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The Wind Cries Mary, Jimi Hendrix

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Hola a todos, para inaugurar esta sección se me ha ocurrido poner letras de canciones que últimamente me están llamando mucho o que siempre me han gustado. Asimismo, espero incluir algún comentario sobre la canción en cuestión; (y también espero poder leer los vuestros)... Hoy, por ejemplo, os pongo esta canción de Jimi Hendrix porque me está molando mucho; y es que, como bien dice mi cuñado, estoy empezando a tener cultura musical. En fin, no se puede ser perfecta, pero ahora ya sé cuál es el camino para serlo, y que lo estoy empezando a ser...(jajaja, es coña). Pues eso, espero que os guste, y a los/las que sientan únicamente predilección por el pachangueo, decirles que abran sus sentidos a otro tipo de música, a lo que realmente se puede llamar música, y no al "espectáculo" que ofrecen Madonna, Shakira, y demás. (con todos mis respetos) En fin, aquí está la sublime letra de The Wind Cries Mary, que me hace pensar en el capítulo de los Simpsons en el que Bart escribe cartas de admirador secreto para su profesora (quién no lo ha hecho alguna vez en la edad del pavo,¿eh? ¡aunque no para profesores! jeje); y en la carta de despedida, Lisa aporta algo así como... "Y el viento me susurrará un nombre... Edna"
THE WIND CRIES MARY

After all the jacks are in their boxes
And the clowns have all gone to bed
You can hear happiness staggering on down the street
Footsteps dressed in red
And the wind whispers mary
A broom is drearily sweeping
Up the broken pieces of yesterdays life
Somewhere a queen is weeping
Somewhere a king has no wife
And the wind, it cries mary
The traffic lights, they turn, uh, blue tomorrow
And shine their emptiness down on my bed
The tiny island sags down stream
cause the life that lived is,
Is dead
And the wind screams mary
Uh-will the wind ever remember
The names it has blow in the past?
And with this crutch, its old age, and its wisdom
It whispers no, this will be the last
And the wind cries mary
 
Domingo, 03 de Septiembre de 2006 19:39. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: No sólo Beatles No hay comentarios. Comentar.

¿Qué es el amor?

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Hola a todos, otra vez; (que, por lo que veo, constituís un público numeroso…). En fin, aquí no escribe ni Lucas. Y, aprovechando tal coyuntura, voy a empezar un post que espero no acabe como el rosario de la aurora. ¿Qué es el amor? Vaya pregunta. Para empezar, yo creo que el amor está en todas partes, y que existe verdaderamente. (Aquí he intentado enumerar en qué sitios está el amor, pero he desistido al comprobar que hablar de la infancia o de la senectud es más complejo de lo que pensaba. Era algo así como “el amor está en la mirada de ese niño que, al tropezar tontamente mientras jugaba, ha caído de morros al suelo, y ha sido recogido por su madre con una dura reprimenda, pero que, finalmente, al romper en llanto desconsolado, ha sido abrazado con cariño, sentado en un regazo, besado y mimado”. También puse algo así como “el amor está en la mirada afectuosa de ese abuelo que, una tarde de noviembre, fría y lluviosa, recordando y evaluando todo lo que ha hecho en su vida, reconoce que no ha sido muy afortunado, pero que da las gracias a dios por haberle dado “unos hijos y unos nietos que quién los quisiera”, porque día tras día se preocupan por él y le visitan, porque nunca olvidan su cumpleaños a pesar de la poca emoción con la que recibe ya los regalos, y porque escuchan atentamente todo lo que él se complace en contarles: cómo lucho en los dos bandos en la guerra del 36, y cómo le repercutió aquello; o cómo conoció a la abuela Consuelo, una cálida noche de verano en la que las estrellas, brillantes ojos celestiales, testigos discretos, presenciaron la muestra más espectacular de entrega y seducción…)

 

Todo esto viene a que últimamente me está dando por pensar que el llamado amor entre un hombre y una mujer es una verdadera falacia. Como decía Camus en La Caída, “el verdadero amor es excepcional, hay dos o tres por siglo aproximadamente. El resto del tiempo, hay vanidad o aburrimiento.” Joder, me acabo de dar cuenta de que, de todos los post que he hecho hasta ahora, no hay casi ninguno en el que no haya citado a alguien proveniente del mundo cultural o filosófico-literario. Podría estar pareciendo una erudita, lo que entraña el inevitable riesgo de resultar pedante, (por eso es por lo que no escribís ¿verdad?) Bueno, en fin, me da igual, si no aprovecho mi cuaderno de citas ahora, ¿cuándo lo haré? (Tras unos intensos momentos de reflexión sobre mi futuro profesional…), lamento deciros que lo siento por todos vosotros, queridos y numerosos lectores, pero seguiré echando mano de mis citas filosófico-eruditas, aún a riesgo de resultar pedante, y de que sigáis sin escribir aquí ni aunque os revele cuál es el sentido de la vida o en qué momento dejarán los hipopótamos de dormir relativamente felices bajo el agua. Relativamente, ¿en relación con quién?... (Seguro que nadie sabe de qué libro es esta frase, pero algún día intentaré hacer una reseña de la obra en cuestión; y espero que me quede mejor que la de Pereira…)

 

Lo que venía diciendo, que estoy completamente de acuerdo con Camus, y nadie me puede negar que tiene toda la razón, toda la jodida y amarga razón. Desengañémonos, ¿cuántas veces hemos reconocido que, en realidad, no estábamos enamorados de esa persona que creíamos tan importante y a la que por otra parte mirábamos con ojos cegados por la estupidez y la irracionalidad? Si en algún momento esa persona deja de ser importante para nosotros, ¿para qué narices queríamos convencernos de que lo más cierto del mundo era que estábamos enamorados, cuando en realidad no era así? Si una persona, de la noche a la mañana, deja de ser importante, es que no lo era en absoluto. No. No lo es. Y lo sabíamos. Sí, lo sabíamos porque somos extremadamente listos. Listos como mi querido y admirado Albert Camus, y por eso no nos queda otra que darle la razón. Ahí queda eso.

Domingo, 03 de Septiembre de 2006 22:22. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.

Del aburrimiento

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A las 19.20 ya era de noche. Una fuerte e intensa lluvia comenzaba a caer sobre el tejado interrumpiendo nuestra interesantísima conversación sobre avales. Lo siento, seré un poco inmadura, pero las conversaciones que giran en torno a comprarse un coche, una casa, y cómo arreglárselas para pagarlos, me aburren solemnemente. Así, lo único que salió de mis labios durante la conversación que estaban manteniendo Sara (29 años) y Patricia (21) fue “bua, yo me quiero quedar para siempre a vivir con mis padres…” (Una frase, definitivamente, lapidaria).

 

Después, sobre las 20 horas, cuando el vendaval y la tormenta empezaban a arreciar, voy en metro desde Begoña hasta Chamartín, donde siempre cojo el tren para volver a casa. Me encanta cuando llueve, siempre pasan cosas emocionantes, aunque hoy, de momento, no haya pasado nada más emocionante que el hecho en sí de que haya llovido después de tanto tiempo, con rayos y centellas incluidos.

 

Llego a Chamartín, me monto en mi tren “atocha-príncipe pío” y me siento al lado de una chica que iba leyendo. Yo, por mi parte, abro mi libro, “La tabla de Flandes” de Pérez-Reverte, y me termino de leer rápidamente las 10 hojas que me quedaban (ya os hablaré del libro). A continuación, acosada por el tedio que supone ir en tren y no poder ir a tu bola mirando por la ventana, descubro que el título del libro que tiene entre las manos la chica que está junto a mi, dice algo así como “La cena secreta”, basado, sin ningún género de dudas, en el magnífico “Código da Vinci”. ¿Qué le ha dado a todo el mundo con ese libro? He llegado a leer, en Internet, a gente que asegura que su escritor favorito es Dan Brown. Me parece excelente que, gracias a este autor, más de uno y más de una hayan descubierto el placer por la lectura, pero me parece, por otra parte, muy injusto que, sin haberse molestado en conocer ligeramente la historia de la literatura, aseguren tajantemente que este tipo de libros y de lecturas sean los mejores del mundo y de su vida.   

 

Después de estas observaciones sobre el libro de marras, me sigo aburriendo en el tren, así que me dispongo a observar y analizar descaradamente a la gente que tengo a mi alrededor, empezando por ese chico joven, delgado, que se sienta en escorzo y que viste un pantalón negro ajustado con flores blancas bordadas, a juego con una camiseta de manga larga, negra, y no menos ajustada que el pantalón. Lleva, asimismo, gafas negras de friqui soñador, cruza las piernas coquetamente, y todo ello me hace pensar que no siente ningún tipo de predilección por mí, ni por la chica que lee el libro sobre “la última cena” de Leonardo. Giro mi afilada mirada 45 grados y veo a un hombre que también está leyendo; parece no ser tan joven, pero no ha perdido el atractivo ni los modales esmerados de ejecutivo arrogante. Puedo ver también el título de su libro, que está en inglés, y dice: “highly eficient people”, muy acorde con su atuendo y circunstancias, sin duda. No obstante, deduzco que se aburre solemnemente con este tipo de lectura, porque no para de bostezar y de comerse las uñas (como yo con la conversación de los avales). Quizá sus ojos, en este punto, dejan de denotar cierta arrogancia y prepotencia para reflejar algo de humanidad; no termino de ver a este tipo en plan tiburón arrasador y ávido de euros contantes y sonantes.

 

Llega la hora de bajarme del tren, (para alivio de todos, lectores y señores viajeros), y siento la lluvia, ya fina y delicada, caer sobre mis brazos desnudos, pero no me importa, me apetece mojarme, me apetece perderme bajo los árboles y a través de las luces de los coches, de la ciudad iluminada, porque ya se acerca el otoño, y porque quiero que llueva, que haga frío y que pasen cosas highly emocionantes.

Miércoles, 06 de Septiembre de 2006 22:26. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar.

De la paciencia

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Hola a todos. Hoy ha sido un buen día, a pesar de todo lo que me ha pasado, y que me ha recordado un poco a la escena de “Las 12 pruebas de Asterix” en la que están en la Casa de la Locura y tienen que hacerse con el permiso A-38, o algo parecido. Sobre las 10:30 am., antes de ir a trabajar, en una papelería que hay al lado de mi casa, mando un fax al maldito vago de mi jefe con la estadística de donantes que me había pedido. La simpática mujer que me atiende me cobra un euro, menos de lo que esperaba, y a continuación me voy tan contenta a la facultad, a recoger los créditos de la radio. No creo haber visto nunca tantos tíos en mi facultad, y eso que sólo he estado un rato. Que merezcan la pena o no es otra historia, pero haberlos, los había. La verdad es que los de la radio no han tardado nada en darme el papelito firmado; el diploma me lo dan más adelante. Después, cojo de la biblioteca “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que me estaba llamando desde hace días.  

Me dirijo a continuación al hospital, que ya es hora, y para ello, cojo mi querida línea 6, sin aire acondicionado y petada de gentuza, (gentuza como yo) hasta Nuevos Ministerios, donde hago el trasbordo que tanto me gusta a la Línea 10, aunque ya lo han arreglado y no es tan horrible y tremendamente sofocante. Me sitúo en uno de los asientos vacíos que había, y al rato se sienta a mi lado una chiquita latina de unos 15 años con los cascos puestos. Yo también llevo el mp3, con It´s the end of the world a todo volumen, y, aún así, puedo percibir los estridentes sonidos bakalaeros que llegan a sus desgraciados oídos. Yo ya sabía que esta gente suele tener mal gusto (digo “suele”, hablo de lo que he visto), ya que sus oídos frecuentan a menudo el llamado reaggeton, pero no conocía esa faceta bakaluti en los latinos. Sinceramente creo que escuchar este tipo de música tiene que inducir a las personas a hacer cosas horribles. Sin embargo, no es justo que haga un razonamiento tan simplista, puesto que no podemos olvidar que al protagonista de “La Naranja Mecánica” lo que realmente le ponía era Beethoven… Abro el libro y al rato me doy cuenta de que llevo 3 estaciones recorridas y sigo en la página 1. Me está mirando, y en ese momento soy consciente de mi miedo absurdo ante la situación. Me mira constantemente, mira mis manos, mi libro, yo la puedo ver de reojo, y ella huele, olisquea mi miedo. Miro al frente y agarro fuertemente el bolso contra mí, pero por poco tiempo, porque la tipa se baja en Plaza de Castilla. La verdad es que, menos yo, cuatro gatos, y Rita, todo el mundo se suele bajar en Plaza de Castilla.  

 

Son las 12 menos 10, lo que significa que llego prácticamente 3 horas tarde al trabajo. Subo las escaleras, esperando, como siempre, que no me vea nadie y… ¡OH! Sorpresa, ¡la supervisora! Pero no pasa nada, generalmente se limita a decirme "hola" con una sonrisa en los labios, pero hoy se dirige a mí con un gesto serio: “dile a tu jefe que quiero hablar con él”. Sin duda, mi cara refleja en ese momento mucho más temor de lo que se pudiese vislumbrar a simple vista en el momento del metro. “Quiero hablar con él sobre la estadística, porque no quiero que utilice el papel en la reunión, que utilice sólo los datos, como si se los hubieras dado tú”. (Ah, bueno, pues que se entiendan entre ellos…) “Vale, yo le llamo”. “Por cierto, tienes que cambiar los carteles, porque ahora hace falta A negativo, pero hazlo mañana si quieres, por si hoy no te viene bien…” (Sí, bonita, porque a las horas a las que vienes…) Y yo: “bueno, también lo puedo hacer esta tarde…”. “Vale, muy bien. Pues dile a tu jefe que me llame eh?” (“¡Que sí!”)

 

Son las 14 horas. Estoy en casa, comiendo, y me llega un sms al móvil, y… ¡es mi jefe! Madre mía, es el único hombre que, últimamente, me llama a diario, y no sólo eso… ¡¡sino que también me escribe mensajitos!! “Sonia, ¿puedes volver a mandar el fax? Es que no se ve bien”. Me cago en todo, en el jefe, en el fax y en la jodida estadística, que la llevo paseando 3 días por Madrid y haciendo el gran esfuerzo de que no se arrugue, tarea prácticamente imposible. Ayer la llevé metida en una carpetilla, pero hoy he decidido que ya llevaré bastantes días carpetita cuando empiece el curso…

 

Vuelvo al hospital sobre las 5, y, para resolver lo del fax, se me ocurre brillantemente mandarlo desde allí y además, gratis. Le pregunto al celador que hay en Donantes, donde descubro (¡oh, qué gran descubrimiento!) que se puede mandar fax. El tío está más perdido que yo “Pues es que yo no sé utilizar la máquina de fax, pero vete a Admisión del General: entras, sigues todo recto el pasillo que va hacia Traumatología…” (A ver tío, ¿tú no sabes quién soy yo o qué? Me recorro todos los días el jodido hospital, ¿cómo no voy a saber llegar hasta ahí?). Total, que voy hasta el sitio en cuestión y se lo cuento a una amable señora, que me explica cómo se usa, (para la próxima vez) y además, cotillea el contenido del folio: “ah, ¿pero hay azafatas en donantes?”, “Sí, soy yo” (qué pasa). A pesar de lo recatada y modosita que parezco ante ojos desconocidos, a veces me asombra mi desbordante, enloquecedora y agresiva actitud interior cuando estoy empezando a perder los nervios…

 

Bueno, el fax ya está mandado, me relajo, hago la ronda; y me voy a merendar. Cuando termino, me voy a casa, y llamo a mi jefe para ver si le ha llegado el fax, y para decirle que llame a la supervisora. “Pues es que sigue sin verse bien, será que no tengo mucha tinta…” (A ver, torpe de mierda, ¿de qué vas?) “Pero tienes el original, ¿verdad?” (El original, después de mandar el fax, lo doblé en cuatro y me lo metí en el bolsillo…) “Pues mira, Sonia, mañana voy al hospital, a las 10, ¿vale? Y ten el móvil encima, porque a veces te llamo y está apagado” (gran mentira) Total, que después de todo esto, después de haberle podido dar el papel en mano desde el martes, al final el muy cretino acaba viniendo a por ello, y encima… ¡¡me va a hacer madrugar!! Qué duro es esto…

Jueves, 07 de Septiembre de 2006 23:44. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar.

Hey Bulldog

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Todo iba bien. Me despierto a las 7:50 a.m. y, con cierto esfuerzo, me meto en la ducha. Desayuno mi café con galletas (que no puede faltar), me preparo, y cuando voy a salir por la puerta me dice mi madre ¿llevas todo lo que tienes que llevar? “Eh… no”. Soy lo peor, de lo más despistada, una completa incompetente. En ese momento me dan ganas de machacarme un pie con la puerta, o de darme un guantazo que me deje la marca de la mano. Vuelvo corriendo a mi habitación y cojo la estadística. Si no llega a ser por mi santa madre, habría llegado más tarde aún al trabajo.

 

Son las 9.15 y estoy esperando el tren. Ayer quedé con mi jefe a las 10, pero, de pronto, suena el móvil. Madre mía, a estas horas sólo puede ser él. Lo cojo, pero no le oigo bien. Aprovechando la coyuntura, cuelgo rápidamente y a continuación pongo el móvil en silencio; pero vuelve a llamar. No lo cojo. Pasa un rato y no llama. Ahora vuelve a sonar, pero esta vez es mi padre: “oye, que me ha llamado tu jefe (el muy listo, ha llamado al móvil de mi padre porque ayer le llamé desde ahí) y le he dicho que ya te habías ido hace rato, que ya tenías que estar en el hospital o a punto de llegar…”. Entonces se me ocurre decirle a mi jefe que he ido primero a hacer una copia de la estadística porque se me había arrugado (hice la copia el martes, y ahora tengo dos papeles, uno doblado en cuatro, y el otro no doblado, pero sí ligeramente arrugado). Llama el cansino del jefe otra vez, y no me queda otra que cogerlo. “Sí, ya estoy llegando” (acababa de coger el tren) “vale, pues aquí te espero”… Jooder, vaya viajecito, acojonada, mirando al reloj y al frente, con la mirada perdida, al reloj y al frente.

 

10:00 a.m. Llego al hospital. El jefe está sentado en la puerta de Donantes. Me entran tentaciones de subir sin que me vea, ponerme el uniforme, y bajar. Pero estoy como un flan y voy corriendo a saludarle, sea como sea. “Pero Sonia, ¿dónde estabas?” “Es que he ido a hacer la fotocopia, y había mucha gente en la papelería… Además, he perdido el tren que iba a coger…”. “Ah, ¿pero es que todavía no has empezado a trabajar?” “Eh… no”.  Le entrego la estadística, los dos papeles iguales, el que está doblado y el que está hecho un asco. Los dobla él a su vez y se los guarda en el bolsillo. Empieza a mover la cabeza de un lado a otro, decepcionado. “Muy mal. Me parece muy mal, Sonia. (Yo me limito a guardar silencio). La otra vez que vine también te vi sin el uniforme, no sé si te ibas a ir antes o qué. Yo ya no sé si son coincidencias o esto es una cosa continua”. Y yo: “Lo siento, de verdad, sólo me ha pasado hoy, que he ido a hacer la fotocopia y he tenido que esperar a que abrieran; además, he perdido el tren, porque ahora me han cortado el metro y vengo en tren” (mentira, la Línea 3 lleva cerrada desde Junio…). Lo siento, de verdad” En ese momento cambia el gesto: “bueno venga, no pasa nada” a la vez que me da un toquecito amistoso en el hombro; “pero ponte las pilas ¿eh? A trabajar”. Ya está, ya pasó. Le digo hasta luego y subo a ponerme el uniforme, y las pilas. A la tercera me echan, estoy convencida. Me echan fijo.

 

La segunda parte de la historia transcurre después. Subo y la supervisora me da los nuevos carteles que tengo que poner por el hospital, los de A negativo. “Necesitarás celo, ¿no?” y yo: “Claro” (aún no he conseguido pegar carteles con la lengua). “¿Me podrías dar también unas tijeras?”, “Pues espérate porque no sé si tengo, es que aquí hay alguien que roba las tijeras, ¿sabes?” Y yo: “Ah…” Empieza a buscar en un cajón: “Anda mira, aquí hay unas; toma”. Me da las tijeras más grandes y largas que he visto en mi vida; parecen sacadas de una película de Hitchcock. Gracias a dios, me las da con funda. Así, cargo con los carteles, con el celo y con las tijeras de asesina en serie, y me voy a poner los cartelitos; y a quitar los anteriores, claro. Al final, ante las atentas y curiosas miradas de la gente que hay por los pasillos y por todo el hospital, acabo partiendo el celo con mis propias manos. No quiero acabar la mañana con un dedo menos en la mano izquierda.

 

Acabo esta ardua tarea, vuelvo al vestuario, cojo el libro de “Alguien voló…” y me pillo un café de máquina. Salgo a la calle para sentarme a la sombra y relajarme un poco. Descubro que en esta parte del hospital, a las puertas del centro comercial y del Mc Donalds, un simpático chino ha montado un negocio ambulante de perritos enanos que saltan, se mueven y además hacen “mic, mic, mic, mic”. No ladran, sino que emiten una especie de llamada de atención continua, como lo que hace el Correcaminos, pero aún más irritante. El chino ha colocado unos tres o cuatro perros sobre el suelo, y les ha dado cuerda. En una bolsa, guarda decenas de ellos. Veo que nadie le compra nada, y me río de él para mis adentros. Bueno, más bien me río de la situación. Pero, de repente, una señora se para y le pregunta que cuánto cuestan los perritos. “Tres euros”. Como si eso fuera una minucia, la mujer abre rápidamente el monedero, y compra un perrito. La gente que anda por allí, en cuanto ve que alguien compra, acude hacia allí a ver qué pasa, qué se vende. Se abren monederos y más monederos. “Yo también quiero un perrito, pero dame uno que funcione ¿eh?” (=no me times, chino cabrón), le dice un marroquí al vendedor. Finalmente, ante el griterío de niños “cómprame uno, cómprame uno, papá”, y demás, se arremolina un numeroso grupo de personas en torno a nuestro chino.


Pasan unos minutos y parece que se relaja un poco la cosa, pero vienen niños y más niños con sus papás. Uno de estos niños ve cómo todos se llevan su perrito, menos él. “Yo quieeerooo uuunooo” “Yooo quieero uunooo” a grito pelado. Su voz se va haciendo cada vez más desgarrada ante la inexplicable impasibilidad de sus padres. (Por dios, que alguien acabe ya con la agonía de ese pobre niño). La madre, joven y muy delgada, con pelo largo, negro y recogido en una coleta que deja ver los aros dorados que cuelgan de sus orejas, le dice al supuesto padre: “venga, ¿le compramos uno?”; y él: “Cómpralo tú, porque yo no llevo nada encima”. Ella: “Joder, es que siempre estamos igual…”

Pasa un rato, el niño sigue berreando, está empezando a llorar y a patalear, y entre “Yoo quiero uunooo. Yoo quiero uuno, no tengooo ningunoooo” y el “mic mic mic mic mic” no hay quien se concentre en el libro de Ken Kesey. Pero hay que reconocer que la escena es divertida... Los padres del pequeño empiezan a discutir. Podrían ser, perfectamente, los invitados estrella de El Diario de Patricia. Él, mayor que ella, con barriga cervecera y barba de pocos días, está empezando a perder los nervios. “Cómprale el puto perro, coño, que te he dicho que luego te doy el dinero”. Y ella: “Claro, ayer estuviste toda la noche por ahí… Este mes vamos a tener mierda, mierda, si no te gastaras todo y dejaras algo en la cuenta…”. El tipo se aleja unos metros, desquiciado, y se enciende un cigarro. El niño corre enloquecido tras él, y recibe una suave, dulce y educativa reprimenda: “vete con la bruja esa, y que te compre ella el perrito de los cojones”. Finalmente, cuando el hombre se aleja un poco más, la madre decide comprar el maldito perro. Pareciera como si la presencia de ese ser despreciable la hubiera estado impidiendo hacerlo, quizá por orgullo, por rabia, o por nada en concreto. Por fin, el niño ya tiene su querido perrito. Es feliz; y ahora juega con él en silencio. Se podría decir, con toda seguridad, que esa felicidad le durará bien poco…

Viernes, 08 de Septiembre de 2006 16:00. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario Hay 2 comentarios.

Escribo demasiado y me preocupa

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Buenas noches a todo el mundo. Sí, aunque me haya quedado en casa,ésta no tiene pinta de ser una mala noche. No lo puede ser por la simple razón de que no he tenido un mal día. El plan que venía rondándome la cabeza todo el día, finalmente no se ha concretado. Debería entristecerme, pero me ha venido bien. Me ha venido bien porque no es más triste quedarse en casa leyendo e irse de compras tú solo/a que salir con personas que no merecen la pena. A veces no sé porqué coño hago las cosas que hago. Dicen que es bueno seguir tus impulsos, pero no estoy muy segura de ello. Un ejemplo de esto es a lo que me estoy refiriendo, que no es digno de reseñar; pero otro ejemplo que os voy a contar,sí lo es. Y es que, como os venía diciendo, me he quedado en casa leyendo, bebiendo café y comiendo pipas, hasta que, a las 19.30, más o menos, mi hermana me ha pedido que la ayudara a bajar unas cosas al coche (se va de casa en breve). Y entonces,como me he tenido que vestir,me ha dado por irme a dar una vuelta, a pesar de que el cielo empezaba a oscurecerse demasiado. Ese sí ha sido un buen impulso; no hacía nada quedándome en casa, excepto aburrirme y desesperarme aún más. He ido al centro comercial de Príncipe Pío, que, como dice Homer Simpson "un centro comercial es el lugar ideal, hay de todo para todos, y diversión sin igual" (o algo así). No he cogido mucho dinero porque no tenía intención de comprarme pijaditas, pero nunca se sabe. Entro en el H&M y veo unas chaquetas que están muy bien. No me molaría comprarme ropa de otoño-invierno ahora porque veo que aún no la voy a poder utilizar, pero tampoco quería comprarme de verano,porque ya se va a acabar. Un gran dilema el mío...

De todo lo que veo, me gustan dos chaquetas, una marrón que me quedaba muy bien, y otra rosita que se parece a un tipo de chaqueta que quería desde hace tiempo, pero al probármela no me acababa de ver con ella. Veo que son bastante baratas, y me entran tentaciones de comprarme las dos. De hecho, cojo las dos y me acerco a la caja. Sin embargo, me acuerdo en ese momento de que el viernes que viene es el cumple de mi hermana, y debería comprarla algo. En un ataque de lucidez, decido dejar la chaqueta rosa que me quedaba raquítica y me compro sólo la marrón. Aquí se puede ver que he hecho bien en no seguir mis impulsos. Además, ir de compras saca lo peor del ser humano. A veces vas porque estás depre, pero ver tantas cosas que te gustan y no poder comprarlo todo, te puede deprimir aún más ¡¡ y hacerte ver lo superficial que eres en el fondo !!. Yo he llegado a la conclusión de que, ante esa tesitura, a veces es mejor no comprar nada; y sobre todo si no lo necesitas en absoluto. Pues bien, después de salir de H&M, voy a otra tienda, a Zara, en busca de algo para mi hermana. No sé qué comprarla, tiene un estilo diferente al mío y no sé si acertaré. Finalmente, veo unos jersecitos de rayas finitos que se podría poner dentro de un mes (me explico fatal al hablar de ropa, espero que no me manden nunca cubrir la Pasarela Cibeles...o sí...) Voy al vestuario a probármelos, y escucho la conversación que mantenían dos o más pijas en el probador de al lado: "Tíiiia que bien te quedaaaa, comprátelo porque me encaaannntaaa. ¡Cómpratelo porque me encaaaanntaaa!" ( pues si tanto te encanta cómpratelo tú, cansina, y cierra tu bocaza de una vez). Y la otra: "Esta noche vamos a arrasar, tííía, vamos a arrasar con los mozos" (Sin comentarios).... Los jerséis me quedan bien y creo que van a gustarle a mi hermana, así que compro uno de rayas marrones y grises (creo recordar).

Bueno, voy a ir terminando ya porque me enrollo un huevo. Tengo un problema, y es que escribo demasiado. Suele pasar lo contrario, a la gente le cuesta escribir más de medio folio para las reseñas de clase, y demás. Pero yo soy una petarda. No sé si estaréis leyendo todo esto, pero en cualquier caso, os agradezco el esfuerzo que podáis llegar a hacer para leerme. Yo no sé si lo haría en vuestro lugar. No creo que lo hiciera. Bueno, todo depende de quién escriba, claro. En fin, en resumidas cuentas, hoy podemos sacar como conclusión para nuestra terapia... 1) que no es bueno seguir los impulsos absurdos, 2) que no debemos ir mucho de compras para no contagiarnos del dialecto pijés, y 3) que nos saquemos de una jodida vez el carnet de conducir para no depender de los putos autobuses de la sierra y para no idear planes poco recomendables, y así... 4) no quedarnos en casa a aburrir al personal con historias para no dormir. He dicho.

Sábado, 09 de Septiembre de 2006 23:08. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar.

Sexy Sadie en el vestuario

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¿Cómo es un día de trabajo llegando más o menos a la hora y saliendo también relativamente puntual?Llego a las 9.20 y  para un día que llego pronto, no me ve nadie, (vaya por dios). Hago tiempo hasta las 10 leyendo el 20 minutos, periodicucho que en la primera página, como siempre, informa de lo más importante que ha pasado en el mundo en el día de hoy: "Internet, máquina de hacer parejas". (No comments, como aquí). A las 10 hago las consultas, llenas de gente desesperada para que le atiendan, ya no a las 9:30, pero sí a las 10 ó 10.30. Joder, algunos están citados a las 9 y entran a las 11. Y he podido ver casos peores... (Y yo me pregunto, ¿esa gente va a ir a donar sangre?) A las 10.20 he acabado las consultas y no puedo hacer nada más hasta las 12.30, porque en Maternidad no dejan hacer megafonía mientras está pasando el médico. Así que de 10.20 a 11 me siento en la puerta a mirar a la nada, con sueño, con los ojos enrojecidos e hinchados de dormir sólo 5 horas; no puedo evitar llevarlos entornados. Además, me duele la cabeza y no quiero leer, así que decido mirar a la nada un rato.  A las 11 subo al vestuario, me tomo un ibuprofeno, cojo mi libro y me voy a tomar un café. Hago tiempo hasta las 12 leyendo y otra vez, mirando a ratos a la nada. A las 12 menos 5 no puedo más. La letra y la melodía de Sexy Sadie me han estado rondando la cabeza toda la mañana, y me apetece escucharla. Estoy harta de estar ahí, y vuelvo al vestuario. No puedo empezar tan pronto en Maternidad, pero no quiero estar más en la calle. Leer en el vestuario no me parece adecuado, si entra alguien: "Huy, estás aquí..", (no, creo que paso). Pero puedo meterme en "el zulo", un cuartito lleno de trastos, donde siempre me cambio y dejo mis cosas (soy la única pringada que no tiene taquilla). Sin embargo, también hay veces que entran enfermeras o auxiliares a fumar ahí, a mi zulo, ¡qué bonito!. Bueno, el caso es que no me voy a poner ahí a leer, pero sí puedo escuchar un ratito Sexy Sadie. Me da cosa, porque si estoy con el mp3 puesto no voy a oír si entra alguien. Al final decido que me da igual, y me pongo la canción. Oigo Sexy Sadie, pero también Dear Prudence, y Glass Onion. No oigo Helter Skelter; me da miedo empezar a saltar como una loca y que en ese preciso instante entre alguien. Pero en el caso de que hubieran entrado, no me habría quedado más remedio que aceptar que me sugirieran un traslado a la segunda planta, a Psiquiatría, y no precisamente para trabajar ahí... En fin, que me lo paso muy bien en el curro; por eso hago desde aquí un llamamiento a todas aquellas que estéis ociosas por las mañanas y queráis trabajar. Ya veis lo que es. El trabajo es vuestro desde ya. Sólo hace falta, a mi juicio, vocalizar bien; y tener paciencia para aguantar al impresentable del jefe, al que, por otra parte, sólo veréis una media de dos veces a lo largo de tres meses. Bueno, me despido hasta no sé cuándo. La verdad es que hoy no he contado nada relevante (sólo que como siga llegando tan pronto al hospital, sí voy a acabar en la segunda planta. Se me ha ocurrido llevarme mañana una libreta para escribir... Lo que digo, a la segunda planta...) Ya os contaré más.

Martes, 12 de Septiembre de 2006 16:57. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar.

El mundo está loco, loco... O todo es un gran zoo (y yo estoy crispada)

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(Escrito ayer a las 11 en el hospital) 

Esa es la conclusión (la del título) a la que llego al leer esta mañana la prensa gratuita, fiel reflejo de lo que es hoy la sociedad. Sí, ya sé que siempre estoy criticando cosas o riéndome de la gente, pero no soy una amargada quisquillosa, ¿o quizá sí? Bueno, la verdad es que también podría escribir de vez en cuando sobre lo bonita que es la vida o contaros que vivimos en el país de los regalices y las piruletas, pero, aparte de que no es así, no es divertido escribir sobre ello. 

Ayer estuve viendo el casting de Operación Triunfo con mi hermana. Es ridículo, bochornoso; te ríes por no llorar. Y otra de las apuestas seguras de Tele 5 es Gran Hermano, aunque no sé qué acogida tendrá a estas alturas, porque por lo visto ya no es suficiente meter a diez gilipollas en una casa para observar y analizar todas y cada una de sus taras, sino que ahora es preciso también que canten, bailen, cocinen, e incluso que patinen. Vamos, que estos “monos de feria” hagan algo -como se suele decir- de provecho. Hemos visto a famosos bailando, en la selva, en la granja, en la cocina, en su puta casa, etc. y siempre haciendo gala de su glamour, por supuesto.  Ahora también los vamos a ver patinando. Lo que faltaba. Sólo espero que más de uno se caiga y se rompa la crisma, aunque por suerte o por desgracia, yo no lo vaya a poder ver… qué pena.  

También hay, por lo visto, un concurso para jovencitas que han decidido convertirse en supermodelos, pero no por la gracia de dios, sino con la inestimable ayuda de Judith Mascó y de estilistas amanerados que las hacen desfilar con tacones de más de cinco centímetros y las cortan el pelo en aras de un necesario y siempre experimental cambio de look. Eso es demasiado para ellas, y por ello lloran y lloran desconsoladamente… Pobrecitas. Espero que también se rompan la crisma en la pasarela con sus super tacones y sus tristes 45 kilos de peso, y así se pongan a estudiar o a hacer algo –como se suele decir- de provecho... Está claro que los productores de las cadenas, y en particular de Tele 5, ya no saben qué inventar (supermodelos es de “Cuatro”, pero para el caso es lo mismo). No sé a dónde vamos a llegar. Un día nos van a ¿sorprender? (ya casi nada nos sorprende) con un concurso de orgías con animales, o algo parecido: el que se lo monte con más cerdos, ganará 1 millón de euros… 

Y, hablando de orgías, no puedo evitar contaros otra noticia que he podido leer en la prensa sensacionalista del día de hoy; y es que en Croacia, a unas jóvenes españolas de estética punk les ha ocurrido un suceso, cuando menos, surrealista. Fueron detenidas por organizar, supuestamente, una orgía en una playa, provocando, asimismo, que un desconocido que las observaba recurriera a la sempiterna práctica del onanismo. Puedo leer, además, que de las seis chicas, sólo una se confiesa lesbiana, y asegura que, “en caso de que hubieran montado una orgía lo habrían hecho en privado”, y que ojalá hubiera caído esa breva. Parece que la historia se complica cuando descubren al mirón, y además, a otro desconocido que pasaba por allí y vio la escena, propinando un bofetón al descarado onanista. Así, entre zurra y zurra, nuestras chicas se llevaron unos azotes, y además, unos jugosos titulares en la prensa extranjera: “Orgía de españolas en la playa”, cuando lo único que hacían, según ellas, era quitarse espinillas las unas a las otras; eso sí, como dios las trajo al mundo. Nunca he entendido qué gracia o placer puede suponer quitarle una espinilla a otra persona, ni aun siendo tu pareja. Parecemos los jodidos monos del zoo que se despiojan unos a otros, algo que sin duda les divierte enormemente, todo hay que decirlo; pero se supone que el ser humano sube un escalón en la teoría de la evolución respecto al mono, ¿o no?

Bien, pues esto es lo que conoce uno/a al leer el periódico, y, si no me creéis, os aguantáis, porque no pienso poner links para que contrastéis las fuentes. No sé hacerlo, y, aunque supiera, no me apetecería una mierda hacerlo. Si no os fiáis de mí, iros al carajo, a patinar y a romperos la crisma o a quitaros espinillas en caso de que no podáis montar una orgía...

Jueves, 14 de Septiembre de 2006 15:57. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.

DOSTOIEVSKI: Apuntes del subsuelo

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(I) Soy un hombre enfermo…Un hombre malo. No soy agradable. Creo que padezco del hígado. De todos modos, nada entiendo de mi enfermedad y no sé con certeza lo que me duele. No me cuido y jamás me he cuidado, aunque siento respeto por la medicina y los médicos. Además soy extremadamente supersticioso, cuando menos lo bastante para respetar la medicina. (Tengo bastante cultura para no ser supersticioso, pero lo soy.) Sí, no quiero cuidarme por rabia. Esto seguramente ustedes no lo puedan entender. Pero yo sí lo entiendo. No sabría explicar, naturalmente, a quién fastidio en este caso con mi rabia. Sé muy bien que ni a los doctores podría “perjudicar” por no tratarme. Sé mejor que nadie que el único perjudicado sería yo, y nadie más. Sin embargo, si no me cuido es por rabia. Que me duele el hígado: ¡pues que duela, que duela todavía más!

Hace ya muchos años que vivo así: unos veinte años, poco más o menos. Ahora tengo cuarenta. Antes trabajaba; ahora no. Era un funcionario malhumorado. Trataba groseramente a los demás, y sentía placer al hacerlo. Como no me dejaba sobornar, debía recompensarme de este modo. (El chiste es malo, pero no pienso borrarlo. Lo escribí creyendo que sería muy ingenioso, pero ahora me doy cuenta de que mi único propósito era presumir ignominiosamente. No lo borro adrede.) 

Hace un momento, al decir que era un funcionario malhumorado, mentía. He mentido por rabia. En realidad hacía el tonto tanto con los solicitantes como con el oficial: de hecho, jamás pude ser malo. A cada instante sentía en mí la presencia de numerosos elementos diametralmente opuestos. Sentía cómo bullían en mí esos contradictorios elementos. Sabía que siempre, toda la vida, habían bullido en mí, ansiando que les diese salida; pero yo no los dejaba, no los dejaba, no los dejaba salir adrede. Me avergonzaban dolorosamente, me producían convulsiones y acababan por cansarme. ¡Cómo me cansaron! ¿No creerán, señores, que me estoy arrepintiendo de algo ante ustedes, que les pido perdón por algo?... Estoy seguro de que así lo creen… Pero les aseguro que a mí me da lo mismo que lo piensen…No sólo no he podido hacerme malo, sino que tampoco ninguna otra cosa: ni malo, ni bueno, ni canalla, ni honrado, ni héroe, ni insecto.  

(II)   Llegaba hasta el punto de experimentar un placer oculto, anormal, ruin, cuando de regreso a mi rincón, en alguna detestable noche petersburguesa, tenía clara conciencia de haber vuelto a cometer una villanía y de que lo hecho ya no tenía remedio. Me mortificaba interiormente: por dentro, me roía, me roía a dentelladas, me torturaba, y me retorcía hasta el punto de que la amargura tornábase, al fin, en vergonzoso y maldito dulzor, y, en último término, en franco y hondo placer. ¡Sí, en placer, en placer! Insisto en ello. Hablo de ello porque quisiera saber si a los demás les ocurre lo mismo, si tienen esa clase de placer. Se lo explicaré: el placer me lo producía, precisamente, la clara conciencia de mi propia bajeza; el sentir que había llegado ya a lo último; que eso era abominable, pero que no podía ser de otro modo; que no había ninguna otra solución para mí; que jamás podría convertirme en otra persona; que incluso si tuviese tiempo y fe para hacerme de otra manera, lo más seguro es que ni yo mismo quisiera transformarme y, de quererlo, tampoco habría conseguido nada, ya que, de hecho, no habría, tal vez, un modelo a seguir. Pero lo principal, al fin y al cabo, era que todo esto ocurría de acuerdo con las leyes fundamentales y normales de una naturaleza exacerbada y por la inercia que se deriva directamente de esas leyes: no podía, pues, transformarme en otro hombre; nada podía hacer, debido a la conciencia exacerbada. Reconozco, por ejemplo, que soy un miserable; pero el miserable se siente consolado al reconocer por sí mismo que se es, efectivamente, un miserable. Bueno, basta… ¡Cuántas cosas he dicho! Pero ¿he explicado algo?... ¿Cómo puede explicarse el placer en este caso? ¡Me explicaré, sin embargo! ¡Llegaré al fin! Para esto he tomado la pluma… 

Mi amor propio, por ejemplo, es terrible. Soy suspicaz y quisquilloso como un jorobado o un enano. Sin embargo, en mi vida ha habido momentos en que si me hubieran dado una bofetada, quizá hasta me habría alegrado. Hablo en serio: seguramente habría sabido encontrar también en ello una especie de placer: el placer de la desesperación, claro está; pero en la desesperación suelen existir los placeres más intensos, sobre todo cuando se reconoce que la situación no tiene salida posible. Y en el caso de la bofetada… ¡Uno se siente tan abrumado al pensar en qué escupitajo le han convertido! Pero lo principal es que, por mucho que cavile, resulta que siempre tengo yo la culpa, y lo más penoso es que soy un culpable inocente: lo soy por las leyes de la naturaleza. Soy culpable, en primer lugar, por poseer más inteligencia que todos cuantos me rodean. (Me he considerado siempre con más inteligencia que todos cuantos me rodean, y  a veces, pueden creerme, me he sentido avergonzado de ello. Por lo menos me he pasado toda la vida sin poder mirar de frente a los demás: siempre he mirado a un lado.) Finalmente, soy culpable porque aún habiendo en mí generosidad habría sufrido todavía más al darme cuenta de su inutilidad. Lo más probable es que nada hubiera podido hacer con mi generosidad: ni perdonar, porque mi ofensor me habría golpeado, tal vez, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, y las leyes de la naturaleza no se pueden perdonar; ni habría podido olvidar, porque aun tratándose de leyes de la naturaleza ofenden. Finalmente, aunque hubiese querido no ser generoso en absoluto, sino vengarme de mi ofensor, tampoco habría podido vengarme de ningún modo, ya que no me habría decidido a hacer nada, ni en el caso de haber podido.   

No, no es que me aburra tanto como para ponerme a transcribir libros, (bueno, un poco sí), sino que he encontrado en unos apuntes esta joya de Dostoievski y me apetecía compartirla con vosotros, simplemente. Este hombre está diciendo, ni más ni menos, algo que muchos otros han intentado decir a lo largo de la historia de la humanidad. Lo que pasa es que no todos nos atrevemos a reconocer que en algún momento, o siempre, nos sentimos así. Me encanta la idea de sentir placer al sentirse un miserable, pero no por el simple hecho de sentirse un miserable, sino por reconocer que, efectivamente, se es un miserable.  Camus también decía (no sé si con estas palabras exactamente) que la desesperación por la vida es precisamente lo que te hace amar la vida… 

Me estoy acordando de una conversación que tuve un día de estos con mis compañeras del hospital. En concreto, estábamos hablando de las locuras que hacíamos en la edad del pavo; y a mí se me ocurrió decir en ese mismo momento algo que resume todo lo que pienso ahora sobre la vida: “Yo, con 15 años, era una gilipollas. Ahora también lo soy, con la diferencia de que ahora soy consciente de ello, y antes no lo era en absoluto”. Ante esta frase, que a mi me pareció de lo más inteligente que he dicho en mi vida, mi compañera Patricia sólo atinó a contestar: “Tía, ¿por qué dices que eres gilipollas?; tienes que creerte la mejor, yo siempre me he creído la mejor, con 15 años y ahora”... Lo que ella no sabía era que en mis palabras se escondía un profundo y doloroso amor propio, del que a veces no soy muy consciente, pero que está ahí. Sí, ahí está, y ahí seguirá, imperturbable.  

Jueves, 14 de Septiembre de 2006 21:46. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar.

Más cansada de lo normal

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Hola a nadie: esta tarde me he escapado mucho antes del trabajo; creo que he estado por allí una media hora, más o menos. El caso es que he estado toda la semana llegando por las mañanas a las 9, y encima el miércoles por la noche salí. Claro, como los fines de semana no hago las cosas que suele hacer la gente normal, pues lo tendré que hacer entre diario... Y es que hacer un blog, por lo visto, es de raros, por eso los fines de semana me dedico plenamente a mis paranoias. (Bueno, no voy a hacer más alusiones al respecto.) Estoy harta de la gente que me pregunta y me hace comentarios en el hospital; intento ser amable, de hecho lo soy, pero estoy hasta los... Estoy harta de coger el tren, de coger el metro, y de andar por chamartín, que está en obras y está todo el ambiente lleno de mierda. Estoy harta de todo, de que me digan en el hospital que no trabajo, que soy la que mejor vive, y que a qué hora he llegado hoy y que tal y que cual. Ya sé que es de coña y en confianza, pero estoy harta. Bueno, hay que englobarlo en la lista general de las cosas de las que estoy harta, así que espero que nadie se ofenda, porque ya he dicho que estoy harta de todo. Siempre tengo sueño, y estoy harta de aburrirme por las mañanas y gastarme el dinero en donuts y en cafés y en otras cosas, y de tomarme ibuprofenos porque siempre me duele la cabeza. Ayer me desperté con un martilleo que no era normal. Además, ahora que empieza a hacer fresquito, apetece mucho menos levantarse de la cama, y menos aún meterse en la ducha...Por cierto, me estoy acordando de que me he metido en el grupo A, en 4ºA, el único grupo que entra lunes y martes a las 8 de la mañana. Seguro que estoy en una clase llena de pringados/as que se la han cogido para poder dar literatura universal de optativa, que se imparte de lunes a miércoles y de 13 a 14. Estoy como una cabra, lo sé, ha sido un impulso; quería hacerlo y punto. Además, así salgo todos los días a las 14, como mucho; para tener tiempo de ir a casa a comer y después al hospital del infierno. Bueno, voy a ir terminando porque no es nada conveniente seguir con este post tan deprimente. Hoy no pensaba escribir, pero tenía que desahogarme de alguna manera. Lo que pensaba hacer hoy es colgar la reseña que hice hace unos días de La Tabla de Flandes, así que lo voy a hacer de todas formas. Ahí está. Un saludo. (Por cierto, se me olvidaba deciros que también estoy harta de que me dejéis comentarios, así que...como a alguien se le ocurra volver a hacerlo, se va a enterar. Más vale que nadie lo haga...)

Viernes, 15 de Septiembre de 2006 20:53. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar.

La Tabla de Flandes, PÉREZ-REVERTE

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“Cruzaron la avenida desierta. Al llegar a la otra acera Julia observó de nuevo a su acompañante, con disimulo. No parecía un hombre de extraordinaria inteligencia. Por lo demás, dudaba que las cosas le hubiesen ido demasiado bien en la vida. Viéndolo caminar con las manos en los bolsillos, el ajado cuello de la camisa y las grandes orejas sobresaliendo de la gabardina vieja, daba la impresión de no ser sino lo que era: un oscuro oficinista, cuya única fuga de la mediocridad era el mundo de combinaciones, problemas y soluciones que el ajedrez podía ofrecerle. Lo más curioso en él era la mirada que se apagaba al apartarse del tablero; aquella forma de inclinar la cabeza igual que si algo le pesara demasiado en las vértebras del cuello, ladeándola; como si de esa forma intentase que el mundo exterior se deslizase por su lado sin rozarlo más que lo necesario. Recordaba un poco a los soldados prisioneros que caminaban con la cabeza baja en los videos documentales de la guerra. Era el suyo el aire inequívoco del derrotado antes de la batalla; de quien cada día abre los ojos y se siente vencido. Y, sin embargo, había algo más. Al explicar una jugada, siguiendo el hilo retorcido de la trama, en Muñoz despuntaba el destello fugaz de algo sólido, incluso brillante. Como si, a pesar de su apariencia, en el interior latiese un extraordinario talento lógico, matemático, o del género que fuera, que daba aplomo, autoridad indiscutible a sus palabras y a sus gestos. Le habría gustado conocerlo mejor. Comprendió que lo ignoraba todo de él, salvo que jugaba al ajedrez y era contable. Pero ya resultaba demasiado tarde. El trabajo había terminado, y era difícil encontrarse de nuevo.”  

Creo que este pasaje del libro es más que suficiente para poder constatar el talento innegable de Pérez- Reverte. Hace dos veranos leí Territorio Comanche, y recuerdo que me sorprendió también muy gratamente. Este es el segundo libro que leo de este autor y la verdad es que te engancha desde el primer momento. La Tabla de Flandes, con descripciones como la que he transcrito, con inteligentes alusiones al mundo del arte y de la literatura, y con una estructura acertada, resuelve de manera magistral el conflicto que plantea desde las primeras páginas, y mantiene al lector en un estado de alerta constante. (Joder, ¡parezco una contraportada! Lo he escrito yo, ¿eh? en serio) 

Ahora sí, algunas opiniones que aparecieron en la prensa de todo el mundo en su día y que comparto, son: del New York Times: “Un trabajo elegante, refinado, enloquecedoramente inteligente”. De Le Monde: “Construcción rigurosa, dominio magistral del juego entre el presente y el pasado. Es casi perfecta”. O de Le Magazine Litteraire: “La historia policíaca, el suspense, no son más que pretextos. Lo que hay es una explicación del mundo en la que participan la pintura, la música, la literatura, el humor o la muerte”. Esta es la crítica que me parece más completa y acertada. Me quedo con esta crítica y la hago mía. Y también, me quedo con el personaje del jugador de ajedrez, Muñoz, porque creo que es el más complejo, y también el personaje que más se ha currado Pérez-Reverte, aunque no sea el protagonista y a veces parezca que su papel en la trama no acaba de ser relevante.  En fin, seguro que a todos os gustará este libro de Pérez-Reverte: es un libro que podéis leer en cualquier momento y que sin duda os hará pensar un poquito, y además, si no sabéis jugar al ajedrez, (como es mi caso), seguro que os picará la curiosidad.

Viernes, 15 de Septiembre de 2006 21:04. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Lecturas veraniegas (y del resto del año) No hay comentarios. Comentar.

Happiness Is A Warm Gun

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Esta canción de Los Beatles es…  buenísima. Está claramente entre mis mejores, porque no es una canción corriente. (Casi ninguna de Los Beatles lo es). El título, para empezar, ya te llama la atención; y no es para menos. Y cuando oyes la canción por primera vez, te distrae de lo que estás haciendo, y piensas: “Joder, ¿qué es eso?”. Pues eso es, nada más y nada menos que un 100% Lennon. Y ya que le hemos mencionado, voy a referirme a un artículo de García Márquez que he encontrado y que está bastante bien: se titula “La nostalgia sigue siendo igual que antes” y fue escrito en 1982. Los primeros párrafos me parecen los más destacables: <<Ha sido una gran victoria de la poesía. En un siglo en que los vencedores son siempre los que sacan más votos, los que meten más goles, los hombres más ricos y las mujeres más bellas, es alentadora la conmoción que ha causado en el mundo entero la muerte de un hombre que no había hecho más nada que cantarle al amor. Es la apoteosis de los que nunca ganan. Durante 48 horas no se habló de otra cosa. (…) Los reporteros de la televisión le preguntaron a una señora de ochenta años cuál era la canción de John Lennon que le gustaba más, y ella contestó como si tuviera quince: La felicidad es una pistola caliente [Happiness Is A Warm Gun]. Un chico que estaba viendo el programa dijo: A mí me gustan todas. Mi hijo menor le preguntó a una muchacha de su misma edad por qué habían matado a John Lennon, y ella le contestó, como si tuviera ochenta años, porque el mundo se está acabando.

Así es: la  única nostalgia en común que uno tiene con sus hijos son las canciones de los Beatles. Cada quien por motivos distintos, desde luego, y con un dolor distinto, como ocurre aquel día memorable de 1963, en México, cuando oí por primera vez de un modo consciente una canción de los Beatles. A partir de entonces descubrí que el universo estaba contaminado por ellos. En nuestra casa de San Ángel, donde apenas si teníamos donde sentarnos había sólo dos discos: una selección de preludios de Debussy y el primer disco de los Beatles. Por toda la ciudad, a toda hora, se escuchaba un grito de muchedumbre: Help, I need somebody. Alguien volvió a plantear por esa  época el viejo tema de que los músicos mejores son los de la segunda letra del catálogo: Bach, Beethoven, Brahms y Bartok. Alguien volvió a decir la misma tontería de siempre: que se incluyera a Bozart.”(…) Emilio García Riera, que estaba de acuerdo conmigo y que es un crítico e historiador de cine con una lucidez un poco sobrenatural, sobre todo después del segundo trago, me dijo por esos días: "Oigo a los Beatles con cierto miedo, porque siento que me voy a acordar de ellos por todo el resto de mi vida". Es el único caso que conozco de alguien con bastante clarividencia para darse cuenta de que estaba viviendo el nacimiento de sus nostalgias. Uno entraba entonces en el estudio de Carlos Fuentes, y lo encontraba escribiendo a máquina con un sólo dedo de una sola mano, como lo ha hecho siempre, en medio de una densa nube de humo y aislado de los horrores del universo, con la música de los Beatles a todo volumen. >> 

La historia de la canción la explica así su compositor: "Había una revista de armas por ahí, y en la portada había una pistola humeante. El título del artículo, que nunca leí, era 'Happiness Is A Warm Gun' (La felicidad es una pistola caliente)". "Pensé: 'Qué cosa tan fantástica, tan demencial'. Una pistola caliente significa que acabas de dispararle a algo".  Hay que decir que Lennon vio la revista de armas norteamericana pocos días después del asesinato de Robert Kennedy. Asimismo, Lennon aseguró que "la canción se compuso a partir de fragmentos de unas tres canciones diferentes y parecía que recorriera distintos tipos de rock". (Estas declaraciones datan de septiembre de 1980). 

Happiness Is A Warm Gun, incluida en el “White Album”, fue prohibida por la BBC debido a su simbolismo sexual. (Qué rancios) Pero también había quien la relacionaba con las drogas, como a muchas otras de las canciones del cuarteto...  Cuando Lennon canta “I need a fix cause I´m going down”, no parece estar refiriéndose a otra cosa, pero bueno…, a pesar de ello, él se reafirmaba así en unas declaraciones de abril del 72: "La considero una de mis mejores. Es una hermosa canción, y realmente me gusta todo lo que sucede en ella". "Todos dijeron que iba de drogas, pero iba más de rock 'n' roll que de drogas. Es como una historia del rock 'n' roll... No sé por qué la gente decía que iba de una aguja de heroína. Sólo una vez he visto a alguien hacer cosas con una aguja, y no me gustó en absoluto".  

McCartney también aseguraba a finales de 1969 que quizá esta sea su canción favorita del Álbum Blanco. Y Harrison también la mencionó entre sus favoritas. (Por lo visto a Ringo nadie le pidió su opinión…). Y, por último, como comentario curioso, podemos añadir el de Ronald Reagan, quien confesó: "Recuerdo que una vez, cuando tenía unos trece años, cogí prestado el Álbum Blanco a mi hermana y mi madre se enfadó porque estaba escuchando 'Happiness Is A Warm Gun'. Realmente se disgustó muchísimo". (Febrero 1984) 

La mezcla mono que se utilizó en el álbum corresponde al día 26 de septiembre de 1968, y, por fin, os pongo la letra de la canción:  

HAPPINESS IS A WARM GUN
John Lennon - Paul McCartney


SHE'S NOT A GIRL WHO MISSES MUCH,
DO, DO, DO, DO, DO, DO, OH YEAH.
SHE'S WELL ACQUAINTED WITH THE TOUCH
OF THE VELVET HAND LIKE A LIZARD ON A WINDOW PANE.
THE MAN IN THE CROWD WITH THE MULTICOLOURED
MIRRORS ON HIS HOB NAIL BOOTS.
LYING WITH HIS EYES WHILE HIS HANDS ARE BUSY WORKING OVERTIME.
A SOAP IMPRESSION OF HIS WIFE WHICH HE ATE
AND DONATED TO THE NATIONAL TRUST.

DOWN.
I NEED A FIX 'CAUSE I'M GOING DOWN,
DOWN TO THE BITS THAT I LEFT UP TOWN.
I NEED A FIX 'CAUSE I'M GOING DOWN.

MOTHER SUPERIOR, JUMP THE GUN,
MOTHER SUPERIOR, JUMP THE GUN,
MOTHER SUPERIOR, JUMP THE GUN,
MOTHER SUPERIOR, JUMP THE GUN,
MOTHER SUPERIOR, JUMP THE GUN,
MOTHER SUPERIOR, JUMP THE GUN.

HAPPINESS IS A WARM GUN,
(Happiness bang, bang, shoot, shoot)
HAPPINESS IS A WARM GUN, MAMA,
(Happiness bang, bang, shoot, shoot)
WHEN I HOLD YOU IN MY ARMS
(Oo - oo oh yeah)
AND I FEEL MY FINGER ON YOUR TRIGGER,
(Oo - oo oh yeah)
I KNOW NOBODY CAN DO ME NO HARM
(Oo - oo oh yeah)
BECAUSE  . . .  IS A WARM GUN, MAMA,
(Happiness bang, bang, shoot, shoot)
HAPPINESS IS A WARM GUN, YES, IT IS,
(Happiness bang, bang, shoot, shoot)
HAPPINESS IS A WARM, YES, IT IS,
GUN -
(Happiness bang, bang, shoot, shoot)
WELL, DON'T YOU KNOW THAT HAPPINESS
IS A WARM GUN, MAMA?
(Happiness is a warm gun, yeah)

Sábado, 16 de Septiembre de 2006 12:57. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: No sólo Beatles Hay 3 comentarios.

Cuando la depresión aparece...

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¿Recordáis que el viernes me lamenté de un sinfín de banalidades sin importancia? ¿Y que entre ellas estaba la cuestión de los fines de semana y de no hacer en estos tres malditos días lo que suele hacer una persona normal? Pues bien, he llegado a la conclusión de que en realidad sí puedo pasar un fin de semana haciendo cosas de gente normal. Quizá, de gente demasiado normal. Ayer salí, y no me lo pasé del todo mal. Me encontraba en una tesitura que últimamente se me está planteando a menudo: sobre las 5 de la tarde llegué a la determinación de que, hiciera lo que hiciera, (me quedara en casa o saliera) mi depresión iba a alcanzar su punto de máximo apogeo en torno a las 9 ó las 10 de la noche; y que, si decidía salir, al menos estaría intentando esquivar ese momento de bajón, y podría contárselo a alguien en caso de que me atrapara irremisiblemente. Así que salí y le conté todas mis penas a mi amiga Mónica; pero esta vez mi amiga no se comportó como siempre, es decir, dándome la razón y animándome, sino que esta vez me hizo ver lo tonta que soy en realidad; y lo peor de todo, me hizo darme cuenta de que no tengo remedio. La verdad es que todas estas ideas ya las llevaba yo en la cabeza antes de verla y contarla todos mis males. Pero siempre te jode aún más que alguien te haga ver lo equivocada que estás; incluso respecto a aquello de lo que nunca has estado más segura en tu vida… Lo que me estoy preguntando últimamente es bastante curioso: cuando todo el mundo te dice   y tú sabes que no, y al final resulta efectivamente que no, te dices a ti misma “joder, si es que ya lo sabía, tengo que hacer más caso a mi intuición”; pero, ¿y cuándo todo el mundo te dice no y tú estás convencida de que , de hecho sabes que sí, y al final resulta efectivamente que no? Eso sí que es jodido, y creo que nunca me había pasado hasta ahora. Por eso estoy así. Anoche también llegué a la conclusión de que a veces nos quejamos por todo cuando en realidad no nos tendríamos que quejar por nada y dar las gracias al Hado, porque nos brinda ocasiones que provocan que nuestra lucidez intelectual acuda en el momento del bajón; y porque gracias a eso nos planteamos un montón de cosas que si no fuera por la depre no nos plantearíamos en semanas e incluso meses. Es una especie de momento trascendental y metafísico en el que te sientes un descarriado/a de la vida: no sabes qué haces aquí, ni qué vas a hacer más adelante, ni qué se espera de ti, ¡incluso no sabes qué es lo que esperas tú de ti mismo en realidad! Ayer cuando volvía a casa me sentí un poco como el Nowhere Man de Los Beatles, en mi tierra de ninguna parte y haciendo planes para nadie…

Domingo, 17 de Septiembre de 2006 21:43. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar.

Mmmm... napolitanas de chocolaaate

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(Escrito el lunes) 

Hoy no he tenido un mal día. Bueno, un poco aburrido sí, pero no malo. No tenía pensado escribir hoy, pero lo voy a hacer para dejar constancia de mis errores y para, así, no volver a caer en ellos en el futuro. No os emocionéis, porque lo que voy a contar hoy en realidad es una suprema estupidez; pero me apetece contarlo y no voy a dejar de hacerlo. La cuestión es que yo no sé lo que les echarán a las napolitanas de chocolate…, y es que todas, absolutamente todas: las de la facultad, las del hospital, las de la cafetería de al lado, incluso las de San Lorenzo de El Escorial (sí, se escribe así, existe, es así como se llama, es el pueblo en el que está el Monasterio, no es una forma que tenemos ¿“los pijos”? de llamar a El Escorial; son dos pueblos distintos, a ver cuándo nos enteramos…), en fin, todas, todas las napolitanas del mundo me sientan mal. Y lo peor de todo es que cuando me apetece tomar algo acompañando al café, vuelvo a caer en la tentación y me pido una napolitana. No obstante, esto tampoco me ocurre muy a menudo, pero las veces que me ha pasado han sido lo suficientemente importantes como para acordarme de ellas. Hoy, concretamente, la he visto en el escaparate y no he podido resistirme. Mientras hacía la cola en la pastelería del hospital, ya la iba saboreando… Y es que me apetecía romper un poco la rutina y dejar de comer donuts, porque desde que estoy llegando pronto, tengo que desayunar dos veces, claro. Además, creo que hoy necesitaba chocolate… Por otra parte, entiendo que, con lo buenísimas que están, las napolitanas de choco sean tan sumamente perjudiciales para la salud. Son como el bollo bomba que preparan a Homer en el capítulo en que se convierte en crítico de cocina y le quieren asesinar. Ese bollo debía de estar jodidamente bueno. Pero bueno, a lo que iba, que la maldita napolitana me ha puesto un mal cuerpo que para qué. No es sólo que te siente mal al estómago, sino que te sientes de culo, sin fuerzas, te quita el hambre durante horas, e incluso te llegas a marear un poco. De ahí mi duda acerca de las posibles sustancias que pueda contener este tipo de chocolate que llevan las napolitanas, mis queridas napolitanas de chocolate. Las tengo que dejar, aunque seguro que de aquí a unos meses vuelvo a la carga con una. Por eso escribo esto, y me digo a mí misma: “Joder, Sonia, tía, no vuelvas a comerte una napolitana de chocolate, por favor; cuando tengas ganas, mira esta foto, piensa en algo asqueroso y acuérdate de lo mal que te has encontrado hoy, recuerda todos los momentos en los que te han entrado náuseas debido a los pestilentes olores que exhalan de algunos de los viajeros del metro,  o al olor a vómito que por lo general se respira en el hospital infantil por las mañanas…” Buff…, voy a parar, porque ya me estoy revolviendo sólo de pensarlo…y es que yo soy muy delicadita para con los olores…

Miércoles, 20 de Septiembre de 2006 16:15. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar.

While my Guitar Gently Weeps, The Beatles

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Ésta es una de mis preferidas de Harrison con los Beatles, aunque también debería mencionar I Me Mine, Only a Northern Song, Savoy Truffle,  o Something. Contenida en el White Album, While My Guitar Gently Weeps me parece una canción especialmente buena. Fue una de las pocas canciones de los Beatles interpretadas por Harrison durante su gira Dark Horse, a finales de 1974. (Por cierto, el otro día me estuve preguntando para qué narices hago esto de las canciones, porque los que leáis esto y os gusten los Beatles, ya sabréis de sobra todo lo que estoy contando; y a los que no os gusten los Beatles, os importará una mierda todo lo que os cuente o deje de contaros. Así que nada, si os gusta esta canción me parece estupendo; y si no la conocéis, no sabéis lo que os estáis perdiendo...)  

Como hice la otra vez con Happiness Is A Warm Gun, voy a transcribir lo que dijo George Harrison cuando se le preguntó por la historia de la canción: "Tenía un ejemplar del I Ching, el Libro chino de los Cambios, que me parecía basado en el concepto oriental de que todo está relacionado con todo, en contraposición con el punto de vista occidental de que las cosas ocurren por mera coincidencia. Esta idea me rondaba por la cabeza cuando fui a visitar a mis padres en el norte de Inglaterra. Decidí componer una canción basada en lo primero que viera al abrir un libro, ya que estaría relacionado con aquel momento, con aquel tiempo. Cogí un libro al azar, lo abrí, leí 'gently weeps' (dulcemente llora), cerré el libro y empecé la canción. Antes de grabarla cambié un poco la letra". (Finales 1969) 

Harrison trabajó en esta canción con John, Paul y Ringo un día, “y no les interesó en absoluto”. Sin embargo, el no cejó en su empeño: “Yo sabía que era una buena canción. Al día siguiente estaba con Eric Clapton y, de camino a la sesión, le dije: 'Vamos a hacer esta canción. Ven a tocarla'. El dijo: 'Huy, no, no puedo. Nadie toca en un disco de los Beatles'. Yo le dije: 'Mira, es mi canción y quiero que la toques'. "Así que vino Eric y los otros tres estaban como la seda por su presencia. Además, eso me permitió tocar sólo rítmica y hacer la voz solista. Eric la tocó y lo que hizo me pareció realmente bueno. Al escucharla, él dijo: 'Ah, pero hay un problema; no es lo bastante beatle', así que pusimos el ADT (doblador automático) para que el sonido vibrara un poco más". (Noviembre 1987)

En otro comentario que hizo George Harrison en 1987 reconoce que,-inexplicablemente-, no se sentía muy seguro de sí mismo en la época en la que ideó esta canción: "Me encanta lo que tocó Eric en el original, pero hay versiones mías en directo que son mejores en algunos aspectos. Sabes, en la época de los Beatles no me gustaba cómo cantaba. No sabía cantar muy bien. Llevaba la paranoia encima y estaba muy nervioso, y eso me inhibía a la hora de cantar".  

WHILE MY GUITAR GENTLY WEEPS

(100% Harrison) 

I look at you all
See the love there that's sleeping
While my guitar gently weeps
I look at the floor
And I see it needs sweeping
Still my guitar gently weeps
I don't know why
Nobody told you
How to unfold your love
I don't know how
Someone controlled you
They bought and sold you
I look at the world
And I notice it's turning
While my guitar gently weeps
With every mistake
We must surely be learning
Still my guitar gently weeps
I don't know how
You were diverted
You were perverted too
I don't know how
You were inverted
No one alerted you
I look at you all
See the love there that's sleeping
While my guitar gently weeps
Look at you all
Still my guitar gently weeps.
 
 

Miércoles, 20 de Septiembre de 2006 16:24. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: No sólo Beatles No hay comentarios. Comentar.

Bye Bye Baby

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Hoy he tenido un sueño revelador: he mandado al cuerno a todos los tíos, a todos los tíos que me están rondando últimamente. Pero no les he mandado al cuerno literalmente, sino que en el sueño pasaban una serie de cosas que me hacían ver que todos esos tíos no merecen la pena realmente. A uno de ellos le veía feo, feo como un demonio; y, aunque pueda parecer una banalidad, yo creo que es una metáfora, porque cuando ves feo, horriblemente feo, a un tío que no está mal, lo que quiere decir ese sueño es que lo que estás viendo en realidad, lo que se te revela a través de ese careto y ese gesto, es su interior. La verdad es que no es la primera vez que me pasa esto; y si hubiera hecho caso a mis sueños, seguro que las cosas me habrían ido mucho mejor (o no). La última vez que me pasó esto, y que yo recuerde, fue con un tío con el que no llegué a estar. La cosa es que en el sueño yo le invitaba a cenar a mi casa, y el tío llegaba con traje y corbata, (una parodia de sí mismo); y era un verdadero cardo: llevaba unas gafas de Bartolo, de culo de vaso, hablaba como un paleto, y ¡se le caía la comida de la boca al hablar! Ese día me desperté con una indescriptible sensación de asco y vergüenza ajena. Pero hoy me he despertado con una sensación de triunfo. He descartado, por lo menos, a dos tíos. Con uno de ellos (con el que no he tenido aún ocasión de conversar mucho) empezaba a hablar y descubría que el tipo en cuestión no tenía conversación alguna; era de lo más torpe, tonto, soso y frívolo. Pero lo que más me ha llenado ha sido el ver al primer tipo del que os he hablado tan tremendamente feo. La verdad es que me recordaba a un meteorito, o a una hormiga. Definitivamente, daba miedo: cabezón, con la piel blanca como la leche, y, a la vez, con la cara colorada como un jodido cangrejo. Patético. El caso es que en mi sueño no terminaba conociendo al hombre de mi vida, ni haciéndome lesbiana, ni nada de eso. Simplemente, acababa en el mismo punto en el que estoy ahora, pero con una clara sensación de victoria sobre todos ellos, y… sobre mí misma. Porque he vencido mi lado oscuro y… ¡que les den a todos por detrás!

Miércoles, 20 de Septiembre de 2006 16:54. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario Hay 1 comentario.

¡Me queda una semana de madrugar!(pero sólo hasta el día 9 seré libre...)

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Hoy se han visto recompensados mis madrugones. Llevo casi dos semanas llegando a las 9.30 al hospital (debería entrar a las 9, pero ya está bien llegar a las 9.30, ¿no os parece?) Hoy he llegado y he estado haciendo tiempo de 9.30 a 10 deambulando por allí, pasando frío y sin poder sentarme a leer el periódico, porque había llovido un poco y estaba mojado. Pero a las 10 me ha sonado el móvil y… era el jefe (¡toma, toma, fastídiate porque estoy en el hospital! ¿Quieres venir, quieres venir a verme, capullo?, ¡porque estoy aquí! ¡Hoy no me pillas!). El caso es que sólo quería comentarme que ya tiene a dos posibles candidatas para ocupar mi puesto a partir del lunes día 2. “Con lo que sea te llamo, ¿vale? Por cierto, ¿estás en el hospital?”. Y yo: “Claro, aquí estoy”. Cuando se ha empezado a secar el suelo y los bancos de piedra para poder sentarme, me he puesto a leer el periódico. Y al rato, veo a un tipo que viene hacia mí, ¡y es el jefe! Pero coño, ¿qué narices hace aquí? Ah, será que ha quedado aquí con una de las chicas para la entrevista. Al verle pongo cara de circunstancias, seguro, porque él también está ligeramente sorprendido; y además, me mira como diciendo: “Joder, otros días ni siquiera está, y para un día que la veo, está aquí sentada leyendo el periódico”. Pero bueno, yo salgo al paso y le digo “estoy aquí haciendo tiempo, porque ya he hecho las consultas, y ahora sigo” (yo creo que este tipo no sabe realmente lo que hago, más bien, lo que no hago…). Me dice que de las dos posibles candidatas, una es una madre joven, y que la interesa el horario, como son cinco horas… Y yo: “ya…” (Cinco horas, ¿qué es eso?). Pero dice que no le haría gracia contratar a una madre: “que si un día está el niño con fiebre, que si tal y que si cual”, sentencia, con una mueca de desprecio. La otra chica, por lo visto, dice que es más como yo. (No entiendo, ahh, claro, como yo no soy madre, es lógico que si a una de las dos no me parezco, sea a la del bebé; así que por eliminación me parezco a la otra). En fin, que es una chica de mi edad. Y a la que venga de las dos, la tengo que enseñar miércoles, jueves, y viernes de la semana que viene. Madre mía, si quedamos a las 9, a las 9.20 ya habremos terminado las consultas, y hasta las 12.30 que es cuando puedo hacer Maternidad tenemos tiempo, una verdadera eternidad, una horrible eternidad para aburrirnos. La chica lo va a flipar. Me apostaría cualquier cosa a que el primer día ya nos hemos convertido en íntimas. Conoceré sus problemas amorosos, económicos, familiares, e incluso escatológicos. Espero que sea una tía maja, porque como sea una “juani”, como la que me enseñó a mi…  Buff. Eso sí, cuando me enseñó a mí llegué dos horas tarde, y sólo fue un día, porque por lo visto mi jefe me consideró una tía lista desde el principio. Demasiado lista, pensará ahora.

Jueves, 21 de Septiembre de 2006 21:01. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar.

Singularidades dentro de lo común

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Hola amigos: escribo para deciros que llevo ya unos días sin estar depre. Hay que celebrarlo; y para ello, voy a contaros alguna tontería de las mías. Hoy he pasado mucho frío en el hospital. Yo diría que es el sitio más frío de todo Madrid capital. Siempre hay viento; incluso ha soplado el viento por allí los días más calurosos del verano. Hoy me he puesto camiseta interior, camisa blanca de manga larga, la chaqueta del uniforme encima, y además, calcetines. Los calcetines ya son imprescindibles. Y aún así, he pasado frío. Menos mal que desde que estoy yo currando ahí ya no hay que llevar falda. En realidad no hay faldas, no sé qué habrá sido de ellas, pero me da igual, como comprenderéis. Por la tarde me lo he pasado muy bien con mis compañeras riéndonos de Patricia. (No te enfades, Patri). Patricia es una chica muy peculiar, que nos cuenta a Inma y a mí que sus películas preferidas son las que ponen los sábados en Antena 3 después de comer, tipo Pasión Obsesiva o Deseos Desenfrenados, o vete tú a saber… También nos cuenta que la encanta Dónde Estás Corazón, se desvive por ver el Telediario de Antena 3 y se sorprende cuando la decimos que no, que no vemos telenovelas, aunque ella asegure que el Frijolito era la hostia. ¡Ah! Se me olvidaba, no la gusta ningún tipo de música que no sea en español, por la simple razón de que no la entiende ¡Viva Patri, di que sí, abanderada de la “cultura” con ñ!

Otros personajes peculiares del hospital son los celadores. No voy a generalizar, pero conozco al menos tres casos que son bastante serios. El primero de ellos se llama Gervasio, por ejemplo. Es un hombre de mediana edad, canoso, alto y delgado, con ojos azules y bigote. Siempre tiene algo que decir. Cuando no se ha quedado dormido, claro. Lo más sorprendente es que se duerme después de haberse metido pa´l cuerpo tres cafés y dos coca colas, como bien nos cuenta él mismo. Este hombre es el que mejor me cae, aunque a veces resulta un tanto cansino. El segundo del ranking se llama Francisco, y es, quizá, el caso más preocupante. Se parece ligeramente a Gervasio, pero no tiene bigote ni los ojos azules. Como Gervasio, Francisco tiene canas y es alto y delgado, pero no es un hombre tan clásico. Porque este va de rarito. No en vano, le llamamos “el artista”. ¿Qué pensaríais de un tipo que se pone frente a ti y simula que su dedo índice es una pistola mientras te apunta con él, y murmura con voz cansada “pum, pum, estáis muertas”?. Jooder, te quedas flipando ¿no? Y lo flipas más aún cuando te acercas a su mesita aprovechando su ausencia, y ves el título del libro que está leyendo: “Los diez pilares del budismo”. ¡Qué interesante! ¡Ah! Y lo de “el artista” viene de que un día se quedó en la sala de espera con la niña de una mujer que estaba donando sangre, y se pasó el rato dibujando con ella, el tío. Es todo un artista ¿no creéis? No conozco el nombre del tercer celador, ni falta que me hace. A éste le llamamos “el mirón”, o el de la mirada oscura, y es que hay días que no te saluda, pero mirar, te mira un rato; y te sonríe. Al parecer, este hombre, con cierto parecido a Kevin Spacey, se ríe poco en su casa, porque a veces, cuando vamos saliendo por la puerta, y sin saber de qué va la cosa, nos oye reírnos y se descojona él también, todo esto mirándonos descaradamente, claro. Deduzco que en agosto ha estado en la playa por el bronceado que ha traído, y no puedo dejar de preguntarme: ¿no habrá visto suficientes tías en bikini? ¿Nunca se cansará de mirarme? Cosas peculiares donde las haya, éstas que veo en el hospital. Si las contara todas…En fin…para escribir un libro. 

Viernes, 22 de Septiembre de 2006 23:37. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar.

Querido Van Gogh

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No, me he equivocado, quería decir “queridísimos lectores”: acabo de venir de un sitio de Moncloa que está muy chulo. No es por hacer publicidad, pero se llama “Van Gogh Café” y está muy bien; es una especie de café bohemio, lleno de cuadros, como os imagináis (porque sois muy listos), de Van Gogh. (Madre mía, llevo sólo tres líneas y me está costando escribir. Me equivoco constantemente con las teclas. Si hay alguna errata lo siento de corazón, jajaja). El sitio este me recuerda al Café Babel de San Lorenzo. Qué tiempos en el Babel, he llevado allí a un montón de gente, durante tres o cuatro años. Tengo muchos recuerdos de ese sitio. Y, hablando de San Lorenzo, mi amiga Mónica me ha estado dando la coña esta tarde con que el fin de semana que viene vaya a Guadarrama porque son las fiestas otra vez, (vaya por dios, otra vez); y, además, así celebramos de paso mi cumple, que es el día 3 (no hace falta que me felicitéis; lo digo porque sé que no lo vais a hacer. Esto me recuerda un poco al profesor de Estructura de la Comunicación que he tenido este año: el jodío era clavado a Fernando Esteso, y nos daba siempre la coña con su cumpleaños, ¿le felicitó alguien al final?... vaya hombre, era un pobre amargado de la vida, como tantos otros). La cuestión es que si vamos a Guadarrama, yo he puesto la condición de pasar también por San Lorenzo, y en concreto, por el Sapo Rojo. Siento predilección por ese sitio. Siempre nos lo pasamos genial ahí, estamos a nuestra bola y el ambiente también es de lo más bohemio (dentro de lo que cabe). Y, en otro orden de cosas, mi amiga Mónica, quien, desgraciadamente, ahora no tiene Internet y no puede leer mi interesantísimo blog, me ha pedido hace días que la imprima algunas de las movidas que estoy escribiendo y se las pase un día que quedemos. Pero cuando quedamos, yo siempre la digo que se me ha olvidado..., y es que me da vergüenza, me da vergüenza, a pesar de que ella es la persona que ahora mismo mejor me entiende… Bueno amigos, no tengo nada más que contaros, sólo, que me he venido a casa más pronto de lo que me habría gustado: si no hubiera sido porque mi amiga se tenía que ir, allí seguiríamos bebiendo cerveza y pidiendo raciones de patatas ali-oli. Jejeje. Venga, ya os contaré movidas del hospital… (Yo intento escribir poco aquí; de hecho, cada día que no escribo lo celebro, y es que, realmente, realmente, aunque no os lo creáis, me cuesta no escribir…)

Domingo, 24 de Septiembre de 2006 22:24. Autor: Soni In The Sky. #. Tema: Diario No hay comentarios. Comentar.

Dejo un gran legado

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(Escrito ayer día 27) 

¡Qué sorpresa! Hoy ha venido la chica nueva para que la enseñara lo que hay que hacer en el hospital. Mi jefe al final ha decidido contratar a la madre (está claro que a la otra chica no la ha cogido porque “era como yo”, y tener a dos como yo contratadas ahí ya sería demasiado para él…). En fin, la chica es muy maja; yo la echaba 23 años, ¡y resulta que tiene 30! Está casada y tiene una niña de dos añitos. Pero aún así nos hemos entendido bien, es bastante atenta, y muy risueña. Por lo general, a mí me incomodan las situaciones en las que tengo que hablar a la fuerza con alguien que no conozco; porque, o soy muy arisca y parca en palabras, o quiero agradar tanto que resulto empalagosa. Pero hoy no he hecho nada de eso, hoy he empezado a parlotear y a reírme con ella desde el principio; y el rato que hemos estado hablando y tomándonos un café (hora y media, más o menos) se me ha pasado volando. Así que como me ha caído bien la chica, no he podido ser dura con ella, y la he dado algunos consejos de los míos sobre el horario y sobre el control que hay (la he dicho cosas que, tarde o temprano, ella misma iba a descubrir, pero bueno). La única crítica que puedo hacer de ella se refiere a dos comentarios que te marcan, que te impactan profundamente: la digo que vamos a hacer megafonía en la consulta de Oftalmología, y pregunta: “Oftalmología es lo de los ojos, ¿no?”; y el otro comentario que ha hecho cuando la he dicho que estudiaba Periodismo es el típico: “ah, bueno, si te gusta estudiar, si eso es lo que te gusta…” A continuación me esperaba el otro típico comentario: “¿y qué quieres, ser papparazzi?”, pero no, por fortuna no lo ha dicho. Cuando la he llevado por el hospital haciendo la megafonía y demás, la tía no se ha enterado de nada, pero el viernes ya seguro que aprende. ¡Ah! Y una cosa muy curiosa que se me olvidaba: mi jefe la ha dicho que está muy contento conmigo. Yo me he quedado flipando, y cuando se lo he contado a mis padres y a la gente, se han descojonado. En fin. 

Y por la tarde he ligado… He ligado con uno que iba vestido en plan botones, un tipo muy gracioso: el que lleva flores y peluches al Hospital Maternal. Él estaba esperando el ascensor, llego yo, y me dice que si me voy a atrever a montar con él en el ascensor, y yo: “claro, ¿por qué no?” Y el tío: “es que con una chica tan guapa como tú…” Y yo flipando: “qué va, no es para tanto…. Jajaja” (risa tonta). Venía una señora mayor con nosotros, que, por desgracia, se baja en la cuarta planta, creo, así que tengo que ir a solas con él hasta la doce. Entonces empieza a decirme que si quedamos después del trabajo, y yo: “nooo, es que… salgo muy tarde” (vaya excusa) y el tío: “yo también, pero da igual, te espero”. Yo seguía dándole largas y riéndome, y el tipo diciéndome “ay, qué bien huele, ¿es tu pelo?” (joder, qué situación). Así hasta que el tipo se baja en la doce, abre la puerta del ascensor y me dice: “pero bueno, ¿qué pasa, no te gusto? Y yo: “sí…” (La verdad es que el tío estaba bien). Después le digo “hasta luego”, y me dice: “bueno, ya hablaremos otro día con más calma”.  (Buff, ya se ha bajado, menos mal, qué cansino). Lo peor de todo es que ya nos hemos visto varias veces por el hospital, lo que significa que nos podemos volver a ver cualquier