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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2007. Corresponsales en el siglo XXI![]()
ubo un determinado momento en el que se me pasó por la cabeza ser corresponsal de guerra. Fue en primero de carrera, leyendo las aventuras de Kapuscinski, de Manu Leguineche, y del Herr de “Despachos de Guerra”. Pensaba que es de ese tipo de cosas que no eliges, sino que te atrapan irremediablemente a ti. Pero se me pasó. Y con esta idea, con la de volver a sentir la necesidad de ser corresponsal, acudí a la conferencia del martes día 30 en el Instituto Cervantes, en la que profesionales del oficio iban a debatir en qué consiste hoy la figura del corresponsal. Yo pensaba que no era lo mismo ser un reportero – a secas- que un corresponsal de guerra. Sin embargo, Alfonso Armada se define como reportero, eludiendo así la figura del corresponsal de guerra, que, en su opinión, “tiene demasiado glamour”. Todos los ponentes coinciden en que hoy prima el espectáculo por encima de la información, y en que se está, desgraciadamente, configurando un periodismo que se podría calificar “de hotel”. Ya no se buscan las historias personales, las consecuencias de la guerra, el contar algo que nadie más pueda ver, que no pase por el filtro militar y de las fuentes oficiales. Es muy fácil ir a la rueda de prensa que da el jefe de los marines norteamericanos en Irak y transmitir al pie de la letra lo que se ha dicho en ella. Es también muy fácil quedarse en el hotel, hacer un par de llamadas, y escribir después un batiburrillo de lo que dicen las agencias o, lo que es peor, de lo que dice el reportero de la competencia y que sí se ha atrevido a salir a la calle a enfrentarse a sus miedos. En este sentido, Gervasio Sánchez apunta que “a la guerra hay que ir a sufrir”; y también considera que “un gran periodista debe ser ante todo el que huye del protagonismo”, al que no le interesan en absoluto los premios y el que siente que la guerra no es un espectáculo, el que escribe buenas crónicas tanto al lado de su casa como en un conflicto lejano. Para él, la guerra mejor cubierta fue la de Vietnam, y después, desde Los Balcanes, considera que “ha habido un gran silencio”, que “el periodismo ha ido cada vez a peor: Poderes ajenos a la comunicación han invadido la esfera de poder, sobre todo en EE.UU. y en Francia, donde las multinacionales controlan los periódicos y los medios en general”. En opinión de Gervasio, “en España ocurrirá lo mismo dentro de unos diez años”. Por otra parte, todos recuerdan con tristeza la reciente pérdida “de uno de los más grandes”, Ryszard Kapuscinski, para quien era completamente incompatible ser un cínico y a la vez dedicarse al periodismo, para quien era imprescindible vivirlo todo sobre la guerra antes de escribir nada sobre ella, y para quien también era inconcebible que los medios únicamente se dediquen a reproducir las informaciones de siempre y dejen de lado a un gran continente como es África, en el que se desarrollan a diario miles de historias y de conflictos que es preciso tratar y conocer. Alfonso Armada, en este sentido, se lamenta de que hoy haya más capacidad, más medios para captar y transmitir la información, y a la vez se dé una información de menor calidad en los medios de comunicación. Así, en esta situación, ¿qué puede aporta hoy un corresponsal? Miguel Murado, el más joven de los ponentes, señala que “el corresponsal - o enviado especial- no es una figura estrictamente del periodismo. Antes ya se escribían cartas informando de lo que ocurría en otros países. En el siglo XIX, diplomáticos, espías y periodistas tenían en el fondo el mismo trabajo”. Sin embargo, para Miguel, “el compromiso con la verdad es diferente en los tres casos”. La aportación más importante de la figura del corresponsal es que con su trabajo ha conseguido acabar con la gloria militar. No obstante, como bien apunta Miguel, si reducimos el trabajo del periodista a una misión utilitaria, hoy quizá se podría prescindir de él, ya que la información se podría seguir obteniendo por otros medios. No hay que olvidar que a veces, incluso los hechos se conocen antes gracias a las agencias que al trabajo real del reportero. Así, para Miguel, la función que hoy podría cumplir un corresponsal, sería la originaria, es decir, la de ser “un referente literario”. No en vano, “las crónicas que han sobrevivido no han sido las más precisas, sino las mejor escritas, las más literarias, aquellas que “rompen el río de hielo que llevamos dentro”, tal y como dijo Kafka”. Y con esta frase y estas ideas en la cabeza – y en mi libreta- vuelvo a casa, para pensar y recuperar esos libros, esas aventuras, esa pasión por el periodismo y por el riesgo que nunca me abandonaron y que quizá, algún día, me harán decir a mis amigos: “yo no soy corresponsal de guerra, sino, simplemente, reportera”. Jueves, 01 de Febrero de 2007 15:00. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar. Brazil, Terry Gilliam![]() En Brazil (1985) de Terry Gilliam (de los Monthy Phyton y autor de 12 Monos, Miedo y Asco en Las Vegas, La Vida de Brian…) encontramos todos los elementos de una historia surrealista pero a la vez con un excelente sentido de realidad, de una realidad desesperanzadora. Todo está inscrito en el marco de un sistema opresivo y ultraburocratizado, que recuerda a 1984 de George Orwell, y que tampoco deja de hacer guiños a El Proceso de Kafka. Sam Lowry (Jonathan Pryce) es un tecnócrata soñador con un puesto en uno de esos ministerios con nombre curioso, como en el libro de Orwell: Recuperación de la Información, u Obtención de la Información, que entrañan grandes e importantes diferencias entre ellos. Un error en un apellido debido a una mosca caída en la cabeza de un teletipo provoca la detención errónea de un inocente, de consecuencias fatales para éste. Como oficialmente no existen errores en el sistema burocrático, nadie quiere hacerse cargo del papeleo excepto el bienintencionado Lowry. Durante su visita a la familia del fallecido tiene un encuentro casual con su vecina, a la que reconoce como la mujer de sus sueños –literalmente- . El mundo de lo onírico y lo espiritual frente a lo sórdido de la experiencia social del protagonista también es un elemento clave en la trama y en la forma. El descubrimiento de esta mujer hace que, para poder obtener información sobre ella, Sam se someta a los deseos de su madre, una narcisista recalcitrante y muy bien relacionada, que no deja de hacerse operaciones de estética, lo que aporta una gran comicidad al filme, sobre todo en el momento en que se está estirando la cara, una cara extra maquillada; que nos sorprende en ese ambiente extraño, cínico y sugerente que lo envuelve todo. Finalmente, tanto la implicación del protagonista en ese error burocrático como su obsesión por la mujer de sus sueños así como sus contactos con un fontanero clandestino complican su vida hasta el punto de que pasa a ser considerado una amenaza para el Sistema. Sam pasa a ser un elemento distorsionador de éste, algo transgresor, lo que hace que, mientras está consiguiendo el amor de su chica soñada, todo se vaya complicando y acabe en manos del Sistema, que se encargará de subyugar sus aspiraciones soñadoras y rebeldes para siempre. Esto aportará un final triste, desesperanzador, absurdo, en el que, el protagonista, cantando Brazil y sumido en esa locura lúcida que hace los cuerdos siempre acaben en el manicomio, dejará un poso de pesimismo y desasosiego en el espectador. Sábado, 17 de Febrero de 2007 12:23. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Cinefilia No hay comentarios. Comentar. Crónica de un concierto surrealista![]() Ella cantaba. Estaba rodeada de un montón de personas que también cantaban. Hacían música de iglesia. Después descubrí que eran casi feligreses. Ella hacía coros. En realidad no se sabía si cantaba algo o no. El aparato en sus dientes, su gesto ridículamente infantil, sus alborotados rizos que caían sobre una chillona camisa morada de seda intentando -sin éxito- esconder su prominente pecho, imprimían a la escena un carácter grotesco y espeluznante. Los instrumentos sonaban mucho más altos que las voces, lo que, en última instancia,- y en contra de lo que se pudiera pensar-, hacía que los cantantes merecieran debidamente los aplausos que recibían.
Yo aplaudía hasta que me picaban las manos, - cosa que ocurría más pronto que tarde- mientras me imaginaba en el bar de enfrente, con mi hermano y mi padre, tomando unas cañas y viendo qué tal le iba al Real Madrid. Nunca me había interesado tanto el fútbol. Mi padre - como aquél que fue a por tabaco y no volvió- nos había dicho que iba al baño. Cuando mi hermano le llamó "a ver si le había pasado algo" y descubrió dónde se encontraba, no tardó en reunirse con él. Pero después salieron mi hermana y su grupo. Cambiaron los cantantes y los músicos. No había color. No había sermones. No había camisas de seda color morado. Mi cuñada hizo entonces una llamada perdida a mi hermano para que dejaran las birras y el fútbol y vinieran a lo que habían venido.
Tardaban en volver, y a mi madre empezó a darle un ataque de nervios. Estaba nerviosa, como todas las madres cuando tienen que controlar a la familia en un evento de estas características, ya sea una boda, un bautizo, o un concierto de su hija predilecta. Y a mí me ponía nerviosa que no dejara de hacer comentarios. La verdad es que, los conciertos, al darse en un gran salón de un centro de ocio, tenían un halo de acontecimiento familiar e incluso religioso. La nota espiritual la puso un tipo que mi hermano y mi padre decían que se parecía al de Arma Letal 2. Era extranjero, quizá europeo, de unos 60 años, tenía arrugas, el pelo blanco y los ojos azules. Portaba un chaleco negro sobre una camisa blanca, y en general parecía que se había esmerado en escoger su vestuario para la ocasión. Salió a escena, y haciendo gala de una grandiosa y elocuente verborrea, se esforzó todo lo que pudo para aleccionar como es debido a un numeroso grupo de corazones solitarios que necesitaba encontrar el camino, la respuesta, la salvación, la razón de la sinrazón.
Pude verle parlamentando emocionado ante el público cuando volví de tomarme una cerveza, con mi madre y mi cuñada, en el bar que había retransmitido minutos antes la derrota del Real Madrid. Yo había propuesto escaparnos empleando la misma excusa y el mismo método -llamada perdida cuando volviera a salir el grupo de mi hermana- que habían utilizando antes mi hermano y mi padre. No obstante, ellos no jugaron limpio, ya que nos llamaron antes de que, efectivamente, mi hermana hiciera su aparición en el escenario. Me cabreé de una manera importante, ya que, con las prisas, había tenido que beber más de la mitad de mi cerveza en cuestión de segundos. Juro que cuando llegué y me senté de nuevo en mi asiento, estupefacta ante la bromita de mi hermano y el espectáculo que estaba dando el feligrés, el alcohol ya se me había subido a la cabeza. No recuerdo ahora mismo haber bebido nunca nada tan rápidamente, excepto los chupitos de tequila reglamentarios del viernes pasado.
Al principio ya hacía calor, pero, cuanto más tiempo pasaba, más se cargaba el ambiente. Y mi cabeza. En qué hora me habría puesto ese jersey de cuello cisne, me dije. Mi hermano y mi padre no paraban de reír. Además de reírse del feligrés, - al que comparaban unas veces con el de Arma Letal y otras con Flanders, el de Los Simpsons- , decían que habían visto a un tipo que le hablaba a su mano. La cosa se ponía cada vez más surrealista. Yo también reía. Y cada vez había más asientos vacíos. La gente iba, venía, iba al baño, al bar de las cañas rápidas... Las luces del techo empezaron a fallar. Iban, venían, a veces nos quedábamos a oscuras, incluso una vez me pilló la oscuridad en el baño que había al lado, y me di un golpe tonto en la mano con la puerta al calcular mal las distancias. Mi hermana y una amiga ensayaban en el baño, hacían mmmm mientras entonaban todas y cada una de las notas de la escala musical. Cuando no me veían, - o sea, cuando estaba dentro del baño o cuando se iba la luz- , no podía hacer otra cosa que reírme estúpidamente de la situación.
La música pronto volvió a sonar. Los asientos volvieron a ocuparse. Debía de haber unas 150 personas. Echando una ojeada rápida a tu alrededor podías ver a un hombre mayor muy delgado, canoso, hiperactivo, que daba palmas de manera frenética al son de la música. También podías ver a un joven que llevaba puesta una camiseta de Jimi Hendrix, moreno, con gafas, y con un mechón de pelo más largo que el resto y que le caía de manera graciosa sobre la espalda. También se volvía loco dando palmas, debía de estar alcanzando el paroxismo de un dolor que sólo en él parecía tan placentero. Se había levantado de su asiento y bailaba como un verdadero demente. Después, si te dabas la vuelta, podías ver a David, pareja de mi hermana y fan de Los Beatles y en general de todo el rock de calidad que se ha creado en este mundo, que silbaba, aplaudía, y gritaba uuuuhhh emocionado cada vez que acababa una canción. Si dejabas de mirar a David y mirabas, simplemente, al frente, apreciabas la impasibilidad y excesiva quietud del cuñado del fan de los Beatles, que ni daba palmas, ni se movía, y me atrevería a decir que ni siquiera cambiaba la expresión de su rostro. Quizá todo ello fuera fruto de una incesante y atenta observación del ambiente. Pero yo, en cambio, sin levantarme de mi asiento, y sin dejar de observar y analizar todo lo que ocurría a mi alrededor, de vez en cuando sí daba palmas acompañando a la música, y también, me movía ligeramente de un lado a otro.
El coro al que pertenecía la joven espeluznante de aparato en los dientes y camisa morada lo tenía difícil al lado del coro de mi hermana. Era la primera vez que actuaban. Era comprensible que fueran tan patéticos. Y tan cansinos. Cantaron una última canción, cuya letra proyectaron en una pantalla, a través del archi utilizado programa de ordenador Power Point, con dibujitos incluidos para ilustrar a la perfección el sentimiento que se desprendía de la letra de la canción: es Él, Él es lo que buscabas, nadie te escuchará igual que Él. Él es el Amor. El feligrés, al acabar el concierto, tomó de nuevo la palabra. Era para despedirse, y ofreció a todos los asistentes un café, un refresco y unos bollos. Y aparte de esto, nos instó a que compráramos alguno de los libros que se habían puesto a la venta en una mesita a la entrada del salón: El poder de la fe, La respuesta está en el Señor, Encontrar la salvación. O, en su defecto, si no queríamos dejarnos guiar por el camino del amor religioso y espiritual, nos dejáramos al menos guiar por el camino del altruismo y de nuestro eterno e infalible compromiso con Pepito Grillo, lo que significaba tener que dejar una ofrenda a la salida. "Pueden dejar algo, lo que sea, nos ha costado dinero alquilar este local", aseguraba un feligrés que ya hablaba mejor el español, mucho más terrenal y menos místico e inocente.
Según acabó de hablar el tipo de Arma Letal 2, acudí a husmear esos bollitos y ese café. Me avergonzaba ser tan golosa, e hice caso cuando mis padres y mi cuñada me dijeron que estaba loca si tenía intención de tomarme un café con bollos a las 10 de la noche. Pero sólo hice caso a lo del café, porque desde la mesita en la que estaban, no sólo me llamaban los lacitos de hojaldre, sino los bizcochos de chocolate y las magdalenas. La verdad es que bastante gente se estaba agenciando un café y un bollo. Un ágil y canoso hombre mayor que vestía un chándal multicolor y zapatillas deportivas intentaba hacerse paso entre la multitud para coger cuanto antes su bizcocho. Me dio miedo y apenas quise interponerme en su camino. Me esperé y le observé. Parecía un tipo solitario y fracasado, cuya única ilusión por la vida había quedado relegada a ese vistoso chándal y a ese bizcocho que iba a pasar a su estómago en cuestión de segundos.
Cogí entonces un bollo de chocolate y me reuní de nuevo con mi familia, esperando ver enseguida reflejadas en sus rostros miradas cínicas de reprobación y banales sonrisas de desesperación. En mi familia a veces me siento como una especie de bufón. Pero cuando volví con otro bollo de frutas y les dije que estaba muy bueno, a mi hermano también se le antojó comer uno. Le daba vergüenza ir y cogerlo. Entonces, para que lo hiciera yo una vez más, mi hermano -o sea, el empresario y director gerente- me dio nada menos que 70 céntimos para que los dejara de ofrenda cuando saliéramos. Así, sin defraudar a nadie y sin salir de mi papel de bufón, el coraje - o la locura surrealista que envolvía en general todo el evento- se apoderó nuevamente de mí y volví en busca de más bollitos.
Llegó la hora de irse; cuando salíamos por la puerta dejé la calderilla en una cesta de mimbre que había en una mesa y busqué con la mirada a la señora que había ahí sentada, quien, por fin, al verme, me sonrió cariñosamente. Esto me sentó casi mejor que los bollitos y la cerveza de antes. Salimos todos acalorados y un poco atontados. Nos montamos de nuevo en el coche de mi hermano y nos llevó a casa con el famoso GPS, que hizo las delicias de mi madre y que a mí me puso nerviosa una vez más. La espiritual música de ese coro y las palabras del feligrés de Arma Letal no habían conseguido, ni por asomo, conducirnos por el camino de la cordura. Sábado, 17 de Febrero de 2007 12:33. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Escritos del resto del año No hay comentarios. Comentar. I Am The Walrus Examen de Opinión Pública: bien. Mejor de lo que esperaba. Me vuelve a gustar el profesor tras unos días de intenso y desquiciante estudio en la biblioteca – por cierto, qué bueno lo de estudiar en la biblioteca: te das una vuelta, sales de casa, estás con gente y no te distraes con la tele, ni con blogs, ni nada; eso sí, te distraes con otras cosas, pero más sanas-. “Diego dice que el examen es difícil”- me dijo ella. Y yo, con una sonrisa, niego: “no, qué va, es súper fácil. Lo que pasa es que Diego no se lo sabía.” Y con los nervios que suelen apoderarse de una persona antes de entrar a un examen, me suelta: “Yo tampoco me lo sé. Diego no se lo sabe. Yo soy Diego. Esto es un silogismo.” Aunque sea una de las cosas más absurdas que he oído en mi vida, me parece curioso, y mientras voy a la rueda de prensa me acuerdo –cómo no- de una canción de los Beatles: I am The Walrus, aquella que, según Lennon, jamás se podría escuchar silbar a un camarero en España, y que comienza con estos versos: “I am he as you are he as you are me/ And we are all together”. La busco en mi mp3 y no la encuentro. Voy hacia el metro soportando la jodida lluvia que cae sobre mis pies y que se cargaría mis botas preferidas y únicas en el mundo para siempre. Cuando me monto en el metro aparece la canción en mis orejas, pero también, un músico ambulante con un acordeón, que se encargaría de hacerme escuchar después la canción una vez más. Pongo cara de fastidio y veo que un tío que está sentado frente a mí ha percibido ese gesto de asco en mí. Es tan guapo y sus rasgos tan perfectos, que no me gusta nada. Llego a Banco de España. La rueda de prensa de presentación de la revista Granta es en el Círculo de Bellas Artes. Dios, ¿por qué no parará de llover? Voy cargada con el paraguas, con una carpeta en cuyo interior no hay nada que haya utilizado durante la mañana –ni siquiera he repasado los apuntes en el metro por vaguería- y con un bolso en el que no hay más cosas porque no caben. Aparte, llevo el mp3, que a veces se cae de mis orejas y me hace volverlo a colocar una y otra vez, con una mala leche violenta y enloquecedora. Llego al Círculo de Bellas Artes. Digo en la puerta que voy a la presentación de una revista y pregunto dónde está el Salón María Zambrano. “Quinta planta”. Subo en el ascensor acompañada por una mujer joven y muy pintada y por una señora mayor que empieza a hacer bromas y hay que reírlas. Llego al salón, en la puerta hay una tipa que lleva un móvil colgado al cuello y que tiene unos papeles y un boli en la mano. La mujer pintada le da dos besos y dice su nombre. ¿La tendré que decir yo algo también? Hago amago de entrar al salón y nadie me dice nada. Entonces, para ver qué pasa y para que me den un dossier y un número de la revista, vuelvo sobre mis pasos y le digo a la tipa cómo me llamo y de qué medio vengo. Empieza a pasar hojas de su informe y veo “Europa Press” y demás. Yo estoy en la tercera y última hoja. “¿Vienes de Jazztelia, no? Sí, aquí estás.” Hace una cruz al lado de mi nombre y veo que sólo estamos apuntados yo y el profesor del taller, que al final no apareció por allí. Entro y veo que hay muy pocos asientos ocupados. Me sitúo en la última fila, quizá por mi timidez. De todas formas hay sólo seis filas y voy a ver igual de bien a la gente. De lo que se trata es de que a mí no se me vea mucho. Mientras me siento voy dejando a mí alrededor todos los bártulos que llevo encima. Dejo el paraguas en el suelo, aunque nadie más lo ha hecho. ¿Será que no han traído? ¿O que los han dejado todos en algún sitio en concreto? ¿Dónde coño los han dejado? Recorro toda la sala con mi mirada y no veo ningún paragüero ni nada que se le parezca, así que no me queda otra que seguir con el paraguas ahí. Miro mis pies y las botas están muy mojadas. “A ver si se secan” pienso, aunque parece que se están poniendo de un color raro. Lo peor es que tenía razón mi madre cuando esta mañana me ha advertido: “¿No se estropearán esas botas con la lluvia?”, y yo: “no, no sé, da igual…”. Si nadie me hubiera dicho nada, ahora no me sentiría tan mal. Pero al fin y al cabo no ha sido mi culpa. Ha sido culpa de la jodida lluvia, del examen y de la rueda de prensa… Qué rabia. Qué disgusto. Parece que ya no hay remedio. Soy lo peor. Me encantaban esas botas, me costaron lo suyo y me las ponía todos, todos, los días. Lo nuestro duró sólo dos meses. Pero fue muy intenso. Ahora sólo puedo decir que nunca encontraré otras iguales. Fue bonito mientras duró. Mientras me lamento por una intuición de lo que después sería una realidad, está llegando más gente a la rueda de prensa. Jóvenes, mayores, hay mujeres que van muy arregladas; otras, las fotógrafas, llevan vaqueros rotos y botas altas sobre ellos, pero ninguna de esas botas son tan cómodas y tan bonitas como las mías. Hay mucha gente que aún no se ha sentado, y sigo sin ver paraguas en el suelo. Vaya tela. Abro la revista en formato libro que me ha dado la tipa de la entrada y veo que son crónicas narrativas – como se diría después en la presentación en sí- y empiezo a leer con interés la primera, que se llama “Diario” de Susan Sontag. Qué bueno, os pongo un ejemplo: “1 de junio: Una de mis emociones más intensas y más empleadas: el desprecio. Desprecio a los demás, me desprecio a mí misma. Soy impaciente (¿desdeñosa?) con la gente que no sabe cómo protegerse, que no sabe cómo hacerse valer. Mi mente= King Kong. Agresiva, hace pedazos a la gente. La mantengo encerrada casi siempre; y me muerdo las uñas”. La presentación en sí no fue muy entretenida. Cuando todo el mundo se había sentado por fin pude ver un par de paraguas en el suelo, y eso me hizo sentir mejor. La primera tía que habló empezó a decir cosas que ya venían en el dossier, qué coñazo, mi jaqueca empezó a hacer su aparición y las lentillas empezaron también a joderme después de haber dormido poco y de haber hecho un examen. Pero después se empezaron a decir cosas un poco más interesantes que por desgracia para vosotros y alivio para mí, no voy a contar. Lo mejor que he sacado de ir ahí ha sido la revista formato libro que va a salir cada tres meses y que cuesta nada menos que 17 euros. Vuelvo a casa y me pongo otra vez I am The Walrus. ¿Nunca os ha pasado eso de “redescubrir” una canción? A veces, canciones que has escuchado mil veces y te sabes de memoria, resurgen como si las escucharas por primera vez y vuelves a adaptarlas a tu actualidad más inmediata. Pues bien, ésta ha sido la canción del día, no sé muy bien si debido a la conversación previa al examen o a que la morsa hoy he sido yo. Sábado, 17 de Febrero de 2007 12:43. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Volver a juntar palabras![]() Ya han resucitado los blogs. Es normal, por otra parte, que hayan muerto por unos días. Tanta gilipollez acumulada y cada día, de más y más personas. Yo al mío en el fondo le había cogido cariño. Aunque he seguido escribiendo para mí, no es lo mismo. Además, he estado de exámenes, y me ha venido bien pasar del blog – o más bien, que él pasara de mí- por unos días. El martes hice uno de los peores exámenes de mi vida, lo pasé casi peor que en selectividad. Era un examen con apuntes. El friki del profesor quería que hiciéramos un “ensayo creativo”, y en la única pregunta que nos hizo quería que habláramos prácticamente de todo lo que había en los apuntes, pero haciendo una síntesis personal, claro. La pregunta era “Prensa, ciudadanía y construcción de la identidad española en los siglos XVIII y XIX”. Vamos, que lo único que no había que contar era el siglo XVI, (cuatro hojas de las 45 que constituían los apuntes). Joder, me estoy dando cuenta de que soy un poco masoca, (aunque en el fondo ya lo sabía) me pongo a hablar aquí casi una semana después, de un examen que supuso una verdadera tortura para mí, y que encima duraba tres horas –yo habría necesitado incluso cuatro-. Bueno, lo mejor de ese examen fue la fiesta que me pegué al día siguiente, que, más que San Valentín, para mí fue San Ballantines, (jajaja, me parto). Y ayer viernes también salí. Lo mío es muy fuerte. Nunca me quiero quedar en casa, ni irme pronto; el sentido de la responsabilidad me lo debo de dejar en alguna parte de mi habitación que aún no conozco. Pero ahora que ha vuelto el blog y puedo seguir juntando palabras para dejar constancia de mis errores y paranoias, al menos así algún día podré hacer un balance y decir: “soy lo peor, y, antes que tener que ir a un psicólogo en el que me deje la pasta, debería mirármelo yo primero y poner algún remedio a todo esto”. Una flor amarilla, Julio Cortázar![]() Una flor amarilla es un cuento de Cortázar que leí anoche porque alguien me lo recomendó. Va de un hombre que, al descubrir el aparente sinsentido de la vida, la nada, la muerte, descubre un pequeño detalle, algo que ilumina su alma y le hace sentirse inmortal. Ve en un autobús parisino a un joven que le inspira algo indeterminado, indescriptible, y lo persigue hasta su casa. Consigue convertirse en su amigo y va descubriendo no solamente que tiene más de una cosa en común con él, sino que algo le dice que están unidos desde el principio de los tiempos. Es como si el autor de sus vidas hubiera decidido – premeditada o casualmente- escribir la misma historia para ambos. Ese joven del autobús un día enferma y muere. El hombre que cuenta la historia, entonces, se ve solo, como lo ha estado siempre y como lo están todos los hombres, ante el vacío del universo. Va caminando y repara en una sencilla flor amarilla, que le revela todos los misterios de la belleza, de lo que ésta le puede aportar para alcanzar – aunque sólo sea de una manera metafísica- la inmortalidad. Supo, desde entonces, sin ninguna duda, que “la nada era eso, que no hubiera nunca más una flor”. Tras contemplar la belleza de la flor aparece en él un impulso absurdo que ilustra no obstante lo que siente y que simboliza esa eterna búsqueda de la inmortalidad. Se pasa la tarde subiendo y bajando de un autobús a otro, buscando algo, buscando un rostro revelador como el de aquél joven “alguien que pudiera ser yo otra vez”, que le aportara “esa plenitud (…) tanta felicidad mientras duró”… Quizá deberíais leerlo para contrastar mi particular y subjetiva interpretación. Éste es el enlace: (http://www.juliocortazar.com.ar/cuentos/unaflor.htm). Domingo, 18 de Febrero de 2007 13:02. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Carnival, The Cardigans![]() Hoy toca una canción que me anima y que está muy bien. Los Cardigans no están mal, ¿no? Yo los tenía un poco olvidados, pero ahí están; y tienen buenas canciones como ésta. Además, es bastante propicia para las fechas en las que estamos... Recuerdo que yo tenía un disco de este grupo cuando tenía unos 14 años, pero se lo dejé a un novio que tuvo de mi hermana, y ya lo he visto... Ahora bien, yo me quedé con su "Rebelión en la granja" de George Orwell. ¿Quién habrá perdido más?... En fin, como yo no sé poner aquí vídeos del archimanoseado YouTube, (ni quiero saber) os pongo un link, que hasta ahí sí llego. Creo que tenéis la canción por aquí, junto a otras que también os pueden interesar: http://www.mp3fusion.net/mp3_archive/t/32.html Carnival, The Cardigans I will never know Lunes, 19 de Febrero de 2007 19:29. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: No sólo Beatles No hay comentarios. Comentar. Afilarse la mirada al despertar![]() Eso de afilarse la mirada lo decía un profesor mío muy bueno que tuve el año pasado– y algunos de vosotros también, aunque no necesariamente el año pasado: le tenéis ahora o le habéis tenido en años anteriores-. Yo no sé si tengo la mirada afilada. Se supone que unos días la tienes más que otros, pero este profesor, P.S, decía que hay que afilársela todas las mañanas al despertarse. Y a mí, eso de afilarse la mirada me recuerda un poco a la escena del ojo de “Un Perro Andaluz” - Buñuel y Dalí-. No sé por qué, porque se supone que tu mirada es un cuchillo y eso es lo que afilas. ¿Con qué? No lo sé, yo por ejemplo me pongo las lentillas, que a veces sí podrían emular a un jodido y molesto cuchillo. Uf, qué gore me está quedando esto, - sobre todo la foto- ¿no? Bueno, después de ponerme las lentillas me voy a clase o a donde sea y voy observando todo lo que pasa a mi alrededor, y, aunque cuando me mudé a Madrid me costaba asumir la “impersonalidad” de la gran ciudad, ahora pienso que sí se puede apreciar sensibilidad en la gente de ciudad, que no vamos todos mirando a la nada pensando en nuestras cosas, que sí nos miramos a los ojos en el metro y que es mucho más interesante vivir en Madrid que en un pueblo frío y serranil. La verdad es que me acuerdo mucho de este profesor. Aunque mucha gente le odie, también hay muchos que le queremos, con todos sus defectos. De hecho, a mí casi me suspende debido a mi “visión abstracta de los libros”. Me lo dijo en su despacho hace un año, cuando, tras asegurar que “no sabía por qué no me había suspendido directamente”, me hizo contarle cosas de las novelas que nos había mandado leer para el examen. Su diagnóstico fue: “ya sé lo que te pasa: te quedas más con las cosas abstractas de los libros”. Y al final me aprobó. Menos mal. Siendo uno de mis profesores preferidos, habría sido una putada. Pero me lo volvería a coger. No es por ser petulante, pero ésa fue la primera vez que estuve a punto de suspender algo en la carrera. Y ahora, por primera vez, he suspendido algo de verdad. Bueno, quizá tenga remedio, porque, de las dos partes de las que constaba el examen de Empresa, he cateado sólo la parte de sociedades anónimas. Misteriosamente, he aprobado contabilidad, que lo llevaba mucho peor que lo otro. En fin, la verdad es que me da un poco igual. Cada vez le doy menos importancia a todo esto. Lo malo es que si ya no le doy importancia a esto, ¿a qué se la doy ahora? Quizá a la profesión en sí, porque últimamente me estoy dando cuenta de que soy la única pringada aquí que trabaja gratis. Hago crónicas, voy a ruedas de prensa, hago entrevistas… y nadie me paga. Es más, pago yo cierta cantidad al mes para ir al taller. Y lo paso mal leyendo en clase delante de todos para que, junto con el profesor, critiquen mis textos. No sé, quizá lo haga porque en el fondo algo me dice que todo esto merece la pena, y que, ir pa´ na, es tontería, ¿no? Además, quizá me publiquen algo en Jazztelia, que es una revista de internet no muy conocida, pero algo es algo. Bueno, os dejo lo de Senel Paz y me retiro, que no quiero seguir contando tontunas. Miércoles, 21 de Febrero de 2007 15:21. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar. Senel Paz![]() “Se quedó callado, pensativo. Había deseado mucho este encuentro, confesaría luego, desde que me vio por primera vez en el teatro interpretando a Torvaldo. Incluso lo había soñado y varias veces estuvo a punto de abordarme en la calle Galiano, porque desde el principio tuvo la intuición de nuestra amistad. Pero ahora yo, tieso y mudo en el centro de la guarida, le resultaba tan soso que empezó a creer que, como en tantas otras ocasiones, había sido víctima de un espejismo, de su propensión a adjudicarle sensibilidad y talento a los que teníamos carita de yo-no-fui. Realmente le sorprendía y le dolía equivocarse conmigo. Yo era su última carta, el último que le quedaba por probar antes de decidir que todo era una mierda y que Dios se había equivocado y Carlos Marx mucho más, que eso del hombre nuevo, en quien él depositaba tantas esperanzas no era más que poesía, una burla, propaganda socialista, porque si había algún hombre en La Habana no podía ser uno de esos forzudos y bellísimos de los Comandos Especiales, sino alguien como yo, capaz de hacer el ridículo, y él se lo tenía que topar un día y llevarlo a la guarida, brindarle té y conversar; carajo, conversar, no estaba siempre pensando en lo mismo, como me explicaría en otra de sus peroratas”. Éste es un fragmento del relato de Senel Paz “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”, a partir del cual posteriormente se hizo la película “Fresa y Chocolate”. Ilustra muy bien la trama del libro y el sentimiento que de él se desprende. David es un joven “homófobo” según las críticas que he leído, pero para mí es simplemente un heterosexual con prejuicios acerca de los homosexuales y de la expresión libre de los sentimientos de los que éstos hacen gala sin ningún tipo de problemas. Conoce a Diego en una heladería, quien confesaría después, tomando un helado de fresa (de ahí el título “Fresa y Chocolate”) que "ya le tenía fichado". David, revolucionario en La Habana post revolucionaria, queda fascinado e intrigado por los intereses de Diego, que paradójicamente es un gay católico que tiene en su poder literatura extranjera de homosexuales (Lorca entre ellos) prohibida por Castro. Y así, mientras David cumple con su misión de investigar a un posible disidente, descubre que el rollo que lleva Diego no le disgusta en absoluto, y se convierten en buenos y casi íntimos amigos. Cuando descubre que efectivamente su amigo es todo un contrarrevolucionario que incluso tiene contactos diplomáticos con el exterior, David olvida el papel de espía que está representando y pide a Diego – que ha decidido escapar- que se quede en el país, lo que finalmente no es capaz de conseguir, y queda, apesadumbrado, tomando un helado de fresa en la heladería Coppelia a la salud de su siempre querido amigo Diego. Senel Paz está estos días en Madrid presentando su nueva novela “En el cielo con diamantes”, que va de dos jóvenes que viven su sexualidad de distinta forma. Arnaldo es el promiscuo, y David (creo que es el David de este relato) está esperando encontrar a la mujer de sus sueños. No sé mucho más, está ambientada otra vez en Cuba en los años 60 y por lo visto las canciones de Los Beatles inundan muchas de sus páginas. ¿El título estará inspirado en Lucy In The Sky With Diamonds? Se lo preguntaré mañana a Senel, porque le voy a entrevistar junto a dos compañeros del taller. Si me sale algo bueno de la entrevista, lo publicaré aquí. Miércoles, 21 de Febrero de 2007 16:23. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar. Alex Grijelmo visitó mi clase![]() Crónica de la intervención de Alex Grijelmo, Director de Contenidos de Prisa Internacional, Agencia EFE, escritor y periodista (26-1-07) “Es un error considerar inferior el idioma español”, Alex Grijelmo. Los periodistas, - entre los que él se cuenta- , abusan de anglicismos, acuden a conceptos muy amplios para designar realidades muy concretas, utilizan palabras comodín, un lenguaje difícil para un público no especializado… Para Alex Grijelmo estos problemas radican en el “actual desprecio hacia el idioma español”. Alex Grijelmo (Burgos, 1956), en una visita a la vieja facultad madrileña de Ciencias de la Información en la que realizó sus estudios de Periodismo, se dirigió ayer a los alumnos que conforman la clase de 4º de carrera y les aseguró que “la función del periodista especializado ha de ser, ante todo, conseguir que el lector comprenda los mensajes sin tener que emplear un lenguaje especializado”. A este respecto, señaló que uno de los grandes errores que cometen hoy los periodistas es utilizar en sus artículos palabras poco comunes y expresiones que los lectores no siempre comprenden con el único fin de “parecer prestigiosos”. Para Grijelmo, otra inercia del periodista es la de “tender a escribir para sus fuentes, cuando el último destinatario en el que hay que pensar a la hora de elaborar la información, es el lector.” Mientras los alumnos escuchaban atentos a un hombre al que muchos habían tenido que leer por obligación y otros por devoción, éste les ponía ejemplos de lo que nunca hay que llevar al papel. Si una conclusión se puede extraer de la lectura de “El Estilo de El Periodista” es que, aunque una fórmula periodística esté extendida y efectivamente aparezca en los periódicos, no tiene porqué ser correcta. Así, Grijelmo considera que en los medios se abusa de algunos verbos o palabras comodín, como por ejemplo, del verbo “realizar”, que se aplica a acciones que ya disponen de un verbo concreto que las ilustra. Así, se diría “cometer un asesinato”, no realizarlo. Asimismo, los periodistas utilizan también muchas palabras comodín, como la palabra “cosa” y abusan especialmente de los anglicismos, quizá, por una “aversión – inexplicable- hacia el idioma español”. Para Grijelmo es un verdadero problema sociológico el que se considere inferior al idioma y a la cultura españoles y se acepte como superior la cultura y el idioma anglosajón. Apuntó que “nuestro idioma se está deteriorando por la cúpula, por las clases altas, por los periodistas, que son los que incorporan el nuevo léxico inglés en detrimento del léxico español que se ha utilizado siempre”. Sin embargo, Grijelmo recordó a los estudiantes que esto no siempre ha sido así, porque “los arabismos fueron incorporados por la base, por el pueblo llano”; y no en vano, las gramáticas más reales son las que se crean espontáneamente. “Son los gramáticos después, quienes teorizan sobre una realidad léxica y expresiva que ya está ahí”. Además, este periodista burgalés considera que “el genio del idioma existe”, y para demostrárselo a los alumnos de 4º de carrera que le escuchaban, les propuso un ejercicio creativo: inventar verbos nuevos, verbos que no existen, lo que dio como previsible resultado una uniformidad en las respuestas. Todos los alumnos crearon verbos de la primera conjugación, es decir, terminados en –ar, como "otoñear", "soliloquear", "camionizar"... Esto se explica, según Grijelmo, por la antigüedad de los demás verbos, los acabados en –er y en –ir, que provienen del griego y del latín. Hoy, toda nueva acción es designada por un verbo que acaba en –ar: “chatear”, “formatear”, etc. Grijelmo se refirió por último al futuro de la profesión periodística comparando los distintos medios que la sirven actualmente, y habló así de la “noticia en varios soportes: video-texto-audio”. Considera que cada medio va buscando un nuevo lenguaje, y, al igual que ocurrió con la radio y la televisión, la prensa debe encontrar de nuevo su lugar, lo que conseguiría “interpretando las noticas, investigando y dando otra visión diferente”. Al fin y al cabo, los hechos son difundidos y recibidos en cuestión de minutos en la red Internet, por lo que, para Grijelmo, ya no tiene mucho sentido que la prensa se siga dedicando “a elaborar titulares informativos y a dar partes de lo que dicen las agencias”. Jueves, 22 de Febrero de 2007 00:09. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar. Escribir o no escribir y el qué![]() No quiero escribir nunca más. Quiero dejar de escribir ya. Ya. Me siento incapaz de hacer la entrevista. La he empezado y está mal. No sé cómo hacerla. No sé qué más decir aquí en el blog. Me gustaría decir otras cosas, cosas diferentes, pero cada vez me autocensuro más. Tengo ganas de no hacer nada. De dejar de escribir ya. De irme a ver Cuéntame con mis padres sin pensar en cubanos buenorros gays, en Fidel Castro y en Cuba. Sin pensar en el gran titular que he ideado para nada. Las dos cañas del cóctel de la rueda de prensa eran el preludio de lo que me espera mañana. Pero ya no lo son. He querido que dejaran de serlo. Me han dado miedo esas cañas y esas rayas con gafas de pasta. Ese recuerdo del viernes pasado. Ella no paraba de decir “Jo, qué noche, qué noche”. Y yo me reía recordándolo todo. Estaba feliz, pero ya no lo estoy. Me da miedo estarlo. No quiero tener que escribir nunca más. No quiero que se repita esta situación. Quiero que me vayan mal las cosas, quiero que todo vuelva a la normalidad. Ahora que empezaba a hacer las cosas bien… Ahora que me acordaba de recortar fotos para la puta práctica de los jueves con el tipómetro… Ahora que me acordaba de hacer la crónica de Grijelmo… Ahora que me estaba centrando tanto en mí… Esta semana ha estado bien, pero los viernes se acaba la semana, se acaba mi semana. Y no perdono a los viernes. Ni me perdonan ellos a mí. El sábado ya puede esperar. Nunca es suficiente. El domingo es triste. Ya lo sé. Los domingos por la tarde se forma el carácter. No es nada nuevo. Y el lunes puede esperar. Me gustaban los jueves. El miércoles pasado elaboramos una interesantísima teoría en defensa de los jueves. Se podría llamar “apología de los jueves”. Me gustaban. Me gustaban los jueves. Hasta hoy. La agonía de la entrevista del jueves ya pasó, pero no me siento bien. Hemos perdido el combate. Y me ha preguntado si soy de la escuela infantil de periodismo. Ya sé que no soy Mercedes Milá. Pero en ese momento me habría gustado tener arrugas, o cara de persona seria. O que se hubiera visto lo triste que soy en realidad, a pesar de mi aspecto. O ser más borde, o más agresiva. O llevar el pelo suelto. O no tener pinta de “vengo de clase del profe Paquito y me ha puesto deberes para mañana”. O cara de “no tengo ni puta idea de hacer una entrevista y no me he leído tu libro, pero hago como que sí.” Bueno, por otra parte, incluso los que son ya profesionales reconocen que “esto de la entrevista es un arte”. Y que es complicado. Ahora que lo pienso, voy a olvidarme del titular y voy a escribir lo que me dé la gana. Voy a empezar de nuevo. A veces hay que borrar los primeros párrafos y contar otras cosas. Voy a ello. Voy a dejar de escribir. Ya. Publico y os dejo. Periodismo especializado en medio ambiente![]() “Los medios ofrecen una visión alarmista sobre el Medio Ambiente”, Ángel García Rodrigo, Profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Ingeniero de Montes. Director de un curso de especialización en información ecológica y medioambiental y de la Revista forestal española. La misión del periodista especializado es convertir un mensaje especializado en un mensaje inteligible para un público no especializado. Pero esto no siempre se consigue. A veces el error está en las fuentes. A veces en el periodista. O en la relación entre ambos. Y es que el periodista, como lector y ciudadano no especializado que es, puede no captar siempre a la perfección esos mensajes especializados que emiten las fuentes – ya sean mensajes sobre materia económica, científica, o medio ambiental- . Para Ángel García Rodrigo, especialista en información ecológica y medioambiental, hay una “preocupante falta de entendimiento entre los ingenieros, los documentados, y los periodistas”. Profesor en la Universidad Politécnica de Madrid, Ingeniero de Montes y Director de un la Revista forestal española, Ángel García considera que “la naturaleza, la ecología y el medio ambiente es lo más importante que tenemos en nuestra tierra”. Y por ello las páginas de los periódicos que tratan estos temas cada vez son más importantes y sus informaciones más demandadas por los lectores de prensa. El problema, según Ángel, aparece cuando “el periodista no se ha documentado lo suficiente o no se ha entendido con el especialista, lo que da lugar a lamentables errores en la información que a veces el lector ni siquiera percibe”. Otro problema que, para García Rodrigo, se puede dar en la información periodística especializada en Medio Ambiente es que “el periodista directamente mienta al dar la información con el único objetivo de vender la noticia”. En el contexto actual en que se habla de cambio climático en todos los medios y casi todos los días, mentir o alarmar sobre temas medioambientales, para Ángel es “un gran error”, es “una verdadera barbaridad”. Y es que, este especialista considera que, en general, la información dada por los medios sobre estos asuntos es “bastante alarmista”. Por otra parte, y en relación con los errores que Ángel advierte en la información periodística especializada, reconoció que “también es posible que el técnico cometa errores en su tarea, como en la repoblación hecha tras la guerra civil. Para él, se hizo “bien en general, pero no en todas las zonas”. En la actualidad, el Profesor García Rodrigo está dando un curso a través del cual se puede obtener un título técnico de la Universidad Politécnica. Está homologado como una asignatura de doctorado y consta de cuatro módulos: medio físico y ecología; recursos naturales; legislaciones con respecto al tema; y medios de comunicación y medio ambiente. Viernes, 23 de Febrero de 2007 00:17. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar. Fidel, el nuevo ´hombre nuevo´![]() Fidel: el nuevo ´Hombre Nuevo´, crónica de una entrevista a Senel Paz. Eran las 11.35. Cuando veníamos de preparar las preguntas mientras tomábamos un café, nos topamos con él en la puerta. Esperamos, Samuel, Jota y yo, el ascensor junto a Senel Paz, quien tal vez no sospechaba que momentos después fuéramos a preguntarle por los escritores cubanos exiliados o por la sexualidad de Fidel Castro. Entramos en la sede de Ediciones B y Amaia, la jefa de prensa, nos condujo hacia una salita en la que había una mesa redonda y tres sillas. Ella se ocuparía de que hubiera una silla más y de que estuviera todo en orden. Pero también, de meternos prisa hacia la mitad de la entrevista poniéndonos aún más nerviosos de lo que estábamos. Jota preguntó a Senel si prefería que le tomara unas fotos antes o después de la entrevista. “Antes”, contestó el escritor cubano, y entonces Jota y Samuel cogieron sus cámaras y le tomaron fotos en un fondo de librería que hacía – como es natural- publicidad de la nueva novela que está promocionando estos días en Madrid: “En el Cielo con Diamantes”. Según la editorial ésta es "una novela divertida y tierna, excelentemente escrita, acerca de la vida –sobre todo sexual, pero también familiar, social y educativa– de dos adolescentes en La Habana durante los años sesenta (los años de Los Beatles), en los tiempos posteriores al triunfo de la Revolución". Senel llevaba una chaqueta negra sobre una camisa de color azul, y cuando Jota y Samuel pusieron encima de la mesa sus grabadoras para recoger todas y cada una de sus palabras, Senel nos advirtió que iba a ser “breve y conciso”. Sin embargo, ya en la primera respuesta no fue ni lo uno ni lo otro, porque, cuando yo le pregunté si el personaje de David que aparece en su nueva novela y en otras como El lobo, el bosque y el hombre nuevo, es autobiográfico, me contestó primero que no pero después agregó que sí se siente identificado con él y que es como un “diálogo” con su propia vida.Admitió que sí se había convertido él mismo en personaje, y que a veces tiene que preguntar a su familia anécdotas relacionadas con su juventud para recrearlas en el personaje de David. Senel vivió su infancia en internados del pueblo en que nació y recuerda que cuando él y sus amigos alcanzaron los 16 ó 17 años se trasladaron a La Habana, que les deslumbró y les permitió ir conociendo aquellos “lugares mitológicos de música”, aquellos cines, aquellas mujeres. Tal y como hacen sus personajes de En el Cielo con Diamantes y en Fresa y Chocolate. Senel dijo, en algún punto de la entrevista, que, “aunque al principio no lo parezca, Arnaldo – que es el joven promiscuo de la novela- es un personaje patético al que le va mal en la vida”, y que por el contrario David es un joven soñador que está esperando encontrar a la mujer de sus sueños. Como su personaje, Senel piensa que “el sexo es una parte de la vida, pero no la vida”. Y que, a pesar de los avances que han tenido lugar en lo que a libertad sexual se refiere, sigue habiendo machismo, o lo que él llama “neomachismo” y “problemas de espiritualidad”. “Pero, ¿es cierto que en Cuba había tal libertad sexual? ¿Y qué ocurría con los homosexuales?” Le pregunté entonces yo. Senel aseguró que en Fresa y Chocolate, - historia que gira en torno a la homosexualidad- , quiso dejar claro que “hay que aprender a admitir otros enfoques, admitir la diversidad de cada ser humano”. Pero esto no siempre se consigue, y vi que Senel bien lo sabía cuando reconoció que en Cuba sí hubo cierta represión de los homosexuales y que éstos eran catalogados de “antisociales”. Sin embargo, para él esa represión fue una “cosa puntual”, que duró “dos o tres años”, y que es una situación que podría equipararse a “cualquier otro sistema político”. “Lo que pasa – aseguraba Senel- es que el caso cubano ha sido más publicitado”. Aquí la conversación comenzó a ir por otros derroteros de los que quizá ya no salió. Senel, aparentemente atento, escuchaba las preguntas que tanto nos había costado elaborar, como la que le hizo Samuel sobre su relación con los intelectuales cubanos exiliados, Reinaldo Arenas o Cabrera Infante, pregunta de la que salió del paso argumentado que “hablar de política es el mejor modo de no entenderse”, porque a todos ellos, intelectuales y escritores cubanos, según Senel, lo que les une ante todo es “la nostalgia por Cuba”. Habló en concreto de su relación con Reinaldo Arenas, destacando que este escritor va “a contracorriente con todo” y que el problema de los exiliados no se reduce a un culpable – es decir, al gobierno-, sino que es una “situación muy compleja”. Negó después haber sido copartícipe de la censura impuesta desde la Escuela Internacional de Cine, asegurando que no se trata de una institución del Estado, sino de Cuba, sin más. Y agregó enfático que no hay porqué relacionar la palabra censura con la palabra Cuba, puesto que en este país se han dado “importantes manifestaciones culturales de manera libre". Ejemplificó su opinión diciendo que el cine cubano es más crítico social que el español. Y ni Samuel, ni Jota, ni yo le preguntamos por qué pensaba eso o qué opinión le merecía en realidad el cine español. Yo tenía la sensación de que estábamos perdiendo el combate y de que era difícil seguir a Senel. Además, Amaia la de prensa no paraba de entrar – sin llamar a la puerta porque ésta estaba abierta de par en par- para decirnos que la entrevista tenía que finalizar. Cuando ya parecía que todo había terminado y que no habíamos podido con él, Jota, tal y como habíamos acordado mientras tomábamos el café, le hizo una última pregunta a Senel, de la que presumiblemente - según nuestro mentor- íbamos a obtener un jugoso titular: “¿Conoce usted a Fidel Castro? Fidel Castro tiene fama de galán. ¿Cree usted que ha tenido alguna relación homosexual?”. Senel sonrió incómodamente y sus palabras sólo atinaban a no dar crédito a lo que acababa de escuchar: “Eso me parece fuera de lugar. Es… Es disparatado. No creo que la cosa vaya por ahí”, decía entre risas nerviosas, unas risas que sólo podían apuntar a ilustrar la barbaridad impensable de que Fidel, el Hombre Nuevo, no fuera lo que debe ser: todo un macho cubano. Quizá esta sea una prueba manifiesta de que en Cuba, e incluso en el mundo de los escritores y librepensadores, la asignatura que consiste aceptar la homosexualidad y esos otros enfoques de los que hablaba Senel sigue estando pendiente. Quizá ésta haya sido la única respuesta en la que Senel, de manera algo inconsciente, había cumplido con aquello que se había propuesto hacía 30 minutos al inicio de la entrevista: “ser breve y conciso”. Viernes, 23 de Febrero de 2007 22:29. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar. El Tercer Hombre; C. Reed - G. Green - O. Welles![]() Dirigida por Carol Reed y escrita por Graham Greene, El Tercer Hombre (1949) es un film que se ambienta en Viena tras la Segunda Guerra Mundial y que cuenta la historia de un escritor americano llamado Holly Martins (Joseph Cotten) que llega a esta ciudad esperando encontrar a un amigo que le proporcione un trabajo, Harry Lime (Orson Welles). Cuando llega se encuentra con que su amigo ha fallecido como consecuencia de un extraño accidente, y por eso, porque es extraño, el escritor decide investigarlo. La policía pronto le descubrirá que Harry Lime se dedicaba al narcotráfico de penicilina, lo que ocasionaba perjuicios importantes y en algunos casos irreversibles a los pacientes. Holly no puede aceptar esta faceta de su amigo y tampoco lo hace la enamorada de Harry, que se inmiscuye también en la investigación. Todo se complica aún más cuando el Harry Lime que todos creían muerto, aparece en escena. Su ataúd lo ocupaba un enfermero desafortunado. Y la escena en la que aparece este personaje encarnado por Orson Welles es una de las mejores de la película. Esa banda sonora, esa cítara sonando en el momento preciso, esa sombra en la noche, ese gato en sus zapatos y esa sonrisa burlona que bien reconoce su amigo cuando algo ilumina por fin su rostro. Otra escena mítica es la de la noria. Es el primer encuentro de los dos amigos desde que el escritor llegara a Viena y desde que descubriera que Harry Lime no está muerto y que no es más que un traficante algo impostor. De hecho, gracias a la película, la noria de Viena se convirtió en objeto turístico habitual. Hablan tensamente los dos amigos y el espectador ya sabe que Holly va a traicionar a Orson Welles. Aquí la amistad no consigue anteponerse a la ética del escritor; y éste se convierte en cebo de la policía – a la que, por otra parte, odia declaradamente-. Las escenas quizá más pesadas son las de la persecución final por las alcantarillas, que fueron filmadas por deseo expreso de Orson Welles, - veía algo reducido su papel en el filme-. Su antes enamorada ahora lo estará del escritor, quien, por cierto, podría “vengarse” ya que eran tan amigos Harry Lime y él, que éste le quitó una novia en la juventud. Lo peor de todo ocurre cuando Harry Lime consigue en la persecución, ya malherido, aferrarse a una alcantarilla que da al exterior y que le permitiría escapar si estuviera en otras y mejores condiciones. Se oye el eco de la voz del jefe de la policía, quien da instrucciones al pobre escritor para que acabe con Harry si se topa con él, ya que Harry va armado y es peligroso. Se produce entonces una escena de tensión, porque Holly observa a su amigo haciendo sus últimos esfuerzos por escapar mientras éste le lanza una mirada que sólo pide misericordia, y que finalmente no es acogida por el escritor. Esta escena es la más conmovedora. Quizás, tal y como hace Holly cuando dispara a su amigo, la cámara filma otra cosa y el espectador no ve, porque no quiere, esa escena. Que ese disparo llegue a sus oídos es más que suficiente. Todo termina con el entierro - esta vez de verdad- de Harry Lime, y Holly, que va a volver a su país, se deja llevar y espera a su ahora enamorada en la carretera que sale del cementerio. El espectador espera con él a que llegue caminando, y presencia un final atípico, nada feliz: la mujer pasa por su lado sin siquiera inmutarse,- y creo que éste no es el final que escribió Graham Greene, aunque de esta forma deja una sensación agridulce y muy particular en el espectador -. La situación con el abono![]() Al final he ido. Al final he ido a comprar el abono. Algo me encallaba aquí. Algo me hacía sentirme incapaz de ponerme unas zapatillas y salir a la calle a comprar el jodido abono. A punto he estado de dejarlo para mañana, de llegar tarde a clase y de ser ya lo más perezoso del mundo. Luego mis padres dicen que soy vaga y yo digo que no es así… En el fondo no sabemos nada de nosotros mismos. Y todo, ¿para qué? ¿Para seguir aquí haciendo nada, soportando el insoportable ruido que hace la gente al conectarse al puto Messenger? Para decirme a mí misma, una y otra vez: busca un trabajo, eres un parásito, y si no trabajas, estudia por las tardes, haz algo de utilidad, no te eches la siesta, no veas Aquí no hay quien viva, no estés en internet, no hagas esto, no hagas lo otro, no leas libros peligrosos como Trópico de cáncer de Henry Miller… Joder, ayer escribí una cosa para el blog que hablaba sobre este libro y sobre otros desvaríos, y justo cuando lo iba a publicar, se jodió todo. Bueno, pues al final he ido a comprar el jodido abono, me he vencido a mí misma y he ido, - en chándal y con un abrigo largo para que no se viera el chándal-, al estanco que hay al lado de mi casa. Cuán es mi sorpresa cuando veo que hay una cola que llega hasta la calle, y mi cara es de asco hasta más no poder. Delante de mí hay un viejecito, y como es evidente que es el último, no le pregunto nada. Entonces llegan dos mujeres de unos 30 y tantos y me dicen que si soy la última y que si aquí venden abonos. “Sí” y “sí”, cansinas. El caso es preguntar. Yo ya no pregunto. Cuando voy por Madrid en mis aventuras culturales – o culturetas- ya nunca pregunto. Lo busco yo. Y me siento más realizada. Cuando por fin puedo entrar al estanco a esperar dentro y a dejar de escuchar la estúpida conversación de las treintañeras preguntonas, descubro que el abuelete que estaba delante de mí no iba a comprar nada, sino que iba acompañando a un viejo amigo – o quizá a un amigo viejo, o las dos cosas a la vez-. Cuando salen, uno de los dos se tira un pedo. Y sólo me doy cuenta yo. A la vez que me río intento contener la respiración. Entonces, al salir estas dos personas – a su aire- entran unas cuantas más, y dejan la puerta entreabierta. No sé si porque ya ha entrado demasiada gente, o porque no sólo yo me había dado cuenta del episodio del viejo y su gas. El tipo que atiende el estanco tarda tanto en atenderme y en darme las vueltas, que empiezo a aburrirme y me dan ganas de comprar todo lo que tengo delante de mis narices: Nobel, Chesterfield, papel de fumar, un mechero multicolor, Coronas, Farias, Habanos… Pero en lugar de eso se me ocurre allí escribir aquí un capítulo más de esas cosas tontas que pasan al ir a comprar un jodido abono y que antes tanto solía contar y que nunca están de más – o sí-. *Me han publicado en Jazztelia una crónica. Firmada y todo. No es nada del otro mundo, pero es mía. * ** La foto va un poco por el libro de Miller. Y para que no se me olvide que tengo que ir a París urgentemente.** |
Sonikelandia"Un artista debería crear cosas bellas, pero no poner en ellas nada de su propia vida. Vivimos en una época en que se trata el arte como si de una forma de autobiografía se tratase. Hemos perdido el sentido abstracto de la belleza. Algún día le mostraré al mundo cuál es; y por esa razón el mundo jamás verá mi retrato de Dorian Gray".
El Retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde. Temas
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