intente encontrarle sentido a algo que, sencillamente, no lo tiene. Y quizá ésa sea, precisamente, su razón de ser. ¿Cena a lo 'Pulp Fiction'?![]()
El viernes fue mi cumpleaños, y para celebrarlo, fui a cenar a un sitio de Madrid inspirado en los años 50. Creo que me voy a convertir, ahora que ya no trabajo, en crítica. Sí, ya sé que siempre estoy criticando cosas, a cada paso que doy por la calle y cada idea que escucho o pienso. Pero no, me refiero a crítica de especialidades: gastronómica, musical, cinematográfica, de locales de copas... Al fin y al cabo es lo que he estado haciendo este verano en mi periódico. Pero ahora podré hacerlo con más libertad y audacia. Sí, seré la ’Fernanda P.’ de mi propio blog. Así, os diré que el sitio de los 50 en el que estuve ayer era curioso, pero tampoco para tirar cohetes. Seré más explícita: la comida no estaba mal, aunque había poca variedad: sólo hamburguesas grasientas -pero sabrosas- y sándwiches, (además de unos entrantes que te los sirven tras la hamburguesa, lo que restó puntos al servicio, aunque después se dignó a invitar a uno de los entrantes, haciendo que cambiara ligeramente de opinión, pero no eliminando esa primera mala impresión). Sé que soy un poco maniática, pero si la gente que está cenando a mi alrededor me molesta, me irrito bastante y puedo llegar a ser cruel con unos pobres niños que están celebrando en su local preferido su decimosegundo cumpleaños. Si te empujan, se levantan cada dos por tres y abren y cierran la puerta haciendo que me congele de frío con cada rafaguita de aire, me cabreo. Y más, sabiendo que podría estar en una mesa mejor y que por culpa de una pareja de estirados estoy en el culo del elegante restaurante a lo ’Pulp Fiction’. ¿Otro inconveniente? El espacio es muy pequeño: a ’grosso modo’ calculo que había 5 mesas. Y había unas pequeñas gramolas en las que, por 20 céntimos, podías poner la canción que quisieras. No obstante, observé cómo los adolescentes de al lado informaban decepcionados a la camarera de que llevaban media hora esperando a que sonora ’Satisfaction’ de los Rollins, una de las que habían pedido. Por cierto, los camareros no iban disfrazados de nada. Muy mal. Pero lo mejor fue la música. Los Beatles con su ’Girl’ y ’And I love her’; los Rollins con su ’Paint it black’, y otros éxitos de los 50, en los que reconocía canciones de las bandas sonoras de ’Dirty Dancing’ y ’Grease’. Cuando ya era la hora de irse, pusieron ’Somebody To Love’, de mis adorados Jefferson Airplane. ¡Creía que me moría! (como una pija diría). Respecto a la comida, yo personalmente (¿cómo habría sido si no hubiese sido ’personalmente’?) me comí a Aretha Franklin con bacon y queso, o sea, una hamburguesa que llevaba su nombre más dos ingredientes a elegir. Estaba bastante buena, el problema fue la digestión pesada que me hizo pasar después. Ya se sabe, con Aretha. Menos mal que llevaba una botella de agua para bebérmela casi de un trago en el metro, camino del próximo local que quiero analizar a continuación. Va de monstruos y ponen música de Depeche Mode, Joy Division, The Cure y otros impresentables que no desentonan con el decorado del pub: carteles de cine de películas de terror de todos los tiempos. Le hice un par de fotos al sitio, como buena periodista. Y no digo más porque si no todo se sabe... Por cierto, he descubierto que en Blogia se pueden colgar fotos con cualquier tamaño. ¡Dios mío! y yo seguía buscando fotos de menos de 20K. Estas cosas se avisan, hombre ya. Bueno, creo que voy a dejar de escribir, que estoy volviendo a los viejos tiempos de escribir chorradas sin fundamento que se me pasan sin orden ni concierto por el pensamiento. He dicho. Escarbar hacia la Nada![]()
Es curioso, pero cuando voy en tren y me bajo en mi parada no veo tanta gente extraña (People are strange when you´re a stranger) como cuando voy en metro y hago lo propio. Cuando me he bajado esta tarde del primer medio de transporte del que he hablado, he pensado eso, pero además, me he dicho: “esto quedaría muy bien escrito en algún sitio, por ejemplo en mi olvidado ‘blog’”. Venía del hospital, de ponerme la penúltima dosis de la maldita vacuna contra la alergia. Creo que esta tarde ha sido la primera vez que he dicho en alto y a alguien: “soy periodista”. Sin embargo, aunque las circunstancias no acompañen, realmente es el momento en el que más me siento periodista: licenciada y sin trabajo. Tengo una amiga periodista a la que no le gusta decir ‘soy periodista’, porque se avergüenza de la profesión. Ella sugiere la palabra ‘cronista’, aunque no es cierto que todos los periodistas seamos cronistas: los hay comentaristas, noticieros, ‘reportajistas’, e incluso terroristas. Muchas veces, a lo largo de este tiempo de ‘no posts’, he pensado en escribir cosas raras al estilo J.J. Millás; pero por vaguería o por hastío mental (sólo me he dedicado a hacer críticas de arte y de copas para mi trabajo), no las he llegado a parir. Una de ellas iba de que cuando me transportaba en metro y autobús para ir al periódico, me cruzaba con tanta gente que no veía personas, sino cuerpos. O sea, sería algo así como decir: me monté en el autobús y un cuerpo conducía el vehículo, de vez en cuando ese cuerpo comía pipas o leía el periódico en los semáforos. A menudo paraba en diferentes sitios, en los que se subían cuerpos y más cuerpos: unos feos, con pies que vestían unas sandalias que dejaban mostrar durezas y callos, cosas horribles, que me hacían querer vomitar. Después veía cuerpos que envidiaba, aunque no en su totalidad, así que me los imaginaba sin sandalias y también me daban ganas de vomitar. Veía ojos, también, en esos cuerpos, que no decían nada: ojos extraños, sin vida, que sólo formaban parte del cuerpo para guiarle en su imparable y trepidante camino hacia la Nada. En fin, quizá el día en que pensé escribir esto estaba más inspirada. La verdad es que pensé que sería una idea cojonuda para escribir. Porque eso es exactamente lo que sentía en aquellos instantes. Y a la manera del personaje de ‘El extranjero’ de Camus, el calor me estaba haciendo no sentir nada, tratar como chatarra a todos aquellos que osaban interponerse en mi camino hacia el trabajo, hacia una monotonía entonces tan denostada y ahora quizá algo extrañada. Así es mi vuelta al blog. Nunca pensé que estaría un mes entero sin escribir. ¡Qué valor! Antes intentaba escribir poco, y no podía dejarlo. Ahora ha sido al revés. Todos los días me decía: “venga, hoy escribo”. Pero quizá mis pensamientos eran tan banales e insustanciales, que simplemente preferí el silencio. Sin embargo, puede que no lo fueran y que lo único que haya que hacer sea escarbar y empezar a escribir para que vayan saliendo solos y, ya para siempre, queden desamparados. Soñando![]()
Voy a actualizar porque ya es hora. Porque ha habido días en los que he tenido ganas de hacerlo y por pereza o por yo qué sé, no lo he hecho. Porque he estado en Barcelona hace unas semanas y no he escrito absolutamente nada. Porque tendría, ahora, muchas cosas que decir y no sé por qué no lo hago. El calor agota mis neuronas. Quizá ya tenga bastante con escribir lo que hago en el trabajo y mis ojos no se merezcan otra sesión más de ordenador. Pero ésa no es excusa. Porque aunque no haya escrito, me he seguido metiendo a Internet para ver otros blogs y otras cosas. Respecto a las novedades culturales en mi vida (qué pedante suena eso) he de decir que en el terreno musical he seguido con Jefferson Airplane, se podría decir que ha sido mi banda sonora del cursillo de inglés y demás. El disco Crown Of Creation, absolutamente recomendable. Sobre libros, me leí El Mundo, de Juan José Millás y también lo podría recomendar. No sé por qué pero yo me siento muy identificada con este hombre, en lo que dice y en la manera en que lo dice. Ahora acabo de empezar el libro de sus Articuentos, tras terminar La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. No está mal, aunque todo demasiado crudo. Me esperaba otra cosa, no sé exactamente el qué. Bueno ahora no tengo mucho más que escribir. Tengo sueño y estoy cansada. Anoche fui a las fiestas de mi pueblo y he dormido poco, aunque no mal… Me da vergüenza decirlo, pero me lo pasé muy bien durante la discoteca móvil, escuchando unas canciones que ya creía olvidadas, aunque, por lo visto, no suficientemente odiadas. Soy lo peor, pero me gusta una canción de bakalao que no sé cómo se llama ni nada, porque no tiene letra. La primera vez que la oí fue hace casi un año, en la fiesta de Tele... a la que acudí. Me pareció asquerosa, pero con cierto atractivo. Es ese amor-odio que experimento con algunas cosas. Me consuelo pensando que John Lennon dijo una vez que él valoraba algunas músicas electrónicas y demás.Bueno, la segunda vez que la escuché fue en la fiesta del periódico, por Navidades; la reconocí, y me acordé del magnífico día de Tele..., pero cuando llegué a casa ya no sabía reproducirla en mi cabeza. Otros días, sin ningún porqué, pensaba en ella, hasta que la logré reproducir de nuevo. Anoche la oí y no podría haber sido de otra forma: la disfruté como una insensata, bebiendo un ron raro de un cuenco extraño. Bailé borracha con un sombrero de vaquera en la cabeza que ¿brillantemente? nos compró mi amiga M. Pero lo mejor vino después. Ahora espero descansar y recuperarme, para seguir soñando mañana, cuando me despierte... Malas compañías![]() Por fin he escrito la crónica de un bar que le prometí a mi jefa hace un mes. Creo que me ha quedado bastante bien. Y como la inspiración parece que me está durando más de un día, voy a desplegarla aquí un poco. No sé qué tal quedará. Hace mucho que no escribo. Aviso que puede salir cualquier cosa. Los exámenes me dejaron exhausta y aún siento la resaca. Pero justo hoy, que he vuelto a las aulas, ha renacido mi espíritu crítico y observador. Quizá demasiado. He de reconocerlo. Soy mala. Y lo siento, pero así es. Hoy he empezado el curso de inglés intensivo. De tres niveles, estoy en el más bajo. Bueno, teniendo en cuenta que hacía cinco años que no daba inglés, es normal que sólo supiera decirle a mi entrevistadora cómo me llamaba y qué pensaba hacer en verano. Creo que me trabé y me puse muy nerviosa. Parece mentira que la admiradora de la lengua de los Beatles sepa tan mal hablarla. Pero aquí estoy para darlo todo como cuando iba a clase, o sea, como hace un mes. De 9.30 a 14.00 estaré, durante las próximas tres semanas, con Cristóbal y compañía, y luego, media hora para comer y vuelta a las malas compañías: ‘Jota Jota’ (como dice mi hermano) y cía. Esta mañana me había levantado de una manera extraña. El despertador, a las 7.30 había empezado a sonar, pero hasta menos 20 no he sido consciente de que ese ruido tan extrañamente bajito realmente era el despertador. Cuando llegué a C.Universitaria, como iba sobrada de tiempo (qué extraño en mí) me pasé por mi facultad a ver si había salido la única nota que me falta por saber. Vaya, la tipeja aún no se ha dignado a ponerla. Iré a la salida de inglés, pienso. Y me fui al aula en la que mi pituitaria iba a encontrarse con su peor pesadilla. Cuando entro en la clase, veo que todas las primeras filas están ocupadas, así que me dirijo a la última y me siento en una mesa que había libre. Al lado hay una mochila, pero da igual. Cuando empieza la clase, llega él. Yo estoy con los cascos puestos escuchando Foxy Lady (la versión de The Cure tributo a Jimi Hendrix) y por tanto no le saludo. Casi ni le miro. Pero cuando llega el profesor, me quito los cascos y el chico me mira y me dice muy cortado: Hola. Y Hola es lo que le contesto yo, parca y seca como no podría ser de otra forma. El profe dice que le entreguemos la ficha en la que hay que rellenar unos datos y pegar nuestra foto y yo (otra vez, sorprendentemente) la entrego. Muchos no tenían la foto pegada, así que el tío decía que no pasaba nada, que se la entregaran on Monday, pero yo, aunque no pasara nada por entregarla on Monday, LA HABÍA ENTREGADO. Esos momentos, para una persona como yo, son decidida, jodida y deliciosamente indescriptibles. Otra cosa ya era el libro de texto. ¡Ay amigo! Eso no lo había podido comprar ayer, así que tuve que ir ‘in break’ a comprarlo, aunque muchos también tuvieron que hacer lo mismo. Entretanto, el londinense empieza a hablar y me fastidia pero tengo que aceptarlo, sí, está diciendo que nos pongamos en grupos de tres a discutir las propuestas de la clase y a conocernos mejor. Bueno, quizá no sea tan mala idea. De esa forma mi pituitaria no sería la única que tuviera el privilegio de disfrutar de la delicia del amigo. En estas, el profe nos hace unas preguntas que tenemos que contestar entre nosotros, y sugiere que añadamos otras 3. Le gusta el número 3. El amigo no tiene ni pajolera de la lengua de los Beatles, pero chapurrea una pregunta para servidora y para la otra compi: Have you got a boyfriend? No, si no sabrá lo que es una esponja ni hacer la O (ou) con un canuto, pero espabilado, lo que se dice espabilado, el amigo lo es un rato. Tras la pregunta del millón, para más inri, el amigo añade in spanish un ‘hala, ya lo he dicho’, como le diría a sus colegas del barrio en una noche de botellón tras declararse a la juani de turno. La compañera y yo corremos un estúpido velo y cambiamos de pregunta, o mejor aún, le preguntamos al profe que si para preguntar eso se dice como lo ha dicho el amigo, o con otra construcción; y el tío nos dice que ambas son correctas, aparte de darnos aún más ideas para preguntar eso. Creo que tomó nota, el amigo. A las 11.30 hicimos un ‘break’ y nos fuimos a comprar el libro. Cuando volvimos a la clase a las 12 el olor era aún más pestilente, mezclado además con tabaco. ¿Por qué siempre se me juntan los/las que no se lavan? ¿Es que acaso tengo un cartel que diga: olorosos del mundo, pestilentes sin remedio, matavampiros de la Tierra, venid a mí? Bueno, el lunes intentaré una estrategia, aunque no sé si me saldrá, al fin y al cabo lo único desagradable es su olor y puede que, con un poco de suerte, los lunes sea el día asignado para el agua y el jabón. De todas formas, creo que cuando le dije, (in english) que a mí no me gustaba (como a él) la música house y ‘electric’ y que me estaba leyendo un libro del desconocido Juan José Millás, dejó de importarle si tenía o no boyfriend. Acreditada, palabra mágica![]() Ayer escribí todo esto y no me dejaba entrar el blog en lo de administrar. Vaya mierda. Para un día que escribo, que estaba emocionada y todo… En fin, ahora vengo de que mi hermana me haya pinchado la vacuna de la alergia. Sí, hay novedades en mi vida, de tipo sanitario casi todas. Lo más destacado es que cambié de médico-alergólogo y ahora me estoy vacunando contra esta mierda. A ver si da resultado. Hoy ha sido un buen día, en el trabajo y en clase. Bueno, sólo me falta comentar que finalmente sí suspendí el examen de cine y que me impactó un poquillo ver las dos ‘eses’ juntas al lado de mi nombre, por primera vez en la carrera. Pero ya me he hecho con el gran manual y voy a empezar a empollar desde ya. En definitiva, esto es lo que escribí ayer que se quedó sin publicar. Espero que os disguste lo suficiente como para no volver a pasaros por aquí. He dicho. ‘Acreditada’, palabra mágica (29-04-08) Bueno, bueno, bueno. Ya estoy otra vez aquí. Me parecía que llevaba una eternidad sin escribir, aunque tampoco llevo tanto, ¿no? El caso es que he querido, mil y una veces, escribir todo lo que se me pasaba por la cabeza estos días cuando iba en el metro, o todo lo que me pasó, por ejemplo, el pasado día 23 de abril, bendito día del libro… Resulta que ese día salí a trabajar a la calle. (Vaya, qué mal suena esto, a trabajar de periodista, quería decir, aunque no sé quién dijo que al oficio al que más se parece el periodismo es a ése en concreto, a ése en el que estáis pensando). Bueno, pues sí. Mi sueño de salir a cubrir algo cultural se había hecho realidad. Antes de nada, tengo que decir que me encuentro ahora mismo, desde el día 1, de becaria en la versión digital de un suplemento de mi periódico en el que siempre hay un poco de todo, (menos de literatura, que no se habla nada). La versión digital se centra en las cosas de carácter cultural que ocurren en Madrid, aunque también tenemos que editar las cosas de cine y teatro, etcétera, que aparecen en la versión en papel de dicho – no dicho en realidad- suplemento. Después de esta aclaración necesaria, y aunque me habría gustado mucho más escribir esto el día en que ocurrió todo o, a lo sumo, un par de días después, voy a proceder a hacer ahora mi crónica no oficial de lo que aconteció ese 23 de abril. Todo empezó mal y de forma extraña. En la cuesta de Moyano había quedado con la mujer cámara que iba a ir conmigo. Pero no aparecía y yo me estaba muriendo de calor. Hacía un sol de vértigo y donde los libreros estaba todo lleno de gente que se arremolinaba en torno a libros que no conocía y también estaba todo lleno de moscas que se posaban, iban y venían, y que también se estaban muriendo de calor. En esto, veo que emerge de una de las casetas un profesor que tuve el cuatrimestre pasado, y que me saluda efusivamente, sin acordarse de mi nombre efusivamente. Y sabiendo –ambos- que me había puesto sólo un aprobado porque yo no le había hecho la pelota como el resto. Me saluda y me dice que si estoy ahí trabajando (¡cuál sería mi cara para deducir semejante evidencia!) Y nos quedamos un rato hablando allí de nada en concreto. Eso sí, tuve que comprarle un libro de César González Ruano. Me dijo que conocía a la mujer que llevaba la prensa del Ayuntamiento y me llevó con ella a lo de las acreditaciones. Pedí la mía y la de mi compañera, - que llevaba casi media hora de retraso-. Como no nos conocíamos, la mandé un mensaje al móvil con una descripción minuciosa de mi aspecto aquel día: “llevo un bolso azul, pantalones negros, gafas rojas y una coleta. Y un cuaderno en la mano.” Dios, sólo mientras lo escribía, es decir, al verlo así escrito, me di cuenta de las pintas que debía de llevar y de la conjunción de colores tan extraña que vestía. Pero a la vista quedaba bien; quiero decir, que aunque llevara esos colores juntos, cuando salí de casa me vi normal y nadie me dijo nada. Bueno, pues a pesar de la detallada descripción, la mujer no me veía y me tuvo que telefonear. Hasta que por fin nos encontramos. Me pareció una mujer tranquila, amable, de unos 40 años, pelo corto y aspecto sobrio, tan sobrio que nunca la veía cuando salíamos de los actos y sólo cuando la tenía delante de mis narices me daba cuenta de que era ella: “¡ah, estás aquí, color beige indescifrable!”. Empezamos grabando cosas de los libreros y yo, como una boba, no hacía más que seguirla. En vez de buscar mi propia crónica, me iba a todos lados con ella y no preguntaba nada a nadie. De pronto, un montón de periodistas de un montón de medios rodeó y acorraló a un señor que debía de ser alguien importante, aunque lo único claro que dijo fue: “hay que leer mucho”. Y se compró un par de libros mientras le seguían todos mirando embelesados. Mi cámara y yo no nos enteramos de casi nada pero ella consiguió entrevistarle de nuevo. Yo, me limitaba a observar. Cuando acabó esto, nos montamos en EL AUTOBÚS. Sí, un autobús como el de la obra de Tom Wolfe, en el que sólo estabas si eras importante. Yo, aunque no os lo creáis, lo era. Y por eso estaba dentro. Una vez en el bus, había que entablar conversación con mi compi, que cuando escuchó ‘la bronca’ que me echó mi jefa por teléfono, se convirtió ya en una especie de madre para mí, para siempre. Tengo que decir que yo fui de enviada especial pero que, en realidad, la crónica no la iba a escribir yo. Mi ‘pluma’ había quedado reducida así a una mera conversación telefónica con mis superiores. Cada vez que salía de un acto, tenía que llamar para contar pinceladas sueltas y sin gracia procedentes de mi gracioso cuaderno de notas. Cuando transmití lo del hombre importante con el que, después de todo, íbamos a ‘viajar’ en el autobús, me regañaron por no enterarme de qué libros en concreto había comprado ese tío. Vaya, y también por no contar nada interesante. Bueno, pues me aturdí y estresé tanto por la bronca, que cuando llegamos al siguiente destino y fui al baño, pude ver, al mirarme al espejo, que me había salido una calentura en el labiode arriba. Rara vez me pasa, pero dicen que suele ser por tener las defensas bajas o por estar sometido a situaciones de mucho estrés. Bien, pues en mi caso quizá fueron en realidad las dos cosas. Cuando me regañaron, bajaron tanto mis defensas, que me hundí y me sonrojé ya para el resto del ‘viaje’. Pero mi compi me tranquilizaba: “vaya por dios, si es que a veces no os dejan demostrar lo que valéis…” Sin embargo, he aquí la heroína en que me convertí cuando fui capaz, en medio de un montón de compañeros con cámaras y grabadoras de radio, de hacer preguntas a Soledad Puértolas, a una escritora con la que teníamos que encontrarnos –según el recorrido del autobús- en una librería. Además de esto, pude coger por banda al señor importante, que se acababa de comprar otro libro y preguntarle, no sólo cuál era, sino cuáles eran todos los que había ido adquiriendo en Moyano. Me sentía tan acelerada que no era consciente de lo que yo misma decía, ni de las caras que ponía cuando hablaba, (notaba mucho calor en los mofletes y la cosa en el labio seguía estando ahí seguro). Tampoco quería ser consciente del calor ni del agobio que sentía. Además, iba cargada con una bolsa que nos dieron en la que había un dossier y un chaleco salvavidas, por si llovía, o por si te hundías, supongo yo. Por otra parte, llevaba mi propio bolso azul y el cuadernito en la mano. Recuerdo que entrevisté también a un tipo de unos 30 años que estaba tomándose algo en ese bar-librería y que se encontraba sentado leyendo. Después de unas cuantas preguntas, en las que me vino a decir que la iniciativa del día este de los libros le parecía una chorrada, me cogió la acreditación para ver de dónde era y me confesó que él también era periodista, que conocía a un montón de gente de mi medio de los que yo no tenía noción. Y acabó entrevistándome él a mí: que si dónde estudiaba y que qué suerte tenía de estar haciendo prácticas antes de terminar la carrera, que antes no era tan fácil. Pero nos interrumpió el claxon del autobús, que partía ya hacia un nuevo e inquietante lugar. ¿Qué sorpresas me depararía? Bueno, es mentira, no sonó claxon ni nada, sólo el bufido de la coordinadora, que avisaba a la tropa, como cuando ibas de excursión con el colegio. En fin, esto lo superé y me fui más tranquila, (después de telefonear de nuevo y obtener un “muy bien”), al siguiente acto que me esperaba. No obstante, los nervios no se aplacaron así como así, y aunque lo del labio remitía, me preocupaba su existencia y en lo que pudiera llegar a convertirse. Lo siguiente era Juan Gelmán, en el Círculo de Bellas Artes. Cuando entré, mostré la acreditación colgada del cuello (se me ha olvidado decir que cuando me la dieron no sabía cómo hacer para que se quedara en la tira que se colgaba en el cuello, aunque lo conseguí finalmente, pero era una chorrada que también me llegó a estresar y que me daba vergüenza preguntar. Seguramente un mono habría conseguido hacerlo antes que yo…). En fin, lo de J.G no estuvo mal. Estuve incluso entrevistando a gente que había ido a verlo, aunque luego no valiera para nada, pero me aseguré de tener material suficiente y de tener todos los flancos cubiertos para no llevarme otra bronquilla. Para terminar de estresarme, la conferencia de Houellebecq. Mi cámara y yo llegábamos tarde y casi no nos dejan entrar. Pero, al fin y al cabo, éramos de un medio importante. Y como éramos importantes, teníamos que estar ahí. Así que lo estuvimos. Para entender al tipo había que coger unos cascos, que te los daban a cambio de tu DNI. Todo lo que dijo el tío me hizo gracia. No fue la típica conferencia rollo. Como supongo suele ser típico en él – no he leído nada suyo, aunque tenía constancia- no paró de hablar de sí mismo, de lo que leía de pequeño y de cómo le había marcado. He de decir que la sala estaba llena hasta los topes y que incluso había gente de pie y que por la aglomeración, incluso olía un poco mal. Aquí no paré de copiar como una loca en mi cuadernito. Mi actividad frenética de la tarde no iba a terminar así como así. No veía cerca aún el encuentro con ese estado de paz que sólo conseguiría cuando llegara a casa y me diera una ducha. Lo del labio mejoraba pero seguía teniendo mucho calor. Cuando acabó la conferencia, me costó salir, hacerme hueco entre toda la gente que también quería abandonar el edificio, y estuve a punto de utilizar la acreditación para colarme pero me pareció excesivo e injustificado y aguanté un poco de cola -aunque acabé pasando por delante de la gente de manera un poco disimulada-. Pero lo del DNI ya fue el colmo. El numerito que llevaban los cascos no se correspondía con la casilla donde estaba el carné, y todo el mundo buscaba el suyo como loco para poder salir. Tardé en encontrar el mío, con la inestimable ayuda de la chica que llevaba el asunto, y finalmente lo tuve en mi poder. Salí al encuentro de mi señora cámara, que se había ido a tomar algo a los 5 minutos de conferencia, porque consideraba que ya había grabado bastante a Houellebecq. Lo último, el concierto de Patti Smith. Estuvimos poco rato pero fue intenso. Sobre todo teniendo en cuenta que habíamos andado bastante hasta que llegamos hasta allí, (más de lo que deberíamos) y que estábamos muy,muy cansadas. Además, la jefa no paraba de llamarme para que la contara algo de Houellebecq. Resultado: acabé en el suelo, en medio del concierto, agachada o de rodillas directamente, -no me acuerdo-, con el cuaderno abierto y pasando hojas hasta dar con algo coherente de Houellebecq. Gritando, con el fondo de la música aullando tras de mí. Y lo peor de todo era intentar ver, leer algo, detectar lo importante de toda esa marea de letras bajo la oscuridad reinante del concierto. Pero de pronto, sin creérmelo aún, todo pasó, y los poemas y canciones de Patti me tranquilizaron, me dieron la clave para volver a la normalidad y me dije: “ya he cumplido. Ya me puedo ir a casa”.
** FOTOGRAFÍA: Michel Houellebecq. Mi examen de cine documental colonial español hasta 1939![]() Acabo de llegar de hacer un examen. Llueve y hace frío. He dormido poco y es sábado. Nadie entiende que hayamos tenido que hacer hoy un examen. Ya es mala leche. Un examen de cine informativo español, que es una asignatura optativa que tengo este cuatrimestre y que me gusta mucho. Sólo he faltado dos días a clase. Uno de ellos, estaba mala. El otro, también. Fueron en concreto los días 26 de febrero y 4 de marzo. Así lo recuerdo. Y recuerdo que el 26 falté por el maldito debate Mariano-ZP que tuvo lugar el día anterior, por lo que me hicieron quedarme hasta las tantas en el trabajo. Y cuando me levanté, me levanté mala. Y ahora que lo pienso, el día 4 también falté por el segundo maldito debate. La política y el periodismo, definitivamente, son los culpables de que tenga que faltar a clase de vez en cuando. El periodismo sobre todo, porque estoy harta de trabajar y estudiar a la vez, y he tenido que faltar jueves y viernes a mis clases favoritas de literatura y agencias para estudiar esto, o sea, para estudiar cine. Ayer, además, pedí la tarde libre a mi nueva jefa para poder estudiar, y me la dio. Ya había estado estudiando un par de días en Semana Santa las fotocopias que me hice de un libro en el que estaba más o menos la mitad de lo que son los apuntes. Na, 15 hojas en total, aunque había que ampliar un poco. Las cosas se tenían que torcer mucho para que no sacara el examen con sobresaliente. Aun así, voy a suspender el examen que acabo de hacer. Y no es porque no pidiera los apuntes que me faltaban (que los pedí, aunque no sé de quién son, si lo supiera, le habría dicho a esa persona (o no), que no se escribe surrealismo con ‘b’, ni eslabón con ‘v’). Tampoco será porque no he puesto interés en la asignatura. Pero ayer, en medio de la paranoia esquizoide de la víspera, me decía, una y otra vez, “como ponga el cine colonial la denuncio, ¡la denuncio! ¡No puede hacer eso!”, y me intentaba convencer de lo contrario, de algo que yo pensaba era evidente, más que sobradamente probado: “no, es imposible que ponga el cine colonial, no puede ponerlo, pudiendo poner tantas y tantas otras cosas: el sistema Lumiere en España, la propaganda de Primo de Rivera, lo de Velo y Mantilla y “Las Hurdes” de Buñuel, el cine republicano en la guerra civil, el cine franquista….”. En los apuntes, el cine colonial pasaba casi desapercibido, de hecho cuando yo lo vi en el programa me sonó a chino. Y si lo dio, lo debió de dar o el día 26 de febrero o el 4 de marzo. Los días de los malditos debates. Maldita suerte la mía. Lo que me dejaron de apuntes era un esquema incomprensible. Con 4 títulos de películas y dos o tres ideas. Nada importante. No se me quedó la esencia. Pero claro, pudiendo preguntar “Las Hurdes”, documental que me encantó y al que le dedicamos 2 clases, ¡2 clases! O cualquier otro tema del que hemos visto documentales... O cosas de la Guerra Civil. Me recuerdo ahora con tristeza e ingenuidad en el día de anoche, memorizando una hoja llena de películas, autores y fechas de la producción anarquista en la guerra. Otra, de la producción comunista con todos los organismos que producían. Otra, de la producción gubernamental (incluidos Generalitat y Gobierno Vasco) y otra de los franquistas y falangistas. Todo estaba controlado. Incluidos los primeros tiempos del cinematógrafo y lo de la República. Del cine colonial me leí la hoja que tenía una sola vez, pero no quise profundizar ni memorizar porque iba a perder tiempo para estudiarme bien lo otro, todo lo que, seguramente, iba a poner por narices. En el manual tampoco venía eso. O venía en el manual que yo no cogí, claro. Porque había 2. En fin, que se han dado todas las circunstancias para que cuando la profesora esta mañana, a las 10 en punto, le ha dicho a un chaval que sacara de un cucurucho de papel un papelito con un número y haya dicho que ese número era el 7, ‘el cine colonial’, yo gritara “¡cambio, cambio!”, y un murmullo de indignación general se apoderara de la sala. Una chica, más civilizada que yo, levantó la mano y preguntó si nos daba otra opción o algo, pero la tía dijo que no, que había sido un sorteo y había tocado así. Eran lentejas. Si te sabes el cine colonial, bien si no, te jodes. Así de sencillo. Un ataque al corazón estuvo a punto de darme. No sin antes pasar por las necesarias fases de negación, incredulidad, impotencia, dolor y desolación. Y continué diciendo cosas en alto. No en vano me había sentado atrás del todo y constituía ese ‘fondo sur agitador y perturbador’ al que en pocas y contadas ocasiones he pertenecido. "¡Esto es indignante!", decía, sin pensar en las consecuencias. O, cuando ella salió por la puerta y nos dejó con un vigilante barbudo y con el pelo largo para peinarse de lado y tapar entradas, y dijera "que tengáis suerte", yo contestara, "¡sí, la vamos a necesitar!". Mis amigas se preguntaban: “¿Qué la pasa?”. “Pues que se ha estudiado todo menos el cine colonial”, contestó otra. “Ah…vaya”. Pero la de al lado, una chica a la que he conocido hoy, intentaba animarme: “Sí mujer, el cine colonial, lo de la Paz en Marruecos y eso”. Y yo: “sí, si ése es el único título que me sé, pero ¿de quién es?”. Y ella: “Ah, eso ya no sé decirte”. Pues nada. Total, que he hecho el examen más cutre que yo recuerde. Va a ser, con toda seguridad, mi primer suspenso de la carrera. He estado a punto en otras ocasiones, en otros cursos, aunque siempre me quedaba algo de esperanza. Y al final, aprobaba, y con nota. Pero hoy es diferente. Un examen sin ninguna seguridad, en el que las frases y las ideas construidas eran del tipo: “otros documentales producidos en esta época fueron los de Guinea Ecuatorial, que parecían turísticos pero eran sobre todo propagandísticos”. “También, documentales sobre Tetuán, etcétera”. Así, habiendo dicho ya una y otra vez que se hacían para la propaganda de Primo de Rivera... Y nada más, ideas vagas, ni idea de los títulos, de las fechas, ni de los autores. Un desastre total. Y encima el epígrafe era “hasta 1939”. Me parto. No, pero el único consuelo que tengo (no, no es el “mal de muchos”, aunque muchos se hayan ido como yo a los 40 minutos de que empezara el examen. Yo, por vergüenza, no me fui a los 15). No, el único consuelo que me queda es que este examen era un parcial, que puedo recuperar el 3 de junio con el resto del temario que demos de aquí a dicha fecha. El problema es que ese mismo día tengo el examen de literatura. Y qué narices, que he perdido tiempo estudiando estos días, que he faltado a clase, (¿habrán dado en literatura ayer la literatura colonial española también?), que anoche me estresé y he dormido poco, y que me he mojado los pies yendo a la facultad un día frío y lluvioso nada más que a hacer el ridículo. Pero cuando iba en el metro, así de entristecida, se me ocurrió hacer un post sobre ello. Y decidí sacarle algún provecho al fracaso. Al desastre. Bueno, un desastre que no creo sea tan gordo como el de Annual, que he escrito para finalizar los cuatro párrafos absurdos que he dejado caer por no dejar la hoja en blanco. Que se divierta la doctora. En busca del tiempo perdido![]() Sabía que iba a hacerlo al final. Hace unos días me dieron ganas de volver a escribir, pero no he tenido tiempo y, un día por otro, lo he ido dejando. La costumbre ya, quizás. En el fondo lo que quería era ver cuánto aguantaba sin escribir en el blog, pero finalmente, viendo que han sido tres semanas y un poco, y también gracias a algunos comentarios y algunos ánimos que he recibido de alguien en persona, he decidido retomar esto. Además, ahora que lo pienso, al decir que lo dejaba me he mostrado un poco soberbia, (por decirlo de alguna manera), en plan: aviso de que lo voy a dejar, o no… no lo sé aún, no sé si para siempre, pero amenazo con dejarlo para ver qué pasa. No lo hice por eso, sino para creerme yo un poco más lo de que lo dejaba, al ver ahí mi sentencia cuando entraba de vez en cuando al blog. Hombre, tengo que confesar que sí esperaba recibir algún comentario, al menos dos o tres. Y también me ha sorprendido ver el comentario de alguien que no me conoce y ha decidido dejarse caer por aquí más de un día. Por otra parte, esperaba también algún comentario en plan: “¡pues sí, ya era hora de que te fueras a tomar por culo, cansina tocapelotas!”, que finalmente no he tenido. Por cierto, además, el otro día, cuando le comenté a mi hermano que me van a cambiar de trabajo (bueno, sigo en el mismo sitio, aunque a partir del 1 de abril ¡¡ya no voy a corregir!! ahora, en teoría, ¡¡voy a escribir cosas!! en un suplemento de ocio y cultura en general que se vende con el periódico cierto día de la semana). Bueno, pues cuando se lo dije a mi hermano, va el tío y me suelta: “pues ahora podrías hacerte un blog”. A lo que contesto, con una sonrisa de incredulidad: “sí…podría”. Pero él continúa, incisivamente: “Ah, si ya te hiciste uno una vez, ¿no?”. (Se lo dije cuando lo creé y se metió un día). Y yo, “sí… me hice uno”.Y aquí se acabó. Fin de la conversación.
La verdad es que estos días, aunque no haya escrito aquí, no he dejado de escribir mentalmente. Sí, ya sé que no es lo mismo, pero en el fondo he pensado y he analizado muchas de las cosas que veo cuando voy por la calle, muchas de las cosas que dicen nuestros profesores y muchas de las cosas que se me ocurren porque sí, sin más. Por ejemplo, esta mañana una de mis profesoras (la más competente, no la otra) nos ha dado una clase magistral de Nietzsche. Cuando ayer preguntó si le habíamos leído, sólo levantó la mano la empollona de la primera fila para decir que se había leído Así habló Zaratustra. (Sí, lo sé, es ponerme a escribir y empezar a meterme con la gente, no lo puedo evitar. En fin, seré una cobarde; o que simplemente decir lo que son las personas no es más que un epíteto. Es como decir “la blanca nieve cubría los tejados del pueblo en que nací”. En realidad, blanca aquí no es ningún adjetivo. Es lo que es, y ya está. La pura realidad). Pues bien, nadie más, aparte de la empollona, dijo nada, y yo estaba pensando: “si es que, ¿cómo voy a decir que me he leído el de Zaratustra y el de El Nacimiento de la Tragedia si no me acuerdo de casi nada? ¿Si ni siquiera recuerdo haberme enterado de algo mientras lo leía? Sí, quizá sí me enteré, pero ahora mismo no sabría explicar nada sin volverlo a leer, a pesar de que Nietzsche me gusta y en selectividad saqué la nota más alta en Filosofía gracias a él. (Sí, soy muy lista yo, ya me estoy flipando). Bueno, aparte de todo esto, la profe que nos hablaba de Nietzsche decía que Nietzche decía que podemos hablar alguna vez ingenuamente, pero que nunca, nunca, nunca, escribiremos de manera inocente. En ese momento me dieron más ganas aún de recuperar el blog. Porque quiero seguir proyectando toda mi intencionalidad a través de la escritura. Y quiero ser, (como nos contó el otro día la profe de literatura española del siglo XX hablando de Unamuno), una escritora vivípara y no ovípara. O sea, que más que empollar algo y tomar notas antes de escribir, voy a seguir haciendo lo que, por otra parte, he venido haciendo siempre: sentarme a escribir… y lo que salga. Así, un poco al tuntún. Me gusta bastante improvisar. En realidad no podría hacerlo de otra manera. Y aunque muchas veces me he recriminado esto, al leer cómo el genial Unamuno justifica su nueva intención de convertirse en vivíparo (confesó haber escrito Paz en la guerra ovíparamente), me he sentido legitimada a seguir haciendo esto tal y como lo estoy haciendo.
En fin, serían muchos más los ejemplos de cosas que me apetecieron escribir en su día y no lo hice. Y aunque quizá alguien pueda pensar que el tiempo perdido no se puede recobrar, el no haber escrito me ha podido proporcionar ciertas cosas que ahora quizá no se puedan apreciar a simple vista. El tiempo nunca es perdido.
** Por cierto, no dejéis de escuchar a Cat Power, en concreto su nuevo álbum Jukebox. ![]() Es domingo por la tarde. Son las 20.14 horas y en este momento me estoy preguntando muchas cosas trascendentales que, (como todas las cosas trascendentales) quizá no tengan explicación. ¿Por qué nadie escribe ya en mi blog? Desde que lo hice tuve la sensación de que triunfaría si hubiera comentarios, como en otros blogs. Sin embargo, pronto fui consciente de que el número de comentarios no tenía nada que ver con la finalidad de un blog ni con mi necesidad de seguir adelante con él. Pero ahora, al ver las estadísticas, la pregunta de por qué nadie colabora ni aporta nada se hace aún más oportuna. Últimamente me ronda la sospecha de que personas que me rodean, sin ningún tipo de cariño (aunque sí con dedicación), leen mi blog a menudo y lo buscan en google. ¿Quiénes son y por qué no tienen suficiente con leerme un día, y siguen entrando? Me ha extrañado también que mucha gente llegue a mi blog buscando cosas de música, de cine, o incluso de literatura. Y es normal que si sólo van a ver una página, no comenten nada ni hagan un seguimiento (como he hecho yo en otros blogs, en 1 o 2, concretamente). Pero escribir y lanzar una cosa a la blogosfera, aun sabiendo que me pueden estar leyendo millones de personas (o precisamente por eso), me produce últimamente una inexplicable y enorme sensación de soledad. Es como confesar cosas íntimas a un interlocutor enemigo, o al que no le importas en absoluto. Es como venderte. Vender tu alma. No sé, quizá no sepa explicarlo. Pero es así. Y lo de no saber ni quién me lee ni qué piensa de todo esto quien me lea, también me produce una sensación de estar desarmada ante ciertos peligros. Quizá sea hora de dejar esta aventura. Algún día tenía que llegar el momento. Al fin y al cabo, cada vez escribo menos, y mucho de lo que publico lo hago a los 3 días de haberlo escrito, porque siento que no merece la pena o porque, sencillamente, me da reparo, aunque no suponga, en un principio, ningún agravio para nadie. Quizá mis palabras, sean las que sean, en sí mismas, ya son un agravio, o ésa es al menos la sensación que tengo yo. O sea, que es la realidad. Sí, quizá haya llegado el momento de dejarlo. Al menos por un tiempo. Escribir forzada es lo que ya no pienso hacer. Y menos cuando tengo poco tiempo para ello. Ellos me hacen feliz![]() Venía en el metro mirándome en el cristal de enfrente y sorprendiéndome a mí misma, pensando: ¿Qué cara tendré cuando escribo delante de la pantalla del ordenador? Si lo hiciera más a menudo, como antes, quizá podría recordar o intuir –recordar la intuición de- ciertos gestos, o algo así. Pero no, ahora que intento analizarme -no tengo, evidentemente, ningún espejo enfrente, sólo la pantalla de mi ordenador nuevo y la pared con recortes de los Beatles y un mapamundi-, creo que estoy con los ojos muy abiertos y con el ceño fruncido, no exactamente como cuando te enfadas porque se te olvide el móvil cuando ya has salido de casa y vas por la calle o como cuando tu compañero de trabajo te habla de cerca y notas/constatas que no se ha lavado los dientes después de comer. No, no es un ceño de cabreo, sino más bien de concentración. Quizá, cuando se me ocurre alguna idea ingeniosa mientras escribo –no todo lo tengo previamente en la cabeza, o si lo tengo le acabo dando una forma diferente- el ceño cambia y se convierte en un gesto que expresa una mezcla de felicidad y satisfacción, que no se traduce en sonrisas, sino más bien en una mueca de aprobación – de aprobación a mí misma-. Hace tanto que no escribo con regularidad, que me cuesta saber dar el punto exacto al sentido de lo que digo o la correcta concordancia a las frases que estoy escribiendo. Me han dicho que debería escribir más, pero últimamente me he encontrado con limitaciones que podrían entenderse mejor como excusas –falta de tiempo, exámenes, estrés, cansancio- y que realmente se refieren a una inabarcable falta de inspiración. (¿Puede ser inabarcable una falta de algo?) He leído poco, además, estos días. Por fin me terminé en Navidad Ponche de Ácido Lisérgico de Tom Wolfe, que os lo recomiendo si tenéis narices y aguantáis esa forma de escritura, amén de las 450 páginas en las que –casi- nunca pasa nada. Y ahora estoy con La Señora Dalloway de la cansina de Virginia Wolf. La verdad es que esta tía escribía lo que se le pasaba por la cabeza y se quedaba tan ancha. Más o menos como lo que hago yo aquí (la diferencia es que ella lo hacía mejor, claro). He dicho que es una cansina pero en realidad me gusta cómo y lo que escribe porque muchas veces no lo entiendo. Sí, parecerá una paradoja, pero está todo lleno de metáforas y muchas veces el sentido que les da ella sólo lo entiende ella, no yo. Pero me lo imagino y le doy otro sentido, lo aplico a lo que a mí me da la gana, a lo que me ha pasado alguna vez o al sentimiento que he tenido algún día y que ahora no recuerdo y que nunca supe expresar con palabras ni con imágenes. Wolf se mete en las cabezas de los personajes y sabemos exactamente lo que piensan y lo que sienten. Bueno, creo que voy a dejar esta retahíla de temas inconexos y diré por fin que mañana vuelvo a las clases –nuevas- y espero que –de alguna manera- me gusten. Debería irme pronto a dormir porque me espera una semana de aguante y no quiero estar mohína. Entre ayer y hoy he aprendido a hallar la felicidad en las pequeñas cosas que hacen la vida –mi vida-. Y me he encontrado entusiasmándome ante la idea de –antes de meterme en la cama y arroparme con una cálida mantita- despertarme por la mañana y tomarme un café con galletas o ante la idea de ir a trabajar un domingo después de haber comido con mi familia un cocido. Y darme una ducha relajante antes de ponerme el pijama y escribir aquí, habiendo llegado a casa sana y salva, sin jaqueca y con un SMS en el móvil. P.D: La foto responde a la felicidad que me proporciona contemplar un buen ejemplar de hipopótamo. Sí, nunca lo había dicho aquí, pero los hipopótamos también me hacen feliz. Volvió a casa... pero no para quedarse![]() Vengo ahora mismo de recoger de comisaría el bolso que me robaron. Después de más de un mes, recibo ayer la llamada de un policía en la que me dice que lo tienen. Por fin cogí el teléfono después de un par de días en los que me llamaba ese número y siempre estaba dormida, o haciendo algo, y yo pensaba que era mi compañera de clase con la que tenía que entregar un trabajo. En total me llamó tres veces a lo largo de día y medio, ese número. Una voz de hombre mayor, campechana y entrañable al otro lado del teléfono, cuando contesto “¿Si?”, me dice que “por fin, ¡ha habido suerte!” (…) “Tenemos aquí tu bolso, negro, grande; tienes el DNI en la cartera junto con más papeles y una botella de agua, que me la he bebido ya entera desde que te estamos llamando y no lo coges”. (Hala, qué exagerado el hombrito, pienso yo). “Bueno”, (continúa), “también tienes aquí un aparato…” Y yo, con un emocionado tono de voz, casi gritando: “hala, ¿el mp3?”. Y él: “no, no, un aparato de esos, así… de esos como para respirar”. (Ah coño…. El jodido ventolín, que lo suelo llevar en el bolso por si algún día me entra mucha alergia y lo tengo que usar. Vaya mierda). Bueno, aun así, esta mañana he ido con mi madre a por el maldito bolso. Estaba el hombrito, que muy amablemente nos lo ha dado. “¿Eres Sonia, verdad? “Sí”, le contesto. “Lo digo por la pinta.”, me dice. Y me imagino que dirá eso porque ha visto mi foto del DNI, no por la pinta de “robada”. O más bien, porque una mujer de 50 y pico años, o sea, mi madre, no iba a ser Sonia, así que tenía que ser yo. Nos llevamos el bolso a casa con cierto asco y cuando llegamos procedemos al análisis: con guantes de plástico en las manos, miramos todo lo que había en los mil y un bolsillos que tiene (o mejor dicho, tenía) el maldito bolso. Lo curioso es que el DNI estaba (con dirección de mi pueblo), la tarjeta de Universidad estaba, la Sanitaria estaba, la del trabajo estaba, pero no las llaves de casa, que, por cierto, los ladrones lo habrán flipado si han apuntado la dirección y han ido a mi antigua e inhóspita casa de la sierra. Otra curiosidad es que el libro que llevaba dentro y del que me examinaba cinco días después de que me robaran, tampoco estaba. ¿Para qué coño querían los ladrones un libro de liderazgo? Bueno, la teoría de mi madre y del poli es que la persona que entrega el bolso en comisaría “le pega” otro “repaso”. Así que igual el/la que ha efectuado la entrega es una persona interesada en temas de empresa y liderazgo profesional. Y no pudo resistir la tentación de quedarse con ese genial e interesantísimo ejemplar de John Adair, el experto en liderazgo centrado en la acción. Nunca se sabe. Otra curiosidad es que el abono transporte sí estaba; aunque nos dimos cuenta después, al proceder al análisis mi madre y yo, de que el billetito de enero sí que se lo habían agenciado los ladrones. Después estaban mis pintalabios preferidos (a la basura han ido todos) y el stick anti dolor de cabeza, (a la basura también). He encontrado también, en la cartera, el ticket de 20 euros del taxi de aquel día, que lo tenía que entregar en el trabajo y en su lugar les facilité una copia de la denuncia; el programa de la exposición de Roma SPQR que había ido a ver el día de antes, también estaba. Y un paquete de chicles, y un lápiz con el que iba subrayando el libro del examen. En fin, muy curioso todo. ¿Dónde habrá estado durante estos 30 y tantos días mi bolso? ¿Por qué manos habrá pasado? ¿Por cuántas? ¿Y qué habrán pensado los ladrones al ver y, a su vez, analizar mis cosas? ¿Habrán disfrutado las 143 canciones que había en mi mp3? Ahora tengo que ir con uno viejo en el que entran sólo 26, y que encima va a pilas, no con cargador como el otro. Así que ya sabéis qué regalarme para mi cumple. He dicho. ** Ah, ya terminé los exámenes, el jueves pasado. Y después de unos días de inexplicable bajón, estoy mejor y ya me creo que por fin haya podido dejar de lado las pilas de apuntes y de libros sin leer. Me han dado una nota, del que -creo- es el que peor me salió, y estoy aprobada. ¡Yoho! Ahora sólo falta irme de viaje ¡a París! Loca![]() Creo que me voy a volver loca. Nunca me había pasado lo que me está pasando este año con los exámenes. Llevo un tiempo sin escribir aquí con el fin de no perder tiempo, pero he llegado a la conclusión de que dormir, descansar, desconectar y desahogarse son maneras de que también se te “quede” la lección. Parecía que lo peor había pasado con los exámenes del viernes y el sábado, pero cuán es mi sorpresa cuando descubro que he caído en la trampa del señor C. al pensar que su examen sería uno de esos en que te lo lees, llevas los apuntes al examen y empiezas a divagar de la manera en que a él seguro que le gusta. Quizá sea verdad lo que estoy diciendo, mañana lo comprobaré. Pero la ansiedad que me sobrevino ayer,-una crisis peor aún que la del viernes noche ante la inminencia de aprenderme H. de la P.- me hizo reflexionar sobre algunas cosas. Si tanto me importaban los exámenes, ¿por qué no he empezado a estudiar antes? Sí, ya sé que he estado trabajando, haciendo trabajos de clase para las asignaturas en que no hacían examen y descansando. Pero sabiendo que tenía los exámenes tan mal colocados… quizá debería haberme imaginado antes todo esto. Por otra parte, no recuerdo haberme agobiado tanto como este año con el tema de los exámenes. Y recuerdo aquellos felices días en que estudiaba lo que podía – o lo que quería- y el día de antes me conectaba al Messenger como si nada o me ponía música para estudiar y me dormía a las 12 como una señora, y no madrugaba jamás para estudiar. Y luego llegaba y sacaba un notable. También hay que decir que la mayoría de las veces he tenido suerte. Y cuando me atacan las crisis de ansiedad –después de la gastroenteritis, anoche me salieron manchas y granos rojos por la cara que ya se me han quitado y empecé a respirar mal- para tranquilizarme pienso en aquellos también felices días en que me dejaba para el último día las 50 hojas de integración europea y me las aprendía y luego sacaba –eso sí, y gracias a dios- un 5. O cuando nos hicieron en Historia un examen con apuntes y habiéndomelo estudiado dos días y sin haberme leído entero el libro que mandó el profesor alto y feo, estuve entre los 6 que aprobamos. Si he sido capaz de hacer eso, me digo, ahora también podré con esto. Siempre he pensado que el asunto de los exámenes no es de suerte o no suerte, sino que tiene que ver más bien con el concepto de justicia. Si has ido a clase, has aprendido y has dedicado un mínimo de tiempo de tu vida a prepararlo, aprobarás. Sin embargo, ahora estoy poniendo en duda esa idea, aunque los dos últimos y primeros exámenes que he hecho han contribuido ligeramente a que me quite de la cabeza esa idea de catástrofe. Veremos el jueves cuál de las dos ideas ha ganado este año… Cultureta y gafa-plastaEstaba haciendo que hacía un trabajo, bueno, mejor dicho un artículo, sobre las desigualdades mundiales en el aspecto digital y todo ese rollo, algo que no hemos dado nunca a lo largo de estos cinco años de carrera… Y me he dicho “qué narices”, voy a escribir sobre otros temas, que es lo que realmente me apetece hacer ahora mismo, en medio de una maraña depresiva resacosa y amenazantemente pre navideña. Mi hermano se ríe de mí porque digo que no me gusta la Navidad, dice que es una actitud que tomo porque es lo que se lleva en los círculos “culturetas” y “gafa-plastas” (que no gafa-pasta) en los que, según él, yo me suelo mover, o, al menos, a los cuales deseo “pertenecer”… Pero lo de que no me gusta la Navidad me viene ocurriendo desde hace unos cuatro o cinco años y es algo que no puedo evitar. Me alegan que no tengo razones para odiarla, pero a mí eso me da igual, es la sensación inexplicable que tengo, una sensación de agobio, de tristeza, de impotencia y de desazón, de amor-odio hacia todo lo que me rodea… Y el caso es que el otro día, meditando sentada en la cama después de comer sobre por qué no me gustan estas fechas, me di cuenta de todas las cosas malas que me han pasado – y aún me pasan- en Navidad y que claramente me han hecho odiarla. ¿Cómo me va a gustar la Navidad si el único año que he salido en Nochevieja acabé absolutamente embriagada y rodeada de patatas, y llorando desconsoladamente ante la pasividad de la que entonces era mi mejor amiga, y manchándome mi abrigo preferido de chocolate con churros, y quedándome, al día siguiente, el día 1, en casa con mis padres viendo Dirty Dancing y leyendo después El Criticón de Gracián metida en mi habitación, sometida a la gran resaca depresiva de las copas del día anterior? ¿Cómo me va a gustar la Navidad si soy una pobre becaria –y al revés- a la que le duele más que a nadie “rascarse” el bolsillo? ¿Y a la que cada vez se le exigen más regalos y más detalles? ¿Cómo me va a gustar la Navidad si todo el mundo se vuelve tonto organizando comidas y cenas de empresa o de grupos a las que hay que asistir si no quieres ser tachado de insociable? ¿Cómo me va a gustar si el 5-1-2006 casi me secuestra para siempre la de la guadaña? ¿Cómo me va a gustar con el frío que hace, ¡con el frío que hace en Navidad!, que no es de este mundo ni por asomo? Pero esta Navidad va a ser mejor. Sí, lo va a ser porque lo malo ya está pasando. Anoche me fui de cena con mis compañeros, y me lo pasé mejor en la cena que en la macrofiesta que había convocada después para potenciar la “unidad”. El que estuviera lleno de periodistas de deportes y de cultura y que hubiera barra libre no impidieron que, pasada una hora, empezara a aburrirme como una ostra. El dj intercalaba “tengo la camisa negra” con “Sweet dreams are made of this” pasando por Hombres G, por “marcha, marcha, queremos marcha, pim pum fuera que se te sale la camisa fuera” y terminando con el ‘chunda chunda’ más atroz… Cuando nos fuimos, no pasaba ni un puto taxi en verde, y esperamos una media hora, ante los bocinazos de los conductores de los vehículos que pasaban y algunas chorradas que salían de su boca a destiempo y a través de las ventanillas. Pues bien, cuando llegué a Cibeles, esperando coger el búho que me llevara a casa de una jodida vez, me encuentro con que casi no pasan buses y que tengo que coger otro taxi. Mientras me hallo inmersa en estas reflexiones, se acerca a la parada del autobús un chico que mi compañero me había presentado en la fiesta. Él también venía a coger mi búho, y observa en el cartel que el próximo no pasa hasta media hora después, (cosa que yo no había leído correctamente, como por otra parte me suele pasar) así que después de preguntarme dónde vivo, el tío me propone irnos juntos en un taxi porque yo me quedo a medio camino de su destino. Me dice que estuvimos juntos en 1º de carrera, y yo, que lo sabía de sobra, intentaba hacerme la tonta: “ah, sí, ahora que lo dices”… Y es que después de algunas experiencias similares he llegado a la determinación de que no hay que decir nunca a nadie que le conoces de la facultad ni nada por el estilo. (Y es que un día, en una discoteca con A, y algunos más, aposté por que un chico que andaba por allí era de la facultad. A. decía que no, que no le sonaba de nada, y yo: “¡que sí coño! Vamos a preguntárselo”. Pero A. no quería. Así que yo, con alguna copa de más, seguro, fui a preguntárselo al chaval, un osito muy simpático que llevaba una coleta y unas entradas para invitarte a donde fuera, al teatro si hacía falta. Bueno, se quedó tan alucinado e imaginó tanto acerca de mis supuestas intenciones al acercarme a él, que me arrepentí absolutamente de lo que había hecho.) El caso es que cuando llegamos a mi casa el taxi marcaba cuatro euros, (no sé por qué coño me bajé del que nos llevo a Cibeles, pensando que nada más llegar iba a estar mi búho esperándome; y es que el búho que me cojo es la leche, me para en la misma puerta de casa, es mejor que el metro). Así que iba a pagar al taxista con un billete de 20 porque no tenía más suelto, y dice el conductor: “¿pero qué haces? ¿Me vas a pagar tú esto? Es mejor pagarlo todo junto y sale mejor”. Claro, entonces le digo al chico: “pues te lo pago a ti”, pero él no tenía para cambiarme y me dijo que me invitaba, que ya se lo pagaría yo a él otro día (no sé cuándo), así que me sentí mal y le dije que muchas gracias, y que se pasara por mi sección algún día para dárselo, pero se empezó a reír y entonces me bajé del taxi deseando llegar a casa y acabar con esa agonía de frío en el cuerpo y situaciones surrealistas, con un par de copas encima de garrafón que curiosamente no me habían subido nada. Por supuesto, me acosté tan tarde anoche que no he podido ser capaz de ir a clase esta mañana. Y lo peor de todo es que, sin ninguna razón aparente, llevo toda la semana sin pisar Ciudad Universitaria. El lunes, básicamente porque me quería dar un homenaje; el martes, porque faltaba un profesor a segunda hora… Y total, ¿para qué iba a ir a primera? ¿para el debate? El miércoles, porque el despertador sonó a las 7.30 pero… ¡abrí los ojos a las 11! Y el resto ya lo sabéis. Mañana ya sí que no hay clase de manera oficial, y como hoy no he ido, no sé si alguna clase habrá, pero para una, para una ya no voy. Además, tengo que probarme las lentillas nuevas, que llevo un mes con gafas a todas horas, aunque me dicen que estoy más guapa con ellas y todo, pero me molestan y tengo la maldita manía de subírmelas todo el rato del puente de la nariz y no me gustan para salir por ahí, me meto a cualquier sitio y se me empañan como unas locas y luego hay quien me las mancha y llena de cosas. En fin, voy a seguir con mi trabajo de clase; a ver si hago algo útil de una vez. Mañana tengo otro compromiso navideño, aunque espero pasármelo mejor que anoche. No obstante, pensándolo bien, ayer tampoco me lo pasé tan rematadamente mal, ¿no? Un día para no levantarse de la cama![]() Bueno esto es una chorrada en forma de relato que escribí hace tiempo pero que no me apetecía publicar. Ocurrió a raiz de seguir el consejo de una amiga y no contar a mis padres una dolencia que tuve relacionada con cosas que -aunque no es así- pueden hacer pensar mal a una madre, aunque bien es cierto que a estas alturas a mi madre la tengo acostumbrada y ya no le extraña nada: que me automedique, que cada día me duela una cosa sin motivo, que me raye, e incluso - ella no lo sabe- que haya llegado a sospechar que tengo o que voy a tener enfermedades graves... (Es normal, con la racha que llevo, desde... octubre, más o menos, hasta yo me asusto de mí misma y de lo que soy capaz de pensar... Lo mejor de todo es que nunca tengo nada y por eso cada vez me da más reparo preocupar a mi familia sin aparentes motivos). El caso es que ayer leí una noticia sobre el ex agente ruso al que supuestamente envenenaron con polonio y me he acordado de lo que me pasó a mí -nada tan grave, pero el miedo fue equiparable a como si me fuera a envenenar como una jodida desgraciada.- I) Milagros y la sala de espera He llorado. Sí, hoy una de esas cosas que me pasan injustamente me ha hecho llorar. Todavía tengo los ojos acuosos y un ligero sonrosado en la nariz, de la mitad para abajo. Lo sé porque me he mirado al espejo, buscando camuflarlo, poniéndome los dedos fríos de venir de la calle en los ojos para que desparecieran el calor y el sofoco. Y para que no me vieran mis padres. Tengo que hacer muchas cosas, un trabajo para dentro de dos días, pero en lugar de eso he ido a la consulta médica de mi barrio, donde he tenido que soportar situaciones de miedo y asco. Ésas que tanto me gustan hasta que se unen al desenlace y contribuyen a hacer el marco aún más grotesco. Una cola de gente que salía de la habitación para pedir cita y/o entregar la tarjeta. Yo voy sin cita. Espero en el pasillo, con un viejo enorme y la señora que venía detrás de mí, una pobre anciana aquejada de qué sé yo. Temblando, delirando y luchando contra unas arcadas extrañas. Así estaba. La obligamos a sentarse en el interior, aunque se negaba, por si luego la gente pensaba que se había colado, la mujer. A mí no dejaba de hablarme, quejándose de que había demasiada gente, pero sólo obtenía respuestas parcas y cansinas. La anciana se llamaba Milagros. Al parecer, todas las recepcionistas y los médicos la conocían. La recepcionista, cuando me atiende, me dice que en el orden de atención a los pacientes, voy detrás de un señor canoso, y que después de mí, va Milagros. Me señala bien la recepcionista para que Milagros vea que voy detrás de ella. Así que, ante la –casi- rebosante sala de espera, encuentro un sitio y decido sentarme. Las revistas son inmundas y tampoco me apetece sacar el libro que llevo: basta que me enfrasque un poco en la lectura para que el tipo canoso entre y salga y me pase Milagros y todo (aunque según estaba debería entrar antes que yo, pero ésa es otra historia). Así, espero mirando a la gente e intentando intuir qué le pasa a cada uno. En esto, a Milagros aún no la han atendido en recepción porque no encontraba su tarjeta, y cuando por fin la van a decir detrás de quién va (de mí), la recepcionista no me encuentra y cuando oigo: “Milagros, vas detrás de esa chiquita joven, pero no sé dónde está” me levanto y las digo que estoy ahí, que cuando salga, yo aviso a Milagros. A todo esto, el canoso entra, así que me aproximo a la puerta del doctor sentándome en el sitio que aquél ocupaba. Otro doctor diferente sale a llamar por el nombre: Pilar Pérez. Pero no se levanta sólo la aludida, sino Milagros también. La recepcionista se da cuenta y la dice, apesadumbrada y como si tuviera que decirlo a diario: “no, Milagros, tú no”. Así que la mujercilla se sienta otra vez. Cuando sale el canoso, entro yo, sin darme cuenta de que venía Milagros detrás. Cuando el médico abre la puerta, ve a Milagros, pero la recepcionista dice que iba yo. Entonces les digo, al médico y a la recepcionista, que me da igual, que pase Milagros, pero el doctor parece que ya se las sabe todas (todas las de la entrañable Mila), y dice: “no, primero va esta chica, Milagros, luego entras tú, quédate aquí sentada, anda”. Así que yo hago caso al médico y entro. Nunca me había tratado. Es gordo, tiene gafas grandes, la piel oscura, y no para de toser. Le cuento mis nuevas e ‘injustas’ dolencias, en el momento en que, justamente, me suena el puto móvil (siempre lo pongo en silencio cuando voy al médico y nunca me han llamado; menos hoy, claro). Se empeña en que atienda la llamada sin ningún problema, pero yo le digo que no, pero insiste, así que cuelgo porque no me da la gana cogerlo, no me parece de recibo, y ya está. Y me estreso. Me explica un poco el rollo, sin hacer muchas más preguntas, y me manda lo que me tiene que mandar. Como soy tan lista, me he olvidado de las recetas… Al fin, entre algunas dudas y toses roncas, salgo de la consulta. No me he olvidado de Milagros, y el doctor tampoco, así que empezamos a buscarla, sin habernos puesto de acuerdo, con la mirada, pero no la vemos por ningún sitio, hasta que el doctor pregunta, ya un poco ansioso, en recepción, donde le indican que Milagros está en el baño. II) El termómetro Llego a casa y voy al baño, y mis padres aún no se han ido. Me preguntan que si he comprado el libro., y les digo que no, que se me ha hecho tarde, con un gesto de llanto e impotencia incontrolables que ellos sólo pueden atisbar de perfil, y me imagino la perplejidad en sus cabezas. “Esta Sonia, ya está con cosas raras…”. En el fondo siempre es lo mismo. Decido empezar a hacer el trabajo de clase, pero no me concentro muy bien. Mis padres se van; y mientras se cierra la puerta el llanto se apodera de mí y súbitamente empiezo a berrear, con un pañuelo en la mano que se empapa cada segundo y con sofocos y ahogos en el pecho. Me obligo a relajarme porque a ese paso me iba a dar un infarto o algo peor de lo que en un principio tenía. No recuerdo haber llorado tanto y de esa forma, quizá desde que era pequeña y me castigaban sin salir, o algo así: ¿impotencia? ¿egoísmo? ¿locura? ¿desesperación? Ayer estaba radiante de felicidad, me desperté como nunca desde hacía tiempo, con una energía inusitada, y me lo pasé genial trabajando en domingo... Pero me relajo, “no es para tanto, Sonia, saldrás de esta tú sola y ya está. Nadie se enterará y cuando te quieras dar cuenta todo habrá pasado”. Entonces pongo A Ghost Is Born, y empiezo a hacer el trabajo sobre mi periódico. Me noto dolor de cabeza (provocado por el lloriqueo, sin duda) así que como soy tan hipocondríaca, me pongo el termómetro: “aunque se me estén pasando los síntomas… voy a ver si tengo fiebre”. Me lo había buscado. Cuando lo miro: nada, 36.7. Así que lo voy a dejar sobre la mesa y ¡Oh!, ¡se me cae al suelo! ¿Se habrá roto? ¡Joder, esta mierda se rompe con nada! Lo primero que me preocupa es ¿qué decirle a mi madre? ¿Cómo coño he roto un termómetro si para ella no estoy enferma? Sería absurdo. Y tampoco es cosa de dejar a la familia sin termómetro, en plan “Ah, no sé, no sé, se habrá perdido…”. Así que nada, decido comprar un termómetro igual, pero ya otro día, claro. Lo busco en internet a ver si viene y tal, y para ver cuánto cuesta un jodido termómetro. Pero en ese momento me percato de algo que mi inconsciente sabe, ¡pero yo no…! Hostias, se ha roto un termómetro, que lleva dentro mercurio. Veo en ese instante dos bolitas ‘metalizadas’ encima del escritorio, las cojo con los dedos y las meto en la caja del termómetro. Me asusto, sin saber aún por qué, pero me asusto. Busco en google las siguientes palabras: “qué pasa si se rompe un termómetro”. Y llego a una página en la que pone que hay que recoger con mucho cuidado las bolitas, con guantes incluidos, abrir la ventana rápidamente, y coger cartones o cartulinas para cogerlos. Nada de aspiradoras ni escobas. Me agacho al suelo y veo todas las jodidas bolitas, (¿unas diez?) que con klennex mojados – como ponía en esa página- son imposible de coger. Como no tengo cartulinas ni hostias, me pongo a doblar folios como una posesa para poder cogerlo así. Busco una linterna y no la encuentro, así que bajo al suelo el flexo que tengo en el escritorio y las veo todas. Intento que no se desperdiguen, porque son asquerosamente escurridizas. Poco a poco, entre dos folios, las voy consiguiendo encerrar, y lo meto todo en una bolsa. En la web pone que hay que llamar a un teléfono para que venga no sé quién a ver qué nivel de mercurio hay en el ambiente y a llevarse los restos, en plan brigada de Expediente X, pero me parece excesivo… Y mis padres están al llegar. Cuando aún sigo doblando folios y con el flexo por los suelos, entran por la puerta. Me dicen, como si nada, incluso felices: Hola, ¿qué tal? Pero yo estoy angustiadísima, ¡no puedo decírselo! Sin embargo, en ese momento, recapacito, ante el acojone: mi madre sabrá mejor qué hacer, y es bueno que lo sepa, por lo que pueda pasar en el futuro. ¿Y si nos intoxicamos todos sin saber lo que estaba pasando? Entonces me armo de valor, entro al salón, y como si fuera una niña ñoña o un alma en pena a punto de empezar a hacer pucheros, les suelto: “mamá, ¡que se me ha roto el termómetro!”. A esto mi madre me pregunta, lógicamente, que qué me pasaba, que por qué me he puesto el termómetro. Y a ello le contesto: “no, por nada, me he notado fiebre, un poco de congestión”. En fin, mi madre no da crédito a lo que oye, hacía unas horas durante la comida, me había visto como una rosa… La llevo a mi cuarto y le digo lo de los folios y tal, y me toma por loca. Mi padre, por su parte, sugiere que cojamos las bolitas con la aspiradora. “! Nooo, con la aspiradora noooo!”. Así que mi madre coge el cepillo y el recogedor, y yo: “que noooo, tampoco, que lo pone en internet”. Pero para mi madre en internet puede poner misa, que ella lo barre todo y san se acabó. No está en absoluto asustada, aunque le da rabia que una cosa peligrosa como el mercurio esté en el ambiente… Se zanja aquí el ‘capítulo termómetro’, y –esperemos que también – la jornada de situaciones absurdas y angustiosas que se encadenan, sin antes ducharme con opresión y ahogo en el pecho, y con abones por las manos y brazos que suelen indicar alergia a algo, o estrés, o disgustos, y que no son en absoluto desconocidos para mí. ¿Será por haber tocado el mercurio? Me dedico después a contarlo a todo aquel que puedo, y me tranquilizan, aunque en pleno diciembre sigo con la ventana abierta para no contaminarme con la mierda esta. Conclusión: me he prometido no volver a mentir nunca de esta forma y en estos temas. Unas mentiras llevan a otras, y cada vez es más difícil y menos verídica la verdadera verdad. Cuando sea mayor, podría cambiarme el nombre: quizá me sentaría bien Milagros... La 'curranta' perfecta![]() Voy a actualizar sólo por el hecho de actualizar, no por tener nada que decir. Bueno, no es que no tenga cosas que decir, sino que ahora mismo no las tengo en la cabeza. Sí diré que hoy no he ido a clase porque me he dormido, y eso que a primera hora puede que haya habido práctica. Desde que hicieron la primera práctica, a la cual yo falté, he ido todos los jodidos días y no ha habido; bueno, pues hoy seguro que ya ha tocado… Anoche estuve de guardia y salí a la 1.30. No tuve la suerte de las otras veces, en las que a las 00.30 pasadas o 1 menos algo me decían que me fuera. Pero el caso es que tampoco estuve leyendo mucho. Es todo muy raro… Llegué a casa a las 2 después de aguantar la charla filosófica del taxista, que clamaba al cielo por los asesinatos de violencia de género, y decía que las mujeres, a partir de ahora al separarnos (“porque casi siempre sois las mujeres las que termináis la relación”) vamos a tener que pedir un informe psiquiátrico del tipo en cuestión para ver si tenemos que largarnos de la ciudad e incluso del país. Además, el hombre decía que debería haber castigos ejemplares, porque la pena de muerte en realidad no sería un castigo para la gente que hace eso. De todas formas, él se mostraba a favor de la pena de muerte en EE.UU. Lo que no le parecía bien es que los condenados estuvieran tanto tiempo en el corredor de la muerte. Entre que no me dejaba hablar y que estaba diciendo todo el rato lo puto mismo y con las mismas palabras, me estaba poniendo de los nervios. Cuando llegamos le pedí la factura y la imprimió pero no me la daba, así que cuando se dio cuenta de que estaba esperándola, me vaciló en plan “pues si no me dices nada podemos estar así toda la noche: tú esperando la factura y yo a que te bajes del taxi”. Está claro que el tipo tenía ganas de guerra, lo que para él a las 2.00 de la mañana era una energía inusitada y ansias de tertulia, para mí era la ‘espesez’ y el cabreo más manifiestos. El cabreo viene de que en el curro me como yo todos los marrones, o sea, todas las noticias, porque como no fumo ni parloteo en las peores horas de trabajo, en pleno cierre, no me queda otra que trabajar. Luego me dan mareos y cosas así, y tengo que ir al médico, y todos me dicen que no tengo nada, que será por el estrés. Estoy hasta las narices del estrés; aunque más que estrés, yo creo que es mala hostia. Desde que me monto en el metro por la mañana, mil cosas me ponen de mala hostia, y claro, acabo el día con ganas de darle una paliza a alguien, a poder ser a alguien del curro… Lo único que me salva un poco de este estrés son los fines de semana, y eso cuando no tengo que hacérselos a la lista de turno que se quiere ir de viaje… No, si “encima de cornudos, apaleaos”. Por otra parte, y hablando de novedades sobre mi estado de salud, tengo que decir (aunque no lo haya comentado aquí) que ya he descubierto el origen de mis jodidos dolores de cabeza todos los jodidos días: subida de miopía. Además, el médico también me dijo que casi todos los dolores de cabeza son tensionales. Pues estamos bien. Mi hermana me trajo el otro día un stick anti-migrañas, para dármelo como un roll-on en puntos concretos de la frente y en las sienes. Cuando me lo doy luego voy oliendo raro, a "vicks vaporups", (o como se diga eso) o a menta. Pero está muy bien porque te refresca y despeja un poco la cabeza. Respecto a mi entrega profesional, lo único que me consuela es pensar que aunque lo parezca, no soy tonta, que no es malo tomarte el trabajo en serio, sea lo que sea, aunque seas un simple becario, porque… ¿qué será cuando te den un puesto en serio? Seguramente muestres la misma actitud que cuando eras becario. Y eso me da ventaja porque yo haciendo prácticas lo estoy dando todo y en todos sitios. Y en este trabajo, que realmente es una buena oportunidad y en el que, económicamente hablando, no nos tratan nada mal, me parece una insensatez quejarse constantemente. Será que soy una rara, pero me gusta trabajar y –aunque tenga mis recesos- creo en lo que hago. Incluso cuando hacía cotilleos me lo tomaba en serio -aunque a veces no creyese mucho en lo que hacía-. En realidad, por qué no decirlo, soy la curranta perfecta. Quizá algún día hasta me case con un príncipe… Y me saquen en El Jueves, y ese hombre tan guapo de la foto hable de mí a diario…Y me pillen en bragas y me saquen en la tele… Al tiempo. Me jode![]() Me jode. Me jode que la doctora me haya vuelto a decir hoy, con todo tipo de resultados en la mano, que las cosas que me pasan son por el estrés, que se deben a razones "funcionales" y no "patológicas". Siempre que me pasa algo raro y me hacen pruebas, casi siempre sale que no tengo nada. Tiene narices, pero a veces parece que en el fondo me gustaría tener ‘algo’. Sí, algo que esté en los libros, que tenga un nombre y que se cure de alguna forma. En cualquier caso, fueron síntomas pasajeros y veremos si este mes los vuelvo a tener o no… Al fin y al cabo le pasa a muchas chicas. Y es soportable. La semana que viene sigo de médicos porque voy a ver a mi alergóloga autista. Me pedirá la cartilla de síntomas que debería haber hecho a lo largo de estas semanas, y que no he podido instalar en el ordenador. Si es que ahora todo es tan moderno… Y me jode instalarla y que no funcione. Me jode que se joda el metro por las mañanas dos días seguidos y que, el trayecto que suelo hacer en cuarto de hora, lo acabe haciendo en 45 minutos. Y me jode llegar tarde a clase, que el profesor nos haya puesto una película y que justo cuando entre yo, tarde, tengan lugar las escenas más oscuras de toda la proyección, haciendo que me quede en la puerta como una gilipollas por miedo a echar a andar y comerme alguna silla, a alguien, y teniendo, por último, que sacar torpemente el móvil para iluminar y ver algo hasta que la imagen se aclare un poco y me pueda sentar. Me jode. Pero me siento, por fin, cuando veo un sitio libre. Y me jode más sentarme por detrás y ver que la película es subtitulada y perderme la mitad de las frases porque está todo lleno de cabezas y no veo un puto pijo. Me jode escribir sobre cosas que me joden. No debería hacerlo. Pero a veces es tan divertido… Y ahora mismo creo que no me jodía nada en concreto. De hecho estaba de buen humor y todo, leyendo mensajes de móvil de hace siglos (mi móvil no tiene límite de sms, y estaba haciendo limpieza, aunque no mucha, que me da pena). Como hoy me ha sustituido una compi del curro para poder ir al médico, el sábado me toca pringar. En fin. El periódico es la cosa más estresante que he visto. Aunque me guste, estos días que he estado ‘pachuchilla’ y un poco enferma mental (todo hay que decirlo) me jodía mucho tener que ir. Pero ahora vuelvo a disfrutarlo. El otro día el jefe de Nacional casi me da una colleja, porque pensaba que yo había hecho un juicio de valor en su noticia, y ese tipo de cosas las hacen nuestros jefes, que, antes de pasarnos la noticia para que la corrijamos, se leen el titular y los destacados y se dedican, básicamente, a hacer juicios de valor sobre ello. Luego nosotros, los pobres becarios, firmamos cada noticia que corregimos y los de la sección correspondiente, a quienes les corresponde cambiar las cosas que están mal (si les da la gana) se piensan que todo lo que está en rojo lo hemos escrito nosotros. En fin… más juicios de valor debería de hacer y no hago… Pero a lo que iba, que el periódico, sobre todo entre diario, es estresante de cojones. Hasta suena una especie de sirena estridente en torno a las 10 de la noche para que los redactores dejen de comer pipas (sí, comen pipas) y se pongan las pilas para cerrar a tiempo. Los días que te quedas de guardia, en el fondo, son los mejores. Llegas a las 7 y te sientas al fondo, así que te llegan menos noticias para leer. Luego te quedas sola, y haces un poco lo que quieres, a no ser que sea domingo y tengas que leer deportes a toda leche, u ocurra alguna desgracia que genere noticias para la segunda edición y te las tengas que leer también. Luego, te vas a la 1 o antes (yo siempre tengo suerte y los días que me quedo no pasa nada), el de seguridad te pide un taxi y te vas a casa tan feliz y con el trabajo hecho y un cheque para usar en el VIPS o similar en la cartera. Creo que voy a dejar de escribir ya, que mañana tengo que ir a primera hora porque puede que el tipejo haga práctica. Y me jode. El otro día falté y hubo práctica. Y me jodió. Así que, hablando de las cosas que me joden, he llegado hasta aquí. Está bien, a veces, empezar un post como te dé la gana. Acabas hablando de cosas diferentes, pero relacionadas. Me jode tener que dejaros. Pero me jode tener que irme a dormir, y sin sueño. Llevo tres días durmiendo poco y no me entra sueño. Luego me pasan cosas que yo creo raras y son normales… en fin. Pero me jode. Llamadas precipitadas que acaban en nada![]() No sé por qué narices no he salido hoy. Pero en su lugar lo que he hecho ha sido recordar aquellos días en los que, por suerte o por desgracia, lo daba todo por salir a emborracharme y a buscar la felicidad en la embriaguez. He intentado que hoy fuera uno de esos días, pero ni ella ni yo hemos dado nada por hacerlo realidad. Hace un año los días sí eran exactamente así. Llamadas precipitadas a las 22.30 de la noche, cuando ya estás en pijama, cenando algo que calientas en el microondas, pero de pronto te asalta la locura, la euforia, la fiebre de la noche, y te vistes rápido, con música a todo volumen, y te preparas y tus padres te dicen, entre provocativos e irónicos: “¿¡Cómo te vas a estas horas, si éstas son las horas de volver!?” Y te vas, con una sonrisa de satisfacción por lo que va a venir, te anticipas al clímax. Y vas a donde sea, y con quien sea, y te bebes lo que sea, y te liberas, y te olvidas, y eres feliz durante al menos un par de horas. Aunque vuelvas a casa siendo la misma pero con menos dinero en el bolsillo y menos horas de sueño. Y al fin de semana siguiente sales buscando lo mismo, y necesitas más alcohol y más pasión, y más rock and roll. Y sigues siendo la misma. Pero ahora ya no soy la misma. Me apetecía salir, aunque algo me dice que no se me ha perdido nada en ningún sitio. Me apetece estar con A, y recordar los viejos tiempos, que no lo son tanto, aunque lo parecen. Pero quizá en mi mente esos tiempos sigan vivos, y sea mejor no intentar recrear algo que ya nunca más será, al menos no de la misma forma. Y me da rabia; pero supongo que unas veces te apetece salir y darlo todo y otras estar en casa en pijama. Pero el recuerdo basta para hacer realidad esos, tan especiales y, por qué no, felices y locos días… Actualizo y recomiendo![]() Good Bye, Lenin! es la última película que he visto en este puente tan divertido. Tenía ganas de verla desde hace tiempo, sólo por el título, y es que me gustan ese tipo de cosas. Este filme alemán de Wolfgang Becker se ambienta en 1989, durante los meses clave del declive del régimen comunista en la Alemania Oriental y la caída del Muro de Berlín. Un chico despierto y atento es el protagonista de la historia, cuyo cometido es hacer que su madre, una mujer de firmes convicciones socialistas que cae en coma y despierta ocho meses después, no se entere de que las cosas han cambiado y la Coca-Cola y el american way of life han invadido lo que antes era Comité del Partido y tostadas y pepinillos soviéticos. Cualquier sobresalto puede afectar a la débil salud que presenta su madre al despertar del coma, por lo que no resulta precisamente adecuado que lea periódicos, salga a la calle, o mismamente, que se asome por la ventana de su habitación. Así, el chico, que se llama Alex, inventa todo tipo de estratagemas para que su madre no se entere de nada y crea un mundo diferente para ella, el mundo de lo que suponían el comunismo y la Alemania Oriental; desde hacer un telediario con su amigo aficionado al cine, hasta hurgar en la basura para ver si hay botes de pepinillos soviéticos para meter en su lugar los holandeses. Este aspecto del filme recuerda un poco a El Show de Truman, y plantea los límites de 'la verdad' y lo real-irreal. La música corre a cargo de Yann Tiersen, conocido entre otras cosas por haber trabajado también en Amelie, y que en este caso logra una ambientación muy cuidada. Recomendable, en definitiva, esta peli. Otra recomendación -ahora musical- de un grupo español que se llama La Habitación Roja es quizá un tanto aventurada, pues acabo de escucharlos por primera vez hace un cuarto de hora, pero me está gustando bastante. He escuchado algunos discos nuevos hoy: dos de The Cure, éste, y uno de Sufjan Stevens. Veremos si merecen estar en el ranking y acaban en el mp3. Pero vosotros no lo sabréis nunca...
'Panem et circenses'![]() Queridos lectores: he vuelto. Y lo hago con una cerveza en la mano y un bol de patatas fritas grasientas encima del escritorio. Prefería esto que estar en la cama, pensando en cosas malas y a la vez intentando dormirme sin éxito. Se acabó la vaguería. Se acabó el no escribir. El no leer. El no hacer nada útil. El pasar el rato preocupada pensando en chorradas surrealistas y leyendo paranoias en internet. Me han hecho pruebas y me han dicho que no tengo nada, que “lo que me pasa” se debe al estrés, y que, de momento, no me preocupe. Claro, la doctora me interrogó sobre mi vida y la conclusión que sacó fue ésa. Estoy, de todas formas, esperando los resultados de otras pruebas. Pero espero que no sea nada importante. La paranoia me ha llevado a pensar cosas gordas y a que mi cuerpo tenga síntomas de padecer esa “cosa gorda”. (Y nunca mejor dicho). En cualquier caso, si he llegado a una conclusión a lo largo de estos interminables y angustiosos días, es a la siguiente: hay que ver qué duro es ser mujer. En otro orden de cosas, el profesor del que os hablé ( y que, para situarnos, diré que ya tiene sus años, aunque 'viejo viejo' tampoco es) ha vuelto a soltar perlas muy pero que muy interesantes y, sobre todo, reseñables. ¿Cómo no voy a compartir con vosotros el que haya dicho, ayer y hoy, que los aficionados al fútbol son retrasados mentales? ¿O que los jugadores de baloncesto son personas con problemas hormonales (por ser tan altos) que se dedican a jugar como niños/retrasados? En palabras suyas, ha comparado el baloncesto al hecho de que a él se le ocurriera “soltar en un circo a un montón de enanos”. Y respecto a la Fórmula 1, ha dicho que él no sólo no quería que ganara “el cara caballo” (Alonso), sino que además deseaba que se estrellase con el coche. Al parecer, al decir esto en un bar, tuvo movida con otros tipos, aunque, orgulloso, declaró que algunos se pusieron de su parte. El día de la última competición, según él, estaban ante el televisor 9 millones de retrasados mentales, que, mientras veían a Alonso y a Hamilton competir, no estaban leyendo periódicos, ni libros, ni planteándose cosas trascendentales sobre su vida. Tengo que decir que yo aquí no tengo nada que objetarle, porque a mí no me gusta ni la F1, ni el fútbol, ni el baloncesto, y mira que lo he intentado. Pero nada. Aún así, entiendo que haya gente que se ofenda con este tipo de comentarios. Otro frente de ataque de nuestro querido Dr. en Periodismo y en Historia es la Iglesia católica. Los curas, concretamente. Nos contó ayer que en Roma se hizo pasar por arzobispo para entrar en una tienda y probarse una sotana o algo así que costaba 5.000 euros. Y que se veía muy muy guapo. Además, se sigue metiendo con la gente del PP y ayer le preguntó a un chico que estaba sentado en primera fila que si era simpatizante por llevar una sudadera naranja. Hoy, cuando he llegado a clase, he visto que el chico en cuestión se había sentado al fondo del todo, y con razón. Yo me suelo sentar también por atrás, no vaya a ser… aunque yo ya le tengo calado y sabría qué contestarle a según qué cosas. Acojonados nos tiene. Aunque yo me río mucho con las cosas que dice, he de reconocerlo. Hoy ha criticado la campaña antitabaco porque le encanta fumar muchos puros; y nos ha preguntado si nosotros también lo hacemos, que a las chicas nos quedaría muy bien, como al "vejestorio" ese de Fumando Espero. Además, ha dicho que se quiere morir como a él le dé la gana, fumando y emborrachándose en su casa. Para mí no es nada nuevo, ya le vi en su salsa este verano… por cierto, en el mismo sitio en que voy a ver a Wilco en directo. Creo que aún no me ha reconocido, el profe, y no creo que ya lo haga. Aunque, por otra parte, es especialmente observador con las chicas. Hoy, (no sé cómo ha llegado hasta ese tema) ha empezado a hablar de las minifaldas, contándonos cómo se volvía loco al ver algo más que los tobillos de las chicas, aunque claro, “a todo se acaba acostumbrando uno”. A raíz de esto ha preguntado qué chicas de la clase llevaban falda, y a la que la llevaba, la ha invitado a levantarse. Y la chica no ha querido, claro. Lo dicho. Una caja de sorpresas, nuestro querido profesor. Creo que voy a dejar de hablar porque me estoy pasando 20 pueblos, pero quizá no tantos como los que se pasa él en cada clase, así que… al menos me he desahogado y he hecho algo entretenido, escribir todo esto. Hala, hasta otra. ¡Espero que os hayáis divertido! Y a ver si no tardar tanto en actualizar la próxima vez! *CANCIÓN PARA ALEGRARME EL DÍA: "Plastic Fantastic Lover ", Jefferson Airplane. 19 de octubre de 2007![]() Me tengo que ir en breve a trabajar pero no podía resistirme al dulce deleite del sonido del teclado de mi ordenador al ser pulsadas las teclas para manifestar, en el mejor de los casos, majaderías sin importancia (como ha dicho un profesor mío, que majaderías es lo que solemos encontrar en los blogs). Este profesor me está dando mucho en qué pensar. No sé si os acordáis de la crónica que hice sobre una fiesta en la que me colé gracias a una amiga que hizo un cursillo de verano. Pues el profesor que nos suministraba entradas ‘ilegales’, una tras otra, para poder consumir 'de gorra', era ÉL. Y como me quedé prendada de la sabiduría y experiencia de tan peculiar persona, me cogí su asignatura como optativa. No voy a decir cuál es porque si no sería ya demasiado evidente. Sólo diré que, aunque lo pase mal en las clases, me gusta ir. El tipo se pasea y te pregunta: a ver, tú, ¿qué estaba pasando en Europa en 1622?, o ¿quién era el padre de Cómodo?; o ¿quién era el asesor de Bush que dimitió? Su siguiente manifestación al respecto es, la mayoría de las veces, de esta forma: “Ustedes no saben nada, no leen los periódicos, (…). Si no saben Historia de Roma no nos vamos a entender”. Gastaos un euro, joder, o 50 céntimos si os atrevéis (por Público). Hoy, a una chica que estaba sentada delante de mí le ha preguntado si es de izquierdas o de derechas. “De izquierdas”, ha contestado ella. ÉL: "¿Y sus padres?" Mis padres también, dijo la chica. A esto el profesor, manifiestamente satisfecho por lo que acababa de oír, declaró que él también es de izquierdas. Quería explicarnos por qué es irracional nuestra ideología, y que respondemos la mayoría de las veces a lo que nos han enseñado desde pequeños u otro tipo de influencias. Pero ya no le satisfizo tanto la respuesta cuando la chica dijo que vota a Zapatero y no a Llamazares. “Entonces es usted más de derechas”, concluyó, y se quedó tan ancho. No, si en el fondo tendrá razón. Pero con lo sabio que parece, no entiendo cómo puede hacer alarde tan efusivamente de sus tendencias políticas. Es de esa escuela de profesores que no se dedica a hacer guiños a una forma de pensar de manera argumentada y razonable, sino que recurre al chiste fácil y a los tópicos sin gracia alguna. Es como otro profesor que me da otra optativa, y que también me gusta mucho porque es peculiar, retórico y abstracto, pero que no deja de hacer chistes absurdos sobre Aznar. Y lo peor de todo es que nadie se ríe, porque es que realmente no tienen ninguna gracia. ¡Es que ni siquiera son chistes! En fin, creo que mis reflexiones en clase de…. darían para muchos posts. Y yo tenía en la cabeza hablar sobre otras cosas, meterme con los alumnos más que con el profesor, pero al contar un poco cómo es el tipo, me he ido por las ramas. Si tuviera más tiempo, seguramente toda mi disertación se encuadraría en estos y otros párrafos, pero ya no me da tiempo a continuar. Respecto a mi enfermedad, preferiría no hablar de ello, porque ya tengo bastante con mis “rayadas mentales”: vaya semanita que llevo. Había pensado hacer un post llamado ‘Diario de un hipocondríaco’ (en este caso hipocondríaca), porque creo que es más sugestión que otra cosa. Leer cosas en internet es peor, se dice cada barbaridad… Es como en las pelis, cuando se empiezan a enumerar los síntomas de alguna enfermedad grave, y a todos dices que sí en el momento en que los escuchas: Por ejemplo: ¿le duele a usted el oído? (hostia, me acaba de empezar a doler) ¿le duele cuando tose? ¿Le duele la cabeza si se agacha y se levanta rápido? ¿Siente mareos? ¿Le suben los colores? (Y te miras al espejo y estás como un cangrejo) ¿le duele allí? ¿ha perdido el apetito? ¿orina más de lo normal? (y entonces ya te pasas el día haciendo pis). Y entonces tienes lo peor. Y si sospechas de algo que no pensabas que tenías, esa misma noche empiezas a sentir los síntomas pertinentes. Y dices: ya está. En cualquier caso, espero que se resuelva todo pronto y que la semana que viene tenga algún tipo de diagnóstico, espero que relacionado con la normalidad de lo que suele pasar en días como estos. Un delirante paréntesis en el delirio![]()
En el tercer día de una enfermedad que evoluciona favorablemente y que en estos días es considerada “normal” (constipado); así como también en el tercer día (en el mejor de los casos) de otra posible ‘enfermedad’ que al no conocer aún estoy convirtiendo en delirante y extremadamente grave, he decidido hacer un paréntesis viendo una película, hasta que mañana vuelva a clase y el martes que viene al médico. La afortunada ha sido Miedo y Asco en Las Vegas, de Terry Gilliam, que aún no había visto y tenía curiosidad tras leer el libro de homónimo nombre. No voy a decir eso que se suele decir, “me ha sorprendido gratamente”, ni tampoco que está mejor el libro, ni nada de eso ; porque es diferente al libro y a la vez transmite (aunque sólo para algunos) la idea subyacente que emerge tras el visionado de las andanzas de dos tipos a los que, mientras van a cubrir un reportaje de carreras de motos o a un paradójico congreso sobre drogas, lo único que les preocupa es meterse entre pecho y espalda su buena dosis de la droga que sea. La fotografía, psicodélica y psicotrópicamente psicológica, un ambiente enrojecido y surrealista. Los actores, tan buenos que ni se les ‘reconoce’. La música, inquietante, aunque no suena la tan sugerente en el libro Sympathy for the Devil . Pero me gusta la de Janis Joplin que suena al principio y la de White Rabbit de Jefferson Airplane, que vuelve loco al gordo y extraño abogado samoano en la bañera.
Bueno, después de esta mini reseña de mi ‘visionado’ – cómo me gusta utilizar palabras raras últimamente- me gustaría hacer una crónica de lo acontecido en los últimos días (que ya estoy perdiendo práctica). Me gusta mucho ir al periódico. Ahora estoy, justamente, en el tercer día de descanso. Mañana será el cuarto y último, por lo que el viernes volveré y espero hacerlo totalmente recuperada ya de mi constipado. Me gusta mucho corregir los artículos. Noticias, crónicas, reportajes, comentarios, columnas de opinión… Todo pasa ¿felizmente? por mis manos, y recibe el estigma de mi rotulador rojo, culpable también de que llegue a casa, (y la mayoría de las veces, a los sitios o bares) con las manos pintadas. Y corrijo artículos sobre todos los ámbitos: internacional, nacional, deportes, economía, cultura, televisión, y hasta toros. En realidad, los artículos que más me gustan son aquellos que más plagados están de erratas: que si un acento por aquí, que si un plural, que si un ‘que’, que si una mayúscula, que si esto va en cursiva, que si una coma falta aquí y sobra allá, que si una primera persona no puede ir en la misma frase en que va una tercera y en estilo indirecto… Muy divertido todo, y más después de haberme leído el Libro de Estilo y, ya hace algunos años, (2 ó 3) el libro de A. G. El Estilo del Periodista (sabía yo que para algo me iba a servir). Lo más divertido y curioso es ver, después, quién te ha hecho caso y quién no. Los primeros días descubrí con agradable sorpresa que me habían hecho caso en todas mis sugerencias. Creo que la sección de Internacional es la que más caso me hace. Las crónicas económicas, (que a nadie le gusta nunca hacer), a mí me encantan, porque tienen muchos errores. Y las de nacional e internacional también me gustan. Las de deportes también, aunque son las peores cuando te quedas de guardia, y es que en mi primera guardia se me amontonaban en la mesa y estaban llenas de erratas, por las prisas de escribir a las 11 de la noche y eso, digo yo. Bueno, voy a dejar de escribir ya que esto no son más que pinceladas sin orden que voy dando de algo que podría encuadrarse en un buen post y que ahora mismo no soy capaz de hacer. Otro día, quizás. Además tengo hambre, y me voy a cenar. Una salchicha de post-re (parezco los del QMD)![]() Son más de las 12, estoy cansada y me duele la garganta. Por todo ello no sé qué narices hago que no estoy ya en la cama. Mañana tengo clase a las 9 y me tengo que levantar a las 7.30. Acabo de llegar hace un rato de trabajar y he cenado sopa, salchichas, patatas fritas, una naranja y un trozo de tarta de manzana que he encontrado en la nevera. Siguen siendo más de las 12 pero mucho menos de la 1. Hasta mañana. Esas primeras veces...![]() La primera vez, o, más bien, las primeras veces que haces algo, suelen ser las mejores de todas (aunque por supuesto he de decir que, como en todo, hay abrumadoras excepciones). La primera vez que ves Pulp Fiction y la impresión que te deja, tanta, que durante unos días e incluso meses estás pensando en escenas, diálogos, y pasajes de la película; deseando asimismo volver a verla una y otra vez. Pero no es lo mismo. Cuando haces algo por primera vez, con el paso del tiempo recuerdas incluso lo que llevabas puesto ese día y a qué olía tu sensación. Así, cuando vi Pulp Fiction tenía 17 años y recuerdo que fue en verano, al día siguiente de la boda de un primo mío de Salamanca; y también recuerdo que al día siguiente fui a la piscina (cuando mi vida no se basaba solamente en currar y ser un lechón). Bien, pues en la piscina recuerdo que me mojé el pelo echando a perder el peinado del día anterior en la peluquería, y que esperaba ligarme algún día a un rubio que también iba solo (sin acento) a nadar y a tomar el sol a la piscina. Las primeras veces que sales por Malasaña y por otras zonas de la capital empiezas a saber lo que es Madrid. Y esto también lo recuerdo a pesar de tenerlo más reciente. Pero te empapas de la cultura nocturna, de los bares, del whisky que no es garrafón (a veces), de la música, de las calles, del drama, de la pasión y también de la sinrazón. Pero vuelves un año después y vuelves un fin de semana sí y otro también, y ya no es lo mismo: es la decadencia sin encanto. Indescriptibles también son las primeras veces que escuchas un disco que te empieza a gustar cada vez más: las primeras veces que deleitas Hummingbird en agosto de 2006, leyendo en el tren desde Chamartín un libro de Pérez Reverte; las primeras veces que te pones tu jersey favorito, que llevas el bolso marrón o las gafas de montura roja. La primera vez en todo el verano (¿en todos los veranos?) que disfrutas de un fin de semana de mini-vacaciones al irse tus padres de viaje (no tú). Lo recordarás. Así como lo que hiciste al día siguiente: ir al Corte Inglés a cambiar unas botas de motera que ¿increíblemente? te ha regalado tu hermana por una chaqueta que hace tiempo querías y por Los Placeres y los Días, de Proust, título del libro que utilizó el fallecido Umbral para dar identidad a su enrevesada columna diaria. Además de todo esto, recordarás también las primeras veces que vas al periódico y tu primera guardia (ayer), en la que, a pesar de agobiarte y ‘acojonarte’ un poco, te desenvuelves bastante bien. Las primeras veces que ves al director por la redacción y te pilla mirándole con cara de tonto/a. Tu último año de carrera. Siempre. ¿Tan poco y tan sencillo?![]() Una hora. Una hora es lo que hemos tenido que esperar los becarios a que llegara nuestro hombrito. Antes de llegar yo pensaba que iba a matar a alguien por el camino. A alguno de esos que enfilan las escaleras del metro y las bajan raudos pero de pronto se paran delante de ti, mientras tú intentas zafarte rápidamente de ellos para proseguir tu camino; o a una de ésas que se te sienta enfrente y procede a una extraña y minuciosa observación para analizarte de la cabeza a los pies… Y es que he ido estresada porque iba muy justita de tiempo. Por la mañana me he ido a repartir papeles de publicidad de la clínica dental de mi cuñada (otra vez) y al final me ha invitado a comer cuando me he pasado por allí y he llegado a casa a las 3.30. Quería cambiarme de ropa y demás porque no iba a ir con las pintas que llevaba… Después del show de cargar en una mano con los folletos, con un mapa de la zona y con un paraguas… al final decidí ir sin paraguas. Y me mojé. Y me desperdicié. Aún así, llegué al periódico a las 5.05. Y vi que había un montón de becarios arremolinados en el ‘hall’ (o vestíbulo, castellanicemos mejor). Les pregunté si estaban ahí por la misma razón que yo y me dijeron que sí. Algunas (y digo bien, porque sólo había un chico) hablaban entre sí. Otras miraban solitarias a la nada. Él leía el Marca, y yo miraba a veces a la nada, otras al periódico que había allí para leer, y otras a mis uñas completamente roídas. (Bueno, a las uñas no, a las pielecillas de alrededor, que son mejor aún). Cuando llegó el señor, nos llevó a dos chicas y a mí a nuestra sección, y ahí nos dejó. A una de las chicas yo la conocía del año pasado, de pedirme apuntes… Y resulta que en esta sección se corrige no la sección de Madrid, sino todo el periódico, lo que vaya llegando. (Bueno, ya lo concretaré porque ahora mismo no tengo mucha idea de nada). Y vi al director y a uno que escribe libros sobre ‘politiqueos zapateriles y controvertidos’. Y me hizo ilusión verles. Seguro que dentro de un tiempo lo veo normal y todo. E incluso nos vamos de cañas juntos (bueno, esto último no creo, aunque nunca se sabe). Nos han dado fotocopias de algunas cosas del libro de estilo y espero leérmelas pronto. Según la planilla, a mí me tocaría empezar el miércoles y quedarme de guardia (de 7 a 1 de la mañana) pero como es mi cumple se lo he cambiado por el domingo a la que me pedía los apuntes. Y es que se trabaja cuatro días sí y cuatro no, así que vamos rotando y a veces me toca fines de semana y a veces diario. Está muy bien. Y cuando te quedas de guardia te pagan taxi y cena. Y esto es todo, amigos. Creo que nunca había escrito tan poco y tan sencillo. Emociones y desvaríos varios![]() Emotiva. Así fue como califiqué la despedida que me hicieron los de las prácticas que dejé atrás (no sé si para siempre) este viernes. Como ya adelanté, ese día, el día de mi marcha, coincidía con el de la mudanza a otro edificio. Así que el día anterior el jefe me dijo que no haríamos mucho. Pues bien, llevé dos surtidos de pastitas que les gustaron mucho (sobre todo las de chocolate) e hice una noticia porque no daba tiempo a más. Los de la mudanza se estaban llevando ya los ordenadores y todo lo que encontraban a su paso. (Hubo un momento en que llegué a pensar que se habían llevado también mi móvil, pero resulta que lo dejé al lado de la mesita en la que estaban las pastas… en fin, qué susto me di) Cuando dieron las 12 ya no había mucho que hacer, así que los de la redacción (incluidos los de información económica con los que nunca había hablado a lo largo de estos cuatro meses, pero a los que muy amablemente ofrecí pastitas también) me preguntaron sobre mi nuevo trabajo y les conté con más detalle lo que voy a hacer. Estuvimos un rato de cháchara y el jefe me vio con el nuevo periódico que ha salido sobre la mesa y me preguntó que me parecía. Y resulta que más o menos su opinión coincidía con la mía. ¡Opino igual que un jefe! (yooho). Bueno, bromas aparte, después me dijo que les daba pena que me fuera y que me iban a echar de menos, que me podía ir de allí con la cabeza bien alta y que en un futuro a lo mejor me volverían a llamar. No me esperaba que me dijera eso, pero noté que, a pesar del ambiente un poco tenso que se ha respirado a veces en esta redacción, era verdad lo que me estaba diciendo. Y entonces me dio más pena irme. La chica nueva me pidió el Messenger y me habría gustado que se hubiera incorporado antes porque la verdad es que en dos semanas nos estábamos haciendo amigas. Total, que muy emotivo todo… Ahora, después de un fin de semana de por medio, tengo que empezar una nueva aventura periodística sin haber asimilado aún que se haya acabado ésta. Y es que no he tenido ningún día libre (entre diario) para pensar y reflexionar. (Bueno, ¿reflexionar sobre qué? No sé, pero supongo que sobre algo habría que reflexionar…) Ahora mismo estoy escuchando la B.S.O de Death Proof y la verdad es que tiene canciones muy recomendables (todas) que pasan sin que te des cuenta, y se repiten, y se repiten, hasta que no te has dado cuenta de cuántas veces lo han hecho. Una que me gusta especialmente es ésta de Smith. Baby It´s You. Pero también Jeepster, de T-Rex. El viernes noche me fui a Guadarrama a las fiestas a pasar frío pero también un rato agradable y por el camino escuché como 500 veces una canción de los Smiths que me tiene completamente viciada: This Charming Man. Aún no sé cómo he podido vivir sin ella hasta hace relativamente poco. ¿Qué más me quedará por descubrir? Seguro que mucho… Creo que la próxima vez que la escuche probaré a hacer lo que Morrisey hace con la mano en este vídeo. Quizá así llegue antes al orgasmo… En otro orden de cosas, el jueves fui a la consulta de Alergología a ver a mi doctora preferida, que me dijo que no sabe lo que me pasa desde hace más o menos una semana. Y es que me enseñó un gráfico según el cual ahora mismo no hay ningún tipo de polen en el cielo de Madrid, por lo que hay que investigar el origen de mis males. Yo pensaba que me había constipado, pero qué va. Me preguntó qué cosas había hecho nuevas últimamente: si me había echado un novio con perro o si me había enrollado con alguna de mis amigas que tienen perro (aunque ninguna tiene, excepto Atenea que tiene un gato, pero a los gatos no tengo alergia, y a Atenea tampoco, lo que significa que no hay excusa para que ya haga casi dos meses que no la veo, ella sabrá por qué, yo no lo sé…). Bueno, también me preguntó si había decidido suicidarme comiendo marisco o haciéndome yo directamente con algún chuchillo simpático: pero no. Lo único que he hecho a menudo estos días ha sido comer helados con frutos secos, (sí, también tengo alergia a los frutos secos, aunque en teoría solamente a las nueces y a las avellanas, y parecía que hasta ahora las toleraba bien). Me dijo entonces la doctora que dejara de comerlos, a ver si era eso. Pero después, investigando con mi madre en casa, me acordé de la chica nueva del trabajo, que la pusieron en el ordenador de al lado; y dije: “ya está, ésta tiene un perro y encima como ahora hace frío, el jersey negro que suele llevar lo trae lleno de pelos”. Bueno, pues en un sin vivir estuve hasta que se lo pude preguntar al día siguiente, aunque me dijo que ha tenido perro hasta hace una semana, justamente debido a que su padre también es alérgico, por lo que han tenido que entregarlo a sus tíos. Aún así, puede que su ropa siga conteniendo pelos y ahí resida la causa de mis males. En fin, si es así ya debería acabar este calvario de estornudos diarios, mocos, picor de paladar y garganta y ojos hinchados al despertarme… Y lo de los helados también está controlado. Así que ya veremos si se me pasa o si por el contrario mi muerte está cercana. Estos días, desde que tengo tan mala salud (en realidad desde hace casi un año) me da por pensar (y justificadamente) que me voy a morir pronto. Si estoy así con 22 años (casi 23, el miércoles los hago), qué será de mí con 40, y con 50, y con 60… (Bueno, si es que llego). En fin, cuando me vaya a casar con alguien (si es que lo hago) le advertiré que se vaya buscando a otra muchacha por ahí porque la viudedad prontamente le acechará… Bueno, me estoy tomando a coña este tema, cuando tampoco debería jugar con él… así que voy a cambiar de asunto y os voy a contar que en realidad sí conseguí colgar el álbum raro ése de fotos que os dije. Hay imágenes mías comprometedoras y retocadas por mí con colores, brillos y saturaciones distintas (no con Photoshop, sino con Microsoft Office Picture Manager; joder, qué bien me lo pasé haciéndolo) pero también, aparte de mías, hay otro tipo de fotos más agradables y, sobre todo, instructivas. A mí particularmente me gusta mucho mi súper álbum... ** Espero que mañana me vaya bien en el periódico. Aún no me creo que vaya a empezar ahí. Parece que ya todo me da igual, que no me asombro demasiado por nada. ¡Pero mañana cuando llegue allí seguro que estoy como un flan! Y os lo relataré, así que podéis tranquilizaros. ** Foto: T- Rex en todo su esplendor. El saqueo![]() Entrando en mi blog y viendo las primeras fotos que aparecen (Paul MacCartney, Uma Thurman, Marilyn Monroe, y Jack Kerouac, todos un pitillo en la mano), cualquiera diría que estoy llevando a cabo algún tipo de publicidad subliminal. Pero no, no es así. Es simplemente fruto de la casualidad. Y más teniendo en cuenta que ni siquiera yo misma fumo… Y hablando de mí, no puedo evitar contaros cómo perdí anoche el tiempo de la forma más absurda que recuerdo hasta la fecha: me metí en una página web de fotografías que te permitía crear una especie de álbum en el cual aparecen todas aquellas que te gustan y que has subido para que alguien (se supone que alguien más aparte de ti mismo/a) las vea. Pues bien, estuve subiendo un sinfín de fotos de mis cosas preferidas (léase películas, portadas de discos, cantantes, algún escritor… sí, soy así de friki; pero también, todo hay que decirlo: alguna foto mía). Y al final resulta que no me ha servido para nada, porque se supone que podías colgarlo en tu blog y yo lo he hecho y no se ve nada de nada. Lo que me pregunto ahora es si eso se verá en algún sitio, porque me tuve que registrar con e-mail y todo. Espero que no, porque la opción de “compartir” no llegué a ejecutarla… Pero nunca se sabe… Y creo que es una especie de comunidad de gente friki que hace eso. Bueno, yo no me he preocupado por saber más. Por ahí andará mi álbum de cosas guays. En otro orden de cosas, hoy los becarios (y los no becarios también) hemos llevado a cabo un saqueo histórico de la redacción de la página web. Y es que el viernes nos vamos a mudar con todos los bártulos a un nuevo edificio, porque está cambiando la dirección y todo ese rollo. Algo que desgraciadamente yo ya no podré ver porque me voy. Hoy, en el e-mail que nos han mandado a todos (y que no tenía desperdicio), ponían cosas como las siguientes: “el viernes a las 8 de la mañana empezará la mudanza; así que hoy van a traeros unas cajas para que metáis en ellas todas vuestras cosas y pongáis con celofán y con un rotulador vuestro nombre (nada de pos-hit, que luego se caen y la liamos). Los becarios, incluso los que no vayais a seguir con nosotros, guardad también lo que encontréis y poned en la caja, simplemente, “becario”. (…). (Vamos, que los becarios no tenéis personalidad, no os penséis, sólo sois entes en la redacción.) ¿A qué es un e-mail cojonudo? Yo cuando lo he leído no he podido evitar reírme, aunque a lo mejor hay quien no le encuentra la gracia por ningún sitio. Aún así, tengo que decir que el que lo ha escrito, (que no tengo el placer de conocer), tiene que ser un auténtico crack. Pues bien, en cuanto a lo del saqueo, como en el e-mail ponía que teníamos que indicar qué armarios no queremos que se lleven (porque están viejos o por lo que sea) los que se iban a quedar ahí debían ser vaciados. Y por quién mejor que por nosotros: camisetas de Srhek, gorras, frisbis, carpetas, discos (los discos eran tipo OT; no os penséis). Mientras yo estaba tan decentemente escribiendo mis noticias, dos becarios empezaron a saquear delante del jefe, y a mí, que no hace falta que me animen mucho, me instaron a que me uniera al saqueo, así que obtuve mis camisetas de talla L ó XL y mis gorras y frisbis y hasta un pijama bien chulo de Shrek. Un tipo que hace información económica y que tendrá unos 40 tacos se ha convertido hoy en el mayor saqueador de la redacción, porque se ha agenciado unas 25 camisetas, alrededor de 13 gorras, y bolsas a montones. Pero además de todo esto, no sé dónde habrá encontrado mochilas de colores y estuches, porque yo no los he visto por ningún lado. Decía que todo era para su sobrino. Eso decía él... Las carpetas y cuadernos tampoco los he olido, y eso que un becario, bien contento él, se estaba agenciando unas cuantas: “esto para los apuntes viene de puta madre”, manifestaba, visiblemente emocionado. Ahora que me voy a ir de aquí es cuando más a gusto estoy. No sé si conté que la semana pasada vino una chica nueva, que es bastante maja. Nos tomamos el café juntas y todo, pero hoy me he sentido mal porque cuando yo me estaba tomando una chocolatina y un café y le he ofrecido, ella me ha dicho que está a régimen, a lo que yo le he respondido: “sí, yo también debería”, cuando la diferencia de peso entre ambas debe de ser importante… En fin, son ese tipo de cosas que pueden hacer que alguien comience a odiarte sin que tú sepas por qué… Pero creo que la caigo bien, a pesar de todo. Y me ha contado que tiene amigos que están en el periódico al que voy a entrar yo. Y dice que están hartos porque están muchas horas... Ayer, por cierto, me llamó otra vez el hombrito del periódico, y es que, según él, tenía las cosas menos claras que yo (y eso que yo no sabía nada). La conversación se desarrolló de esta forma: A las 22.30 horas suena mi teléfono (sí, los periodistas somos así de cretinos: no tenemos horarios y llamamos a horas extrañas e intempestivas) - Hola, ¿eres Sonia? - Sí. - Mira, te llamo del periódico ( ) ¿te acuerdas de que hablamos hace unos días? es que no sé en qué habíamos quedado... - Pues creo que el lunes día 1 tenía que estar allí a las 5 de la tarde. - Sí, ¿y no sabes en qué sección estás ni nada no? - No, no sé nada todavía. - Uff, me dijiste que estudiabas por las mañanas ¿no? Pues es que por la tarde tengo poco… - Vaya. - Tengo Motor, Internet, volcado de suplementos a la Web, y Corrección. Total, que después de debatir con el hombrito estas cosas, me he quedado con la corrección de la sección de Madrid, que me ha dicho que es donde más voy a aprender si estoy “en mesa”. Espero no haberme equivocado, porque le estoy dando vueltas a si tenía que haber cogido lo de Motor o Internet… Pero es que no me gustan esas secciones… De todas formas me ha dicho que a los 3 meses, que es lo que dura la beca, me pueden renovar y poner en otro sitio si se puede. El horario es de 5 a 10, lo que me ha asustado un poco porque, teniendo en cuenta que entro a clase a las 9 y salgo a las 2… llegar a casa a las 11 de la noche todos los días va a ser agotador, aunque espero que no tanto como este verano con la radio y la página web… Aún así, espero hacerme a ello, y siempre puedo hacer alguna que otra ‘pella’ en clase, aunque intentaré no abusar, que luego me dejan apuntes que no me gustan y me rallo. En fin, esto es lo que hay; que me ha llevado escribirlo un rato, y es que, aunque tenía ganas, no sabía por dónde empezar a hacer un nuevo post… ¡A ver si ahora escribo más a menudo!
La boda de mi hermana![]() Cada vez escribo menos y me gustaría saber por qué. Me gustaría saber si hay explicación, aunque seguramente la haya. La verdad es que últimamente no paro apenas en casa. Y eso que ya dejé la radio. Pero sustituyendo unos vicios por otros, el resultado es que llego a casa a las mil y apenas hay cosas de las que puedo escribir ahora mismo. Bueno, siempre hay algo de qué escribir, qué narices. Y para demostrarlo, voy a hacer la crónica, (o una crónica) de la boda de mi hermana este sábado día 15 de septiembre. Pero… ¿cómo hacer una crónica de una boda? ¿De qué hablar? ¿De lo loco que estaba el cura y de lo nerviosa que me puse cuando tuve que subir al altar a leer (creo) lo que leyó la abuela de Letizia Ortiz en su boda? ¿De lo bien que me sentaba mi vestido y mi peinado que, según la peluquera, era a lo Audrey Hepburn? ¿De cómo se me subieron las dos cervezas que me tomé en el cóctel? ¿O de cómo me reí grabando a mi padre bailar con el bastón que llevaba en lugar de las muletas y que le permitía ir apoyando el pie, además de provocar que todo el mundo le llamara Doctor House? ¿Del tío alto que iba entrando a todas las féminas de la boda en el baile, a todas mis primas y que, por lo visto, a mi madre la besó la mano, haciendo que así ella misma me dijera: "pues no te rías de ese chico, que es bien educado..."? Creo que al final no pilló nada el pobre, y eso que estuvo a puntito a puntito con una amiga de mi hermana... La verdad es que hay tantas cosas de qué hablar, ¡que no sé cómo hacerlo! Me he bloqueado. Pero sólo diré que me lo pasé muy bien y que mi hermana iba muy guapa. Además, aunque al final la boda ha llegado pronto y se ha pasado volando, en el fondo estoy contenta porque a mi madre le iba a dar ya un ataque de nervios con la 'preboda'… En la de mi hermano no se puso así ni por asomo… Ocurrirá sólo en el caso de las chicas, supongo. Aunque, visto lo visto, visto todo lo que conlleva una boda, te dan ganas de no casarte nunca… Bueno, eso sí, luego te lo pasas… En fin, lo peor ha sido tener que aguantar a todo el mundo haciendo los típicos comentarios: “ya sólo faltas tú…”, “tú eres la siguiente”. Y, deliberadamente, te preguntan que si tienes novio… Pero es que, al parecer, la cosa no acaba aquí. Porque te acabas echando novio, te casas, y el siguiente acoso se basa en la insidiosa pregunta de “qué estás haciendo que aún no tienes bebés”. En fin, vaya post más absurdo que me acabo de marcar. Pero tiene que serlo a la fuerza, porque mientras escribo esto me ha pasado una cosa surrealista (como las que me suelen pasar, por otra parte). Y es que me acaba de agregar al Messenger un niño de 18 años que ha visto mi mail en un foro de los Beatles en el que me inscribí hace años y a lo mejor escribí y todo… Bueno, a lo mejor no hace tanto, pero es que ni me acuerdo. Y al parecer el tío ha visto que soy de Madrid y por eso me ha agregado. No sé si sabrá más cosas de mí, (es lo que estoy intentando descubrir). Aún así, y aunque es majo el chico, me parece que voy a darle carril, que si no estos se te suben a las barbas… Y no estoy yo últimamente para muchos ‘messengers’… **Como veis, no me he comido mucho la cabeza con el titular. ** Sí, ya sé que os habría gustado ver una foto mía aquí puesta... Pero nunca me ha gustado poner fotos mías a la vista de cualquiera y... por otra parte, no sé reducirla a los 20 K que pide esto. Soy así de sosa y de torpe. Ya lo sabíais ¿no? ¡Feliz Cumpleaños, blog!![]() Hoy es el cumpleaños del blog. En tal día como hoy, una noche de viernes, se me ocurrió dar vida a esta cosa que estáis leyendo y para la que yo ahora mismo estoy escribiendo. Justo hace un rato he revisado mis documentos y he borrado cosas que están aquí. ¿Para qué tengo el blog entonces, para qué escribo en documentos de Word y luego los guardo? No os creáis, que en el curro de por la mañana también guardo en el ordenador todo lo que escribo, aunque ya esté publicado y no valga para nada. Quizá el último día los guarde en un mp3 o en un disquete. Me gusta guardar las cosas, aunque al tirar aquellas que ves que no usas nunca, también sientes una especie de placer al ver espacio libre de chorradas. ¿No? Ahora mismo estoy escuchando el álbum Rubber Soul de los Beatles. No lo tenía. Llevo un día muy tonto. Y eso que estaba contenta por haberme constipado ligeramente y por haber acogido a esa cosa tan inadaptable, proporcionándome la excusa perfecta para quedarme en casa descansando. Esta noche he dormido 13 horas. Me he sentido como el protagonista de una de esas pelis de aventuras en las que el héroe vive tantas calamidades fuera de su casa que cuando alguien le acoge (una pareja de ancianos adorable con nieta en edad casadera y de buen ver, indefectiblemente), el tipo se queda durmiendo días enteros, hasta que despierta asustado y exclama, a la viejecita adorable: “¿Dónde estoy?”… Y ella le dice “Hijo mío, no te preocupes, estabas tan cansado, que necesitabas dormir. Ahora tienes que comer” (Y le prepara un cocido. Ah, no, que es Hollywood…) Bueno, parece que al final no hago ni reflexión por el cumpleaños del blog, ni nada de nada. Vaya mierda. Pero ya os digo, que tengo el día tonto. Hoy me ha llamado M, que ya está mejor y el lunes viene a la radio. Que echa de menos nuestras risas. Que qué tal por allí, que qué cosas han pasado. No sé por qué se ha olido algo sobre mí de lo que ni siquiera yo estoy muy segura y que no quiero reconocer. Pero ahí está. No sé cómo lo gestionaré. Me queda una semana de gestión, supongo que no más… Sobreviviré, y no haré nada del otro mundo, como (casi) siempre. Me irá bien así... Unas últimas palabras para el blog, y poco más. ¿Qué decir? Cuando lo creé, no lo hice por nada en concreto. Fue un impulso, sin más. No nació del desamor, como le ha ocurrido a mucha gente. En todo caso, el mío nació del amor. Del amor que sentía hacía la vida en ese momento. Como se suele decir, por aquel entonces, estaba enamorada de la vida. No había nada especial, de hecho no había casi nada bueno, ni nuevo, pero yo lo llevaba todo con amor y resignación. Y algo me decía que tenía que escribir y crear cosas, aunque sólo fuera para mí. Esperaba, no obstante, que alguien se lo pasara bien leyéndome, al igual que yo me lo pasaba bien leyendo a los demás. Antes pensaba que sólo podías aprender leyendo a escritores, pero ahora pienso que escritores somos todos y uno aprende, tanto escribiendo, como leyendo el blog de su amigo. Aquel 25 de agosto yo estaría fumando como una gilipollas, y bebiendo igual. Lo habría hecho (lo primero) por la tarde en el hospital, porque fue un viernes que me quedé en casa, tal y como el viernes que fue ayer. La diferencia es que ahora sólo me emborracho como una gilipollas. Eso cuando me emborracho, que hay veces que ni eso. Y no sé qué es peor. Ahora mismo no sé muy bien hacia dónde voy. No me termino de definir. No soy bukowskiana, ni capotiana, ni tarantiniana, ni beatleiana, ni nada, no me etiqueto y no hago nada por saber quién soy. Antes tenía más ‘hobbyes’. Ahora no sé de qué hablar conmigo misma. No sé qué hacer conmigo cuando estoy sola conmigo misma (bueno, sí). Siento que cuando estoy en casa lo único que hago es perder el tiempo. Y así como antes escribir en el blog me proporcionaba riqueza interior (no os riáis, porque es verdad), ahora me parece que es perder el tiempo. Y eso que ahora escribo menos que antes… Ayer cambié el diseño al blog, quizá con motivo de su aniversario, (ya estaba harto del rosita y los colores pastel, el pobre), o quizá, lo he cambiado porque me ha dado envidia ver que otros lo cambian y es que hay veces en las que viene bien ver las mismas cosas pero de diferentes maneras… No sé si será cosa mía, pero siento que antes (sin ser la hostia) yo escribía mejor. Puede que el cansancio, el colapso mental, o lo que sea, me hagan decir pocas cosas y, lo peor de todo: sin gracia alguna. Quizá necesite irme a algún sitio para inspirarme, como los escritores de verdad, y dejar a un lado mis obsesiones (y digo bien), obsesiones diarias. Y es que me estoy dando cuenta de que últimamente no paro de hablar de mis prácticas. Ya os habréis dado cuenta aquí, de todas formas, pero por ejemplo a mis padres, (y eso que ahora les veo poco) les tengo fritos con la radio, y a veces con lo otro también. A mis amigos (y a quienes no lo son también) siempre les estoy contando cosas de allí. De hecho no paro de pensar en la radio. Ahora mismo estoy pensando en ella. Ya sé por qué no tengo novio. Me canso hasta yo misma de mí y de mi radio… Ya me está dando pena que se acabe y tengo ganas de que llegue el lunes para ir y reírme y todo lo que conlleva. Me estoy pensando seriamente enfocar mi carrera hacia la radio, a partir de ahora. Y eso que siempre he sido (y soy) una persona tímida a la que no le gusta demasiado llamar la atención y todo eso… (Bueno, en el fondo sí me gusta, para qué nos vamos a engañar). En fin, a ver si llega el lunes y voy a la radio… Mañana no voy, vaya mierda. Después de estas bonitas reflexiones sin orden ni concierto, pero ya veis que muy profundas y especiales, me voy a despedir hasta otro día. No sé cuánto tiempo estaremos juntos, blog. No sé cuánto tiempo estaré escribiendo contigo. Pero me gusta que me ayudes a desarrollar esa faceta de la que tanto me gustaría llegar a estar verdaderamente orgullosa algún día. He de confesar que cuando empecé contigo, blog, no tenía muy claro que yo fuera a ser capaz de escribir cosas que después me atreviera a publicar. Ahora, quizá, me atrevo demasiado… Pero eso está bien. Ha terminado el disco de Rubber Soul y me he puesto Revolver. Espero que nunca me dejen de gustar los Beatles. Mientas suenen ellos, todo irá bien. Y si es escribiendo para ti, blog, mejor. No sé cuánto tiempo estaremos juntos; y de momento no voy a ponerle fecha a nuestro amor… Nunca me ha gustado hacerlo, así que ¡Feliz Cumpleaños Antonio! (el blog se llama así, por si no lo sabíais). Cosas que pasan... o no![]() Poco a poco me he hecho con mi sección en la radio. No está mal teniendo en cuenta que queda sólo una semana de programa y estoy aprovechando estos días al máximo. Salgo todos los días en directo y la verdad es que me lo paso muy bien. Aunque habrá quien lo vea injusto, yo ahora no veo tan mal que no me paguen. Es un placer y además estoy aprendiendo. Me va a dar mucha pena que se acabe todo esto, aunque quizá continúe hasta el 30 de septiembre. Aún no lo sé… Ahora mismo estoy escuchando el último disco de Wilco y es brutal. Pero me está haciendo sentir melancólica. Quizá también sea debido a mi estado de ánimo de los últimos días. Esta semana ha faltado M. porque se fue a las fiestas de su pueblo y se supone que tenía que volver el miércoles, pero se ha puesto mala de la garganta (o eso nos ha contado). Hombre, yo me lo creo, porque he podido hablar con ella y realmente sé que nos ha echado de menos y también se lo pasa muy bien aquí. No es lo mismo cuando no está ella. Yo a veces me pregunto si mi personalidad es como un camaleón, cambiante y extraña, porque puedo ser diferentes personas en un mismo día y en diferentes situaciones. Por ejemplo, en el curro de por la mañana, donde cada uno está en su ordenador y se habla poco, suelo ser arisca y parca en palabras. Quizá también se deba al madrugón que me pego y a que desde el principio allí ha habido ese ambiente… Pero es que cuando llego a la radio, me siento mejor, de mejor humor y más habladora. Estamos siempre de cachondeo, incluso con el director, que, sin ser tan joven como nosotros, es un cachondo y no es nada prepotente. Es majísimo. Pero estos días que ha faltado M., no ha sido igual. En la comida nos hemos reído mucho menos. Y escaparme a tomar un café yo sola, sin ella, no ha tenido mucho sentido, pero bueno… De todas formas, con las otras chicas y con los demás también me estoy empezando a llevar bien... Ha sido una semana extraña. Se me ha pasado volando. No sé si os conté que me estaba leyendo “La Conjura de los Necios”… Pues aún sigo, después de dos meses o así. Pero ya he desistido y para las 40 páginas que me quedan, no me lo llevo a currar. Ahora llevo para leer en el metro el de “Desayuno en Tiffany´s” de Truman Capote. Está bastante bien. Pero lo paso fatal cuando a la hora de la comida cojo la Línea 10 desde Tres Olivos casi entera para ir a la radio y me empieza a entrar sueño… No me gusta nada dormirme en el metro porque me pongo nerviosa. Se me va la cabeza y cuando me despierto, me sobresalto. Por eso intento hacer todo lo posible por mantenerme despierta, aunque se me cierren los ojos y los músculos del cuerpo se destensen y se relajen hasta casi la inactividad total. Hoy me he despertado un poco constipada, y entre eso y otras cosas, he decidido quedarme en casa esta noche. Seguro que os ha pasado alguna vez lo que voy a decir ahora mismo. ¿Cuántas veces os habéis quedado en casa y os ha empezado a llamar gente para salir, cuando otros días que quieres salir todo el mundo tiene algo mejor que hacer? Mi amiga M. (otra, no M. de la radio… Vaya puto lío con las putas iniciales y la autocensura). Bueno, pues mi amiga M, que en todo el puto verano ha venido sólo una vez a Madrid a verme, me ha llamado antes. Seguro que quería quedar, pero no lo sé porque no lo he cogido. Tiene narices. Por cierto, vaya mierda que estoy escribiendo. Es que no soy capaz de relatar un viaje en metro hablando con alguien, sin que se note que yo soy uno de los interlocutores… O, tampoco sé decir lo que siento estos días, ni aquellos, ni los que vendrán. A veces me pregunto si alguien está contento con lo que escribe, o con su voz en la radio, porque, aunque todos me digan que está bien y que lo hago bien, yo lo sigo viendo mal… Es como lo de mi pelo rizado, que me lo aliso siempre que puedo para que luego siempre me digan que estoy mejor con ello rizado. No conozco a nadie aún que me haya dicho que liso me queda mejor… Sin embargo, yo me veo más guapa después de la ardua tarea de plancharme los rizos de oro, que ahora no lo son tanto pero lo fueron… En fin, son cosas que pasan, como cuando el otro día una compañera me llevó a casa en coche y fuimos hablando de chicos. Ella dice que no ha tenido novio en su vida… Me extrañó, pero son cosas que pasan, ¿no? Una crónica alternativa![]() Mis prácticas en la casa de los locos cada día son más surrealistas. Me gustaría hacer una crónica detallada de todos y cada uno de los personajes que toman parte en mi historia, pero me temo que, por razones obvias, no podré ser demasiado exhaustiva. De todas formas, si hay una cosa que está clara es que los periodistas, sean de radio, de tele o de prensa o de página de los webos, están todos locos. Veis que aún no me considero mucho del gremio… ¿Vergüenza ajena, quizás?... Bueno, la verdad es que la primera loca aquí soy yo… El primer día M. y yo revolucionamos la dinámica del equipo diciendo chorradas en directo, que no obstante gustaron al director, y cuando nos aguantábamos la risa al escuchar las barbaridades que soltaban los oyentes (definitivamente, la gente que llama a la radio está grillada), el director después nos dijo que nos teníamos que haber reído, que habría quedado muy natural… Bueno, pues hoy he entrado yo al estudio y, tras proponer el tema del día: manías raras de la gente, me he descojonado oyendo lo que los oyentes nos contaban. Un tipo ha confesado que su manía es sacarse mocos en los semáforos cuando va en el coche, y además, el tío aseguraba que eso es un símbolo de virilidad. Después de esto el director me preguntó: “Sonia, ¿tú crees que sacarse mocos es un signo de virilidad?”. Y yo: “Jajaja, no, más bien no…” Pero luego dije: “Bueno, como todos los hombres lo hacen, como es una cosa universal, entonces supongo que sí será un signo de virilidad”. Y aquí el director me contestó: “No, no, Sonia, perdona, no todos los hombres”. Bueno, esto es un ejemplo de lo que os estáis perdiendo al no escucharme… (Jajaja). Lo mejor también es estar fuera del estudio, en realización, para ver cómo todos los becarios se vuelven locos cogiendo los teléfonos y todo eso. El otro día M. se rompió una chancla. Y es que nos mandaron corriendo a redacción a buscar más noticias cortas, porque parecía que íbamos mal de tiempo… Entonces salió corriendo y se rompió una chancla, (la tira que sujeta el dedo gordo), de tal forma que ya no iba a poder volver a casa sin un arreglo o algo. Al final se puso unas gomas, la pobre, pero me descojoné como nunca. El caso es que antes M. y yo, cuando estábamos en el otro programa, no nos llevábamos muy allá. Pero últimamente, con los reportajes de calle que hemos hecho y tal, hemos empezado a hacer migas. Y ahora que estamos en este programa nos lo pasamos genial juntas. Creo que voy a dejar de hablar ya porque me he cansado y estoy resacosa. Anoche estuve en Guadarrama y me sentó muy mal el garrafón. Para colmo, soy tan lista que he desayunado un donuts de chocolate y un café, así que sigo con el estómago mal y a base de agua de limón. Bueno, ya veo que mis lectores en agosto tienen cosas mejores que hacer que comentar mis historias… Pues que sepáis que no me importa, porque ahora, además de lectores, tengo oyentes… Por cierto, me pongo súper nerviosa cuando sé que voy a entrar en un determinado momento a hablar, pero si estoy de tertulia y me pilla de improviso la pregunta del director, me desenvuelvo mejor. Pasa lo mismo con el directo, que cuando grabas algo te pones más nervioso/a y te equivocas más que cuando lo haces en directo… (Bueno, ya veis lo flipada que soy, que cuento todas mis frikadas periodísticas… ¡Pero es que últimamente no hago otra cosa! A ver si me escapo algunos días a desconectar y eso… Ya os contaré). Por cierto, creo que es el día 26 cuando se cumple un año del desdichado momento en que se me pasó por la cabeza dar vida a este blog tan absurdo y monótono… Bueno, no voy a decir que le prepararé algo especial en su día por si luego no lo cumplo, porque el tío se entera. Oye, que no lo he dicho ¿eh?... Un nuevo y diferente lunes de Agosto![]() Nada es para siempre y todo tiene su final. Mi programa de los sábados y domingos por la noche ha finalizado para siempre. Vuelve el fútbol y con él, cada mochuelo a su olivo. Pero yo sigo al pie del cañón y más pluriempleada que nunca… Ahora me tengo que quedar a comer allí, es decir, según salga de mis prácticas mañaneras a la 1, tengo que enganchar la línea 10 entera y presentarme en el comedor sobre las 2.30 ó 3.00 para comer con mis nuevos compañeros y luego darle a la producción, realización y veremos si también locución del programa… Es curioso, porque la gente a la que cuento que estoy en dos sitios se piensa que lo hago para ganar dinero, y cuando les digo que no, que en la radio no me pagan y en lo otro la cosa es manifiestamente simbólica (bueno, no con estos palabros), se quedan a cuadros; lo que por otra parte parece que hace aumentar mi prestigio como persona…(risas). Me he quedado sin fiestas de San Lorenzo por esto. Y es que este fin de semana ha sido duro… El viernes tarde tuve que ir a las fiestas de Lavapiés a hacer un reportaje y después, ya agotada de andar (y, todo hay que decirlo: beber cerveza: ‘periodismo gonzo’ al poder…) ; me fui por ahí con Amaia, y entre pitos y flautas acabamos volviendo a casa a las 6 de la mañana, así que el sábado, habiéndome levantado a las 2; lo que menos me apetecía era irme a la radio a montar el reportaje a las 4 de la tarde con el equipaje de El Escorial para volver a no dormir y regresar a las 12 de la mañana para hacer nuestro siguiente reportaje por el centro: ambos para emitir el domingo noche… (Dios, sólo de escribir estas andanzas con este ritmo vertiginoso me estoy estresando… Y pensar que hoy es lunes… He hecho tantas cosas este finde que parece que ha pasado una semana…) Y es que hoy también ha estado agitadita la cosa… He empezado en mi nuevo programa, en el que ahora no está al mando el hombrito de siempre, sino otro que ha tomado su relevo en vacaciones… Y lo que yo no sabía es que todo el equipo ha sido sustituido por becarios, o sea, por nosotros… Qué bueno. Me ha encantado. Pero lo he pasado fatal cuando el hombre se ha quedado afónico porque estaba fatal de la garganta y cuando ya lo había dado todo con afonía y gallos incluidos ha tenido que sustituirle un becario… Menos mal que el chico lo ha hecho bastante bien, porque ha cundido el pánico por momentos, y encima en el primer día… Por otra parte, mi compañera del otro programa me ha dejado colgada, así que me he visto ahí solilla, pero eso sí, haciendo cosas que ya sabía hacer, claro: localizar a gente, buscar información, atender las llamadas de los oyentes… Y una cosa nueva: hacer un guión del tema que me había tocado y redactar las posibles preguntas que le íbamos a hacer a nuestra corresponsal en Berlín. Y el director me ha dicho que estaba muy bien… Los demás becarios, menos los dos que estaban conmigo haciendo llamadas y realización, han locutado con el director, así que el próximo día voy a ver si puedo hacer alguna sección yo… Este programa es diario, de lunes a viernes por la tarde. Pero el chiringuito se cierra el 31 de agosto, ya que el programa se va de parrilla. Vamos, que se lo cargan… Así que habrá que aprovechar al máximo estas tres semanas y pasárselo bien, que es lo más importante. Lo que espero cumplir es, ahora que voy a comer allí a diario, no engordar nada de aquí al 15 de septiembre, porque ya me he comprado el traje de la boda de mi hermana y me queda justo… Y hay unos filetes y unos macarrones con tomate y carne picada que para qué… Y tartitas de choco. Bueno, en fin, os dejo, que mañana me espera un día duro. A ver si algún día me escucha alguien en mis maravillosos debuts radiofónicos, que no me escucha ni mi familia!! (No hombre, es coña, mi madre me suele oír en directo, los demás escuchan la cinta grabada…). Retomando unos orígenes...![]() Han pasado muchas cosas últimamente, pero no me veo ni con ganas, ni con fuerzas, ni con tiempo para contarlas. Tampoco estoy muy viciada estos días con el blog. Pero voy a intentarlo. Por otra parte, sospecho angustiada que mi capacidad inventiva y de redacción están decayendo indefectiblemente. Y creo que conozco las razones… Este fin de semana ha sido muy pero que muy frenético. El viernes por la tarde estuve con la otra becaria por el centro haciendo un reportaje de calle para la radio, con la ‘alcachofa’ y todo, preguntando a la gente chorradas sobre la dieta mediterránea y el verano. Pero lo mejor fue la pregunta del millón: No sé si sabes que ha salido una encuesta que dice que los españoles no comemos fruta porque nos da pereza pelarla… ¿comerías más fruta si te la pelaran?... Y la verdad es que me lo pasé muy bien con la otra becaria, que además trajo con ella un amigo que se descojonaba con nuestra torpeza y nuestras aventuras surrealistas. A menudos personajes grabábamos. Si es que un viernes, a las 6 de la tarde con 40 grados y en pleno centro de Madrid, además de guiris, gente muy normal no podía haber… Bueno, por la noche quedé con Atenea después de un mes sin vernos, y fuimos a tomarnos un mojito al sitio donde preparan los mejores mojitos de la capital. Nos contamos todas nuestras cosas y estuvo bien, oímos buena música y nos reímos con mis aventuras, pero pronto me entró sueño y nos fuimos a casa pensando que me daba una lipotimia o algo por el camino… Me sentía como un bebé que se duerme en cualquier sitio, y de hecho creo que esa noche soñé que era un bebé, o que tenía un bebé, o que había cerca un bebé, o algo así… Lo único claro es que el protagonista de mi sueño era un bebé… (Aunque sigo pensando que el bebé era yo...) Los viernes, definitivamente, es un mal día para salir. ¡Estoy agotada! Y este pasado viernes más después de haber salido un martes hasta las 5 de la mañana, ¡teniendo que levantarme a las 7! El sábado me desperté a la 1 y me fui corriendo a la radio, porque teníamos que comer allí para que vieran que somos chicas buenas y montábamos el reportaje, es decir, los cortes. No es tan difícil como yo pensaba, es hasta entretenido… y me lo pasé muy bien también, sin el estrés de tener que emitirlo esa misma noche, porque se iba a emitir el domingo. Cuando salimos de la radio, a las 00.30, me fui al centro, a disfrutar de la cita más "divertida" que he tenido nunca (creo). La conversación, sin desperdicio: Yo: “¿Qué has estado haciendo hasta ahora?” “Nah, estar en casa con la tele, cambiando de canal y viendo pelis.” Yo:” ¿Ah sí? Creo que echaban la de “El Americano Impasible”. “Sí, pero ésa es muy lenta. Aunque yo no entiendo mucho de cine. ¿Tú sí?” Yo: “Hombre, yo tampoco soy una experta, pero esa peli sí me gusta.” “¿Te gusta el cine de ese tipo: antiguo y tal? Hay que ver qué frikis sois los de Periodismo… Seguro que también lees libros… “. (…) [¡¡Cielo Santo!!] Jajaja. En fin, esto sirve para constatar lo mal que está la cosa, y eso que me callo la mitad, pero la frase más representativa, (o sea, ésta), tenía que ponerla, para que os riáis un poco, hombre. (Y porque me lo ha pedido Atenea, quien no me comenta nunca porque, según ella, no la deja mi blog. Sin embargo, tras pensar en ello un par de minutos, yo he llegado a la conclusión de que mi querida 'Ateneitor' se queda atascada en algún punto del proceso, en la pregunta "antispam" quizá, que reza ¿cuántas son dos más dos?...). El domingo me desperté otra vez a la 1 después de haber dormido poco porque a las 8 de la mañana casi me da un ataque al corazón por el estruendo de una tormenta que hubo, muy mala, muy mala… Comí y me fui a la radio de nuevo, a dejar el reportaje hecho y demás. Lo que no sabíamos, ingenuas de nosotras, es que habíamos hecho una puta mierda de encuesta: pocas respuestas y casi todas de voces masculinas… Ya nos vale. Nos echaron una peta curiosa y nos fuimos por todo el edificio a preguntar a más gente: a tías, básicamente… Y al final la cosa salió bien. Presentamos el reportaje en directo y me salió mejor de lo que esperaba. Misteriosamente, no me puse nerviosa… Y eso que estuvimos cogiendo también las llamadas de los oyentes para luego meter a los que quisiéramos en directo. La gente tenía que llamar para decir qué grupo de música le gustaría que volviese. Y mientras llamaban a saco, los demás buscaban las canciones que nos pedían. Hay un "capitán" que está loco y llama siempre a nuestro programa, pero no puedes colgarle así como así. Luego me llamó uno que llevaba una cogorza impresionante, y me pidió que volviera Sabrina, la de Boys boys boys. Dios, tuve que hacer millones de esfuerzos para entender lo que decía. Y cuando le pedí su teléfono, no se acordaba, el tío. Sí, hay que pedir el teléfono porque no aparece en la pantallita. El primer día que estuve haciendo eso, me creí tan lista que a un pobre chico que llamó pidiendo un single de un grupo que vino a tocar, le dije: “sí, luego te llamamos y te hacemos llegar el single”, y… ya lo ha visto… Lo peor es que fue el único que llamó para el single y yo la cagué. Me sentí mal después, pero ya sé que siempre hay que pedir el teléfono, y ya está. A las 00.00, después del programa, me sentí realizada y como premio, mi mejor amigo de la radio me dejó el disco de Wilco, Sky Blue Sky. Había oído algunas canciones, pero en conjunto tiene muy buena pinta. Después me fui a casa y ayer me desperté a las 7 para ir a currar. Me temo que mi curro está perdiendo glamour, si es que alguna vez lo ha tenido. A mí me gusta creer en lo que hago, y darlo todo, (aunque sea una puta mierda), y de hecho lo he estado haciendo hasta ahora, pero hay veces que no se puede… Y cada día se me hace un poco más largo, aunque ahora me lo paso mejor porque me voy llevando bien con la gente. Una cosa por otra. Y el programa de radio se acaba la semana que viene, así que no sé dónde me van a poner ahora, para continuar hasta el 30 de septiembre, que es cuando se me acaba la beca. Miedo me da la odisea… Hay veces en las que me gustaría que se acabara ya todo esto, pero es una oportunidad y no debo desperdiciarla así como así. Para este domingo vamos a hacer otro reportaje, pero aún no sabemos el tema ni nada. Lo único que sé es que el viernes (aunque prefiero el sábado) me iré a las fiestas de San Lorenzo a hacer lo de siempre. Me gusta la idea pero por otra parte me deprime. No sé por qué. Bueno, estaré con mis amigos y me emborracharé, que ya es mucho. Con esto me basta y me sobra. Por cierto, ayer me compré por fin el vestido para la boda de mi hermana y me tengo que poner más morena (o sea, por más sitios). Es un coñazo todo esto de la estética… Y más cuando no tienes tiempo. ¿A que sí? Cómo sacar partido a una absurda resaca (y su no menos absurda explicación)![]() Creo que nunca he pasado una resaca tan mala como la que he tenido que sufrir hoy. Resulta que ayer, mientras estaba tan ocupada en hacer mi trabajo, como siempre, recibo en el móvil un mensaje de Amaia en el que, entusiasmada, me insta a acudir con ella a una fiesta de los cursos de verano de la Complu. Ella ha hecho uno de campañas electorales o algo así, que finalizaba ayer día 31. Por otra parte, es evidente que, así las cosas, supondréis que el número de cursos realizados por Sonia hasta la fecha ha sido éste: cero. (Bueno, no he tenido aún la oportunidad de contar que me he lucido no haciendo la memoria antes de la fecha límite sobre el curso que hice de radio el 25 y el 26 de junio en El Esco. Miré mal las fechas. Pensé que se entregaba en agosto y el otro día, cuando muy diligentemente me disponía a comenzar mi exquisita memoria, leí bien y vi que había que haberlo hecho 15 días después de la clausura del curso. Bueno, sólo me iban a dar un crédito, y el diploma ya lo tengo, así que tampoco es pa’ tanto, digo yo. Pero sí, la cara de gilipollas que se te queda es importante…) Después de este necesario inciso continúo mi relato. Pues bien, a pesar de no tener casi nada que ver con el acto, allí estaba yo, a las 22 horas como un clavo en la jodida puerta de la Sala R., esperando a que llegaran todos los cerebrines para desfasar en su día de fin de curso. Por ello, se había organizado un fiestón en esta famosa sala, previa adquisición gratuita de entradas en clase. Mi amiga me consiguió una y no pude decir no, a sabiendas de que hoy curraba y que el despertador sonando a las 7 de la mañana era prácticamente imbatible. El no presentarme hoy a hacer mis cotilleos se me pasó seriamente por la cabeza, pero la idea quedaba automáticamente descartada siempre que recordaba que hoy es día 1 y mi jefe volvía después de sus 15 días de vacaciones. Si he ido como una jodida condenada todos y cada uno de los días que comprende Julio, no voy a faltar justo el puto día en que vuelve el jefe… Tendría que haber llamado poniendo alguna excusa, pero habría sido muy cutre y prefiero sufrir en carne que padecer en silencio… (Joder, qué verborrea me gasto hoy…) Así, llegamos allí sobre las 10.30 y apenas había gente. El ambiente caribeño y la música salsera, a pesar de su rocambolesco ritmo siniestro, auguraban una noche con alguna que otra agradable sorpresa. Llegó un amigo de Amaia, un gallego muy gracioso del que pronto me hice amiga al reparar en sus buenos modales y plumífera presencia. Más tarde, llegó el profe del curso de mi amiga. Un viejo loco que aún no me ha dado clase – por suerte o por desgracia- a lo largo de los cuatro años de carrera que dejo ya a mis posaderas. El tipejo llevaba una chaqueta, gafas grandes y barba y pelos canosos; y no paraba de fumar, unas veces cigarrillo Camel sin filtro, y otras, tabaco de liar un poco maloliente, todo hay que decirlo. Bebía whisky a palo seco, como los hombres serios, y se rió de mí cuando me lo pedí con coca cola. Es preciso señalar aquí que me lo pusieron con Pepsi y que no tenía ni una jodida muestra de gas, así que al escuchar mis quejas, el hombrín se levantó a que me lo cambiaran. Qué personaje. Yo pensaba que estaba casado, porque me dijeron que tiene un hijo de nuestra edad y tal, pero qué va, resulta que su estado civil es divorciado y en pleno mercado veraniego-juvenil. Por ello, y por la presencia no plumífera y altamente hormonada de otros cuatro 'amigos' más, lo mejor que pudimos hacer fue ‘escaparnos’ y explorar a lo largo y ancho de la Sala de baile. Vaya fauna. Conocimos a un gallego y a un madrileño que iban juntos. No sé cuál de los dos estaba más falto de luces. Y el caso es que hacían carreras más importantes que la nuestra, oye: porque hacían ADE. No sé qué coño le ha dado a todo el mundo con eso ahora. Venga ya, no me creo que el sueño y la vocación de todo joven reaggetoniano de este mundo de hoy sea convertirse en gestor y administrador de empresas. Pero suena cojonudo, ¿verdad? No, si los equivocados somos los demás. Los que odiamos bailar salsa como cretinos y escuchar al jodido Canto del Loco, o hacer una carrera sólo para ganar dinero y poder engominarte el pelo y ponerte unos zapatos y una camisa de pijo y a continuación mirarte al espejo y decir “soy el mejor y esta noche voy a triunfar hablando de ADE con unas chicas que parecen tontas pero luego resulta que las muy malignas no lo son… “. Un momento de la noche que no se me puede pasar fue cuando el gallego (que por cierto se parecía al de Los Serrano, a Alejo Sauras) me preguntó qué música me gustaba. “Jo tía, dime algo que sea conocido para pedírselo al DJ”. (El pobre ya no sabía qué hacer para caerme bien. Creo que nunca me habían dicho tantas veces seguidas que soy una borde…) “Bueno, algo conocido para ti… Los Beatles”, le contesté. Así que con esto se marcha a pedírselo al DJ. Y cuando vuelve de hacer su consulta, me informa de que no, de que el pincha le ha dicho que Los Beatles es imposible. Qué risa. No me podía creer que en un sitio en el que no paraban de poner salsa y reaggeton, el tipo le pidiera Los Beatles… ¡Los Beatles! Qué locura… Pero lo más gracioso de estos dos fue cuando descubrí -muy agudamente, y ya con mis taitantas copas encima-, que estaban discutiendo sobre con cuál de las dos se iba a ‘quedar’ cada uno. Finalmente volvimos con nuestro grupo y apreciamos la impresionante cogorza que llevaba el profe, que me empezó a hacer interrogatorio y me dijo que en 5º daba una optativa, y que me la cogiera. Cada vez que dábamos una vuelta para inspeccionar y volvíamos media hora después, no me podía creer que el tipejo siguiera allí, con una copa llena siempre en la mano, con su chaqueta y su tabaco, y sus gafas ya un poco torcidas, a la par que su mirada, ya completamente perdida. Lo que se me ha olvidado contar al principio de este relato (y que constituye un detalle fundamental), es que el profe tenía mogollón de entradas, (de entradas a la fiesta, aunque de las otras también), así que como con cada una de ellas te daban una consumición gratis, hacíamos uso de ellas nosotros, la loca juventud, pero también él, hombre sabio y refinado. Al final la cosa se alargó sorprendentemente hasta las 5 (para mí). Y a las 7 no escuché el despertador, ni mis padres quisieron despertarme. Pero a las 8 me desperté yo sola por el calor y los ruidos y me fui a darlo todo al curro. El jefe estaría ya esperando mis exquisitos artículos diarios… Y llegué una hora tarde, diciendo que me había dormido. Por eso me he quedado hasta las 2.30, teniendo que volver a casa para comer e irme pitando al hospital porque hoy han operado a mi cuñada y tenía que ir a verla. Nada importante. Pero cuando iba en el metro a las 5 de la tarde, pensaba que no llegaba al hospital, que me iba a dar algo y me iba a quedar tirada en la calle como una yonqui cualquiera. Pero llegué, finalmente, y ahora estoy en casa. Sólo me queda por decir que nunca pensé que escribiría tanto en este estado y además, de manera tan sonikelandiana…. ¿A que sí? Si es que en el fondo no me sienta tan mal la resaca… Y poco más![]() Me levanto a las 7, cansada Llego tarde al trabajo, pero nadie me dice nunca nada Hago la parrilla de programación y ya no me equivoco, nunca Me paso las 3 horas y media siguientes viendo culos, tetas, putos, cerdas, Y cortando fotos, informando de ponzoñas que cada día conozco mejor Y me preocupa Y salgo de allí, y me pongo la misma canción. Siempre. Y cojo el metro, y el tren, y llego a casa, y abro el correo Y miro las ponzoñas que he escrito, a ver qué ha dicho la gente Y como, y me voy a la radio, y vuelvo a estar delante de un ordenador Y no hago nada, a veces. Y me aburro. Y río las gracias. Y me canso. Y me quiero ir Y me voy Y vuelvo a casa, y ceno, y miro el correo, y las ponzoñas, Y me aburro, y me duermo, y nada me pasa por la cabeza, y ayer hablé en directo, y hoy me da igual, y me levanto a las 7… Destino: Moscú...![]() Voy a intentar retornar a la normalidad con este post. Bueno, también lo hago por si os habéis quedado preocupados o algo. Agradezco los ánimos. Y tengo que decir que anoche intenté descansar durmiendo 11 horas y que esta noche voy a ir a la radio y después saldré por ahí. Quizá, por fin me podáis escuchar en vuestros transistores. He grabado unas cuñas dando consejos de tráfico y tal. Pero sé que os importa lo mismo que la noticia de que Paquirrín lo haya dejado con su novia, la stripper guarrilla esa. (Cómo estoy de puesta ya en el mundillo ¿eh? Es una cosa…) Pero vamos, que mi voz no es nada del otro mundo, y en radio, mucho menos. Se va a quedar a dormir Amaia en mi casa, porque en la de su padre esta noche no puede (es que vive en Aravaca). Así que la diversión (parece) está asegurada. No es que necesite dar un parte de cada una de las cosas que hago (a veces me pregunto dónde está el límite). Y es que no quiero acabar como uno que salía en los periódicos hace tiempo, un blogadicto, que hacía varios posts al día, hasta para avisar a sus lectores de que se iba a dormir. (Lo que dije del msn hace tiempo: ‘que voy al váter, oiga’). Pues eso. Hombre, yo de vez en cuando cuento cosas mías, pero lo hago en plan Igantius Reilly: para dejar constancia, a través de los escritos de una joven trabajadora, o sea, de mis escritos, de lo que es la sociedad actual. Y de lo que todo ello significa. Creo que hoy las cosas han mejorado. Nunca va todo tan mal de una manera continua. Siempre hay un respiro. Esperemos que esta noche no tenga ningún disgusto, porque… nunca se sabe. Lo único que sé es que está sonando el disco de Neon Bible de Arcade Fire y que voy a intentar sonreír y ver el lado positivo de las cosas. * A ver si comento algún libro o disco, o hablo de cosas más interesantes, que esto ya me resulta siempre lo mismo… Será el verano, será el calor. ** Por cierto, hoy he soñado muchas cosas, pero entre ellas, he soñado que iba a Moscú. Tiene que ser guay... Son las 23:20 de hoy y que no lo sean más...Son las 23:03 y ha empezado a sonar un disco de Death Cab For Cutie. Podría estar por ahí tomando un whisky o un mojito, o con mis compañeros de radio en el cine, viendo Los Simpsons, pero en lugar de eso me he despedido cortante, a las 22 horas, y me he venido a casa. A recrearme en mi asco. A creerme que soy lo peor. A hacerlo realidad. No me vale la excusa de que tengo un día tonto, de esos que tienes al menos una vez al mes, o que estoy “tan cansada que no soy persona”, y que “mañana será otro día”. No, no me vale. Si soy triste, lo soy. Y lo soy cuando me despierto esta mañana a las 7 como si me hubieran dado una paliza y, en vez de quedarme en casa recuperándome, me voy a trabajar como una pringada. Lo soy cuando llego a casa a las 2 hecha una mierda y en vez de no ir a la radio para echarme la siesta y tomarme una puta tarde libre, me tomo otro Gelocatil y me voy para allá, a no hacer nada, o, mejor dicho, a hacerlo todo, a hacer el ridículo. Y lo soy cuando todos se van al cine y yo me cojo un triste autobús para irme tristemente a casa, con mis ojos cansados y amargados, con mi actitud decadente y mis zapatillas desgastadas, con mi bolso lleno de mierdas y mis libros sin leer. Y mi música de siempre, y mi cara, y mi cansancio, de siempre. Y mi poco dinero en el bolsillo. Y en todos sitios. Y mi blog de mierda, siempre. Y mis amigas, diciéndome que valgo, que valgo mucho. Que tenemos que quedar, que no están ahí cuando las necesito. Que estoy sola. Y en casa las cosas no van bien. Y mi madre está triste. Y mi tía en el hospital. Cualquier día tendré que ir para allá. Quizá esta noche. Quizá mañana. O, por desgracia, dentro de una semana. O dos. Y pensar que el día 26 estuve en El Escorial y no fui a verla… Y la mañana del día 2 me esperaba para comer y no fui por la vagancia… Y siempre me acordaré de ese día tan puto. Y ya nunca más la veré, despierta. (...)![]() No tengo muchas ganas de escribir hoy y no sé por qué. (…)Bueno, ganas sí tengo. Es otra cosa lo que me falta. Puede ser inspiración. O predisposición. O talento. O un poco de la estupidez que me suele caracterizar al juntar palabras, y que no es precisamente algo negativo, no. Pero puede que no me falte nada, porque en realidad me sobra tanto… (…)Y no me siento libre como otras veces para escribir. (…) Me sobra resaca y me faltan horas de sueño. Me acosté pronto, no tarde, anoche. Creo que pocas veces he vuelto a casa de día… tan pronto. Y son tantas cosas… ¿Qué contar? ¿Por dónde empezar? ¿Cómo lo he hecho otras veces? (…) Es como si estuviera hueca por dentro, sin palabras y sin estructura alguna de ideas en la cabeza. Pocas veces me ha pasado esto y no sé por qué. Me preocupa. Me da miedo. Y creo que en realidad sí sé por qué me pasa. (…) Esto no tiene ritmo. Ni coherencia. Me despediré pidiendo perdón al lector. Porque a mí misma, pedírmelo a mí misma, sólo sería un ejercicio de futilidad. Y me pregunto qué habría sido mejor: el silencio, o esto: la nada disfrazada de un vacío inexistente. (…) Locos en la onda y comuna hippie en el sitio de los serios![]() ¡Voy a salir en la radio! Hoy por fin he hablado, aunque no en directo. Mi debut ha consistido en poner voz de ordenador frustrado, para una cuña que han ideado los locos de mi programa. Yo era una 'ordenadora', entre otras cosas, harta de que la desnuden y la pongan videos porno y fotos de Angelina Jolie, cuando lo que la 'ordenadora' en realidad quiere ver son hombres "viriles" como Alfredo Landa y Antonio Resines. Creo que he tenido que decir ¡unas seis líneas!, y me han metalizado la voz y todo, aunque yo ponía de mi parte separando las palabras por sílabas a la hora de hablar, y poniendo voz de gilipollas integral. Hoy ha venido la becaria nueva, además. Es majilla. Nos han mandado a las dos buscar información y ella es más torpe que yo encontrando las cosas, así que me he sentido un poco menos mal. Jaja. En el curro de por la mañana lo estoy pasando mal otra vez. El jefe está de vacaciones y la secretaria también, por lo que nuestra redacción ahora se parece más a una comuna hippie en la que no hay autoridad alguna, que a una empresa con directivos como Dios manda. Ayer vino un tipejo a entregar un ‘burofax’ y nadie sabía qué coño había que hacer. No sé si al final lo firmó alguien, (alguien contratado, vamos). Además, es gracioso, porque yo estoy sentada en el sitio en el que siempre preguntan los extraños nada más entrar por la puerta, así que entre que soy nueva (bueno, ya no tanto, me temo que se me está acabando el chollo) y que allí preguntan por ciento y la madre, siempre pongo cara de póker y de no saber nada. “Pregunta por ahí”, suelo contestar a la pobre gente que tan desorientada acude a mí… Bueno, lo que decía, que estoy mal porque el jefe está de vacaciones y ahora mi jefa más inmediata es the juani´s woman. Ahora me manda hacer galerías de fotos y cosas así, que nunca he hecho y como es evidente, me lo tiene que explicar. Y como la tía se explica como el culo, pues yo acabo haciendo mal las cosas y ella me regaña por cagarla siempre. Y me hace sentir una inútil. Además, no para de quejarse en alto de que ahora estemos todos los becarios por la mañana, y no sepamos hacerlo todo tan bien como ella. Lo cierto es que ya somos mayoría: creo que somos 6 ó 7 becarios, y de fijos, 3. Y yo ayudo también a los nuevos, a veces. Y me gusta ayudarles. Me gusta que me pregunten, porque así, de alguna manera, pienso que mientras me están preguntando a mí, no le están preguntando a ‘mi amiga’, y es como si les estuviera salvando ‘del infierno’. Bueno, parece que estoy pintando muy mal a la chica, cuando también sería justo decir que, de vez en cuando, le dan arrebatos de cariño hacia mí, y se preocupa por lo que estoy haciendo y por si todo me va bien. Es rara. No sabes por dónde va a salir, y a veces he de reconocer que incluso me da miedo. Pero podré soportarlo, no os preocupéis. Se sufre, pero se vive. Cada día tengo más ganas de ir a la piscina y de todo lo que conlleva, pero no lo veo a corto plazo. Mañana creo que iba a ir mi hermana a una que dice que está bien. Una en la que la gente no se lava solamente cuando va ahí, con cloro, y en la que los psicóticos no introducen objetos punzantes en el agua, ni llevan la radio con Melendi y sacan la cabra. En fin, no podré ir porque mañana tengo que ir a la ratio. Y el fin de semana también voy a ir. Y, como comprenderéis, después de madrugar toda la semana, no voy a madrugar el sábado para ir a la piscina por la mañana, de resaca. Aunque, pensándolo bien, no es tan mala idea pasar una resaca en la pisci. Además igual prefiero salir el sábado que el viernes... Dejad que me lo piense. Mientras tanto, en ascuas os tendré. Si queréis que os diga a qué hora y dónde sale mi anuncio de los ordenadores, os lo diré en privado .Aunque preferiría que antes que eso, oyerais otras cosas mías, la verdad. Propósitos veraniegos![]() Ésta es una gilipollez que me apetece hacer porque ya me aburro, es decir, me canso de mí misma diciendo: pues ayer estuve de comida familiar y bla bla bla, o: el sábado fui a la radio con A y luego nos fuimos a cenar con la directora y después a Huertas donde conocimos a unos franceses azafatos y pilotos de avión muy graciosos aunque un poco cansinos, y hablábamos con ellos en inglés, no en francés, (oye, tengo que mirarme lo de mi inglés, incluso con una buena cogorza nos entendíamos bien, ¡mi inglés es asombrosamente nato!) y bla bla bla. No, no tengo ganas de hacer eso. Lo siento. Así que, ante todos vosotros, he aquí una lista de cosas que me estoy planteando y que debería conseguir a lo largo de estos tres ¿largos? meses que me restan de verano en Madrid, currando cual perro y cobrando cuatro euros, también cual perro, abandonado. 1. Ir a alguna piscina asquerosa (ya que no a la playa) para ponerme morena más allá de los brazos, la cara y la marca del escote que llevaba en Salamanca la semana pasada, además del cogote, o nuca si lo preferís. Si no puede ser posible lo de la piscina (creo que con un día podría ser suficiente), espero tener el valor de salir un día a dar un paseo por mi barrio, crema solar en mano y una camiseta muy pequeña, (que casi sería sinónimo de cutre), y sentarme en un banco abandonado en el que me acompañarían otras personas, y no más anormales que yo, por cierto, oséase: yonquis, perros, meretrices, y gente de mal vivir en general. Éste sería el duro precio de eliminar mi estupendo moreno ‘agro man’. 2. Adelgazar al menos tres kilos para quitarme los ‘michelines’ que cogí en la época de exámenes. No requiere mucho esfuerzo. Ya subo las escaleras del metro andando y todo. Y al pasar el día fuera de casa y de un lado para otro me alimento más de café y coca cola que de pipas o galletas príncipe, piedra angular de mi alimentación durante los exámenes, (e incluso algún tiempo después). 3. Ir leyendo en el metro y en el tren, y no cabeceando. 4. Ir a algún concierto. A poder ser, me gustaría abstenerme de vitorear a Bisbal, al Canto del Loco, a Melendi, a El Arrebato, y demás especímenes que acuden muy gustosamente a las fiestas populares a ‘hacer su agosto’ y nunca mejor dicho. 5. Ser simpática en mi curro de por la mañana. Aunque habría un propósito que sería el 5.1 relacionado con lo anterior: dejar de pensar en regalices y piruletas de fresa con respecto a lo que rodea a mis prácticas vespertinas, que ahora se van a convertir además en prácticas de fin de semana para aprovechar y salir después de fiesta. 6. Escuchar más música. Descubrir nuevos grupos y no escuchar cientos de veces al día las mismas canciones, aunque me encanten y las necesite, incluso cuando estoy hablando con alguien o mi padre lleve en el coche Kiss FM y se oiga por encima de lo que sale de los cascos de mi mp3. 7. Aquí iba a poner algunos vicios que debería quitarme, pero últimamente soy tan buena y trabajadora, que no tengo vicio alguno que eliminar. Quizá, gastar menos dinero en salir y destinarlo a libros y música (aunque ya digo, antes gastaba el doble que ahora en vicios festivos). 8. Me temo que se me está acabando la imaginación… ¡Ah, sí! Hacer a tiempo la matrícula y no dejarlo para última hora, como siempre. Y cogerme optativas que no sean un coñazo (aunque me temo que esto está complicado). 9. Comprarme el vestido de la boda de mi hermana. Qué coñazo, por cierto, tener que preparar una boda y probarse cientos de trajes. Creo que voy a tener que leer en la iglesia, aunque tampoco es que me importe. Lo peor es aguantar después a todo el mundo diciéndome: ¡qué guapa, qué maja, qué bien lo has hecho! Y tener que poner cara de estar muy pero que muy agradecida, con sonrisa estúpida incluida. Bueno, creo que al final mis propósitos veraniegos no han sido menos aburridos que la crónica que habría hecho de mi fin de semana. Pero no me apetecía hacerla y ya está. Me he cansado de tanta acción. Y el sábado fui aquí, y el domingo allí, y cuando volví… Vaya rollo. Además, no es tan interesante. Quizá se me ocurran más propósitos, y si es así, los comunicaré. Hasta otra. Los malditos![]() Ayer estuve toda la tarde en casa. No tuve que ir a mis prácticas favoritas porque como voy a ir hoy, la jefa me dio libre. Menos mal. Como me tuve que ocupar el jueves de buscar información y de hacer gestiones y papeleos, ayer lo vio todo mi jefa y me mandó un sms diciéndome que lo había hecho muy bien y que ya nos veíamos el sábado, o sea, hoy. Ayer en el trabajo de por la mañana le pregunté al chico nuevo “¿Cómo lo llevas?”. Y vi que realmente se agradece que alguien te diga eso en los primeros días, porque además vi que todos pasaban un poco de él (como suelen hacer conmigo). Y eso te hace pasarlo peor, aunque quizá, con el paso del tiempo, te haga más fuerte. En el fondo está bien que nos traten un poco mal. Así espabilamos. Ayer tuve que escribir sobre un programa que no había visto en mi vida. No tenía ni idea de qué iba el concurso, y temía que llegara el día en que me mandaran hacerlo, pero al final me enteré de todo y pude salir airosa… Por la noche no salí. Mis amigas no podían y preferían salir hoy, aunque yo tenga que ir a la ratio. Pero lamento comunicaros que no podréis escucharme aún en vuestros transistores. Es una pena. Está casi todo grabado y yo tendré que llamar por teléfono a alguien o simplemente, estar con los técnicos para ver si sale todo bien. Lo cierto es que salgo a las 11 y además puedo llevar un acompañante, porque luego nos lleva un chófer a casa o a donde queramos. Si me acompaña Amaia, nos llevará al centro, a salir por ahí. Y si voy yo sola, me llevará a mi casa. ¡Ah! Se me olvidaba, me ha dicho la jefa que el miércoles va a venir una becaria nueva a nuestro programa. Qué fuerte me parece. Si no saben muy bien qué hacer conmigo, ¿qué van a hacer con dos como yo? Esperemos que la cosa se estabilice y nos asignen cosas que hacer, o si no, nos haremos amigas y será menos frustrante para ambas, digo yo. Haremos frente común. Lo único que espero es que no acaben queriéndole a ella más que a mí. En el fondo estoy un poco celosa. Y si ella se va a quedar los fines de semana, yo también me quedo. No voy a ser menos. A ver si ella va a locutar y yo no… Anoche, como me quedé en casa, estuve viendo cosas en YouTube sobre los años 80 y La Bola de Cristal y todo ese rollo. No sé cómo llegué ahí. ¡Ah, sí! Porque caí en un fotolog que se llama “Los malditos 80”, y como me apetecía ver en vivo a la ‘bruja avería’, empecé a buscar en YouTube. Vaya tela. Creo que cuando yo era pequeña veía eso, aunque seguramente sólo lo vi durante un año. Cuando tenía 4. Porque la cosa se acabó en 1988, si no me equivoco. Dicen que esos espacios para niños eran mejores que los de ahora, porque hablaban de cosas interesantes, como la política, y no trataban a los niños como a retrasados. Puede ser. Pero otra cosa que no se me escapó, y que puede convertirse en una gran reflexión analítica de la sociedad española, fue que el espectáculo que daban Pedro Almodóvar y Fabio McNámara cuando les entrevistaban y actuaban y todo eso, se podría equiparar al que dan hoy los casposos que pueblan los programas de nuestra televisión. En el fondo lo que se buscaba en los 80 es lo mismo que se busca ahora: morbo. Dejemos de ponerle a aquello el disfraz de la libertad, porque, aunque realmente sí se sentía que la censura directa había desaparecido y era una buena noticia, lo que acampó en nuestras latitudes fue un libertinaje desenfrenado que, por otra parte, me encanta, no os creáis. Lo único que veo mal es que se piense que, porque iban todos de artistas, aquello fuera verdaderamente ‘cultura’. Tampoco pasé por alto que ‘el gran ilustrador de La Movida’ dibujara de PM pero se comportara como un jodido retrasado cuando Paloma Chamorro le entrevistaba, y que el público se descojonara, literalmente, con la entrevista. Pero además de esto, estuve viendo escenas de la primera y sorprendente película de Almodóvar: Pepi, Luci, Bom, y otras chicas del montón. ¡Cielo Santo! Si realmente eso es lo que había en la sociedad española por aquel entonces (y, ojo, no es peor que lo que hay ahora), bravo, señor Almodóvar. Creo que eso es verdadera cultura. Es un documento imprescindible para entender las manifestaciones culturales de los 80 y la movida madrileña. Como película, alguno me dirá que es una bazofia, pero, a pesar de todo, a mí me gusta culturizarme viendo a sus musas interpretar a personajes de la calle que mantienen conversaciones también muy de la calle. En dos palabras: im-prezionante. ¿Verdad? Me encanta la cultura de los 80, o lo que sea, porque, ciertamente, esos años son ¡malditos! ¡malditos 80! Quien lo haya leído que no lo diga![]() ¡Cielo Santo! Parece que alguien o algo ha leído mi blog y ha cambiado todas las cosas malas por buenas. O bueno, quizá es que hoy ya no lo veo todo tan feo. En el curro mejor, la juani está de vacaciones y todo va bien. Además creo que anoche no se fueron de fiesta ni nada, aunque nunca se sabe. Hoy ha venido otra chica nueva y entre el chico de ayer y ésta, estoy viendo en sus caras la mía de los primeros días. Se pasa mal. Se pasa un poco mal. Pero voy a dejar de hablar de los curros porque al final me van a pillar. Cuantos más posts haga y cuantos más curros tenga, más posibilidades tengo de que me pille alguien. Y, por cierto, no sé si hoy me habrá pillado mi amigo de la radio, porque me la he jugado pero bien enseñándole mi correo electrónico en el que había comentarios de Blogia. (Éste mensaje es para él: Si me has pillado, no me lo hagas saber, prefiero vivir con la incertidumbre, y a partir de ahora hablaré muy bien de ti). La verdad es que no estoy nada orgullosa de mi blog últimamente. No hago más que hablar de mí y de mis prácticas y de mis cosas. Aunque también es verdad que mi vida últimamente sólo gira en torno a esto. Qué le vamos a hacer. Así que como no se puede hacer nada, os cuento que hoy en la radio no estaba la directora porque tenía una cita con el Rey. Sí, con Juancar. Y en su lugar sólo estaba... Pedro. Yo he preparado las posibles preguntas para un escritor y no sé si les gustarán. Mañana me dirán. Luego he buscado más información de otras cosas y hoy no he llamado a nadie por teléfono. Mañana estaré sola con la directora y además me ha dicho Pedro que es su cumple, así que la felicitaré para no caerla peor de lo que ya lo hago. (No, es coña). Y ellos no van a venir hasta el programa del domingo por las oposiciones. Qué pena. El sábado estaré en el programa en directo, de 22 a 23 horas, con la directora, porque estará sola. Lo que no sé es si hablaré algo o no, aunque supongo que no. Aunque he dicho que en lo de por la mañana me ha ido bien, tengo que contar que me han hecho algo muy feo por la tarde. Bueno, es una chorrada, pero acabo de meterme en mi web y he visto que me han cambiado el titular y la entradilla de la última noticia que he escrito esta mañana. Es la primera vez que me lo hacen, y tengo que reconocer que faltaba un dato importante en la entradilla y que el titular era facilón y sin tener que ver todo lo que tenía que ver con la noticia. Aunque ya sabéis que no se trata de ninguna noticia de interés social ni nada de eso. Ayer, además, escribí mal el nombre de un pueblo de Zamora en el que torearon unos toreros famosos este fin de semana, y mis lectores se dedicaron a elogiarme durante toda la tarde de ayer, en el foro, por haberme cargado tan impunemente el nombre de su pueblo querido. Hoy lo he cambiado nada más llegar. Pero vaya tela. Hay que andarse con mucho ojo. Luego dicen que los periodistas metemos mucho la pata, pero es que tampoco podemos ser Dios. ¿No? Creo que voy a dejar de torturaros por hoy con todo esto. Espero que mañana me pasen cosas menos estresantes. Me conformo con que nadie me pille el correo electrónico (ya he borrado todo indicio de que tengo blog), y con no escribir las cositas mal. Que descanséis todos... Sonia, my dear... hold your head up you silly girl...![]() Está sonando Martha My Dear. El otro día escuché a Carlos, en la radio, decirle a otro, tarareando, “Pedro, my dear”, y reconocí que estaba emulando la canción de los Beatles. Hacía tiempo que no escuchaba Beatles, así que anoche, como me acordé de Carlos y de los demás porque hoy les iba a ver, y me acordé a su vez de Martha my Dear, me puse los Beatles y busqué esta canción. Cuando me metí en la cama la escuché. Y me sonó rara. Es como si esperara más de ella, como si esperara más de los Beatles. ¿Qué he estado escuchando últimamente que me ha distorsionado tanto la percepción? Quizá no tenga tanto que ver con lo que es en sí la canción, sino con lo que significa ahora después de habérsela oído tararear a Carlos. Hoy me he enterado de que Carlos toca la guitarra y he tenido la oportunidad de cotillear su correo electrónico, pero no lo he hecho. Soy una niñita buena. Acabo de venir de la radio y no tengo ganas de hablar de otra cosa. Bueno, sí, de mis prácticas de por las mañanas. La verdad es que el día había comenzado bien: me había levantado a las 7 como siempre, pero hoy me había dado tiempo a ir peinada y a ponerme las lentillas y todo. Incluso me había puesto mi nueva camiseta japonesa y mi pañuelo blanco con lunares en la cabeza. La verdad es que iba bastante bien, todo hay que decirlo. A veces viene bien irse mirando a los espejos de los escaparates todo el tiempo. Yo esperaba que hoy los de mi trabajo se dignaran a invitarme a la cena-fiesta que –supuestamente- habían montado para hoy. El otro día lo escuché, pero, aunque parecía un secreto a voces, nadie directamente me lo había comunicado. Y sigo esperando a que alguien lo haga. Quizá les mole el rollo íntimo, pero me parece muy pobre no decírselo a la pobre becaria que no para de currar y no hace nunca nada malo. Pero ya sé cuál es mi problema, no os creáis. El primer día mi jefe me dejó a medias en las explicaciones del sistema porque tenía una reunión, y quedé en manos de una chica que sólo el primer día fue simpática conmigo. Es una juani, en realidad. Y es una borde, creo que me odia y un día medio discutimos porque yo decía que un personaje no salía en el vídeo de la noticia que tenía que hacer, y ella decía que sí salía. Acabó gritándome: “¡Que sí, Sonia, joder, que lo sé yo!”. Bueno, al final ella tenía razón, pero seguro que cuando yo me voy a la hora de comer y se quedan todos juntos comiendo, les habla de mí, y no precisamente bien. Y es mi compañera de ordenador, es decir, ella es la persona que más cerca tengo. Con los demás hablo poco, sólo si nos encontramos en la máquina de café o en los ordenadores de ver vídeos. Así que me temo que estoy tomando la parte por el todo: ella está haciendo que me dé pereza hablar en este curro y, aunque cuando hablo con los demás creo que soy maja, quizá a veces ponga cara de asco y de pasar de todo. Además, hoy al chico nuevo le ayudaba todo el mundo, y el jefe explica las cosas mil veces mejor que la juani ésta, que se explica como el culo, o directamente no me explicó nada en su día, se limitaba a hacer todo ella a toda hostia, esperando, la ilusa, que me quedara con la copla. Pero bueno. Que se lo pasen bien en su fiesta. Hoy cuando me he ido, he dicho bastante alto y contundente: “Hasta mañana”, no “hasta luego”, ni “hasta esta noche”, ni nada de eso, para ver si así alguien me decía: “¿no sabes lo de esta noche? ¿No vas a venir?” Quizá penséis que debería haberlo preguntado yo y haberme dejado de tonterías, pero soy tan tonta que pienso que quizá no quieren que vaya, y no sé por qué. Soy una marginada. Crearé mi guetto particular: mi ordenador y yo. De hecho ya hablo sola y todo. Y a lo tonto me he ido deprimida del trabajo. He llegado a casa a comer y después me he ido a la radio, a ver qué se contaban los treintañeros de mi programa. Hoy sólo había dos de cuatro: la directora y Carlos. He llegado bastante tarde porque he tenido que esperar el jodido tren ¡25 minutos! ¿Pero dónde se ha visto eso? Nada más llegar hemos ido a un estudio a grabar una entrevista a un músico sudamericano. Lo que he hecho yo ha sido llamar a Jorge Drexler y a otro que no conocía (al músico sudamericano, aunque Drexler también lo es, no me refería a él). Me lo ha pedido Carlos, que siempre explica las cosas de manera muy divertida y emocionante, gesticulando como un loco: “mira, tienes aquí los dos números de teléfono. Cuando te haga la señal y levante un dedo, llamas a Jorge y le mantienes a la espera hasta que entre en antena, y cuando ponga dos dedos, llamas al otro”. Desde el primer día – el miércoles-, Carlos se ha preocupado mucho por mí. Quizá me parezca algo extraordinario porque, por lo general, (excepto la hippie bollera acosadora de que os hablé) la gente pasa bastante de mí. Quizá se pasa de los becarios, en general. Estos días me estoy volviendo a casa con S., un tipo al que conocí en los cursillos y que es de mi facultad. Me lleva al metro en su coche y así me ahorro el bus. Es muy majo, y dice que de él también pasan. Pero él hace locución. Y todos los becarios que me encuentro por los pasillos y están como yo, me cuentan que hablan por la radio y que, en general, hacen cosas. Yo no hago nada, sólo buscar información y llamar a sitios. Y no sé si la cosa cambiará… Hoy he llamado a una editorial para concertar una entrevista con un escritor, y me han dicho que llamemos por la mañana. El otro día me pasó lo mismo con otra cosa. Y no hago más en toda la tarde. Verles grabar cosas y luego leer el periódico. Pero Carlos siempre está ahí para decirme que me vaya a las 8, aunque haya llegado a las 5 y no a las 4, y para disculparse en nombre del equipo, de la casa, de la empresa, e incluso del Estado, por lo desorganizado del asunto éste de las prácticas: “otro día más en villacaos”, me ha dicho hoy cuando me iba. Pero añade que él no puede hacer nada porque no es el director ni manda nada. Parece que está sensibilizado con mi caso porque, al parecer, él empezó igual. Hoy me ha presentado a los músicos a los que han entrevistado, y cuando lo ha hecho se ha olvidado de mi nombre. Se ha disculpado como un loco y ha reconocido que “ha sido una cagada”, pero yo le he confesado que aún no me sé el nombre de uno de ellos, y que incluso les confundía. El otro día, de todas formas, uno de ellos me dijo que no se iba a olvidar de mi nombre porque su primera novia se llamaba como yo y por eso a él sus amigos le llamaban Isidoro (por los de los dibujos animados y todo eso. Aclaración: Isidoro era un gato). La verdad es que están bastante locos, los de mi programa. El viernes me reí mucho. Hacen cuñas propias y el otro día casi pongo voz a una señora desesperada, de las que salen en los anuncios hablando de detergentes, pero no dio tiempo a hacer esa cuña. Quizá otro día. No sé si hoy ya iba predispuesta a deprimirme, pero la verdad es que he vuelto a casa muy tristona. Y más cuando ves que una persona se preocupa por ti y se da cuenta de que estás desorientada, lo que te hace darte cuenta de que necesitas ayuda y de que en realidad nadie se preocupa y a nadie le importas. El primer día nadie me enseñó ni explicó nada, pero él por iniciativa propia me acompañó a la salida y me contó dónde está cada cosa. Y me dijo que al principio esto es así y que él estaba igual, yendo de un programa a otro, y en plan cutre. A veces necesitas que alguien te diga estas chorradas para sentirte mejor. O te pregunte, simplemente ¿qué tal? ¡Cómo eché de menos también en el trabajo de por las mañanas, los primeros días, que alguien, el jefe, o quien fuera, me preguntara: ¿Qué tal lo llevas?! Bueno, tampoco es que sea yo muy exigente y quiera todas las atenciones del mundo, pero cuando estás en una situación así y te sientes gilipollas, agradeces que se te vea como un igual, no como ‘la niña que viene aquí y llama por teléfono y busca cuatro cosas en google de vez en cuando’. Porque lo cierto es que en la raaaa me siento como la hermana pequeña de todos ellos, no como un igual.Bueno, ayer dije que no estaba inspirada para hablar de mis nuevas “prácticas”. Pues bien, ya veis que hoy sí lo estoy. Demasiado inspirada, quizás… Escuchando de nuevo Martha My Dear y recordando cómo me he deprimido en el bus con Sexy Sadie… Un fin de semana en Salamanca![]() Después del post anterior, que realmente reflejaba un estado de locura incipiente, he vuelto con ganas de escribir. Son las 16:42 y estoy tranquilamente sentada, tomando un café, y sin prisas ni agobios. No recuerdo cuándo fue la última vez que pude hacer esto. Hace más de una semana. Como conté la semana pasada, he empezado a hacer prácticas en una radio por las tardes. De momento voy de martes a viernes, aunque algún fin de semana me tendré que quedar, como por ejemplo, este que viene. Es un agobio levantarse a las 7, volver a las 3 a comer, y volver a irse sobre las 4 para terminar por fin sobre las 9 la jornada de trabajo diaria. Y más teniendo que soportar situaciones surrealistas como las que me ha tocado vivir estos últimos días. Ya contaré más cosas de mi nuevo trabajo, porque ahora no estoy inspirada. Prefiero hablar de mi fin de semana en Salamanca. Se supone que después de una semana tan agotadora, lo que necesitaba era descansar. Pues no. He acabado fatal y peor de lo que estaba. No sé si sabéis que tengo alergia y cosas crónicamente extrañas. Pues al exponerme al aire acondicionado, el mal estado de salud se acrecienta. Al menos ésta es mi teoría, una teoría que podría explicar que llevo unos cuantos días con síntomas de constipado que van y vienen solos. El viernes por la noche tenía la garganta un poco reseca, y algo de congestión, pero salí porque me apetecía y porque lo necesitaba para desconectar, aunque estuviera cansada. Volví pronto a casa, sobre las 2.30, porque Mónica se fue y yo tenía que levantarme al día siguiente a las 9 para irme a Salamanca. Y al beber cosas frías notaba cómo la garganta se me empeoraba ligeramente. Y bebía a disgusto, mientras Mónica tenía ganas de darlo todo. En qué hora le descubrí los mojitos… En fin, el sábado me levanté a las 9, ronca y sin la maleta hecha y ni tan siquiera una lista con las cosas que tenía que llevar. Soy un desastre. El viernes volví de la radio a las 10, me duché, cené, y me fui por ahí. ¿Cuándo queréis que haga la maleta? El resultado fue que empecé a meter cosas sin ningún criterio, a presión y arrugándolo todo. Iba con prisas, aunque al final lo único que me dejé fue el cepillo de dientes. Y tampoco había que llevar mucho. Fui con mis hermanos y sus parejas, a casa de mi abuela, en Salamanca. Me recogieron e intenté dormirme un poco en el coche, sin éxito. Llegamos y comimos con mi abuela. Sigue igual, aunque un poco despistada, y habla menos. Es muy astuta. Se me queda mirando, a veces, como con ganas de decirme algo, pero no lo hace. Eso sí, el tema de los novios nunca se le pasa. Y le encanta comentar y reírse de los novios de mis primas. Que Dios nos pille confesados. Después de comer jugamos a las cartas y yo no gané nada. Me eché la siesta porque no podía más, y noté que tenía un constipado muy serio, con dolor de garganta incluido. Me despertaron las voces de mi hermana y mi cuñada, viendo fotos antiguas con mi abuela. Pero aún así seguí durmiendo con sus voces de fondo. Después de la siesta me levanté un poco mejor, pero muy perjudicada. Quise ducharme, para ver si me despejaba, pero les entraron las prisas porque había que ir al centro a ver las rebajas y a recargarle el móvil a mi abuela, que le iba a caducar ya por no haberse gastado el dinero que tenía metido. Fuimos a un centro comercial y nos compramos unas pijadas. Yo una blusa que parece japonesa azul clara y oscura, y con más dibujos que no me acuerdo. Mola. Luego fuimos a una terraza y mientras todos tomaban cañas yo me pedí un jodido zumo de naranja porque me dolía la garganta. Y estaba asqueroso. Era un sitio un poco asqueroso, la verdad. A mi cuñada le pusieron una coca cola directamente en el vaso, que podía ser cualquier cosa, y con un solo hielo. Yo tenía que comprarme unos caramelos para la garganta y un cepillo de dientes, que ya sabéis que se me había olvidado. Lo encontré todo y nos fuimos a casa. Mi hermano llamó a mi primo Pepito para salir con él por la noche, pero estaba de viaje, así que se nos jodió el invento. Fuimos a casa a cenar con mi abuela y cenamos en el patio. No sé si he crecido o no me había dado cuenta antes, pero cuando salgo al patio se me hace todo pequeño. No sé cómo pude corretear y hacer tantas trastadas como hacía en el patio de mis abuelos cuando era pequeña. Si es canijo. Me acuerdo del verano en que a mis primas de Zaragoza les compraron unos pollitos y jugábamos con ellos en el patio. A mí me encantaban. Después vimos, al lado del Tormes, un mercadillo en el que vendían pollitos pintados de colores por 100 pesetas. Pedí uno y no me lo compraron. Lloré, pataleé, grité, pero no obtuve pollo alguno. Ni verde, ni azul, ni amarillo. No entendía que mis padres no me lo compraran porque lo iba a acabar matando, o porque se me iba a morir al tenerlo en una caja de cartón y manosearlo todo el tiempo. Tengo una foto que ilustra el berrinche que me cogí ese día. Fue memorable. Uno de tantos momentos memorables en Salamanca. Otro fue cuando a mis primas y a mí nos ponían a dormir en la misma habitación y hacíamos tanto el tonto que acabábamos despertando a todos. Creo que poníamos voces raras y nos tirábamos pedos y eructos. Siempre venían a regañarnos. Ahora casi no hablo con mis primas. Volviendo al relato de este fin de semana, después de cenar en el patio, volvimos a jugar a las cartas. Ni a mis hermanos les apetecía salir, ni a mí me lo permitía mi constipado extraño. Así que nos quedamos en casa y me dormí a la 1. Al día siguiente me desperté mejor. A las 11 había que llevar al centro a mi abuela porque quería ir a misa, y nosotros nos quedamos dando una vuelta. Compré a mi padre un chupito de Salamanca. No puede ser que tenga chupitos de París y de todos sitios, y no tenga uno de su ciudad natal. Y mi hermana vio que me gustaba un cuadro de los Beatles, pero que no me quería gastar más pasta, así que me lo compró ella y ahora lo tengo que colgar. Volví muy cansada a casa de mi abuela otra vez. El caso es que después de una semana tan agotadora, el fin de semana, aunque no hiciera grandes cosas, tampoco estaba descansando mucho. Después de comer quise echarme otra siesta como la del día anterior, porque se me cerraban los ojos, pero no me dejaron porque había que ir a tomar café a casa de mis tíos y primos, para darles la invitación de la boda de mi hermana, que se me casa en septiembre. Yo no sabía que mis tíos tuvieran un perro, y es que yo tengo alergia a los perros. Sí, también. Aunque estuvimos poco rato, los ojos me empezaron a escocer. Pero salimos enseguida. Teníamos que seguir con el coche a mis tíos para que nos llevaran a casa de mis primos. Y en su casa también había un perro. Un gran chucho. El marido de mi prima es muy majo. Es psicólogo. Y siempre se acuerda de todo. Sabe cómo me llamo aunque sólo me haya visto una vez, y sabe lo que estudio y cuántos años me quedan para terminar la carrera, y todo eso. Yo creo que sabe más de mí que muchos de mis familiares cercanos. Nos puso un café y cosas para picar. El perro estaba en el jardín, pero eso da igual. Si hay un perro en una casa, todo está lleno de pelos, y en el ambiente hay una buena dosis de perro que me puede llegar a joder igual que si me pusiera directamente a acariciar al chucho. Achaqué mis estornudos y mi dependencia del kleenex al catarro y a la alergia, pero la cosa empeoraba por momentos. Y mis primos lo achacaban a que tuvieran la casa llena de flores. Quizá fuera una mezcla de ambas cosas, pero lo del perro fue determinante. Estuvimos un par de horas, y yo no paraba de estornudar. Cuando ya nos estábamos despidiendo, incluso empecé a respirar mal y a notar síntomas de asma. Me empecé a rayar y se lo dije a mi cuñada, así que metió prisa para que nos diéramos rápido los besos y nos dijéramos adiós. En el coche me eché el ventolín, que, aunque nunca lo necesito, lo llevo siempre por si acaso. Tardó en hacerme efecto, y cuando dejamos a mi abuela en su casa, volví a echármelo en el baño. Cuando ya íbamos de camino a Madrid se me empezó a pasar, pero fue muy jodido. Nunca había estado cerca de un perro desde que me dijeron que les tenía alergia, así que no sabía lo que realmente pasaba. No es como la alergia primaveral, que mal que bien es soportable. Llegamos a Madrid a las 23.45, y podría haber sido peor, porque evitamos un gran atasco en la A6. Y encima yo iba bastante fastidiada por todo. Al día siguiente (o sea, hoy), me tenía que levantar a las 7, así que otra noche que no iba a dormir más de 7 horas. Bueno, no ha estado mal el fin de semana, a pesar de todo. Hoy ya estoy mejor de mis cosas y he ido a currar sin peinar y con unas pintas que para qué. No es excusa levantarme a las 7. Tengo que tener cuidado. Además hoy ha venido un chico nuevo. Y hay que dar buena impresión. Una locura esto ser![]() Levantarse a las 7. Cansancio. Sueño. Comprarse el periódico. Leerse el editorial en el tren. Llegar a trabajar. Hacer dos noticias y salir sin hacer la parrilla del viernes. ¿Qué pasará? Salir a las 2.40 e ir al bar de al lado a comprar un bocadillo de tortilla para llevar y una coca cola. Irlo comiendo camino del metro. Llegar al metro y antes de entrar sentarse en un banco de la calle, al sol, para terminar el bocadillo. Pantalón blanco y manchar en banco, así que poner brillantemente el periódico sobre el banco. Sentar en banco, y tras 10 minutos, picar y quemar el sol en los brazos. Levantarse e ir al metro. Dentro del metro ya no hay periódico. En el banco, el periódico, brillantemente. 1 euro por un editorial sobre el debate del estado de la canción. 1 euro para tener cambio en la máquina del trabajo. Haber gastado otro euro en un paquete de chicles, de la máquina del trabajo. Ir hacia el metro, comer un chicle, y sonar el teléfono. Sonar mucho. Cogerlo y ser la redactora de la radio de ayer: que dónde estar, que si no se iba a estar a las 3, el director se ha quedado hasta las 3 porque querer conocer. Estar en Alcobendas y pedir perdón. Ser las 3.10. Ir para allá decir joder qué mala puta suerte. Decir joder qué mala puta suerte. Coger el metro. Bajarse en Chamartín por querer coger autobús que tardar menos y evitar Línea 10 entera. Salir de Chamartín y no ver autobuses. Preguntar y andar hacia Plaza de Castilla. Pasar calor y no tener agua. Haber perdido el tapón de la botella en el trabajo y haber tirado la botella. No querer que se llene el bolso, de agua. No saber dónde estás. No hay número de autobús en intercambiador. Volver al metro. Jadear. Sudar. Por el camino llamar redactora: ser las 4, ¿ir mejor mañana? No, el director seguir ahí. Haberse quedado a comer. Haberse jodido. Pero esperarte, no agobiarte, cariño. Un besito. Línea 10 entera. Llegar a las 5. No encontrar nada. Esperar en recepción. Ver venir redactora. An old hippie woman… Sentir abrazos. Aproximarse. Intentar huir. Escuchar cariño. Bonita. Cielo. Amor. Besitos. Llegar al estudio. Hablar desde muy cerca. Estar flipando. Sentir la saliva. ¿Por qué hablar tan cerca? ¿Por qué mirar así? Llegar director. Ser gordo. Sudar. Ser adorable. Pero decir que no querer becaria trabajadora. Trabajar mañanas en Alcobendas no. Trabajar allí mañanas sí. Ir con hombrito de ayer. Reír. Sudar. Flipar. Hombrito tener solución. Decir que es algo personal. Reír con director gordo. Reír todos. Echar la culpa a becaria de haberse quedado a comer restaurante. Restaurante ser bueno. No ir a menudo. Querer volver, hombrito. Con gordo. Llevarme hombrito a nuevo programa. Querer beber agua. Querer ir servicio. Sudar. Andar. Perder por pasillos. Pero con hombrito. Llegar nuevo programa. Presentar a gente. Flipar. Hablar. Preguntar. No satisfacer preguntas. Ambigüedad. Locura. Ir al baño. Encontrar compañera. Todos contentos. No estarlo aquí, así. Escuchar programa durante dos horas. Buscar información sobre conciertos. Pasividad. No atención. No amor. No cariño. Ni besitos. Aquí no. ¿Mejor? Ir a las 4. Salir a las 8. No siempre. Irse a las 9, hoy. Ir con redactor. Enseñar instalaciones. Enseñar cafetería. Ruta. Dar ánimos. Decir que empezar igual. Dejar en ruta y ver que está llena. Esperar el autobús de 1, 50 euros. Cogerlo hasta el metro. Buscar el metro. Perderse. Encontrarlo. Llegar a casa. Ser las 10. Cenar. Contarlo. Sonar teléfono. Sonar mucho. Cogerlo y ver que Jenny pide apuntes por haber suspendido. Quedar a las 13.30. Aguantar Jenny, en teléfono. Escribir. Escribir mal. Desahogar. Publicar. Reírse todos, por escribir mal. Y publicar. Ser las 23:59. Dormir. Empezar… 'Putos periodistas' o 'todo lo solucionamos diciendo que somos especiales'![]() No sabría ahora mismo dónde ubicar este post, si en ‘Diario’ o en ‘¡Cielo Santo!’ porque… madre mía. Y yo que no quería complicarme la vida… Ya os hablé del cursillo que hice en El Escorial sobre Radio y de la posibilidad de que hiciera prácticas radiofónicas. Pues bien, como no me enteré en su día, y ante la pasividad de la coordinadora, decidí dejar pasar los días hasta el lunes sin acudir al lugar para la ‘entrevista’, para ver dónde me había tocado y qué horario tenía. Al fin y al cabo ya estoy haciendo prácticas por las mañanas y, como ya he dicho, no quería complicarme mucho más la vida. Pues bien, me la he complicado. En fin. Ayer llamé a Noelia, mi compi, para preguntarle cómo le había ido a ella y si nos iban a pagar los 20 euros de comidas del cursillo que nos dijeron. Le ha tocado en Informativos, y de las comidas, ná de ná. Me dijo que no fuera tonta y llamara a la coordinadora, que hay programas de tarde y de fin de semana donde me pueden meter. Y me lo pintó todo tan bonito, que dije: “venga, voy a llamar y a darlo todo este verano: con los cotilleos por las mañanas, y con la radio en la que me van a pagar 0 euros y voy a currar por las tardes o incluso los fines de semana durante julio y agosto y quizá septiembre”. Hala, yo en mi línea: sin descansar, sin ir a la playa, sin hacer viajes* ni nada de nada. Creo que no voy a la playa desde que tenía 17 años. ¡Cielo Santo!, aunque lo cierto es que prefiero hacer otro tipo de viajes. Pues eso, que llamo y me dicen que hoy me esté allí a las 13 horas, para lo que tengo que llamar a mi otro curro y decir que si, en vez de ir de 10 a 14 horas, puedo ir por este día (hoy) de 8 a 12. Me dicen que sí y me levanto, esta mañana, a las 6, pero ni aún así llego puntual. Me ‘escapo’ de allí a las 11.30 porque aún siendo la entrevista a la 1, no iba a llegar. Encima las cositas estas están lejos de cojones. Y perdón por la expresión, pero es verdad. Manda narices. Ahora que vivo en Madrid me pongo a trabajar en las afueras. Tardo menos en ir a El Escorial que en ir a trabajar. Es que es increíble. Al final llego puntual, (después de haber vivido “mis particulares odiseas”: queriendo coger un metro ligero que aún no se ha inaugurado, y cogiendo al final, totalmente de chiripa, un autobús que paraba allí). Cuando llego voy a buscar a la señora. Me atiende pero me hace poco caso. No deja de hablar por teléfono y ordenar papeles, mientras yo espero pacientemente y la escucho quejarse sin parar: “vaya lío tengo, es que no me dejan en paz…”. Le doy mi fotocopia de DNI y mi foto, pero cuando lo ve me dice: “creo que esto ya lo tengo. Me suena la foto”. (¿Entonces para qué me dices ayer que no lo tenías y que nadie te lo había hecho llegar? Y yo pensando que se había perdido por ahí mi DNI y foto de carnet, que dejé el otro día a una recepcionista antes de irme a la sierra tras perder el autobús… En fin, veis que el tono surrealista la situación lo va adquiriendo casi desde el principio) Cuando acaba su retahíla estresante, me lleva al despacho del señor que me va a asignar programa -o lo que sea- y horarios. El hombre es majísimo, se ve que ha tratado ya con muchos becarios con cara de asustados preguntándose “qué está pasando aquí y dónde está la cámara oculta”. Me dice que, como trabajo por las mañanas, a mí me vendría bien un programa que se emite de 18 a 20 horas, pero que tendría que estar por allí en cuanto saliera de currar: “a las 3 de la tarde ó así, para preparar el programa” (¿Y cuándo como? Me pregunto yo) “Puedes comer aquí gratis con tickets que te damos, si quieres”. Bueno, entre esto y las rutas que hay también gratuitas y que me dijo ayer Noelia, la cosa no está tan mal. Pero si no me van a pagar nada y al ser todo tan ambiguo me voy a acabar gastando 10 euros al día en transporte (3 euros) y comida (menús a 6 ó 7 euros), la cosa ya no va tan bien. Pues bien, me lleva el hombrito al programa este, y veo a un famoso 'majete' que además de hacer radio sale en la tele, pero pasamos de largo de su zona y me presenta al director y le cuenta que yo trabajo por las mañanas y entonces estaría allí por las tardes antes y durante la emisión del programa. Pero el director exclama, ofuscado, que no, que él necesita a gente que esté “operativa”**: - Si viene esta chica a las 3:30 esto ya no tiene sentido. El grueso de horas de trabajo es de 10-12 de la mañana a 8 de la tarde. Yo necesito a alguien que tenga ese tiempo- argumentaba el direc. - Ya, pero podrías necesitarla para hacer algún reportaje de última hora, o para producción, o para atender las llamadas de los oyentes, o algo así, ¿no? Ahora los becarios ya son polivalentes*** – le replicaba el hombrito que me quería colocar a toda costa (y todo esto lo hablaban delante de mí…). - Sí, sí, serán polivalentes los becarios, pero yo necesito a alguien que esté operativo. No quiero aquí una acumulación de gente a las 7 de la mañana, pero tampoco quiero que vengan cuando no tienen que venir. ¿Me entiendes?. -Ya, pero entiéndeme tú a mí (el ambiente se iba caldeando). Esta chica no va a ser contratada, no puedes exigir que esté aquí de 12 de la mañana a 8 de la tarde. Que no la vas a pagar. Y tiene una obligación laboral por las mañanas que no puede eludir. - Bueno, bueno, esto es lo que hay. Así que habladlo si queréis- concluía el direc. - Sí sí, ya lo hablamos- respondía contundente mi orientador, mientras me miraba, algo apenado y perturbado. Y a mí se me iba dibujando en los labios una sonrisa de perplejidad. Cuando salimos, el hombre intenta escurrir el bulto diciéndome “no te quedes frustrada, ya sabes: los periodistas sois muy especialitos”. “Sí, sí, ya veo”, respondo, y sonrío intentando quitarle hierro al asunto. Pero lo estoy flipando a más no poder. Entonces el hombrito, cuando salimos del estudio de ese programa, para de andar me pregunta: “¿Y entonces ahora qué hacemos? ¿En qué programa te pongo yo?”. Pero no es una pregunta retórica, porque se supone que tengo que contestar. Está más perdido que yo y se le han roto por completo los esquemas tras esa dura y tensa conversación con el director del “programa magazine de actualidad llamado X”. Al final se le ilumina la bombilla y dice: “ya sé, te voy a llevar a uno de fin de semana, que son muy majos”. Así que vamos para allá y me presenta de nuevo a la gente que compone el equipo de ese programa. Les cuenta toda mi historia y “mis limitaciones” (mi trabajo). Pero aquí es verdad que son más majos (hay dos mujeres,la menos joven no para de llamarme 'cielo' y 'cariño' cada vez que se dirige a mí, y me pone nerviosa; y el director sólo está por las mañanas) y dicen que vale, que me adoptan. Pero tampoco saben qué voy a hacer exactamente ni cuál va a ser mi horario ni nada de nada. Me miran con cara de estar esperando a que yo les dé alguna idea o les solucione algo. Pero como no tienen respuestas a mis interrogantes, me empiezan a contar de qué va el programa, que se emite los fines de semana de 1 a 4 de la mañana, pero yo no me tengo por qué quedar a la emisión (sólo si quiero, y con un coche que me lleva luego a casa, se supone). Lo que haría es estar allí (¿de martes a domingo? Sólo sé que los lunes no se curra) desde que llegara (a las 3 y pico) y hasta que más o menos quiera, porque el direc no está por las tardes y las redactoras se van sobre las 5 ó 6. Hoy no me he querido quedar (¿a hacer qué?), así que me he ido a casa a comer porque estaba muy cansada y necesitaba digerir todo esto. Me han propuesto, incluso, salir en directo el viernes contando la agenda cultural o las efemérides. Pero me he rajado un poco y me han dicho que es normal, que vea cómo es y lo haga ya el próximo finde, si quiero. Lo cierto es que lo veo todo súper caótico y una locura. Pero es lo que hay. Lo más extraño es que, cuando he salido, me he encontrado con unas compis que habían ido a lo de El Escorial y me han preguntado si he firmado el "contrato" (entre comillas) y las he dicho que no, que no he firmado nada ni me han dicho nada. A ver si voy a estar allí como una gilipollas y luego no tengo acreditación para ponerlo en el currículum. ¿Tendré que perseguir a la coordinadora otra vez para que me diga qué coño hay que firmar? Lo que digo, una locura. Ya contaré mañana nuevas aventuras; se supone que habrán hablado con el director y me dirán qué voy a hacer exactamente. Creo que no voy a saber llegar al estudio… No sé tampoco dónde comeré cuando salga de currar a las 2 ni si me seguiré gastando la pasta en los autobuses… Decidme que hago bien haciendo todo esto y que voy a aprender mucho y bla bla bla... * Creo que me voy a ir este fin de semana a Salamanca. No tengo ningún reparo en decirlo. No pìenso dejar de ir. ** Definición de "persona operativa", en el contexto: universitario con ganas de trabajar y que sea susceptible de ser explotado como es debido, no sólo durante cinco horas. Como mínimo, durante siete u ocho. **Becarios 'polivalentes': Becarios que ya no sólo traen los cafés, sino que llaman para localizar a Rubalcaba y además escriben y editan cortes e incluso pueden locutar cuando los demás se vayan de vacas. Y sin cobrar. Un lujo, vamos, esto de ser taaan 'polivalente'. ¿Verdad? Mucho ron, poco amor, poco rock and roll![]() Parece el título de alguna película de las que me gustan, pero no lo es. Se me ha ocurrido esperando el autobús para volver a casa desde Guadarrama, a las 11 de la mañana y tras haber cogido la cama (una cama) tan sólo cinco horas antes. Anoche estuve por San Lorenzo y después por Guadarrama. La idea era hacer la ruta (no del bacalao, por Dios santo). La ruta de los viejos tiempos: una serie de bares y pubs que visitábamos hace unos tres veranos siguiendo un orden determinado y un tipo de bebida para tomar en cada uno. Pero ya no es igual. Nada es igual. Íbamos a ir, M y yo, con B y P, pero al final no vinieron y nos quedamos solas. Bueno, tampoco era mal plan. Era la leche. Pero con lo que no contábamos era con que viniera su hermana – mayor- y nos cortara todo el rollo. Ya no íbamos a poder “filosofar”, aunque con su hermana también nos lo hemos pasado bien alguna vez. Y nos presenta a gente mayor e interesante. Quedamos con ella en la bolera, porque nos llamó angustiada como consecuencia del plantón que le había dado un chico con el que estaba empezando a salir. El muy cretino había quedado con ella a las 23, y a las 23.45, estando ella ya en San Lorenzo, recibe un sms del tipo en el que le informa de que no ha podido llegar a las 11 porque se está duchando y afeitando. Entonces ella le contesta enfadada y él reconoce en otro sms “ya lo sé, sé que no te merezco”. Me parto. Hay que ser cutre. Si anoche saqué algún tipo de conclusión de mis andanzas nocturnas por la sierra madrileña, es que los tíos son de lo más cutre y simple. Ahora realmente creo a mis amigas cuando me dicen que me envidian por estar soltera. Bueno, alguien podría decirme que esto de que los tíos son cutres y simples ya lo sabía, pero quizá en algunos lugares lo son más que en otros. Ahora que llevo un año viviendo en Madrid, me he convertido en la típica resabida que se fue del pueblo y cuando vuelve no para de decir, absolutamente asombrada: “esto en Madrid no pasaría”. “¿No sabéis lo que son los mojitos? Yo los tomo, en Madrid hay, no es algo tan extraño”. “Pues en Madrid lo encuentras todo cerca, no tienes que andar kilómetros para ir a otro bar, hay más opciones”. Hay más de todo. No hay tanto ‘garrulo’ suelto, también. Si otra conclusión he sacado de anoche, es que ir a la sierra a aguantar música apestosa a todo volumen que encanta a gente apestosa que la baila y canta entusiasmada concentrada en un ‘antro’, lo puedo soportar cada vez en menores dosis. En muy pequeñas dosis. Cuando íbamos en el coche con la hermana de M, de San Lorenzo a Guadarrama, me llevaban puesto a un engendro cantando. No sé si era Andy y Lucas, porque cantaba una tía. Pero era de ese rollo. Lo cierto es que no distingo bien quién canta qué en esta especialidad musical, que podríamos llamar pachangueo o petardeo, más bien. Ayer me aprendí la letra de una canción de Shakira, lo poco que pude entender, claro. ¿Veis a lo que me refiero cuando digo que no puedo hacer esto demasiadas veces? Al final acabaré dejando de lado la calidad musical. Y creedme que cuando iba en el coche oyendo esas cosas me ponía mentalmente algún disco bueno, como el Some Loud Thunder de los Clap Your Hands (qué pesada soy con este grupo ¿no?) o alguna canción de los Smiths. Y cuando vi que daba poco resultado, probé con los Beatles, y así hasta que llegamos, y como si me estuvieran leyendo el pensamiento, me preguntaron: “Sonia, ¿te ha gustado esa canción?” Y yo: “psse, sí” (hay que ser amable, me daba pena en el fondo). Pero en fin. Ahora estoy tratando de desintoxicarme un poco. Bueno, he dormido muy poco y dicen que el alcohol permanece en sangre hasta 24 horas después, o incluso 48, no me acuerdo. Pero no me siento mal del todo. Y eso que ayer bebí mucho ron. Yo soy más de whisky, pero el ron es mi segunda bebida favorita. El vodka no lo aguanto. Me sabe a colonia. ¿Y para qué cuento todo esto? Luego digo de los nicks informativos de la gente en el Messenger. En fin. Tenía más cosas que contar, pero no me acuerdo. Ah, sí, lo de los garrulos. Bueno, para qué decir nada. Ya sabéis lo que se puede encontrar uno (o más bien, una) en un antro en el que ponen reaggeton y está lleno de tipejos desesperados y descerebrados que intentan ligar a toda costa siguiendo estrategias de lo más cutres que, a pesar de todo, te hacen echarte unas risas. Bueno, tampoco es que yo sea Claudia Schiffer o algo así, pero no hace falta serlo para detectar cuáles son los principales objetivos de los tíos en una discoteca lamentable. Bueno, creo que este post se ha convertido en una crónica rosa de la noche de ayer, pero quizá necesitaba desahogarme de alguna manera. Al fin y al cabo, he preferido sentarme a escribir que meterme en la cama a dormir y a descansar, que es lo que me hace falta ahora. La conclusión es la del título: “mucho ron, poco amor, poco rock and roll”. Podrían ser otras cosas también, como veis, pero estas tres riman y suenan bien, y no dejan de ser ciertas. ¿O no? Días de Radio (y II)![]() El día martes 26 me lo pasé muy bien en El Escorial. Ya casi no me apetecía escribirlo. ¿Por qué habré dicho que lo iba a hacer? En fin, ahora me toca resumirlo. Pero hoy me he levantado con las fuerzas necesarias para hacerlo. Pues bien, el martes quedé con una chica que conocí el lunes para ir juntas desde Aluche, que es donde se cogía para llegar a nuestro destino. Allí cogíamos el bus para ir a El Escorial. ¿Esto ya lo he contado no? Bueno, pues eso, quedamos a las 8.30 y no pasó ni un jodido autobús hasta las 9. Increíble. Así que llegamos allí sobre las 9.10 (se tarda poco en llegar) esperando que no se hubieran ido todos con el autobús. Al fin y al cabo, el día anterior, la mujer nos había citado a las 8 y hasta las 9.30 no salimos porque estuvimos esperando a la gente y demás. Bueno, pues con algo de nervios por si se había pirado el bus, llegamos a ... y no vemos a nadie. Preguntamos a la recepcionista, que nos dice que sí que han estado por ahí rondando los becarios justo hasta hace un rato. Y llama por teléfono a la coordinadora, quien dice que, efectivamente, se acaba de ir el autobús, pero que preguntemos en la puerta de al lado porque a veces salen más autobuses para El Escorial si más gente tiene que ir para allá. Así que como mi compañera había salido a la calle para ver si les veía, recibo yo sola la noticia, y toco en la puerta de al lado, donde me atiende un hombre con barba blanca que se queja de que “otra vez pase lo mismo, igual que ayer, joder”. Yo pongo cara de no tener la culpa de lo de ayer, pero el hombre no dice nada más. Se limita a quejarse, y no se sabe si nos va a llevar o no. Entonces vuelve Noelia, que es como se llama mi nueva amiga de aventuras, y se lo cuento. Como son ya las 09:25, entra ella y les cuenta la historia. Entonces el hombre de barba blanca, continúa mosqueándose: “¡pero si ya se lo he dicho a tu amiga! Esperaros, hombre”. Entonces esperamos y al rato vemos que le dice a un tipo joven, de unos 30 y pico años, que nos lleve a El Escorial. Pero antes me pregunta si sólo necesitamos ir a El Escorial: “o sea, os dejan en El Escorial y ya está ¿no? ¿Luego volvéis por vuestra cuenta, no?” Y yo “sí, sí, además yo conozco El Escorial, que nos deje donde sea”. Seguimos al tipo que nos va a llevar y con asombro vemos que nos lleva en su coche particular. No se sabe quién es, no nos habla, ni nosotras a él. Lo malo de todo esto es que la mujer les ha dicho antes de irse, a los demás, en qué radio iban a estar y a qué hora tenían que estar el lunes para la prueba o entrevista. Y nosotras sin saber nada (y yo sigo sin saberlo, jaja). No sé muy bien por qué, me da que el tipo que nos lleva es un periodista de allí. Lleva puesta la SER y después sintoniza Rock And Gol, y lleva una camiseta y parece de los 80. Vamos todo el camino sin hablar y llegamos sólo cuarto de hora después de las 10. Cuando entramos vemos que los del autobús aún no han llegado, y mira que es raro. Y la ponencia aún no ha empezado porque, según dicen los conferenciantes, “estamos esperando a los del autobús porque ha habido un accidente en la A-6”. En ese momento nos miramos y lo flipamos porque unimos las palabras accidente-autobús y nosotras hemos venido con el tipo aquél, y por otro camino, no por la A-6, claro. Al final asimilamos el verdadero sentido de la frase y respiramos tranquilas. Empiezan las ponencias y al rato llegan los del autobús. Aunque les conozca poco aún, me alegro de verles. Y cuando acaban las ponencias nos vamos a tomar un café. Bueno, yo me tomo un café porque estoy muy cansada. Y voy con gafas porque tengo los ojos hechos polvo. Como el día anterior estuve todo el día con las lentillas… En fin, ¿y esto qué más da? Bueno, a mí me importa mucho, ¿qué pasa? Pues eso, me tomo un café y luego se van todos a la Lonja y me dejan sola. Así que llamo a Noelia y se explica como el culo para decirme dónde están. Voy atando cabos y llego a la conclusión de que están en La Lonja. Voy para allá y luego vamos a una terraza para tomar algo, y yo me pido una cerveza con limón, y todos dicen “hala”. ¿Tan raro es? En fin, luego nos vamos a la otra ponencia y luego a comer. Acabamos comiendo en un sitio al que les llevo yo, y nos comemos otro menú por 10 euros que estaba muy bien. Lo único malo era la música caribeña-reaggetoniana. Pero bueno. Y el camarero cubano se partía con nosotros. No sé por qué. Bueno, sí lo sé. En la comida me lo pasé muy bien. Y en el otro extremo de la mesa, en el que se encontraba Noelia, escuchamos los de mi extremo, que se está empezando a desencadenar una movida. ¿El motivo? Han acusado, por lo visto, a mi amiga de tener pinta de periodista del corazón. Si supieran quién es aquí la verdadera Karmele dejarían en paz a mi compi, ¿no creéis? Pero me alegra saber que paso desapercibida y parezco una periodista cualquiera, dedicada a cualquier otro órgano vital. Que podría ser cualquier cosa y no llevo etiquetas por ningún lado. De hecho muchas veces la gente se piensa lo que no soy, y mola ver sus caras cuando se dan cuenta de lo que soy realmente: lo peor. Ni aplicada, ni responsable, ni educada, ni cortada, ni comedida… En fin, lo peor. Acabamos de comer y nos vamos a tomar un café. Aquí es donde nuestro amigo se pide un Johnny Walker con coca cola. Y nadie dice “hala”. Yo creo que nos quedamos todos sin palabras, sencillamente. Y nos vamos, con sueño y cansancio, a la siguiente ponencia, de las 16:30. Pero sabemos que nos van a dar el diploma en breve, sobre las 17.30. Lo de las 16:30 es un taller de radio. Y salen cuatro voluntarios a dar las noticias. Sale mi amiga Noelia, que ya tiene experiencia porque está en La COPE. Y cuando habla por la radio elude su acento toledano, o lo que sea. Lo hace muy bien. Y un chico que sale y que no había visto en nuestras aventuras, también lo hace muy bien porque ya había hecho radio. Yo no sé en qué estaba pensando cuando se me ocurrió dedicarme a la radio, porque desde que me diagnosticaron la cosa esa crónica de nariz y garganta, de vez en cuando estoy ronca y tengo problemas cuando hablo mucho tiempo seguido. Pero en fin. Acaba el taller y nos dan el diploma. La primera persona a la que nombran es a mí y todos aplauden. Nos los da el Presidente de ..., no nombrado directamente por el Presidente del Gobierno, sino por una mayoría de 2/3 del Congreso. Lo que significa que, supuestamente, ya no hay intervencionismo estatal. Esto que quede bien claro. Aunque yo ya lo sabía gracias a mis clases de Derecho de la Información con el adorable osezno, que ya no lo es tanto porque con dos seises y un siete, me ha puesto un jodido aprobado. Pero bueno, qué esperaba. Al final he aprobado todo, hasta Tecnología, Empresas y Opinión Pública. Y un 8 en Historia. Soy la mejor. Cuando nos dan a todos el diploma, salimos a la calle y nos empezamos a despedir. Se van todos en tren y casi nadie se queda a esperar el autobús. Yo por mi parte me vuelvo a quedar en San Lorenzo, porque he quedado con M. Así que me despido de todos con cierta pena. Voy a la estación de buses y como M tarda en venir, me pongo música y, sorprendentemente – y no os riais- me pongo melancólica y empiezo a echar de menos a mis compañeros de cursillo y de aventuras. Han sido, al fin y al cabo, dos días muy intensos, y todos estábamos solos y hemos acabado pasándolo muy bien y disfrutando de El Escorial. Me gustaría que hubiera durado más el curso, hasta el viernes, o algo así. Pero ya no podría haber faltado tanto en el curro. Sin embargo, me siento bien tras estos dos días tan extraños, divertidos y surrealistas. Todo es tan sencillo a veces… es como cuando mi hermano me compraba un helado cuando era pequeña y le decía a su novia, o sea, a mi cuñada: “Mira qué fácil es hacer feliz a una pobre niñita”. Cuando llega M me empiezo a olvidar de mis amigos del curso porque hace mucho que no la veo y tenemos mucho de qué hablar. Ha estado casi diez días de vacaciones con su novio. Y ya casi no sale ni nada. Nos damos un abrazo y nos vamos de cañas después. Pero no contentas con esto, nos vamos al S R, donde no hay absolutamente nadie, sólo los camareros, y nos tomamos dos copazos, a las siete de la tarde. Soy feliz. Somos felices. Y me llama Bea para unirse a nosotras. Pero ella se toma sólo una coca cola. Como este fin de semana estoy sola, planeamos salir el sábado, o sea hoy, por El Escorial, las tres, y estar hasta las tantas después en Guadarrama. Ya que no pueden venirse aquí a hacer fiesta y “celebrar” el orgullo gay, pues habrá que ir para allá. Además, hace mucho que no salgo por allí y hay que volver de vez en cuando a los orígenes. Después de tramar el plan, me vuelvo en el bus a Madrid, sobre las 9. Estoy cansadísima, pero feliz. Y al día siguiente, cuando voy a trabajar, parece que no ha pasado nada y que estos días han estado, extrañamente, fuera de todo tiempo y espacio, hasta el punto de que me daba pereza escribirlos y ya ni siquiera me acordaba de todo. Pero, he aquí finalmente el final de mi crónica de ‘Días de Radio’, que, ¿quién sabe si algún día realmente lo serán? Días de Radio (I)![]() Escrito ayer a las 23:30: Hola a todos. Acabo de volver a casa hace un rato y sostengo un cúmulo de sensaciones muy extrañas. Estoy feliz. A veces algunas tonterías o la existencia de algunas personas me hacen sencillamente feliz. Pero recapitulemos. La semana pasada me llamaron de .... para ofrecerme un cursillo gratis en El Escorial de dos días (ayer y hoy). Eché el CV a través de la Facultad hace un mes, y como sólo me dijeron lo del cursillo, no se me ocurrió, así de repente, que me habían cogido. Pero aún no sé si me han cogido. Es lo mejor de todo. Lo desorganizado del asunto. Me encantan este tipo de cosas. Os lo digo en serio. Pues bien, le dije a la mujer de .... que sí me interesaba el cursillo, y después se lo conté a mi jefe y me dejó ir. Qué majo. Día 1: Lunes, 25 de Junio Este día se puede resumir en una palabra: sorpresa. Sorpresa porque la mujer que lo coordina todo nos dice, antes de partir a El Escorial, que nos han cogido y vamos a hacer prácticas en .... Sorpresa porque éramos muy poquitos: 9 ó 10, cuando yo pensaba que iba a ir un autobús grande y lleno. Sorpresa porque, en contra de lo que yo pensaba que iba a ocurrir: yo sola durante los dos días de viaje rodeada de un montón de gente apestosa que ya se conocía entre sí y a la que no pensaba dirigir la palabra; nos hemos relacionado todos porque todos íbamos solos y además he descubierto a gente de mi clase (bueno, a una persona) que me caía ‘rara’ y ahora me gusta; o porque el resto de la gente desconocida también era muy maja. Nos lleva un minibús que conduce un hombrito ciertamente desorientado y con cierta mala leche. Al principio vamos todos hablando hasta que no puedo dejar de lado mi debilidad por más tiempo y sugiero a mi compañera, a la que acabo de conocer, que se duerma si quiere. Así, me pongo mi mp3 y empiezo a disfrutar vivamente del viaje en autobús. Los momentos previos son buenos. Piensas que todo va bien. Y no tiene por qué dejar de ir bien. No tiene por qué. Son las 9 de la mañana y el sol, a 120 por hora y con mi música preferida, parece algo diferente. Es un día diferente, con gente diferente. Llegamos a El Escorial y como la coordinadora se había quedado en Madrid, no sabemos bien dónde tenemos que ir ni qué tenemos que decir. Sólo sabemos que para que nos den ‘vales’ de comida gratis tenemos que preguntar por una señora que nadie sabe bien cómo se llama y que luego resultó llamarse Antonia C. Así, llegamos a recepción y nos piden acreditación de alumnos. “No nos han dado”, decimos. Por lo que finalmente nos dicen que subamos las escaleras para ir a nuestro cursillo. Me encantan este tipo de situaciones. Este descontrol colectivo. Ver reflejado en las caras de frustración y perplejidad de los demás, tu propio gesto. Pero yo no me agobio, yo me parto con las situaciones surrealistas y de película de Astérix. Llegamos a nuestra sala y hay poco más de veinte personas. Empezamos a coger apuntes porque hay que hacer una memoria a cambio de un crédito. El comienzo no es muy bueno: nos dan apuntes como de clase para que entendamos el futuro de la radio digital. Y un montón de siglas y de aspectos técnicos aderezados con vocabulario burocrático-rebuscado. Pero cuando salimos nos vamos a tomar una coca cola hasta la siguiente hora, en que se va a emitir un programa en directo desde allí mismo. Tomando la coca cola empezamos a hablar de cosas de clase, por fin, y ponemos en común. Volvemos a subir y el programa iba de salud. En concreto, de los trasplantes de órganos. Es un tema que no carece en absoluto de relevancia, pero a ratos me cuesta seguir el hilo e intento prestar atención. Al menos yo lo intentaba, no como el resto de personas que me rodeaban, que leyendo el periódico eludían escuchar de qué se estaba hablando en el programa. Muy mal. Pero nuevamente acaba el programa y nos reunimos todos para ir a buscar a la misteriosa señora de los tickets de comida. Subimos todos y al final acabamos nombrando a un portavoz, que nos cuenta que le han dado instrucciones de decirnos que vayamos a comer a un restaurante y que después entreguemos el ticket para que nos devuelvan lo que nos hemos gastado. Eso sí, que no pasemos de diez euros. El portavoz nos dice que la mujer le ha dicho que en El Escorial sitios baratos para comer son el chino o el Telepizza. No, no, no, y no, replico yo. Hay más alternativas. Así que les llevamos, una chica que también conocía San Lorenzo y yo, a una terraza de la calle peatonal. El menú a 10 euros, lo que nos habían dicho. Pero no todos comemos ahí. La mitad se fueron a otro sitio. Sin terraza. Y yo elegí un buen grupo, porque comimos con vino y al solecito. Eso sí, me quemé los bracillos. Y en mi grupo además estaba el jefe, el gran hombre, el mito. El tipo en el que se reúnen todas aquellas cualidades que hacen realidad la leyenda del periodista de mala vida, entregado al alcohol y a la música. Y que escribe cuentos y cosas chulas y a la vez dice tacos con voz de macarra. Y que se queda a pasar la noche en El Escorial y al día siguiente está a primera hora como un clavo, con la misma ropa arrugada, y con ojeras. Y que después de comer, en vez de tomarse un café como todos, se mete un cubata entre pecho y espalda. No me digáis que no es un crack. No podéis imaginaros la fascinación que ejercía sobre el resto (al menos sobre mí), y sobre todo cuando afirmaba cosas con absoluta vehemencia, como cuando nos pusieron en un bar ‘reaggeton’, y no hacía más que decir que a los que hacen este tipo de música deberían meterlos a todos en la cárcel. Yo creo que no se daba cuenta de la gracia que me estaba haciendo, el tío. Ir con él ya era una garantía de pasártelo bien. Pero no sólo me lo pasaba bien con él, porque los demás también se las traían. Yo creo que a simple vista nos llevábamos todos bien. Es lo que tiene el ir tú solo a un sitio y tener que sacarte las castañas del fuego haciendo amigos. Aunque bien es cierto que unas veces te cuesta más que otras. Y a mí estos días curiosamente no me ha costado casi nada. Cuando acaban las ponencias de la tarde, sobre las 6, la gente empieza a irse en tren. Menos yo y cuatro más, que nos quedamos un rato por la Lonja hasta que quedo con Bea y nos vamos a tomar una caña. Me sentí mal por haber dejado colgado al hombrito del minibús, con quien habíamos quedado a las 7.30 y al que nadie estaba dispuesto a esperar. El ‘Hunter S. Thompson español’ había ido a buscar a un amigo suyo que venía de Madrid para salir por El Escorial con él. Yo me fui con Bea y sobre las 8.30 volví a Madrid, esperando descansar para volver al día siguiente con más fuerzas. Mañana, o más tarde, la segunda parte. Es decir, el 'día 2'. 'Miedo y asco' en Madrid![]() Me estoy acostumbrando a comer a las cuatro, entre diario. Lo cierto es que debería comer a las tres o así, pero el mito de becario explotado se está haciendo realidad en mi caso. La mayoría de los días me voy a las tres en vez de a las dos. Se podría decir que tengo una especie de contrato “a tarea”, es decir, que hasta que no acabo lo que tengo que hacer cada día, no me voy. Y la verdad es que a veces no me importa quedarme, porque es un trabajo entretenido y el tiempo se me pasa volando, y me hace desconectar de todo lo demás. Lo malo es el camino de vuelta. Ayer llegué a casa a las cuatro y tenía que estar a las seis en el taller literario. Encima el viernes anterior me comprometí a llevar algo escrito de mi reportaje, y lo que había escrito el jueves por la noche para salir del paso no era reportaje ni nada. Son unos párrafos a lo ‘gonzo’: de cosecha propia, sin haber investigado ni entrevistado a nadie. Y el caso es que mi reportaje va de telebasura, ¡y qué mejor que haberme metido en ese mundillo de la prensa rosa para hacer mi reportaje en primera persona!, me dijo el profesor. Entonces vi el cielo abierto a mi ‘periodismo gonzo’. Pero es un rollo todo lo demás: tener que entrevistar a gente para ver qué cosas ve en la tele (que luego encima te mienten) y tener que leer libros de expertos en efectos de los medios. Pues eso, ayer llegué a casa a las 4 y comí, y no me eché siesta ni nada. Como no sabía si iba a irme ya de cañas a las 8 al salir del taller, me vestí un poco decente para salir por si acaso no pasaba ya por casa. Pero la cosa se complica cuando leo rumores de que ha salido la nota del último examen que me falta por saber (el resto están aprobados, ¡yoho!). Así que decido irme a la facultad antes de ir al taller para ver la nota. Como soy lenta, al final salgo de casa súper tarde y decido ir a la facultad y luego (aunque ya tarde) al taller. Llego a la facultad y resulta que no había nota que valga. Vaya por Dios. Entonces ya no sé si ir o no al taller, porque es muy tarde y ya no merece la pena. Además, lo que había escrito del reportaje se veía fatal porque estoy casi sin tinta en la impresora. Decido no ir finalmente, y en vez de irme a casa se me ocurre ir al H & M a hacer una visita a Atenea, que desde que la conozco nunca he ido a verla currando de mala hostia por las pijas que van allí a comprarse ropa. Llego al H & M y no la veo por ningún lado. Veo que hay dos plantas y entonces pienso que debe de estar en la de abajo. Pero qué va. No la veo. Y no me apetece preguntar a ninguno de sus compis. Después de dar unas cuantas vueltas por allí como tonta decido irme a casa, por fin: sin nota, sin haber ido al taller, y sin haber visto a Atenea después de haber ido hasta allí. Qué tristeza. Me inunda una profunda e inexplicable tristeza por esta concatenación de fracasos absurdos. Además estaba cansada y me dolían los pies y tenía agujetas y todo. Era una tarde absurda. Sin desperdicio, como veis. En el metro de vuelta a casa voy muy pero que muy mustia, hasta el punto de que un pobre hombre que iba con un bastón, que al entrar al metro se había sentado antes que yo en un asiento, al ver mi cara de decepción y escuchar mis inconscientes resoplidos, me dice: “no te preocupes, que me bajo en la siguiente, si es eso”, a lo que yo le sonrío sorprendida y le contesto: “no, no, no es eso, no se preocupe”, y me voy a buscar sitio a otra zona. Consigo un sitio y hay una mujer de mediana edad a mi lado. No para de moverse y de sacar cosas del bolso. Y me empieza a llegar un tufillo extraño. Se me empieza a revolver el estómago con los disgustos y con los olores del metro. Entonces la mujer saca un pañuelo y se suena con fuerza la nariz. Cuando acaba abre el pañuelo y empieza a observar sus mocos. Vuelve a sonarse y vuelve a mirar los mocos. Yo la estoy viendo de reojo, hasta que llega el inevitable momento en que se me van los ojos y contemplo su obra. Dios, ¡qué asco, cielo santo! Me levanto mientras no puedo evitar que me dé una arcada interior y echo a andar para escapar lo antes posible de allí. Camino todo lo que puedo a través del metro y me siento donde apenas hay ya sospechosos de hacer algún tipo de cerdada. Pero la imagen del pañuelo con mocos no se me va de la cabeza. Es todo tan deprimente y desagradable… Y entonces empiezo a sentirme como Aschenbach, el protagonista de Muerte en Venecia, que en el camino de ida a esta ciudad italiana le pasan tantas cosas asquerosas y deprimentes que por ello mismo parecen de alguna manera premonitorias y contribuyen a que su estado de ánimo sea ya realmente preocupante. Así que vuelvo a casa sin nota, sin taller, sin Atenea, y con miedo y asco en el cuerpo. Antes de llegar a casa, me compro unas pipas y unas galletas Príncipe. Por la depresión y todo eso. Creo que empiezo a ser como el personaje del libro que me estoy leyendo: Ignatius Reilly, de La Conjura de Los Necios, de Toole. Me doy asco últimamente, comiendo galletas y pipas cual maruja amargada u obesa aburrida de la vida. Estoy engordando, además. Cuando llego a casa llamo a Amaia para ver si sale, pero me dice que tiene visita y una cena, así que nada. Entonces me pongo a leer mi libro y a comerme lo que me he comprado. Falta poco para la cena, pero lo hago igual. Me como un montón de pipas y luego ceno un gazpacho y un gran plato de macarrones. Cuando acabo me caliento un vaso de leche para mojar las galletas y cuando ya no puedo más y tengo la tripa realmente hinchada, paro de comer. Me viene a la cabeza la imagen del pañuelo con mocos de la señora del metro, y me dan ganas de vomitar. “No sé si con este cuerpo voy a poder salir a tomarme unas copas”, me digo. Pero después me pongo a navegar por internet y cuando me quiero dar cuenta me llama A., que ha salido de currar y ha quedado con B. para tomar algo en Zanzíbar. Entonces me animo, me vuelvo a vestir, me pongo las lentillas y noto que se me ha pasado el cansancio de antes. Salgo contenta de casa y me voy a Chueca esperando convencerlas para ir a otro sitio después. Cuando llego, ellas me dicen que tienen que cenar, y yo las cuento mis aventuras de miedo y asco en Madrid, y las enumero todo lo que yo, por mi parte, he cenado. Llegamos al Zanzíbar y ellas se piden una empanada de espinacas y una cerveza con limón. Y yo, sorprendentemente, me pido un vino. Había un concierto de una cantautora que, según me bebía el vino, me iba resultando más y más cansina, y cuando se toman ellas la empanda y la cerveza se empiezan a asetar y yo quiero que nos vayamos a un sitio en el que pongan música. Al final las convenzo y nos vamos a la zona de siempre, a la de ‘la decadencia’. B no para de asombrarse de lo que ve, y me pregunto si las otras veces esta chica iría demasiado borracha como para no verlo o es que hasta ahora no me había dado cuenta de lo exquisita que es. No es que a mí no me llamen la atención las cosas que veo allí, pero mientras a mí no me molesten, me preocupo de estar feliz yo. A ellos que les den. Llegamos a un sitio de música rock y me tomo una copa. A se toma un tercio y B nada de nada. Están un poco aburridas, con ganas de irse a casa y hablando de salud, de sueño, de responsabilidad y cosas así. Ya hemos acabado todas los exámenes y no entiendo esa actitud. Me deprimo con mis cosas y con ellas, y al final nos vamos a casa y no saco nada en claro del día, excepto el miedo y el asco. No son más que sensaciones![]() No puedo moverme. Estoy atrapada. Siento cómo la brisa me induce a sentir nostalgia, nostalgia por nada, por lo que hoy dejo atrás, y por lo que dejé atrás ayer. Y hace un año. Una pena mezclada con emociones, con ilusiones desenfrenadas, ¿para qué mirar el sol? No merece la pena entusiasmarse por lo mucho que me sugieren los días de hoy, por lo poco que me sugiere el viento, y la nada. Porque nada me sugiere nada, y sin embargo lo tengo todo. No recuerdo cuándo dejé de entusiasmarme, pero ahora sé que quizá nunca dejé de hacerlo. Puedo pasar un fin de semana, saborearlo, como si fuera un año, y puede pasar una semana y que sean dos. Fin de semana grande. Enorme. Como el examen de Historia. Como la música que me ha acompañado: Smiths y el disco Meat is Murder, a destacar muchas canciones, pero sin duda quedan I Want The One I Can´t Have, Nowhere Fast y Well I Wonder. Como los Clap Your Hands también, quedándome Is This Love?, The Skin of My Yellow Country Teeth, y Heavy Metal. ¿Para qué seguir pensando, con un fin de semana tan grande para sentir y para recordar? ¿Por qué no detener el tiempo en este mismo instante? ¿Por qué estropearlo todo? ¿Por qué escribirlo? ¿Por qué hacer que estas canciones dejen de ser del que (no) sabe quién soy, del examen de Historia y de mi fin de semana en casa? ¿Por qué hay que continuar con esto? ¿Por qué miro a través de la ventana de mi autobús favorito y disfruto volviéndome loca escuchando música para desequilibrados? ¿Por qué volver a hacer exámenes y a empezar de nuevo un curso? Y lo peor de todo, lo peor de todo es que lo deseo. Lo indeseable comienza cuando la pregunta por qué tener que terminar otro curso más y sentir nostalgia otra vez, me asalta irremediablemente. Aunque sea algo desagradable, aunque diga una y mil veces que quiero que algo concluya, siempre me apena que termine lo que ha tenido que terminar. Y es igual. Y es siempre lo mismo. And if the day came when I felt a natural emotion… No es más que un ciclo. No son más que sensaciones… ¿verdad? **Ay, qué locura, el fin de exámenes, el trabajo y todo lo demás me están dejando trastornada, pero... ¿es que acaso antes no lo estaba ya?** Strange Days![]() Qué cansada estoy. Es lo único que debería decir del día de hoy, y del de ayer y del de anteayer… En fin, estoy cansada pero al mismo tiempo estoy hiperactiva. Estoy viviendo ese tipo de etapas en las que la tensión que mantienes debido a las circunstancias no te permite descansar y ser plenamente consciente de que ya no puedes más. Esta noche apenas he dormido. Me metí en la cama a la 1 casi, y hasta las 2.30 o más estuve dando vueltas. Mi cabeza no paraba de darle vueltas a algo, y a veces tenía calor y me desarropaba, pero cuando lo hacía me entraba el frío, y entonces me volvía a arropar, y vuelta a empezar. Estos días de tanto calor son odiosos para todo: para dormir, para estudiar, para pensar, para descansar… Espero descansar esta noche, aunque el objetivo de satisfacer la necesidad de dormir choca con la inevitable conveniencia de estudiar Historia, porque me estoy empezando a agobiar: no estoy estudiando nada. (¿Y por qué hablo/escribo como un político? Me pregunto yo). Bueno, hoy en el curro me ha ido bien. Ayer hubo fiesta porque era el cumple de una chica (de la pobre que me ayuda siempre), y hoy otra vez ha habido fiesta porque dos chicas se van, se les ha acabado la beca. Así que nada, mejor no me pueden venir estas situaciones para ir conociendo a la gente. Lo que debería hacerse en todos los curros es dar una fiesta de bienvenida a la gente que llega nueva, para conocer a la gente en un ambiente distendido, con empanadas, kikos, tortilla de patatas, vino y coca-cola. (Ayer no me atreví a beber vino. Hoy lo he hecho). Me molaría que aparte de mí entrara ahora más gente nueva, porque así no me sentiría tan sola y tan torpe, y podríamos hacer frente común. Jajaja. Aunque ya me voy haciendo al asunto y cada vez necesito menos ayuda. Al final me mola el trabajo. Escribo y me lo paso bien. Las 4 horas se me pasan volando, aunque a veces me quedo más tiempo: hasta que no termino, no me voy. Lo doy todo. Bueno creo que voy a dejar de escribir ya porque ¡estoy cansada!. Como para no estarlo: cuando salgo del curro me voy a la facultad, y me pongo a comer a las 15.30, luego me meto en la biblio y me entra el sueño y me da un bajón que para qué. Entonces me voy a la cafetería a tomar café, y me entretengo, y ya no hago nada. Y cuando vuelvo a casa estoy tan cansada que tampoco puedo estudiar. Y me siguen doliendo los ojos. Bueno, ya no digo más. Tampoco quiero dar pena porque a pesar de todo a veces me mola llevar una vida tan ajetreada e intensa. Cuando estaba ociosa me quejaba porque quería estar como ahora, así que ahora, me jodo, pero con una sonrisa. Hale, a sonreír y a joderse en estos días tan extraños, que, por cierto, ¿cómo acabaran?. Me estoy ahogando asquerosamente![]() Estos días tan intensos que estoy viviendo deben quedar registrados aquí de alguna manera. Mañana por fin tengo ese examen tan jodidamente opresivo. Es de OP. Y llevo unos cuantos días estudiándolo, pero aún así a pocas horas de que llegue el momento, dudo de la efectividad de mi dedicación a los sistemas electorales, a las encuestas y a las formas de manifestarse la opinión pública, a los partidos políticos y a los efectos de los medios. Esperemos que Jarsito sea buen tipo y lo ponga tirado y/o previsible para mí, que me hago mis propias cábalas: "esto pa´desarrollar, esto pa´preguntas cortas, etc". Ayer por fin empecé a currar en un sitio que me encanta, en una redacción. Pero ahora me siento como cuando era pequeña y mis padres me apuntaron a natación porque tenía la espalda mal: me alegraba profundamente cuando volvía a casa y temía que sin poder hacer nada pasaran las horas hasta que llegara otra vez el momento de partir hacia ese maldito destino. Sí, cuando iba a nadar todos los niños me adelantaban, me doblaban y yo me sentía como lo peor. A veces me mandaban hacer tantos largos que acababa reventada. Acababa realmente cansada. Y lloraba. A veces me inventaba excusas para no ir: "me duele la tripa, mamá; estoy constipada, mamá…" En fin, ayer en mi primer día lo pasé un poco mal. Es complejo el procedimiento a seguir, pero aún así me dijeron que no todo el mundo el primer día consigue hacer una noticia y subir las fotos y los vídeos a la Web. Y yo lo conseguí. Qué guay soy. Aunque no estoy demasiado orgullosa porque me costó un triunfo y me ayudaron, y no me sabe bien ir preguntando a todo el mundo “¿Oye cómo se hacía esto? Ya sé que me lo han explicado como tropecientas veces, pero sigo sin pillarlo”. Además voy por ahí con mi cuaderno mágico, en el que llevo apuntados todos los pasos a seguir, y se me ve súper perdida. Y a veces falla, mi cuaderno mágico. Hoy la he cagado un poco. Me he equivocado y he hecho una cosa mal, pero lo he solucionado relativamente rápido y me he ido a casa sólo un cuarto de hora después de mi hora de salida. Es agotador. Tardo como hora y cuarto en llegar. Y me veo en casa comiendo casi a las 4. Y luego a estudiar. Se me cierran los ojos. Los tengo fatal. Creo que me quedaré ciega. Creo que voy a seguir estudiando. Ya he escrito bastante. Vaya fin de semana y lunes y martes agotadores, por estas dos cosas (examen y prácticas) y por otra cosa de las mías, esas cosas tan emocionantes que preparo. Espero estar mañana más tranquila. Aunque las 50 hojas de apuntes de Historia del Periodismo Español me esperan para el lunes. ¡Ah! Mañana no curro porque voy al examen: Yoooho! Me relajaré y me estudiaré mi cuaderno mágico para ir el jueves a darlo todo. Cosas raras![]() Estoy nerviosa. Estoy nerviosa y estoy rara. Será por los exámenes. Tengo uno el día 6 que es tremendo, pensaba que iba a ser más fácil, pero hay un tema muy rollo de sistemas electorales muy extraño y no entiendo nada. O al menos eso me ha pasado hoy, que he tenido que leer las cosas dos veces y ni aún así. He hecho muchas cosas malas y/o raras estos últimos días, y no es que me arrepienta de ellas, no, sino que ahora pienso que esas cosas que he hecho han respondido a arrebatos extraños que he tenido, de cuyas consecuencias ahora me tengo que ocupar. No me queda otra, o me sentiré peor. Aunque tampoco es para tanto. Me han cogido para esas prácticas al final. Sí, me llamaron ayer y empiezo el lunes de 10 a 14. Querían que fuera de 8 de la mañana a 12, y les he dicho: “Ja, por aquí”. No sé qué haré exactamente, porque quizá no me pongan en la sección del corazón, sino en otra que haya que escribir sobre algún otro programa de TV, pero me da que va a ser en esa sección. Voy a ser una maruja, que en vez de preguntaros cuál es el último libro que habéis leído o qué opinión os merecen Faulkner o Bukowski, me interesará saber sobre todo si os habéis enterado de que Yola Berrocal se ha puesto más tetas, y en caso de que me contestéis con una negativa, diré "¿Cómo? Eso no es posible. No lo es. ¡Cielo santo!". Esta semana que viene “mi tutor” me va a enseñar a usar el Potoshop y todo eso. Por eso tengo que ir por la mañana, porque después podré elegir el horario. Igual me quedo con ése, de 10 a 2, porque con el maldito calor que hace en Madrid en verano por las noches, dormiré poco y no me importará madrugar. Será mejor que salir de casa a las 3 de la tarde después de haber comido y con todo el calorazo. Bueno, ya veré. Además, ¿esto a quién le importa? A nadie. Seguro que aquí muchos habréis dejado de leer. Bueno la verdad es que no tengo mucho más que contar hoy. Ya se lo he contado todo a Atenea y casi me quedo sin voz. Estoy un poco afónica estos días. Cuando hablo un rato seguido me empiezo a quedar sin voz y se torna en voz de camionero enfurecido. Espero que sean las secuelas del catarro que me cogí este fin de semana. No quiero pensar que me he quedado así para siempre. Espero estar del todo bien para el viernes, porque quiero salir y celebrar lo de las prácticas. Voy a intentar invitar a alguien a una copa. Y digo que voy a intentarlo porque no soy rica y tampoco lo voy a ser con lo que me van a pagar ahí, pero bueno, algo es algo. Con un poco de suerte podré hacer un viaje en Octubre, calculo yo; aunque Salamanca, San Sebastián y Gijón me esperan para pasar aunque sea un fin de semana en junio o julio, y también El Escorial en agosto, por supuesto (sábados y domingos es lo que voy a tener libre en este trabajo). Bueno, no sé para qué os doy tanta información. Un día voy a acabar poniendo aquí dónde vivo y a qué hora salgo y entro de casa, para que me espiéis. En fin, hoy he estado todo el día estudiando en la biblioteca de la facultad de Historia y no me ha cundido nada. Es verdad lo que dice Atenea, que nos tenemos que sentar en mesas diferentes porque si no, no paramos de hablar y de comentar cosas de los apuntes. Pero así es un rollo, yo quiero ir a la biblioteca para hablar a ratos, escuchar música y ver algún tío bueno y pasármelo bien mientras estudio. Soy un poco lo peor. Lo sé. Bueno, no sé si estudiaré hoy algo más o solamente me dedicaré a hacer nada. Tengo pensadas más entregas de "¡Cielo Santo!", pero creo que las dejaré para otro día. En fin, os voy a dar un buen consejo para estos días: estudiad mucho y no hagáis cosas raras. FOTO: Ya estoy fichada, como Homer. ¿Hay que saber de todo?![]() Voy a intentar ser breve porque hoy no he estudiado nada y el examen es mañana. Acabo de llegar de la entrevista para ese trabajo que (no) conté. Está bastante lejos, pero con el nuevo metro Norte he llegado. Han sido un poco patéticos los momentos anteriores a la entrevista en sí. Llegué allí como tres cuartos de hora antes, porque al no saber dónde ni cómo, salí de la facultad con mucho tiempo de antelación. Iba yo con mis mapas del callejero de Páginas amarillas y al final encontré la calle sin muchas complicaciones. No me gustan nada las zonas industriales. Están llenas de calles inhóspitas, de descampados a un lado, empresas al otro, y de vez en cuando un ejecutivo caminando rápido hacia su coche o un par de obreros hastiados haciendo su maldito trabajo. Y lo peor de todo fue cuando encontré el sitio y me dije: “¿Y ahora qué voy a hacer aquí en la puerta como un pasmarote? No voy a entrar tres cuartos de hora antes. Sería patético”. Y justo cuando me dije eso se puso a llover. Abrí el paraguas y me quedé ahí quieta, y la imagen fue más deprimente aún. Estaba completamente sola en la calle, aunque de vez en cuando pasaba algún coche, o algún albañil con un saco de cemento a la espalda. Vi que justo al otro lado de la calle había una cafetería, pero en el bolsillo sólo tenía un euro - por haber pagado la maldita revista para el señor E. y por haber comido en la facultad- y con eso sólo tenía para pagar la leche. El café no me lo iban a dar. Y en esos momentos me acordé de Zapatero y su café de 80 céntimos. “Si todo fuera como Dios manda, ahora me podría tomar aquí un jodido café en vez de estar esperando tristemente bajo la lluvia”, me dije. Y para distraerme un poco, decidí llamar a mi padre para ver si había vuelto ya de viaje y para contarle dónde estaba y por qué, (por si no lo sabía. Y resulta que no lo sabía). Bueno, pues estuve hablando con él como unos 10 minutos y después decidí entrar al maldito sitio. Había unos soportales en la puerta, donde había mucha gente fumando y charlando en su rato de descanso. Me habría gustado haberme fumado un cigarro con ellos, así habría parecido que estaba haciendo algo ahí plantada, algo más que escuchar a Wilco y a Los Smiths en mi mp3 y mirar hacia la nada. Cuando faltaban cinco minutos para que llegara la hora decidí entrar del todo. Me senté a una mesa que había en el hall, llena de ejemplares de un periódico financiero. Intenté leerlo un poco pero enseguida cogí el ascensor para ir a la sexta planta. Al final iba a llegar tarde y todo. Cuando llegué no había ninguna recepción ni nada, y entonces me puse a indagar y pregunté por ahí por Alicia. Resulta que todos la conocían y cuando me la señalaron, ya vi que venía hacía mí. Pero resulta que no me entrevistó ella, sino un chico más o menos de mi edad al que le interesaba mucho saber qué programas veía yo en televisión y si me gustaba ese tipo de periodismo. No iba a mentirle, claro, así que como no puedo ocultar nada porque se me nota en la cara, le dije la verdad, aunque sin hacer ascos a nada, claro. Yo a lo que me echen. Así que finalmente le dije que sí, que aunque no tenía mucha idea, podría ser entretenido. Me habría gustado en ese momento haberme visto esos programas como descosida, pero lo arreglé todo con “últimamente veo poco la tele, aunque hay cosas (de esta cadena) que me gustan”. También le interesaba saber si escribía bien, sin faltas de ortografía y todo eso. Le dije que no había problema con lo de las faltas, y respecto a lo de redactar bien, también le dije que sí, aunque con un poco de modestia. Me dijo que me podía echar todas las flores que quisiera, pero tampoco me parecía adecuado hacerlo como si nada. Hombre, tampoco le iba a decir que escribo como el culo y que no sé hacer resúmenes ni sacar lo más importante de un asunto y todo eso. Después me preguntó si me metía en internet y que qué cosas veía. Le dije que miraba periódicos y blogs, básicamente. Me preguntó si yo tenía blog y le contesté que sí, temiendo que me preguntara después por la dirección, pero finalmente no lo hizo. Sólo puso buena cara cuando le dije que tenía uno. Así que la cosa se quedó ahí y me dijo que tenía que hacer una prueba. Me puso en un ordenador a mí sola y tuve que ver unos videos sobre los problemas de la herencia de Rocío Jurado, todo lo que decía Antonio David sobre Rociíto y Fidel Albiac, lo que decía Lidia Lozano, y demás. Eran cortes de 1 minuto o algo así. Y como el tío me había dicho que valoraba mucho que la gente lo hiciera rápido, cogí algunas notas e hice los tres párrafos que me había dicho en un santiamén. Me costó un poco, he de reconocerlo, porque no tenía ni idea de si tenía que utilizar un estilo sobrio, informativo, o más bien incendiario, como suelen hacer en ese tipo de Periodismo. Así que hice un poco de ambas cosas. Y lo dejé ahí para que lo leyera. Y me fui. Me dijo que probablemente me llamarían. Y ya está. Creo que me ha pasado con esto una de esas cosas que se podrían explicar con un refrán, o con alguna expresión popular, pero ahora mismo no me viene nada adecuado a la cabeza. Podría ser algo así como: “no tires piedras a tu propio tejado” o “el que escupe para arriba…”. No sé, ¿aportaciones? Bueno, el caso es que sería gracioso que me contrataran ahí. Pero de momento preferiría no decir nada. Nunca se sabe. **La foto no tiene mucho que ver, pero prefiero poner ésta que otra.** Aquí Hay Tema![]() El examen me ha salido bien. Bastante bien teniendo en cuenta que osezno nos ha tendido una trampa: ha puesto el examen de ayer. Idéntico. Y eso no lo ha hecho ninguna vez a lo largo del curso. Yo, como ya me lo había estudiado todo el fin de semana, no he tenido problemas, (aunque es cierto que ayer me estudié más otros temas que los que había preguntado). Y así, ¡finalmente he hecho mi sentencia favorita! Pero fijaos lo vaga que soy que por no coger otro folio yo creo que la he resumido demasiado. Lo que ha pasado es que cuando ya estaba acabando el examen, he mirado al profesor y he pensado: “Este hombre tendrá mejores cosas que hacer que leerse toda esta ponzoña que estoy escribiendo. ¿Para qué voy a contarlo todo si se ve que me lo sé y que es mi sentencia preferida?”. Además, ya me había levantado a coger un folio para hacer esquemas, y me daba vergüenza pasearme otra vez por la clase para coger otro folio. Soy así de creída. Pienso que todo el mundo me mira siempre. Incluso haciendo un examen; pero es que es levantarme yo a coger un folio, y toda actividad y pensamiento se detienen y se centran en una sola acción: observarme. Jajaja. En fin. Hoy estoy contenta, aunque igual de tonta que siempre. Hace un rato estaba intentando estudiar el siguiente examen, el del viernes, y he tenido que parar porque me duelen los ojos y los tengo fatal por la alergia. Pero he intentado echarme unas gotas en los ojos y no he podido. Nací así, qué le vamos a hacer. En general estos días estoy fatal de la alergia. Me paso el día chascando la lengua cada vez que estornudo tres veces seguidas, en plan “Joder, ¿vale ya no?”. Es como cuando vas en el metro y se para. Yo pongo cara de fastidio y me quejo, y ahí ya me da igual que me miren; es más, me regodeo en mi sufrimiento, sobre todo cuando llega el metro al andén y veo que no voy a tener sitio para sentarme. La jodida ampliación de metro a mí me ha venido muy bien. Sí, ya lo creo… Otra cosa que voy a denunciar aquí es algo que se dice mucho en plan tópico pero que es verdad: la gente joven no cede su asiento a la gente mayor en el metro. Yo muchas veces lo he flipado al ver que la gente pasa. Y me levanto y les dejo sentarse, y sólo por ver su sonrisa y el gesto de agradecimiento con el que acceden al asiento, ya me merece la pena ir jodida de pié cargada de cosas y aguantando el tufo del de al lado. En fin, es lo que hay. Y en último término, hoy me han llamado de una empresa periodística para hacer prácticas de verano. Es una cadena de TV conocida, para trabajar en su página web viendo videos de programas muy educativos que hay que resumir después en forma de noticia. Bueno, no sé ni para qué lo digo porque seguro que no me van a coger. Al día siguiente de ir yo aparecerá otra tía más guapa, más alta y más lista, y que tendrá coche propio y un príncipe y un dentista. El jueves tengo que ir a que me hagan una entrevista y una prueba. Hay que usar Photoshop, por lo visto, y yo no tengo idea. En mi CV no he mentido, que conste, aunque sí es verdad que sé manejar Indesign, y eso también está bien. Ya contaré qué tal ha ido la cosa. Hurra hurra![]() Voy a seguir con las sentencias, aunque ya sé que no os interesan, sobre todo por el número de comentarios tan elevado que estoy teniendo últimamente. Al final son 9 sentencias, ésta es la última noticia que tengo, porque hoy me han dicho que había 2 que no entraban, de las que tenía yo, y que en su lugar entraban otras 2 de las que yo no tenía constancia. Pero después me he encontrado con Laura y para contrastar, le he preguntado a ella, y me ha dicho que sólo son 9 y que esas 2 que me habían dicho no entran y que yo me había estado estudiando 2 que ya entraron para el otro examen. Anda, que si en el otro examen me las llegan a preguntar… En fin, vaya lío. Encima en el examen de esta mañana el osito ha preguntado a los de la A a la M mi sentencia preferida, la del Diario "Claro" y el Señor Múgica; así que mañana me preguntará a mí cualquiera de las 8 restantes, que ya no son mis preferidas. Aunque también tengo preferencias establecidas entre ellas, claro. Bueno, respecto a lo de que todo esto no os interesa, lo cierto es que no sólo ocurre con las sentencias, porque, en realidad, ¿qué coño os interesa? Yo creo que suelo hablar aquí de temas cojonudos, vamos, variados y peculiares, pero nadie dice nunca nada. No os podéis quejar. Yo, al menos, si me encontrara por ahí un blog tan bueno como el mío, lo estaría leyendo todo el tiempo. (Estas afirmaciones sólo serán captadas en su verdadero sentido por gente como yo, es decir, un poco retorcida y a la vez comprensiva, irónica y a la vez sensible. Dios, qué paridas escribo, pero me apetece y ya está. Estoy de examen). Sin embargo, si me paro a pensarlo un poco, llego a la conclusión de que mis afirmaciones, pensamientos, sugerencias, postulados y aseveraciones en mis posts son tan buenos, tan ciertos, tan categóricos, que por eso nadie suele atreverse a decir nada más. Y eso es bueno. Vamos, que tampoco es tan mala señal. Y eso que muchas cosas de las que digo podrían ser rebatidas, pero el caso es que nadie se atreve a llevarme la contraria, ni a darme la razón… Bueno, que no os guste mi blog no significa necesariamente que no os guste yo. Y si no os gusto, no os preocupéis: vosotros tampoco me gustáis a mí. Bueno, me voy a poner a estudiar en breve; este post no lo tenía en mente y me parece que se está alargando estúpidamente. Pero es que me acabo de tomar un café en el restaurante de al lado de mi casa y parece que es potente. Los que me hago en casa nunca lo son y siempre me acabo durmiendo. Veremos qué tal se da la tarde. ¡Ah! ¡Ya no hay examen de Empresa la semana que viene! ¡Sólo hay que hacer un trabajo! ¡¡Hurra, hurra!! (Creo que es la primera vez que escribo/digo “hurra”…). Recomendación Musical: The Fratellis, “Costello Music” (pero tampoco mucho). Recomendación Literaria: “El Guardián entre el Centeno”. Salinger. Recomendación Cinematográfica: Cualquier película en la que haya tacos, pistolas, hombres, diálogos y buena música. Recomendación culinaria: Pollo al curry. Recomendación internauta: mi blog, por supuesto. Recomendación para mí: Estudiar. Dejar de escribir en este mismo instante. Ya. Friki de las sentencias![]() Pues eso, que ya soy friki de sentencias de Derecho de la Información. Ayer pensaba que entraban 10 en el examen. Yo he resumido 7 y A, 3. Pero estoy intentando leerme esas 3 para entenderlas mejor. Y son lo peor de difíciles. Ayer había terminado la locura de las sentencias al estar todas resumidas, pero, cuan es mi sorpresa cuando esta mañana descubro en mis apuntes que había una sentencia más, así que rápidamente me la leo y la resumo. Son 11 ya; más los apuntes de teoría. Lo peor de todo es que el buenazo del “osezno” te pregunta simplemente una sentencia, y de esta forma: 139/95 de 26 de septiembre. Hala, ahí queda eso. Y de 11 sentencias tienes que saber si es la de la lesión al honor del pueblo judío, si la de la cláusula de conciencia de Escobar en el diario Ya, si la de la entrevista radiofónica de Encarna Sánchez… y así hasta 11. Necesitaría un día entero para saber cuál es cada número. No sé cómo lo haré. Supongo que me guiaré por el año, aunque hay sentencias que se repiten en un mismo año… En fin, os estoy aburriendo. Al final me he quedado todo el fin de semana en casa, y aún así llevo fatal el examen. Es un agobio. Y encima está empezando a hacer calor. Anoche vi la peli española Menos es Más. Dios, qué pastelada. Entre la tontuna de la Pataki que hace el papel de rubia tonta, - no podría ser de otra forma- y las historias de los otros dos en plan: “sí, somos mejores amigos, pero un día me despierto y Oh, me he enamorado de ti, entonces paso de la rubia y me voy contigo forever and ever”. Puff, tenía que haber visto alguna de las que me grabó mi hermano, como Infiltrados o Buenas Noches y Buena Suerte. En fin, qué se le va a hacer. Hoy llevo todo el día con Derecho y además he tenido que hacer un cutre artículo para el periódico de la Facultad – en qué hora me dejé engañar para meterme otra vez ahí-. No sé, pensarán que soy un poco retrasada, o que me estoy riendo de ellos, porque el artículo que he hecho no puede ser más patético y más cutre, sobre los horarios extraordinarios de la Biblioteca de nuestra Facultad. En fin, que se arreglen ellos. Bueno, os dejo que voy a seguir estudiando esto, y mañana más. No es que esté de exámenes, es que llevo todo el curso haciendo exámenes este año. Es muy fuerte. Parece que los profesores se han puesto de acuerdo. Bueno, acabo el día 11, si todo va bien. Y encima estos días tengo que estar pendiente de las prácticas que salen para presentar toda la documentación antes de que acaben los plazos. Bueno, seguro que no me cogen en ningún sitio. Mi especialidad es ésa. Los demás están tocados por la gracia divina para esas cosas. Yo, no. Y eso me pone muy nerviosa y me desanima mucho. ¿Por qué yo no y esa tonta sí? ¿Y esa otra? ¿Y ese otro?... Los exámenes me trastornan, y cuando no me trastornan de manera directa, trastornan a los demás, que se ponen raros y no quieren salir, lo que me acaba afectando a mí de manera indirecta. Véase este fin de semana. Espero que no me quede un muy mal recuerdo para la posteridad de estos tres bonitos días en completa soledad, aunque tampoco han estado tan mal. A ver si el que viene puedo salir algo, aunque las cosas dentro de una semana también estarán un poco feas porque tendré que estar estudiando Empresa. Ya veremos… dijo un ciego. Peor que el niño este![]() En unos instantes o quizá dentro de más tiempo, sabré si ha salido adelante mi conspiración para salir esta noche. Me acabo de quedar sola en casa y lo estaré hasta el domingo por la noche. Me ha dado pena despedirme de mis padres. Me han caído un par de lágrimas y todo al ver el gesto de mi madre al darme un beso. Cuando han salido por la puerta me he entristecido. No, si cuando últimamente digo que estoy rarita…. Ante la inminencia del examen de Derecho de la Información del lunes (para mí el martes por apellidarme M, ja) está difícil que alguien se apunte a mi fiesta. Y los que no tienen ese examen tienen otros. Y los que no, viven muy lejos y trabajan. Y otros han sido secuestrados en la Conchinchina y obligados a realizar trabajos forzosos, y el resto han sido abducidos por una raza de tipejos no humanos. Total, que estoy peor que McCaulay Culkin. A él por lo menos le iban ladrones a casa. A mí ni eso. Puede ser muy deprimente quedarme en casa todo el fin de semana y encima estudiando (y después de haber hecho ayer el examen de Tecno). Mi máxima es “Si te vas a quedar en casa vagueando, tirado en el sofá, y estudiando de manera eficaz tan sólo 3 cuartos de hora, organiza tu tiempo para estudiar y para salir, y harás de tu vida una aventura” (jaja). Bueno, el problema no es sólo ese. El problema es la forma en la que salgas cuando tienes examen, porque salir esta noche de la manera en que quiero salir yo, conlleva que mañana no tenga ni malditas ganas de hacer más resúmenes de sentencias, que entre ayer y hoy las estoy haciendo como churros. Bueno, ayer hice dos y hoy llevo media; aunque me las he dividido con A., a quien por cierto no veo yo muy por la labor de hacerlas hoy. Es mejor salir, y mañana será otro día. ¿O no? Bueno, hay quien pensará que soy una manipuladora, porque luego yo apruebo y la gente no. Aunque ahí el problema no reside tanto en salir, sino en otras cuestiones de fondo. Bueno, voy a dejar de aburriros con este vocabulario jurídico que estoy adoptando y voy a seguir dándolo todo con las sentencias, a ver si mi esfuerzo se ve recompensado y me acompaña alguien en mis andanzas esta noche. Ofrezco casa y licores varios. Después, ya se verá. (Uy, qué mal ha sonado eso. Si me quedo en casa, tengo cuatro películas para ver y libros. No es mal plan tampoco… ¿O sí? ... que dulcemente llora...![]() Sé que esta canción ya la he puesto, pero la letra es la letra, y hoy me siento así. Por eso la pongo en español también. Bueno, resulta que me he puesto a los Beatles esta noche, como un último intento de animarme, pero después de escuchar The Continuing History Of Bungallow Bill ha venido ésta, y no he podido evitar dejarme llevar. Ya sé por qué he estado deprimida estos días, - o al menos hoy-. ¿Por qué siempre se acaban torciendo las cosas cuando te sientes verdaderamente feliz, cuando consigues estar satisfecho con lo que tienes? Bueno, esta canción te la dedico a ti amiga, aunque no sé si leerás esto o no. Estos días hemos hablado poco. Sé que no te gustan las ñoñeces y que a la hora de la verdad cada uno va a su bola, pero desde el principio te llamé amiga y espero no haberme equivocado. ¿Qué me quedará si no? WHILE MY GUITAR GENTLY WEEPS, The Beatles. I look at you all / Os miro a todos vosotros 14 de Mayo, sin más![]() Hoy ha venido Mónica. Ha sido puntual. Como habíamos quedado a las 11.30 en Moncloa, me he ido a las 9 a estudiar a la biblioteca de la Facultad. Todavía no me creo que haya sido capaz de semejante hazaña. Últimamente estoy irreconocible. Me he sacado dos libros de Tecnología de la Información de la biblio y me los he resumido. Incluso he llegado a disfrutar con los inventos de Gutenberg, con la imprenta de tipos movibles (que no móviles, creencia muy extendida) y con la primera tipografía inventada en Maguncia (Alemania), caracterizada por las letras góticas. Lo peor de todo![]() A punto he estado hoy de ponerme súbitamente a llorar en dos ocasiones. No es cierto (...), pero quería escribirlo. Cuando leo cosas que escribe gente como yo y que me gustan mucho, me dan ganas de dejar de escribir para siempre. Me siento incapaz de volver a hacerlo como siempre, y me pregunto cómo, cómo es que me he atrevido tantas otras veces a escribir. Es casi como un insulto. Soy una osada. Pero en realidad la culpa no es mía. La culpa es del estilo, quizá. Sí. Es el estilo, es el puto estilo el que nos marca. Mi estilo es así y no lo puedo cambiar. No soy yo, es el estilo. Aunque yo me canse de él, él es el único que – aún- no se ha cansado de mí. Pero me gustaría que mi estilo tuviera musicalidad, fluidez, belleza… O, pensándolo bien, mejor sencillez. Quizá nunca he sabido lo que quiero, y respecto a escribir, menos aún. Después de todo, lo mejor que puedo hacer es dejarme llevar y continuar escribiendo con mi pobre estilo. Habrá que aceptarle a él a falta de uno mejor. Pero siempre seré conformista: sí, conformista. Continuamente estoy esperando uno mejor. No me queda otra opción que conformarme con lo que tengo porque nunca tengo lo que en realidad quiero. He vuelto a casa melancólica y con ganas de escribir. Pero no soy capaz de decir por qué viendo pasar los coches desde la ventana de un bar, justo en el momento en que me he quedado sola, me he deprimido. Me preocupa mi sempiterna disponibilidad. Mi jodida disponibilidad para caminar sin rumbo, por aquí y por allí. Los demás siempre van con prisa, y tienen infinidad de cosas que hacer que nunca hacen. Yo, en cambio, tengo la maldita manía de organizarme bien y hacer las cosas a su jodido tiempo, por lo que dispongo de infinitas horas e infinitos minutos para –básicamente- estar disponible: para pensar, para reír, para llorar, para beber, para deprimirme y para sentirme sola. Para escribir también. Y esto es lo peor de todo. No lo probéis en casa![]() Me duelen los huesos. Estoy cansada y hace calor. Me gusta estar fuera de casa cuando hace calor. Me gusta pasar calor, cargar con un bolso, que parece una maleta, lleno de apuntes, botellas de agua y libros. Me he gastado casi todo el sueldo en negro que me han pagado hoy en libros. Debería habérmelo gastado en algo de más actualidad, en alguna tienda de esas que venden cosas que permiten a una ser una uniformada más. Quizá acabe rapándome el pelo al cero, o portando vestimentas de arlequín entristecido, pero cada vez odio más llevar lo que llevan todos/todas las demás. Sólo por rabia, - fijaos lo que os digo-, sólo por asco y por rabia, no me pienso comprar un vestido psicodélico, y eso que me gustaban cuando salieron. Desde que ayer observara en mi Facultad la jauría de niñas enloquecidas que muy orgullosamente los visten, ya no los quiero. Es más, los odio. Y eso que una amiga mía se los pone cada viernes para salir… También debería odiar las cosas para el pelo, pero el otro día me compré un pañuelo de los años 70 y una diadema. Y es que las diademas se llevaban hace muchos años, cuando yo era pequeña, y después quedaron reducidas a monopolio de `Betty La Fea´ o `Repu La Cerda´, y ahora nuevamente las llevan todas aquellas que visten además un vestido de los psicodélicos. También odio las Converse. No me las compré en su día y ya no creo que lo haga. Hoy tenía intención de comprarme unas negras, o de color rojo, pero en su lugar me he agenciado: “La Conjura de los necios” de John Kennedy Toole, “El Guardián entre el Centeno”, de Salinger, “Ponche de ácido lisérgico”, de Tom Wolfe, y “Miedo y Asco en las Vegas” de Hunter S. Thompson (que me lo voy a leer por fin después de haber sufrido meses de incesante curiosidad). Muy temático todo… En mi línea. No me he comprado ningún disco, aunque ayer le eché el ojo a alguno, y es que mi hermana quería hacerme un regalo para celebrar que la han hecho fija en el hospital, pero yo no quise abusar y finalmente no dejé que me comprara nada, sólo que me invitara a merendar. Y hoy ya estaba demasiado cansada por llevar todo el día fuera de casa y quería conservar algo de dinero para gastármelo en otra ocasión. Pero estaba claro que esta tarde tenía que fundirme algo. No suelo guardar nada debajo del colchón, y, cuando lo intento, dos días después ya se ha convertido en whisky y tequila. **Además de estos libros que he citado, recomiendo “Un Mundo Feliz” de Aldous Huxley, “Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco”, de Ken Kesey, y “La Caja del Diablo”, de Ken Kesey también. Es increíble que este tío escribiera tan jodidamente bien justo después de haberse puesto de todo hasta las cejas. No lo probéis en casa. ¿Salió rana el blog?![]() “No lo hice antes porque pensaba que nadie me iba a firmar”. Esto es lo que dice un tipo de mi clase que se ha hecho un fotolog y se sorprende, dos días después, de que su libro de visitas se haya llenado. Yo no podría decir lo mismo. Aquí, desde el principio, casi nadie ha comentado y he aprendido a vivir con ello. Ni siquiera mis amigos/as, ni mi hermano, (y eso que se lo dije, se metió un día y “si lo he visto no me acuerdo”. Sin embargo, casi lo prefiero, porque viendo todas las chorradas que he escrito desde que hice el blog, ahora me daría vergüenza que se metiera y lo leyera…). Bueno, respecto a mis amigos, también es verdad que ya bastante rollo debe de ser verme a diario como para leer también mis desvaríos, a diario… Bien, pues ahora siento algo totalmente diferente a lo que sentía al principio respecto a este fenómeno. Ahora me está preocupando que mi blog lo lea la gente. Y es que he activado una “historia” para saber cuánta gente me visita y por qué. No tendría que haberlo hecho, porque ahora veo que realmente bastante gente SÍ llega a mi blog y por caminos un tanto insospechados… Debería darme igual que un desconocido llegara y leyera mis chorradas, pero así de repente me disgusta un poco la idea… Ya sé que cuando te haces un blog sabes que lo puede leer cualquiera, y que para otras cosas ya está el folio y el segundo cajón de la mesa para esconderlo. He tenido tentaciones de cargármelo todo, de matar al blog, y seguir con mi vida normal, sin esta ponzoña tan sugerente, pero quizá ya sea tarde, y al fin y al cabo esto no es más que un ejercicio de estilo que siempre viene bien desarrollar de vez en cuando. Lo que me hace pensar en si me estoy equivocando es el hecho de que haya tantos blogs por ahí que se hacen con el simple objetivo de mostrar algo, mostrar tu vida, tus paranoias, tus virtudes y defectos. Y da igual cómo esté escrito y quién lo vaya a leer después. Esto no me gusta. A mí me gusta la forma, no el contenido. Si quien se dedique a hablar de su vida lo hace de una forma admirable, pues me encantará su blog. Es una forma de mostrar una perspectiva de la persona, pero, sobre todo, un estilo, una forma de escribir que no está del todo mal. Ahora que lo pienso, la mayoría de los libros que he leído últimamente estaban escritos en primera persona, y quizá esto también me esté influyendo a la hora de escribir chorradas aquí, en primera persona, y de buscar más gilipolleces similares por ahí… En fin, esto que he escrito ahora se me acaba de ocurrir de manera totalmente espontánea, aunque ya lo venía cocinando desde hace días. Ahora debería estar haciendo el libro de estilo de nuestra revista para Tecnología. Pero ayer me fui a dar - por fin- papeles de propaganda de la clínica de mi cuñada y, tanto por el barrio por el que fui dejando los papeles en los coches y en los buzones, como en el bus de ida y vuelta, se me ocurrieron mil cosas para escribir. Ya tenía que hacerlo, no podía esperar más. Lo raro es que no haya escrito nada ayer. Pero es que, si tuviera que escribir todas las chorradas que se me vienen a la cabeza en forma de escritura durante el día, no acabaría nunca. Hoy no creo que escriba más, es el día de la madre y ahora vendrán “las visitas”, es decir, mis hermanos y sus parejas. Yo le he comprado a mi madre un suave peluche de una rana amorosa que lleva un cartel que dice “Felicidades”. Tenía prisa y no quería buscar más. Ni siquiera me preocupó demasiado el precio. Que lo paséis bien. Me luzco en todo![]() Muy buenas noches. Hoy me he lucido en otro de esos exámenes con los que no dejan de torturarnos este año. Lo de que me he lucido lo digo en serio, sin ironías que valgan. No sé cómo lo hago, pero cuando estudio poco y creo que no me lo sé, en el momento del examen me llega la inspiración. Pero he dejado sin contestar la pregunta voluntaria, y no me gusta mucho la idea. ¿Será algún tipo de trampa del Señor E? Después del examen nos hemos ido a maquetar la revista que tenemos que entregar mañana al señor E. Cuando estábamos acabando el examen, nos ha recomendado ir a un congreso que estaba teniendo lugar en la facultad sobre los blogs, pero un tío de la última fila le ha cortado, contestando con cierta mala leche: “Tenemos que hacer la revista (listo de los cojones)”. No sé qué me pasa hoy que me apetece decir tacos. Será por la presión del examen, digo yo. Ayer también me pasaba, aunque no necesitaba solamente soltar tacos. En la sala de ordenadores hoy no me lo he pasado tan bien como otras veces delirando y cantando mientras maquetamos. No había tan buenas vistas como otras veces. Por otra parte, Atenea se ha ido a trabajar a las cuatro y me he quedado con Diego, lo que no significa que las aventuras que hemos vivido maquetando sean menos interesantes que las de otras veces. Es la primera vez que maquetaba e imprimía sin Atenea, y como Diego no conoce aún muy bien el procedimiento a seguir, toda la responsabilidad ha recaído sobre mí. Y ya se sabe que en mí no se puede confiar siempre. Mi faceta Míster Bean ha salido a relucir hoy, pero sólo un poco… Y como no estaba Atenea he podido hacer gala también de otra de mis facetas: la de Ágatha Ruiz de la Prada, porque yo sé cómo hacer que quede “estético” el diseño con colorines. La psicodelia de los 60 me ha hecho mucho daño… De todas formas hoy sólo he puesto un fondo de color azul al editorial; con el resto me he contenido. Y he hecho un reportaje sobre The Shins que me ha quedado muy chulo. Si queréis lo publico aquí. Sé que lo estáis deseando, ¿a que sí? Por cierto, el otro día mi nueva y buena amiga Amaia (parezco Forrest) me sorprendió con que a ella también le gustan The Shins, porque lo vio en una peli en la que sale Natalie Portman. Yo no la he visto, aunque tengo cierta curiosidad, porque por lo visto la tipa le dice a un chico, en la peli: “Escucha esto, te cambiará la vida”, y la canción que sonaba era New Slang, bien bonita, del primer disco “Oh, Inverted World”. En fin, a lo que iba, que cuando estaba maquetando con Diego todo iba bien. Demasiado bien. No nos ha echado de la sala ningún profesor tocapelotas ni nada por el estilo. Y hemos terminado relativamente pronto. Diego ha hecho una nueva cabecera para la portada, con una bola del mundo y todo, que simula una O del título. Ahora me pregunto de dónde habrá sacado tan original idea. Cuando nos vamos con el material a Moncloa para que nos lo impriman las resentidas de siempre, observamos que nuestra facultad ha sido tomada por unos centenares o miles de quinceañeros que han venido a hacer botellón y a armar follón. De hecho, no pudimos comer a mediodía en la cafetería porque estaba más petada que de costumbre. No le damos más importancia a este tipo de colonización y marchamos a Moncloa con el trabajo bien hecho. Cuando llegamos y la tipa que nos atiende abre mi archivo: “Revista definitiva”, caigo en la cuenta de que no lo hemos exportado a PDF, así que no se puede imprimir. Diego no sabe de qué hablo, porque nunca ha venido a imprimir, y la tipa tampoco entiende nada, sólo sabe que le sale una ventanita que dice “falta un vínculo”. Así, volvemos a la facultad para pasarlo a PDF. Vamos al baño y yo tengo que subir al de la segunda planta porque el interior de la facultad se ha convertido en todo un centro de recreación, vicio y malas costumbres, y las señoritas tienen que ir constantemente al cuarto de baño para evacuar – y para otras cosas-. En el baño de la segunda planta tampoco estoy exenta de toparme con quince o diecisiete añeras que sujetan un mini en una mano, un cigarro en la otra, y llevan la raya del ojo y la falda ambas mal colocadas. Oigo la conversación de dos de ellas, en el baño, que se lamentan de que en esta jornada de jueves lluvioso y de maquetación para mí, no están ligando nada: “Es curioso tía, pero siempre ligan más las que tienen novio…”, le dice una a otra, como arrastrando las palabras: “Sí, joder, tía ¡¡qué putada tía!!! ¡Qué putaaaada!”. Después de esto vuelvo a la sala de ordenadores, en la que me espera Diego para exportar a PDF y para contarme sus particulares aventuras en el baño de tíos: “Pues en mi baño había dos que estaban follando. Había dos tías sujetando la puerta para que no entrara nadie y se oían todos los ruidos”. Qué fuerte. Y al contarme esto me quedo flipando y cada vez tengo más curiosidad por saber quién es esta gente que ha tomado nuestra facultad confundiéndola con un prostíbulo. La verdad es que no se puede apenas dar un paso, en cualquier pasillo te encuentras con especímenes de este tipo que portan cubatas, cervezas, y porros de hachís sugerentemente humeantes. Cuando salimos de la facultad, por segunda vez, camino de Moncloa, le digo a Diego que preguntemos a alguien de qué va todo esto. Vemos a uno que lleva un mini en la mano y que tiene pinta de ser buen tío y campechano. Se da la vuelta para contestarnos y vemos sus ojos azules inyectados en sangre y un gesto ciertamente ridículo. Lleva una gorra, una mochila a la espalda y un chubasquero de color rojo. Se asombra de que no sepamos que hoy es el día de S. Cemento y que han venido a nuestra Facultad porque llovía y porque, además, querían comerse un bocadillo, sin más pretensiones. “¿Y de dónde venís todos vosotros?” le preguntamos: “Pues… egggg que venimos de la Carlos III, tío, yo vengo de Leganés, tío, ¡¡apuntaros a la fiestaaaaa!!”. Después de esto (sin comentarios) nos vamos a Moncloa otra vez, con interesantes conversaciones en el bus sobre si existe relación entre la miopía y la inteligencia. Yo creo que sí, porque soy miope y algo bueno tiene que tener esto, espero, y porque cuando era pequeña lo leí en la revista QUO, fuente de información contrastada donde las haya. Llegamos a la tienda nuevamente y nos atiende un tipo nuevo. Bueno, en realidad no es nuevo, pero le hemos estado viendo pulular por ahí a lo largo de estos últimos meses dándose aires de jefazo, y nunca nos había atendido. No pilla lo que queremos que haga con la impresión y lo hace todo al revés, literalmente. La página de la portada, la imprime con la de detrás, del revés. Le decimos que la cosa va mal, y vuelve a intentarlo. Esta vez consigue sacar unas hojas bien, pero otras siguen estando mal. Al final, tras varios intentos fracasados y situaciones embarazosas por tener que decirle “que no, cansino, que no, que sigues haciéndolo mal”, acabamos con toda la revista bien menos la primera página, lo que no era un error del prepotente de la tienda, sino nuestro, y más concretamente, de Atenea. Se había emocionado tanto con su entrevista al adorable señor L., que la había colocado en portada. Y Diego y yo sin percatarnos… Total, que mañana que podíamos quedarnos durmiendo hasta la clase de las 11, vamos a tener que ir a la facultad para modificar la primera página y llevarla, por tercera vez, a imprimir. Voy a ir planteando, dejándolo caer en el aire, el cambiarnos de establecimiento… *Bueno, este post ha puesto definitivamente de manifiesto que mi experimento no ha funcionado -al menos de momento-. **Escuchando: el álbum Some Loud Thunder de los Clap Your Hands Say Yeah. Imposible pasar sin "Mama, Won´t You Keep Those Castles in The Air And Burning" y "Love Song Nº 7". ¡Son orgásmicas! Un día redondo![]() Me levanto a las 8, es decir, a la hora a la que comienza la clase de Derecho. Voy directamente al examen, que es a las 10. Llego con el tiempo justo, pero el señor P aún no ha llegado. Nunca llega antes de las 10:20, ni cuando hay examen. La culpa es del café. Entro en clase y me siento con A. Cuando llevamos 20 minutos pasando hojas de los apuntes mientras hablamos de cosas que no tienen absolutamente nada que ver con el examen, entra él, por fin. Saca su lista, y sus gafas de cerca. Empieza a leer nombres y apellidos, parece que la lista es la de siempre, pero mi nombre y apellidos no figuran en ella. Ya no es la lista de siempre. Entonces, un fuerte desasosiego se apodera de mí al instante, impidiéndome actuar, haciendo que me sienta una simple descarriada, una dejada de la vida, de las listas de clase, y de los listos, de todo. Pero todo cambia cuando el señor P pregunta “¿Hay alguien que no haya sido nombrado en la lista?”, y entonces yo y dos chicas más levantamos la mano. A la primera chica, cuando dice su nombre, el tío le responde “tienes que repetir sociedades anónimas”, y la chica: “pero si ya fui al despacho”. “Bueno, habrá que creerte”, transige el señor P. Con la segunda chica, más de lo mismo. Y cuando me toca el turno a mí, procedo igual: “Ya fui al despacho”… “Sí, pero lo hiciste mal”. (Silencio). Me acobardo, y me avergonzaría solemnemente tener que coger mis cosas y largarme. Ser la única que no puede presentarse (excepto los que ya han tirado la toalla hace tiempo, claro). Pero cuando ya lo daba todo por perdido y me estaba desmoronando, el señor P. adopta una actitud pensativa y hace un balance – un buen balance- de la situación: “bueno, estas dos chicas se presentan, y con esta otra chica ¿qué hacemos? ¿La dejamos que se presente?”. (Todo esto en alto). Y, ante mi asombro, toda la clase grita “¡¡Síííí….!!”. Entonces el profesor se descojona y me dice que sí, que me deja presentarme, pero advierte a la clase que esto no es un cachondeo y que hay que tomarse las cosas en serio. Me vuelve a preguntar mi nombre y me apunta en la lista de los buenos. Entonces hago feliz el examen, que no era muy difícil, aunque nunca se sabe. Después, mientras me tomo la caña de la victoria con A, nos reímos de la escena con el señor P. Aquello fue como un circo romano, en el que dependes del pulgar de alguien para salvarte. O como cuando Poncio Pilatos pregunta a la muchedumbre y ésta decide salvar a Barrabás en vez de a Jesucristo. Bueno, al fin y al cabo, el señor P no ha sido tan duro, aunque si yo hubiera desistido y no hubiera acudido hoy al examen, lo habría perdido definitivamente todo. Mientras nos estamos tomando la caña y observamos lo felices que están por haber hecho el examen Pablo, al que llamamos Juan, y el propio Juan, me suena el móvil. Es el señor D. que me llama para ver si voy a “ensobrar”. Le digo que sí, y que si puede venir también A. Su respuesta es afirmativa, y entonces nos encaminamos las dos hacia allá. La cosa es en Atocha, en un lugar variopinto, que, como era de esperar, ha encantado a A. A mí me encantan más los 8 euros por hora que me dan por hacer un rato el chorra viendo las direcciones de gente importante a la que le va a llegar una carta que he cerrado yo y en la que he podido escribir cualquier frikada, - eso cuando menos-. Pasamos buenos ratos haciendo coñas, mientras ensobramos. Y no dejo de acordarme de la chiripa que he tenido con el señor P. Cuando acabamos la tarea, sobre las 4, nos vamos a comer, por fin. Luego A dice que a veces me pongo exquisita, pero no comer cuando es la hora de comer, me pone bastante nerviosa. Como no queremos esperar a llegar a casa para comer y hace una espléndida tarde primaveral, nos vamos a un bar especialmente español, en el que nos comemos unas bravas y unas croquetas de la casa, acompañadas por un par de cañas. Cuando acabamos me siento tan feliz y realizada por todo lo que he hecho durante el día, que decido bajar al baño aún a sabiendas de que va a ser un baño un tanto apestoso. Finalmente mi felicidad y bienestar no pueden contra la yonqui que está hablando sola en el baño – más bien susurrando frente al espejo- y contra el olor que despide el urinario cuando sale dicha persona y puedo entrar yo. Me entra una arcada y salgo corriendo de allí, sin haber llegado a entrar, subo las escaleras con más arcadas, y se lo cuento todo a A. Pagamos y nos vamos a ver libros viejos, ya un tanto cansadas. No compramos ninguno y nos retiramos a coger el metro. La siguiente situación surrealista tiene lugar cuando vamos a pasar por los tornos del metro y nos encontramos con toda una manada de escolares con mochilas que están de excursión y que quieren pasar todos a la vez. Entonces llega una vaca burra de seguridad y les dice, a los adolescentes y a la profesora: “pasad por aquí para que por el otro torno pueda pasar la gente”. Me hizo tanta gracia porque la tía lo dijo tan cabreada que sólo le habría faltado decir: “Pasad por aquí, escoria, para que por ahí pueda pasar la gente normal.” En fin, lo peor de todo es cuando, intentando pasar por el torno, sigo a un tipo que no era un escolar, y que mete el tiquet por un torno y pasa por el de al lado. Es absurdo, pero a continuación hago yo lo mismo. Y la cosa funciona. Cuán es mi sorpresa cuando la profesora Rottermeyer, una vieja gorda escandalosa, me grita desde la distancia y me apremia a devolverle su viaje, porque he pasado por su torno con el tiquet que ella había metido. Vaya, lo siento. Pero ahora mi tiquet tampoco iba a funcionar dos veces seguidas. La mujer está desquiciada, y la cola de niños inquietos con mochilas y sin haberse duchado esta mañana, detrás de ella armando follón. Entonces A me saca rápidamente del atolladero y ofrece pasar con su tiquet a la señora. La cosa se resuelve en cuestión de segundos, pero me hace gracia por la intensidad que supone verme envuelta en situaciones tan peculiares tan a menudo con gente tan peculiar. Cuando me monto en el metro me pongo a The Shins y descubro qué es la felicidad: la felicidad es hoy, es poder escuchar canciones como Sleeping Lessons, Australia, Turn On Me, o So Says I después de un día tan redondo como el que ha sido hoy. Cuando llego a casa y me miro al espejo, mis ojos están sonriendo. Un Domingo de Primavera con Wilco y el Señor P![]() Últimas pinceladas de estudio del gran examen de mañana. Lo llevo regular. Y no puedo evitar preguntarme, de vez en cuando: ¿Me nombrará en la lista de los que se pueden presentar? ¿No me nombrará, y aún así, haré el examen y cuando se lo vaya a entregar, se acordará de mi cara y me dirá “qué coño estás haciendo niña?” En fin, a veces es mejor no pensar tanto las cosas y actuar, sin más. Como hace un rato, que estaba estudiando cuando ha empezado a sonar At Least That's What You Said, de Wilco, y me han entrado unas ganas irreprimibles de ponerme a escribir. Y eso estoy haciendo. Pero no tiene sentido nada de lo que hacemos. Mi hermano y mi cuñada acaban de irse al Calderón a ver al Atleti, tras una insoportable discusión en la comida sobre qué hinchas son más borricos, los del Real Madrid o los del Atleti. Mi hermano, como es de esperar, defendía a los suyos, a los madridistas, y hablaba de que, tradicionalmente, los que más bulla han armado y más brutos son, son los atléticos. Mi cuñada, por otra parte, como mujer diplomática y buena rojiblanca, defendía la postura de que no hay que generalizar, asegurando que brutos hay en todos sitios. Yo, como casi siempre, defendía la postura de mi cuñada frente a la categórica postura de mi hermano, que siempre cree llevar la razón. Después, mientras intentaba compaginar la ardua tarea de comerme una sopa manteniendo el pelo suelto sobre mis hombros, observaba cómo mis padres empezaban a llevarse la contraria respecto a otro tema, tal y como habían hecho mi hermano y mi cuñada. Ayer estuvieron en Cuenca, mis padres, y como siempre que van a algún sitio de viaje cultural, mi madre queda más maravillada que mi padre por todo lo que ven. Es un hombre diplomático, mi padre, que no se moja nunca. “Sí, está bien, pero vamos…”. O “sí, yo soy del Madrid, pero bah, vamos, tampoco te creas”. Nos hemos reído mucho con la "discusión". Y yo reconozco que muchas veces soy como él. ¿Es eso malo? Quizá no tanto, aunque, de vez en cuando, sí me habría gustado decir a la puta cara de alguien: “esa película es una puta mierda, no sé cómo te puede gustar”, o “esta música es mi preferida, y lo demás no es más que una jodida basura”. Y lo cierto es que, pensándolo bien, últimamente sí estoy haciendo esto. Pero me falta práctica. Y tampoco es plan de ir por ahí hiriendo sensibilidades. Lo mejor de todo es escuchar At Least That´s What You Said una tarde de primavera, mientras estudio en silencio, pensando en lo deprimente y a la vez divertido que puede ser todo, que puede ser una canción un poco triste que te anima mientras estudias. O, como dice mi queridísimo Profesor P. “lo mejor de todo es leer a Góngora las tardes de verano con la persona que amo”. Aquí van algunas perlas y/o frases lapidarias de mi profesor, que he copiado del blog de un compañero de clase, un tanto friki él… *"¿No quieres ser español? ¡Pues te jodes! ¡Yo tampoco quiero ser gordo!" (Referido a los catalanes) Angustiada gracias al ¿estimado? Sr P![]() Sigamos con mi protagonista, el señor P. Ayer odiaba al señor P. Me hizo sufrir de una manera impensable. Ayer pensaba que era la persona más repulsiva del planeta y que había sido completamente injusto conmigo. Hoy, reconozco que tiene razón y que, de quien más siento repulsión ahora mismo, es de mí misma… Aunque las formas de ayer no fueran las correctas, este hombre no hizo otra cosa que gritarme – literalmente- las verdades a la cara. Mientras hoy esperaba en balde a que apareciera por su despacho para abordarle y que me diera otra oportunidad, pensaba en escribir acerca de todo esto con algo de sentido del humor. Pero estoy tan petrificada – aún- que no soy capaz de ello. Ayer hice el ridículo. Y me está bien empleado. Si voy fuera de plazo a la revisión y el hombre cede y me atiende, es esperable que sea más duro conmigo y me pregunte cosas rebuscadas. O que, directamente, no me pregunte nada en concreto y todo a la vez… Algunas perlas que me soltó: “Eres la típica persona que se ha viciado en la universidad”. “No sé a qué has venido, si no te lo sabes”. Cuando le digo que aún hay cosas que no entiendo: “Eso es lo único que has dicho y que tiene sentido hasta ahora”. Al final me fui de allí sin saber si había aprobado o no, porque me devolvió el examen (en vez de quedárselo) y me dijo que estudiara más. Está claro que eso no es buena señal. Tampoco me fijé en si había apuntado mi nombre en algún sitio, sólo quería salir de allí lo antes posible. Estaba pagando conmigo todas sus frustraciones acumuladas, y así me lo dijo él mismo cuando se dio cuenta de que se estaba pasando y de que como siguiera aguantando eso por más tiempo no me iba a quedar otra que ponerme a llorar ahí mismo. Después de vivir esta mañana aún más situaciones de tensión al esperarle en su despacho sin moverme ni para ir al baño desde las 9 hasta las 12, estoy sin saber si puedo presentarme al examen del lunes. No ha venido hoy a la facultad, y era de esperar. Otro factor de tensión: como estuve ayer estudiando a fondo lo de antaño (para que me diera hoy otra oportunidad), estoy perdiendo tiempo y dejando de estudiarme lo del lunes. Tampoco sé si tiene algún sentido estudiarme lo del lunes… Aunque no esté en la lista de los que pueden presentarse, voy a presentarme igual, y de perdidos al río. Ahora estoy pensando en si hacer o no lo que me ha sugerido una amiga: mandarle un email con el resumen de la lección que no había hecho ayer y decirle que si puedo presentarme. No sé, me siento fatal conmigo misma por haber sido tan dejada. Pero, aunque objetivamente haya sido injusto conmigo (hay gente que ha ido al despacho y no le ha preguntado nada, le ha echado una charlita, sin más); siento que esto me tenía que ocurrir. Me ha afectado muchísimo todo esto y quizá me lo merecía de esta forma para darle la importancia que en realidad tiene. Lo de suspender o no es lo de menos. El problema es el trasfondo. Lo que refleja todo esto. No sé si habré espabilado, pero ayer me quedé hasta las tantas estudiando lo del lunes y lo que tengo pendiente, maldiciéndome y prometiendo no hacerlo más. Es una verdadera putada que, quedando un mes de clase y siendo esto evaluación continua, tenga que hacer el examen oficial de junio, en el que entra todo y es para la gente que no ha ido a clase. El tío ha estado pasando lista hasta antes de ayer, y yo sólo he faltado un día (cuando tres es el límite para que te quite de la lista). El examen de noviembre lo aprobé, y aprobé contabilidad también. De este jodido examen, he hecho mal cinco preguntas de diez. ¿Tan horrible es? Como dice A., si hago lo del mail y el lunes me presento, hago un buen examen y después hablo con él, nada tendría por qué salir mal. Tendría que tener, el señor P. un corazón de hielo. Lo peor de todo es que cuando ayer me hizo pasar ese mal rato en el despacho, vi que, efectivamente, aunque nos intente engañar en clase con sus chistes y sus bromas, ese hombre tiene de todo menos corazón. Estimado Señor P.![]() No podíamos prorrogarlo más. Hoy, por fin, hemos ido A y yo a hablar con el Sr. Profesor P. Hemos ido a las 11, lo que implicaba faltar a la clase de Historia del Periodismo Español. Es una clase interesante, pero quizá mi mano y mi brazo hayan agradecido mi ausencia, y más después de los análisis de sangre que me hicieron ayer. (Sí, lo sé, soy una quejica, pero después de que te pinchen en el brazo, ponerte a continuación a copiar como una jodida condenada en esa clase, no es lo más recomendable). Pues bien, como decía, hoy hemos ido a contarle al profesor la lección que no aprobamos en febrero, o quizá, a soportar sus broncas mañaneras. Nunca se sabe cómo va a reaccionar. Pero quizá, según A, ante “nuestro rostro angelical”, no se pasaría mucho. Tras media hora de espera en la puerta del despacho, y tras muchos ataques al corazón al ver panzas y calvas desfilar ante nuestros ojos, llegó él, con su panza y su calva. En el fondo no queríamos que viniera, pero pasar la prueba de las sociedades anónimas o de lo que a él le diera la real gana en general, no podía prorrogarse más. Quien no la pase antes del lunes, no podrá hacer el siguiente examen – que como es de esperar, es el mismo lunes-. Sabíamos que íbamos tarde, que habíamos tenido un mes para ir, para “hacer los deberes”, y que el Sr. Profesor nos iba a regañar por ello. Pero en el fondo le gusta vernos preocupadas. Y nos quiere. Entramos al despacho. A pasa primero. Yo la sigo. Al fin y al cabo ella tiene más experiencia. Él nos mira como extrañado, y efectivamente, nos dice, enfadado: “pero bueno, criaturas, ya no puedo atenderos, ya no estáis a tiempo de hacer los deberes, habéis tenido un mes, ¡un mes! para venir. Y además yo ahora me voy a una reunión." Yo me quedo muda, “ya no hay salvación”, pienso; pero A sabe que nos quiere e insiste: “¿y podemos venir cuando acabe usted la reunión?”. Entonces nos mira, ve mi cara de “¡¡Oh Dios mío, vamos a suspender!! ¡¡Vamos a morir, soy lo peoooor!!” y con un gesto de condescendencia, suspira y mira el calendario mientras comienza a decir: “Bueeeno, veniros a las…… a las 2”. Suspiramos nosotras y nos vamos echando leches, diciendo “gracias, gracias”. Gracias Sr. P. Son las 11.30 horas, y hasta las 14 nos dedicamos a parlotear, a reírnos, a criticar, a hablar del futuro, del verano, de dinero, y de nuestros padres. Hacemos de todo menos estudiar la lección pasada que, presumiblemente, nos iba a preguntar el profesor, y tampoco estudiamos la lección futura, de la que nos va a examinar el lunes. Cuando voy al baño suelen pasar cosas sorprendentes en el exterior, le suelen pasar cosas interesantes a A. Me siento como Vincent Vega en Pulp Fiction: ¿No se intoxica Mía cuando él está en su baño manteniendo un monólogo ante el espejo? ¿No entra Butch en su piso mientras él está en el váter en vez de estar vigilando? ¿Y no se lo carga ahí mismo con su propia arma? Y…cuando deciden atracar la cafetería Pumpkin y Honney Bunny... ¿No le dice Vincent a Jules “voy a cagar” y aparece media hora después? En fin. Lo que decía, que voy demasiado al baño y luego me pierdo las cosas que pasan. Debería beber menos, también. Es lo que tiene. Aunque hoy no hemos bebido cerveza porque a las 2 teníamos que volver a intentarlo con P. Volvemos al despacho. Y vuelven a desfilar las mismas panzas y calvas ante nuestros atemorizados ojos. “Lo mejor es que él se enfade y no pare de hablar. La clave es decirle a todo que sí. Sin justificarse ni intentar dárnoslas de listas, con cara de no haber roto un plato”, asegura A, y yo estoy de acuerdo. En la puerta del despacho hay unos cansinos que están grabando una especie de corto. Nos joden haciéndonos levantar de donde estamos. Y va pasando el tiempo. Ya son las 14.20. Y P sin venir. A se tiene que ir a comer y luego a trabajar. En el fondo seguimos deseando que no venga, que no venga nunca. Pero tenemos que pasar por ello. Hoy o mañana. Son las 14.35 y A decide definitivamente quedarse a comer en la facultad y seguir esperando a P. Confiamos en él. Bajamos a la cafetería a por un apestoso bocadillo pasado que nos da un ex presidario y subimos a comérnoslo a la puerta del despacho. Los cansinos del corto han colonizado todo el pasillo y ya no se ven calvas ni panzas desfilar. Imponen, los cretinos. Nos piden, por favor, que nos sentemos en otro sitio, en un sitio desde el que no podemos ver si viene P. Transigimos y cuando nos acabamos el bocadillo, a eso de las 15 horas, volvemos a acercarnos a la puerta del despacho. Huele a tabaco todo el departamento, pero no se sabe de qué despacho procede el olor. Y ante la idea de molestar a P en su cigarrito de después de comer y de una enojosa reunión, me da aún más miedo su posible reacción. Tocamos en la puerta y nadie abre. Intentamos abrirla y está cerrada. A sugiere que le dejemos una nota en la puerta, para decirle que mañana vamos a volver. Arranca decididamente una hoja de su cuaderno y comienza “Somos…” en mayúsculas, lo que hace que yo me ría nerviosamente y aporte otro comienzo estúpido para la nota: “Estimado Sr. P”, aunque A dice que eso es muy cursi y antiguo. Entonces quitamos el “estimado” y yo quiero poner Señor Profesor. A quiere poner sólo Profesor P. Pero comienza a reírse mientras lo está escribiendo y entonces la quito el boli y continúo yo. En ese momento alguien entra. Y A se asoma y me dice “que ya viene”. Y yo, descojonándome, no me lo creo: “¿en serio?”, “que sí, que sí tía”. Entonces se oye un hipo y aparece por la puerta, su panza. Se extraña de nuevo al vernos, y nos dice: “Veniros mejor mañana, que acabo de venir de eso y no estoy pa´ estas cosas… Si es que cuando yo os decía que vinierais antes era por algo, criaturas, si es por vuestro bien”. Le decimos a todo que sí, como habíamos acordado, y nos vamos corriendo, dándole las gracias otra vez. Y ahora estoy en casa, sin saber la lección que me puede preguntar mañana, y sin adelantar nada de la lección que me va a preguntar el lunes. Es que es ponerme a estudiar y…![]() ... me lo paso muy bien. Cuando me pongo a estudiar, me entran ganas de ponerme a hacer cualquier otra cosa. Es que es ponerme a estudiar, y me apetece hasta barrer el salón escuchando música o fregar los cacharros. Estudiar a veces hasta me inspira a la hora de cantar o de ponerme a escribir. Estaba, hace media hora, leyendo por vez primera los 15 folios de apuntes que constituyen el examen del lunes día 16. Es de empresa informativa. Cuando he llegado, a duras penas, a la página 5, me he ido al baño a peinarme, porque he quedado dentro de un rato y no quiero llegar tarde. Después he vuelto y he conseguido, también a duras penas, llegar hasta la página 8; pero aquí he tenido ya que dejarlo. Tras escuchar en mi mp3 canciones de Wilco que hace tiempo que no oía, una de los Beach Boys y otra de Jimi Hendrix, he pasado a las del Sargent Peppers de los Beatles. Es curioso cuando oyes, pasado un tiempo, canciones que te sabes de memoria, y si encima estás estudiando y dedicas tu atención a cualquier otra cosa, las escuchas casi como si fuera la primera vez. Bueno, miento, no eran todas del Sargent Peppers, porque todo ha empezado con Hey Bulldog, que es del Yellow Submarine. Y después de esa, que he cantado y bailado desde la silla, mientras leía los apuntes, ha venido Gettin Better, que también he cantado con un bolígrafo haciendo de micrófono. ¡Ah! ¡Se me olvidaba! Tenéis que haceros – si no lo tenéis- con un juego de la Play que consiste en tocar la guitarra (Guitar Hero II). Parece una gilipollez cuando ves a alguien (a mi hermana y a David) jugando y no sabes de qué va el rollo, pero una vez que te pones, es la leche, y te acaba viciando. A lo mejor me apunto con mi cuñado a clases de guitarra – española-. Tengo ganas de hacer cosas nuevas. Muchas ganas, pero la vaguería a veces te impide informarte de las cosas y levantarte del sofá para organizarlas y llevarlas a cabo. En fin, después de este inciso, sigamos con las canciones y con el entorpecido estudio del examen de empresa. Hoy, por otra parte, he soñado con esta asignatura. Hacíamos tres exámenes a la vez: el primero que hicimos en noviembre, que lo aprobé, el segundo, que cateé la parte de Sociedades Anónimas, y el próximo que tenemos ahora, el del día 16. Pues resulta que en éste sacaba un 9, pero sociedades anónimas lo volvía a suspender, y eso que ni siquiera va a haber examen de recuperación de eso. Es suficiente con ir al despacho del profe y contestar las cosas bien. Lo curioso también es que los exámenes eran pequeños trozos de papel en los que teníamos que hacer dibujos extraños, pero, por alguna razón, yo sabía que eso eran exámenes de empresa. En fin, qué rayada. Lo reseño porque una amiga mía también ha soñado un día con esta asignatura y con que el profesor la suspendía una y otra vez. Cuando la vea la contaré mi sueño, a ver qué opina. Puede que haya relación. Más o menos, la misma que puede haber entre los temas que he tratado en este post. Mi futuro es este café![]() El café que me estoy tomando es lo único que representa ahora mi futuro. Mi futuro es un café. No veo más allá. Ahora que lo pienso, nunca quiero terminarme los cafés que me estoy tomando. Había quedado con una amiga para dar un currículum, pero lo he cancelado. No tengo ganas de salir hoy de casa. Tengo ganas de no tener futuro. De ser un café que se va consumiendo lenta e inevitablemente, en casa. El vecino de al lado sigue dando golpes a la hora de la siesta desde la semana pasada. Debe de estar labrándose un futuro, un futuro de obras y tabiques. Lo hace para algo, supongo. Todos esos jodidos golpes en la pared deben de tener algún fin, aunque no para mí. Sale el sol y se vuelve a esconder. Es semana santa, y estoy en casa, sin trabajo, sin salud y sin futuro, y no me importa el amor, ni la amistad, ni las procesiones, ni el martes santo, ni el viernes, y ya ni siquiera El Escorial. Ayer me llamó Mónica, se puso sentimental. Tantos días o meses (dos) sin vernos lo han motivado. “Aunque no te llame ni nada, me he acordado mucho de ti ¿eh?”, me dijo, con voz cordial y cariñosa. “Yo también”, la dije, con voz también cordial y cariñosa, algo faringitosa. Entre nosotras pasa lo de siempre, que cada una va a su bola: una en la sierra y la otra en la ciudad. Aunque esto, por suerte, nos pasa sólo en temporadas. Todo depende de las personas que haya a nuestro alrededor y de la medida en que nos absorban. Pero el resultado siempre es el mismo: estamos ahí pase lo que pase. Y sabemos que aunque en los aspectos superficiales de la vida no tengamos demasiadas cosas en común, nos entendemos a la perfección y necesitamos contarnos de vez en cuando nuestras historias y ponernos trascendentales en el Sapo Rojo, mientras nos tomamos una copa bien cargada. Y digo yo, ¿esto tiene algo que ver con el café que me estaba tomando y que ya me he terminado mientras escribía esto? He consumido el café y ahora el pasado me consume: recordando el verano pasado, con Mónica, tan tristonas y a la vez tan felices las dos, ella estando con su novio pero como si no lo estuviera. Y yo sin novio pero como si lo tuviera, y así éramos felices, a 40 grados, entre cañas de cerveza de la sierra. Y trabajos. Y autobuses. Y trenes. ¿Qué te cuentas Brian?![]() Aquí estoy, en casa, con todos vosotros un sábado lluvioso. Llevo metida en casa desde el jueves y no se sabe hasta cuándo lo estaré. Vuelvo a estar mal de la garganta. Esto ya es definitivo. Se acabó ser feliz, si es que “eso” es lo que entendía yo inconscientemente como un estado de felicidad; de felicidad transitoria, en cualquier caso. Esta vez no tengo fiebre, pero lo estoy pasando bastante mal. Es lo mismo de aquella vez, hace dos meses. En fin, es lo que hay, es “lo que me ha tocado vivir”. Quizá sea necesario. Una vez creí ser feliz, y ahora veo que todo se desmorona. No me han cogido en ese trabajo del que hablé en el post de la foto de Bukowski. (Bueno, realmente no dije en qué consistía el puesto, pero es igual). Quizá sea mejor así, teniendo en cuenta que no era un trabajo muy creativo, sino más bien destructivo, al cual se tardaba en llegar más de una hora y que consistía en pringar 20 horas a la semana para ganar 200 euros al mes. Si con eso quiero hacer algo este verano voy lista. Quizá, cuando el tipo me preguntó qué me había parecido el trabajo (el jueves fui a “aprender” con el ordenador) yo contesté que me había parecido entretenido con cara de “qué coñazo es todo esto” y ahora resulta que ha cogido a otra persona porque vive más cerca y porque tiene miedo de que, como muchos otros, yo también me raje en dos semanas porque es un coñazo y porque tardo mucho en ir y volver. En fin, ya seguiré buscando. Que les den. Con lo dispuesta que estaba yo a darlo todo y a que me explotaran como es debido... Pero parece que ya no tienen tanta prisa en explotarme como yo pensaba… Cambiando de tema, no sé si visitáis, en vuestra rutina internauta diaria, algún “fotolog”. Yo creo que se están poniendo más de moda que los blogs, a secas. El otro día, en la sala de ordenadores, mientras maquetábamos la revista, descubrí con agudeza que un chico de mi clase tiene uno. Me metí por curiosidad, y resulta que de unos a otros fui enlazando y descubrí que casi todos los que se sientan en el ala izquierda de la clase (yo me siento en la derecha) tienen un fotolog (o flog, con cariño). Yo pensaba que estas cosas las hacía gente a la que le gusta la fotografía y demás, pero resulta que lo que más mola es poner fotos tuyas haciendo el chorra, y los demás te comentan para quedar al día siguiente y/o para comentar la jugada del día anterior: “Jo tío, fue cojonudo el botellón de anoche, hay que repetir”. La verdad es que, aunque estas cosas ni me van ni me vienen, mi maligna curiosidad me está haciendo seguir la vida de estos fotologs de mis compañeros de clase, que actualizan a diario, (no como yo). ¿Algo nuevo bajo el sol?![]() Nada nuevo, aunque lo cierto es que sí tendría cosas que contar. He empezado algún que otro post estos días y hacia la mitad de lo que llevaba escrito lo borraba y me ponía a hacer otras cosas. Intentaré que este que acabo de empezar sea corto para que no me dé un ataque de auto aniquilación de palabras. La verdad es que esto del blog me está rayando un poco últimamente. Me pregunto acerca de su verdadera utilidad, si es que tiene alguna. Estos días no he tenido ganas de escribir, a la vez que mucho tiempo para ello. Y ahí está la clave, quizá: cuanto más tiempo pasas en casa, haciendo nada, vagueando y divagando, menos experiencias tienes y menos ideas surgen en tu cabeza. Me he planteado empezar a trabajar este lunes, en un lugar variopinto. Es un trabajo que casi nadie de mi entorno acepta, y eso que está relacionado con la rama y la empresa contratante es archiconocida. Yo lo hago por amor al arte, (como casi todo lo que hago) y por hacer algo nuevo, claro, no por el sueldo ni por lo cerca o lejos que esté del lugar de trabajo... Bueno, no hay que adelantar acontecimientos, por lo que, si no empiezo el lunes, seguiré buscando. Porque quiero tener razones para escribir. Quiero poder decir, como Henry Miller, que fui “correctora de estilo” y que ganaba una mierda, lo justo para dormir una noche en París y llevarse un trozo de pan mohoso a la boca. Quiero ir, como Bukowski, saltando de trabajo basura en trabajo basura, y poder analizar así a los despreciables y gordinflones empresarios y compañeros de tajo. Bueno, esto sólo lo quiero hacer en el tiempo en que me ha tocado vivir. Ahora mismo, no estoy haciendo nada útil con mi vida. Me paso las tardes en casa y no hago nada relacionado con la carrera. Más me valdría salir por ahí, volver a sumergirme en el triste e inevitable mundo laboral y ganar algo para poder emborracharme con gracia los fines de semana. Lo haría sabiendo que es algo que me merezco después de haber estado un número determinado de horas a la semana currando. Ahora quiero dejar de beber, y de salir. No me siento bien haciendo todo lo que hago. He repetido una y mil veces, estos dos últimos meses, con mis amigos/as, que “esto es lo que nos ha tocado vivir”, y la verdad es que, cada vez más, siento que ya no hay marcha atrás, que te propones irte pronto a casa y no lo cumples, que dices que no vas a hacer esto y aquello y acabas haciendo ambas cosas… Llega un momento en que ya no sabes qué es irse pronto a casa, ni eres consciente de que estás acabando contigo poco a poco, con tu propia salud. Quizá ahora necesite otras cosas, volver a saber lo que es quedarse un viernes en casa. Un viernes descansando, volviendo a casa después de ir al cine; o leyendo, sí, leyendo y tomándome un cola cao bien calentito. Un viernes para despertarte al día siguiente y tener una mañana. Sí, una mañana, una mañana en la que puedes hacer algo. Entre otras cosas, desayunar, ver la tele, leer y escribir, pasar apuntes a limpio, escuchar música, hablar con tu familia sin tener que ocultar tu resaca, sin tener que ocultarte y sin tener que evitar que te pregunten por qué viniste tan tarde ayer. Duermo poco, y no sólo durante los fines de semana. Entre diario me paso las horas de la tarde vagueando, y alrededor de las 23 se apodera de mí una hiperactividad inquietante, que me quita el poco sueño que tenía y me hace quedarme más tiempo despierta, frente al ordenador la mayoría de las veces. Quiero trabajar para dejar de hacer estas cosas; quiero centrarme. Sin embargo, estoy sacando buenas notas en los exámenes, lo cual hace que todo esto sea aún más paradójico y extraño. En cualquier caso, aprobando o no, siento que algo va mal últimamente en mi vida. La próxima vez que escriba aquí, espero que alguien haya dejado algún comentario, porque esto va decayendo ya totalmente – como yo- y cada vez es más marginal. También espero, la próxima vez que escriba, poder contar algo nuevo, todo lo nuevo que haya bajo el sol. Gorilas en el estudio![]() Son las 8 y, llevo, desde las 5, - desde que me he despertado de una gran e ilegítima siesta-, haciéndome esquemas de lo que entra para el examen de mañana. Es una ridiculez: en mis apuntes son tan sólo 6 hojas, pero como hay que ampliarlo con el manual, tengo 20 hojas más. Sigue siendo una tontería, pero estos días no me he concentrado nada y ahora estoy un poco enfadada conmigo misma. Siempre me pasa lo mismo, y luego no me salen tan mal los exámenes. No viene mucho a cuento, pero estoy sola en casa y estoy escuchando a Blur y a Gorillaz mientras estudio. Sin saber muy bien por qué, Blur nunca me ha parecido un grupo demasiado prestigioso; sin embargo, desde hace más o menos un mes le he estado dando otro oportunidad y la verdad es que ahora me encanta. Yo creo que mi canción favorita es “Beettlebum”, aunque “Coffe & TV” es muy buena, y “I´m Just A Killer For Your Love” y “Tender”, también me gustan mucho. Además, en su día me gustó Gorillaz, pero sólo tengo un disco, así que ahora estoy descubriendo las canciones que no he oído, sobre todo del álbum Demon Days, que tiene que ser muy bueno. Los títulos de las canciones me hacen gracia: “Clint Eastwood”, “Bill Murray”, “Harry el sucio”... Y, sobre todo, los dibujitos de las carátulas. Me he bajado un disco de este tipo, Damon Albarn, con Paul Simonon (de The Clash), Simon Tong (de The Verve) y Tommy Allen: The Good, The Bad & The Queen. La primera impresión no ha sido muy buena, parece una pirada de pinza con la voz cargante de siempre… Y lo he quitado hacia la canción número 4. Pero le daré más oportunidades. Yo quería el nuevo disco de Wilco, pero el link que he encontrado no me dejaba bajármelo. No obstante, he descubierto que ya tengo dos de las canciones incluídas en el disco: Impossible Germany, y Shake It Off. Sí, hago uso de las copias ilegales… Si no, poca música tendría… Tendría que conformarme con lo que se oye en las discotecas, así que… no, lo siento, prefiero ser ilegal de puertas para adentro dando la legitimidad a mis orejas de escuchar lo que realmente les gusta. Además, he de desintoxicarme. Y hay que hacer todo lo posible para ello entre diario porque el fin de semana siempre trae la decadencia, en todos los aspectos, incluido el musical (y que nadie se ofenda). Bueno, voy a ir terminando. Me acabo de tomar, mientras estudio, una mierda enlatada, que dice llevar cerveza sin alcohol, té y limón. Me lo he tomado a pesar de su repugnante sabor y de su poca consistencia, acompañado por unas patatas fritas al punto de sal, de sal gorda, debería poner, porque vaya tela. En fin, os dejo y a ver si sigo con el examen. Parece que, aparte de este, no hay ningún otro a la vista. Esperemos que sea así, porque ¡es que no paro! Un paseo súperinterestelar![]() Vaya, estoy dos o tres días sin escribir aquí y me preocupo. No quiero caer en la desidia, no quiero que los acontecimientos se me agolpen, se ciernan sobre mí y me ahoguen, haciendo por último que me sienta incapaz de decir nada. La cuestión, por otra parte, sería preguntarse si, en última instancia, hay algo o no que decir. Y la respuesta es, siempre, la misma: siempre hay algo que decir, aunque sientas que no tienes nada, que no eres nada, ni nadie, que no eres ese ser humano capaz de levantar la cabeza y dominar tus silencios, tus cavilaciones más abstractas, tus inabarcables pasiones nunca comprendidas, nunca sospechadas, tus vacíos existenciales tan repletos de misterio… Bueno, en realidad, nunca, nunca, hoy, no hay nada que decir, rectifico, porque hasta ahora parece que no he dicho nada, y sin embargo, ya lo he dicho todo. Este post debería acabar aquí, puesto que su único fin es no decir nada pero llenar el hueco, y creo que ya lo ha conseguido. Quizá yo me pase la vida siempre así, sin decir nada, sin decirme nada. Sin decir nada mi corazón, sin decir nada mi ausencia de pasión, sin distinguir, sin distinguirme. No pienso, sólo sé que nada sé, y me abrumo. Yo iba a hablaros hoy de otras trivialidades, de aspectos más divertidos de mi existencia y de mi forma de percibirla, y, aunque conste que no estoy desquiciada por nada que no sea soportable, sino que más bien estoy indefectiblemente pacífica, están esas cosas que te hacen darle a la tecla como si fueras tu propio psicoanalista, quizá, justamente en esos momentos en los que no tienes nada que decir en realidad. Ayer iba a escribir sobre música, en concreto tenía pensado elaborar todo un alegato en favor de mis gustos, sin querer imponerlos, claro; simplemente, exponiendo la conveniencia de que deben, por todos, ser aceptados. También quería hablar de chorradas que he visto en la tele, pero eso ya lo encontrais en otros blogs ¿no?. También, como suelo hacer, de mis inacabables exámenes, de la tragedia continua que supone mi rutina diaria, basada en madrugar y en sufrir jaquecas en clase, en no saber qué quiero hacer ni qué debería hacer para saberlo… Hay una cosa peor que la indecisión, y es la falta de criterio para abordar y definir mis silencios. Ahí queda eso, y una cuestión que salta a la vista: ¿será todo esto culpa de Pink Floyd? El Hombre Tranquilo![]() Creo que ya os hablé de una clase muy divertida que tengo los jueves y los viernes. Aunque ya debería estar acostumbrada a las situaciones surrealistas que se desarrollan en ella, cada día me sorprende más, y mejor me lo paso. Hoy no ha sido la primera vez que al profesor le ha sonado el móvil en clase. Unas veces se disculpa ante nosotros y hace como que lo apaga. Otras, se disculpa ante nosotros, atiende la llamada y sale de clase echando leches. Hoy no ha hecho ni lo uno ni lo otro. Hoy, el teléfono le ha sonado unas 8 veces. La primera vez, diez minutos después de que empezara la clase, se disculpa ante nosotros e intenta apagarlo mientras nos descojonamos todos. Le observo con el móvil en su mano, sujetándolo en su palma y sin tocarlo con sus dedos, como si de un descubrimiento arqueológico maravilloso se tratara, mirándolo desde la distancia a través de sus gafas como sólo un hipermétrope lo haría. Me recuerda un poco a mi padre, cuando estrenó su particular teléfono móvil, ese gran invento sensacional y enigmático. Tras analizar y manosear intensamente su teléfono, nuestro querido profesor reanuda la clase. Hoy va de la sección de Local en los periódicos. Él siempre nos recomienda especialmente trabajar en todas las secciones. La semana pasada nos aconsejó fervientemente dedicarnos a las crónicas parlamentarias. Hoy, nos dice que lo más bonito es hacer información local. Él verá, nos contó un día que además de Periodismo hizo Económicas; así que la semana que viene nos toca escuchar lo magnífico que es el periodismo económico y la hostia de salidas que tiene, (aunque también estaría bien que hubiera salidos, pero bueno). Vive Dios que nos lo dice. Tras otros cuantos minutos de clase, el invento maravilloso vuelve a sonar. Se disculpa y termina la frase que había comenzado. Reconoce que no ha sabido ponerlo en silencio. Lo que digo, igualito que mi padre. Volvemos a reírnos todos. A la quinta vez que suena ya no nos reímos. Nos estamos acostumbrando. Y a la sexta, lo coge, con una sonrisa algo embarazosa, y dice a su interlocutor/a: “Oye, mira, que es que estoy en clase...” (risas de los alumnos). El tío se enrolla y pone el móvil en alto hacia la clase para recoger todos y cada uno de nuestros chismorreos, o más bien un murmullo general que hiciera constatar a su mujer que, efectivamente, el hombre se encontraba dando clase y no de cañas con los colegas. O quizás, tomándose más cafés de la cuenta con la de Movimientos Literarios (mientras sólo sean literarios...). En fin, a pesar de esto, el teléfono sigue sonando hasta 8 veces y ya nadie le da importancia. Se ha convertido en la banda sonora de la clase. ** No sabía qué foto ponerle a esto y he terminado buscando una foto del profe, sólo por curiosidad, y sí que viene. No la voy a poner. Pero está claro que, además de ser un hombre tranquilo, ¡es un hombre importante!** - Una buena frase para hoy: "Ojalá no tuviéramos que malgastar, en frivolidades como conferencias y literatura el tiempo que podríamos haber dedicado al trabajo serio, sólido y constructivo como recortar figuras de cartón y pegar encima lentejuelas." G.K. Chesterton, Autobiografía, 1936. Muchas cosas muchas![]() Bueno, lectores, creo que os merecéis hoy algo más que la rayada mental que me he atrevido a colgar antes. Pero no, lamento deciros que no voy a aclarar nada de esa rayada mental porque, como su propio nombre indica, es una rayada mental que no se sabe por dónde coger y que está, a todas luces, oscura, poco clarita, vamos. Os diré, por el contrario, que el examen al final me salió bien, bastante bien incluso. Tuve más suerte que un tonto, porque hoy me he enterado de que entraban 9 sentencias, es decir, dos más aparte de las 7 que me había estudiado yo; pero, como os vais imaginando, me preguntaron una de la que sí podía hablar porque me la había “mirado”. Menos mal que suelo ir a clase y estoy un poco al día, que si no, no sé… Si es que es lo que tiene la clase de las 8 de la mañana, que jamás llegas puntual y te pierdes el primer párrafo de apuntes, que coges mal los demás, y que, en definitiva, no te enteras de nada. (Bueno, supongo que no a todo el mundo le pasa esto; no todo el mundo es Yo). A propósito de esto, hoy he inventado un nuevo silogismo, como el que hizo el otro día una amiga en plan tontuna. “Ahora yo soy él porque me comporto con alguien como él se comporta conmigo. Ahora sé que no hay maldad en sus acciones, porque yo soy él”. En fin, vaya rayada. Aparte de I´m The Walrus voy a invocar otra locura beatleiana que viene mucho a cuento de esto: Hello Goodbye, que dice “You say yes, I say no, you say stop, and I say go go go… You say goodbye, and I say hello…” Vaya, creo que me acaba de picar un bicho o algo en el hombro, me pica mucho y está rojo. Me he rayado un montón y he interrumpido mi escritura para ir corriendo a decírselo a mi madre, que se ha quedado un poco flipando. La verdad es que no sé qué jodido bicho me ha podido picar porque no he visto a ningún jodido bicho por aquí, pero últimamente me he visto más cosas rojas preocupantes por el cuerpo que me pican. Tengo miedo de que me pase lo de aquella vez, aunque no venga a cuento ni haya razones para ello. Me gustaría escribir sobre aquél día y lo he pensado más de una vez, pero me sobrepasa. Cuando se lo cuento a la gente, no sé cómo hacerlo para darle la importancia que tiene sin caer en el morbo. Pero tampoco quiero contarlo de manera que la gente piense que fue una gilipollez. Dos palabras podrían decirlo todo, si se entendieran: shock anafiláctico. Bueno, cambiando de tema radicalmente, estos últimos días me ha dado por leer muchos blogs de gente de por ahí. A veces te encuentras cosas de gente que escribe muy bien, que hace bien en desplegar su talento a través de este - cada vez más denostado pero cada vez más importante- canal de comunicación. Pero también, otras veces, te encuentras blogs muy tontos, en los que la gente escribe – aunque no os lo creáis- cosas peores que las mías, y que además están escritas con abreviaturas y con k en vez de c. ¿Tanto cuesta poner la c? Ccccuesta lo mismo, y queda mejor. Quizá sea una forma de “reivindiKar” algo, eso de usar la K. ¿Una nueva Kultura, quizás? No olvidemos que Juan Ramón Jiménez abogaba por pasar completamente de las normas ortográficas vigentes y oficiales de la Real Academia de la Lengua Española, y escribirlo así todo con j – el fonema j- y escribirlo todo sin haches, como en la obra de Jardiel Poncela que no he leído pero que tiene que estar entretenida “Amor se escribe sin hache” (¿o era al revés? Da igual, el amor no debería escribirse nunca…) En fin, voy terminando ya. No os quejaréis de este post tan variado a la par que variopinto – como eso de: “tanto el autor consciente como el omnisciente…” frase curiosa donde las haya, que no hay que dejar de apuntar para utilizarla, por ejemplo, ahora. O como esa que ha dicho hoy un profesor mío muy peculiar: “la opulencia de esta sociedad decadente”… Hala, ahí queda eso. Ahí queda lo del examen, lo de la rayada, lo del bicho inexistente que me ha picado hace un rato, lo de las kas, lo de la hache, y esa foto tan guay de Juan Ramón Jiménez. Os dejo, me voy a cenar una tortilla de patatas - espero que con cebolla- . Hasta otra. Pesarosos pasaresNo pasa nada. ¿Qué tendría que pasar? ¿Y qué pasaría si pasara? Nada, y si pasa, se le saluda. Han cambiado las cosas. No sé si yo también. Por desgracia, el problema lo tengo conmigo misma y no con una serie de personas… Cuando te has acostumbrado a eso, no te sientes feliz cuando ocurre lo contrario, eso que tanto deseas que pase cuando no pasa. Cuando va a pasar crees verlo por todos los sitios. Y cuando está pasando no eres capaz de verlo. No soy capaz de saludarlo simplemente cuando pasa. No soy capaz de dejar pasar las cosas. No soy capaz de sentirme capaz de nada. No soy yo. No es nada. ¿Condenada a suspender?![]() Me despierto a las 10, con ganas de ejercer mi derecho a ser responsable. Este año me han enseñado que un derecho no tiene límites; lo que tiene límites es la libertad=ejercicio libre de ese derecho. Esto suena un poco fascista, pero explicado no lo es en absoluto: los límites están en los derechos fundamentales, por ejemplo (artículos 14 a 29 de la Constitución Española, entre los que está el artículo 20, que habla de todo lo que nos concierne: libertad de expresión, de información, de creación…en fin, muy bonito todo, pero no deja de ser un rollo. Y lo he puesto mal. No os fiéis, no me lo sé) Como decía, me despierto a las 10 porque ayer me recogí pronto: a las 11. Desayuno mientras veo un poco la tele, y enseguida me siento a estudiar, sin música ni ordenador ni nada. Aguanto así hasta las 12; y por fin entiendo/leo los apuntes. Es curioso, a veces estás dos o tres días estudiando y no te enteras de nada, lees las cosas y no las asimilas, y el último día antes del examen, eres consciente de lo que significan frases que a lo tonto has leído ya unas cuantas veces. Estos días estoy irreconocible; no sé lo que me pasa pero cada vez me tomo menos en serio los exámenes. Debe de ser normal, son ya cuatro años de hacer siempre lo mismo; y cada año vas estando más harto/a. Yo antes estudiaba más y dedicaba más tiempo a la carrera, pero este año… saco sólo un aprobado en exámenes en los que todo el mundo,- que ha estudiado medianamente bien-, saca de notable para arriba; y eso cuando no suspendo. Veremos el del lunes, el de Derecho. Tengo que aprenderme un montón de leyes y también tenía que haberme leído un montón de sentencias de cuando los medios publican cosas sobre los hijos adoptivos de Sara Montiel, sobre la celulitis de Isabel Preysler..., y lo estoy haciendo ahora. Joder, qué desastre. No sé qué me pasa. Canción del día: Love Will Tear Us Apart, The Cure (aunque no sea suya) Tiene narices la cosa![]() Hola a todos, queridos lectores. No hay novedades respecto a lo de ayer, pero según pasan las horas, lo veo menos negro. Ahora que me acuerdo, la prueba la hice de manera algo voluntaria, aunque puede que esa sea la sensación que quieren que tengamos todos/as. Sigo quitándome pellejos de alrededor de las uñas, llevo unos días muy malos en lo referente a este tema; ¿será frustración? ¿Aburrimiento? ¿Desesperación? No sé de qué más hablaros hoy. He empezado el día de muy mal humor, y es que yo pensaba que las prácticas con el tipómetro ya se habían acabado para siempre, para siempre jamás, pero no: al tipo le debe de molar hacernos sufrir. Y hoy he hecho la práctica de pena. La última la hice bastante bien, así que me da en la nariz que el profe va a pensar que no es normal que unas veces las haga tan bien y otras tan mal. Pensará que cuando las hago bien me copio del de al lado; en fin, qué triste. Cada vez estoy más harta de las clases, a pesar de que ayer asegurara que “estoy contenta, lo llevo muy bien, aunque 4º es un poquito más duro, pero bien. Tengo muchas ganas de aprender más.” El lunes tengo un examen y no he empezado a estudiar nada. Mala señal, teniendo en cuenta que yo los fines de semana no suelo dar ni golpe. Los exámenes deberían ser todos en viernes, para sacar así todo el provecho posible a los días en los que me pongo el disfraz de persona seria y formal. Hoy, por otra parte, he ido a la consulta de alergología, a ver si alguien consigue acabar de una vez por todas con mis problemas. Aunque últimamente me da por pensar que es imposible, y que ir al médico en este caso, sólo sirve “pa´ que te saquen más cosas, cosas que no tienes”, en plan viejecillo de pueblo para el que los sanitarios en general no son más que “matasanos”. Y no voy muy desencaminada, porque mi nueva Doctora me ha parecido súper seca, no me miraba a los ojos mientras la contaba mi vida, y estaba más pendiente de hacer un buen informe médico que de otra cosa. Se liaba con las teclas del ordenata. No sé, me daba la sensación de que no me escuchaba, o de que no me trataba de forma personal, de que me trataba como si fuera un número más, una jodida nariz más, una jodida nariz llena de mocos. Además, sin haberme hecho aún las pruebas porque tengo que estar una semana sin medicarme y hoy me había medicado, ya me ha mandado una ristra de medicamentos que no tienen nada que ver con los síntomas que tengo. A veces los médicos con esto sólo buscan “curarse en salud”, y satisfacer el ansia del paciente de ser “curado cuanto antes”. Bueno, como yo ya tengo asumido que lo mío no tiene solución… En fin, me habría gustado contaros cosas más interesantes y espirituales, como por ejemplo que cuando iba en el metro he estado analizando a una niña y una madre que estaban sentadas frente a mí. La niña era muy rica y muy guapa, tenía la cara finita, los ojos marrones claros, media melena y llevaba un abriguito rosa. Me miraba de una manera muy profunda. No era fácil soportar por mucho tiempo su mirada. Lo cierto es que a veces los niños nos miran de una forma que parece que son partícipes de todos los misterios del universo, o que están alimentando entre ceja y ceja pensamientos preclaros. A veces también nos miran como si nos estuvieran juzgando por algo; esos ojos tan inocentes e insólitamente sabios parecen estar diciendo muchas cosas. Esta niña era tremendamente parecida a su madre, aunque se podría decir, con toda seguridad, que ella sería mucho más guapa cuando alcanzara la edad de su progenitora. No tendría tantas ojeras, ni cara de cansancio, asco y hastío. El rostro de la madre era un rostro de ésos que sólo puede haber sido configurado por la ingesta de alcohol durante años. No se daba cuenta de que yo las estaba observando, y entonces pude ver cómo sonreía a su hija. Seguía siendo una sonrisa triste y desesperanzada, pero era bonita, y en ese momento me di cuenta de que no hay nada más bello que contemplar una sonrisa sincera. Giré entonces mi mirada buscando más sonrisas y advertí la presencia de una pareja que estaba de pié a mi derecha. Él le sonreía a ella, a la vez que le hacía una caricia en la nariz, como intentando cubrírsela. Me recordó a eso que se suele hacer a los chuchos siempre que se quiere llamar su atención o siempre que se quiere enfadarlos y/o despistarlos. Cuando el hombre retiró su mano, el rostro de la joven quedó al descubierto, quedó su nariz al descubierto, y ya lo único que se veía era nariz, una enorme nariz, una nariz de garfio, que parecía querer decirme algo. Érase una nariz feísima, fuera de canon, una nariz superlativa; pero a él le gustaba. Precisamente por eso. Y ella era feliz, era feliz con su nariz. Con esa nariz a la que acompañaba una sincera sonrisa. Entonces me di cuenta de que los defectos son buenos; son buenos porque son sinceros, y cuando quieres tanto a una persona, haces de sus defectos algo tuyo, los conviertes de alguna manera en virtudes. Por otro lado, ¿quién quiere una nariz normalucha pudiendo tener a toda una mujer pegada a una nariz? Tila y cerveza: ¿sinónimos?... como si lo fueran![]() “No sé si tomarme una tila o una cerveza” le dije a Ana en la cafetería, minutos antes de partir hacia mi destino. Ana, como muchas de las personas que me han visto hoy y conocen mi historia, me miraba como si estuviera hablando con una demente. Bueno, como no queda muy bien eso de “te invito a una tila”, al final me tomé una cerveza e invité a Ana a otra. Menos mal que me había topado con Ana. Andaba sola merodeando por la facultad, maldiciendo a mi buena amiga ausente, que no me había dado la oportunidad de contarla todo y de relajarme con ella porque, sencillamente, hoy no ha aparecido por clase. Y hoy la necesitaba más que nunca. La entrevista era a las 2. Ayer lo veía muy claro, pero, poco a poco, las dudas fueron apoderándose de mí: “Si cuando ayer me llamaron me dijeron lo de la entrevista, será que no está tan claro que me vayan a coger”, me decía. Y entonces me acordaba de todo eso que había leído sobre las entrevistas: ir bien vestido, (me había puesto mi abrigo de salir: el que huele a tabaco no, el otro, el de los eventos familiares y un jersey gris sobre una camisa negra, nada de colores chillones). En segundo lugar, no apestar a nada, ni siquiera a colonia,… y yo ya apestaba a porro de los pasillos de la cafetería y a cerveza. Pero cuando iba en el metro me sentía igual con una cerveza que sin ella, con una tila que con un café, con un café que con un tequila. Lo que hay es lo que hay. En último lugar, para ir bien preparado a una entrevista hay que saber cosas, y… quizá he fallado más en eso que en lo de los porros y la cerveza (que no era para tanto, lo pongo para adornar un poco). Me ha gustado el edificio, pero no me veo ahí. Demasiado para mí. Me ha gustado el ascensor sin espejo, y luego esos teléfonos sonando todo el rato y esa gente tan bien vestida, esos tacones sonando todo el rato en el suelo, esas personas corriendo de un sitio para otro, con cara de hastío y desdén. ¡Ah! Espera… ¿cómo era? Baldón. Baldón. Nunca olvidaré esa palabra. ¿En qué libro viene? En ninguno de los míos, desde luego. Yo he tachado “loseta” como sinónimo. Me la han metido doblada. Después sí supe lo que era una “misiva”. Que la palabra mal escrita era “inflingir” y como antónimo de “apatía” taché dos: “ánimo” y “pasión”, y creo que aún había un tercer antónimo posible que ya no taché por miedo. Pero lo que me ha encantado ha sido lo de “tapar mechinales y otro agujeros que quedan en una pared después de labrada”. Yo he puesto “enfoscar”, por poner algo; sonaba bien. Y he acertado. Con “incólume” no he tenido tanta suerte. No me acuerdo de lo que he puesto, pero no sonaba tan bien como su verdadero significado. Bueno, no es que yo tenga una memoria de la leche y me acuerde de todo lo que me han preguntado – que sí-, es que antes de irme lo he apuntado todo. Y ésta sólo era la parte de “aptitud verbal”. También he tenido que redactar un teletipo de la noticia de los bebés del 12 de Octubre, traducir una noticia de inglés a español, contestar a un sinfín de preguntas sobre actualidad (o no tanto) y contarle a mi entrevistadora por qué me gusta lo que me gusta. He salido de allí una hora después de haber entrado, y más de media la he pasado sola en una habitación, acalorada y dándole al coco. Justo cuando había terminado, a las 3, y ya oía las noticias de Antena 3 en los televisores de la redacción y veía que no estaba expuesta a la mirada de nadie, caí en la cuenta de que podía haber hecho trampas escribiendo un sms a alguien para que resolviera todas y cada una de mis dudas, en plan "programa de Carlos Sobera: comodín de la llamada -o de la copiada-". Bueno, por poner un ejemplo, ¿alguien sabe decirme cuál es “la situación actual de Otegui”? "En libertad bajo fianza", puse, por no dejarlo en blanco, aunque a estas horas el tipo seguramente esté en el váter, o haciéndose la cena, friéndose un huevo en la cocina, o ensayando un nuevo discurso político-demagógico para mañana. Cuando leí la pregunta estaba tan nerviosita que ya iba a contar lo del tipo este famélico (¿antónimo de famélico? “robusto”, yeah, ésa era fácil) lo del tipo este que sale tanto ahora en la tele…, De Juana Chaos. Estaba tan mal que no leía bien las preguntas, y eso que la chica que me había entrevistado era agradable, aunque no lo fue tanto en el momento en que me hizo la misma pregunta dos veces seguidas, (y yo contesté lo mismo también las dos veces, claro). En fin, me he sorprendido sabiendo quién es la Ministra de Fomento, quién el presidente de la Comunidad Valenciana…. Sabiendo también que José Blanco es el Secretario de Organización del PSOE, que el Fiscal General del Estado es no sé qué Pumpido. Me lo sé porque me mola el nombrecito, aunque creo que he puesto Pompidu - como el centro de arte de París-. He pinchado en el cargo de Zaplana, que es Portavoz y no Secretario de Organización; en el presidente del CEOE, en el cargo de Joaquín Almunia y en alguna cosa más. Ah, ¿quién es Duran i Lleida? Creo que he puesto a este tipo en lugar del que de verdad era: Artur Mas. Joder, no me salía. Bueno, hay que reconocer que todas las preguntitas eran de política, y además de política nacional. En fin, he salido muy triste y desanimada – ¿apática?- de allí, pero al contrastar en casa las respuestas estoy viendo renacer mis esperanzas. Puede que tenga suerte, a pesar de todo, pero no sé cuándo lo sabré. Pues bien, esto era todo, siento haberos decepcionado. Ayer me emocioné mucho, pero es que estas cosas son importantes para mí. Cuando estaba allí, me planteaba si es esto lo que de verdad quiero, si de verdad me gusta todo esto y no lo estoy confundiendo con otra cosa. Creo que la mujer ha visto que quiero hacerlo, y que no me importa el sueldo ni si estoy en sociedad, cultura o deportes. He manifestado mis preferencias, claro, y he enfatizado que lo que me gusta es escribir. Quizá acabe haciendo lo que me han dicho que haría: cortar y pegar en internet. Pero me apetece igualmente. Ya vendrá el desencanto después. Ahora, a ilusionarse. Y a pensar en que puede que los demás no lo hayan hecho mucho mejor que yo, (el texto en inglés lo he bordado) y que no me he cruzado de brazos ni me he comido los padrastros de las uñas durante la entrevista (aunque ya las llevara buenas). Good Day Sunshine![]() Jo, no quiero escribirlo, no quiero escribirlo, pero no puedo resistirlo. Quería esperarme a mañana y contar la noticia sobre seguro, pero no puedo resistirlo. Tengo ganas de contárselo a todo el mundo. Hoy me ha pasado una cosa increíble, quizá para algunos de vosotros/as no lo sea, pero para los que estáis como yo, sí. Espero que todo salga bien mañana. Estoy nerviosa, lo típico: no sé qué ponerme, ni qué tal estaré... Por otra parte, no sé si lo de mañana será algo determinante o un simple trámite. En fin, lo peor de contarlo es que si al final no sale bien, quedaré como el culo, pero no puedo esperar más. Estoy muy muy contenta, ¡no quepo en mí! Esto me ha llegado como caído del cielo, justo en el momento perfecto. Es de esas cosas que pensaba que nunca iban a ocurrirme a mí, que sólo les ocurrían a los demás. Bueno, voy a dejar de hablar. Mañana cuando todo haya pasado, lo contaré con pelos y señales -o no, a ver si esta vez tenemos la fiesta en paz: me he prometido no hacer lo que hice durante septiembre, octubre y noviembre-. En fin, ya sé que casi todos los que leéis esto me desearéis suerte para mañana. Así que gracias por adelantado. ** Me voy ahora mismo a dejar por ahí folletos de la clínica dental de mi cuñada. Es el primer día que voy. Si vivo mil y una aventuras, por la noche habrá otro post. Aunque también debería estudiar...** 2004: cénit de la locura y culturetería![]() ¡Antes era aún más rara que ahora! No sé si a alguien se lo habré contado, pero yo antes también escribía. De otra forma y en otras cantidades, claro. A los 12 ó 13 años empecé a escribir diarios, hasta que uno cayó en manos de mis padres, y, vaya por Dios, el día anterior había escrito lo más interesante que me había pasado en años. (Me dejé el diario, una tarde, abierto en el sofá del salón, y me fui por ahí. La tentación era inevitable. Yo también lo habría hecho). Ahora que me acuerdo, me dijeron que se lo habían pasado pipa leyendo mis aventuras en la romería, pero que había otras cosas por ahí inconcebibles que les hicieron castigarme sin salir el fin de semana en que, presumiblemente, se iba a materializar “el plan”. Cuando dejé de escribir diarios y los rompí todos, (qué pena), empecé a escribir poesía, quizá para que, si volvía a caer en manos de alguien, no entendiera nada (casi no lo entendía ni yo…). O quizá escribía esas cosas porque estaba demasiado loca y a la vez era demasiado sabia… Bueno, el caso es que hoy he estado para arriba y para abajo con disquetes para maquetar la revista (¡hemos conseguido que trabajen un poco los demás! ¡Y que paguen!). Y entre tanto disquete, he encontrado en un cajón uno en el que guardaba (con contraseña y todo: “desproteger”, mira que me complico) todas mis poesías y paranoias mentales. Me he descojonado como nunca, y eso que los poemas no eran precisamente graciosos. Me han dado ganas de publicar algo aquí, pero está un poco fuera de contexto, y… ¡son cosas absurdas! Además, antes escribía mucho peor que ahora. Las palabras se suicidaban en mis manos, y sobre todo en mi cabeza. Me ha hecho mucha gracia un documento que titulé: “Sensaciones e impresiones del curso 2003-2004 (1º de Periodismo)” y en el cual me dediqué a dejar “joyitas” como éstas: “1) Octubre-diciembre 2003: Me disponía a comenzar una nueva vida, presumiblemente mejor. Vivía al día, sin pensar demasiado en el futuro, abierta a nuevas expectativas; disfrutando del sueño en que me sumergía poco a poco. Aceptando las pautas, el orden establecido y el Hado: todo era perfecto.” (…) “2) Diciembre 2003-Abril 2004: La esperanza de llenar el cesto se desvanecía: era, sencillamente, imposible. Y la monotonía hizo su aparición, rota en ocasiones, pero de manera desafortunada, causando así un fuerte e importante desasosiego en mí. Las vivencias ya no eran tan útiles y era preciso centrarse sólo en las más rentables, en las que, en el fondo, dependían únicamente de mí y de mi capacidad para soportarlas. (…)” “3) Abril-Mayo 2004: No, no encontré el verdadero guía en mi camino, y descendí a las cavernas, a las grutas más inhóspitas y recónditas, donde me encontraría a mi misma a base de esfuerzos dolorosos, de momentos frustrantes, de desesperación, impotencia, y, sobre todo, de marginación; una marginación dolorosa y quizá, útil a la vez. Eran vivencias importantes, reflexiones desenfrenadas, pensamientos sin límite, ahogados por el peso de la nada, de las causas y consecuencias infinitas, inevitablemente permanentes.” “4) Junio 04: (…) Alma descarriada, porque llevaba el lastre de las cavernas, y el pensamiento nihilista me poseyó, sin darme la opción de defenderme y rechazarlo. Todo me resultaba indiferente, inevitable, mi vida estaba, en cierto modo, dirigida; y yo debía actuar allí donde tuviera potestad, modificando lo que me disgustaba y haciendo de mi existencia un calvario feliz, esperando siempre tiempos mejores.” Otra cosa de Junio 2004: “Esto no es más que la insatisfacción permanente; la inconformidad que pide a gritos ser escuchada, ser comprendida y aniquilada después. Monotonía que odio y que me desarma; que no obstante amo y solicito a la vez. Temores, deseos y sensaciones indescriptibles; ilusiones rotas o vacías; Y vuelvo a la banal retórica, ni una idea racional; ¿es que mis sentimientos son irracionales? No se les puede analizar, ¡Ni tan siquiera nombrar! Porque no son, porque no existen”. Ahora no me explico cómo podía escribir todas estas cosas sin estar narcotizada… Supongo que bastaba con estar un poco gilipollas (que lo estaba, y mucho más que ahora ¿o no?). Intento recordar el contexto, pero aún así no entiendo nada. Hay mucho adorno, pero me sentía bien haciéndolo. Y no sólo hay esto: hay por ahí verdaderos poemas surrealistas. Completamente surrealistas. Qué ridículos. A veces ni siquiera sabía qué escribir e iba juntando palabras para ver si sonaban bien. Palabras sugerentes, que me gustaban, claro, en plan: “Dibujando en el pensamiento un deseo/ un inacabable encuentro de sombras alejadas y sonrientes decepciones.Dulce noche, frío espíritu en agrias tempestades/Ojos que van, que rechazan los vitales pactos, las vitales decisiones, /Las decisivas respuestas impronunciables.Palabras, palabras y nada en ellas, /Nada en la ausencia de la nada, /En las estrellas expectantes, /Triunfadoras en la lucha por la destrucción, /Por la destrucción total del amor, de las esperanzas, /De la luna clara y tambaleante, /Que aspira a la temida y perseguida perfección/Anunciando la consecución de los peores impactos, Y la totalidad incesante / que impide discernir, /Constatar lo infinito, lo real, /Y lo magnífico de cada instante /Y sus sucesiones temporales, permanentes.” (13 de Junio de 2004) Esto es de septiembre del mismo año, 2004 “Solicito una respuesta / Una nada frente al universo / Un universo / Un todo frente a la nada.” (…) “Se aúnan sueño y realidad/Pasiones extrañas renacen nuevas/Con un gesto ausente de felicidad /Porque no tengo nada sino el futuro: /El pasado nunca existió/ Y el presente es un ente /Que desaparece.” Quizá en ese año alcancé el cenit de locura y “culturetería”. Me leía tres o cuatro libros a la vez. Y no perdía el tiempo en internet. Me dedicaba sólo a leer cuando estaba en casa, y a beber cuando estaba fuera. Y quizá esos tiempos no vuelvan más… No cuelgo aquí hoy todo esto porque esté orgullosa de ello, sino para dejar constancia de mis antecedentes, y retomar un poco esos tiempos, que parecían tan desdichados, y que, por eso mismo, fueron tan, tan buenos. La situación con el abono![]() Al final he ido. Al final he ido a comprar el abono. Algo me encallaba aquí. Algo me hacía sentirme incapaz de ponerme unas zapatillas y salir a la calle a comprar el jodido abono. A punto he estado de dejarlo para mañana, de llegar tarde a clase y de ser ya lo más perezoso del mundo. Luego mis padres dicen que soy vaga y yo digo que no es así… En el fondo no sabemos nada de nosotros mismos. Y todo, ¿para qué? ¿Para seguir aquí haciendo nada, soportando el insoportable ruido que hace la gente al conectarse al puto Messenger? Para decirme a mí misma, una y otra vez: busca un trabajo, eres un parásito, y si no trabajas, estudia por las tardes, haz algo de utilidad, no te eches la siesta, no veas Aquí no hay quien viva, no estés en internet, no hagas esto, no hagas lo otro, no leas libros peligrosos como Trópico de cáncer de Henry Miller… Joder, ayer escribí una cosa para el blog que hablaba sobre este libro y sobre otros desvaríos, y justo cuando lo iba a publicar, se jodió todo. Bueno, pues al final he ido a comprar el jodido abono, me he vencido a mí misma y he ido, - en chándal y con un abrigo largo para que no se viera el chándal-, al estanco que hay al lado de mi casa. Cuán es mi sorpresa cuando veo que hay una cola que llega hasta la calle, y mi cara es de asco hasta más no poder. Delante de mí hay un viejecito, y como es evidente que es el último, no le pregunto nada. Entonces llegan dos mujeres de unos 30 y tantos y me dicen que si soy la última y que si aquí venden abonos. “Sí” y “sí”, cansinas. El caso es preguntar. Yo ya no pregunto. Cuando voy por Madrid en mis aventuras culturales – o culturetas- ya nunca pregunto. Lo busco yo. Y me siento más realizada. Cuando por fin puedo entrar al estanco a esperar dentro y a dejar de escuchar la estúpida conversación de las treintañeras preguntonas, descubro que el abuelete que estaba delante de mí no iba a comprar nada, sino que iba acompañando a un viejo amigo – o quizá a un amigo viejo, o las dos cosas a la vez-. Cuando salen, uno de los dos se tira un pedo. Y sólo me doy cuenta yo. A la vez que me río intento contener la respiración. Entonces, al salir estas dos personas – a su aire- entran unas cuantas más, y dejan la puerta entreabierta. No sé si porque ya ha entrado demasiada gente, o porque no sólo yo me había dado cuenta del episodio del viejo y su gas. El tipo que atiende el estanco tarda tanto en atenderme y en darme las vueltas, que empiezo a aburrirme y me dan ganas de comprar todo lo que tengo delante de mis narices: Nobel, Chesterfield, papel de fumar, un mechero multicolor, Coronas, Farias, Habanos… Pero en lugar de eso se me ocurre allí escribir aquí un capítulo más de esas cosas tontas que pasan al ir a comprar un jodido abono y que antes tanto solía contar y que nunca están de más – o sí-. *Me han publicado en Jazztelia una crónica. Firmada y todo. No es nada del otro mundo, pero es mía. * ** La foto va un poco por el libro de Miller. Y para que no se me olvide que tengo que ir a París urgentemente.** Escribir o no escribir y el qué![]() No quiero escribir nunca más. Quiero dejar de escribir ya. Ya. Me siento incapaz de hacer la entrevista. La he empezado y está mal. No sé cómo hacerla. No sé qué más decir aquí en el blog. Me gustaría decir otras cosas, cosas diferentes, pero cada vez me autocensuro más. Tengo ganas de no hacer nada. De dejar de escribir ya. De irme a ver Cuéntame con mis padres sin pensar en cubanos buenorros gays, en Fidel Castro y en Cuba. Sin pensar en el gran titular que he ideado para nada. Las dos cañas del cóctel de la rueda de prensa eran el preludio de lo que me espera mañana. Pero ya no lo son. He querido que dejaran de serlo. Me han dado miedo esas cañas y esas rayas con gafas de pasta. Ese recuerdo del viernes pasado. Ella no paraba de decir “Jo, qué noche, qué noche”. Y yo me reía recordándolo todo. Estaba feliz, pero ya no lo estoy. Me da miedo estarlo. No quiero tener que escribir nunca más. No quiero que se repita esta situación. Quiero que me vayan mal las cosas, quiero que todo vuelva a la normalidad. Ahora que empezaba a hacer las cosas bien… Ahora que me acordaba de recortar fotos para la puta práctica de los jueves con el tipómetro… Ahora que me acordaba de hacer la crónica de Grijelmo… Ahora que me estaba centrando tanto en mí… Esta semana ha estado bien, pero los viernes se acaba la semana, se acaba mi semana. Y no perdono a los viernes. Ni me perdonan ellos a mí. El sábado ya puede esperar. Nunca es suficiente. El domingo es triste. Ya lo sé. Los domingos por la tarde se forma el carácter. No es nada nuevo. Y el lunes puede esperar. Me gustaban los jueves. El miércoles pasado elaboramos una interesantísima teoría en defensa de los jueves. Se podría llamar “apología de los jueves”. Me gustaban. Me gustaban los jueves. Hasta hoy. La agonía de la entrevista del jueves ya pasó, pero no me siento bien. Hemos perdido el combate. Y me ha preguntado si soy de la escuela infantil de periodismo. Ya sé que no soy Mercedes Milá. Pero en ese momento me habría gustado tener arrugas, o cara de persona seria. O que se hubiera visto lo triste que soy en realidad, a pesar de mi aspecto. O ser más borde, o más agresiva. O llevar el pelo suelto. O no tener pinta de “vengo de clase del profe Paquito y me ha puesto deberes para mañana”. O cara de “no tengo ni puta idea de hacer una entrevista y no me he leído tu libro, pero hago como que sí.” Bueno, por otra parte, incluso los que son ya profesionales reconocen que “esto de la entrevista es un arte”. Y que es complicado. Ahora que lo pienso, voy a olvidarme del titular y voy a escribir lo que me dé la gana. Voy a empezar de nuevo. A veces hay que borrar los primeros párrafos y contar otras cosas. Voy a ello. Voy a dejar de escribir. Ya. Publico y os dejo. Afilarse la mirada al despertar![]() Eso de afilarse la mirada lo decía un profesor mío muy bueno que tuve el año pasado– y algunos de vosotros también, aunque no necesariamente el año pasado: le tenéis ahora o le habéis tenido en años anteriores-. Yo no sé si tengo la mirada afilada. Se supone que unos días la tienes más que otros, pero este profesor, P.S, decía que hay que afilársela todas las mañanas al despertarse. Y a mí, eso de afilarse la mirada me recuerda un poco a la escena del ojo de “Un Perro Andaluz” - Buñuel y Dalí-. No sé por qué, porque se supone que tu mirada es un cuchillo y eso es lo que afilas. ¿Con qué? No lo sé, yo por ejemplo me pongo las lentillas, que a veces sí podrían emular a un jodido y molesto cuchillo. Uf, qué gore me está quedando esto, - sobre todo la foto- ¿no? Bueno, después de ponerme las lentillas me voy a clase o a donde sea y voy observando todo lo que pasa a mi alrededor, y, aunque cuando me mudé a Madrid me costaba asumir la “impersonalidad” de la gran ciudad, ahora pienso que sí se puede apreciar sensibilidad en la gente de ciudad, que no vamos todos mirando a la nada pensando en nuestras cosas, que sí nos miramos a los ojos en el metro y que es mucho más interesante vivir en Madrid que en un pueblo frío y serranil. La verdad es que me acuerdo mucho de este profesor. Aunque mucha gente le odie, también hay muchos que le queremos, con todos sus defectos. De hecho, a mí casi me suspende debido a mi “visión abstracta de los libros”. Me lo dijo en su despacho hace un año, cuando, tras asegurar que “no sabía por qué no me había suspendido directamente”, me hizo contarle cosas de las novelas que nos había mandado leer para el examen. Su diagnóstico fue: “ya sé lo que te pasa: te quedas más con las cosas abstractas de los libros”. Y al final me aprobó. Menos mal. Siendo uno de mis profesores preferidos, habría sido una putada. Pero me lo volvería a coger. No es por ser petulante, pero ésa fue la primera vez que estuve a punto de suspender algo en la carrera. Y ahora, por primera vez, he suspendido algo de verdad. Bueno, quizá tenga remedio, porque, de las dos partes de las que constaba el examen de Empresa, he cateado sólo la parte de sociedades anónimas. Misteriosamente, he aprobado contabilidad, que lo llevaba mucho peor que lo otro. En fin, la verdad es que me da un poco igual. Cada vez le doy menos importancia a todo esto. Lo malo es que si ya no le doy importancia a esto, ¿a qué se la doy ahora? Quizá a la profesión en sí, porque últimamente me estoy dando cuenta de que soy la única pringada aquí que trabaja gratis. Hago crónicas, voy a ruedas de prensa, hago entrevistas… y nadie me paga. Es más, pago yo cierta cantidad al mes para ir al taller. Y lo paso mal leyendo en clase delante de todos para que, junto con el profesor, critiquen mis textos. No sé, quizá lo haga porque en el fondo algo me dice que todo esto merece la pena, y que, ir pa´ na, es tontería, ¿no? Además, quizá me publiquen algo en Jazztelia, que es una revista de internet no muy conocida, pero algo es algo. Bueno, os dejo lo de Senel Paz y me retiro, que no quiero seguir contando tontunas. Volver a juntar palabras![]() Ya han resucitado los blogs. Es normal, por otra parte, que hayan muerto por unos días. Tanta gilipollez acumulada y cada día, de más y más personas. Yo al mío en el fondo le había cogido cariño. Aunque he seguido escribiendo para mí, no es lo mismo. Además, he estado de exámenes, y me ha venido bien pasar del blog – o más bien, que él pasara de mí- por unos días. El martes hice uno de los peores exámenes de mi vida, lo pasé casi peor que en selectividad. Era un examen con apuntes. El friki del profesor quería que hiciéramos un “ensayo creativo”, y en la única pregunta que nos hizo quería que habláramos prácticamente de todo lo que había en los apuntes, pero haciendo una síntesis personal, claro. La pregunta era “Prensa, ciudadanía y construcción de la identidad española en los siglos XVIII y XIX”. Vamos, que lo único que no había que contar era el siglo XVI, (cuatro hojas de las 45 que constituían los apuntes). Joder, me estoy dando cuenta de que soy un poco masoca, (aunque en el fondo ya lo sabía) me pongo a hablar aquí casi una semana después, de un examen que supuso una verdadera tortura para mí, y que encima duraba tres horas –yo habría necesitado incluso cuatro-. Bueno, lo mejor de ese examen fue la fiesta que me pegué al día siguiente, que, más que San Valentín, para mí fue San Ballantines, (jajaja, me parto). Y ayer viernes también salí. Lo mío es muy fuerte. Nunca me quiero quedar en casa, ni irme pronto; el sentido de la responsabilidad me lo debo de dejar en alguna parte de mi habitación que aún no conozco. Pero ahora que ha vuelto el blog y puedo seguir juntando palabras para dejar constancia de mis errores y paranoias, al menos así algún día podré hacer un balance y decir: “soy lo peor, y, antes que tener que ir a un psicólogo en el que me deje la pasta, debería mirármelo yo primero y poner algún remedio a todo esto”. I Am The Walrus Examen de Opinión Pública: bien. Mejor de lo que esperaba. Me vuelve a gustar el profesor tras unos días de intenso y desquiciante estudio en la biblioteca – por cierto, qué bueno lo de estudiar en la biblioteca: te das una vuelta, sales de casa, estás con gente y no te distraes con la tele, ni con blogs, ni nada; eso sí, te distraes con otras cosas, pero más sanas-. “Diego dice que el examen es difícil”- me dijo ella. Y yo, con una sonrisa, niego: “no, qué va, es súper fácil. Lo que pasa es que Diego no se lo sabía.” Y con los nervios que suelen apoderarse de una persona antes de entrar a un examen, me suelta: “Yo tampoco me lo sé. Diego no se lo sabe. Yo soy Diego. Esto es un silogismo.” Aunque sea una de las cosas más absurdas que he oído en mi vida, me parece curioso, y mientras voy a la rueda de prensa me acuerdo –cómo no- de una canción de los Beatles: I am The Walrus, aquella que, según Lennon, jamás se podría escuchar silbar a un camarero en España, y que comienza con estos versos: “I am he as you are he as you are me/ And we are all together”. La busco en mi mp3 y no la encuentro. Voy hacia el metro soportando la jodida lluvia que cae sobre mis pies y que se cargaría mis botas preferidas y únicas en el mundo para siempre. Cuando me monto en el metro aparece la canción en mis orejas, pero también, un músico ambulante con un acordeón, que se encargaría de hacerme escuchar después la canción una vez más. Pongo cara de fastidio y veo que un tío que está sentado frente a mí ha percibido ese gesto de asco en mí. Es tan guapo y sus rasgos tan perfectos, que no me gusta nada. Llego a Banco de España. La rueda de prensa de presentación de la revista Granta es en el Círculo de Bellas Artes. Dios, ¿por qué no parará de llover? Voy cargada con el paraguas, con una carpeta en cuyo interior no hay nada que haya utilizado durante la mañana –ni siquiera he repasado los apuntes en el metro por vaguería- y con un bolso en el que no hay más cosas porque no caben. Aparte, llevo el mp3, que a veces se cae de mis orejas y me hace volverlo a colocar una y otra vez, con una mala leche violenta y enloquecedora. Llego al Círculo de Bellas Artes. Digo en la puerta que voy a la presentación de una revista y pregunto dónde está el Salón María Zambrano. “Quinta planta”. Subo en el ascensor acompañada por una mujer joven y muy pintada y por una señora mayor que empieza a hacer bromas y hay que reírlas. Llego al salón, en la puerta hay una tipa que lleva un móvil colgado al cuello y que tiene unos papeles y un boli en la mano. La mujer pintada le da dos besos y dice su nombre. ¿La tendré que decir yo algo también? Hago amago de entrar al salón y nadie me dice nada. Entonces, para ver qué pasa y para que me den un dossier y un número de la revista, vuelvo sobre mis pasos y le digo a la tipa cómo me llamo y de qué medio vengo. Empieza a pasar hojas de su informe y veo “Europa Press” y demás. Yo estoy en la tercera y última hoja. “¿Vienes de Jazztelia, no? Sí, aquí estás.” Hace una cruz al lado de mi nombre y veo que sólo estamos apuntados yo y el profesor del taller, que al final no apareció por allí. Entro y veo que hay muy pocos asientos ocupados. Me sitúo en la última fila, quizá por mi timidez. De todas formas hay sólo seis filas y voy a ver igual de bien a la gente. De lo que se trata es de que a mí no se me vea mucho. Mientras me siento voy dejando a mí alrededor todos los bártulos que llevo encima. Dejo el paraguas en el suelo, aunque nadie más lo ha hecho. ¿Será que no han traído? ¿O que los han dejado todos en algún sitio en concreto? ¿Dónde coño los han dejado? Recorro toda la sala con mi mirada y no veo ningún paragüero ni nada que se le parezca, así que no me queda otra que seguir con el paraguas ahí. Miro mis pies y las botas están muy mojadas. “A ver si se secan” pienso, aunque parece que se están poniendo de un color raro. Lo peor es que tenía razón mi madre cuando esta mañana me ha advertido: “¿No se estropearán esas botas con la lluvia?”, y yo: “no, no sé, da igual…”. Si nadie me hubiera dicho nada, ahora no me sentiría tan mal. Pero al fin y al cabo no ha sido mi culpa. Ha sido culpa de la jodida lluvia, del examen y de la rueda de prensa… Qué rabia. Qué disgusto. Parece que ya no hay remedio. Soy lo peor. Me encantaban esas botas, me costaron lo suyo y me las ponía todos, todos, los días. Lo nuestro duró sólo dos meses. Pero fue muy intenso. Ahora sólo puedo decir que nunca encontraré otras iguales. Fue bonito mientras duró. Mientras me lamento por una intuición de lo que después sería una realidad, está llegando más gente a la rueda de prensa. Jóvenes, mayores, hay mujeres que van muy arregladas; otras, las fotógrafas, llevan vaqueros rotos y botas altas sobre ellos, pero ninguna de esas botas son tan cómodas y tan bonitas como las mías. Hay mucha gente que aún no se ha sentado, y sigo sin ver paraguas en el suelo. Vaya tela. Abro la revista en formato libro que me ha dado la tipa de la entrada y veo que son crónicas narrativas – como se diría después en la presentación en sí- y empiezo a leer con interés la primera, que se llama “Diario” de Susan Sontag. Qué bueno, os pongo un ejemplo: “1 de junio: Una de mis emociones más intensas y más empleadas: el desprecio. Desprecio a los demás, me desprecio a mí misma. Soy impaciente (¿desdeñosa?) con la gente que no sabe cómo protegerse, que no sabe cómo hacerse valer. Mi mente= King Kong. Agresiva, hace pedazos a la gente. La mantengo encerrada casi siempre; y me muerdo las uñas”. La presentación en sí no fue muy entretenida. Cuando todo el mundo se había sentado por fin pude ver un par de paraguas en el suelo, y eso me hizo sentir mejor. La primera tía que habló empezó a decir cosas que ya venían en el dossier, qué coñazo, mi jaqueca empezó a hacer su aparición y las lentillas empezaron también a joderme después de haber dormido poco y de haber hecho un examen. Pero después se empezaron a decir cosas un poco más interesantes que por desgracia para vosotros y alivio para mí, no voy a contar. Lo mejor que he sacado de ir ahí ha sido la revista formato libro que va a salir cada tres meses y que cuesta nada menos que 17 euros. Vuelvo a casa y me pongo otra vez I am The Walrus. ¿Nunca os ha pasado eso de “redescubrir” una canción? A veces, canciones que has escuchado mil veces y te sabes de memoria, resurgen como si las escucharas por primera vez y vuelves a adaptarlas a tu actualidad más inmediata. Pues bien, ésta ha sido la canción del día, no sé muy bien si debido a la conversación previa al examen o a que la morsa hoy he sido yo. De tentaciones y nuevas orientaciones![]() Hola a todos, empedernidos e incansables lectores míos. Aunque últimamente nadie me deje comentarios, sé que aún andáis por ahí, ¿verdad? Os preguntaréis si voy superando mis múltiples y diversas depresiones. Mmmm… no sabría qué decir a eso. El examen ya lo hice ayer, y no sé qué tal me habrá salido, constituye una curiosa e importante incógnita. Por la tarde me fui a una conferencia de corresponsales de guerra, que estuvo bastante bien y que tengo que relataros,- supongo que lo haré mañana-. Cuando llegué a casa me tiré aproximadamente dos horas sentada en la cama pensando y mirando al infinito, sin música ni nada. Se me iluminó la bombilla y me di cuenta de un montón de cosas al preguntarme seriamente qué estoy haciendo últimamente con mi vida. Decidí cambiar mi orientación – vital, no sexual, aunque quizá también debería cambiar esa-. Me di cuenta de que sólo por el hecho de haber reparado en mis enormes errores, ya estaba cambiando ligeramente mi orientación. Sin embargo, me advertí que quizá de la noche a la mañana no consiga aplicarme en mi nueva orientación, por lo que hoy podrían seguir las cosas como hasta ahora. Pues bien, esta mañana me he dedicado plenamente al periodismo y a la cultura, es decir, a mí misma, y por la tarde me he vuelto a ir a una conferencia sobre corresponsales en la Guerra Civil. La verdad es que ésta ha sido un poco rollo, y he estado sola todo el rato, rodeada de personas de la tercera edad y de un tío que no estaba nada mal. En fin, todo sea por salir un poco de casa y culturizarme. Mañana tengo otra conferencia de periodistas, y creo que iré. El próximo examen lo tengo el día 8 y me lo estoy tomando con calma. Luego se me echará el tiempo encima, como siempre; en fin. No sé de qué más hablaros. Estos días estoy escuchando con especial interés un grupo británico -creo- que se llama The Long Blondes. Hacen pop-punk-rock, está bastante bien. Son canciones pegadizas que no parecen malas -cosa rara-. Y, hablando de cosas raras, tengo últimamente una ansiedad súper rara, quizá debería ir al psicólogo, o directamente dejarme llevar. Ya se me pasará. Intentaré controlarme, pero, de todas formas, ¿no dijo Oscar Wilde que la única manera de vencer una tentación es cayendo en ella?... I´m so tired![]() Me gustaría tirarme por la ventana, gritar, decirle a alguien a la cara que es un gilipollas, aunque no tenga muchas razones para ello. El otro día les dije a mis amigos que estaba harta de ellos, sólo para ver cómo sonaba dicho en alto, aunque en realidad no lo sienta así. A veces no sé hasta qué punto soy capaz de llegar. Anoche me tuve que tomar una jodida tila porque estaba que me subía por las paredes debido a una incontrolable e inexplicable ansiedad emocional. Hoy, no puedo estudiar contabilidad. Pensaba que la tontería me iba a durar sólo un par de días, pero hoy es el tercero. Vamos bien. Esta mañana, en mi marea de depresión, alguien me ha dado una pequeña sorpresa. Quiero tranquilizarme, pero parece que “la nada” últimamente no me ayuda a tranquilizarme, ni a olvidar. Me gustaría estudiar tranquila, saber qué coño significa el activo fijo, el haber y el debe, la tasa interior de rentabilidad de una inversión – o como se diga- y de qué va el interés real. Esta situación es una verdadera tortura, ¿qué he hecho yo para merecer esto? Sólo puedo encomendarme a esta canción, y esperar a que todo pase. I´m so tired- The Beatles I'm so tired, I haven't slept a winkI'm so tired, my mind is on the blink I wonder should I get up And fix myself a drink No, no, no I'm so tired, I don't know what to do I'm so tired, my mind is set on you I wonder should I call You but I know what you'd do You'd say I'm putting you on But it's no joke It's doing me harm You know I can't sleep I can't stop my brain You know it's three weeks I'm going insane You know I'd give you everything I've got For a little piece of mind I'm so tired, I'm feeling so upset Although I'm so tired I'll have another cigarette And curse Sir Walter Raleigh He was such a stupid git You'd say I'm putting you on But it's no joke It's doing me harm You know I can't sleep I can't stop my brain You know it's three weeks I'm going insane You know I'd give you everything I've got For a little piece of mind. Algo con sentido![]() Acabo de llegar a casa después de haber pasado un maravilloso día en la facultad. Por la mañana, en clases absurdas, y por la tarde, haciendo una revista no menos absurda. A. y yo somos como los periodistas de los siglos XVIII y XIX, que hacían un periódico entre una, dos o tres personas, como mucho. A veces me dan ganas de firmar con mi nombre todos -o casi todos- los artículos. No dejan de ser los que hago yo... Nosotras también tenemos cosas que hacer. Yo esta semana me he tenido que poner al día de apuntes y movidas por haber faltado la semana pasada al estar enferma, pero bueno, habrá que transigir una vez más y no poner cara de odio exacerbado mañana por la mañana. Me conformo con que paguemos entre todos lo que cuesta la impresión de la revista. Sólo faltaba eso. En fin, esto es lo que pasa por ser un poco gilipollas. A pesar de todo, no estoy enfadada, la única mella que pueden hacer en mí estas cosas es que enloquezca un poco por pasar toda una tarde entera en la sala de ordenadores y me ponga a cantar, a reír, a hablar sola, a decir tacos en alto cuando algo me salía mal, o a discutir amistosamente con mi compañera ante un montón de desconocidos que, por otra parte, me dan igual. Y, como veis, lo de estar ante un ordenador toda una tarde no es un gran problema, porque como he dicho, acabo de llegar, y ya estoy aquí otra vez, en mi ordenador. Bueno, quizá sí sea un problema, porque me estoy dando cuenta ahora mismo de que me está costando un montón construir frases que tengan algún sentido. Por otra parte, ¿es que he hecho eso yo alguna vez? Rayada divertida![]() Yo creo que en el fondo me gusta rayarme por tonterías. Me gusta sufrir. De las cosas más tontas y más simples, siempre hago una montaña. Bueno, la cosa que me está haciendo rayarme hoy en concreto (y desde hace un par de días, pero hoy más) no es mala. No me hace sufrir, pero el no saber decidirme por una cosa o por otra sí me molesta, aunque, como digo, puede que en el fondo me vaya el rollo. Si no, mi vida sería muy aburrida, ¿no creéis? Al final he acabado haciendo lo que sabía que iba a hacer desde el sábado. La diferencia es que pensaba hacerlo el jueves y lo he hecho hoy. No podía más. He pedido consejo para nada. (Aunque al final he hecho caso). Me digan lo que me digan al final acabo haciendo lo que me da la gana. Además, ellos no tienen por qué saber mejor que yo lo que tengo que hacer. A veces, pedir consejo es absurdo. A veces sólo lo haces para que alguien refrende tu opinión. Haga lo que haga, de todas formas, las cosas inevitables acaban por ocurrir. El resultado no siempre depende de mí, y, ¿no habíamos quedado en que da igual lo que pase? ¿Que la vida es un teatro y nada tiene importancia? Pues eso, a vivir, (y a cuidarse también.) Ser o no ser joven![]() Mucha gente mayor se siente joven, con una gran vitalidad; de hecho, muchos aparentan menos edad de la que tienen. Aunque las arrugas estén ahí cuando se miran al espejo, su expresión es tierna y saludable. A mí, sin embargo, me ocurre todo lo contrario. A veces me miro al espejo y me veo radiante de buena salud, me veo bien, me veo joven pero no me siento joven por dentro. Muchas veces, cuando he pensado en los estragos que me podía estar causando “la mala vida”, los he descartado al mirarme al espejo y verme joven y saludable. Sin embargo, después de lo que me ha pasado, esta idea se difumina un poco. De todas formas, hacía justo dos años que no me cogía unas anginas o una gripe, y que no me ponía mala de verdad. No entiendo que no haya tenido ningún “aviso” - aparte de mi alergia de siempre- antes de cogerme algo crónico – si es que de verdad lo tengo-. Bueno, a pesar de todo esto, tengo que decir que estoy mejor, que esta noche no he dormido mal y que me he despertado sin fiebre. Ayer estaba casi afónica y hoy puedo hablar más. La garganta me duele un poco menos, aunque anoche, antes de dormirme, fue horrible, y la fiebre no me bajaba de 38.5 incluso cuatro horas después de haberme medicado… Parezco un abuelo que se tiene que tomar cuatrocientas pastillas en cada comida. El problema es que no me puedo tomar todo a la vez: el flumil es una vez al día, la vitamina A también una sola vez; el jarabe, cada seis horas, el ilvico tres veces al día, y el lavado de nariz y los vahos con agua tres veces también. Después, si me duele mucho o no me baja la fiebre, ibuprofeno. Los lavados de nariz son horribles. Es agua de mar, y cuando me la echo en cada fosa nasal, tengo que ladear la cabeza para que el agua lo recorra todo y pase por la garganta. Después, se me enrojece la nariz, me lloran los ojos, me pican los oídos y el paladar, me escuece todo, y la garganta me duele aún más. En fin, todo sea por mi curación. Ahora que no tengo fiebre estoy sufriendo los efectos de los medicamentos. La codeína del jarabe me da sueño y me aletarga, y la cafeína del ilvico ayer me mantenía alerta y al principio no me dejaba dormir. No se me están haciendo especialmente largos estos días en casa. El tiempo pasa rápido, a pesar de todo. Me gustaría curarme y poder ir a clase, o salir pronto a tomar un café en plan tranquilo. Sin embargo, no quiero forzar las cosas (me tengo que curar bien) y no me importa quedarme en casa durante todo el fin de semana. No puedo exponerme a coger frío o lo que sea y ponerme mala otra vez. Ojalá pueda seguir viéndome joven cuando me miro al espejo, pero, además, dejar de sentirme un vejestorio enfermo y acabado por dentro. **Respecto a la foto, es la típica ilusión óptica. Copio lo que dice la página web: "La anciana y la joven: algunos veréis en esta figura una anciana parisiense, otros a una joven a lo Toulousse-Lautrec. Fijaos bien, porque las dos están en el mismo cuadro. Lo que un observador ve depende en parte de la experiencia pasada, de su conocimiento y sus expectativas, por tanto, todos, y siendo la misma imagen, vemos cosas diferentes."** Parte médico de verdadNo es algo común lo que me ha dicho el médico esta mañana. No es un catarro tonto, ni mucho menos. Hoy he dormido mejor, pero lo que ayer era nariz, es hoy garganta. Me he despertado con 38 de fiebre, con mucha tos y sin poder hablar del dolor que tenía en la garganta. Me han llevado al médico y nada más verme la garganta, éste lo ha tenido muy claro: “rinofaringitis tremenda, que posiblemente se convierta en crónica”. Tengo ganas de llorar, mientras escribo esto ya me han caído un par de lágrimas, aunque con la fiebre que tengo no es muy difícil tener los ojos rojos y acuosos. Estoy deseando con todas mis fuerzas que el tío se haya equivocado, pero cuando mi madre le ha preguntado que cómo puede ser eso, así, de la noche a la mañana, el tío ha contestado que sí, que aunque sea la primera vez que lo tengo, ha visto ya varios casos así. No me ha mandado antibióticos porque dice que no me van a hacer nada. Me ha mandado un jarabe, algidol, flumil, y vitamina A para tomarla durante tres meses. Si se me cura, será dentro de bastante tiempo, quizá semanas. Aunque espero que la fiebre me baje, porque no me baja con nada. Y no me cabe en la cabeza tener fiebre tantos días y a todas horas. Esta tarde me van a llevar a que me vea el otorrino del R. y Cajal, a ver qué dice. No tengo más palabras. No sé qué pensar. La palabra “crónico” lo dice todo. Y mis lágrimas también. Parte médico![]() Vaya tarde. Me he puesto peor después de comer. Toda la tarde con fiebre (aunque poca), con dolor de cabeza, lágrimas, mocos, estornudos y congestión, mucha congestión. Además de esto, no saboreo en absoluto la comida, lo que, por otra parte, inexplicablemente no me ha impedido pasarme la tarde jalando como una cerda mientras veía la tele, capítulos de Padre de Familia y de Al salir de Clase, entre otras cosas. Había momentos en los que ya no sabía de qué picotear: tostadas con mantequilla, galletas, dos cafés, un cola cao, bombones… Y porque no había nada salado, que si no le doy también. En clase, aunque no os lo creáis, se me ha echado de menos, en especial el profe que me ha puesto la falta. Cuando no ha obtenido respuesta alguna al pronunciar mi nombre en alto, lo ha repetido hasta tres veces y cuando ya lo daba finalmente por perdido, sólo ha podido arquear las cejas en señal de incredulidad. No he estado allí, pero lo sé todo. Otra cosa que he hecho esta tarde, aunque no os lo creáis también, ha sido pensar. Y he llegado a la conclusión de que soy una esclava de mis pasiones. ¿Y eso es bueno o es malo? No lo sé, yo antes pensaba que era bueno, pero hoy me da que de bueno no tiene nada. En fin, os dejo, no sin antes deciros que el viernes ya puede esperar. Se ha cancelado la fiesta que había programada, con barra libre incluida. (¿De dónde pensabais que venía tanto interés?) En el fondo me quito un peso de encima, así no me tengo que recuperar rápidamente y estar lista para el hielo y la bebida. Quizá el sábado sí esté preparada. No me abandonéis, no estoy enferma![]() Aprovechando que estoy griposa y con fiebre (aunque creo que ahora no tengo) voy a escribir cosas tontas de las que después me arrepienta y que, al tener excusa, no tenga que pedir perdón por ellas después. He dormido fatal. Ayer me encontraba relativamente bien, y de hecho lo dije aquí, pero esta noche ha sido horrible. Además del dolor de garganta, he tenido mocos, muchos mocos, tos seca, estornudos, congestión general, nasal y cerebral, los oídos taponados, y fiebre. Sí, lo habéis adivinado, lo que busco con esta gran descripción de mi pésimo estado de salud es que dejéis de leer aquí. No sé qué hacéis que seguís perdiendo el tiempo en leer mis gilipolleces. No voy a poner nada interesante nunca más, que lo sepáis. Nunca mais. A partir de ahora voy a empezar a hablar de cosas verdaderamente divertidas: redactaré crónicas parlamentarias, hablaré de política, de economía y del cambio climático, grandes temas donde los haya. Me gustaría ser más inteligente y poder hablar de actualidad, como hace la gente en otros blogs, pero es que a mí la neurona no me da para más. Lo siento. Es así de triste. Hoy, como os imagináis, no he ido a clase. Me había despertado para ir al menos a partir de la segunda clase, pero en vista de lo mal que me encontraba, me he tenido que quedar. Tengo, no obstante, una especie de remordimiento por estar faltando a una clase en la que, nuestro querido profesor, nos pone falta si no acudimos, y, a la tercera, te quita de la lista. Hoy es el primer día que falto a esta clase, y muy chungas tendrían que ponerse las cosas para que, de aquí a mayo, falte dos días más, aunque nunca se sabe… De todas formas, lo más importante ahora es que me recupere de esto para el viernes. Quizá debería emitir una súplica celestial de esas que últimamente se me cumplen. La fiebre que he tenido esta noche era más jodida, pero ahora creo que no tengo, y cuando me he despertado tenía sólo dos décimas. Estoy dopándome como corresponde, y bebiendo agua, que es fundamental. Yo lo arreglo todo con agua, y mucha gente se ríe de mí, pero es verdad; y si no me creéis, preguntadles a los médicos. He estado toda la mañana pegada a la tele, viendo tontunas como las tertulias sobre el debate parlamentario de ayer, programas de esos de zapping, como la batidora, y la Pantera Rosa. Qué coñazo. Cuando me he despejado y me he dado cuenta de lo que estaba haciendo, he venido a mi habitación a escuchar música y a hacer cosas útiles, aunque escribir esto no sea de gran utilidad, como veréis, sino más bien al contrario. Bueno, os dejo, tendréis un parte médico sobre mi estado de salud dentro de unas siete horas, espero. Que lo paséis bien en clase o donde corresponda. Un beso con virus. ** Aclaración: no todas las cosas que pongo aquí son verdad. No hay que tomarse todo al pie de la letra. Una canción es una cancíón, y se puede interpretar de muchas formas. De hecho, cada uno/a lo interpreta a su manera, según sus circunstancias personales. Y eso es lo que he hecho yo. Nada es lo que era![]() He estado pensando y me he dado cuenta estos días de que los contenidos del blog y mi forma de escribir no son los que eran. Quizá esté relacionado con mi situación actual, o con las cosas que he vivido desde navidades. Porque aquí todo es autobiográfico, y en los escritos de toda persona se reflejan inevitablemente sus diversos estados de ánimo y sus frustraciones. También me he dado cuenta de que a veces es preciso escribir un montón de mierdas para que te salga algo de lo que estés medianamente satisfecho/a. Y a mí, últimamente, sólo me salen mierdas de las que no estoy orgullosa para nada. Sólo son ñoñeces sentimentales, para bien o para mal, pero no dejan de ser movidas que no tienen ninguna gracia (si es que alguna vez ha tenido gracia algo de esto…). Por otra parte, echo de menos tener un trabajo, estar en contacto con la sociedad, con una sociedad más allá de la facultad y de la vida nocturna de los fines de semana. Estoy demasiado centrada en mí, en mi Yo particular. Sólo soy Yo, yo, y después yo. Hay más vida y más cosas importantes aparte de mis paranoias. A ver si me pongo las pilas un poco, y a ver si pasa pronto esta situación de parálisis emocional y me tomo vacaciones, aunque lo veo difícil. De todas formas, sé que volveré. ** Vaya mierda. Me he puesto mala. Debe de ser faringitis, pero de momento no tengo fiebre y tampoco estoy demasiado jodida. Espero que se me pase pronto. Merecido![]() Me lo merecía. Estas semanas me han pasado muchas cosas que me merecía. Pero pensaba que sólo se me habían reservado cosas malas, que tenían que ver con el aspecto más odioso de la situación, de mi situación. Sin embargo, por alguna razón, nada de eso llegó a preocuparme demasiado. Se acabó el mundo para volver a nacer un instante después y con mucha más fuerza, y ahora entiendo por qué. Como hiciera Dorian Gray respecto a la eterna juventud, yo, desde mi interior, emití una súplica al cielo, al Hado, a los astros, a Dios, o a lo que sea, para que dejaran de ocurrirme cosas malas y me ocurriera algo bueno en su lugar. Recuerdo especialmente dos días en los que no ocurrió lo peor, - que era lo que yo esperaba irremisiblemente-. Creo que esos días fueron el del concierto de mi hermana y el anterior a este. En ambos casos se cumplió lo que pedí. Lo deseé con todas mis fuerzas mientras escuchaba el concierto emocionada. Lo malo es que no recuerdo qué canción sonaba en ese momento, aunque sí la sensación que tuve. Dicen que cuando deseas algo con todas tus fuerzas, acaba ocurriendo. Y siempre que pienso esto, lo rechazo al acordarme de la triste escena de Forrest Gump en la que éste es pequeño y, con Jenny, rezan para que Dios la convierta en pájaro y pueda escapar así de los abusos de su alcohólico padre. Ahora no sé si yo ayer pedí que todo me fuera mejor, pero sé que escribí que estaba feliz, que me había puesto un jersey nuevo, que había salido el sol, y que iba a salir a comerme el mundo. Parece mentira que las cosas continuaran yendo bien. Porque hay veces en las que, cuando nos mostramos tan positivos, esperamos después tanto de la vida, que si no ocurre nada emocionante o no sale todo como deseamos, nos decepcionamos. Ayer llegué a pensar que me iba a aburrir cuando nos fuimos a tomar algo “cinco mujeres desesperadas”, (no literalmente ni todas desesperadas, lo he puesto para hacer la coña, como en la serie, malpensados). Y la verdad es que no me lo pude pasar mejor. Fue (y es) todo tan surrealista… Cuando mis padres esta mañana me han regañado un poco por haber llegado tan tarde, me han recordado que ayer pasé 12 horas fuera de casa desde que me fuera a la clase de Periodismo Literario. Se me pasaron volando, y ahora sé que sin duda han sido necesarias para poder compensar todas las angustiosas horas que he vivido últimamente… La verdad es que me lo merecía. Here Comes The Sun![]() Ha salido el sol, es viernes y lo veo todo diferente. Me he puesto un jersey de rayas color marrón chocolate que me compré ayer, y he ido a clase prácticamente para nada, pero la verdad es que me lo he pasado bien. Tenía sólo la clase de las 9, porque luego había un examen que yo no tenía que hacer. Ayer ya me estaba frotando las manos mientras pensaba en quedarme en casa toda la mañana, despertándome a las 11, y con toda la casa para mí sola. Pero finalmente he decidido ir por varias razones que se han unido tontamente: 1) tenía que devolver un par de libros de la biblioteca, (aunque si me hubieran puesto multa por un par de días tampoco pasaba nada) 2) otra razón es que ayer, cuando le decía a un compañero que hoy no iba a venir, me escuchó el profesor, (un tío joven que parece comprensivo pero que da clase en puentes y aunque vayan cuatro gatos), y con una sonrisa maliciosa me preguntó: “¿No vas a venir mañana eh? ¿Vas a hacer pellas?”. Bueno, aunque no tenga importancia, ya me sentí en la obligación de acudir. La última razón ha sido la más poderosa: salir de casa. Parecerá una tontería, pero me apetecía ir, coger los apuntes, ver a la gente, preguntarles después qué tal el examen, tomarme un café e ir a la biblioteca a hacer algo útil, aunque sólo fuera un rato. Y después de todo esto, esta tarde me voy a clase de Periodismo Literario. No he hecho crónica, porque ya he hecho bastantes, no tenía tema, me apetecía descansar en clase y dedicarme sólo a escuchar las de los demás. Lo mejor de todo es que después nos iremos a tomar algo. Ya se está convirtiendo en tradición. La última vez fuimos al Pepe Botella, que está bastante bien. Y hoy queremos ir al Bukowski Club, que creo que está relativamente cerca de ese sitio. He decidido que hoy me voy a coger una buena. Me da igual donde sea, mientras sea un sitio aceptable y con buena compañía (que los de clase lo son). Y para terminar, voy a poner la letra de una canción muy bonita que seguro conoceréis gracias a Kiss FM, sobre todo. Yo la conozco por haberla escuchado en el disco Banda Sonora Original. He decidido dejar de ser una cansina, y para ello voy a reducir mi número de reflexiones personales, acotaciones, notitas, flores, y voy a poner canciones que lo digan todo. Brenda Lee - I'm sorry I'm sorry, so sorry Para los amigos, para los enemigos, para todos![]() Hoy ha sido un buen día. Mejor que el de ayer. Aunque ayer pareciera que estaba un poco depre (que lo estaba), tampoco fue para tanto. A veces soy un tanto exagerada, y luego pasa lo que pasa, que me salen cosas rancias en el blog. Lo digo en serio, y ahora que casi todos mis lectores (los pocos que tengo) son mis enemigos, no sé de qué narices voy a hablar aquí. Nada les va a gustar. Cuando me he metido hace un rato en la ducha, una vocecita (o un vozarrón) en mi interior, me ha dicho: “deja el blog, no te da más que problemas…”. Pero al rato, otra vocecita (o vozarrón) de la misma intensidad, me ha dicho: “da igual, no te preocupes, ten en cuenta que el blog es causa, pero a la vez solución, de todos tus problemas”. (Viene a ser lo mismo que el alcohol, vamos). No sé a cuál de las dos voces haré caso. Acepto consejos. Bueno, no, que ya sé lo que vais a decir. De todas formas, si sigo escribiendo, me comprometo a que, cuando esté depre y hastiada de la vida, meteré primero la cabeza en el váter y aguantaré todo lo que pueda, antes que sentarme a contar aquí mis penas. A pesar de todo esto, como decía ayer, no me arrepiento de nada. A veces soy una friki triste, desfasada y que no lo aparenta (que es lo peor de todo), pero… ¿y qué? ¿Tengo que lamentarlo? Creo que fue Dalí quien dijo: “que hablen de mí, aunque sea bien”. Días como éste![]() Me encantan los días como hoy. Me despierto a las 6.30, con la inestimable ayuda de mi padre. Me estoy acostumbrando a que me despierte él. Si no fuera así, sé que ya nunca sería capaz de ir a la primera clase. Lo tengo comprobado. Me despierto y me miro al espejo de mi habitación. Tengo los ojos hinchados y estoy hecha una mierda en general. He vuelto a dormir poco. Pero aún así, hago un esfuerzo y me pongo las lentillas. Si no, mi aspecto sería aún más lamentable. A veces me da por pensar que cuando tengo los ojos cansados y me pongo las lentillas, parece que se espabilan y hacen por mantenerse abiertos y/o despiertos. Voy hacia el metro y me pongo música de los Beatles en el mp3. En momentos así sólo puedo recurrir a ellos. Llego a clase puntual e intento aplicarme cogiendo bien los apuntes. Estornudo, toso y me sueno los mocos. Por las mañanas suelo estar fatal de salud. El profesor, que también suele tener una tos asquerosa, se compadece de mí y me contesta “¡Jesús!” o “¡salud!”. Es súper gracioso este profesor. Hoy ha visto a una chica sacar del bolso una botella de agua y pegarle un trago, y le ha preguntado que si lo que llevaba era ginebra. Al contestar ésta que no, la ha dicho “pues no sabes lo que te pierdes”. Sí, ya sé que no es nada original y que hay profesores que se quieren hacer los graciosos y tienen la gracia en el culo. Pero este profesor es diferente. Es de lo más entrañable, es gordito, redondo, bajito, canoso, y siempre lleva pajarita. A veces, se sube las gafas redondas que tiene de Quevedo, intenta sujetarlas con su frente, y cuando asiente con la cabeza o simplemente mientras está hablando, se le caen solas y vuelven a su sitio como si nada hubiera pasado, y él sigue a su bola contándonos sus rollos. He sacado un 6 en su examen. No está mal. Cuando ha acabado la clase, sobre las 9.20, me he bajado sola a la calle. Me encuentro con una compañera de literatura que me dice: “¿Qué haces aquí tú sola pasando frío? No lo puedo entender.” Pues yo tampoco lo entiendo, la verdad. Pero me gusta. Disfruto siendo consciente de que nada de lo que hago tiene sentido. Me encanta. Después, voy a la cafetería, aunque hoy no me apetecía tomarme otro café. Me encuentro con Quino, quien me saluda animosamente y me cuenta que ayer estuvo leyendo lo último que escribí aquí y dice que le ha parecido “magistral”. Aunque yo le contesto sorprendida que no es para tanto, continúa asegurando que “parece mentira que una mujer pueda escribir tan bien”. Me siento halagada, pero me parece un comentario un tanto machista. Seguro que no lo ha dicho con esa intención, como él mismo aseguraría después. Habrá que ser comprensiva. Al fin y al cabo me estaba haciendo un cumplido, y yo no suelo ser tan injusta con la gente. Después de eso, vuelvo a la calle para intoxicarme de nuevo y pasar frío otro rato. A continuación subo a clase. En la puerta estaba todo el mundo hablando de las notas del examen y armando revuelo. No pregunto a nadie y nadie me pregunta a mí. Les miro con indiferencia. Entro en clase, me siento, me quito el abrigo, y saco decididamente el mp3 del bolso. Busco Yer Blues y me la pongo a todo volumen, ajena a las voces y a las tonterías que escucho y presencio a mi alrededor. Miro al horizonte y me recreo con la canción. Me da igual que haya alguien que me esté observando y pueda pensar que soy una rara. Es lo que hay. Empieza la clase y Atenea llega diez minutos después. Menos mal. Ya la echaba de menos. En la clase anterior se me había sentado al lado una tía que no me cae muy allá, (aunque a veces es maja) y, como se perdía cogiendo los apuntes, no hacía más que mirar los míos y preguntarme “¿qué pone aquí? ¿Y qué pone allí? ¿Y aquí?”. A veces eso me saca de quicio. Y más en un día como el de hoy. Después, en clase de literatura, un grupo ha hecho una exposición sobre Hemingway. No se les oía bien y había ratos en que era un coñazo. Entonces, Atenea y yo empezamos a escribirnos notitas tontas. A raíz de eso me pidió que la escribiera un relato, o un micro relato, -o alguna gilipollez en general-, porque ya ha leído cosas mías y dice que están bien. No se me ocurría nada, así en clase, pero cuando vi que ella iba a escribir algo sobre mí, intenté inventarme algo de tres líneas. Una chica que estaba sentada a mi otro lado se interesó por lo que escribíamos, pensaba que eran apuntes, y cuando la dije que no, que eran cosas nuestras que escribíamos porque nos aburríamos, se quedó un poco flipando. Creo que lo que escribí yo era algo así: “Verde. El jersey era verde. Contemplándolo, su corazón se llenó de nuevo de esperanza. Había olvidado que no sólo existe una tonalidad de ese color”. Es una mierda, pero refleja un estado de ánimo muy concreto. Cuando Atenea terminó de escribir su relato sobre mí, dos caras de un folio, no me dejó leerlo. Está fatal, dice que quiere continuarlo y que dentro de tres meses me dejará leerlo. Dice que quiere escribir mi biografía. Me parto con ella. En fin, me encantan los días como hoy. Me encanta ser así de auténtica. Y que, al mismo tiempo, pocos sepan cómo soy en realidad. No valgo para conseguir esoEra necesario todo esto. Como dije un día, todo ocurre por algo. Ayer escribí un texto del que estaba algo orgullosa (tristemente orgullosa, si es que aún puedo estar orgullosa de algo de lo que hago…) pero no lo voy a publicar. La extremada valentía que he mostrado en otros momentos se ha desvanecido por completo cuando menos lo esperaba, y ha muerto definitivamente arrastrada por el insulto que ha supuesto para mí el fin de estas extrañas navidades. Creo que voy a publicar ese texto. Ya lo he publicado. Quizá es lo único que sepa hacer bien: cagarla siempre, cagarla por completo. Entonces, ¿para qué preocuparme de si se publica aquí un texto más o un texto menos? Ya nada tiene importancia. ¿Cómo he sido tan tonta que no he advertido lo que iba a ocurrir? Era necesario que ocurriera lo antes posible, y por eso ha pasado todo lo anterior. El cabronazo que escribe mi vida y que ayer me interpeló estaba en lo cierto. Siempre lo está. Debería adelantarme más a menudo a los acontecimientos. No aprendo nada. Y sin embargo, ahora todo esto me hace gracia. Porque en el fondo ya lo sabía. Depresión post-navideña![]() Pues nada, como estas navidades no me ha dado por deprimirme mucho, ahora padezco el síndrome post-vacacional, que incluye, entre otras patologías, sentir una tonta nostalgia por lo que ha acontecido a lo largo de estas dos últimas semanas. Hoy me he dado cuenta de que no he hecho nada útil en vacaciones, soy lo peor. Y ni siquiera hoy domingo, día antes de volver a clase, voy a hacer nada. He quedado luego con Bea y el Chino para tomar un café, porque están por Madrid de compras y me acaban de llamar. Ayer al final no salí: yo no llamé y tampoco me llamaron a mí. Bueno, sí, me llamó la pobre Mónica, porque la había prometido hace días que íbamos a ir a Guadarrama, pero entre unas cosas y otras la tuve que decir que me resultaba imposible. Me dolían los ojos como siempre que salgo, pero tenía un dolor en el brazo derecho que no era normal, llegué a pensar que me iba a dar un infarto, pero se me ha pasado ya. A veces me acojona mi salud y las cosas raras que me pasan... Me quedé en casa jugando con los regalos de reyes y viendo Willow por décimo séptima vez. Y la verdad es que me hizo la misma gracia que cuando la veía de pequeña. No es como otras cosas que ves ahora y son una mierda cuando de pequeño te parecían la polla en verso, como Médico de Familia, Hostal Royal Manzanares, Al Salir de Clase, o Bola de Dragón. Ayer los reyes no se portaron mal, y al final mi resaca pasó algo desapercibida. Me trajeron cosas chulas de ropa, Love de los Beatles, la biografía de estos mismos por Hunter Davies, una cartera, un bolso… Pero después perdí bastante dinero jugando al póker. En fin, no se puede tener todo en esta vida. Os dejo, me voy a seguir haciéndome a la idea de que mañana entro a las 8 y salgo a las 2 de clase… ¡Qué noche la de aquel día!![]() Vaya nochecita. Si hubiera una fórmula para dormir más de dos horas - y la supiera- la habría empleado. Como cualquier niño en la noche de reyes, así estaba yo, dando vueltas en la cama, deseando que – en caso de que siguiera sin poderme dormir- avanzaran rápidamente las horas y llegara la hora de levantarse. Dos horas de mierda son las que he podido dormir al final. Cuando llegué a casa, no podía porque tenía frío y tiritaba absurdamente, y cuando había conseguido quedarme dormida, a las 10 me despierto otra vez justo por lo contrario: tenía un calor horrible, y mis padres ya estaban haciendo unos ruidos horribles. Y si a eso le añadimos que mi cabeza trabajaba a doscientos por hora, tenemos el cuadro completo de un insomnio anunciado. Bueno, puede que también esto tenga que ver con que la noche anterior dormí casi doce horas… Pero aún así, no dormirse hasta las 8 no es normal. No es normal. A esas horas, un sábado, sólo está despierta la gente de mal vivir, mi hermana, y los niños que no pueden resistir mucho más tiempo en la cama y se levantan a otear los regalos y a que sus padres les cuenten de qué copa, de qué copa concretamente ha bebido el Señor Melchor. ¿Y qué podía hacer yo, de 6 a 8, mientras buscaba el sueño y no lo encontraba? Pues levantarme tropecientas veces al baño, arriesgándome a que me oyeran mis padres, dar vueltas y más vueltas buscando posiciones para ver si en una de ésas me dormía… Tuve varias veces la tentación de escuchar música, pero no lo hice porque eso es peligroso, ya que cuando no me puedo dormir y me pongo un par de canciones, acabo escuchando ciento cuarenta y tres… (que son las que me entran en el mp3). Y tenía que dormirme cuanto antes para estar presentable al día siguiente, para que cuando todos me observen mientras abro los regalos, no se asusten debido a la imagen lamentable que ahora sí presento: ojos enrojecidos, empequeñecidos e hinchados a la vez, me cuesta mantenerlos abiertos ante la pantalla del ordenador. Por otra parte, tampoco me hacía falta ponerme mucha música porque en mi cabeza ya se habían reunido miles de compositores para dar el monumental concierto del día de la Epifanía del Señor. Tenía que estar presentable, también, para acudir esta noche a una cita medianamente importante que anoche ya se me había olvidado por completo (de ahí lo de medianamente). Bueno, intentaré escurrir el bulto. Yo no diré nada. La verdad es que ya no me corre tanta prisa. Mandé un sms a Atenea contándole que no me podía dormir, aunque sólo fuera para desahogarme, y lo único que obtuve por respuesta fue una llamada perdida, muy típico en ella, aunque en el fondo la chica hace bien. A veces me pongo en el lugar de mis amigas y estoy segura de que yo no podría aguantar a una tipa tan cansina como yo… También tuve la tentación, cuando no me podía dormir, de ponerme a escribir, de encender el ordenador y empezar a trabajar duro. Así, cuando se levantaran mis padres, a eso de las 9, se sentirían orgullosos de ver a su hija tan aplicada; verían que forma parte de una extraña raza de gente joven que tiene tiempo para todo, para salir por las noches y para llevar al día sus obligaciones como debe ser, en plena resaca. Vaya mierda que estoy escribiendo. Ya me he tomado las pastillas, pero aún tienen que hacerme más efecto. Lo de los ojos no sé cómo eliminarlo. Si estuviera mi hermana, la pediría unas lágrimas artificiales, o eso que anuncian en la tele que te quita el enrojecimiento. Cuando me han visto mis padres levantándome a las 10, lo han flipado de verdad. Han llegado a la conclusión de que estoy enferma. Y sí, les he dicho que no he dormido nada, aunque ellos creen que he llegado a las cuatro (o eso quieren hacerme pensar…) Mi padre me ha abrazado como si se compadeciera de mí y después me ha zarandeado cariñosamente: “¿qué te pasa? ¿por qué no has dormido? Estás muuuy mal”. Después, haciendo gala de un párkinson no anunciado, he ido a la cocina a prepararme un remedio a escondidas, y a tomarme un café con el roscón de reyes. A punto he estado de comer galletas, haciendo aquí gala de un alzhéimer importante, y cuando ha llegado mi madre y me ha dicho “¿quieres chocolate con el roscón?” la única respuesta que he podido dar ha sido “¿¿¿Chocolate??? no, prefiero café, que si no…” (Aquí ya sólo se podían apreciar sonidos guturales). Lo peor de dar el pego en casa cuando estás así no sólo son los ojos rojos. También lo es la voz ronca y los mofletes colorados. La resaca es una especie de enfermedad. Seguro que te bajan las defensas, y cosas así. Creo que voy a dejar de escribir ya, pero lo malo es que ya no sabría qué hacer después. Así de triste es mi vida. Debería hacer algo tranquilo, que no me diera nada en qué pensar. Ver la tele, o intentar dormirme hasta la hora de comer, aunque no creo que eso ya sea posible. Lo he dado por perdido definitivamente. En fin, ¡vaya noche! Historias para no dormir![]() Éste es el título de un post que escribí anoche cuando no me podía dormir. De todas formas, es un título que hoy se puede aplicar a casi cualquier cosa. El post iba de las cosas que hago cuando no me puedo dormir. Lo escribí con papel y boli. Antes de nada, tengo que decir que en el Microsoft Word 2007 que me ha instalado mi hermano, me siento como si estuviera más en una nave espacial que en un “coso” para escribir. Yo sería feliz con las máquinas de escribir a la antigua usanza. Ahí, todo rudimentario. Me he estado planteando dejar el blog. Sí, ya sé que he dicho que me daba igual que la gente participara, pero a veces me siento un poco gilipollas, como si estuviera escribiendo para nadie. Atenea siempre me está prometiendo que se va a meter, y yo la digo que me da igual que lo haga, pero que deje de hablar de mí a los demás como si yo fuera la leche escribiendo cuando aún no ha leído nada mío por dejadez. También me siento un tanto ridícula cuando me pregunta por los post que escribo y yo intento recordar frases sueltas que no tienen ningún sentido fuera de contexto. Por eso la digo que se meta ella misma a leerlo y se deje de historias. Anteayer me dijo que se iba a meter sin falta a leer la “historia de las flores”, pero ya veo que aún no lo ha hecho. Ella verá. Hoy me voy a El Escorial a un concierto de mi hermana. Atenea es tan dejada (a ver si lo lee), que, aunque sea gratis el concierto y me haya estado dando el coñazo todos estos días con ir a El Escorial, creo que no va a venir. Y mis amigas de allí están currando por la tarde, así que como no quieran quedar más tarde, cuando acabe el concierto… En cualquier caso son todas unas setas, sí, todas vosotras, las que no leéis mi blog y luego me preguntáis cosas relacionadas con él. En fin, creo que me voy a poner a hacer algo útil. La verdad es que tengo ganas de volver a clase, de volver a la normalidad. Estos días estoy especialmente loca, especialmente sentimental. Ayer escribí un post sobre la amistad, súper ñoño… pero en el último momento decidí no publicarlo. Con deciros que quería poner una foto de un perro y un gato dándose un beso… Madre mía, qué mal estoy. Espero encontrar pronto un remedio para todo esto… Feliz 2007 y balance absurdo de 2006![]() Hola de nuevo, y Feliz Año 2007. Pensabais que me iba a ir, pero no. Estos días no he tenido Internet. Mi hermano me ha instalado otro Windows (o lo que sea esto), y ahora todo ha cambiado. Parece que a mejor. Bueno, esto no tiene importancia. Estoy un poco espesa… Me gustaría hablar de cosas que he hecho estos días (o no), de cosas que he hecho en 2006 (qué ambiciosa es la gente, ¿no? ¡Hablar de todas las gilipolleces que has sido capaz de hacer en un año! Qué poca vergüenza). Yo, efectivamente, he hecho muchas cosas en 2006, y en general, no ha sido un mal año. No ha podido serlo cuando he vuelto a encontrarme a mí misma, (allá por marzo, aunque en realidad a lo largo de todo el año), cuando he sobrevivido a un accidente gastronómico que tuve el cinco de enero, (ya va a hacer un año), día en que, literalmente, casi la palmo por comer gambas en el chino de San Lorenzo siendo alérgica al marisco (y sin saberlo, aunque sólo es una suposición, porque los médicos aún no han sabido darme un diagnóstico certero…) Tampoco puede ser un mal año un año en el que he vuelto a mis vicios más ancestrales como consecuencia de mis desarreglos mentales, ocasionados por desventuras sentimentaloides. (Sentimentales hubiera rimado más, pero me apetece usar esta otra palabra, sin embargo). Tampoco puede ser un mal año un año en el que he vuelto a salir con mis amigas de la forma en la que lo hacía “antes de”, o sea, desfasando a más no poder. Y en el que he conocido a gente interesante y que me entiende ¡por fin! No puede ser un mal año, tampoco, un año en el que he descubierto que entre mis aficiones hay más cosas aparte de las que ya tenía antes. No puede ser un mal año un año en el que me he trasladado a la capital, convirtiéndome en una mujer urbana, “mujer fatal” diría alguien… Y en el que he estado currando seis meses en un hospital, trabajo interesante donde los haya. (Estos días, en casa, sin ir a clase y sin curro, he llegado a echarlo de menos…). En definitiva, 2006 no ha estado nada mal, a pesar de todo. Y estas navidades, sorprendentemente, no me he deprimido mucho (he tenido un par de accesos la semana pasada, pero el fin de semana ha salvado la situación definitivamente). Ahora sólo espero que esta semana, la que queda para volver a clase (ya tengo ganillas) las cosas sigan bien, y que 2007 sea un año también interesante. Mi día de NavidadSon las 10 y 20, y me estoy rayando. Pensaba que me iba a librar, pero no. Todo iba bien: me he levantado a la 1, sin resaca porque ayer no salí. Me he tomado un café antes de comer a las 2 y 30. He publicado el cuento que tenéis ahí. He comido bien. Hemos jugado a las cartas: a la pocha (he ganado yo), a la 31a (de dos, he ganado la segunda partida), al bingo (he tenido la suerte tonta: con un triste cartón ganaba yo casi siempre a los demás, que llevaban, como mínimo, dos cartones). Y por último, al póker: al principio me entraban cartas nefastas, hasta que empecé a coger tríos y me la jugaba, apostando todos mis ahorros, pero ganando casi todas las veces. Ya sabéis: afortunado/a en amores, desgraciado/a en el juego, y viceversa. Yo soy viceversa. Debería empezar a ir al casino, o al bingo, que me pilla más cerca de casa. En fin, que he pasado una tarde divertida, divertida hasta ahora, que me he metido en mi habitación, y aquí ando, tras la cena (por cierto, me pregunto cómo he podido cenar habiendo estado toda la tarde ingeriendo champán, sidra, y zampando turrón de chocolate... Creo que ya tengo el doble de culo, en fin). Ahora estoy escuchando un disco de Los Doors que me pasó ayer mi cuñado. Cada vez me gustan más. Y también, me estoy bajando canciones de TV On The Radio, que de repente han aparecido en la página en la que me suelo meter, y hay que aprovechar a ver si van a quitarlas. Yo quería evitar la "depresión" navideña. Y para ello he llamado a gente para quedar, pero, como han dicho mi hermano y mi cuñada, la gente es sensata y se queda en casa el día de Navidad. Habrá que aguantar y salir mañana, aunque sea en plan tranquilo. Pero no aguanto más tiempo en casa, y eso que salí viernes y sábado. El caso es que del viernes a hoy parece como si hubiera pasado una jodida eternidad. Y hoy parece domingo. Qué lío, estas cosas cada vez me aturden más. Bueno, me voy, voy a dejar de daros la coña, si es que alguien todavía es capaz de leer todo esto. ¡Ah! ahora que me acuerdo, voy a hacer aquí lo que vi que hacía una chica en un blog que me encontré el otro día por ahí, y que es escribir un post preguntando si alguien lee o le interesa su blog. Pues nada, ¿alguien lee / le interesa mi blog? Bueno, si nadie contesta, no penséis que me voy a retirar, así que da igual que lo hagáis. Voy a seguir igual, supongo... El frío me paraliza las neuronas![]() Vaya rollo. Ayer acabé las clases. Me siento liberada porque el examen del martes me salió bien, y a partir de ahora voy a tener tiempo para lo que quiera. Pero estoy como aletargada. Yo creo que es por el frío. Tengo sueño a todas horas, y tampoco tengo ganas de hacer grandes cosas. Estos días estoy durmiendo más, y me siento más torpe, con menos energía. Hoy me he levantado con dolor de espalda. Y últimamente, aunque no me ponga las lentillas, tengo los ojos chungos. Ayer me quedé dormida a primera hora, y fui a segunda como agilipollada. Me preguntaron si estaba enferma. No, de momento no lo estoy. Aún no me he puesto mala en lo que llevamos de otoño, y ahora de invierno (hoy empieza el invierno, ¿no?) Cuando acabó la clase, fuimos al metro para irnos a casa, y había un puesto de libros antiguos y baratos. Me compré dos por cinco euros, uno de Heinrich Bölll, Opiniones de un payaso, que me lo pillé porque el año pasado leí El Honor Perdido de Katharina Blum, y me gustó; y Zafarrancho en Cambridge de Tom Sharpe, que es un autor que escribe novelas muy divertidas, con ese sentido del humor irónico y surrealista que me gusta. Después llegué a casa y me tomé una sopa y carne con pisto. Llegué hambrienta. Es algo que me pasa a menudo, según la época: sueño+cansancio absurdo+ganas compulsivas de comer. Después vi Alguien voló sobre el nido del cuco, que tenía ganas de verla porque hace poco me leí el libro. Siendo una buena producción, sigo quedándome con el libro. Ahora estoy en casa, sin hacer nada del otro mundo. Estoy leyéndome por segunda vez El Retrato de Dorian Gray para un trabajo de literatura, y aunque me está gustando igual, me da la sensación de que lo valoré más la primera vez, allá por Primero de carrera. Esta mañana por fín he ido a hacerme el carné de identidad que algún capullo me robó en la facultad, y ya está toda la burocracia solucionada. He evitado el "vuelva usted mañana" de Larra porque iba con mi padre, que no es que tenga contactos, es que él de por sí es un contacto. Después, mis padres se han ido a San Lorenzo a pasar el día y yo me he quedado en casa. Aprovechando la coyuntura, después de comer veré alguna peli, seguramente Las Horas, que la tengo en lista de espera. También quería ir a dar una vuelta por el centro, a comprar regalitos y esas cosas que se suelen hacer en estas fechas, pero me conozco y sé que la pereza va a poder conmigo y me va a hacer quedarme apoltronada en el sofá y con la calefacción a tope. Mañana tengo que ir a las 6 al taller literario, así que me pasaré antes por algunas tiendecillas. Vamos a leer nuestras crónicas en clase, y va a haber un ganador, que se llevará el honor, que es importante, pero también un libro. No sé si habrá votación de todos o lo eligirá directamente el profesor, en cuyo caso sería un sistema de fiar, pero muy poco o nada democrático. Yo aún no he hecho mi crónica, pero intentaré currármela. También hay un concurso de relatos, que se pueden presentar hasta el día 10 de enero. Los cuarenta mejores serán incluídos en un libro. Podría presentarme, si tuviera confianza en mí misma y si pudiera escribir un relato decente. Tengo un cuento (malo) de Navidad, que publicaré aquí alguno de estos días; pero no sé yo. Además, te exigen unos 5000 caracteres, y estoy todavía sin Word (por la mierda del programa que nos pasaron) así que estoy con Word Pad, que ni te corrige las faltas (aunque eso para mí no es un problema porque casi soy superdotada) ni te separa las páginas, ni te pone caracteres, ni nada. Bueno, os voy a dejar, que me estoy cansando y tengo hambre. ¡Ah! respecto al comentario que alguien me dejó ayer, tengo que decir que no sólo estoy muy agradecida por tener tantos lectores, sino por que éstos añadan cosas tan sumamente interesantes a mis disertaciones. Verdaderamente interesante lo de ayer. En serio, espero recibir muchos como ése. Vaya, a Blogia también se le paralizan las neuronas: ya está cambiando otra vez el horario. Hoy es Jueves, 21 de Diciembre de 2006, y son las 14 horas. Yo y el Festival de Nuevos Escritores (y IV)![]() Por fin voy a acabar con el festival. Y la verdad es que ya no me apetece mucho escribir la última parte, pero voy a hacer un esfuerzo por recordar y por exprimir ese viernes día 15. (Bueno, menos mal que no fui a la fiesta que hubo ambos días a partir de la 1 de la mañana con todos los escritores participantes, porque si no, me habrían salido siete u ocho crónicas como mínimo. Qué fuerte) El caso es que el profe de Periodismo Literario nos mandó un mail para avisarnos de que ese viernes la clase iba a ser práctica y teníamos que ir al Festival. Sin embargo, en vez de quedar allí directamente, había que ir a clase primero para que a cada uno nos asignara "una misión", un personaje al que conocer, observar, analizar e incluso perseguir. Alguno/a pensará que eso a mí se me da muy bien... ¿verdad? Pues sí, al final creo que yo hice lo que tenía que hacer, porque la misión no consistía precisamente en hacer una entrevista al personaje, como algunos hicieron. Al principio éramos cuatro gatos en clase, y se daba la casualidad de que estábamos los más jóvenes, casi todos de la misma facultad, pero de diferentes cursos. Yo soy la más vieja (junto a Atenea) de los alumnos de Periodismo que estamos en esa clase. Luego hay gente mayor que trabaja y no estudia, bueno, en realidad hay de todo. Es curioso que casi todos vayamos a la misma Universidad. Además, ese viernes vino una chica nueva, que es muy maja y está en 2º. La verdad es que hicimos buenas migas, porque la pobre llegó nueva y estaba un poco desorientada al encontrarse con esa clase práctica tan surrealista para todos, así que la hice compañía y nos reímos un montón viendo el panorama del festival. Ella tenía que entrevistar a un músico de jazz, otra chica, a un autor de un microrrelato que se iba a presentar a concurso, y otra, a una escritora que se llama Silvia Grijalba. Yo le dije al profe que también quería entrevistar a un autor de esos microrrelatos, pero al final, entre pitos y flautas, todos tenían personaje menos yo. Un chico de la clase tenía que hablar con un tipo que hablaba por un megáfono entre acto y acto para decir cuándo había que ir al hall y cuándo empezaban las cosas. Otro, con unos artistas alternativos... Bueno, todo el mundo tenía un personaje peculiar, y yo, nada. Le dije al profe entonces que si podía entrevistar a algún escritor de los que iban a intervenir con Silvia Grijalba, como J. Ángel Mañas o Espido Freire, pero me dijo que estaba chungo, así que nos encontramos con Vanesa Monfort (la del relato) y como el profesor tenía buen rollo con ella, me la presentó y se acabó el problema con mi personaje: iba a ser ella. Cuando se lo dijo, la tía se quedó un poco flipada, porque la dijo que yo iba "a ser su sombra", o algo así, y eso choca. La recordé que el día anterior me había escrito un relato, y me dijo: "Ah sí, ¿el del bosque?". (Vamos, que no se acordaba mucho). Luego la dije el título de mi relato y ya parecía que se acordaba. En ese momento casi no hablamos porque empezaba un acto, pero me estuvo contando cosillas curiosas y no paraba de hacer bromas sobre los asistentes. La verdad es que, según lo que me contaban los demás de la clase cuando nos reuníamos y poníamos en común, mi personaje era de los mejores. El del microrrelato quería ligar con la chica que le entrevistaba. Le estuvo entrevistando durante una hora, y luego el profe la dijo que no se trataba de eso. La chica nueva lo flipó con el cantante de jazz, porque también estaba un poco loco. Y yo también lo flipaba cuando iba con ellas acompañándolas en su misión. Al principio todos tenían apuntes y cosas, y yo no tenía nada, me daba vergüenza hablar con mi personaje porque estaba en el hall tomando algo con otros amigos escritores a los que había ido a ver, porque ella ese día ya no iba a intervenir en ningún acto. Y al final, cuando me vio, fue ella la que se acercó a mí. Y se acordaba de mi nombre. Vaya periodista que soy. En vez de ir a buscar yo la información, me busca ella a mí...Bueno, en fin, estuvimos hablando muy animadamente, nos presentó a amigos suyos escritores, y nos contaba cosas de la fiesta del día anterior, que por lo visto estuvo muy bien. No hacía falta que yo la preguntara muchas cosas porque ella no paraba de hablar. Nos presentó incluso a Juanjo de la Iglesia, nos presentó como "cronistas" y me invitaron a una cerveza. Había que aprovechar. Yo nunca digo no. Les hago publicidad en mi blog a cambio de una cerveza. Nos enteramos de la existencia del llamado "Gandalf de Madrid", un personaje muy peculiar que está en todos los eventos culturales de Madrid. Os podéis imaginar cómo es. La verdad es que me reí mucho. Y cuando Vanesa se iba por las ramas, la empecé a preguntar por qué empezó a escribir y cosas así. Me contestó algo que se me quedó grabado: "empecé a escribir porque no me quedó más remedio". Dejó el Periodismo por la escritura de novelas, aunque sigue colaborando en medios. Después, me fui enterando de más cosas, de que había estudiado en mi facultad y que se dedicaba a escribir hasta en las servilletas de la cafetería. Que iba a tertulias literarias y al Círculo de Bellas Artes...Jo, yo quiero ser así. Ya que estamos, si hay que ser friki, se es. Pero de verdad, no a medias. Bueno, luego nunca llego a ser "tan tan" como digo, pero las ganas están ahí. ¿Por qué no ser radical? Como decía un profesor que tuve el año pasado, ¿por qué no ir a la raíz? ¿Por qué no atacar a la raíz? Llega un momento en que uno se cansa de ir siempre por la superficie de las cosas... Yo y el Festival de Nuevos Escritores (III)![]() Hemingway dijo que escribir implica una vida solitaria. Esto es verdad hasta cierto punto, porque todo depende de la experiencia de cada uno, y a mí en particular no me queda otra que estar de acuerdo con Hemingway. Pero, ¿qué más implica escribir? ¿El escritor tiene manías? ¿Es un ser especial? ¿Tiene algo de locura? José Luis Balbín, como presentador y moderador del coloquio de escritores consagrados llamado La Nueva Literatura, intenta provocar a los contertulios con preguntas como estas. A Juan Manuel de Prada le resulta bochornoso que se le pregunte a un escritor por sus manías. "Al contestar", asegura, "te das cuenta de que eres un perturbado". Rafa Reig, por su parte, confiesa que tiene manías para todo, y Pilar Adón necesita escribir siempre en un silencio absoluto. No estoy de acuerdo con Pilar, y tampoco lo están Reig y Lorenzo Silva. El primero recuerda que en las redacciones, cuando no había ordenadores, (incluso ahora con ordenadores también) todo el mundo hablaba, hacían ruido las máquinas de escribir, había un gran bullicio, y los redactores se acostumbraban a trabajar así, con todo ese ruido de fondo. Además, Reig asegura que es capaz de escribir en cualquier lugar. No en vano, lo suele hacer en bares. (En este punto me acuerdo de una vez que estaba en la cafeteria Del Arte en San Lorenzo, con mi amiga Bea, y había un tipo en la mesa de al lado escribiendo. Nos miraba de forma rara, era un raro, y efectivamente, pensamos de él que no era más que un trastornado. Nos reíamos imaginando lo que debía de estar escribiendo. ¿No le daba vergüenza hacerlo en una cafetería? A mí, con unos 17 años, un tanto flipada, me pareció de lo más curioso y me quedé fascinada porque por aquellos entonces ya era un poco friki de la literatura. Eso sí es bohemia, pensé. Y sí, de los escritores siempre se piensa que están peor que las maracas de Machín). Lorenzo Silva, por su parte, considera que la llamada "manía del escritor" no es más que "un lujo burgués", y que lo único que necesita él para escribir es "construir un estado mental", ya sea en el metro, o en su casa, con la música alta o sin ella. Hace años, Silva estaba convencido de que necesitaba escribir con la música a tope. Sin embargo, cuando nació su hijo se vio limitado a la hora de hacer ruido y se acostumbró a escribir en silencio. De todas formas, concluye afirmando que "los que vivimos o hemos vivido en Madrid, hemos tenido que aprender a ensimismarnos en cualquier lugar. Y hay muchas técnicas para ello". Lorenzo tiene toda la razón, porque, ¿qué es la concentración sino un espacio de silencio interior? Por otra parte, no podemos olvidar que la cuestión de las manías del escritor forma parte de un mito que se ha ido elaborando en el imaginario colectivo con el paso del tiempo. El mito del escritor bohemio molesta (y molestó) a muchos escritores. Por ejemplo, a Thomas Mann en su tiempo, a pesar de que bohemio y decadente el tipo lo era un rato, aunque eso sí, a su manera. "El escritor inquieta muchísimo", asegura Soledad Puértolas. Pero, ¿no tendrán manías también otros tipos de profesionales? Andrés Barba considera que tanto un escritor como una señora de la limpieza pueden tener sus manías a la hora de trabajar. Y es verdad. Pero, para Rafa Reig, "sin desprestigiar a la limpiadora", el escritor tiene un trabajo mucho más subjetivo, más misterioso, que se presta más a ser cuestionado y estereotipado. J. Manuel de Prada ahora postula, enérgico y categórico, al hilo de lo que decía Reig, que la vida del escritor se enmarca en una especie de mundo interior, espiritual, que choca con la vida exterior, agitada, en la que no hay más que compromisos. Reig niega con la cabeza y sonríe irónicamente. La verdad es que se pasa todo el coloquio haciendo gestos de disconformidad respecto a lo que dicen sus colegas escritores. Y me hace mucha gracia. Para él no sólo hay que meterse en una habitación a escribir y a comerte la cabeza metiéndote en tu mundo interior, sino que hay que salir a la calle, empaparse de cosas nuevas, conocer gente, etcétera. La verdad es que en esto estoy más de acuerdo con Reig que con Prada, aunque le hago un guiño a éste último cuando asegura que "para un escritor, el dolor es fecundo, sin llegar a ser un dolor extremo, claro. Los escritores hacen un todo de un detalle o de un dolor minúsculo. Es necesario un motivo de dolor o dificultad". Y al escucharlo, Reig sigue poniendo malas caras, porque para él "el dolor no tiene porqué ser fructífero. En el escritor todo es particular", (con la consiguiente aprobación del resto de contertulios). Esta afirmación de Reig trata de desmitificar aquello que a todos nos gusta tanto pensar: la creación viene motivada por momentos de sufrimiento personal, la vida bohemia es una vida desarraigada, la de los poetas malditos, envuelta en un halo de misterio y expectación... Todo es verdad sin ser la verdad con mayúsculas, aunque en mi caso, como he dicho más arriba, me es más fácil escribir cuando estoy triste o me siento desengañada que cuando estoy enamorada o feliz de la vida. No obstante, se puede estar solo y ser feliz, y ésta es una felicidad diferente, más consciente, más tuya, más auténtica, que también te hace escribir. Bueno, estoy hablando aquí como si yo fuera la pera, como si mis opiniones valieran lo mismo que las de los escritores de los que estoy hablando. Pero, sin ser escritora aunque queriéndolo ser, no me desanimo ni siento celos al escucharlos o al leerlos, porque si no, nunca podría llegar a darme a valer en este mundillo, en el que nada es lo que parece. Lo de tener que escribir en silencio, por lo menos a mí, me parece que resta mucho a un escritor, y muchas otras cosas que cada uno de nosotros podemos y sabemos reconocer: errores gramaticales, de sintaxis, etc. en libros o en artículos. Nadie es perfecto, si Nadie es Camus, Balzac, Flaubert, o Dostoievski, ¿no? Y hablando de envidia, el siguiente tema que pone Balbín sobre la mesa es el de los celos y la envidia entre escritores. Prada afirma, como si hablara de él mismo y como si aquello fuera la verdad universal, que "el escritor siente envidia hasta de los escritores que son peores que él". Y Soledad Puértolas refrenda esta idea reconociendo que el escritor tiene dos caras, la parte grandiosa y la parte miserable. Todos están de acuerdo en que en el mundo de la literatura y de las editoriales hay "verdaderas puñaladas". Todos, menos Lorenzo Silva. Para él, la envidia es buena, es fecunda, es saludable. Es bueno sentir envidia leyendo otras cosas, asegura. "Y si en algún momento uno siente celos, es porque está insatisfecho consigo mismo". Prada, al escuchar todo el sermón de Silva, ironiza diciendo que éste "ha descrito un estado de bondad absoluta". Sin ser bondad absoluta, Lorenzo habla de su experiencia personal, en la que no ha tenido problemas de este tipo. O quizá, es más positivo que los demás contertulios en este aspecto. Balbín intenta moderar y bromea sobre "la soledad de Lorenzo Silva", porque están todos en su contra. En ese momento me doy cuenta de que, en efecto, Silva se desmarca un poco del grupo. Mientras todos ellos visten colores sobrios, invernales, (léase grises, negros, y marrones) él lleva un jerséy color naranja muy vistoso. Los colores dividen las opiniones, nadie está a salvo de ser estereotipado, como persona y/o como escritor. Y por último, uno de los temas más interesantes que se tratan en este coloquio, es el de la fama y la vocación de escritor. Lorenzo se anima y sigue diciendo lo que piensa, aún a riesgo de ser criticado: "cuando alguien me dice que quiere dejar de escribir, que se siente frustrado porque no tiene éxito, yo le digo siempre que, si se siente escritor, aunque de momento no triunfe, siga así, siga pa´ alante". Y aquí Prada reconoce con una sonrisa que sí está, por una vez, de acuerdo con Silva, aunque no del todo, porque hace una referencia al Quijote, a un fragmento en el que se habla de sentirse más artista cuando obtienes una respuesta, cuando ves reconocida tu obra. Andrés Barba, que en un momento del coloquio me dejó boquiabierta cuando aseguró, frente a lo que pensaba Soledad Puértolas, que para él "ponerse a escribir era un coñazo", habla en este punto de que "siempre se escribe para otro. Sería idiota estar toda la vida escribiendo para tí". Y para terminar, me quedo con una frase de Rafa Reig que me hizo gracia y me pareció muy curiosa: <<Para mí escribir es como cuando estás en una fiesta hablando con un amigo, y quieres que una chica guapa que tienes al lado te escuche, para lo que levantas la voz e intentas hacerte el interesante. Cuando escribo, yo hago como si me estuviera leyendo Flaubert, y pienso, " a lo mejor no se enfadaba"...>> P.D. No os lo he contado aún, pero en realidad yo no soy Sonia. Me llamo Filomena, tengo 19 años y escribo para este blog porque Sonia me lo ha pedido. Me tiene aquí todos los días en su cuarto currando como una cerda. Dice que cuanto más escriba y cuanto más me preocupe por que todo esté bien escrito, más me pagará. Aunque, entre nosotros, Sonia la pobre no es precisamente una marquesa, así que muchas veces no puedo llegar a fin de mes con la mierda que me dá. A veces no tengo ni para un disco de Bisbal. Espero que en Navidad me dé vacaciones o me pague más, aunque creo que a ella no le gusta mucho la Navidad, así que se quedará la mayoría de los días en casa, con su familia, rayándose y haciendo lo de siempre. Yo aquí intento hacer que Sonia parezca una tía divertida, pero en el fondo es una seta. Hoy me he atrevido a escribir esto porque he visto que está estudiando y con resaca, y no creo que se meta en el blog por lo menos hasta el martes. Así, como lo que me está haciendo escribir ahora es muy largo (la comenté que fui a estas jornadas literarias y la pareció cojonudo que escribiera sobre ello. Claro, así la muy lista ya no tiene que contarme su triste y deprimente vida en unos días...), pues eso, que como la dije que fui a las jornadas y me está quedando muy largo porque la verdad es que me pasaron muchas cosas, cuando quiera meterse al blog, estos artículos ya no estarán en la portada. Me ha estado contando antes, mientras nos tomábamos un café, que ayer salió y hubo algo que la decepcionó. No sé si querrá explicármelo mejor para que lo vaya escribiendo, aunque creo que ya la ha empezado a dar reparo hablar tanto de sus cosas. Ahora soy yo la que cuento mi vida a través de su firma. Espero que os guste. Un saludo, Filomena. Yo y el Festival de Nuevos Escritores (II)![]() Después de la primera parte, que ya os he contado y que se llamaba "Escritores en el Banquillo", salí del anfiteatro y me encontré con Celia. Fuimos a tomar algo, y después nos encontramos con un compañero que también viene a nuestra clase de Periodismo Literario. Llevaba una camiseta del evento porque se había convertido en "colaborador" y tenía que vigilar si pasaba algo chungo, responder a las preguntas de la gente, etc. Pero lo que más hacía en realidad era aburrirse y hacerse amigo de gente peculiar que andaba por allí (libreros, dibujantes, etc). Nos comentó que en la última planta había "escritores y dibujantes a sueldo", que te escribían o dibujaban algo en el momento por 1 euro. A mí no me llamaba mucho la atención, pero subimos a ver el ambiente. Estaban escribiendo Juan Manuel de Prada y Rafa Reig. Con una copa de vino, delante de un ordenador, ponían cara de circunstancias y de concentración mientras pensaban (o no) algo que escribir. Celia me dijo que te escribían algo según lo que les inspiraras, y eso me hizo gracia. Sin embargo, al final lo que en realidad hacían era escribir lo que les daba la real gana. Al principo no sabíamos quién era Rafa Reig hasta que le preguntamos a un chico, pero a pesar de eso, nos pusimos en su cola porque la de J. Manuel de Prada era más extensa y a Celia no le gustaba este autor. A mí me daba igual, pero sí había leído algo de Prada mientras que de Reig no, y ni siquiera sabía quién era. Sin embargo, al final no nos escribieron ni uno ni otro, porque fueron relevados por dos escritoras que habían salido a leer en lo de "Escritores en el banquillo". A nosotras nos escribió Vanesa Montfort (la de la foto), de unos 30 años y muy agradable, que había leído un fragmento de un libro suyo sobre la Guerra Civil, creí entender (aunque en general el libro iba sobre la Historia de Madrid, creo) y que lo hizo bastante bien. Cuando me tocó, me preguntó cómo me llamaba y qué literatura me gustaba. "Novela", dije yo; y cuando me preguntó qué tipo de novela, dije: "del siglo XX, por ejemplo". Entonces ella puso cara de regocijo, como si de repente se le hubiera iluminado la bombilla. ("Ésta va a pensar que al decir novela siglo XX me refiero a los best sellers, Código da Vinci, literatura actual y demás", pensé yo). Me escribió algo titulado "Lavapiés no existe", que os voy a transcribir por si queréis opinar: "La plaza vibraba a ritmo de djembé. Los pocos manifestantes que aún aguantaban el frío, se habían sentado en la plaza confundiéndose con participantes en la fiesta multicultural que poco a poco había comenzado a teñir de colores estridentes el barrio. Pablo ojeó a su alrededor, retiró con asco dos colillas con su zapato de cordones, y tendió una bolsa de la La Casa del Libro en el suelo, antes de sentarse con cierto agobio. Yo le miré con ternura. Entonces volvió a levantarse despotricando, retiró la bolsa y se dejó resbalar hasta el suelo. Ésas eran sus pequeñas rebeldías. Me senté a su lado y ambos miramos el cielo que se había convertido en una acuarela rosa que ahora sólo manchaban los pájaros.- No puedo volver a casa- me dijo entonces con una sonrisa que era una catástrofe, mientras el gran dragón empezaba a bajar por la calle Ave María. Entonces supe que ya no era él. Que era otro. Que empezaba a ser libre. Para Sonia, una historia contemporánea del Madrid que... sí existe. Con afecto, Vanesa Montfort". No está mal, ¿no?. (En Crónica III ¡o IV! hablaré más de esta escritora, porque el viernes, o sea, ayer, fuimos otra vez allí los de clase de P. Literario y cada uno teníamos que hablar con un personaje. A mí, curiosamente, me tocó ella). Después de esto, volvimos al anfiteatro porque empezaba a las 8 un documental sobre los hábitos de los nuevos escritores. En el vídeo, un reportero entraba en las casas de los escritores de hoy, quienes enseñaban su casa, la habitación en la que escribían y, en general, "sus espacios de creación". Todos estaban cortados por el mismo patrón, y me hacía mucha gracia. Como Celia y yo entramos cuando ya había empezado el documental, nos sentamos en el primer sitio que pillamos. Entonces, yo empecé a hacer ruido quitándome el abrigo, sacando hoja y boli para seguir copiando, y un tipo que estaba sentado a mi lado se giró y se me quedó mirando. Yo pensaba que le estaba molestando y no le dejaba oír el documental, pero de repente, cuando me preguntó que si estaba "cogiendo apuntes para clase", advertí que era el tipo que me había estado observando antes mientras copiaba frenéticamente y a oscuras. "Sí", le contesto yo. "¿Y qué te está pareciendo esto?" me pregunta. "Bien, está bien" contesto. Y me sigue haciendo preguntas, pese a mi contrariedad: "¿Y qué estudias, filología?". "No, periodismo". "Ah, qué interesante, ¿Y es para un trabajo?", "No, es para una crónica de un cursillo". Con gesto muy serio, me sigue preguntando "¿Un cursillo?" (joder, qué plasta, a veces le contesto sin mirarle, mirando a la pantalla y con desgana). "Es un cursillo de Periodismo Literario". Aquí deja de hablar y miramos los dos el vídeo. Como lo del documental no me apetecía copiarlo, tras cinco minutos el tipo me vuelve a preguntar "¿Y de esto no tienes que hacer crónica?" Y yo: "Sííí, es de todo, pero vamos, que ahora no voy a copiar". Qué cansino el tío, con esa voz y esa cara de seta con la que decía las cosas, parecía más un policía que un friki normal y corriente. De vez en cuando se giraba como para decirme algo, pero en el último momento parecía que se arrepintiese por alguna razón. Cuando acabó el documental, empezó un coloquio de "escritores consagrados". Desde el sitio en el que estábamos no se veía muy bien, más o menos veíamos a todos los escritores, pero a Lorenzo Silva y a otro sólo les veíamos el cogote, y entonces le dije a Celia que desde el sitio en el que estaba yo antes, se veía mejor, y nos fuimos para allá. Cogí mis cosas y me fui sin decirle nada al cansino. Durante tres segundos me asaltó cierto remordimiento de conciencia, que enseguida disipé. ¿Por qué tengo que ser amable con todo el mundo? No le conozco de nada, no tengo porqué quedar bien. ¿O no? (Bueno, pensaba meter en esta parte todo lo del jueves, pero me lío a contar cosas y esto ya es suficientemente largo como para meter también el coloquio de escritores, que estuvo muy bien y que quiero contar con toda la pasión y la extensión que se merece). Como la fecha y hora de Blogia hoy no son correctas, lo pongo yo: Sábado, 16 de Diciembre de 2006, 15:36. Yo y el Festival de Nuevos Escritores (I)![]() Escrito ayer cuando me aburría: Estoy en el Colegio de Médicos, en el Festival de Nuevos Escritores (que ha sido organizado como una actividad dentro de la conmemoración de la Movida, y he venido porque el profe de Periodismo Literario nos lo comentó y nos proporcionó las entradas). Estoy sola, y he llegado puntual. Tres minutos antes de las 6. Aún no sé cómo ha sido posible. Son las 6.20, esto no empieza, y somos cuatro gatos. Llevo 20 minutos observando el ambiente. Estoy en un anfiteatro con 13 filas. Las paredes están decoradas con frescos de estilo neoclásico o barroco (por deciros algo) y me he sentado en la fila octava en un extremo que da al pasillo central. Me gusta ponerme en los extremos (en el cine y estas cosas) para que no me coarte el molestar a la gente por si me apetece pirarme o ir al baño. He echado la cuenta y hay unas 272 butacas, de las cuales sólo 80 y tantas están ocupadas. Todos los asistentes se han situado en las primeras filas, a pesar de que hay una pantalla que, presumiblemente, en algún momento proyectará algo. Hay gente de todos los tipos, hay jóvenes que van solos, barbudos, con gafas, con camisetas de rayas, y otra gente que va en pareja y/o con amigos. También hay personas de mediana edad e incluso de la tercera edad. Vaya, ahora que me pongo a escribir la gente que antes no había sentada detrás de mí y que tampoco pasaba por la fila de detrás, lo está emepezando a hacer, y me da la sensación de que algunos intentan echar un ojo a lo que escribo. Ley de Murphy. Pero son las 6 y 25 y esto ya empieza. Escrito hoy cuando me aburría: 6.25. Se apagan las luces. Sale a escena el presentador, Juanjo de la Iglesia (CQC), y unos focos le iluminan. Lleva puesta una toga, y, entre el hecho de que haya tan poca luz, y que el tipo vaya vestido así, me espero cualquier cosa. Nada convencional, seguro. Y estaba en lo cierto. Nos explica que lleva puesta la toga porque estamos en un juicio, en el que vamos a juzgar a los escritores por diversos y múltiples delitos, que os iré detallando a continuación, para deleite vuestro y mío (pero sobre todo vuestro). Juanjo llama al estrado a la primera joven, que, depié, junto a un atril y un micrófono, pasa a leer las pruebas incriminatorias en su contra, es decir, un relato o un poema escrito por ella. Creo que leyó un poema, pero no me enteré mucho porque en estas ocasiones siempre pienso que las cosas raras es mejor leerlas en tu casa, porque así, escuchando, a veces no te concentras. El segundo tipo que leyó me gustó más, porque leyó un relato corto sobre una mujer gorda, oficinista, soltera, que siempre está triste y que se iba a un bar con una amiga a tomarse un whisky. En este presté toda mi atención. Estaba bien escrito. También una tipa leyó algo sobre el drama de una chica fea, fea, a la que su madre le decía: "no es la foto, hija, eres así, así es tu cara, hija". Y que nos hizo mucha gracia. Primero, Juanjo les presentaba, y decía cosas como " a éste se le acusa de tener libros en su casa", que hacían gracia al público, "o, tan joven y tan pervertido". Bueno, éstos primeros no eran de los más jóvenes, éstos eran del 74, del 77, etc. Después de la lectura de la obra del escritor en cuestión, una misma voz ¿megafónica? para todos pasaba a reproducir la crítica de algún especialista en literatura, críticos de Babelia (El País), de ABC, de El Mundo, y de otros diarios regionales. Después aplaudíamos, mostrando así que estábamos de acuerdo en que el escritor debía ser condenado por esos delitos que se le imputaban. En fin, muchas frikadas que sin embargo hacían más ameno el asunto. De un chico que salió a leer, Juanjo dijo: "a éste se le acusa de traficar con libros clásicos". Jajaja. Me parto. No, en serio, dicho por él quedaba muy ingenioso. Ahora me doy cuenta de que no eran más que gilipolleces, aunque ayer me hicieran mucha gracia. Van pasando escritores y más escritores. Son 14 en total. Y los voy apuntando todos. Como os he dicho, había muy poca luz. Sólo estaba iluminado el escenario, así que yo anotaba cosas prácticamente sin ver un pijo. Había un tipo sentado a mi lado, en el otro extremo del pasillo central. Estábamos relativamente cerca, y no paraba de mirarme mientras escribía. Debía de pensar que era una perturbada, ahí escribiendo a oscuras. Pero más tarde descubrí que no sólo estaría pensando eso sobre mí (en la crónica II lo contaré). Bueno, yo cogía anotaciones de la persona que salía a leer, su nombre, su fecha de nacimiento, y a veces cosas de cosecha propia, en plan "qué bien lee",o "qué mal lee", y hacía una señal de "bien" en los que me gustaban y una cruz en los que no. Una vez, incluso escribí "qué frío tengo", porque yo creo que no había calefacción, y estaba casi tiritando. Definitivamente, estoy perturbada. Puede que fuera fiebre, porque luego me dolía mucho la cabeza y tenía los mofletes colorados mientras me seguían dando escalofríos. Salieron a leer dos jóvenes nacidos en 1985, un chico y una chica. Me llamó la atención que ambos parecieran tan sanos, tan guapos, y a la vez tan locos. La chica iba muy mona, con una falda rosa a juego con las botas también rosas, y con un jerséy blanco a juego con los leotardos también blancos. Leyó un relato de cadáveres y putrefacción. Vaya tela. Y el chico leyó un poema en que hablaba de Conan el Bárbaro y otras movidas. La verdad es que me enteré más bien de poco, pero el tío leía con una vehemencia que no era normal. Qué locura. Casi todos los participantes habían estudiado Derecho, o Bellas Artes, o Estudios Avanzados en algo, incluso en Biología. Pero salió un treintañero que había hecho Periodismo, y lo que leyó estuvo bien. Cuando acabó esta parte, Juanjo anunció el intermedio, e informó de que en el hall iba a haber sorpresas, un vinito, y cosas así. Yo enseguida pensé: "qué guay, barra libre otra vez", pero no, luego no era barra libre. Qué rácanos. Pero aún así, no dejé de tomarme mi cervecita. Cuando iba a salir del anfiteatro para ir al baño y luego al hall, me encontré con Celia, una chica de Periodismo Literario que también estaba sola, y que como yo, había pensado que iba a ser la única de la que clase que acudiría al evento. La segunda parte de esta supercrónica os la cuento mañana, ¿vale? Continuará... (Y ahora me voy otra vez para allá, así que voy a tener material para aburrir. Bueno, nunca se sabe, igual hoy me aburro y no me llama nada la atención. Ya os contaré) De drama en drama![]() Me aburro. Me aburro y estoy bloqueada; tengo cosas que hacer, pero no puedo hacer nada. Para una cosa que me entretiene ahora, que es maquetar la revista, no puedo hacerlo. Y se entrega mañana, o pasado, dicen. No puedo maquetarla (a pesar de que me he ofrecido a hacerlo yo) porque la gentuza de mi grupo pasa de todo. Cada día estoy más harta, pasan de todo, no vienen a clase, no contestan a los mails ¡ni al teléfono! y no nos mandan su parte. Estoy por hacerlo todo yo (el reportaje, el editorial, los breves...) y que les follen. Además, seguro que si hacen algo, hacen una mierda. Siento ser tan dura, pero es así. No les aguanto. Además, una de ellas, aparte de lo mal que me caía, ahora se dedica a llenarte el correo de mierdas absurdas, de gilipolleces sin sentido. Si pudiéramos, nos escindiríamos de ellos. Y además de todo esto, hoy voy a hacer otra denuncia pública. Se trata de la Línea 3 del Metro. Puta línea 3. Todos los putos días llego tarde por el puto metro. Ya sea por la mañana, o por la tarde, se queda parado 10 minutos en alguna estación. Hoy no funcionaba por "falta de energía" o algo así he creído oir, junto a otras dos líneas (la 5 y la 1, creo). No sé para qué hacen tanta obra en el metro, si sigue siendo una puta mierda. Me jode especialmente cuando madrugo, me doy prisa para llegar a clase puntual, y por el jodido metro llego tarde y a veces incluso no puedo entrar en clase (depende de la clase y del grado de agresividad con el que me mire el profesor por haber interrumpido. ¡Ah! otra denuncia: espero que los jodidos bedeles hagan algo útil y engrasen la puerta de mi clase, porque no es normal la manera en que chirría cuando se abre y se cierra. Así, cuando alguien llega tarde siempre queda en evidencia, como es natural). Volviendo a lo del metro, cuando quedo con alguien y se da la extrañísima casualidad de que no llego tarde por méritos propios, ya se encarga el jodido metro de añadir esos 10 ó 15 minutos de rigor. Bueno, ya me he desahogado un poco de todas mis frustraciones diarias. Espero que todo se solucione y consiga ser una persona feliz, de una vez por todas, en este jodido mundo. ¡Qué drama más grande...! * Por cierto, vaya foto más fea que he puesto. Encima la tipa tiene entrecejo. Excepto por ese detalle, por el jerséy, y por el color del pelo, por lo demás así soy yo cuando voy en el metro. Resumen del puente![]() ¡Ya he vuelto! Después de casi una semana de ausencia, ya estoy aquí otra vez con todos vosotros. Hoy ha venido mi hermano a comer y me ha arreglado el ordenata en tres minutos. Menos mal, porque ya me temía tener que quedarme en los ordenadores de la facultad para hacer mis textos de la próxima revista de Periodismo Especializado. Además, ahora que tengo el programa (y sé utilizarlo) puedo maquetar desde casa. Bueno, como digo en el título, voy a intentar hacer un resumen del puente, contando sólo las cosas buenas que me han pasado y dando a entender las malas... el miércoles me quedé todo el día en casa, en plan sabático: comiendo, viendo la tele, de mi habitación al salón, y de éste a la cocina, de un lado para otro sin hacer nada. El jueves fui con mis padres, mi hermano y mi cuñada a la Plaza Mayor a pasar frío, a no comprar nada (yo) y a comerme una ración de patatas ali-oli (yo). Ellos, por su parte, fueron conmigo a la Plaza Mayor a pasarlo bien, a comprar un belén y a darme envidia comiendo calamares (yo y mis alimentos restringidos). Bueno, luego el viernes quedé con Mónica, que vino a verme, y consiguió que su noviete viniera desde Guadarrama a recogerla a la 1 (dos horas después de que saliera el último autobús, no está mal, qué entregada). Pero quizá no debió hacerlo... En fin, luego el sábado tuve que madrugar un poco (últimamente siempre me toca dar el pego los fines de semana) para ir a comer a casa de mi hermana e irnos primero de compras a un centro comercial. Mi objetivo era comprarme unas botas. Me probé cientos de ellas, y mi hermana, así como las pobres dependientas, acabaron de mí hasta las etiquetas, y es que, ¿a quién se le ocurre tener expuesto calzado únicamente del número 38? ¿Y el 36 qué? En fin, me compré las botas, pero también unos pantalones y un jersey, todo de color marrón. Parafraseando al cantante de Aerosmith en Pink, diré "Marrón, es mi nueva obsesión". Después tuve que ir a casa de mi hermano a dar de comer a sus animalejos acuáticos, pero antes pasé por casa para coger de un cajón de mi habitación algo esencial para disfrutar de ello por el camino, por el largo camino que separa mi casa de la de mi hermano... No pasó nada malo con los animalejos, y me quedé un ratillo haciendo uso del super ordenata de mi hermano. Después, me fui a casa, a descansar para el domingo, porque quedé con Bea para tomar un café (después de dos meses sin vernos) y para ir otra vez de compras. Fuimos al fnac y también al centro comercial P.Pío, de tienda en tienda. Compró cosas para toda su familia (claro, para una vez que viene a Madrid...) y yo me compré un bolso en H&M, haciendo uso de las tarjetas de descuento que le dieron a Atenea por trabajar allí y que muy amablemente me regaló. La verdad es que me lo pasé muy bien con Bea, las cosas siguen como siempre, o sea, bien. Me estuvo contando cosillas de El Escorial y me entró la nostalgia de siempre. De hecho, cuando la acompañé al autobús, me dieron ganas de subirme con ella sólo para hacer el trayecto, como hacía antes a diario, no sin cierto esfuerzo, pero también con cierto amor. Vaya, qué ñoñeces me están saliendo, pero es mi blog y escribo como me sale de la ñoñez. Hala. Bueno, en otro orden de cosas, ya me acabé A sangre Fría. No está nada mal, pero a veces, había momentos en los que ¡me recordaba a un best-seller! Tengo que hacer luego una crítica del libro para la revista de Periodismo Especializado (especializado en nada, en lo que a mí me da la real gana, porque, aunque no sea de actualidad, voy a meter esa crítica, y al que le parezca mal, que lo diga). Bueno, os voy a ir dejando, no sin antes deciros que tengo una entrada para ir a unas jornadas literarias que son el jueves y el viernes por la tarde. Creo que para el jueves tengo acompañante... pero para el viernes no, así que al que le interese, que lo diga. No voy a poner qué escritores van porque no me apetece, así que nada: poca propaganda, poco éxito tendré...En fin, me voy. Creo que hoy también os voy a dejar una cosa de Los Beatles que he hecho con todo mi amor. Hasta mañana. Esas etapas que envidio y odio a la vez...![]() Os prometo que hoy me había prometido no escribir. De hecho, me había propuesto no escribir en todo el puente, hacer como si me hubiera ido de viaje, o me estuviera tomando vacaciones existenciales, o algo así. Incluso he vuelto a barajar la posibilidad de irme a Bilbao sólo para olvidarme de todo por unos días, de toda la mierda que tengo aquí. Se supone que el blog es un escape de la realidad, una manera de pasar el rato, una actividad de ocio. Pero no, cada día me condiciona más, me llama más. A ver si le llega el mensaje: ¡Quiero que me dejes en paz, blog! Nada, creo que no lo ha captado, porque me apetece seguir escribiendo. El tío es un jeta, ¡a quién habrá salido!, no entiende las cosas, piensa lo que quiere pensar; aunque yo le diga que no, y aunque todos los indicios apunten al no, él sigue ahí, insistente, haciéndome escribir. Es como si fuera una fuerza superior, como si estuviera poseída por algo. Nunca había escrito tanto como ahora, excepto hace dos años. Y es que puede que todo esté relacionado con todo, y que antes de la "etapa" escribiera porque era "antes" y ahora esté escribiendo porque estoy justamente en el "momento post-etapa". En las "etapas" se deja de escribir, a veces incluso se deja de leer con la misma pasión, se deja uno de preguntar por las cosas más simples pero más enigmáticas de la vida, deja uno de sentir, y en definitiva, deja de "vivir". Lo único bueno de esas etapas es precisamente el hecho de que son etapas, es decir, tienen un principio y un final. Nada más. Como en todo. La cuestión es cuándo van a acabar y porqué, no estar preparado, no aceptarlo (para que sea más traumático y por tanto más interesante) y después entender que tenía que pasar y que todo forma parte de un "plan" (cada día estoy más convencida de esta idea, aunque sea absurda y vaya contranatura, contra lo que vemos todos los días...) Uno se reencuentra con uno mismo, en el momento post-etapa, y se acaba el problema. Es duro, pero cuando consigues salir de ello, vuelves a estar preparado para volver a caer, y todo se resume en un ciclo que se completa siempre, inevitablemente, con la miseria humana. ¿Todo sigue igual?![]() Hoy ha sido mi primer día de estar en casa mano sobre mano. Bueno, en realidad he hecho cosillas, os las enumero: he llegado a casa a las 3, he comido y después he visto Saber y Ganar hasta que mis párpados me lo han permitido, (¿qué friki no?bueno, al menos me he dormido viéndolo: ahh, ya no soy tan friki). Luego he seguido traspuesta en el sofá mientras sonaban de fondo las estridentes voces de los presentadores de Aquí Hay Tomate. Lo mejor que se puede hacer ante esa basura es sin duda dormir. Quizá, de manera subliminal, han llegado a mi subconsciente mientras dormía algunas de las paridas que estaban comentando, y por ello me he despertado un poco gilipollas. Por otra parte, se me ha ocurrido la razón por la que, según me dicen (y yo a veces también lo pienso) estoy más delgada. La razón es la siesta. Joder, ¿qué lista soy, no? y he llegado a esta conclusión yo solita... Bueno, la siesta o el reposo; porque antes me comía un sandwich o el plato del día y me iba corriendo al metro y después a pasear de un lado a otro en el trabajo (cuando realmente trabajaba, claro). Por cierto, ¿cómo le irá a la nueva? Mola imaginármela allí trabajando cuando yo estoy aquí, en casa, calentita, en chándal, escuchando Revolver y tomándome un café con cereales. Hoy en literatura nos hemos descojonado más que de costumbre, porque los apuntes siguen siendo absurdos. Bueno, la semana pasada estuvo viniendo una sustituta, una chica joven cuya voz nos provocaba verdadera angustia: de lo temblorosa que la tenía por los nervios, parecía que en cualquier momento se fuera a echar a llorar. No obstante, esas clases estuvieron mejor que las de siempre. Y hoy hemos dividido el trabajo en grupo que tenemos que hacer. Es de coña. Los trabajos en grupo me ponen furiosa, me hacen sentir impotente. A veces me gustaría encargarme yo de todo, aunque trabaje el doble y los demás se toquen el bolo. En la revista de Periodismo Especializado también me está ocurriendo. En fin, qué triste. A veces soy una borde que te cagas, pero así es la vida... Respecto a mi puente, que se aproxima peligrosamente, nada importante que reseñar. Me han propuesto ir a Bilbao, pero en lugar de eso me quedaré aquí en mi nuevo curro y dando de comer a una serpiente ciega. Esta frase que he construido me recuerda al capítulo de Los Simpsons en que Seymour Skinner confiesa ser Armin Tanzarian y cuando se va a despedir de Edna, la dice algo así como: "podríamos casarnos, vivir juntos y ser felices... pero en lugar de eso, me voy para siempre". Pues eso, que tengo un nuevo curro para este puente. Consiste en repartir folletos (¿más folletos?) de publicidad de la clínica dental de mi hermano y mi cuñada. Los días que curro los elijo yo. Si reparto los dos mil folletos en un día o en dos o más es cosa mía. Voy a cobrar lo mismo. Bueno, ya les he dicho que me paguen bien, porque si no, no tengo ningún problema en volver a casa con los folletos y en irme de cañas en el tiempo en el que se supone que los tengo que ir dejando en buzones y en los parabrisas de los coches... No hombre, no soy tan perra. (Bueno, ya veremos... jejeje). Por otra parte, el sábado también tengo que ir a casa de mi hermano y mi cuñada a dar de comer a sus peces, porque ellos sí se van de puente, y también, a una serpiente ciega a la que hay que alimentar con un palo porque no ve tres peces en un burro. El caso es que están todos juntos, los peces y la serpiente acuática. Aquello debe de ser como Sodoma y Gomorra. Y si a la serpiente no la alimentas bien, puede que se acabe comiendo a algún pececillo. En fin, qué cosas. Espero que alguien me acompañe, porque si no, ahí puedo yo armar "la de dios es cristo". O me cargo a la serpiente con el palo, o me pica ella a mí, o tiro el acuario, o alguna lío fijo. Bueno, chicos, os dejo, me voy a seguir con mi vida contemplativa. Qué super guay. Pesadilla antes de Navidad![]() He dormido mal. Bastante mal. A las 5 me estaba metiendo en la cama, con los calcetines puestos, porque venía helada de frío de la calle. "Bueno, si a las 12 y algo me despierta mi madre porque no puede resistirlo más, habré dormido 7 horas, que no está mal", pensé. Pues esas 7 horas sí han estado mal, y en realidad desconozco la razón. Vueltas y más vueltas, al principio tardé quizá un cuarto de hora en quedar inconsciente, y es raro tardar un cuarto de hora en aquel estado en el que me hallaba. Había algo que no me dejaba tranquila, que me daba vueltas la cabeza, el estómago, el alma, la vida. Durante el sueño aquello me siguió interpelando, a través de sueños absurdos: seguía sin encontrar un taxi, en mi sueño, y miraba el reloj y eran las 8 de la mañana, "No, lo he conseguido pillar a las 4.30, y de hecho ya estoy en casa, ¿no?" me decía. Entonces me despertaba un ligero sobresalto que me anunciaba que, efectivamente, ya estaba en la cama. Los calcetines empiezan a molestar, tengo mucho calor. Me los quito y los tiro hacia alguna parte indeterminada de mi habitación. Vueltas y más vueltas. Alargo mi brazo derecho para coger una botella de agua de la mesilla. Me incorporo para beber un poco. La dejo en el suelo. Creo volver a dormir, esta noche no estoy segura de nada. Ahora estoy en el trabajo. Hay novedades. Ahora nos hacen ponernos un chándal y echar a correr por Madrid, es absurdo, pero me parecía bien la idea, porque en mi sueño, en vez de irme a correr, me iba de copas. Iba con una amiga y a ella también la hacían correr en su trabajo, o en el mío, no lo sé. No lo entiendo. Entonces, nos íbamos las dos de copas. Yo la decía, una y otra vez, que no quería beber más, que estaba hastiada. Que estaba muy cansada, que estaba resacosa y me dolía la cabeza. Pero ella reía y reía sin parar, era absurdo, no me estaba escuchando. Y quería correr y correr. Creo que al final incluso yo también estuve corriendo, era de noche y veía todas las lucecitas de Navidad. Después, vuelvo a ir en un taxi, supongo que cuando me canso de correr, y en vez de ir por Madrid, vamos por un sitio con muchos árboles y carretera embarrada, en cualquier momento podría aparecer el hombre lobo. La desagradable taxista no sabe llevarme a mi casa, y tengo miedo. Doy vueltas y más vueltas en la cama. Sólo sé que no paro de dar vueltas. No hay nada estable en mi sueño, en mi vida. No puedo desconectar de la realidad. Veo muchos relojes. Es como si me asaltaran constantemente preocupaciones sin sentido, o como si tuviera algo pendiente que hacer. No me acuerdo de más cosas, pero sé que las ha habido, cosas relacionadas con lo que pasó ayer, con lo que ha pasado estos días, y quizá, con lo que pasará mañana. Al final, antes de que mi madre tenga oportunidad de despertarme, a las 12.15 ya estoy en pie. Me duele la cabeza, y voy a la cocina a prepararme un café, a disolver un "efferalgan" en agua, y a pensar en lo que hoy no voy a escribir aquí... Rememorando viejos tiempos![]() Hoy es un buen día. Hoy me siento plena, me siento realizada, me siento "yo". Me encuentro bien rememorando viejos tiempos, unos tiempos en los que me pasaba la tarde de los sábados pasando apuntes mientras escuchaba música, leyendo libros mientras escuchaba música, y preparándome emocionada para salir por San Lorenzo también mientras escuchaba música. Aunque me haya ido de allí en febrero de este año, los últimos meses no fueron como los meses que estoy aquí reseñando. No han sido así, y es una pena, aunque se supone que hay un momento para todo, y también para nada. Hoy me he conectado a internet antes de comer, y después, he estado pasando los apuntes de las clases a las que no he ido esta semana. (Esta semana he superado mi récord). Al rato, ha venido mi padre a mi habitación porque quería el ordenador, así que me he ido al cuarto de estar con el mp3 y he seguido la tarea hasta que me he cansado y me he puesto a leer A Sangre Fría escuchando la banda sonora de Forrest Gump. Me encanta, y me encanta leer un buen libro mientras escucho estas canciones tan evocadoras, que, por otra parte, estoy escuchando ahora mientras escribo esto. Miro el reloj y veo que me falta bastante tiempo aún para ducharme y prepararme para salir. (También me encanta leer mientras como pipas, cereales de chocolate, o mientras tomo un café. Es ya un ritual.) Hoy viene Mónica; hemos quedado con ella a las 10.30 en Moncloa y quizá luego salgamos por la misma zona por la que salimos el fin de semana pasado. Hace mucho que no la veo, y aunque ella venga hoy (que eso nunca se sabe hasta que no la ves bajando del autobús, porque es terriblemente impredecible) quiero ir pronto a Guadarrama y al Escorial, porque estoy dejando de ir y no quiero alejarme tanto de mis orígenes. Bueno, vale ya, me estoy poniendo sentimental, pero cada vez que oigo la banda sonora de Forrest me pongo así... Es inevitable. Además, hoy, como digo, estoy recordando otros tiempos, no sé si mejores que los de ahora, pero sé que sin duda eran memorables, emocionantes, distintos, peculiares, y sorprendentes. Sé que no se repetirán, y que nunca olvidaré todo lo que viví aquellos días. Una canción, un libro, un perfume, un pensamiento, todo puede recordarme aquellas sensaciones vividas, aquellos días intensos, predecibles pero no por ello aburridos. Ahora sólo me queda preservar aquellos recuerdos y sentir nostalgia, una nostalgia que sin embargo me hace sentir bien. Me hace volver a mis orígenes, me recuerda quién soy y por qué sigo aquí, leyendo, escuchando la misma música y dedicando mi tiempo a los mismos estudios. Risa estúpida![]() Hola a todos. He venido hace un rato de Periodismo Literario con ganas de escribir. Pero cuando he llegado, a las 8.30, he decidido ponerme primero un rato a leer, porque eso de llegar a casa y no hacer otra cosa que encender el ordenador y quedarme aquí durante horas ya me está pareciendo enfermizo. Me preocupa. Así que he estado leyendo de 8.30 a 9.30, después he cenado, y ahora estoy aquí. ¿Os parece bien? Bueno, hoy la clase ha estado muy pero que muy bien. El profesor ha traído un libro de Burroughs y Ginsberg, "Las cartas de la Ayahuasca". Para el que no lo sepa, estos autores pertenecen a la generación beat, cuyos temas giran en torno a las drogas, el sexo y la homosexualidad. Sin embargo, en sus obras encontramos una importante introspección en la condición humana, lo que las dota de una virtuosidad y de una crudeza impracticables. Pues bien, después de todo este rollo vuelvo al relato de los hechos. El profesor ha hecho que leyéramos en clase la primera carta del libro que manda Burroughs a Ginsberg, y para ello, íbamos leyendo en voz alta una página cada uno y lo íbamos pasando. Yo leí la primera, y conseguí con esfuerzos no reírme cuando empecé a contar la historia en primera persona de este tipo, que tiene almorranas y va a curárselas, y que después va a un garito a chutarse algo en busca de efebos solteros y accesibles. Después, cuando otra persona iba leyendo una escena de sexo homosexual entre el protagonista y otro tipo, no pude contenerme. Miraba a toda la clase. Todos estaban serios, incluso el tipo que leía. Pero enfrente de mi, un chico también se sonreía, y al mirarnos, empezamos a descojonarnos de una manera un poco más visible para los demás. Yo intentaba controlarme, que no se me notara: ¿qué iba a pensar la gente de mí? ¿Y el profesor? Entonces, rápidamente, el chico y yo dejamos de mirarnos. Éramos conscientes de que eso estaba agravando aún más la situación. Yo no me atrevía a mirar al profesor, sólo podía verle de refilón. Pero seguro que se había dado cuenta, y ya me imaginé lo que estaría pensando de mí. Me vería, a partir de hoy, como una pánfila, como una niña tonta que se escandaliza y se ríe cuando alguien dice "caca, culo, pedo, pis", con la diferencia de que en esta ocasión eran palabras y expresiones más fuertes, leídas en alto para un público heterogéneo, excitado por tener que leer, y en resumidas cuentas, intranquilo. Y el hecho de sentirme como una pánfila me hizo gracia, a su vez. Era un círculo vicioso: la risa provocaba risa, y me costó bastante dejar de reír. Bueno, la verdad es que en esta clase muchas veces me da por reír estúpidamente, al ver las caras de la gente, al escuchar ciertas cosas, o simplemente por la situación, y todo ello aderezado por mi gilipollez congénita. Hoy A. no estaba, pero cuando está, también me lo paso bien riéndome por tontunas absurdas con ella. En fin. Qué penita. Después de esto, me tocó leer mi crónica sobre la fiesta de la Movida. Esto fue ya el despiporre. No sé cómo he podido atreverme a leerla. Cuando llego a clase y me pregunta el profesor si tengo algo y le contesto que sí, me quedo agilipollada unos minutos pensando en cómo no habré sido capaz de hacer una crónica normal, convencional, que no llamara tanto la atención. La crónica en sí era casi idéntica a la que publiqué aquí, con algunos añadidos, omisiones y modificaciones, claro. Pero ya no tenía escapatoria, la tenía que leer. Y lo hice. Me puse bastante nerviosa, pero al final acabé leyendo a la vez que me descojonaba. La gente se quedó un poco flipada, pero parecía que les había hecho gracia, y el profesor incluso dijo que no estaba mal y que era publicable. Qué fuerte. En fin, os dejo. Hoy os he dado un motivo más para que, los que ya me conocéis y me miráis con buenos ojos (si alguna vez lo habéis hecho) dejéis de hacerlo; y para que los que no me conocéis, sigáis por vuestro bien sin toparos conmigo en vuestras vidas. He dicho. Me recreo en mi sentimiento![]() Son las 19:30. Me voy. Pero no me quiero ir. Me he quedado sola. Siempre lo he estado, pero hoy es diferente. Hoy me siento más sola que nunca. Y voy a apurar los últimos minutos acompañada de este inefable sentimiento de soledad. Quiero estar con él. A solas. Quiero recrearme en mis sentimientos. Me dan escalofríos. "Although I'm so tired I'll have another cigarette"... Me pregunto qué sentiré después. Me anticipo. Sé que nunca volveré a sentir lo que he sentido a lo largo de estos seis meses. Sé que siempre lo recordaré, con una infatigable sonrisa. ¿Llegaré a vieja? No sé si quiero. Pero todo me da miedo. He visto cosas que me han hecho preguntarme esto más de una vez. Más de una vez he sentido lo absurdo del ser humano. Me he recreado en mi vulnerabilidad. Me he visto en esas circunstancias insostenibles, irrefrenables. Pero hoy estoy aquí. Hoy es siempre. Hoy son las 19:45, no las 19:30. Sé lo que quiero. Sé lo que tengo ahora. Me anticipo al ahora. Me anticipo y añoro mi presente. Y vivo en el presente. Vivo en mi soledad de las 19.30, para siempre. Sólo espero que esa soledad nunca muera. Y que nunca me olvide. Que nunca me deje sola. Cambian las cosas...![]() Hoy no me voy a meter con nadie. A veces pienso, con cierta preocupación pero también con cierto orgullo, que cada vez soy más radical. Antes, hace dos años, todo el mundo me caía bien. Respetaba todo tipo de creencias, gustos, e ideas. Pero ahora no. Ahora digo lo que pienso en voz alta, y no intento agradar a nadie. Habrá a quien le caiga bien y le guste mi sentido del humor, y habrá a quien no. Y eso no me va a quitar el sueño. Es más, precisamente el hecho de que ya no me caiga bien todo el mundo, implica que me resulta indiferente no caer bien. Y a veces, dependiendo de las circunstancias, incluso me gusta caer mal. Bueno, todo esto venía a que últimamente, (como me han dicho estos días en alguna ocasión), no dejo títere con cabeza, y menos en el blog. Quizá debería abrir una sección dedicada especialmente a todo aquello que me asquea, aunque debería hablar más bien de personajes públicos, no de la gente que me rodea. No sé yo.... Bueno, como he dicho, hoy no me voy a meter con nadie. No me voy a meter con nadie pero tengo que contar una cosa: que me he escapado del curro dos horas y media antes, pero... ¡no estaba sola! ¡incluso la idea no ha sido mía, a pesar de que estéis pensando que soy lo peor, que soy una mala influencia! La verdad es que hoy se han estrechado un poco más los "lazos de amistad" entre nosotras, por aquello de estar unidas ante el peligro, por la adrenalina mutua que se respiraba en el ambiente en los instantes más insólitos de la huída. Y por la risa estúpida y nerviosa que no podíamos contener al salir por la puerta intentando camuflar todos los bártulos que llevábamos para pasar desapercibidas. Sí, nos hemos escapado porque teníamos cosas que hacer. Yo, la revista. Y es que se ha quedado A. sola en los ordenadores de la facultad y tenía que echarla un cable como fuera. Menos mal que nos han ayudado bastante unos chicos de clase que también estaban un poco desesperados con la revista. Y al final... ¡he aprendido a maquetar con InDesign! Es de lo más entretenido, se te pasan las horas volando, y hasta tiene su gracia. Además, al final sí que van los Beatles en primera página. He tenido que persuadir con argumentos razonables, y lo he conseguido. ¡Dónde va a parar una portada con una foto de los Beatles, que una portada con Alaska o Fabio McNamara, o con cualquier sinvergüenza de esos! Jejeje. Más que nada, el problema residía en la calidad de las fotos encontradas. De los Beatles hay mil fotos en google, y quedaban mucho mejor. Bueno, no sé qué más contaros. Podría hablar de mil cosas que tengo en la cabeza, pero os aburriría. Y creo que ya he escrito bastante. ¡Ah! Se me olvidaba: mañana es mi último día de trabajo. Llevaré bombones para todas ellas, y una botella de Ballantines para bebérmela con mi jefe y con la chica nueva. Quien quiera que se apunte. Yo, encantada. * Antes de que se me olvide un día más: la canción de todos estos días está siendo sin duda "Wolf Like Me" de Tv On The Radio. Me la bajé el viernes sin saber muy bien por qué, en mi afán por descubrir cosas nuevas...¡y no puedo parar de escucharla, es la leche!. Estoy buscando información sobre el grupo, porque creo que merece la pena, y lo digo habiendo escuchado sólo esa canción... **La foto que he puesto es parte de la publicidad que hemos metido en la revista. Y ésta en concreto ha sido idea mía, la he puesto porque estos anuncios son curiosos y el diseño mola, ¿verdad? No he pretendido con ello incitar a nadie a fumar...Pero sí a beber, ¡a beber mañana conmigo en mi despedida de curranta!. Os espero. Hasta mañana. Mala educación![]() No, no me estoy refiriendo al título de la película de Almodóvar, sino al comportamiento que tienen algunas personas, que me exaspera, me deprime, me abruma, me supera. No puedo soportar una conversación en la que mis palabras no importan en absoluto, en la que no puedo participar, en la que la otra persona me cuenta infinidad de gilipolleces intrascendentes, con sus correspondientes detalles intrascendentes. Esto, ciertamente, para mí no es una conversación. No es una conversación la forma en la que me limito a asentir con la cabeza, a decir "claro", y a tener que poner caras de interés. Hoy ha vuelto a venir. Y me ha vuelto a instruir con movidas de su carrera de ciencias, de sus historias en clase, de su vida, de su novio y del chocolate que consume compulsivamente porque aquél, su desgracia de novio, no vive en España. (Mira tía, no me importa). No me importa en absoluto. Pero si en alguna ocasión me ha podido hacer gracia lo que me cuenta y me he intentado abrir contándola yo alguna cosa mía, no he podido. No me ha dejado. Yo trataba de añadir cosas así: "Pues yo hoy he tenido un examen..." "Pues a mí también me ha pasado eso...". "Pues yo el otro día..." Nada, que me cortaba, que no me dejaba hablar. La he tenido que decir que se fuera a su casa. La he echado vilmente. Aunque ella crea que me lo paso bien y que me hace compañía durante mis aburridas horas laborables, está muy equivocada. Prefiero estar mil veces sola. Luego han venido a verme Quino y Atenea. Me daba vergüenza que me vieran con el uniforme, pero me han dicho que me sienta muy bien, que me favorece mucho. No, si al final me voy a quedar con las ganas de ponérmelo un sábado para salir de fiesta. Aunque también podría habérmelo puesto en Halloween, si me molara el rollo de disfrazarme: "Nada, yo vengo disfrazada de Sonia en plan seta, de lunes a viernes y de 3 a 8, ¿doy miedo o no?". Respecto al examen, yo pensaba que me había salido bien, pero al ver lo que ha dicho el profesor después, ya no estoy tan convencida. Bueno, en cualquier caso, ya se verá. Y respecto a la revista, hoy han conseguido hacer la cabecera. Está bien, es un avance importante. Pero han decidido que, en lugar de los Beatles, van a poner en primera página lo de la Movida. Qué poca consideración para conmigo. En fin, qué le vamos a hacer, al fin y al cabo yo no estoy trabajando mucho en ello. Pues nada, me voy a cenar en un ratillo y a esperar a que se me pase el dolor de cabeza que traigo, que por cierto hacía un tiempo considerable que no me acompañaba en mis andanzas. * Comunicado sonikelandiano: cuando no tenga que ir a currar voy a intentar escribir más sobre música, literatura o cine, porque hacer esos artículos requiere más tiempo de dedicación y elaboración, y últimamente llego casa tan cansada y hastiada del mundo, que me resulta mucho más fácil y terapéutico hablar de mi vida. Bueno, sólo he dicho que lo voy a intentar. Después, ya veremos. Nada![]() Se me ocurre de repente que nada significa nada, que siento las constantes instantáneas del alma grabadas en la desidia, que no sé lo que digo ni me interesa lo que pienso cada día. Puede ser distinto, sin embargo, el momento en que me dices que lo sientes, que nada es lo que fue, porque no eres lo que quería. Todo tiene algún sentido, cuando se lo doy. Y mi desidia no hace más que esperar que algo la ayude a dar ese sentido. A dárselo a todo. A dárselo a nada. Porque nada es lo que quiero sentir. Porque nada significa nada. Hola a todos, después de esta rayada que me ha salido sin pensar, os doy las buenas noches y os cuento un par de cosas: no sé qué va a pasar al final con la revista, porque como somos muy listos nos hemos empeñado en hacerla nosotros, y yo, que ya he advertido que en mí no se puede confiar, doy por hecho que llega el jueves y no hay revista. Me apuesto lo que queráis y se abren las apuestas, como consecuencia. En segundo lugar, como mañana tengo examen, hoy he estado estudiando en el curro toda la tarde. Creo que lo tengo controlado. No en vano, estoy escribiendo aquí, y aunque esté hasta arriba de cosas que hacer y tenga examen, como veis lo doy todo para vosotros. No puedo ser más fiel a mis lectores (risas). En fin, creo que voy a cenar y a repasar un poco después, si el ataque de ansiedad que me ha hecho escribir lo de arriba me lo permite. - Canción del día: At Least That´s What You Said, Wilco ¿Por qué?![]() ¿Por qué siempre soy la única que no sabe hacer lo que todo el mundo ha conseguido a la primera? ¿Por qué es tan mala mi relación con las nuevas tecnologías y la informática? ¿Por qué, además, tengo tan mala suerte que me da error el programa cuando estoy consiguiendo algo, aunque sea una nimiedad y vaya ciertamente desencaminado, pero ya es "algo"? No sé si soy yo o es la máquina. Creo que ya os conté que tenemos que hacer una revista para Periodismo Especializado cada quince días. Este jueves se cumplen quince días desde la primera y última vez que entregamos una revista. En ese primer número de la revista A. y yo no participamos porque el resto lo hizo por su cuenta, con la excusa del puente de la Almudena y demás. Entonces, nos comprometimos ella y yo a hacer el próximo número. Para ello, primero teníamos que hacernos con un programa para maquetar la revista: Quark, o Indesign, o Michrosoft Publisher. (Perdón por las faltas o en cualquier caso por mi nesciencia). Pues bien, me pasaron el último este viernes, y ayer después de comer lo estuve instalando. Primero, no entraba la clave, y es que había confundido un 4 con una Y. Mandé un email al chico de mi grupo que me lo pasó, y me dijo que algo estaba haciendo mal porque la clave estaba bien, y que no me la iba a volver a pasar. Pues nada, ahí estaba yo cambiando letras y números hasta que dí con el error. ¡Bien! ¡Yuju! Lo instalé. Me quedé en casa por la noche y se me ocurrió continuar investigando. No parecía muy difícil: seguía las indicaciones y ponía una hoja en blanco Din A4 en la que insertaba fotos predeterminadas primero y luego desde archivo. Me empecé a imaginar la portada con una foto de Los Beatles, y eso hice. Puse el título de nuestra revista en la cabecera, y fui agrandando la letra y demás. En estas estaba cuando pego un texto en una columna y me empiezan a salir ventanas de aviso que me informan de la necesidad de instalar otro programa para que me permitan insertar textos separados con guiones. ¿? Le doy todo el rato a cancelar, hasta que, de tanto darle, me empieza a ir lento, y ya no sé dónde coño va el ratón; actúa libremente y se empieza a instalar solo el programa de marras: Michrosoft Frontpage, que además lo tengo instalado, pero no tengo el cedé disponible. (Mi hermano sabrá dónde está y por qué). Se me pira todo, finalmente. Y como me da un error de instalación, lo desinstalo y lo vuelvo a instalar. Después, sigue sin funcionar bien. Mando un sms a A. en plan: "tía, no sé cómo vamos a hacer la revista, qué agobio"... Son las 12 de la noche, y ante un sentimiento tal de impotencia, decido mandarlo todo al cuerno e ir a ver un poco la tele. No hay nada, pero me quedo un rato viendo un programa de esos de zapping. Qué sensación más rara sentí cuando me vi delante del aparato y con el mando en la mano. Y es que hace siglos que no veo la televisión de manera regular. Sólo la veo "de refilón", cuando llego a casa y mis padres la están viendo mientras comemos. En fin, vuelvo a mi habitación y como tampoco me apetece estudiar para el examen que tengo el martes (un poco deprimente para un sábado) me pongo a leer "A sangre fría", de Truman Capote, hasta que me entra sueño a las 2 de la mañana. Me duermo. Ahora vuelvo a sentir ese sentimiento de impotencia y desesperación de anoche, porque, además de seguir sin funcionar correctamente (eso ya no era un problema, porque cada vez que conseguía algo, le daba a guardar los cambios rápidamente antes de que me dejara colgada); pues eso, que además de seguir pirándose cuando le daba la real gana, no he dado con el formato revista en cuartilla para que salgan las cosas bien. He estado imprimiendo cosas y no aparecía bien colocado. ¡Ahhhh! ¡No puede ser tan difícil! Además, he tenido que desinstalarlo otra vez porque el Word, sí, ¡El Word! donde hago los textos, también iba mal. Ahora que he desinstalado "el mal", el Office 2000, no tengo el Word ¡y no puedo escribir! Bueno, quien entienda un poco de esto pensará que soy lo peor, que soy una cateta. Lo siento, pero lo siento sobre todo por mí, porque me gustaría entender los entresijos de estas máquinas... pero me supera. Noticia de última hora: acabo de hablar por el messenger con el chico de nuestro grupo y le he contado todo, angustiada. Me ha dicho que no me preocupe, que le mandemos los textos y que él lo maqueta, pero que se los mandemos mañana como muy tarde porque se va de viaje. Y, aunque estoy muy, pero que muy agradecida, sigo teniendo otro problema.... ¡No tengo los textos hechos! ¡Y creo que A. tampoco! En fin, voy a empezar a copiar y pegar noticias culturales de Internet. Aunque, ahora que lo pienso, ¡no voy a poder porque no tengo Word...! Tendré que volver a instalar el maligno Office 2000. Qué fuerte es lo mío. Hoy pensaba irme a la sierra a airearme un poco, a desconectar de tanta urbanidad, de tanta nueva tecnología, y de mi incompetencia profesional. Pero, ante el examen que no he estudiado, los textos que tengo que hacer, y la angustia que me provoca todo ello, lo mejor será que me quede en casa. Aunque... me apetecería tanto poder olvidarme de esto... al fin y al cabo mañana es lunes, y hasta el viernes no podré volver a salir... Bueno, ya os contaré lo que hago. Si me quedo en casa, igual no lo cuento, porque puede que acabe lanzándome por la ventana o tomándome un somnífero tan extremadamente efectivo que acabe de un tirón con todas mis preocupaciones profesionales y espirituales. P.d: Si hay erratas, lo siento. Como os he dicho, no tengo Word y no puedo hacerlo ahí para ver si me como letras o si las cambio de orden. O si, efectivamente, tengo alguna falta de ortografía. Cuando me enfado...... dice A. que la hago gracia. Que la hago gracia cuando me enfado. Sí, yo también me parto. No es que ayer me enfadara, pero como casi no bebí, me indignaba el hecho de dar vueltas por Madrid casi a las 4 de la mañana, lloviendo, con los pies helados, y sin saber qué hacer. La situación exigía tomar una decisión a partir de dos posibles alternativas: 1) coger un taxi en el mismo momento en que salíamos del antro en el que nos metimos, ó 2) Caminar un poco para “despejarnos” (yo para pasar frío y constiparme) y bajar hacia Gran Vía para estar un poco más cerca de nuestras casas. Pues nada, ni lo uno ni lo otro, estuvimos media hora (o más) dando vueltas en círculo por el mismo barrio. ¡Menos mal que íbamos con Q., que conoce Madrid y que nos salvaguardaba de posibles desventuras! Al final resultó que aquí la pueblerina (o sea, yo) era la única que se estaba dando cuenta de que no íbamos por donde debíamos… Así, después de casi tres cuartos de hora singing in the rain, me acabé cogiendo el taxi bastante lejos de mi casa. Pero bueno, al final el coste no fue para tanto. Me llevó un guachupín, que al principio llevaba música de gavilanes enamorados y todo ese rollo, y que contribuyó a deprimirme bastante. Pero después, puso la radio, en aras de agradar al cliente, de darse un toque de modernidad. Y sonó (o malsonó) la pedorra de Paulina Rubio. Casi vomito, y eso que no me llegué a tomar ni una copa de whisky entera. Ah, por cierto, ayer Q. se puso pesado con lo de mi blog y se lo tuve que decir. Cuando me he despertado (hace media hora) ya me estaba temiendo abrir el correo y ver un montón de comentarios absurdos firmados por distintas personas, como él mismo aseguró que iba a hacer. Espero que no se enfade él también al leer esto... Bueno, cambiando de tema, y retrocediendo en el tiempo unas horas antes del paseíllo agradable bajo la lluvia, os tengo que contar que ayer, al salir de P. Literario, me encontré a mí misma siguiendo al profesor (y al rebaño), a partir de su sugerencia de ir a tomar una caña al bar de enfrente. No sabía si ir, porque en esas ocasiones siempre dices: “bua”. Y además, como Atenea faltó, me encontraba un tanto sola en clase. Sin embargo, inexplicablemente, como os digo, fui arrastrada por una fuerza superior e incontrolable, y fui con toda la pandilla a tomar unas cervezas al bar de enfrente. Descubrí a gente de la clase bastante interesante, y que a otros/as también les habría gustado descubrir. Y no digo más… Bueno, espero poder hacer una crónica más animada de todo esto otro día. Pero paso. Así que cuando he dicho “espero poder hacer…” (por cierto, cacho de perífrasis), estaba queriendo decir: “No pienso hacer una crónica de esto…” pero no me negaréis que queda bien a la hora de terminar un post, ¿no? Dicen que lo más importante de algo es cómo empieza y cómo acaba ese algo. Quizá por eso las cosas no puedan empezar ni acabar de cualquier manera. Y a mí, particularmente, me interesan los comienzos... Agonizando![]() No hago otra cosa que contar los días que me quedan de currar. Creo que voy a tener que ir hasta el día 30. Qué mierda. Hoy ha vuelto a venir la chica nueva, qué rollo. Cuando viene no me queda otra que trabajar. Yo creo que el jefe me está intentando controlar a través de ella. Qué fuerte. Y la semana que viene me la va a mandar martes, miércoles y jueves. Y sin pagarla. Quiere que aprenda. ¿Aprender qué? No lo entiendo. Ni que fuera a contratar a Forrest Gump. O a Mr Bean, que es mejor. Bueno, a Mr. Bean ya le colocó en su día, pero como se va a ir, necesitará a otra persona parecida. Joder, cómo desvarío. He estado leyendo lo que escribí ayer de la geisha y no sé qué y no me reconozco (aunque he escrito cosas mucho más preocupantes, pero bueno). Quizá sea cierto que me estoy volviendo loca y la única manera de descargar mis rayaduras, frustraciones y paranoias sea el blog. Quizá, si no pudiera escribir en el blog, iría por ahí asesinando, maltratando a la gente, o cuando menos, pisando y dando codazos a los torpes y lentos del metro (he tenido tentaciones en más de una ocasión). Además, me envicio rápida e intensamente con las cosas. El blog ya se añadió hace tiempo a mis vicios. Cada día tengo más. Soy lo peor. Tengo ganas de que llegue el fin de semana. Me lo han recordado los anuncios que salen hoy en el blog: "fiestas", "bares", "pubs".... Por cierto, me ha costado darme cuenta de que los anuncios están relacionados con el contenido de los blogs. Qué curiosillo. Ahora estoy escuchando a los Sex Pistols. Los acabo de descubrir, como quien dice. Sabía que existían, pero hasta que no lo vi el otro día en una página web de música de la Movida, no me ha dado por escucharlos. No están mal, pero, acostumbrada a mis queridos Beatles, me resultan quizá un poco duros. Uuhh, ¡qué duros! (Es coña). Por cierto, me acaban de pasar un examen que está circulando por internet del profesor que nos va a examinar el martes que viene. Espero que esta vez sí sea el martes. Aunque no sé cuándo coño voy a estudiar, porque cuando llegue el fin de semana voy a darlo todo. Nunca suelo tener tantas ganas de salir entre semana, pero hoy me está asaltando una ansiedad especial. ¡Necesito que llegue el viernes!, ¡necesito una copa! ¡necesito ir a alcohólicos anónimos! (necesito muchas más cosas, pero no es plan de empezar a pedirlas aquí). Bueno, os dejo, estimados lectores. Me voy a cenar. Os quiero mucho. Hasta mañana. Soy lo peor. Soy mala. Y soy una geisha![]() Soy lo peor. No debería contarlo pero al final hoy no ha habido examen que valga. Y nunca lo ha habido. Pero yo, y cuatro perdidos más, pensábamos que sí. El examen real es el martes que viene, pero alguien dijo “el martes mañana”. Y ahí se quedó la cosa. Qué triste. Menos mal que casi no había empollado. Algo me decía que no tenía que empollar. De hecho, esta mañana he ido a las clases anteriores al supuesto examen. He estado a punto de no ir para quedarme en casa estudiando. Mis sospechas de que no había examen comienzan a las 8 de la mañana, cuando entro en clase y veo que está llena (joder, no he sido la única, cómo se toma la gente el no faltar). Luego, mientras el profesor no daba apuntes y hacía disquisiciones personales y/o de carácter filosófico, yo aprovechaba para echarle un vistazo a los apuntes. Pero sólo lo hacía yo (joder, la gente ya se lo sabe, seguro que ayer estuvo chapando pero bien). Veo que acaba la clase, y que en el intermedio nadie habla de ello. Empiezo a preguntar y me dice una chica que “no piensa presentarse al examen”, que se va a “examinar directamente en junio”. Otra perdida como yo. Y luego, al final, me entero de que definitivamente no hay examen. Qué fuerte. En el fondo prefiero que no haya, claro, pero inevitablemente, se me queda cara gilipollas. En fin. Luego por la tarde he estado enseñando a mi nueva sustituta todo lo que hay que hacer en el curro. Qué pronto me la han mandado. ¿Tendrán ganas de que me pire ya? Puede ser. Yo también tengo ganas de irme, que nadie se alarme. De hecho, he dicho a la chica que si se ve capacitada, empiece el viernes y ya se quede, o que me haga el viernes y luego yo la doy su parte. Estoy deseando pirarme ya. Hoy, como la mayoría de estos días, a mediodía se me ha puesto un mal cuerpo que para qué. Deben de ser los sándwiches de la facultad, o las patatas fritas, o vete tú a saber. También pueden ser las horas a las que me como el aperitivo. No sé, pero me he empezado a encontrar fatal a la 1, y cuando he salido de clase, a las 2, no quería ni comer. Además, comer con prisas, teniendo que estar a las 3 en el tajo. Qué fuerte, ayer llegué a las 3 y cuarto, y me regañó el jefe. Flipante. Pues nada, al final, gracias a A., que me ve muy delgada últimamente (aunque me conoce desde hace mes y medio) me he tomado un caldito, dos empanadillas, y dos cucharadas de yogurt, porque no me daba tiempo a más. Me ha venido bien, y se me han pasado todos los males al rato de llegar al trabajo. No he conectado con la chica nueva. No ha habido química. Pero bueno. Y a mí qué. Lo malo es que hemos tenido que estar juntas de 3 a 8. Y que mañana o pasado también nos vamos a ver. Creo que se ha llevado una mala impresión en general de todo el asunto. No me extraña. En fin, qué triste. Yo he intentado no despotricar contra nada ni contra nadie, pero no sé si lo habré conseguido. Como suele ocurrir, hemos hablado mucho más de su vida que de la mía, y ha empezado a marcarse puntos en plan: “yo ligo mucho, hasta cuando me estoy enrollando con mi novio me entran los tíos, por eso me gusta salir por sitios gays”. Y, así, entre nosotros, he de decir que cuando íbamos caminando juntas, yo a su lado me sentía como una geisha. Y hay que tener en cuenta que, en ese sentido, yo no suelo tener la autoestima muy alta. Con esto lo digo todo. Y no digo más. ¿Por qué a la gente le gusta tanto fardar de esas cosas? Y lo que es peor, ¡se atreve a hablarlo con desconocidos/as! En fin, lo flipo. Bueno, lo siento si alguien se ha ofendido, pero así son las cosas en sonikelandia, así es mi blog, y que os den a todos (otra vez). Soy Mr. Bean y voy al cole Hoy ha sido un día divertido. Me he reído en clase como no lo hacía desde el instituto, en pleno pavo. Y es que hemos estado viendo las fotos que nos hicimos el viernes en la fiesta de la movida, y son lo peor. No salimos del todo mal, pero son muy graciosas. Y nos estuvimos riendo tanto entre clase y clase, que después, cuando tocaba estar en clase, en silencio y cogiendo apuntes, yo no podía contenerme y me descojonaba con la típica risa tonta irreprimible. Y para terminar de sentirme como en el colegio, hoy nos han puesto un examen sorpresa para mañana. Qué fuerte me parece. No he estudiado nada aún. Bueno, sí, me he leído cuatro hojas de las 11 que constituyen la materia examinable. Y como tengo que estudiar, lamento deciros que hoy no voy a poder hacer una sucesión cronológica como la del otro día. Qué pena. Bueno, hoy pensaba hacer otra cosa. Hoy pensaba hacer una sucesión de algunos momentos ridículos del día, en los que he creído estar convirtiéndome en Mr. Bean por momentos. Resumo: 1) en la cafetería de la facultad han salido volando las servilletas que llevaba en el plato del sándwich mientras avanzaba hacia una mesa en la que me esperaba mi compañero preferido de literatura. Creo que no lo ha visto, aunque también puede haber hecho como que no para no hacerme sentir mal. 2) En la cafetería del hospital se me han caído los folletos al intentar coger el café, y, completamente descontrolados, se han desparramado todos por el suelo. 3) He metido una botella de agua en el bolso sin haberla cerrado bien. Como consecuencia, todo lo que tenía dentro del bolso se me ha empapado: un libro (menos mal que era mío) el móvil (que cuando he llegado a casa había muerto definitivamente. Menos mal que no era el nuevo) y varias cosas más. 4) Como en el metro me iba acordando de todo esto y además hoy tenía la risa floja, he tenido que hacer grandes esfuerzos para no empezar a descojonarme y que la gente me tomara por loca (morderme los labios, hacer como que toso… en fin, no sé si os ha pasado) 5) Estoy escribiendo en el puto blog cuando debería estar estudiando. Esto sí es preocupante. Hala, me voy. Que os den. No sé qué me pasa![]() Pues eso, que no sé qué me pasa. Será que es domingo, y que he estado toda la tarde en casa. Alguien dijo que los domingos por la tarde se forma el carácter. Puede ser. Aunque hoy en mi casa hayamos estado celebrando el cumpleaños de mi madre y hayamos jugado un poquillo a las cartas, a las 6 se han ido todos y yo me he quedado pasando apuntes, leyendo, escuchando el disco de Abbey Road, y rayándome por algo indeterminado, que no sé definir. No, no sé lo que es, pero me asalta una especie de ansiedad, algo que tengo pendiente. No sé si es el hecho de querer comprarme esta semana unas botas nuevas y un bolso. Creo que si ésta es la razón de todo esto, sería algo demasiado frívolo en mí. No, no es eso. ¿Será tener que ir a clase y a trabajar mañana? No, este fin de semana he descansado mucho más que el anterior y al fin y al cabo me apetece un poco salir de casa y esas cosas. ¿Será el amor? ¿Será el no amor? ¿Será mi existencia desorientada? ¿Será precisamente el nuevo rumbo que está tomando mi vida, cada vez más alejado de la estabilidad y de lo cotidiano? ¿Será este blog, que últimamente me da unos quebraderos de cabeza inimaginables? Quizá debería dejarlo. ¿Serán Los Beatles? ¿Será I Want You (She´s So Heavy)? ¿Será Oh Darling? Sí, estoy triste. Estoy más que triste. Y sin embargo, me gusta esta sensación. Me gusta estar triste sin saber el porqué. Me gusta porque me hace darme cuenta de que estoy viva. Y esto antes no me pasaba. Me gusta estar sola, me gusta conocerme cada día un poco más. Me gusta que cada día no sea una copia exacta del día anterior. Me gusta aprovechar los días, valorarlos, no pasar de conocer gente y cosas nuevas. Me gusta tener cosas en la cabeza, cosas que te hacen pensar, cosas que te hacen querer y necesitar escribir. Me gusta la soledad. Prefiero sufrir por estar harta de mi propia persona, que por estar harta de otra persona que te pide cuentas por todo, y a la que no puedes mandar al carajo así como así, como efectivamente te mandarías a tí mismo en alguna ocasión. Además, puedes hacer las paces contigo mismo cuando te apetezca. Y aunque estés enfadado con tu persona, sabes que quien te tiene que escuchar realmente te entiende, y hace un esfuerzo por ello. Porque te quieres a ti mismo. Y es un amor incomparable al que puedes sentir hacia otra persona. Como dijo Camus: “Es falso que yo no haya amado nunca. En mi vida he experimentado al menos un gran amor, y su objeto siempre he sido yo". ¡Vaya movida!![]() Ayer nuestro profesor de Periodismo Literario nos regaló entradas para ir a la fiesta-conmemoración de la Movida de los 80, que se celebraba en el Círculo de Bellas Artes. Me gusta este profesor porque te trata como si fueras un periodista; aunque también te dice todo lo que haces mal, claro. (Ayer más o menos le gustó mi crónica, sobre todo el título que puse, pero dijo que la crónica en sí estaba en el último párrafo y que todo lo demás no era muy importante, pero bueno.) Nos dio las entradas para que fuéramos a la fiesta en cuestión e hiciéramos después una crónica para el próximo viernes. Tenía cuatro entradas, y en clase somos unos 10, así que como nadie las quería, A. las cogió y me dijo que si íbamos las dos. “Claro”, dije yo, (¿cómo iba a rechazar una entrada gratis a una fiesta?). Pues nada, avisamos a dos personas más para que nos acompañaran, pero al final sólo pudo venir Q., que estuvo poco rato porque se tenía que ir pronto a casa. Llegamos a la fiesta a las 00:00 horas, justo una hora después de que empezara. Quizá hubo un discurso de inauguración y todo eso, que me habría venido bien para la crónica, pero bueno, qué le vamos a hacer. Cuando entramos, rechazamos unas chapas que nos ofrecieron los de la puerta y que decían “yo estuve en la movida” o algo así. No llevo una chapa de Los Beatles y me voy a poner ésa… ¡faltaría más! En fin, la primera impresión de la fiestecilla fue un poco mala, porque era en plan boda, o en plan guateque. Mucha gente mayor, trajeada. Muchos desfasados, en camiseta, bebiendo, fumando y sin parar de reír…Pero en general poca gente bailaba. Y varios camareros se paseaban con parsimonia y con cara de seta delante de ti ofreciéndote canapés. Lo de los canapés me llevó a una fácil y rápida asociación de ideas: ¡habrá barra libre! A. y Q. ponían malas caras, no les gustaba el ambiente, ni la música, y ya estaban pensando en irnos en media hora. De hecho, A. no paraba de decirme “cuando te aburras y te quieras ir lo dices ¿eh?” Y yo: “que no, cansina, que he venido aquí voluntariamente; y si la que te quieres ir eres tú, ¡no me pongas a mí de excusa! Además, tenemos que hacer la crónica, nos tenemos que quedar más rato”. Así, nos animamos y nos quedamos más rato. Como no querían ir a la barra ni moverse por la gran sala de teatro en la que se había montado todo el chiringuito, les dije que me iba yo sola a investigar. Encontré la barra, y ya iba a pedir una copa, cuando vi que Q. y A. me habían seguido. No, si está visto que cuando decides hacer las cosas por ti mismo/a, la gente te sigue como si siguiera al líder. Jejeje. Cogimos nuestras copas y esta vez nos situamos más lejos de la puerta de entrada, en una de las cuatro o cinco mesitas altas que habían situado estratégicamente por la sala para que la gente dejara las copas y demás. Empezamos a bailar, la acústica era bastante mala; y cuando no me sabía una canción, no entendía un carajo de lo que decía la letra. Conocía pocas canciones, la verdad. Además, parecía que al dj le molaba más el rollo psicodélico que el pop ochentero español. Sólo escuché una canción de Mecano, otra de Hombres G (“Venecia”) y dos o tres de Alaska. El resto, ni me acuerdo, aunque lo cierto es que sí pusieron más canciones en español. Respecto al ámbito internacional, “Video Kill The Radio Star”, de los Buggles, y una de Los Cure: “In Beetwen Days”. Eso fue un puntazo. No estuvo mal. Ya era la 1 de la mañana. Llegamos a un momento de la noche en que, o nos íbamos a casa, o nos tomábamos otra copa. Q. se tenía que ir, y A. me sugirió que nos fuéramos con él para coger el último metro, pero yo me acababa de pedir otra copa, y no estaba muy por la labor de irme a casa tan pronto. Seguí utilizando la excusa de la crónica y además, la recordé que ella misma había dicho que esa noche lo íbamos a dar todo. No me costó mucho convencerla, porque además, también ella empezaba a estar contentilla. Así, despedimos a Q., le acompañamos a la puerta de la calle y después fuimos otra vez para allá. Sí, la música que estaban poniendo en ese momento era una verdadera mierda, y la gente mayor ya se había ido a casa. Sólo quedaban frikis de nuestra edad, que cada vez eran más numerosos, treintañeros, cuarentones, A., yo, y otras chicas del montón. Nunca me ha gustado la movida. Siento por ella una especie de amor-odio. Me atrae todo ese rollo, pero a la vez me asquea. En la sala, en una gran pantalla, se estaban proyectando imágenes de aquella época: gente bailando, discotecas, Rockola, y demás. También, imágenes decadentes, esperpénticas, de tipos disfrazados y maquillados, simulando escenas de carácter sexual. Cuando se les acabaron las imágenes, dejaron en la pantalla un logo de “La Movida” y torbellinos psicodélicos bastante raros. Cuando nos cansamos de estar en el sitio de la mesita alta, descubrimos que había una pista de baile. Nos subimos a ella, y empezamos a relacionarnos. Nos hicimos un montón de fotos con el móvil de A. Como en casi todas yo salía con los ojos cerrados, la pedía constantemente que me hiciera otra. Y también nos hicieron a las dos una foto unos tipos un poco tontos. Frikis y desfasados. La gente que estaba en la pista iba fatal. Mi olfato me decía que allí no sólo se estaba fumando tabaco. Y nadie se preocupaba. Los camareros no daban abasto, y eran de lo más lento. Además, no se enteraban de nada. A la una y media ya se les había acabado el hielo. Pero a la gente le daba igual, seguía tomándose sus copichuelas. Yo casi no pude con la última, ya sin hielo. Me entró una paranoia muy seria, porque, de lo fuerte que estaba, la copa tenía un color tan oscuro que me hacía pensar que, en vez de habérmela pedido con limón, la había pedido con naranja, o que alguien me había dado el cambiazo. Pero no, era limón, aunque, en efecto, muy poco limón; escaso limón. Qué asco. Seguro que además eso ya era garrafón. Si no tenían hielo y ya sólo quedábamos en la sala los decadentes, los camareros bajaron al almacén y sacaron los restos de los restos. Fijo. Estoy segura. Al final nos quedamos hasta que acabó la fiesta; hasta las 3, pero estuvimos tomando un frío aire hasta las 3:30, y después nos fuimos a casa en taxi. En el taxi sonaba Kiss FM, y comenzaba "Mrs. Robinson", de Simon & Garfunkel. Sí, esta música me hizo ver quién soy. Volví a ser yo. Hicimos bien en irnos a casa. Vaya crónica que me ha salido. Creo que no voy a poder entregar esto al profesor. Tendré que hacer otra, más documentada. Y menos alcoholizada. Bueno, no me documentaré mucho porque ya sabéis que todo este rollo me asquea, pero a la vez me dice “ven”. Qué tonta estoy, ¿verdad? Sucesión cronológica de la rayada mental![]() Hoy cuando he llegado a trabajar me he encontrado un posh it de mi coordinadora en el vestuario, que decía así: Se titulaba: “Sonia” - 15:00 horas. Coge los 100 nuevos folletos. -19:55 horas. Deja su reporte diario y los folletos sobrantes. Y, ¿sabéis lo que he hecho realmente hoy? - Sonia llega a las 15:15 horas, y se va a pasar apuntes a una sala Vip en la que nunca hay nadie. - Son las 16 horas y Sonia sigue sin hacer ni el huevo. - 16:30: Sonia está leyendo un libro. - 17:30. Ahora no está haciendo absolutamente nada. Y se aburre. - 18:00 Sonia va a la cafetería a tomar un café y una napolitana. Ve que los camareros cansinos y los celadores, que están grillados, han hecho buenas migas. No, si Dios los cría y ellos se juntan. A veces tiene que sonreír cuando le dicen algo en plan colegueo, pero generalmente pasa. “Qué ingeniosos se creen, qué flipados”, piensa. - 18:30 Sonia sube al vestuario. Se sigue aburriendo. Se lee las dos primeras hojas de unos apuntes para preparar un poco el examen absurdo que tiene mañana. Le entran tentaciones de irse a casa. Pero baja otra vez a la calle, a hacer tiempo. Escucha la conversación de dos estudiantes de enfermería en prácticas. Hablan de una tercera estudiante, que dejó la carrera en primero porque para ella era muy dura, y entonces se metió en periodismo. Ahí queda eso. "Qué bonito. Qué vergüenza", piensa Sonia. - 19: 00. Sonia ha estado dando vueltas por el Centro Comercial y se ha comprado un chupa-chups de fresa y cinco chicles. Sube al vestuario, se cambia y se pira. - 19:55. Sonia ya está en casa. Y se mete en la ducha. Bueno, la verdad es que se siente un poco mal por no haber hecho nada hoy. Pero en cuanto ha llegado allí y ha visto el mal tiempo que hacía, y el posh it en la pared, se le ha metido en la cabeza que hoy no tenía que trabajar. Después, cuando volvía a casa en el metro, no ha podido evitar sentir remordimientos, pero la verdad es que enseguida la asaltaba la vena rebelde y lo mandaba todo al cuerno. ¿Y sabéis lo que va a hacer el último día, que presumiblemente será el día 30? A continuación os lo detallo. Atención: - Sonia llega a las 15:00, más o menos. - 16.00 Sonia no está haciendo ni el huevo. - 17.00 Sonia está contenta, porque deja toda esta mierda. - 18.00 Sonia se va a tomar un par de güisquis a la cafetería para celebrarlo, y va a dejar de sonreír al camarero cansino, que la llama “pitufina” y que siempre la está contando rollos para hacerse el gracioso. Le va a decir que cierre de una jodida vez su bocaza. Y se va a quedar a gusto. - 18.30. Sonia ya va como una cuba. Sube al vestuario y le dice a todo el personal que se vaya al carajo. Se pone violenta, está fuera de sí, nunca nadie la había visto así, y entre todas las enfermeras, que están menopáusicas pero que no por ello han perdido su fuerza bruta, la reducen y la llevan como pueden a la sala de extracciones. La ponen un tranquilizante y llaman a un tipejo de seguridad, por si no le ha hecho efecto el tranquilizante y Sonia se rebela y enloquece de nuevo. Después, llaman a su jefe para que vea lo que está pasando y pague una indemnización por los daños físicos y personales causados. - 19:00 Llega el jefe e informa a Sonia, (que ya más o menos se ha recuperado), de que va a utilizar el dinero de su finiquito para indemnizar a las pobres enfermeras, porque aseguran que no se habían visto en otra igual. Pobrecitas, lo que tienen que aguantar. - 20:00 Sonia vuelve a su casa en metro. Nadie llama a su familia para que vaya a recogerla. Y el jefe tampoco se atreve a llevarla a casa. Qué poca consideración. Podría coger un taxi, pero se ha gastado todo el dinero que tenía en güisqui. Entra al metro y se sienta al lado de un tipo que huele a flores, a flores muertas, y como tiene el estómago revuelto por todo el güisqui que ha ingerido, y está desfasada por los acontecimientos que han tenido lugar, no puede evitar que le dé una arcada importante, y vomita allí mismo, justo antes de llegar a la estación de Plaza de Castilla. Tiene que ir todo el camino soportando las muecas de asco de los demás viajeros. Y además, el tipo que huele a flores muertas la grita por haberle vomitado encima. Pobre Sonia. Le convenía ese trabajo. Quizá nunca debió dejarlo… Hey Bungalow Bill, what did you kill, Bungalow Bill?![]() Vaya vaya. Está la cosa muy mal. Hoy os voy a deleitar con una serie de ideas y de hechos un tanto absurdos, ¿vale? Bien, perfecto, estoy viendo claramente vuestra sonrisa de satisfacción. Sí, lo sé. Ya sé que me adoráis. Os lo agradezco con todo el corazón. Y sois unas personas maravillosas. Os quiero. (Quien haya visto Scoop se reirá de esto, y quien no, se reirá de mí, que es lo mismo). Por cierto, a quien sepa decirme de dónde he sacado el título del post que puse ayer, le doy un beso, o un trabajo, si lo prefiere. Hay donde elegir, pero yo personalmente os recomiendo el trabajo antes que el beso, porque estamos hablando de un trabajo que es la hostia. Si alguien os cae un poco mal y os queréis vengar, o algo así, podéis ofrecerle mi trabajo. Ahora, que si os cae bien no se lo digáis, a no ser que sea un poco masoca, claro, y le guste ser el centro de atención y que le rehuyan. Bueno, la verdad es que al final le estoy cogiendo gustillo a mi nuevo trabajo. Entro a las salas de espera y doy cuatro voces, todo el mundo me mira. Soy como los yonquis que entran al metro a contarte su historia. Soy el centro de atención. Me gusta ver sus caras. Algunos parece que se sienten intimidados. Es gracioso, cuando menos. Me lo paso bien, y me gusta estar siempre con la adrenalina al 100 %. Pero cada vez me pongo menos nerviosa, porque quizá voy por ahí como poseída. Cada vez que veo a alguien, le abordo y se lo digo, y a todo el mundo le digo lo mismo, de la misma forma. Con la misma cara de no sé qué. Y hoy, si hubiera querido, me habría ligado a un joven anglosajón muy aparente, que estaba solo en una sala de espera, y que se ha empezado a descojonar cuando le he contado todo el rollo de donar sangre. Yo he debido de poner cara de: “vamos a ver, ¿qué está pasando, de qué narices te ríes?”, y enseguida me ha dicho que no entendía muy bien el español. Entonces, para no hacer el ridículo diciéndoselo en inglés, le he dado el folleto, y he hecho como Antonio Alcántara en Cuéntame cuando hablaba con el novio inglés de la hija, Mike, o no sé qué, y levantaba el tono de voz y le hablaba como si fuera tonto: “Es para donar sangre. Allí, (y señalo con el dedo a no sé dónde).” Pero, a pesar de todo, el tío me entiende, y dice: “¿y si quiero ir hoy qué pasa?”. “Pues nada hijo, qué va a pasar, con que vayas antes de las 9…”. Y todo esto el tío sonriéndome. ¡Qué majo era! No, si ahora que dejo el trabajo voy a ligar y todo, y además me han dicho mis queridas enfermeras que está yendo más gente desde que ha cambiado el sistema. No lo entiendo. Luego, después de mi agotador recorrido por las salas de espera y demás, he ido a la cafetería a tomarme un café con leche y una napolitana de crema. Hoy me he sentido una trabajadora en toda regla, que llega a su hora, a las 15, y a las 17. 30 hace un descanso (un merecido descanso) para tomar algo. Mi camarero preferido me recibe con las curiosas palabras: “¿Qué quieres? ¿Un café con leche? Pero no pongas esa cara, mujer, no te enfades por tener que venir a trabajar”. Joder, ¿qué cara llevaré? Si lo dice este camarero que es jodidamente listo (y al cual no voy a describir físicamente porque sería bastante cruel por mi parte), tengo que llevar una cara de seta y de asco impresionante. Sí, la verdad es que cuando abordo a la gente y les digo lo de donar y eso me miran con cara de pena, o de compasión, o de ternura, o de yo qué sé. En fin, qué cosas. Os dejo por hoy. Me voy a hacer nada un rato. She was a working girl... ¡¡Hoy he dejado el curro!! ¡¡Yuujuuuu!! Ayer estuve mirando con mi hermano el contrato y, al parecer, no voy a tener paga de Navidad. Qué poca consideración. Así que en diciembre me voy a un periódico, que me han contratado. Que lo sepáis. Y este viernes no voy a ir a trabajar porque voy “a hablar con ellos”, con esos entes invisibles, inexistentes, que me han contratado. Porque sí, porque me apetece. Y a partir de diciembre voy a hacer como Homer en la foto. En fin, que les den, y ya está. Pues nada, he aquí mi epitafio: “pues nada” o “en fin”. Jejeje. Bueno, os dejo ya de deleitar por hoy con mi gran sintaxis, tranquilos. No puedo seguir dándolo todo Creo que me voy a volver loca. Hoy he estado 12 horas fuera de casa. Y después de todo lo que os conté ayer. El nuevo sistema para conseguir donantes es una mierda. Mi nueva coordinadora me ha puesto un "planning" para que, desde las 15 horas vaya planta por planta diciéndoselo a la gente y apuntando en un papel a cuántos se lo he dicho y en qué zona del hospital se lo he dicho. Me he asqueado tanto, y estaba tan aburrida, que me he puesto a escribir allí en una hoja un post para publicarlo ahora aquí. Pero no me apetece transcribirlo. Bueno, el caso es que todo el mundo me ponía alguna excusa para no poder ir a donar. Joder, ¡así te desanimas! Se te quitan las ganas de seguir abordando a la gente: que si están tomando antidepresivos, que si no pesan más de 50 kilos, que si no hablan mi idioma, que si están constipados tomando paracetamol, que si tienen anemia, la tensión alta... ¡Por dios! No puedo más: no puedo con las clases, con los madrugones, con tantos viajes en metro, con este trabajo, ¡no puedo! Y luego llega el fin de semana y, como es normal, quiero salir. Así no puedo descansar. Si este fin de semana no he enfermado, o no lo hago en los próximos días, es que tengo una salud de hierro, sin duda. Había pensado dejar el curro después de Navidad, para cobrar la paga extraordinaria, pero no sé si seré capaz de aguantar un mes y medio más. Y encima con tanta presión, con tanto control. Tengo demasiadas cosas en la cabeza, últimamente lo pienso todo muy rápido, se me agolpan los pensamientos y mis reacciones ante todo lo que me está ocurriendo, no me da tiempo a valorar, a asimilar, a dar importancia a las cosas. A veces no sé quién soy, estoy perdiendo la noción de todo, no sé con quién he hablado de qué, ni qué tengo que hacer, qué es lo que tengo que hacer para el día siguiente, qué tengo que comprarme, aún no tengo agenda, se me olvida todo, no sé qué está pasando en mi vida, no sé qué está pasando en el mundo. No sé lo que escribo aquí. Es como si estuviera siempre drogada, o ausente. Sí, creo que me voy a volver loca (si no lo estoy ya). Estoy desfasada![]() Vaya fin de semana. No he parado. Pero en el fondo, aunque esté increíblemente cansada, prefiero esto a haberme quedado en casa resacosa y depresiva (porque aunque no tenga motivos para deprimirme, los domingos a veces me asquean un poco). Ayer salí otra vez, pero sólo estuve hasta las 3 y en plan light porque fui al cumpleaños de mi cuñada, y estaban mi hermano y sus amigos treintañeros. Esta mañana ha sonado el despertador a las 10, ¿por qué a las 10? Porque me he pirado a Toledo con A. para hacer una entrevista. ¿A quién? (joder, qué espesa estoy) una entrevista a una mujer cuenta cuentos que tiene parkinson. ¿Qué curioso, no? (pensaréis). La verdad es que nos ha parecido una persona muy interesante. Nos dio la idea de hacer esta entrevista el profesor de Periodismo Literario, porque cada semana tenemos que llevar una crónica y leerla para todos, aunque si no la tienes puedes hacerte un poco el longuis en plan “me estoy documentando, todavía no puedo escribir nada, bla bla bla”. Este viernes, en efecto, nos hemos escaqueado, pero el próximo día ya tenemos que llevar algo y leerlo. He decidido que me tomaré una tila antes de ir, si es que tengo tiempo de tomármela, claro. El año pasado, cuando estaba en Radio Complutense, descubrí que tomarme un café antes de empezar el programa era claramente contraproducente, y entonces empecé a tomar tilas. Es lo mejor que pude hacer, porque a partir de entonces hice unos programas que eran la leche. ¡Estaba orgullosa de mí! Bueno, me estoy yendo del tema. A lo que iba: que acabo de llegar y no me apetece escribir más. No sé si estoy resacosa o es mi estado natural de fin de semana y mi cuerpo ya se ha acostumbrado a ello. Sin embargo, hay momentos duros, momentos en los que se me va la cabeza o me doy cuenta de que me duele la espalda o algo así. Tengo mucho sueño. A ver si me duermo pronto...aunque ¡mañana tengo clase a las 8! Y no voy a faltar porque yo lo doy todo. Ésta ha sido la frase del fin de semana: el viernes lo di todo, fui a clase (siendo puente y yendo 15 personas), fui a currar pronto (a las 16) para escaparme pronto e ir a Periodismo Literario (de 18 a 20 horas). Después fui al cine a ver la de Woody Allen. A continuación, a cenar, y luego, por ahí a darlo todo también hasta las tantas. Total, que estuve 24 horas despierta. Me acuerdo de que cuando acabó el cine ya me quería ir a casa porque no podía más, ¡pero al final acabé dándolo todo! Ayer fue un poco más tranquilo, y aún así no pude reponerme. Y hoy… hoy íbamos sólo a hacer la entrevista, pero al final nos hemos pateado Toledo. Además, yo iba cargada con mi gran cámara de fotos Canon, analógica y súper profesional (jejeje). Prefiero las cámaras analógicas (será porque no tengo digital) y también prefiero sacar libreta y boli en una entrevista antes que sacar sólo la grabadora. Bueno, la verdad es que ésta ha sido una de mis primeras entrevistas un poco en serio, y creo que nos ha salido bastante bien. No era en plan “yo pregunto y tú contestas”, sino una especie de conversación más informal. A. llevaba un guión de preguntas para hacer, y además anoche se estuvo documentando sobre el parkinson y tal. Pero yo casi no me había preparado nada. Soy lo peor, aunque también hacía preguntas que se me iban ocurriendo sobre la marcha o que se la olvidaban a A. Además, primero la estuvimos preguntando cosas sobre su vocación, sobre los cuentos que cuenta (y valga la redundancia) y tal. Pero avanzaba la entrevista, llevábamos media hora (o más), y ¡aún no la habíamos preguntado nada de su enfermedad! (Es decir, cómo la influye eso en su profesión, y demás). Yo veía que A. no estaba muy por la labor de preguntárselo. Nos daba reparo, pero al final, intentando no dar importancia a la pregunta y sin faltar al respeto, se lo solté yo. Bueno, tengo que hacer la crónica para el viernes, y la entrevista en plan pregunta-respuesta, para el jueves, porque la vamos a incluir en una revista que tenemos que hacer para Periodismo Especializado. No sé cómo coño la vamos a maquetar. Confío en un tipo de nuestro grupo que tiene el programa de ordenador y lo sabrá hacer. (Joer, me voy del tema un huevo, menos mal que tropecientas líneas más arriba he dicho que no me apetecía escribir, que si no…) En fin, ahora sí que os dejo, que voy a cenar y espero meterme pronto en la cama. Mañana tengo que comer en la facultad para llegar puntual a la mierda de mi “nuevo” trabajo. A ver qué tal… Hasta mañana. La estética de la decadencia![]() No voy a hablar de la noche de ayer. No tendría tiempo, ni sabría por donde empezar. Además, no tiene nada de interesante. Bueno, sí, sí fue interesante, fue instructivo. Y no me lo pasé mal. Pero sólo puedo utilizar una palabra que lo resume todo: decadencia. - Canción del día: I am trying to break your heart, Wilco. Estoy desbordada![]() Ayer debería haber escrito por la noche. Si hubiera tenido tiempo, fuerzas y ganas. Sí, en ese caso quizá lo habría hecho. Fue muy fuerte lo de ayer. A todo lo que escribí a mediodía, a toda mi incertidumbre sobre “el nuevo trabajo”, añadidle el malestar que te puede producir el que tus “compañeros” de trabajo te hayan delatado. Menuda panda de perras, envidiosas, traidoras. Ellas mismas han hecho gala de su incoherencia manifiesta, de su absurda manera de contradecirse. No se puede ser más cutre. Nunca se me olvidarán aquellos días en los que me animaban a llegar tarde, a no tomarme en serio mi trabajo, a no perder mi tiempo de estudiante, en fin, a vivir. Pero ahora las cosas han cambiado. Yo he seguido haciendo lo mismo que en verano, llegando a las mismas horas, siguiendo la misma rutina. Pero como últimamente mi trabajo no estaba dando los frutos que daba antes, hay que achacarlo a algo, y hay que echarle la culpa a alguien. Ni antes ni después de la reunión me dijo nada. Lo prefiero, hubiera sido mucho peor en persona. Puede que incluso hubiera acabado haciendo pucheros. Sí, lo reconozco, soy una ñoña. Pero por teléfono me defendí. Además, mi jefe, inexplicablemente, ha depositado cierta confianza en mí que siempre me demuestra cuando tiene ocasión. “Oye Sonia, se me ha pasado decirte una cosa esta mañana. Se han quejado de que últimamente llegas tarde, pero no un poco tarde, sino muy tarde”. (Aquí se pone muy serio y eleva el tono de voz. Estoy acojonada, me limito a guardar silencio, porque me corta cada vez que intento articular una palabra, pensar rápidamente una excusa mientras empiezo a decir algo). Y prosigue: “Me han dicho que llegas alrededor de las seis, y que entre que te cambias y tal, te dan las seis y cuarto, y yo te estoy pagando como si llegaras a las tres. Entiendo que estés estudiando y tal, pero esto no puede ser. No sé si será verdad o no lo que dicen las enfermeras; yo confío en ti. Además, como ha bajado el número de donantes, se aburren, están más quisquillosas, y tienen que achacarlo a algo.” Aquí ya me deja hablar, y me defiendo alegando que he llegado a las seis un par de días, porque no he podido, y que a veces las enfermeras ni siquiera me ven llegar, y empiezan a hacer elucubraciones. Además, le aseguro que yo sigo haciendo lo mismo que antes, y que la gente no irá a donar por el mal tiempo, o por lo que sea. No me atrevo a decirle que ellas mismas me han sugerido que no llegue nunca a las tres, sino a las 6 o así y que esté un ratillo. Después de la “bronca”, me fui, traicionada y desarraigada, a gorronear un bocadillo a las salita de enfermeras. ¡Que se jodan! Quiero comerme, quizá, mi último bocadillo, y quiero verlas la jeta, hacerlas sentir mi incómoda presencia, ¿se atreverán a mirarme a los ojos?, ¿intentarán hacerse las simpáticas? ¿Me seguirán reprochando que no haya donantes? Voy a la salita y no hay nadie. En el fondo lo prefiero, pero a los cinco minutos llega una. Sí, es ella la que me ha delatado: su desagradable gesto, la curiosidad que últimamente estaba despertando en ella, su inquisitiva mirada. Sí, todo ello me lo estaba presagiando, intentaba alertarme, y yo no supe cómo hacerme cargo de esa acertada premonición. Anoche llegué a casa a las 12, estaba terriblemente cansada, había estado tomando algo, intentando desconectar, pero cuando me metí en la cama, no me podía dormir ni a la de tres. Mi cabeza no dejaba de analizar, de evaluar, de dirimir. Tampoco conseguía desprenderme de esa mala sensación, de ese sentimiento de desazón, de desasosiego. Estaba apesadumbrada. Algo no me convencía de todo eso, de todo lo que había ocurrido a lo largo del día. Sí, hay algo malo en el ambiente, propiciado sin duda por esa absurda reunión, ese subdirector prepotente, ese nuevo trabajo que voy a tener que desempeñar, mi jefe y su bronca, las menopáusicas traidoras… Me imaginé dejando el trabajo, mandando a todos al carajo, olvidándome para siempre del hospital. Me imaginé una tarde de lunes, saliendo de la facultad y llegando a casa a las 14. 30, poniéndome un pijama o un chándal, desmaquillándome para estar toda la tarde en casa, soltándome el pelo; merendando todas las veces que quiera, tomando café y pastas, leyendo tranquilamente en mi habitación, llevando al día los apuntes. Me imaginé hacer esto durante un mes. Y luego, buscar otro trabajo, cambiar de aires. Sí, cambiar de aires. No tener que aguantar más todo esto. Creo que lo dejaré el 1 de diciembre, tendría que informar ya a mi jefe, con quince días de antelación. Lo tengo claro. Sí, es lo mejor que puedo hacer. Cuando por fin llegué, decidida, a esta resolución y me convencí de ella, me quedé dormida. Creo que soñé algo agradable. Bendita anarquía![]() Vaya mierda. Creo que se me acabó la buena vida en el curro. Hoy he tenido una reunión con la dirección del hospital, y es que va a haber una serie de cambios. Ahora os cuento esos cambios. En la reunión estábamos: la chica que va por las mañanas, mi jefe, el subdirector del hospital, y yo. Ahora ya no vamos a depender de Donantes, ni nos va a “controlar” la supervisora, sino que vamos a estar dirigidos (y nunca mejor dicho) por la dirección del hospital. Ya no vamos a ser azafatas, sino “promotoras”, y vamos a llevar una tarjeta de identificación. Ya no vamos a hacer megafonía, porque, según el tipejo ese, es ilegal. Sólo se puede hacer cuando hay una urgencia. Además, dice que a la gente lo que decimos por megafonía le entra por un oído y le sale por otro. “Al donante hay que ganárselo, hay que convencerlo”, enfatizaba el subdirector esta mañana. Entre el dolor de cabeza que tenía, y las paridas que estaba oyendo, la situación, en vez de incomodarme, me parecía incluso graciosa. Ahora estoy asimilando todo esto en su gravedad. A partir del lunes voy a tener que ir habitación por habitación, viendo a los pacientes e intentando convencer a sus familiares para que vayan a donar. “¿Y no molestaremos así a la gente?” le replico al subdirector. “Nooo, no, no, porque tú no vas a venderles churros, tú vas a hacer tu trabajo, que es importante, y es para el hospital”. (Venga que sí, majo). Lo peor de todo también es que el tipo se ha flipado tanto que hasta nos ha dicho que nos va a llevar por las facultades de medicina y enfermería para entrar en las clases y convencer a los alumnos para que donen. He creído entender que la charla de dos minutos la suele dar él, pero esto me ha acojonado sobremanera. ¿Pero qué se ha creído? Cuando nos ha preguntado que a qué hora veníamos a trabajar, como estaba mi jefe delante, he tenido que decir que a las 15. Lo bueno (por decir algo) es que nos vamos a seguir cambiando en Donantes, y quizá eso nos siga permitiendo cierta anarquía; aunque supongo que a primera hora habrá que pasarse por allí, porque cada día hay que “reunirse” para ver si la cosa va funcionando. No entiendo cómo a la chica de por las mañanas estos cambios le han parecido cojonudos. El jefe también ha salido contento de la reunión, e incluso nos ha dicho que si la nueva estrategia funciona, al año que viene nos sube el sueldo. Yo no sé qué va a pasar. Con deciros que ya estoy pensando en dejar este curro… Bueno, haré noviembre entero, sea como sea, y de todas formas la semana que viene ya veré qué tal. A lo mejor todo sigue más o menos igual, porque esta gente que se marca objetivos tan altos y se flipa tanto, al final acaba pasando un poco del tema. ¡Quieren 50 donantes al día!, pero ¿qué se creen? ¿Que vivimos en el país de las piruletas y los algodones de azúcar? En fin, qué fuerte. ¡Ah! Se me olvidaba, me pregunto qué voy a hacer ahora los viernes para escaparme y poder ir al cursillo de periodismo literario. Me hace una gracia… Y es que yo no tenía ni idea de que hoy tenía lugar esta maldita reunión Por cierto, aún no he encontrado la cartera y ya no creo que la vaya a encontrar. Vaya días tan emocionantes que estoy teniendo últimamente. Siempre me pasa algo nuevo. ¡Qué diver! ¡Así nunca me aburro! ¿Dónde andará mi pobre cartera?![]() Con razón decía yo que me pesaba poco el bolso… Sí, sabía que algo faltaba, y no era el paraguas. Ocurrió durante la partida de mus. Sí, estoy segura. Yo iba con “el bukowskiano” y nuestros contrincantes eran Quino y un amigo suyo. Atenea no jugaba, no sabe. Por ello, estaba sentada en la mesa de al lado con unos desconocidos y con otro amigo de Quino. En esa mesa habíamos dejado los abrigos y los bolsos. Como Atenea a veces se aburría, se levantaba para ver cómo jugábamos. Sí, estoy segura, el hurto tuvo lugar en uno de esos momentos en los que Atenea estaba en nuestra mesa. Se acercaba y me preguntaba qué tal iba la partida. ¿La partida? Pues fatal: gracias a las pésimas cartas que nos entraban, a las caras que ponía yo cuando me entraban buenas, y a las señas que no nos hacíamos, perdíamos siempre. Qué torpes. Yo intentaba poner cara de póquer las raras veces en que cogía más de dos reyes, pero, por lo visto, “se me veía a la legua”. En fin, qué triste. Yo sólo sé jugar al mus cuando tengo una buena jugada, porque casi nunca voy de farol, y aunque hoy he hecho un par de amagos, no me atrevía mucho por si la liaba y el fan de Bukowski se enfadaba (aunque no tenía pinta de enfadarse por algo así, pero bueno). Pues bien, lo que os decía, que como yo estaba completamente concentrada en que me entrara una buena mano de cartas, no advertí, por otra parte, la jodida mano que se estaba introduciendo en mi bolso para agenciarse mi pobre cartera. Porque, si una cosa es mi cartera, es pobre. Hoy debía de llevar diez o doce euros. Si me la hubieran robado ayer, el cabreo habría sido aún mayor, porque llevaba bastante más. Hay que mirar el lado bueno, ¿no? En fin, qué triste. Después de comer, cuando reparé en la pérdida, me fui otra vez a la facultad para ver si, por si un casual… estaba allí. Pregunté a los camareros, y me dijeron: “Pues sí, aquí hay una cartera…” Mi rostro se ilumina al instante, pero… ¡cuán es mi pena cuando veo que no se trata de la mía! Cómo me hubiera gustado ser la dueña de esa simpática cartera rosita, y no de la jodida desaparecida verde y marrón. En fin, mañana volveré a preguntar, (aunque hoy tampoco estaba en conserjería). Tengo la esperanza de que el h. de p. que ha cogido la cartera, la devuelva con aquello que no le interesa en absoluto. El caso es que dos horas antes de la partida de mus, tenía la cartera, y después me fui a clase. Mientras jugábamos al mus, no la saqué para tomarme nada. Pasé completamente de mi bolso, pensando que estaba controlado en la mesa de al lado. Vaya misterio. Si mañana no la encuentro, tendré que ir a comisaría, qué pereza. En fin, os mantendré informados P.D. Querido Blog: Espero que me perdones algún día por lo que te hice ayer. Me siento como si te hubiera arrancado un brazo, una pierna… en cualquier caso, una importante parte de ti. Ahora ya nada tiene sentido, pero intentaré dar un nuevo sentido a la nueva situación que he creado. Es preciso mirar al futuro. Las palabras se las lleva el viento, pero ¡tú, tú, tú no te llevas nada! A veces pienso que no eres más que un cretino que se ha entrometido sin permiso en mi vida... Bueno…, lo siento, perdóname, siento todo esto, pero la verdad es que ya no podía más. Últimamente, en vez de dominarte yo a ti, (como debería ser) era a la inversa. ¿Por qué me haces pensar que todo lo que no esté en ti no está en mi vida? ¿Te crees acaso más importante que yo? No puedo permitir que lo seas. Pero te quiero tanto, te quiero tanto que a veces te odio, y te dejo actuar libremente. ¿Para qué luchar contra ti? Sólo espero que a partir de ahora hagamos cierto esfuerzo por mantener una coexistencia pacífica. Yo, por mi parte, prometo no volver a avergonzarme de ti. ¿Y tú, tú qué vas a hacer? Espero que me vayas contestando a esto con el tiempo, y me conformaría con que tus respuestas fueran superficialmente satisfactorias. Nada podía fallar Nada podía fallar, y yo pensaba que todo había salido bien, hasta que me di cuenta de que me había dejado allí el móvil. Dios, qué torpe. Después de eso no me quedaba otra que volver al lugar del crimen. Pero, ¿cuándo volver? ¿En ese mismo instante, evitando así alejarme cada vez más de mi preciado teléfono y por otra parte arriesgándome a no llegar puntual a mi siguiente destino? ¿O debería volver al día siguiente por la mañana, sin que me viera nadie y exponiendo mi móvil a pasar allí la noche del viernes? Después de darle vueltas a todas las opciones posibles, decido ir esa misma tarde antes de que cierren, antes de las 22 horas. Entonces, intento relajarme, cerrar los ojos y no mirar el reloj. Tengo que estar a las 18 horas en Plaza de España, en la clase de Periodismo Literario. Es mi primer día, y no debería llegar tarde, pero habiendo tenido que escaparme del trabajo a una hora peligrosa, es quizá inevitable. Tuve que ingeniármelas para engañar al personal y no levantar sospechas: salí por la puerta con el uniforme puesto y una bolsa del Corte Inglés en la mano que contenía mi ropa y mi bolso. Justo al salir de allí y antes de entrar al metro, con el paraguas en una mano y la bolsa en la otra, me quité como pude la chaqueta, y así me escapé. Llego a clase cinco minutos tarde, acelerada, acalorada, nerviosa y con un sentimiento de desdén por haber olvidado allí el móvil y por tener que recuperarlo. Entro como un elefante en una cacharrería, con el paraguas, con el mp3, con la bolsa, y me quito la chaqueta, el foulard, y saco de la bolsa una carpeta, un boli. Silencio. Todo el mundo está sentado, y tranquilamente, me observa. Pasan diez minutos hasta que me repongo. El profesor habla a los alumnos, son diez, pero al principio parecían más. Se cerciora de que yo soy yo. La gente participa. No todos son jóvenes. Hay personas de todas las edades. Les miro, miro al profesor, después no sé hacia dónde mirar. Estamos sentados alrededor de una mesa cuadrada. Me costó visualizar un sitio. Pero ya estoy aquí. No pasa nada. No hago más que intentar arreglarme el pelo, mientras escucho al profesor. (Escribo así porque me estoy leyendo “El Amante” de Marguerite Duras. Ayer me apetecía escribir así. Hoy lo hago. Es divertido.) Termina la clase. A. me acompaña al trabajo a por el móvil. Se lo cuento todo. Se ríe. Yo también. Sigo acelerada. Sólo quiero sentarme, tener mi móvil, una cerveza, encima de una mesa. Acaba la noche. He tenido mi móvil, una cerveza, encima de la mesa, y he tenido que contar algún secreto. Aún no los he contado todos. Soy más misteriosa de lo que pensaba. Sí, lo soy. Paradojas- Canción del día: Poor Places, Wilco. - Frase del día: " Leer un periódico equivale a leer una novela cuyo autor ha abandonado toda idea de una trama coherente", de Comunidades Imaginadas: Reflexiones sobre el origen y la difusión del Nacionalismo, Benedict Anderson. Una obra de arte![]() Jo, un día más que no me toca no escribir. Parece una enfermedad, pero si es así, espero estar enferma durante mucho tiempo, porque puede que, igual que ahora no puedo parar de escribir, llegue un día en que de repente deje de hacerlo. Es muy fuerte, porque la mayoría de las veces, según voy en el metro o andando hacia mi casa me empiezo a imaginar el post en mi cabeza. Veo claramente la estructura, y hay algo que no me deja olvidarme de las cosas que quiero decir y de cómo las quiero decir. No mentiría si os dijera que algunas veces me arrepiento de ciertas cosas que escribo, pero aunque me diga a mi misma una y otra vez. “no escribas, no escribas así”, llega el momento de no hacerlo, ¡y lo vuelvo a hacer! La verdad es que no sé qué me pasa últimamente, pero no puedo dejar de escribir y de escuchar música (cuando se me olvida el mp3 o se me acaba la pila, ¡es un verdadero trauma!). Leer, últimamente leo menos, porque los pocos ratos que tengo libres… ¡me los paso aquí delante! Joer, la que me ha caído es buena. Por cierto, hoy he tenido un buen día, exceptuando el momento en que he tenido que soportar a las enfermeras menopáusicas del hospital. ¿No se dan cuenta de que todos los días tenemos la misma conversación?: Ellas: - “Qué, ¿no hay gente hoy en el hospital? Es que aquí no viene ni cristo”. Yo: - “Sí, no sé, como siempre, pero ahora vendrán, porque acabo de terminar la ronda”. “Pues a ver si vienen”. “Eso, a ver si vienen.” Siempre lo mismo. Pero lo curioso es que cuando van muchos donantes gracias a mí, se quejan porque no tienen tiempo para tomarse un café o fumarse un cigarro. Lo que digo: cuando van, porque van; y cuando no van, porque no van. El caso es quejarse y echar la culpa a alguien. En fin. Por la mañana he vivido momentos más agradables. He conocido a alguien de quien me han estado hablando mucho estos días.... Ya tenía ganas de conocerle, porque por lo visto es muy majo, pero hoy he visto que, además… es… es… es... adorable. No tengo palabras. - Canción del día: Have you Seen Her (his) Face? -The Byrds- Una tarde friki en Madrid![]() ¡Vaya tarde la de ayer! Sobre las 16 horas me llama A. para ver si voy con ella y Q. a ver la exposición de Gustav Klimt. Por lo visto, también va un amigo de Q., así que yo no iría de candelabro. Ante la oportunidad de hacer algo cultural y de conocer gente nueva, decido ir a ver la exposición. Yo no sé mucho de arte, así que no suelo comentar nada para no parecer pedante y para no meter la pata ante personas que sí saben. Cuando me entero de que el “acompañante” acaba de terminar la carrera de Historia del Arte y cuando veo que Q y A empiezan a comentar los cuadros en plan eruditos, pienso “¡Tierra, trágame!”. Al final no fue para tanto, pero lo pasé un poco mal cuando me preguntaban qué me parecían los cuadros. Después de ver la exposición fuimos guiadas a una cafetería de lo más lujosa. Ahí ya estuvimos hablando de temas más mundanos y me sentí un poco mejor. Por lo visto, el tipo de Historia del Arte ha expuesto su obra en el Escorial, y además conocen a bastante gente de allí (que yo en principio no conozco). La verdad es que Q. no está tan loco como me pareció el día de la escena de la patada al móvil. Además, dice que no se acuerda de ello porque iría con alguna cerveza de más. Bueno, el momento más friki fue cuando empezaron a hacer chistes que calificaban de “culturales”. Y cuando hablaban ellos tres de garitos de Madrid en los que se toca jazz y demás, yo me sentía un tanto desplazada. Sin embargo, la cosa cambió un poco cuando nos fuimos al Centro porque el tipo de Historia del Arte quería ir al Fnac a comprarse un disco. La verdad es que este tipo iba completamente a su bola. Y a mi bola estuve yo también en el Fnac cuando vi que A. quería ir a la zona de jazz y de música clásica, Quino a la zona de libros, y el de Arte… Bueno, no sé dónde coño fue el de Arte, pero yo me fui sola a rock internacional a mirar mis discos. Después, el artista se fue a su casa porque decía que estaba cansado, así que como después del momento Fnac los demás queríamos tomar algo, nos fuimos a un libanés que estaba cerca de Plaza de España. Ahí continuaron las conversaciones que giraban en torno a Cine, Arte y Literatura. (Siempre me gusta encontrar gente culta e interesante, pero después, cuando te ves en esas circunstancias, dices: “dios, ¿qué es esto? Este ambiente va a acabar por volverme loca”). Sin embargo, en estas conversaciones me empecé a desenvolver un poco mejor, llevándolas a mi terreno: Camus, Bukowski, literatura francesa… Y al final acabamos hablando también de profesores y de cosas menos culturales. La verdad es que me lo pasé bastante bien. Una tarde de octubre en Madrid![]() Ayer tuve un día un tanto ajetreado. Por la mañana, fui a clase; por la tarde, a trabajar, y luego fui a “conocer” el taller literario al que va mi compañera Atenea; porque me voy a apuntar con ella a un curso de Periodismo Literario que me ha dicho que está muy bien. Tenía que llegar a la Calle Marqués de Leganés, para lo cual fui desde Begoña hasta Plaza de España, y cuando salí del metro, no sabía si tenía que subir o bajar la calle San Bernardo para llegar al sitio en cuestión. Y como soy un poco masoca, ante la duda, decidí subir la calle. Cuando llevaba más de diez minutos andando sin encontrarlo, pregunté a varias personas que no me ayudaron en nada “¿Marqués de Leganés? Uy, eso suena antiguo, ni idea”. (A ver cretino, ¿Y a mí qué más me da que sea una calle de hace dos siglos? Quiero que me digas dónde está). Al final decidí bajar otra vez la calle San Bernardo y pregunté a un señor que sí me dijo por dónde quedaba, así que llegué sin mayores complicaciones. Le dije al profesor que me iba a apuntar para empezar la semana que viene, y se quedó con cara de “ah, pues vale”. Después fui con Atenea a tomar algo a un bar, y la verdad es que me lo pasé muy bien. Me sorprendió que bebiera cerveza, aunque ella me confesó que también la sorprenden algunas cosas de mí, porque damos una primera impresión equivocada. Y hablar de eso me hizo gracia. También nos estuvimos contando nuestras penas, hablamos de tíos, y nos sentimos identificadas en bastantes cosas. Me dí cuenta de que cuando hablo con alguien muevo mucho las manos, porque mientras la hablaba, no sólo me miraba a los ojos, sino que miraba mis manos cuando las movía. Debe de ser una persona observadora, pero yo me sentía como ese personaje de "Alguien voló sobre el nido del cuco" que cuando está hablando y se emociona empieza a mover las manos hasta que se da cuenta de ello y las esconde. Luego me fui a Moncloa porque mi amiga Mónica vino a verme sobre las 22.30. Hacía tiempo que no la veía y la estuve poniendo al corriente de todas mis movidas. El momento más reseñable de la noche tiene lugar a partir de las 00. 00 horas, cuando la estación de Moncloa y alrededores se empieza a ver amenazada por decenas o centenares de pijas con atuendo de payasos y por cretinos que esperan ligarse a esas pavas. Yo no sabía que los botellones ahora se hicieran directamente ahí, a las puertas de la estación de Moncloa. Porque, no es que solamente quede ahí esta gente, sino que acampa a sus anchas y, disimuladamente, le da a la cerveza o al güisqui que esconde en bolsas. Mónica y yo estábamos haciendo tiempo para que cogiera el bus de vuelta. Lo mejor, en estas circunstancias, es escuchar y observar. No entiendo cómo a los tíos les pueden gustar este tipo de pavas. Bueno, los tíos a los que les molan por lo general no suelen merecer la pena. Así que no me preocupa demasiado. No sé si a alguien ya se le habrá ocurrido el mismo término para calificar la forma de vestir actual de las jovencitas, pero ayer a mi se me ocurrió que se las podría denominar “las mujeres-escaparate”, porque ¡llevan de todo!, y si pudieran, si pudieran, llevarían aún más cosas. Por supuesto, todas van con minifalda, y algunas con pantalones debajo de la falda. Por supuesto, todas llevan tacones porque son unos jodidos retacos (sí, odio los retacos, ¿qué pasa?) Van también con cinturones enormes y brillantes, con maxi bolsos, y con muchas, muchas, muchas pulseras. Del maquillaje y de los escotes mejor no hablamos. La mayoría no tiene ni puñetera idea de darse los potingues, aunque suele seguir la máxima de “cuanto más, mejor”. En mi opinión, eso las hace parecer mucho mayores de lo que son, y eso no mola nada, ¿no? En definitiva, más que Moncloa, aquello parecía la Casa de Campo, no me jodas. Pero tengo para todos. Ellos, todos con “su polo hiper guay de Ralph”, van también muy guapos. Lo más curioso que pudimos apuntar Mónica y yo de esta atenta observación es que ahora hay engendros que quieren ir de raperos pero sin renunciar a su condición de pijos. Y de las conversaciones que mantienen, tanto ellos como ellas, mejor no hablamos. Es para pegarse un tiro. Después, en el viaje en metro de vuelta a casa, también pude ver de todo. De Moncloa a Callao, más de este espécimen de gentuza: alocados, visten con colores llamativos: amarillo, rojo, blanco; borrachos, simples y maleducados. Y de Callao en adelante, bohemios que visten con colores sobrios: marrón, verde oscuro o negro. También irán borrachos, pero muestran una actitud mucho más pacífica, y están tranquilos y relajados. ¿De cuál de los dos grupos formo parte yo? Ni idea, quizá no forme parte de ninguno de los dos, y puede que eso, en el fondo, me haga ser más rara que todos ellos. En fin, esto ha sido todo en mi tarde de octubre en Madrid. Ya no estoy contenta![]() Puto profesor de Periodismo Especializado. Gracias a él, hoy también me estoy rayando y estoy pensando que quizá soy más mediocre de lo que creo. Gracias a él, también he acabado hoy discutiendo con mi madre en la comida. Y es que el tipo nos ha dicho que para aprobar la asignatura, aparte de hacer un examen y un trabajo en grupo, le tenemos que enseñar nuestra firma en alguna publicación. O sea, que hagamos alguna práctica, aunque sea en una empresa sin que nos paguen, y que si no encontramos nada en absoluto, mandemos una carta al Sr. Director de algún periódico contando nuestras penas para que así salga nuestro nombre en algún sitio. (Qué estupidez, ¿no?) Por otra parte, ayer mandé mi gran currículum a Europa Press, porque me han dicho que hace falta gente, pero como a la chica que está haciendo prácticas ahí no la conozco y mi intermediaria es un poco despistada y no la interesa el curro, lo he mandado por mail, aunque quizá habría sido mejor que lo hubiera llevado la chica en cuestión; pero de todas formas me da un poco igual, porque no me van a llamar. A raíz de este tema, hablándolo con mi madre, he hecho referencia a mi trabajo en el hospital, reconociendo que es cómodo y que hasta que no me salga algo de periodismo voy a estar ahí. Como mi madre tiene un problema, y es que no sabe utilizar las palabras adecuadas y que me da la sensación de que siempre habla con connotaciones peligrosas, me ha ofendido el que me haya dado a entender que yo no sé lo que es trabajar y que, por lo visto, en verano dije que quería dejar lo del hospital porque estaba cansada. No sé si lo dije, y si lo dije, no sería en serio. Es más, mis padres se sorprendieron cuando les dije que quería seguir trabajando durante el curso. Pero como mi madre tiene otro problema, y es que se la quedan ciertas cosas grabadas en la cabeza aunque para mí no tengan ninguna importancia y aunque ni siquiera me acuerde de cuándo las dije, pues ya la hemos liado. Quizá en el fondo no está pensando las cosas que yo creo que está pensando, pero debería ser más cuidadosa en la manera de decirlas porque más de una vez, una conversación absolutamente normal entre nosotras ha derivado hacia una especie de malentendido absurdo. A lo mejor yo también digo las cosas como no debo. O quizá, simplemente, nos cuesta entendernos, y debo ser yo quien haga el esfuerzo por entender, porque supongo que eso que dicen muchos padres: “yo a los 14 años ya estaba trabajando, así que tú no te quejes tanto, bonita” lo habréis escuchado alguna vez vosotros también, ¿no? (Y si no, es que vivís en la Casa de La Pradera, o que vuestros padres os tienen un tanto mimados, claro) A veces pienso que, aunque digan que los jóvenes somos lo peor, cada vez más intentamos entender a nuestros padres, porque cerrados son un rato, y les cuesta un montón ver las cosas desde otra perspectiva o dejar de basarse en las ideas que les han enseñado y que han creido durante toda su vida que constituían la verdad absoluta. En definitiva, a pesar de que a veces me queje de mi trabajo, reconozco que es un verdadero chollo, y sé de sobra que cualquier otra cosa es mucho más dura (aunque, por suerte, aún no lo haya experimentado, ya que no he tenido más trabajos que éste). Por cierto, el reloj de Blogia se ha vuelto loco. Ayer escribí por la noche, y pone que lo publiqué a las 15 horas. Y hoy, son las 16, y pone que son las 9 de la mañana. Que lo sepáis. Por cierto (2): se da la curiosa casualidad de que las fotos que he puesto de caricaturas de profesores, no pueden ser más fieles a la realidad; tanto la que puse de la profesora de literatura, como la que acabo de poner de éste. Son jodidamente clavados. Qué curioso. Un día feliz![]() Hola amigos. Dicen que las malas rachas y las crisis personales son los mejores momentos para la creación. Y hoy, que estoy contenta, por una parte me apetecía escribir para contarlo; pero cuando he llegado a casa he dicho: "bahh, paso". Y como veis, al final me he obligado a hacerlo, para demostraros a vosotros y a mí misma que también puedo escribir cuando estoy feliz y he tenido un buen día. Os preguntaréis por qué hoy estoy especialmente feliz. Pues la verdad es que no lo sé muy bien. Simplemente, me siento bien, sin más. Aunque quizá, pueda deberse (entre otras cosas) a que esta mañana, a pesar de haberme quedado dormida, he decidido ir a clase aunque llegara media hora tarde. El caso es que el otro día nos mandaron comprar un tipómetro y "El Mundo" del sábado para trabajar hoy con ello. Y en vista de que yo he cumplido religiosamente con mis obligaciones (me he gastado los 10 euros del tipómetro y me he acordado de comprar el periódico y de meterlo anoche en la carpeta) no podía quedarme en casa como una seta. Cuando he llegado, todo el mundo estaba midiendo noticias del periódico, y como el profe ya lo había explicado todo, yo estaba más perdida que Jiménez Losantos en un mitin de ZP. Sin embargo, no todo el mundo sabía cómo hacerlo, y al final, entre que el profe ha explicado algunas cosas otra vez y que una compañera me ha estado ayudando bastante, lo he entendido todo. Y esto es raro en mí, porque suelo ser bastante torpe para estas cosas. Por ello, puedo decir que hoy me siento especialmente orgullosa de mí misma. Además, hoy también he sido especialmente sociable, algo que últimamente brillaba en mí por su ausencia. Luego, en el hospital, como estaba contenta, me lo he currado un montón: he puesto la mejor de mis voces, y mis estimados oyentes, con una sonrisa afectuosa, se han dirigido a mí como no lo hacían desde hace semanas: "¡¡Te oímos todos los días!! Y por fin te ponemos cara". Así como otras veces les sonrío y a continuación tuerzo el gesto hastiada de todo, hoy me he sentido súper halagada. Pero me sentiría aún más halagada si me lo dijeran dentro de diez años siendo una auténtica profesional de las ondas. En fin, aunque hoy esté contenta, veis que mis desvaríos no faltan. Jejeje. Por cierto, hoy iba tan feliz, tan feliz, en el metro, que no me han entrado ganas de vomitar cuando he visto a la típica parejita besándose (a no ser que la pareja en cuestión hubiera apestado a estiércol, en cuyo caso sí habría vomitado). No, en serio, ahora ya no me da asco; ahora pienso: “¡qué bonito es el amor!” Aunque, por otra parte, también es muy bonito y gratificante ir sola por la vida y estar empezando a ser feliz. Crisis vocacional, existencial y profesionalHoy me he rayado muchísimo con el tema del periodismo. De hecho no pensaba escribir hoy sobre esto, porque me parece bastante personal y porque tengo tantísimas ideas en la cabeza, que no sé si seré capaz de expresarlas como se merecen. Mis rayadas han sido motivadas por varias causas, que se han unido para hacer que todo acabe inevitablemente por explotar. La clase de Periodismo Especializado ha sido la nota final del día. Al profesor de esta asignatura no le habíamos visto aún porque la semana pasada hubo fiesta y también hicimos puente. Pues bien, llega el tío y nos empieza a advertir, en un tono realista y poco esperanzador, sobre lo que será nuestro futuro profesional. En resumidas cuentas, ha dicho que uno no puede llegar a una redacción y decir “yo soy periodista”, sino que tiene que decir “yo soy periodista de algo” (deportivo, económico, cultural, de toros, del corazón, etc.). Por otra parte, yo esto ya lo sabía, pero no había caído en la cuenta hasta hoy de que no hago otra cosa que perder el tiempo. No he hecho otra cosa desde que empecé la carrera. ¿En qué me estoy especializando? La verdad es que no tengo ni idea. Seguramente me esté especializando en ser lo más triste. No sé si este año se habrán puesto de acuerdo todos los profesores, porque no hacen más que preguntarnos si hemos hecho prácticas, y nos aconsejan fervientemente que nos movamos y que busquemos algo porque si no nos vamos a comer los mocos cuando salgamos de la facultad. Y lo peor de todo es que cada vez conozco a más gente que está haciendo prácticas en algún medio o que las ha hecho, y yo me siento una pobre incompetente que no se preocupa por moverse ni por tener los contactos adecuados. Además, mi dejadez congénita y mi vaguería me impiden apuntarme de una jodida vez a algún curso de idiomas. Y estoy barajando la posibilidad de apuntarme también a algún cursillo de otra cosa para “especializarme”, porque la verdad es que no tengo ni puta idea de nada en profundidad, y con las optativas que se dan en la facultad (véase Literatura) no se aprende nada que no se sepa con anterioridad. En fin, como me he rayado tanto hoy, he decidido que a partir de ahora voy a invertir mi tiempo en mi formación y en mi búsqueda de trabajo,(sin dejar de lado mis rayadas otoñales y trasnochadas, claro) No sé quién es Bukowski y enseño Literatura![]() Cada día me sorprende más mi profesora de literatura. Hoy nos estaba dando apuntes sobre la cultura de masas y sobre los best-sellers; y ha hecho referencia a la literatura actual tipo Código Da Vinci, que, en su opinión, es una verdadera basura. Nos ha preguntado si lo hemos leído; pero nadie contestaba. “¿Lo habréis leído, no?, (silencio) ¿entonces qué leéis? (Silencio) ¿A Platón? (Silencio) Cuando parecía que nadie iba a decir nada y que la profesora iba a cambiar de tema, un chico levanta la mano y dice: “a Charles Bukowski”. El engendro de profesora parece no haberlo oído bien: “¿Cómo dices? O no te entiendo o no lo he leído”. El chico, entonces, repite, intentando vocalizar bien: “Charles Bukowski, estadounidense”. Ella, tranquilamente, asegura que no le suena de nada ese autor, y le pide al chico que al finalizar la clase se lo escriba en un papel y le diga qué libros de los que ha escrito este tipo tan desconocido le han gustado más. Lo curioso de todo esto también es que nadie se haya escandalizado al ver que se ha puesto en evidencia la grave nesciencia de nuestra querida “maestra en Literatura Universal del Siglo XX”. Bueno, espero no tener que seguir arremetiendo contra ella, pero veo que me va a resultar difícil, porque la cosa está chunga, muy chunga. 17 de octubreVaya día. Todo el día lloviendo, y yo todo el día fuera de casa, como siempre. Hoy no me he dormido, menos mal. Me he llevado paraguas, pero aún así, me he calado. Me estresa muchísimo ir con paraguas. Todo el mundo lleva uno y hay que ir esquivándolos peligrosamente por la calle. Además, si llevas en una mano el paraguas y en la otra la carpeta, ¿cómo coño sacas el abono transporte para entrar al metro? Son pequeñas cosas que me estresan sobremanera. En fin, os estaréis dando cuenta de lo quejica y cascarrabias que soy, ¿no? Por cierto, a partir de hoy voy a intentar ser más concisa cuando escriba aquí, porque cuento un montón de movidas que no importan a nadie, (y ni siquiera a mí). Por eso, hoy nada más que os cuento un poco el día estresante que he tenido. En literatura nos han puesto la película de La Muerte en Venecia. La profesora no ha venido, y el martes que viene tampoco va a venir. Ha venido una sustituta que nos ha puesto la peli y se ha largado. Tenía el estómago revuelto, estaba deseando pirarme de allí. Después he llegado a casa y después de la siesta y he tenido que ir al hospital, sin fuerzas, sin ganas, sin alegría. Quería quedarme en casita sabiendo que fuera está lloviendo y que todo el mundo menos yo va por la vida estresado y con un paraguas en la mano. Pero no, he tenido que formar parte de ese mundo estresado en el que existen cosas tan horribles pero tan útiles como los paraguas. Luego he llegado a casa, me he dado una ducha, he cenado, y se me han pasado todos los males. Ahora voy a ver si me duermo igual de pronto que ayer; aunque mañana entro a las 9, así que… Pues nada, que os vaya bien. Yo y mi ambigüedad![]() “¡Duérmete otra vez, que aún te queda media hora!” Esto es lo que me decía a mí misma esta mañana, sobre las 6, cuando estaba dando vueltas en la cama pensando que ya había sonado el despertador, que me había quedado dormida, y que a saber qué hora era ya. Era, ciertamente, una premonición; porque eso fue lo que finalmente me ocurrió. Cuando veo que son las 6 me vuelvo a quedar completamente dormida hasta que a las 7 entra mi padre a mi habitación y me dice: “¿no tenías que haberte levantado ya?” Joder, ha sonado el despertador a las 6.30, y ¡lo he apagado de una manera completamente inconsciente! No recuerdo haberlo hecho. No sé si os habrá pasado alguna vez, pero a mí me ha pasado cientos de veces, y todas las veces juraría que el despertador no ha sonado. La verdad es que estos días me estoy poniendo dos despertadores: el del móvil y el del reloj de la mesilla. Hoy el móvil directamente no ha sonado. Si no, no lo entiendo: ¿he apagado los dos sin darme cuenta? Bueno, total, que me he despertado a las 7 teniendo que salir de casa a las 7.20 para llegar bien a clase. Me he ido sin desayunar y con las gafas. Cualquiera se pone las lentillas en ese estado, y casi sin tiempo. Encima de que iba pillada, para colmo he tenido que esperar dos metros en Moncloa, porque iban petadísmos. Dios, eso me pone de muy mala leche. Es lo peor para empezar el día. Además, cuando consigues entrar al jodido metro, estás tan apretada y agobiada que estás deseando que se cierren rápido las puertas, porque si se quedan abiertas más tiempo de la cuenta, siempre se empieza a subir más y más gente que va llegando. Por dios, qué agobio. Y no es menos agobiante cuando sales del metro, porque… ¡hasta que sales de la estación de C. Universitaria…! Bueno, al final llegué sólo diez minutos tarde, pero eso sí, llegué muy estresada. En clase me he sentado con mi nueva compañera, una cultureta de mucho cuidado. Hoy me ha pedido el móvil, y cuando lo ha apuntado he descubierto que lleva una semana pensando que me llamo Alicia. Me suelen llamar Sofía, Susana, Sandra. Incluso Rosa. Pero nunca Alicia. Me han dado ganas de decirla: “sí, claro, me llamo Alicia, y vivo en el país de las maravillas. Ah, ¿que ya te lo habías imaginado?” Hoy lunes, para empezar fuerte la semana, ya me ha hecho dos propuestas culturales: ver la película de “Salvador” (¿qué Salvador?) Puig Antich. (Ah). Y también ir a ver un documental sobre Lorca. Me he quedado un poco a cuadros. Por otra parte, también me ha dicho que si quiero salir algún sábado con ella y sus amigos, que por lo visto también estudian periodismo. Yo, con la ambigüedad que me caracteriza, no he dicho ni que sí ni que no. Y supongo que lo habrá interpretado como un: “vayamos despacio, no me agobies, que es lunes y hemos hablado tres días”. Luego he ido a la biblioteca a dejar unos discos de Janis Joplin y de los Who que cogí la semana pasada. Definitivamente, al bibliotecario le molo. La semana pasada empezó a hablar conmigo de “El Nombre de la Rosa”, que me lo pillé y veo que no estoy muy por la labor de leérmelo. Y hoy, como ha visto que dejaba esos cedés y que cogía uno de The Doors, va y me suelta: “¿Te gusta el rock, Sonia?” (Jo, cómo me fastidia que usen mi nombre cuando yo no se lo he dado) Y yo: “No, cojo estos cedés porque me gusta la salsa”. (No, no le he dicho eso). Y dice él: “Bueno, aquí no hay mucho, pero si buscas algún disco en concreto me lo puedes decir y si lo tengo en casa te lo dejo”. Y yo, con la ambigüedad que me caracteriza, le suelto: “Sí, bueno, estoy mirando un poco, pero vamos…” (Y yo me pregunto: ¿Y eso qué carajo significa?: ¿Que no busco ningún cedé en especial? ¿Que aunque lo buscara no se lo iba a pedir? ¿Que saco discos de la biblioteca porque me aburro? ¿Que no sé qué decir? ¿Que no me apetece hablar?) Lo que tenía que haberle dicho es: “sí, majo, mañana te traigo una lista de discos y tú te encargas de conseguírmelos, ¿vale?”. En fin, a ese tío le molo, o es muy generoso, claro. Hoy cuando me he puesto a la cola, ya rezaba para que me atendiera otro bibliotecario. Pero supongo que a partir de hoy ya no intentará darme mucha conversación, en vista de lo borde, o borde-tímida que he sido con él. Resumen importante de lo que he hecho estos días![]() Hola holita vecinitos: voy a haceros un resumen de lo que he hecho estos días, porque, aunque no haya hecho nada importante, la suma de todo lo que me ha pasado sí parece importante. El jueves 12, día de fiesta, me fui a la sierra una vez más. Esperando el autobús se me acercó el típico viejecito adorable, que me preguntó a qué hora era el próximo autobús. Pero yo estaba igual o más perdida que él con el horario, así que tuvo que venir un chico para resolvérnoslo todo al viejecito y a mí, porque yo no me había acordado de que era fiesta y estaba mirando mal el horario. (Ainsss, ¡qué despistada estoy últimamente!) Así que me siento a esperar el bus los diez minutos que faltaban para que llegara, y el viejecito, que está sentado a mi lado, me ofrece un caramelo; y yo: “no, gracias, ya tengo”. Y él: “que lo cojas, mujer. Anda, cógelo, cógelo, que son muy buenos para el catarro. Yo es que tengo un trancazo…. Y es del tabaco, ¿sabes? Por eso llevo tantos caramelos, mira, mira. (Me enseña una bolsa llena de caramelos). Pero estoy deseando llegar y comprarme otra cajetilla de tabaco, ¿sabes? a ver si hay algún sitio abierto, como es fiesta…”. (Joder, estas cosas te hacen reflexionar. El ser humano es un ser absurdo, es el único animal que se hace cosas a sí mismo perjudiciales para su propia salud. En fin, supongo que todo eso forma parte de los misterios y las particularidades del ser humano, que se dan por igual en niños, jóvenes, viejos, en mujeres y hombres.) Después de la conversación sobre caramelos y tabaco, se nos acerca un negro a pedir dinero. Como no le hacemos mucho caso, se aleja. Y como el viejecito no para de rajar, no me extraña en absoluto su cometario al respecto: “Que se vayan a su terreno, que aquí nada más que vienen a delinquir y a molestar”. Yo me quedo muda, no sé qué decir, pero una mujer también mayor que se sienta a nuestro lado, me saca del apuro y empieza a darle palique al viejecito: “Hombre, eso no es así. Vienen porque no tienen nada que comer, no tienen nada, pobrecitos.” Pero el viejecito seguía en sus trece: “Sí, claro, yo le di a una comida y alojamiento, y luego me quería denunciar porque la muy lista quería casarse conmigo y que la pusiera un piso”… a partir de ahí me desentiendo de la conversación, aunque sigo escuchando, pero viene el autobús y cuando subo decido no sentarme cerca del viejecito; será mejor que cada uno vaya a su bola.
Cuando llego a casa de mi amiga Mónica la tengo que esperar, (como siempre). Pero esta vez me entretengo jugando con su hermano pequeño a la Play, a carreras de coches concretamente. Joder, pensaba que le iba a ganar, porque tengo cierta experiencia, pero qué va, me ganaba todas las partidas el jodío. Luego nos fuimos a tomar un café y me fui prontito a casa. ¡Ah! Se me olvidaba, ¿a que no sabéis lo que me encontré en el autobús de regreso? En mi asiento descubrí que había… había un profiláctico sin abrir, (menos mal). Joder, ¿es una indirecta? Pues bien, como siempre que se encuentra uno algo, me dieron ganas de echármelo al bolso: ¡quién sabe si en la próxima parada se subirá al autobús el hombre de mi vida! (jeje, risas) Pero finalmente lo tiro al suelo disimuladamente, y empiezo a darme cuenta de las cosas raras que me están pasando últimamente, porque últimamente ¡me encuentro de todo! Por cierto, hoy he ido al Hipercor de Pozuelo con mis padres y me he encontrado a ¡Radomir Antic! ¡Y me ha mirado! En serio. Joder, es que es muy fuerte, últimamente me encuentro de todo: dinero, teléfonos, preservativos, ex novios, gente rara, a Radomir Antic… ¿Qué será lo próximo? Ya estoy acojonada. ¡Ah! Los discos de Wilco que he estado buscando durante media hora en el Corte Inglés también los he encontrado, y con la inestimable ayuda de “un gafas” que no me dejaba mirar los discos tranquila. Sí, los he encontrado, pero no baratos: 23 eurazos costaban. Me esperaré a verlos en otro sitio, (o si eso me esperaré al mes que viene mejor). Luego me he comprado “La Muerte en Venecia” de Thomas Mann, porque nos lo ha mandado el engendro que tenemos por profesora de literatura. Yo ya me lo he leído, pero como fue en primero de carrera, ya casi no me acuerdo. Bueno chicos, me voy a tomar un café y a pensar qué voy a hacer después con mi vida. Prometo no quedarme en casa a daros la coña escribiendo más sobre mi vida. (Y si escribo algo, prometo no publicarlo, tranquilos. Jeje) Un besillo.
** Habréis notado que cuando no sé qué foto poner, pongo a Brian. Pero hoy, entre poner una foto de un viejecito, de La muerte en Venecia, de Wilco, o de Radomir Antic, me quedo con ésta última, no sé por qué ** 11 de octubre![]() Hola a todos: como veis, casi nunca fallo, últimamente escribo casi a diario. Hoy no me ha pasado nada importante, pero de todas formas me apetece escribir. Y os aguantáis. Pues nada, hoy he entrado a las 9, (como los lunes y los martes entro a las 8, ahora entrar a las 9... ¡es vida!) El profe de primera hora me ha parecido muy interesante, aunque la asignatura no sé si lo será (Tecnología de la Información). Me ha parecido un hombre con los pies en el suelo, que nos ha abierto los ojos acerca del plan de estudios y de lo mal que se dan las clases en esta facultad (y en general en esta carrera). Nos ha planteado la opción de rebelarnos y manifestarnos, por ejemplo, por no tener ni una asignatura de idiomas en los cinco años de carrera, ni siquiera como optativa. Cuando ha preguntado en clase quién había hecho prácticas en algún periódico, de los 50 que estábamos, más o menos, sólo ha levantado la mano un chico. Y eso me ha hecho sentirme menos incompetente de lo que me siento (ya sabéis, mal de muchos...). Después he copiado tres hojas de apuntes de Historia del Periodismo español, concretamente del siglo XVI y anteriores, claro, de la censura de la Inquisición y todo ese rollo, aunque por otra parte el profesor lo ha contado de manera ligeramente amena. No así la profesora de Literatura, quien nuevamente nos ha deleitado hoy con una serie de obviedades sobre la grandísima difusión de libros que se produjo en el siglo XIX y sobre la aparición del tren durante la Revolución Industrial. Os prometo que me han dado ganas de levantarme, romper los folios de apuntes en sus narices y salir por la puerta. Con la de cosas interesantes que se pueden tratar en Literatura Universal de siglo XX ¡No se puede hacer eso, hombre! Voy a proponer un boicot el lunes, a ver qué opina la gente. ¿No me creéis capaz? Yo tampoco, estoy completamente de acuerdo con todos vosotros. No sería capaz. Dice nuestra querida profesora que cuando leamos lo que nos va mandando vamos a hacer debates sobre las lecturas. Eso espero, y estoy dispuesta hasta a intervenir en clase y todo, y hacer así gala de mi friquismo (como dicen algunos que soy friki...), todo menos aguantar ese ladrillo. Luego por la tarde he ido a currar. Llego a las 18, y un camarero que estaba en la puerta, me silba como a un perro para captar mi atención, y me dice, sorprendido ¡¡¿¿¿Entras a las 6???!! Y yo: "Sí, bueno, un poquito antes" (un poquito antes es 3 horas antes) (Y yo me pregunto: ¿y a él qué le importará?, ¿y cómo sabe quién soy si no llevaba el uniforme? Bueno, es lo que tiene llevar ya cuatro meses currando ahí, que todo el mundo sabe quién soy, y yo nunca me acuerdo de una cara). En fin, os dejo, voy a ver si ceno y esta noche me quedo dormida prontito, porque no sé qué me pasa que cuando más cansada estoy y menos duermo, más me cuesta dormirme. ¡Qué paradojas se dan en los mundos de Sonikelandia! ¿Veis? ya hasta desvarío de no dormir y tanto trabajar. Venga, que os vaya bien si os vais de puente, y si no, también (yo el viernes tengo que ir a trabajar). Emociones fuertes![]() Esta tarde me ha pasado una cosa muy fuerte. Sobre las 18 horas, llego al hospital, a trabajar. Subo a Donantes, me pongo el uniforme y salgo del edificio para ir a Maternidad. ¿A quién me encuentro cuando salgo?, en la misma puerta está un chico con el que estuve hará unos tres o cuatro años. Le veo, a una distancia milimétrica, y me da un vuelco el corazón. Desvío rápidamente la mirada antes de que se produzca el encuentro visual. Sin embargo, a pesar de mis esfuerzos para evitarle, él me ve; me tiene que ver a la fuerza. Pero yo empiezo a andar como una loca, para alejarme de él lo antes posible. ¿Ha pronunciado mi nombre? ¿Me ha reconocido y me ha llamado? No lo sé, puede ser, creo haberlo oído; pero no me atrevo a darme la vuelta. No hay gente a mi alrededor, así que estoy completamente expuesta a su mirada. Sigo andando hasta que puedo torcer la esquina y respirar. Respirar para que la taquicardia que me ha producido el encuentro no derive en algo peor. Os preguntaréis porqué tanto teatro. Y es que a este chico me costó mucho dejarle, me costó “librarme” de él. No aceptaba que lo dejáramos y me llamaba a todas horas, incluso me siguió llamando meses y años después. Llegué a tener miedo, porque a veces venía a San Lorenzo en las fiestas sólo para ver si me veía, y además sabía dónde vivía. Hará tres o cuatro años que no le veo. Sí, fue durante 2002 y 2003, yo tenía 18 años y él, 21. No ha cambiado nada. Precisamente esta mañana le he estado contando a un amigo una anécdota relacionada con este chico. ¡Lo que son las cosas! Pues bien, volviendo al relato de los hechos, cuando consigo escaparme de su ángulo de visión, empiezo a analizar la situación. ¿Y si le digo hola y nos contamos qué tal nos va todo tomando un café? No creo que pasara nada. Pero si ve que trabajo ahí, igual ya le tengo rondando todos los días. Bueno, quizá ahora tenga novia y no quiera nada conmigo, nunca se sabe. ¿Y qué hará en el hospital? Después de tanto interrogante, decido empezar a trabajar, aunque sigo como un flan. Le veo desde lejos entrar al Hospital General. En un cuarto de hora, cuando acabe Maternidad, tengo que hacer megafonía en el General. Pero aún así hago mi trabajo sabiendo que me le puedo encontrar en cualquier pasillo del hospital. Finalmente, no le veo por ningún sitio. Uf, ¡menos mal! Llega la hora de irme a casa y subo a cambiarme de ropa, y… cuando bajo, ¡le vuelvo a ver! Camina hacia el hospital con su madre, pero esta vez él no me puede ver. No nos cruzamos: le veo de espaldas y luego de perfil. Yo voy hacia el metro, pero me paro y le observo detenidamente. Parece triste. Me atrevería a decir que está enjugando lágrimas en sus ojos. Sí, se está frotando los ojos, y en ese momento su madre le abraza intentando animarle. Soy una completa idiota. Una gilipollas integral. Está pasando un mal momento y voy yo y no le saludo, hago como si no le hubiera oído cuando me ha llamado. He huido de él. Me siento fatal. Se me ocurre mandarle un mensaje disculpándome, pero no me parece una buena idea. Decido dejarlo estar; y, como diría Vincent Vega en Pulp Fiction, me voy a casa a tener un ataque al corazón. Decepción![]() Rapidito, que Blogia cierra pronto el chiringuito. Esta mañana, tras dormir sólo tres horas, ¡he llegado puntual a clase! No me lo creo ni yo, pero ahí estaba, a las 8 menos cinco. Y menos mal que no he llegado tarde porque el profesor de la primera hora era el típico graciosillo, que hace gala sin cesar de su falsa modestia, y que cuando alguien llegaba tarde, interrumpía su discurso para darle los buenos días y preguntarle qué tal todo. Pero en este relato de mi primer día de clase en lo que más me voy a centrar es en la decepción que ha supuesto para mí la clase de Literatura Universal del Siglo XX. Me voy a atrever a transcribiros algunas de las frases que ha tenido el gusto de dictarnos nuestra querida profesora (¡y se habrá quedado a gusto!): una cita de no sé quién en 1940 (de la que yo he cogido frases sueltas de cosecha propia, y otras notas textuales): “la cultura es lo que hay en un conjunto de libros. Si uno consigue los libros adecuados, y los lee, se convertirá en un ser de cultura impecable. Esta idea se sostiene en el concepto de historicismo, en el concepto de la Historia de las obras literarias. De esta idea de diacronía se desprenden las grandes líneas que nos permiten hablar de literatura universal y europea. (…) Pero no aceptamos una selección arbitraria y nos atenemos a un canon. Este canon que aceptamos es el que está sancionado por el tiempo y por los lectores (…) Existe una historización de la literatura a partir del concepto de nación y lengua popular, que ha determinado valiosísimas Historias de la Literatura (alemana, italiana, etc.) Es decir, que ha instalado a cada autor dentro de un concepto propio que le corresponde (histórico, geográfico, literario…). Por ejemplo, Joyce era irlandés, y como su formación es clásica y Dublín es constante en su obra, está dentro del canon como un perfecto autor universal. Luego nos ha dictado más sobre la “Welltliterature”, que es la intersección, la interrelación y la interdependencia de todas las literaturas de Occidente. También nos ha dictado frases insustanciales e interminables para venir a decir que aunque sigamos un canon, no vamos a dejar de lado las especificidades de cada autor y su obra. En fin… la clase de hoy me ha recordado a la película de El Club de los Poetas Muertos, cuando Robin Williams les hace arrancar a sus alumnos la primera hoja de un libro que pretendía explicar la poesía de manera racional, como si fuera algo que se pudiera medir, analizar y crear con precisión matemática, sin tener en cuenta que la poesía sólo es eso que te sale de dentro e intentas expresar con torpes pero implacables palabras (vaya frasecitas que me salen). Mi profesora de literatura es el profesor que pide cuentas a los alumnos por haber arrancado esa página del libro cuando les daba clase Robin Williams. No en vano, la tía ya nos ha dado a conocer lo que va a ser el día a día en la asignatura: “os juntáis en grupo, elegís un autor y hacéis una exposición a la clase. Luego os leéis otros tres autores, y yo mientras, os cuento la cultura de masas”… (O sea, el rollo ese que ha sacado del libro que ha traído hoy…) En fin, vaya decepción. Lo peor de todo (de lo que he oído en el día de hoy, de esta carrera…) es que siempre es la misma mierda de siempre. Cinco años de carrera para que (salvo un par de excepciones) en todas las asignaturas te vengan a contar lo mismo. Domingo solitario![]() Buenos días de domingo aburrido: como Blogia no deja publicar por las noches y entre diario, y a veces, ni siquiera acceder al blog, voy a escribir ahora que no tengo nada que hacer. Ayer estuve en Guadarrama, pero esta vez en plan light: dos cervezas con limón (aunque mi cuñado diga que la cerveza con limón es una mariconada) y a casa prontito. En el autobús de ida me encontré con una vieja amistad. Cómo fastidia eso de que te montes en el bus, busques un sitio para ti solo/a, te pongas tu musiquita, empieces a mirar por la ventana y a pensar en tus cosas completamente a tu bola, y de repente aparezca alguien interrumpiendo todo eso: “Holaaa, ¿qué tal?, ¡cuánto tiempo!, me siento contigo, ¿vale?”. Y ya tienes que ir todo el jodido viajecito hablando de tonterías y mirando a esa persona, lo que ayer incluso me provocó un mareo tonto, de tanto mirar, torcer la cabeza, hablar y mirar, mirar y hablar… en fin. Cursiladas de felicitaciones![]() Estas son algunas felicitaciones que me han llegado al mail, de familiares y/o conocidos, o de publicidad: He aquí algunas reflexiones para que no pierdas tu curiosidad intelectual, porque formarse no es cosa de un dia ni de dos, formarse es parte de uno mismo. Las puertas de la sabiduría nunca están cerradas. La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen. - Confucio Pensamiento Positivo_ Dame una sonrisa Nunca dejes de sonreír, Birthday![]() Hoy me dedico a mí misma esta canción de Los Beatles. Yo creo que llega un momento en el que nos da igual cumplir años, ¿no?, pero de todas formas un cumpleaños es un día especial, y hay que intentar sentirse bien, sentirse único/a y hacer algo especial, al menos un día al año. (Por cierto, vaya foto más fea de tarta que he puesto. Lo único bueno es que es de chocolate, y que cumplo cinco años). BIRTHDAY- THE BEATLES You say it's your birthday Me aburro![]() Me aburro. Me aburro y tengo resaca. Por eso he decidido escribir y contarlo aquí, para que todo el mundo lo sepa. Hoy prometo ser breve. Ayer me despedí del verano, celebré mi cumple y también que ya no curro por las mañanas, todo ello con garrafón del bueno. Nunca me había sentado tan mal como ayer. Con razón hoy mi cuñada me ha preguntado en la comida que si estaba enferma, que si me pasaba algo. No sé, quizá fue el garrafón, que este fin de semana venía con garantías, o quizá bebí más de lo que creo y no me acuerdo. Nunca me había pasado. Eso es lo que le repetía ayer una y otra vez a mi amiga en el momento de irme a la cama; "¿qué me han dado, tía? esto nunca me había pasado, yo nunca me pongo así, esto nunca me había pasado". Por supuesto, no ligué; espantaba a todos los tíos que se me acercaban. O pensaban que de cerca no era tan guapa, o realmente se asustaban. El caso es que yo ni siquiera me daba cuenta del momento en que se piraban de nuestro sitio. Seguramente no les hacía ni caso, ¡y creo que alguno no estaba mal!. Qué pena. En fin, hay momentos para todo. Ayer me tocó estar al borde del coma etílico y ya está. Bueno, no creo que fuera para tanto, pero así es como yo me sentía. Gracias a dios estoy viva, por eso lo cuento hoy, aunque sea vergonzoso y lamentable. Y es que quizá yo sea así, triste y lamentable, y me tenga engañada a mí misma a través de la apariencia que adopto de cara al exterior. Bueno, voy a dejar de rayarme y de decir sandeces, que ha empezado octubre, y esto promete, señoras y señores, esto promete. ¡Que le den a todo el personal del turno de mañana!![]() ¡¡Hoy ha sido mi último día de trabajar por la mañana!! Todavía no me lo creo. He llegado a casa súper contenta. Cuando he salido de allí y he ido al Metro me he puesto Purple Haze de Jimi Hendrix y Rainy Day Women de Bob Dylan y he pensado ¡que les den a todos! Empezando por la supervisora. Hoy la hemos preguntado la chica nueva y yo que si nos podía dar una taquilla. Y es que yo soy una pobre proletaria resignada que acepta el orden establecido; llevo todo el verano sin taquilla, pero la nueva es una revolucionaria, una alborotadora, que quiere taquilla y una chaqueta nueva que tenga al menos un miserable bolsillo. La respuesta (esperada por mí) que nos ha dado la supervisora acerca de tener taquilla, ha sido: “no, no puede ser, tengo problemas para dar taquillas a otra gente… así que no”. (Es mentira, sobran taquillas, mentira y gorda, como su jodido culo gordo). Que la den también a la auxiliar que no se cómo coño se llama y nunca me ha importado saberlo. Pero sobre todo a quien la van a dar es a la cerda de la limpieza, que, a sus 45 años, se hace un piercing en su fea y apestosa nariz, y que me mira mal cuando entro al vestuario y está el suelo fregado (A ti qué coño te importará, ¿acaso es tu casa?). Hoy casi me hace vomitar con esas mierdas que echa para limpiar, y con una tos horripilante, de echar el bofe de un momento a otro. Seguro que me ha transmitido todos sus cochinos virus en el momento en que he entrado ahí y estaba tosiendo como una jodida enferma y con lágrimas en los ojos. Y yo: “Uy, qué tos más mala” (¡Ojalá te ahogues y te quedes en el sitio! Pero no, ya no hace falta, porque no voy a tener que ver más tus asquerosas ojeras y tu asqueroso rostro desagradable) Aunque os dije que me había caído bien la chica nueva que me va a sustituir, hoy digo: que la den a ella también, y es que es de esas personas que te cuenta su vida a pesar de que vea en tu cara que no te importa una mierda todo lo que te está contando. Me ha contado su boda, el viaje de novios a Cancún y el parto, todo con pelos y señales, ¡faltaría más...! En fin, que os den a todos, también a la torpe que me vende los donuts porque a veces no me hace el 20% de descuento reglamentario por trabajar en el hospital; (vamos a ver, tía, ¿tengo pinta de llevar esta chaqueta porque me apetezca?). Ahí os quedáis todos los de la mañana. Por las tardes es mucho más relajado, la gente me cae mejor, no hay cerdas de la limpieza, y la supervisora no está. El jefe tampoco viene nunca por las tardes, se estará echando la siesta, el muy seta, y luego a mí no me respeta por las mañanas “mis horas de no madrugar”. Pero a partir de ahora… ¡ya no me puede pillar por las mañanas! Ala, ahí dejo a la nueva con todo el marrón. Que lo disfrutes con salud... Dejo un gran legado![]() (Escrito ayer día 27) ¡Qué sorpresa! Hoy ha venido la chica nueva para que la enseñara lo que hay que hacer en el hospital. Mi jefe al final ha decidido contratar a la madre (está claro que a la otra chica no la ha cogido porque “era como yo”, y tener a dos como yo contratadas ahí ya sería demasiado para él…). En fin, la chica es muy maja; yo la echaba 23 años, ¡y resulta que tiene 30! Está casada y tiene una niña de dos añitos. Pero aún así nos hemos entendido bien, es bastante atenta, y muy risueña. Por lo general, a mí me incomodan las situaciones en las que tengo que hablar a la fuerza con alguien que no conozco; porque, o soy muy arisca y parca en palabras, o quiero agradar tanto que resulto empalagosa. Pero hoy no he hecho nada de eso, hoy he empezado a parlotear y a reírme con ella desde el principio; y el rato que hemos estado hablando y tomándonos un café (hora y media, más o menos) se me ha pasado volando. Así que como me ha caído bien la chica, no he podido ser dura con ella, y la he dado algunos consejos de los míos sobre el horario y sobre el control que hay (la he dicho cosas que, tarde o temprano, ella misma iba a descubrir, pero bueno). La única crítica que puedo hacer de ella se refiere a dos comentarios que te marcan, que te impactan profundamente: la digo que vamos a hacer megafonía en la consulta de Oftalmología, y pregunta: “Oftalmología es lo de los ojos, ¿no?”; y el otro comentario que ha hecho cuando la he dicho que estudiaba Periodismo es el típico: “ah, bueno, si te gusta estudiar, si eso es lo que te gusta…” A continuación me esperaba el otro típico comentario: “¿y qué quieres, ser papparazzi?”, pero no, por fortuna no lo ha dicho. Cuando la he llevado por el hospital haciendo la megafonía y demás, la tía no se ha enterado de nada, pero el viernes ya seguro que aprende. ¡Ah! Y una cosa muy curiosa que se me olvidaba: mi jefe la ha dicho que está muy contento conmigo. Yo me he quedado flipando, y cuando se lo he contado a mis padres y a la gente, se han descojonado. En fin. Y por la tarde he ligado… He ligado con uno que iba vestido en plan botones, un tipo muy gracioso: el que lleva flores y peluches al Hospital Maternal. Él estaba esperando el ascensor, llego yo, y me dice que si me voy a atrever a montar con él en el ascensor, y yo: “claro, ¿por qué no?” Y el tío: “es que con una chica tan guapa como tú…” Y yo flipando: “qué va, no es para tanto…. Jajaja” (risa tonta). Venía una señora mayor con nosotros, que, por desgracia, se baja en la cuarta planta, creo, así que tengo que ir a solas con él hasta la doce. Entonces empieza a decirme que si quedamos después del trabajo, y yo: “nooo, es que… salgo muy tarde” (vaya excusa) y el tío: “yo también, pero da igual, te espero”. Yo seguía dándole largas y riéndome, y el tipo diciéndome “ay, qué bien huele, ¿es tu pelo?” (joder, qué situación). Así hasta que el tipo se baja en la doce, abre la puerta del ascensor y me dice: “pero bueno, ¿qué pasa, no te gusto? Y yo: “sí…” (La verdad es que el tío estaba bien). Después le digo “hasta luego”, y me dice: “bueno, ya hablaremos otro día con más calma”. (Buff, ya se ha bajado, menos mal, qué cansino). Lo peor de todo es que ya nos hemos visto varias veces por el hospital, lo que significa que nos podemos volver a ver cualquier otro día. Parece un poco tonto, ¿no? Bueno, ya os contaré… Querido Van Gogh![]() No, me he equivocado, quería decir “queridísimos lectores”: acabo de venir de un sitio de Moncloa que está muy chulo. No es por hacer publicidad, pero se llama “Van Gogh Café” y está muy bien; es una especie de café bohemio, lleno de cuadros, como os imagináis (porque sois muy listos), de Van Gogh. (Madre mía, llevo sólo tres líneas y me está costando escribir. Me equivoco constantemente con las teclas. Si hay alguna errata lo siento de corazón, jajaja). El sitio este me recuerda al Café Babel de San Lorenzo. Qué tiempos en el Babel, he llevado allí a un montón de gente, durante tres o cuatro años. Tengo muchos recuerdos de ese sitio. Y, hablando de San Lorenzo, mi amiga Mónica me ha estado dando la coña esta tarde con que el fin de semana que viene vaya a Guadarrama porque son las fiestas otra vez, (vaya por dios, otra vez); y, además, así celebramos de paso mi cumple, que es el día 3 (no hace falta que me felicitéis; lo digo porque sé que no lo vais a hacer. Esto me recuerda un poco al profesor de Estructura de la Comunicación que he tenido este año: el jodío era clavado a Fernando Esteso, y nos daba siempre la coña con su cumpleaños, ¿le felicitó alguien al final?... vaya hombre, era un pobre amargado de la vida, como tantos otros). La cuestión es que si vamos a Guadarrama, yo he puesto la condición de pasar también por San Lorenzo, y en concreto, por el Sapo Rojo. Siento predilección por ese sitio. Siempre nos lo pasamos genial ahí, estamos a nuestra bola y el ambiente también es de lo más bohemio (dentro de lo que cabe). Y, en otro orden de cosas, mi amiga Mónica, quien, desgraciadamente, ahora no tiene Internet y no puede leer mi interesantísimo blog, me ha pedido hace días que la imprima algunas de las movidas que estoy escribiendo y se las pase un día que quedemos. Pero cuando quedamos, yo siempre la digo que se me ha olvidado..., y es que me da vergüenza, me da vergüenza, a pesar de que ella es la persona que ahora mismo mejor me entiende… Bueno amigos, no tengo nada más que contaros, sólo, que me he venido a casa más pronto de lo que me habría gustado: si no hubiera sido porque mi amiga se tenía que ir, allí seguiríamos bebiendo cerveza y pidiendo raciones de patatas ali-oli. Jejeje. Venga, ya os contaré movidas del hospital… (Yo intento escribir poco aquí; de hecho, cada día que no escribo lo celebro, y es que, realmente, realmente, aunque no os lo creáis, me cuesta no escribir…) Singularidades dentro de lo común![]() Hola amigos: escribo para deciros que llevo ya unos días sin estar depre. Hay que celebrarlo; y para ello, voy a contaros alguna tontería de las mías. Hoy he pasado mucho frío en el hospital. Yo diría que es el sitio más frío de todo Madrid capital. Siempre hay viento; incluso ha soplado el viento por allí los días más calurosos del verano. Hoy me he puesto camiseta interior, camisa blanca de manga larga, la chaqueta del uniforme encima, y además, calcetines. Los calcetines ya son imprescindibles. Y aún así, he pasado frío. Menos mal que desde que estoy yo currando ahí ya no hay que llevar falda. En realidad no hay faldas, no sé qué habrá sido de ellas, pero me da igual, como comprenderéis. Por la tarde me lo he pasado muy bien con mis compañeras riéndonos de Patricia. (No te enfades, Patri). Patricia es una chica muy peculiar, que nos cuenta a Inma y a mí que sus películas preferidas son las que ponen los sábados en Antena 3 después de comer, tipo Pasión Obsesiva o Deseos Desenfrenados, o vete tú a saber… También nos cuenta que la encanta Dónde Estás Corazón, se desvive por ver el Telediario de Antena 3 y se sorprende cuando la decimos que no, que no vemos telenovelas, aunque ella asegure que el Frijolito era la hostia. ¡Ah! Se me olvidaba, no la gusta ningún tipo de música que no sea en español, por la simple razón de que no la entiende ¡Viva Patri, di que sí, abanderada de la “cultura” con ñ! Otros personajes peculiares del hospital son los celadores. No voy a generalizar, pero conozco al menos tres casos que son bastante serios. El primero de ellos se llama Gervasio, por ejemplo. Es un hombre de mediana edad, canoso, alto y delgado, con ojos azules y bigote. Siempre tiene algo que decir. Cuando no se ha quedado dormido, claro. Lo más sorprendente es que se duerme después de haberse metido pa´l cuerpo tres cafés y dos coca colas, como bien nos cuenta él mismo. Este hombre es el que mejor me cae, aunque a veces resulta un tanto cansino. El segundo del ranking se llama Francisco, y es, quizá, el caso más preocupante. Se parece ligeramente a Gervasio, pero no tiene bigote ni los ojos azules. Como Gervasio, Francisco tiene canas y es alto y delgado, pero no es un hombre tan clásico. Porque este va de rarito. No en vano, le llamamos “el artista”. ¿Qué pensaríais de un tipo que se pone frente a ti y simula que su dedo índice es una pistola mientras te apunta con él, y murmura con voz cansada “pum, pum, estáis muertas”?. Jooder, te quedas flipando ¿no? Y lo flipas más aún cuando te acercas a su mesita aprovechando su ausencia, y ves el título del libro que está leyendo: “Los diez pilares del budismo”. ¡Qué interesante! ¡Ah! Y lo de “el artista” viene de que un día se quedó en la sala de espera con la niña de una mujer que estaba donando sangre, y se pasó el rato dibujando con ella, el tío. Es todo un artista ¿no creéis? No conozco el nombre del tercer celador, ni falta que me hace. A éste le llamamos “el mirón”, o el de la mirada oscura, y es que hay días que no te saluda, pero mirar, te mira un rato; y te sonríe. Al parecer, este hombre, con cierto parecido a Kevin Spacey, se ríe poco en su casa, porque a veces, cuando vamos saliendo por la puerta, y sin saber de qué va la cosa, nos oye reírnos y se descojona él también, todo esto mirándonos descaradamente, claro. Deduzco que en agosto ha estado en la playa por el bronceado que ha traído, y no puedo dejar de preguntarme: ¿no habrá visto suficientes tías en bikini? ¿Nunca se cansará de mirarme? Cosas peculiares donde las haya, éstas que veo en el hospital. Si las contara todas…En fin…para escribir un libro. ¡Me queda una semana de madrugar!(pero sólo hasta el día 9 seré libre...)![]() Hoy se han visto recompensados mis madrugones. Llevo casi dos semanas llegando a las 9.30 al hospital (debería entrar a las 9, pero ya está bien llegar a las 9.30, ¿no os parece?) Hoy he llegado y he estado haciendo tiempo de 9.30 a 10 deambulando por allí, pasando frío y sin poder sentarme a leer el periódico, porque había llovido un poco y estaba mojado. Pero a las 10 me ha sonado el móvil y… era el jefe (¡toma, toma, fastídiate porque estoy en el hospital! ¿Quieres venir, quieres venir a verme, capullo?, ¡porque estoy aquí! ¡Hoy no me pillas!). El caso es que sólo quería comentarme que ya tiene a dos posibles candidatas para ocupar mi puesto a partir del lunes día 2. “Con lo que sea te llamo, ¿vale? Por cierto, ¿estás en el hospital?”. Y yo: “Claro, aquí estoy”. Cuando se ha empezado a secar el suelo y los bancos de piedra para poder sentarme, me he puesto a leer el periódico. Y al rato, veo a un tipo que viene hacia mí, ¡y es el jefe! Pero coño, ¿qué narices hace aquí? Ah, será que ha quedado aquí con una de las chicas para la entrevista. Al verle pongo cara de circunstancias, seguro, porque él también está ligeramente sorprendido; y además, me mira como diciendo: “Joder, otros días ni siquiera está, y para un día que la veo, está aquí sentada leyendo el periódico”. Pero bueno, yo salgo al paso y le digo “estoy aquí haciendo tiempo, porque ya he hecho las consultas, y ahora sigo” (yo creo que este tipo no sabe realmente lo que hago, más bien, lo que no hago…). Me dice que de las dos posibles candidatas, una es una madre joven, y que la interesa el horario, como son cinco horas… Y yo: “ya…” (Cinco horas, ¿qué es eso?). Pero dice que no le haría gracia contratar a una madre: “que si un día está el niño con fiebre, que si tal y que si cual”, sentencia, con una mueca de desprecio. La otra chica, por lo visto, dice que es más como yo. (No entiendo, ahh, claro, como yo no soy madre, es lógico que si a una de las dos no me parezco, sea a la del bebé; así que por eliminación me parezco a la otra). En fin, que es una chica de mi edad. Y a la que venga de las dos, la tengo que enseñar miércoles, jueves, y viernes de la semana que viene. Madre mía, si quedamos a las 9, a las 9.20 ya habremos terminado las consultas, y hasta las 12.30 que es cuando puedo hacer Maternidad tenemos tiempo, una verdadera eternidad, una horrible eternidad para aburrirnos. La chica lo va a flipar. Me apostaría cualquier cosa a que el primer día ya nos hemos convertido en íntimas. Conoceré sus problemas amorosos, económicos, familiares, e incluso escatológicos. Espero que sea una tía maja, porque como sea una “juani”, como la que me enseñó a mi… Buff. Eso sí, cuando me enseñó a mí llegué dos horas tarde, y sólo fue un día, porque por lo visto mi jefe me consideró una tía lista desde el principio. Demasiado lista, pensará ahora. Bye Bye Baby![]() Hoy he tenido un sueño revelador: he mandado al cuerno a todos los tíos, a todos los tíos que me están rondando últimamente. Pero no les he mandado al cuerno literalmente, sino que en el sueño pasaban una serie de cosas que me hacían ver que todos esos tíos no merecen la pena realmente. A uno de ellos le veía feo, feo como un demonio; y, aunque pueda parecer una banalidad, yo creo que es una metáfora, porque cuando ves feo, horriblemente feo, a un tío que no está mal, lo que quiere decir ese sueño es que lo que estás viendo en realidad, lo que se te revela a través de ese careto y ese gesto, es su interior. La verdad es que no es la primera vez que me pasa esto; y si hubiera hecho caso a mis sueños, seguro que las cosas me habrían ido mucho mejor (o no). La última vez que me pasó esto, y que yo recuerde, fue con un tío con el que no llegué a estar. La cosa es que en el sueño yo le invitaba a cenar a mi casa, y el tío llegaba con traje y corbata, (una parodia de sí mismo); y era un verdadero cardo: llevaba unas gafas de Bartolo, de culo de vaso, hablaba como un paleto, y ¡se le caía la comida de la boca al hablar! Ese día me desperté con una indescriptible sensación de asco y vergüenza ajena. Pero hoy me he despertado con una sensación de triunfo. He descartado, por lo menos, a dos tíos. Con uno de ellos (con el que no he tenido aún ocasión de conversar mucho) empezaba a hablar y descubría que el tipo en cuestión no tenía conversación alguna; era de lo más torpe, tonto, soso y frívolo. Pero lo que más me ha llenado ha sido el ver al primer tipo del que os he hablado tan tremendamente feo. La verdad es que me recordaba a un meteorito, o a una hormiga. Definitivamente, daba miedo: cabezón, con la piel blanca como la leche, y, a la vez, con la cara colorada como un jodido cangrejo. Patético. El caso es que en mi sueño no terminaba conociendo al hombre de mi vida, ni haciéndome lesbiana, ni nada de eso. Simplemente, acababa en el mismo punto en el que estoy ahora, pero con una clara sensación de victoria sobre todos ellos, y… sobre mí misma. Porque he vencido mi lado oscuro y… ¡que les den a todos por detrás! Mmmm... napolitanas de chocolaaate![]() (Escrito el lunes) Hoy no he tenido un mal día. Bueno, un poco aburrido sí, pero no malo. No tenía pensado escribir hoy, pero lo voy a hacer para dejar constancia de mis errores y para, así, no volver a caer en ellos en el futuro. No os emocionéis, porque lo que voy a contar hoy en realidad es una suprema estupidez; pero me apetece contarlo y no voy a dejar de hacerlo. La cuestión es que yo no sé lo que les echarán a las napolitanas de chocolate…, y es que todas, absolutamente todas: las de la facultad, las del hospital, las de la cafetería de al lado, incluso las de San Lorenzo de El Escorial (sí, se escribe así, existe, es así como se llama, es el pueblo en el que está el Monasterio, no es una forma que tenemos ¿“los pijos”? de llamar a El Escorial; son dos pueblos distintos, a ver cuándo nos enteramos…), en fin, todas, todas las napolitanas del mundo me sientan mal. Y lo peor de todo es que cuando me apetece tomar algo acompañando al café, vuelvo a caer en la tentación y me pido una napolitana. No obstante, esto tampoco me ocurre muy a menudo, pero las veces que me ha pasado han sido lo suficientemente importantes como para acordarme de ellas. Hoy, concretamente, la he visto en el escaparate y no he podido resistirme. Mientras hacía la cola en la pastelería del hospital, ya la iba saboreando… Y es que me apetecía romper un poco la rutina y dejar de comer donuts, porque desde que estoy llegando pronto, tengo que desayunar dos veces, claro. Además, creo que hoy necesitaba chocolate… Por otra parte, entiendo que, con lo buenísimas que están, las napolitanas de choco sean tan sumamente perjudiciales para la salud. Son como el bollo bomba que preparan a Homer en el capítulo en que se convierte en crítico de cocina y le quieren asesinar. Ese bollo debía de estar jodidamente bueno. Pero bueno, a lo que iba, que la maldita napolitana me ha puesto un mal cuerpo que para qué. No es sólo que te siente mal al estómago, sino que te sientes de culo, sin fuerzas, te quita el hambre durante horas, e incluso te llegas a marear un poco. De ahí mi duda acerca de las posibles sustancias que pueda contener este tipo de chocolate que llevan las napolitanas, mis queridas napolitanas de chocolate. Las tengo que dejar, aunque seguro que de aquí a unos meses vuelvo a la carga con una. Por eso escribo esto, y me digo a mí misma: “Joder, Sonia, tía, no vuelvas a comerte una napolitana de chocolate, por favor; cuando tengas ganas, mira esta foto, piensa en algo asqueroso y acuérdate de lo mal que te has encontrado hoy, recuerda todos los momentos en los que te han entrado náuseas debido a los pestilentes olores que exhalan de algunos de los viajeros del metro, o al olor a vómito que por lo general se respira en el hospital infantil por las mañanas…” Buff…, voy a parar, porque ya me estoy revolviendo sólo de pensarlo…y es que yo soy muy delicadita para con los olores… Cuando la depresión aparece...![]() ¿Recordáis que el viernes me lamenté de un sinfín de banalidades sin importancia? ¿Y que entre ellas estaba la cuestión de los fines de semana y de no hacer en estos tres malditos días lo que suele hacer una persona normal? Pues bien, he llegado a la conclusión de que en realidad sí puedo pasar un fin de semana haciendo cosas de gente normal. Quizá, de gente demasiado normal. Ayer salí, y no me lo pasé del todo mal. Me encontraba en una tesitura que últimamente se me está planteando a menudo: sobre las 5 de la tarde llegué a la determinación de que, hiciera lo que hiciera, (me quedara en casa o saliera) mi depresión iba a alcanzar su punto de máximo apogeo en torno a las 9 ó las 10 de la noche; y que, si decidía salir, al menos estaría intentando esquivar ese momento de bajón, y podría contárselo a alguien en caso de que me atrapara irremisiblemente. Así que salí y le conté todas mis penas a mi amiga Mónica; pero esta vez mi amiga no se comportó como siempre, es decir, dándome la razón y animándome, sino que esta vez me hizo ver lo tonta que soy en realidad; y lo peor de todo, me hizo darme cuenta de que no tengo remedio. La verdad es que todas estas ideas ya las llevaba yo en la cabeza antes de verla y contarla todos mis males. Pero siempre te jode aún más que alguien te haga ver lo equivocada que estás; incluso respecto a aquello de lo que nunca has estado más segura en tu vida… Lo que me estoy preguntando últimamente es bastante curioso: cuando todo el mundo te dice sí y tú sabes que no, y al final resulta efectivamente que no, te dices a ti misma “joder, si es que ya lo sabía, tengo que hacer más caso a mi intuición”; pero, ¿y cuándo todo el mundo te dice no y tú estás convencida de que sí, de hecho sabes que sí, y al final resulta efectivamente que no? Eso sí que es jodido, y creo que nunca me había pasado hasta ahora. Por eso estoy así. Anoche también llegué a la conclusión de que a veces nos quejamos por todo cuando en realidad no nos tendríamos que quejar por nada y dar las gracias al Hado, porque nos brinda ocasiones que provocan que nuestra lucidez intelectual acuda en el momento del bajón; y porque gracias a eso nos planteamos un montón de cosas que si no fuera por la depre no nos plantearíamos en semanas e incluso meses. Es una especie de momento trascendental y metafísico en el que te sientes un descarriado/a de la vida: no sabes qué haces aquí, ni qué vas a hacer más adelante, ni qué se espera de ti, ¡incluso no sabes qué es lo que esperas tú de ti mismo en realidad! Ayer cuando volvía a casa me sentí un poco como el Nowhere Man de Los Beatles, en mi tierra de ninguna parte y haciendo planes para nadie… Más cansada de lo normal![]() Hola a nadie: esta tarde me he escapado mucho antes del trabajo; creo que he estado por allí una media hora, más o menos. El caso es que he estado toda la semana llegando por las mañanas a las 9, y encima el miércoles por la noche salí. Claro, como los fines de semana no hago las cosas que suele hacer la gente normal, pues lo tendré que hacer entre diario... Y es que hacer un blog, por lo visto, es de raros, por eso los fines de semana me dedico plenamente a mis paranoias. (Bueno, no voy a hacer más alusiones al respecto.) Estoy harta de la gente que me pregunta y me hace comentarios en el hospital; intento ser amable, de hecho lo soy, pero estoy hasta los... Estoy harta de coger el tren, de coger el metro, y de andar por chamartín, que está en obras y está todo el ambiente lleno de mierda. Estoy harta de todo, de que me digan en el hospital que no trabajo, que soy la que mejor vive, y que a qué hora he llegado hoy y que tal y que cual. Ya sé que es de coña y en confianza, pero estoy harta. Bueno, hay que englobarlo en la lista general de las cosas de las que estoy harta, así que espero que nadie se ofenda, porque ya he dicho que estoy harta de todo. Siempre tengo sueño, y estoy harta de aburrirme por las mañanas y gastarme el dinero en donuts y en cafés y en otras cosas, y de tomarme ibuprofenos porque siempre me duele la cabeza. Ayer me desperté con un martilleo que no era normal. Además, ahora que empieza a hacer fresquito, apetece mucho menos levantarse de la cama, y menos aún meterse en la ducha...Por cierto, me estoy acordando de que me he metido en el grupo A, en 4ºA, el único grupo que entra lunes y martes a las 8 de la mañana. Seguro que estoy en una clase llena de pringados/as que se la han cogido para poder dar literatura universal de optativa, que se imparte de lunes a miércoles y de 13 a 14. Estoy como una cabra, lo sé, ha sido un impulso; quería hacerlo y punto. Además, así salgo todos los días a las 14, como mucho; para tener tiempo de ir a casa a comer y después al hospital del infierno. Bueno, voy a ir terminando porque no es nada conveniente seguir con este post tan deprimente. Hoy no pensaba escribir, pero tenía que desahogarme de alguna manera. Lo que pensaba hacer hoy es colgar la reseña que hice hace unos días de La Tabla de Flandes, así que lo voy a hacer de todas formas. Ahí está. Un saludo. (Por cierto, se me olvidaba deciros que también estoy harta de que me dejéis comentarios, así que...como a alguien se le ocurra volver a hacerlo, se va a enterar. Más vale que nadie lo haga...) Sexy Sadie en el vestuario![]() ¿Cómo es un día de trabajo llegando más o menos a la hora y saliendo también relativamente puntual?Llego a las 9.20 y para un día que llego pronto, no me ve nadie, (vaya por dios). Hago tiempo hasta las 10 leyendo el 20 minutos, periodicucho que en la primera página, como siempre, informa de lo más importante que ha pasado en el mundo en el día de hoy: "Internet, máquina de hacer parejas". (No comments, como aquí). A las 10 hago las consultas, llenas de gente desesperada para que le atiendan, ya no a las 9:30, pero sí a las 10 ó 10.30. Joder, algunos están citados a las 9 y entran a las 11. Y he podido ver casos peores... (Y yo me pregunto, ¿esa gente va a ir a donar sangre?) A las 10.20 he acabado las consultas y no puedo hacer nada más hasta las 12.30, porque en Maternidad no dejan hacer megafonía mientras está pasando el médico. Así que de 10.20 a 11 me siento en la puerta a mirar a la nada, con sueño, con los ojos enrojecidos e hinchados de dormir sólo 5 horas; no puedo evitar llevarlos entornados. Además, me duele la cabeza y no quiero leer, así que decido mirar a la nada un rato. A las 11 subo al vestuario, me tomo un ibuprofeno, cojo mi libro y me voy a tomar un café. Hago tiempo hasta las 12 leyendo y otra vez, mirando a ratos a la nada. A las 12 menos 5 no puedo más. La letra y la melodía de Sexy Sadie me han estado rondando la cabeza toda la mañana, y me apetece escucharla. Estoy harta de estar ahí, y vuelvo al vestuario. No puedo empezar tan pronto en Maternidad, pero no quiero estar más en la calle. Leer en el vestuario no me parece adecuado, si entra alguien: "Huy, estás aquí..", (no, creo que paso). Pero puedo meterme en "el zulo", un cuartito lleno de trastos, donde siempre me cambio y dejo mis cosas (soy la única pringada que no tiene taquilla). Sin embargo, también hay veces que entran enfermeras o auxiliares a fumar ahí, a mi zulo, ¡qué bonito!. Bueno, el caso es que no me voy a poner ahí a leer, pero sí puedo escuchar un ratito Sexy Sadie. Me da cosa, porque si estoy con el mp3 puesto no voy a oír si entra alguien. Al final decido que me da igual, y me pongo la canción. Oigo Sexy Sadie, pero también Dear Prudence, y Glass Onion. No oigo Helter Skelter; me da miedo empezar a saltar como una loca y que en ese preciso instante entre alguien. Pero en el caso de que hubieran entrado, no me habría quedado más remedio que aceptar que me sugirieran un traslado a la segunda planta, a Psiquiatría, y no precisamente para trabajar ahí... En fin, que me lo paso muy bien en el curro; por eso hago desde aquí un llamamiento a todas aquellas que estéis ociosas por las mañanas y queráis trabajar. Ya veis lo que es. El trabajo es vuestro desde ya. Sólo hace falta, a mi juicio, vocalizar bien; y tener paciencia para aguantar al impresentable del jefe, al que, por otra parte, sólo veréis una media de dos veces a lo largo de tres meses. Bueno, me despido hasta no sé cuándo. La verdad es que hoy no he contado nada relevante (sólo que como siga llegando tan pronto al hospital, sí voy a acabar en la segunda planta. Se me ha ocurrido llevarme mañana una libreta para escribir... Lo que digo, a la segunda planta...) Ya os contaré más. Escribo demasiado y me preocupa![]() Buenas noches a todo el mundo. Sí, aunque me haya quedado en casa,ésta no tiene pinta de ser una mala noche. No lo puede ser por la simple razón de que no he tenido un mal día. El plan que venía rondándome la cabeza todo el día, finalmente no se ha concretado. Debería entristecerme, pero me ha venido bien. Me ha venido bien porque no es más triste quedarse en casa leyendo e irse de compras tú solo/a que salir con personas que no merecen la pena. A veces no sé porqué coño hago las cosas que hago. Dicen que es bueno seguir tus impulsos, pero no estoy muy segura de ello. Un ejemplo de esto es a lo que me estoy refiriendo, que no es digno de reseñar; pero otro ejemplo que os voy a contar,sí lo es. Y es que, como os venía diciendo, me he quedado en casa leyendo, bebiendo café y comiendo pipas, hasta que, a las 19.30, más o menos, mi hermana me ha pedido que la ayudara a bajar unas cosas al coche (se va de casa en breve). Y entonces,como me he tenido que vestir,me ha dado por irme a dar una vuelta, a pesar de que el cielo empezaba a oscurecerse demasiado. Ese sí ha sido un buen impulso; no hacía nada quedándome en casa, excepto aburrirme y desesperarme aún más. He ido al centro comercial de Príncipe Pío, que, como dice Homer Simpson "un centro comercial es el lugar ideal, hay de todo para todos, y diversión sin igual" (o algo así). No he cogido mucho dinero porque no tenía intención de comprarme pijaditas, pero nunca se sabe. Entro en el H&M y veo unas chaquetas que están muy bien. No me molaría comprarme ropa de otoño-invierno ahora porque veo que aún no la voy a poder utilizar, pero tampoco quería comprarme de verano,porque ya se va a acabar. Un gran dilema el mío... De todo lo que veo, me gustan dos chaquetas, una marrón que me quedaba muy bien, y otra rosita que se parece a un tipo de chaqueta que quería desde hace tiempo, pero al probármela no me acababa de ver con ella. Veo que son bastante baratas, y me entran tentaciones de comprarme las dos. De hecho, cojo las dos y me acerco a la caja. Sin embargo, me acuerdo en ese momento de que el viernes que viene es el cumple de mi hermana, y debería comprarla algo. En un ataque de lucidez, decido dejar la chaqueta rosa que me quedaba raquítica y me compro sólo la marrón. Aquí se puede ver que he hecho bien en no seguir mis impulsos. Además, ir de compras saca lo peor del ser humano. A veces vas porque estás depre, pero ver tantas cosas que te gustan y no poder comprarlo todo, te puede deprimir aún más ¡¡ y hacerte ver lo superficial que eres en el fondo !!. Yo he llegado a la conclusión de que, ante esa tesitura, a veces es mejor no comprar nada; y sobre todo si no lo necesitas en absoluto. Pues bien, después de salir de H&M, voy a otra tienda, a Zara, en busca de algo para mi hermana. No sé qué comprarla, tiene un estilo diferente al mío y no sé si acertaré. Finalmente, veo unos jersecitos de rayas finitos que se podría poner dentro de un mes (me explico fatal al hablar de ropa, espero que no me manden nunca cubrir la Pasarela Cibeles...o sí...) Voy al vestuario a probármelos, y escucho la conversación que mantenían dos o más pijas en el probador de al lado: "Tíiiia que bien te quedaaaa, comprátelo porque me encaaannntaaa. ¡Cómpratelo porque me encaaaanntaaa!" ( pues si tanto te encanta cómpratelo tú, cansina, y cierra tu bocaza de una vez). Y la otra: "Esta noche vamos a arrasar, tííía, vamos a arrasar con los mozos" (Sin comentarios).... Los jerséis me quedan bien y creo que van a gustarle a mi hermana, así que compro uno de rayas marrones y grises (creo recordar). Bueno, voy a ir terminando ya porque me enrollo un huevo. Tengo un problema, y es que escribo demasiado. Suele pasar lo contrario, a la gente le cuesta escribir más de medio folio para las reseñas de clase, y demás. Pero yo soy una petarda. No sé si estaréis leyendo todo esto, pero en cualquier caso, os agradezco el esfuerzo que podáis llegar a hacer para leerme. Yo no sé si lo haría en vuestro lugar. No creo que lo hiciera. Bueno, todo depende de quién escriba, claro. En fin, en resumidas cuentas, hoy podemos sacar como conclusión para nuestra terapia... 1) que no es bueno seguir los impulsos absurdos, 2) que no debemos ir mucho de compras para no contagiarnos del dialecto pijés, y 3) que nos saquemos de una jodida vez el carnet de conducir para no depender de los putos autobuses de la sierra y para no idear planes poco recomendables, y así... 4) no quedarnos en casa a aburrir al personal con historias para no dormir. He dicho. Hey Bulldog![]() Todo iba bien. Me despierto a las 7:50 a.m. y, con cierto esfuerzo, me meto en la ducha. Desayuno mi café con galletas (que no puede faltar), me preparo, y cuando voy a salir por la puerta me dice mi madre ¿llevas todo lo que tienes que llevar? “Eh… no”. Soy lo peor, de lo más despistada, una completa incompetente. En ese momento me dan ganas de machacarme un pie con la puerta, o de darme un guantazo que me deje la marca de la mano. Vuelvo corriendo a mi habitación y cojo la estadística. Si no llega a ser por mi santa madre, habría llegado más tarde aún al trabajo. Son las 9.15 y estoy esperando el tren. Ayer quedé con mi jefe a las 10, pero, de pronto, suena el móvil. Madre mía, a estas horas sólo puede ser él. Lo cojo, pero no le oigo bien. Aprovechando la coyuntura, cuelgo rápidamente y a continuación pongo el móvil en silencio; pero vuelve a llamar. No lo cojo. Pasa un rato y no llama. Ahora vuelve a sonar, pero esta vez es mi padre: “oye, que me ha llamado tu jefe (el muy listo, ha llamado al móvil de mi padre porque ayer le llamé desde ahí) y le he dicho que ya te habías ido hace rato, que ya tenías que estar en el hospital o a punto de llegar…”. Entonces se me ocurre decirle a mi jefe que he ido primero a hacer una copia de la estadística porque se me había arrugado (hice la copia el martes, y ahora tengo dos papeles, uno doblado en cuatro, y el otro no doblado, pero sí ligeramente arrugado). Llama el cansino del jefe otra vez, y no me queda otra que cogerlo. “Sí, ya estoy llegando” (acababa de coger el tren) “vale, pues aquí te espero”… Jooder, vaya viajecito, acojonada, mirando al reloj y al frente, con la mirada perdida, al reloj y al frente. 10:00 a.m. Llego al hospital. El jefe está sentado en la puerta de Donantes. Me entran tentaciones de subir sin que me vea, ponerme el uniforme, y bajar. Pero estoy como un flan y voy corriendo a saludarle, sea como sea. “Pero Sonia, ¿dónde estabas?” “Es que he ido a hacer la fotocopia, y había mucha gente en la papelería… Además, he perdido el tren que iba a coger…”. “Ah, ¿pero es que todavía no has empezado a trabajar?” “Eh… no”. Le entrego la estadística, los dos papeles iguales, el que está doblado y el que está hecho un asco. Los dobla él a su vez y se los guarda en el bolsillo. Empieza a mover la cabeza de un lado a otro, decepcionado. “Muy mal. Me parece muy mal, Sonia. (Yo me limito a guardar silencio). La otra vez que vine también te vi sin el uniforme, no sé si te ibas a ir antes o qué. Yo ya no sé si son coincidencias o esto es una cosa continua”. Y yo: “Lo siento, de verdad, sólo me ha pasado hoy, que he ido a hacer la fotocopia y he tenido que esperar a que abrieran; además, he perdido el tren, porque ahora me han cortado el metro y vengo en tren” (mentira, la Línea 3 lleva cerrada desde Junio…). Lo siento, de verdad” En ese momento cambia el gesto: “bueno venga, no pasa nada” a la vez que me da un toquecito amistoso en el hombro; “pero ponte las pilas ¿eh? A trabajar”. Ya está, ya pasó. Le digo hasta luego y subo a ponerme el uniforme, y las pilas. A la tercera me echan, estoy convencida. Me echan fijo. La segunda parte de la historia transcurre después. Subo y la supervisora me da los nuevos carteles que tengo que poner por el hospital, los de A negativo. “Necesitarás celo, ¿no?” y yo: “Claro” (aún no he conseguido pegar carteles con la lengua). “¿Me podrías dar también unas tijeras?”, “Pues espérate porque no sé si tengo, es que aquí hay alguien que roba las tijeras, ¿sabes?” Y yo: “Ah…” Empieza a buscar en un cajón: “Anda mira, aquí hay unas; toma”. Me da las tijeras más grandes y largas que he visto en mi vida; parecen sacadas de una película de Hitchcock. Gracias a dios, me las da con funda. Así, cargo con los carteles, con el celo y con las tijeras de asesina en serie, y me voy a poner los cartelitos; y a quitar los anteriores, claro. Al final, ante las atentas y curiosas miradas de la gente que hay por los pasillos y por todo el hospital, acabo partiendo el celo con mis propias manos. No quiero acabar la mañana con un dedo menos en la mano izquierda.
Acabo esta ardua tarea, vuelvo al vestuario, cojo el libro de “Alguien voló…” y me pillo un café de máquina. Salgo a la calle para sentarme a la sombra y relajarme un poco. Descubro que en esta parte del hospital, a las puertas del centro comercial y del Mc Donalds, un simpático chino ha montado un negocio ambulante de perritos enanos que saltan, se mueven y además hacen “mic, mic, mic, mic”. No ladran, sino que emiten una especie de llamada de atención continua, como lo que hace el Correcaminos, pero aún más irritante. El chino ha colocado unos tres o cuatro perros sobre el suelo, y les ha dado cuerda. En una bolsa, guarda decenas de ellos. Veo que nadie le compra nada, y me río de él para mis adentros. Bueno, más bien me río de la situación. Pero, de repente, una señora se para y le pregunta que cuánto cuestan los perritos. “Tres euros”. Como si eso fuera una minucia, la mujer abre rápidamente el monedero, y compra un perrito. La gente que anda por allí, en cuanto ve que alguien compra, acude hacia allí a ver qué pasa, qué se vende. Se abren monederos y más monederos. “Yo también quiero un perrito, pero dame uno que funcione ¿eh?” (=no me times, chino cabrón), le dice un marroquí al vendedor. Finalmente, ante el griterío de niños “cómprame uno, cómprame uno, papá”, y demás, se arremolina un numeroso grupo de personas en torno a nuestro chino.
Pasa un rato, el niño sigue berreando, está empezando a llorar y a patalear, y entre “Yoo quiero uunooo. Yoo quiero uuno, no tengooo ningunoooo” y el “mic mic mic mic mic” no hay quien se concentre en el libro de Ken Kesey. Pero hay que reconocer que la escena es divertida... Los padres del pequeño empiezan a discutir. Podrían ser, perfectamente, los invitados estrella de El Diario de Patricia. Él, mayor que ella, con barriga cervecera y barba de pocos días, está empezando a perder los nervios. “Cómprale el puto perro, coño, que te he dicho que luego te doy el dinero”. Y ella: “Claro, ayer estuviste toda la noche por ahí… Este mes vamos a tener mierda, mierda, si no te gastaras todo y dejaras algo en la cuenta…”. El tipo se aleja unos metros, desquiciado, y se enciende un cigarro. El niño corre enloquecido tras él, y recibe una suave, dulce y educativa reprimenda: “vete con la bruja esa, y que te compre ella el perrito de los cojones”. Finalmente, cuando el hombre se aleja un poco más, la madre decide comprar el maldito perro. Pareciera como si la presencia de ese ser despreciable la hubiera estado impidiendo hacerlo, quizá por orgullo, por rabia, o por nada en concreto. Por fin, el niño ya tiene su querido perrito. Es feliz; y ahora juega con él en silencio. Se podría decir, con toda seguridad, que esa felicidad le durará bien poco… De la paciencia![]() Hola a todos. Hoy ha sido un buen día, a pesar de todo lo que me ha pasado, y que me ha recordado un poco a la escena de “Las 12 pruebas de Asterix” en la que están en la Casa de la Locura y tienen que hacerse con el permiso A-38, o algo parecido. Sobre las 10:30 am., antes de ir a trabajar, en una papelería que hay al lado de mi casa, mando un fax al maldito vago de mi jefe con la estadística de donantes que me había pedido. La simpática mujer que me atiende me cobra un euro, menos de lo que esperaba, y a continuación me voy tan contenta a la facultad, a recoger los créditos de la radio. No creo haber visto nunca tantos tíos en mi facultad, y eso que sólo he estado un rato. Que merezcan la pena o no es otra historia, pero haberlos, los había. La verdad es que los de la radio no han tardado nada en darme el papelito firmado; el diploma me lo dan más adelante. Después, cojo de la biblioteca “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que me estaba llamando desde hace días. Me dirijo a continuación al hospital, que ya es hora, y para ello, cojo mi querida línea 6, sin aire acondicionado y petada de gentuza, (gentuza como yo) hasta Nuevos Ministerios, donde hago el trasbordo que tanto me gusta a la Línea 10, aunque ya lo han arreglado y no es tan horrible y tremendamente sofocante. Me sitúo en uno de los asientos vacíos que había, y al rato se sienta a mi lado una chiquita latina de unos 15 años con los cascos puestos. Yo también llevo el mp3, con It´s the end of the world a todo volumen, y, aún así, puedo percibir los estridentes sonidos bakalaeros que llegan a sus desgraciados oídos. Yo ya sabía que esta gente suele tener mal gusto (digo “suele”, hablo de lo que he visto), ya que sus oídos frecuentan a menudo el llamado reaggeton, pero no conocía esa faceta bakaluti en los latinos. Sinceramente creo que escuchar este tipo de música tiene que inducir a las personas a hacer cosas horribles. Sin embargo, no es justo que haga un razonamiento tan simplista, puesto que no podemos olvidar que al protagonista de “La Naranja Mecánica” lo que realmente le ponía era Beethoven… Abro el libro y al rato me doy cuenta de que llevo 3 estaciones recorridas y sigo en la página 1. Me está mirando, y en ese momento soy consciente de mi miedo absurdo ante la situación. Me mira constantemente, mira mis manos, mi libro, yo la puedo ver de reojo, y ella huele, olisquea mi miedo. Miro al frente y agarro fuertemente el bolso contra mí, pero por poco tiempo, porque la tipa se baja en Plaza de Castilla. La verdad es que, menos yo, cuatro gatos, y Rita, todo el mundo se suele bajar en Plaza de Castilla. Son las 12 menos 10, lo que significa que llego prácticamente 3 horas tarde al trabajo. Subo las escaleras, esperando, como siempre, que no me vea nadie y… ¡OH! Sorpresa, ¡la supervisora! Pero no pasa nada, generalmente se limita a decirme "hola" con una sonrisa en los labios, pero hoy se dirige a mí con un gesto serio: “dile a tu jefe que quiero hablar con él”. Sin duda, mi cara refleja en ese momento mucho más temor de lo que se pudiese vislumbrar a simple vista en el momento del metro. “Quiero hablar con él sobre la estadística, porque no quiero que utilice el papel en la reunión, que utilice sólo los datos, como si se los hubieras dado tú”. (Ah, bueno, pues que se entiendan entre ellos…) “Vale, yo le llamo”. “Por cierto, tienes que cambiar los carteles, porque ahora hace falta A negativo, pero hazlo mañana si quieres, por si hoy no te viene bien…” (Sí, bonita, porque a las horas a las que vienes…) Y yo: “bueno, también lo puedo hacer esta tarde…”. “Vale, muy bien. Pues dile a tu jefe que me llame eh?” (“¡Que sí!”) Son las 14 horas. Estoy en casa, comiendo, y me llega un sms al móvil, y… ¡es mi jefe! Madre mía, es el único hombre que, últimamente, me llama a diario, y no sólo eso… ¡¡sino que también me escribe mensajitos!! “Sonia, ¿puedes volver a mandar el fax? Es que no se ve bien”. Me cago en todo, en el jefe, en el fax y en la jodida estadística, que la llevo paseando 3 días por Madrid y haciendo el gran esfuerzo de que no se arrugue, tarea prácticamente imposible. Ayer la llevé metida en una carpetilla, pero hoy he decidido que ya llevaré bastantes días carpetita cuando empiece el curso… Vuelvo al hospital sobre las 5, y, para resolver lo del fax, se me ocurre brillantemente mandarlo desde allí y además, gratis. Le pregunto al celador que hay en Donantes, donde descubro (¡oh, qué gran descubrimiento!) que se puede mandar fax. El tío está más perdido que yo “Pues es que yo no sé utilizar la máquina de fax, pero vete a Admisión del General: entras, sigues todo recto el pasillo que va hacia Traumatología…” (A ver tío, ¿tú no sabes quién soy yo o qué? Me recorro todos los días el jodido hospital, ¿cómo no voy a saber llegar hasta ahí?). Total, que voy hasta el sitio en cuestión y se lo cuento a una amable señora, que me explica cómo se usa, (para la próxima vez) y además, cotillea el contenido del folio: “ah, ¿pero hay azafatas en donantes?”, “Sí, soy yo” (qué pasa). A pesar de lo recatada y modosita que parezco ante ojos desconocidos, a veces me asombra mi desbordante, enloquecedora y agresiva actitud interior cuando estoy empezando a perder los nervios… Bueno, el fax ya está mandado, me relajo, hago la ronda; y me voy a merendar. Cuando termino, me voy a casa, y llamo a mi jefe para ver si le ha llegado el fax, y para decirle que llame a la supervisora. “Pues es que sigue sin verse bien, será que no tengo mucha tinta…” (A ver, torpe de mierda, ¿de qué vas?) “Pero tienes el original, ¿verdad?” (El original, después de mandar el fax, lo doblé en cuatro y me lo metí en el bolsillo…) “Pues mira, Sonia, mañana voy al hospital, a las 10, ¿vale? Y ten el móvil encima, porque a veces te llamo y está apagado” (gran mentira) Total, que después de todo esto, después de haberle podido dar el papel en mano desde el martes, al final el muy cretino acaba viniendo a por ello, y encima… ¡¡me va a hacer madrugar!! Qué duro es esto… Del aburrimiento![]() A las 19.20 ya era de noche. Una fuerte e intensa lluvia comenzaba a caer sobre el tejado interrumpiendo nuestra interesantísima conversación sobre avales. Lo siento, seré un poco inmadura, pero las conversaciones que giran en torno a comprarse un coche, una casa, y cómo arreglárselas para pagarlos, me aburren solemnemente. Así, lo único que salió de mis labios durante la conversación que estaban manteniendo Sara (29 años) y Patricia (21) fue “bua, yo me quiero quedar para siempre a vivir con mis padres…” (Una frase, definitivamente, lapidaria). Después, sobre las 20 horas, cuando el vendaval y la tormenta empezaban a arreciar, voy en metro desde Begoña hasta Chamartín, donde siempre cojo el tren para volver a casa. Me encanta cuando llueve, siempre pasan cosas emocionantes, aunque hoy, de momento, no haya pasado nada más emocionante que el hecho en sí de que haya llovido después de tanto tiempo, con rayos y centellas incluidos. Llego a Chamartín, me monto en mi tren “atocha-príncipe pío” y me siento al lado de una chica que iba leyendo. Yo, por mi parte, abro mi libro, “La tabla de Flandes” de Pérez-Reverte, y me termino de leer rápidamente las 10 hojas que me quedaban (ya os hablaré del libro). A continuación, acosada por el tedio que supone ir en tren y no poder ir a tu bola mirando por la ventana, descubro que el título del libro que tiene entre las manos la chica que está junto a mi, dice algo así como “La cena secreta”, basado, sin ningún género de dudas, en el magnífico “Código da Vinci”. ¿Qué le ha dado a todo el mundo con ese libro? He llegado a leer, en Internet, a gente que asegura que su escritor favorito es Dan Brown. Me parece excelente que, gracias a este autor, más de uno y más de una hayan descubierto el placer por la lectura, pero me parece, por otra parte, muy injusto que, sin haberse molestado en conocer ligeramente la historia de la literatura, aseguren tajantemente que este tipo de libros y de lecturas sean los mejores del mundo y de su vida. Después de estas observaciones sobre el libro de marras, me sigo aburriendo en el tren, así que me dispongo a observar y analizar descaradamente a la gente que tengo a mi alrededor, empezando por ese chico joven, delgado, que se sienta en escorzo y que viste un pantalón negro ajustado con flores blancas bordadas, a juego con una camiseta de manga larga, negra, y no menos ajustada que el pantalón. Lleva, asimismo, gafas negras de friqui soñador, cruza las piernas coquetamente, y todo ello me hace pensar que no siente ningún tipo de predilección por mí, ni por la chica que lee el libro sobre “la última cena” de Leonardo. Giro mi afilada mirada 45 grados y veo a un hombre que también está leyendo; parece no ser tan joven, pero no ha perdido el atractivo ni los modales esmerados de ejecutivo arrogante. Puedo ver también el título de su libro, que está en inglés, y dice: “highly eficient people”, muy acorde con su atuendo y circunstancias, sin duda. No obstante, deduzco que se aburre solemnemente con este tipo de lectura, porque no para de bostezar y de comerse las uñas (como yo con la conversación de los avales). Quizá sus ojos, en este punto, dejan de denotar cierta arrogancia y prepotencia para reflejar algo de humanidad; no termino de ver a este tipo en plan tiburón arrasador y ávido de euros contantes y sonantes. Llega la hora de bajarme del tren, (para alivio de todos, lectores y señores viajeros), y siento la lluvia, ya fina y delicada, caer sobre mis brazos desnudos, pero no me importa, me apetece mojarme, me apetece perderme bajo los árboles y a través de las luces de los coches, de la ciudad iluminada, porque ya se acerca el otoño, y porque quiero que llueva, que haga frío y que pasen cosas highly emocionantes. Bienvenid@ a mi superblog![]() Esto es para todos vosotros, que os habéis atrevido a invertir algunos de vuestros preciados minutos en leer mis historias. Aviso para navegantes: - Para empezar, tenéis que saber que mis historias suelen ser poco interesantes, lo cual no quiere decir que no puedan contarse de una manera ciertamente peculiar. - En segundo lugar, tenéis que saber que aquí no vais a encontrar una escritura correcta y cuidada en la forma y en el fondo; aunque eso siempre lo intente, claro. No escribo bien, y el fin de crear este blog tampoco consiste en llegar algún día a escribir bien. Por otra parte, no sé si es posible llegar algún día a escribir bien. Simplemente, me conformaría con no hacerlo rematadamente mal. - Por último, y no menos importante, os exijo que si sois capaces de leerme y no aburriros, además de que por vuestra cabeza no haya pasado ni un solo momento la idea de que soy una inepta mental estructural; en fin, si me leéis y no ocurre nada de eso, os exijo que me dejéis un comentario. Y si realmente pensáis todo aquello, os ruego os abstengáis de decírmelo y de hacer comentario alguno. Gracias. Bienvenid@ a mi blog. Acabaré odiándoloLo mejor de ir a trabajar es ir leyendo en el tren. Aunque también tengo tres cuartillos de hora para estar en la “sala vip” tomando café y haciendo lo que me venga en gana. Sí, salvo esta pequeña gran excepción (y la de merendar con Inma y con Patri, claro), ir a currar es un verdadero coñazo. Ya he tenido algún tropiezo mientras hablo por megafonía. Nunca me había ocurrido y pensaba que nunca me iba a ocurrir; pero es cierto, he de reconocerlo: el otro día lo hice en idioma tartaja. Y sinceramente pienso que esto no es lo peor; (aunque de esta manera mis estimados oyentes dejarán de pensar, de una vez por todas, que lo que están escuchando es una mera grabación). Lo peor, en cambio, es el hecho de que durante cinco días a la semana, por las mañanas y por las tardes, me dedique a transmitir siempre el mismo mensaje, y que, por tanto, el tono que adquiera mi voz vaya tiñéndose, cada vez más, de una dejadez y de una estupidez, cuando menos, irritantes. Lo peor también es el hecho de que cuando voy por la calle, caminando hacia mi casa, se me quede mirando un desconocido durante un par de segundos, y mi reacción sea la de disponerme a escuchar, pacientemente, todas sus dudas y preguntas, “perdone señorita: ¿por dónde voy a urgencias? O ¿dónde me hacen esto?”, mientras me muestran un volante con anotaciones ilegibles… Otra cosa que me ocurre a menudo es avistar por la calle a algún transeúnte con camisa amarillo pollito y… ¡coño! ¡Un celador! En fin, que no tengo remedio… Sin embargo, ahora que lo pienso, creo que no he soñado ningún día con el hospital, y eso que el subconsciente nos suele jugar malas pasadas, (gracias Freud). De todas formas, aunque aún no haya soñado con el hospital, estoy convencida de que algún día lo haré; y si no, es igual, porque acabaré volviéndome loca en cualquier caso. Estoy esperando, temerosa pero irremediablemente, el día en que le suelte, a mi querido público, algún desatino verbal-gramatical; porque desatinos fonéticos…, desatinos fonéticos ya he tenido… y la verdad es que no me ha preocupado lo más mínimo. Lo dicho: espero no acabar odiándolo, aunque quizá ya lo haga, y de ese modo irónico doloroso que sale muchas veces en mi ayuda sin que yo lo llame expresamente… |
Sonikelandia"Un artista debería crear cosas bellas, pero no poner en ellas nada de su propia vida. Vivimos en una época en que se trata el arte como si de una forma de autobiografía se tratase. Hemos perdido el sentido abstracto de la belleza. Algún día le mostraré al mundo cuál es; y por esa razón el mundo jamás verá mi retrato de Dorian Gray".
El Retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde. Temas
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